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Importante poblado existía en costa de Perú hacia el año 3000 a.C.
Una población importante, que tuvo una gran influencia, existía en la costa de Perú entre los años 3000 y 1800 antes de Cristo en la región del Norte Chico, 200 km al norte de Lima, según un estudio que publicado por la revista británica Nature. La datación mediante radiocarbono de los objetos encontrados en 13 de los 20 principales sitios conocidos en los valles de Norte Chico -ríos Fortaleza y Pativilca- permitieron concluir que algunos de ellos estaban habitados desde 3500 a.C. Al mismo tiempo, demostraron que durante 1200 años, su población tuvo una gran influencia en la región.
La existencia de poblados en los valles de Norte Chico -ríos Fortaleza, Pativilva, Supe y Huaura- era conocida desde hace una cuarenta años, pero aún no se había realizado una datación cronológica tan precisa. La nueva fijación de la fecha en que fueron creados estos poblados revela que en el tercer milenio antes de Cristo se pasó de sociedades relativamente simples, que vivían de la cosecha y la caza, a culturas más complejas, basadas en la agricultura y la explotación del océano, estiman los autores del estudio.
Según los investigadores, dirigidos por Jonathan Haas, del Field Museum de Chicago (Illinois, Estados Unidos), esta datación permite comprender de una mejor forma la importancia y longevidad de los primeros poblados en la región de Norte Chico, que tuvieron una gran influencia sobre el surgimiento posterior de sociedades complejas en América del Sur. Las excavaciones en el sitio de Aspero, en la desembocadura del Río Supe, dieron nacimiento en los años 1970-80 a la teoría conocida bajo el nombre de "fundamentos marítimos de la civilización de los Andes". Esta teoría considera que "las sociedades complejas de los Andes tenían como base la explotación de recursos marítimos y la agricultura".
Los investigadores estiman que existían unos 20 poblados importantes en Norte Chico que se remontaban al periodo 3000-1800 a.C. Su superficie varía entre 10 y 100 ha, al tiempo que cuentan con unas siete pirámides rectangulares erigidas sobre plataformas y con alturas de hasta 26 m, al igual que un volumen de entre tres mil y 100 mil m3. "La escala y la sofisticación de estos sitios es única para el Nuevo Mundo en esa época y casi para cualquier época", indicó Jonathan Haas. "Con estas nuevas informaciones, es necesario repensar nuestras ideas de desarrollo económico, social y cultural de comienzos de la civilización en Perú y en toda América del Sur", afirmó el peruano Álvaro Ruiz, otros de los autores del estudio.
La Crónica de Hoy - México D.F., 22/12/2004 |
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Un nuevo hallazgo revoluciona la arqueología
El hallazgo revelado de una compleja sociedad agrícola que existió en Uruguay hace más de cuatro mil años revoluciona la arqueología nacional que hasta ahora contó con evidencias de culturas nómades, recolectores y cazadores. El descubrimiento, ubicado en el oriental departamento de Rocha, consiste en montículos de poco más de dos metros desplegados en 12 hectáreas, que semejan una docena de aldeas con un círculo, al parecer una plaza central, según un estudio publicado en la revista Nature. Los indígenas uruguayos no fueron sólo recolectores y nómades, también plantaron, cosecharon y vivieron en aldeas hace unos 4.800 años, afirmó el investigador José Iriarte, para quien esta revelación cambia la visión de la prehistoria nacional. 'Creo que la cambia totalmente, pues los indígenas que conocieron los primeros cronistas españoles ya estaban transformados por las nuevas enfermedades que redujeron sus poblaciones, por la caza de esclavos y también las campañas de exterminio de los conquistadores'.
Esa imagen, dijo Iriarte, luego fue transpolada por los historiadores a toda la prehistoria de Uruguay, calculada en por lo menos unos 11.200 años de antigüedad. Al referirse a los descubrimientos que en ese sentido se han hecho en la zona, mencionó el levantamiento del sitio de Los Ajos, a unos 100 kilómetros de Rocha, donde se constataron 10 grupos de montículos de hasta 60 hectáreas. Para los arqueólogos, se trata de una muy importante red integral de aldeas y una concentración de población en esta área de Sudamérica considerada marginal hace alrededor de cinco mil años, puntualizó el académico.
Los hombres que habitaron Los Ajos cultivaron maíz, zapallo y porotos; pescaron, cazaron y recolectaron plantas silvestres, según los hallazgos de granos de almidón y fósiles de vegetales encontrados. Además de que enterraban a sus muertos en los montículos, lo cual da fe del grado de complejidad de esta sociedad prehispánica, al sur del Amazonas. Como parte del complejo agrícola, sostuvo Iriarte, moldearon asimismo ollas y platos de cerámica. Y usaron recipientes de cuero y madera para preservar el agua y los alimentos. El prestigioso miembro del Area de Investigación del Instituto Smithsoniano de Panamá reiteró que sin duda estos trabajos en Cerrito de Indios y El Fondo de Los Ajos van a cambiar los conceptos históricos que hasta ahora se manejaron.
Argenpress - 3/12/2004 |
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"Revela" Teotihuacán sacrificios y guerras
Ana Monica Rodríguez
El 15 de noviembre se dio a conocer en Teotihuacán, en la misma pirámide de la Luna, un hallazgo, único en Mesoamérica: 12 esqueletos humanos, 35 osamentas de animales, 18 cuchillos de obsidiana y una figura humana elaborada en piedra verde. El descubrimiento, denominado ''entierro número 6", comprueba, en su sentido religioso, ''el fenómeno del sacrificio y la guerra", explicó el arqueólogo Saburo Sugiyama, quien supervisa las excavaciones. Los 12 esqueletos humanos, dijo Sugiyama, ''debieron estar atados, debido a su posición. Dos están acompañados de ricos ornamentos y los restantes se hallaron sin cabeza y sin adornos, lo cual nos remite a sacrificios realizados en ese lugar". Añadió que no se conoce ni edad ni sexo, pero presumiblemente eran guerreros y no originarios de Teotihuacán.
El arqueólogo Leonardo López indicó que los restos serán enviados a Canadá para su análisis científico, especialmente en fémur y dientes. ''La investigación sobre los dientes nos indica sobre la infancia, de dónde vinieron. La información proporcionada por los huesos nos indica la evolución alimentaria y nos habla de los últimos años de su vida." Subrayó: ''Hay sólidas evidencias del sacrificio masivo de individuos. Todo parece indicar que eran extranjeros y militares. El hecho de que hayamos encontrado nuevas evidencias no significa que la sociedad teotihuacana pueda ser equiparada a la escala militarista de los mexicas. El factor religioso es fundamental, la guerra es muy importante, el sacrificio era muy importante, lo cual no se había tomado en cuenta." Los signos de la guerra, continuó López Luján, se manifiestan con los 18 grandes cuchillos de obsidiana en forma ondulante y aserrados, además de otros elementos ''que imitan a las serpientes emplumadas con las fauces abiertas que se encontraron alrededor de un disco de pizarra y pirita, formando una especie de rayos solares que apuntan hacia los puntos cardinales y sus intermedios".
El proyecto pirámide de la Luna, que se inició hace seis años, concluyó en su etapa de campo. El siguiente paso del equipo interdisciplinario será el análisis y la interpretación de los objetos y la ofrenda halladas. Los trabajos de investigación buscan encontrar respuestas a varios de los cuestionamientos planteados sobre la vida en Teotihuacán: ''El carácter que tuvo su gobierno y el de sus gobernantes; la ideología y organización política del estado teotihuacano; la historia de la pirámide de la Luna y su estrecha relación con la planeación y el origen del trazo urbano de la ciudad", expuso López Luján.
En conferencia de prensa en la Ciudad de los Dioses, ambos especialistas estuvieron acompañados por el maestro Rubén Cabrera y el ingeniero Arturo Zárate, quienes comentaron que con las ''excavaciones realizadas por medio de túneles internos, se sabe que la pirámide de la Luna cuenta con una secuencia de siete edificios superpuestos. El más antiguo de éstos fue construido hacia el año 100 dC; el que está a la vista, el enorme edificio junto con su plataforma adosada, fue erigido en el 400 dC." Parte del financiamiento fue otorgado por la Sociedad Japonesa para Promoción de Ciencia, con 70 mil dólares, y por la NGS de Estados Unidos, la cual aportó 35 mil. Dentro de la pirámide aún se realiza el levantamiento y limpieza de los hallazgos, donde también se encontraron osamentas de pumas, lobos, águila real y otras aves.
La Jornada - México D.F., 15/11/2004 |
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Descubren cinco pirámides en Caral
Cinco pirámides escalonadas fueron descubiertas en Caral, la civilización más antigua de América y que data de la época de Mesopotamia, Egipto y China, informaron los responsables del proyecto arqueológico peruano. Las pirámides serán presentadas ante la comunidad arqueológica internacional el 6 de noviembre al cumplirse 10 años del hallazgo de Caral -que tiene una antigüedad de 5 mil años- por la arqueóloga Ruth Shady, su descubridora.
Esta civilización floreció en el valle de Supe, a unos 200 kilómetros al norte de Lima. Recientes trabajos de excavación y conservación permitieron sacar a la luz cinco pirámides escalonadas, formadas por una serie de plataformas centrales y laterales superpuestas, que fueron sucesivamente adicionadas a cuyas cimas, de unos 20 metros de altura, se accede por grandes escaleras construidas con piedras cortadas. Los responsables del proyecto arqueológico informaron que Shady mostrará las fachadas de la Pirámide Mayor, Pirámide de la Galería, Pirámide de la Huanca, Pirámide Menor y Pirámide de la Cantera.
Caral es considerada como el asentamiento más destacado de las primeras civilizaciones del mundo, tan antigua como Mesopotamia, Egipto, China e India y confirmada por 42 fechados radiocarbónicos realizados a fibras de junco y totora sacados de las construcciones del poblado peruano. Según su descubridora, su importancia radica en que se ha convertido en "un laboratorio científico para el estudio del comportamiento social de la humanidad, en un centro de primer orden para el turismo mundial y en un símbolo que fortalece la identidad cultural y la autoestima de los peruanos". Según las investigaciones, los habitantes de Caral se caracterizaron por su fuerte especialización laboral, sustentada en una economía complementaria, pesquera y agrícola. Tuvo una organización social estratificada y gobierno centralizado, al que se reconoce como el primer Estado peruano.
La Jornada - México D.F., 27/10/2004 |
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El abandono amenaza la historia del hombre
Evandro Bonfim
La historia del hombre en el continente americano está amenazada por el abandono en que se encuentran los sitios arqueológicos, el patrimonio natural y las instalaciones y acervos científicos que componen el Parque Nacional de la Sierra de Capivara, en el nordeste brasileño. "Este año, 60 funcionarios que cuidan del parque fueron despedidos por falta de recursos y los pocos guardias que quedan intentan cohibir depredaciones, caza y vandalismo, que ya se iniciaron", lamenta la Fundación del Museo del Hombre Americano (FUMDHAM), que junto con el Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama) administran el lugar. A causa de la situación extrema en que se encuentra el complejo arqueológico, la directora del museo y eminente arqueóloga Niede Guidón, hizo público el pedido por la conservación del lugar. En carta destinada "a las personas del futuro", la científica se queja de los "poderes nada ocultos" que insisten en "ignorar" la región. Guidón posee la distinción más elevada del sistema académico de Francia como doctora de Estado, y está al frente de las investigaciones en la Sierra de Capivara por concesión del gobierno francés a pedido del gobierno brasileño.
Son más de 30 años de investigaciones en los cerca de 700 sitios arqueológicos catalogados en esta porción de la caatinga y cerrados brasileños, con resultados que simplemente revolucionaron las cronologías históricas referentes, no solamente al continente americano, sino también a la Historia Universal. Según la teoría clásica, la población del continente americano ocurrió hace 30 mil años antes de los tiempos actuales. Pero conforme las excavaciones en el sitio Toca do Boqueirão da Pedra Furada, este marco debe retroceder en más de diez mil años, a partir de dataciones realizadas en hogueras, osamentas y otros vestigios humanos a través de técnicas como del carbono 14 y la termoluminiscencia. Este descubrimiento demuestra que el área de la Sierra de Capivara contaba con una actividad humana comparable a las desarrolladas en la época por los congéneres del Viejo Mundo. Así, el acervo perteneciente al Museo del Hombre Americano, y la serie de pinturas rupestres encontradas en cavernas en diversos puntos del parque se comparan a sitios arqueológicos de importancia crucial para la historia de la humanidad como los Lascaux, en Francia.
Sin embargo, para que este patrimonio no sea estropeado, Niede Guidón está pagando con recursos personales algunos servicios para mantener la estructura mínima del Parque Nacional de Serra de Capivara y de la FUMDHAM. "Ella tiene pocas esperanzas de que el país valore y sepa aprovechar la riqueza cultural y el potencial turístico, lo que podría ser una solución para la miseria de la región", afirma la asesora de comunicación de la Fundación. Además de los tesoros arqueológicos, el área del parque padece con la grave y crónica situación de miseria que sería resuelta con inversiones en los emprendimientos científicos. Por ejemplo, la construcción de un aeropuerto en São Raimundo Nonato, Piauí, donde se sitúa el parque, haría viable inversiones de grupos hoteleros y la venida de turistas brasileños y extranjeros trayendo divisas para la región. Pero según la científica, se trata de más una de las innumerables promesas recibidas pero no cumplidas por las autoridades brasileñas, mientras la inmensa riqueza cultural y natural del parque se degrada de forma irreversible.
Adital - 29/9/2004 |
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La escritura mesoamericana
Yuriria Iturriaga*
-Maestro Galarza, háblenos de su trayectoria personal... –Mi formación es muy ecléctica. Empecé con la carrera de química industrial pero yo no estaba hecho para eso, lo escogí porque en mi familia no había ningún químico y así me sentía más libre, lo único bueno es que ahí aprendí la base de las ciencias, análisis y síntesis. Yo quería ser arqueólogo, pero decían que la arqueología era un hobby de millonarios que sólo se enseñaba en la Escuela Nacional de Antropología e Historia y no me lo permitieron. La facultad de química se encontraba en el pueblo de Tacuba adonde iba por las mañanas y el tranvía pasaba frente a Mascarones, donde estaba la facultad de Filosofía y Letras que sólo funcionaba por las tardes; empecé a asistir y tuve compañeros muy notables en las letras... Ahí me fui formando en "materias de cultura", según yo, y fui haciendo letras francesas hasta que gané una beca en un concurso para estudiar en París literatura comparada. En ese tiempo estudiaba mucho en la biblioteca y cuando se acabó mi beca tuve la suerte de poder concursar para obtener el diploma superior de bibliotecario, que se daba en la Biblioteca Nacional de París y se obtenía en un año. Había conocido franceses notables, directores de bibliotecas y eruditos que estaban haciendo ese diplomado para regularizarse académicamente y aprendí tantas cosas con ellos que pude pasar el concurso. Fui el primer y tal vez el único mexicano que ha hecho ese diplomado. Luego, cuando hacía mis prácticas en la Biblioteca Administrativa del Ayuntamiento de París, en 1958, murió Paul Rivert legando su biblioteca al Museo del Hombre, que él había fundado siendo presidente de la Sociedad de Americanistas. Su biblioteca era muy especializada y me encargaron catalogarla por ser bibliotecario y mexicano. Pero para poder entender lo que iba yo a clasificar, y como trabaja en el Museo del Hombre, seguí los cursos que ahí se daban y obtuve el diploma superior de etnología. Me fui formando en etnología y en prehistoria con los grandes maestros, pero los cursos de Leroi-Gourhan sobre el método científico, como la base que debíamos fijarnos los estudiantes, me fascinaban por encima de los otros, por brillantes que fueran como los de Levi-Strauss. Entonces no había mexicanistas en París, Soustelle era todavía gobernador de Argelia y el único que daba un curso sobre México era Guistre Serpéan, con quien tuve la suerte de estudiar el Códice Borbónico y los Huastecos un año antes de que se fuera a fundar su Misión Etnológica y Arqueológica a México. Con él me fui interesando en lo mexicano y hasta puedo decir que descubrí aquí en París lo que ha ocupado casi toda mi vida, los códices mexicanos, pues los primeros originales que vi fueron en la Biblioteca Nacional de París, cuando estudiaba para bibliotecario. Por eso cuando tuve que hacer mi primera investigación escogí México, y como era la época marxista de la enseñanza tomé un tema económico: el de la agricultura prehispánica, las chinampas y las terrazas. Pero quería estudiarlo desde el punto de vista indígena y no del de los cronistas españoles del siglo xvi, pues yo pensaba que en los códices, que se suponía ya estaban leídos y estudiados porque los grandes maestros hablaban de ellos como si fueran textos en español y sobre asuntos tan complejos como las religiones, supuse que encontraría en ellos el tema de la agricultura tal como la presentaron, escribieron y pintaron los indígenas. Pero al tomar el Códice Mendocino y la Matrícula de Tributos, que eran los más relacionados con la economía entre los que podía estudiar, me di cuenta de que no estaban leídos, que desde el primer momento en que los vieron los españoles anotaron puras interpretaciones y no había habido lectura porque nunca consideraron que esos documentos tuvieran un sistema de escritura, y lo que anotaban a veces difería mucho de los elementos glíficos y de los dibujos e imágenes que estaban en esos documentos.
–¿Cómo te diste cuenta de esto? –Porque mi primer trabajo académico fue una bibliografía de todo lo que había en el Museo del Hombre sobre el México antiguo e hice una publicación con lo que habría de ser mi corpus de investigación, y en esa lista me di cuenta de que entre todos los que habían hablado sobre códices, tanto mexicanos como extranjeros, ninguno había tenido una preocupación por el método sino que cada quien había buscado su tema en las imágenes, los antropólogos sobre antropología, los arqueólogos sobre arqueología, sin pensar en entender primero lo que los documentos decían. Y me pareció que si yo quería estudiar esos documentos tenía que aprender a leerlos. Empecé pues a hacer pequeños catálogos de glifos para ver cómo podían leerse, estableciendo bases para un método analítico. Y en eso se me fue pasando el tiempo, en el método, sin pensar que iba hacia un desciframiento, a una lectura de los elementos glíficos del Códice Mendocino, del que dicen que fue mi piedra roseta [ríe] por las anotaciones del siglo xvi que podía ir comparando con lo que se había dicho en esa época. Pues ese documento había sido estudiado por grandes especialistas y había muchas publicaciones temáticas sobre él.
–Además de tu catálogo, ¿cómo encontrabas la correspondencia entre una imagen y una palabra? –Empecé con los elementos más seguros, los que ya estaban reconocidos por los científicos de aquella época, los glifos con nombres de lugar y de personajes o de calendario. Empecé a hacer fichas, dibujándolos pues no había fotocopias, con la idea de que esos pequeños dibujos o glifos, llamados así porque se creía que era la única parte de escritura de las imágenes mesoamericanas, era idénticos a las grandes imágenes, o sea a lo que decían que era icónico, ilustración o referencia a un texto que existiría aparte. Pero yo empecé a pensar que esas imágenes tenían el texto contenido en sí mismas y que su codificación era muy compleja.
–¿Fue una intuición tuya? –Se me ocurrió a fuerza de irlos copiando, dibujando y coloreando, porque me di cuenta de que las formas estaban separadas de lo que estaba en las escenas que representaban paisajes. Me di cuenta que no había dos convenciones, que era una sola, que en un lugar se reunían y se construían conjuntos lógicos, desde el punto de vista visual de la composición de un cuadro y que éstos podían separarse y formar otros pequeños grupos de glifos y que ni la forma y ni el color cambiaban... Empecé a analizar así las pequeñas imágenes o glifos e hice catálogos comparativos, con elementos que ya sabía leer porque habían sido anotados desde el siglo xvi y con elementos que no habían sido leídos, para comparar en las figuras los elementos gráficos o plásticos por diferenciar. Y pensé que detrás estaba la lengua de origen, el náhuatl, en la que se habían basado los anotadores, aunque a veces incorrectamente, en el siglo xvi. Mi primer catálogo consistió en unir los que llamé elementos mínimos de la imagen con los elementos mínimos de la lengua. En esa época asistía al seminario del lingüísta Bernard Pottier y a él y a sus colegas les parecía completamente aberrante que imágenes pudieran constituir un sistema de escritura. No lo podían reconocer, claro, usando sus definiciones, pero yo nunca fui lingüista, siempre fui etnólogo y yo veía de otra manera las imágenes que para mí eran mucho más que ilustración, pues las había leído y encontrado reglas. Algo que aún se niega en la época actual, pues se piensa que no hay reglas plásticas ni convenciones en el dibujo mesoamericano, y que no hay transcripción de lengua. Por otra parte, a medida que iba encontrando nuevos elementos mi fichero se ponía más complejo y difícil de consultar pues, para reunir todos los elementos representados sobre la tierra cultivada y encontrar las plantas cultivadas o cierta clase de planta, era largo consultar las novecientas fichas que cabrían en un fichero de biblioteca. Tuve que inventar un sistema visual inspirado en los medios que usaba la Biblioteca Nacional de París para señalar, con unos caballetes de colores, cada cuándo aparecía un periódico o revista, cuándo había que pagar o renovar una suscripción, en qué continente o época del año se publicaba, en fin... Apliqué el sistema de colores y de composiciones en la parte superior de la ficha, para ordenarlas y consultarlas rápidamente y gracias a ello puede hacer demostraciones eficaces a los maestros que tenían ideas muy negativas sobre lo que yo estaba haciendo. Les pude demostrar cuántos elementos había que tenían la misma sílaba o la misma palabra, la misma figura o forma. Entonces no había fotocopiadoras y se usaban tarjetas perforadas con agujas de tejer...
–¿Cuántos años te llevó hacer este sistema? –Aún no lo he terminado, se sigue construyendo, pues a medida que analizo nuevos dibujos se descubren cosas nuevas. Por ejemplo, elementos que no aparecen en los dibujos y que hacían pensar a los lingüistas que las figuras no podían transcribir todos los elementos de una lengua, pues atribuían las partes que faltaban a una carencia del sistema, resulta que no habíamos tomado en cuenta las posiciones de los dibujos en la página, las composiciones, la plasticidad del sistema, lo que yo llamo los cuadros para leer, donde todo cuenta. Se ve en la composición misma de la página, que si el tlacuilo reserva una sección para nombres de lugar, no tiene por qué agregar elementos sufijos que demuestren que son nombres de lugares, pues su posición ya les está dando esa categoría y hay elementos que la gramática náhuatl obliga a leer para los topónimos y que se van agregando para el que conoce la lengua. Entonces no tienen por qué escribirlos. Son como las abreviaciones de esas columnas latinas que se encuentran en muchas partes de Europa, donde no hay una sola palabra completa y se ven nada mas abreviaturas y puntos que estudian los especialistas epigráficos. Nosotros hicimos como éstos: a medida que avanzábamos mayor microanálisis, hasta llegar a lo que llamé el elemento mínimo porque no puede desagregarse más. En este proceso, una de mis grandes sorpresas fue el cambio de colores en un elemento que yo había leído de otra manera, y que nos dio la base de los nombres de los colores, que en realidad son los nombres de las materias primas; porque en náhuatl no se dice directamente "color" sino la materia prima y según el contexto se sabe si se está hablando de la materia misma o del color de esa materia.
–Como decir "achiote" en vez de "color naranja"... –Sí, aunque "naranja" también es una materia, mientras que la imagen en náhuatl diría "achiote" y no "color achiote", o turquesa, chalchihuite, jadeíta y no "color jadeíta"...
–O dice algo que evoca determinado color, como es la preciosura... –Sí, pero ese ya es otro nivel de lectura del color, lo precioso, lo fino, lo bello...
–Para leer los códices tuviste entonces que aprender el náhuatl... –Eso fue lo más difícil, porque comencé a estudiarlo yo solo en París. El gran lingüísta Bernard Pottier, que como hispanista fue el primero que formó un grupo de estudios de lenguas amerindias en Francia, tenía un grupo de seis especialistas y seis informantes nativos de cada lengua, pero del náhuatl no había nadie y me obligó a dar una clase de náhuatl que yo conocía sólo por las gramáticas y diccionarios y por lo que había aprendido de manera indirecta, pues cuando iba a México ningún maestro de los conocidos me quiso aceptar en su grupo de náhuatl...
–¿Quiénes eran esos maestros y por qué no te aceptaron? –Empezando por [Ángel María] Garibay, porque para él había que estudiar primero griego y latín o ser también religioso y estar en un convento o seminario. Sólo tuvo un discípulo: [Miguel] León Portilla, porque hizo estudios eclesiásticos. También había un grupo en el Club del Periodista, que ahora se llama de los "mexicanistas del Anáhuac", fundado por el maestro Luna Cárdenas que cambió su nombre por el de Meztle, con especialistas en raíces de lenguas indígenas que usan métodos de memoria oral a través de las tradiciones de los pueblos.
–Entonces, ¿cómo hiciste para encontrar la correspondencia de los nombres en náhuatl con los elementos pictóricos que analizabas? –Al terminar mis estudios y entrar al Cnrs [Centro Nacional de la Investigación Científica, por sus siglas en francés] propuse hacer pequeños viajes adonde hubiera documentos tradicionales que fueran accesibles; en ellos trabajé por eliminación, comparando los signos que habían sido anotados en los documentos por los españoles y las diferencias que había entre las anotaciones. Así encontré construcciones de partículas que no estaban en el primer signo pero se encontraban en el segundo, signos repetitivos. Al principio lo hice solo pero se fueron incorporando jóvenes estudiantes que me ayudaban a copiar el dibujo y recortarlo y pegar los elementos para hacer los ficheros... Un trabajo muy largo que ha tomado muchos años y debería seguirse haciendo en computadora para reconstruir los originales y su lectura... Yo no nací para tlacuilo pero me fueron formando los mismos glifos. Cuando dije a Levi-Strauss y al director del Departamento de América, Guy Lenhard, que quería estudiar el Códice Borbónico, me dijeron que tendría que ir al Palacio Borbón (la Cámara de Diputados) pero que tenían códices en su despacho y había otros en la biblioteca del Cnrs. Así encontré el documento con que hice mi primer trabajo en relación con el problema de la tierra y que resultó pertenecer a un pequeño pueblo del centro histórico de la Ciudad de México: Santa Anita Zacatlamanco. Con este documento empecé a aplicar un método de análisis sistemático y exhaustivo que comprendiera todos los elementos presentes en él, que como ya era del siglo xvi, casi xvii, tenía caracteres latinos agregados a las imágenes. Cuando terminé este estudio lo presenté en la Sociedad de Americanistas y luego lo llevé a mi primer Congreso de Americanistas en México, en 1962. Hubo una reacción de sorpresa positiva porque era yo muy joven y mi trabajo muy científico y entre los que presidían el grupo de los códices estaban Sir Eric Thompson y Alfonso Caso. Estando en México se me ocurrió visitar Santa Anita, que conocí de chico por el rumbo de Jamaica, junto al Canal de la Viga adonde llegaban las canoas de Xochimilco. Al principio tuve muchas dificultades para relacionarme con la gente del pueblo, me veían como si yo fuera un exótico, pero al final encontré a los notables, que estaban organizados como en épocas anteriores y tenían aún la capilla que aparecía en el códice. Les dejé mi estudio, en francés pero traducido al español en una grabadora. Pasó el tiempo y en 1968 leí en la revista Impacto que los indígenas de ese pueblo iban a ser echados de sus tierras para construir viviendas, pero se protegieron con el documento que les había dejado y consiguieron un amparo que durante un tiempo detuvo la construcción del eje vial, hasta que ahí se hizo la estación del metro Santa Anita. También fueron con el mismo documento a la mitra y pidieron que su capilla fuera parroquia y les pusieran un sacerdote. Eso me llevó a seguir consultando documentos antiguos y en la Secretaría de la Reforma Agraria, pues el estudio de este tipo de problemas actuales me apasionó más que el desciframiento mismo, la relación viva que los antiguos códices tienen con los pueblos indígenas...
–Nos devuelven una memoria a veces soterrada... –Sí, y encontré muchos documentos hasta llegar a algunos del siglo xviii, como los Techialoyan que son libros de tierras considerados naïf pero en realidad están inspirados en la pintura europea sin dejar de ser tradicionales pictóricos en náhuatl y siguen siendo válidos para proteger la propiedad colectiva de la tierra. En la Biblioteca Nacional de París hay varios documentos de este tipo, en unos estuches que se mandaron a hacer en el siglo xix con armas de la corona imperial, que algunos pueblos le ofrecieron a Maximiliano porque reconoció la propiedad colectiva de pueblos indígenas que Juárez les había negado como colectividad. Se piensa que muchos documentos fueron robados por los franceses de Napoleón iii pero en realidad llegaron a París más por adquisición de coleccionistas que los compraban a pequeños funcionarios mexicanos, los que sí los robaban a pueblos, capillas, bibliotecas, conventos... Esto al menos respecto a la colección francesa de lo mexicano.
–¿Encontraste muchos documentos autóctonos en otros pueblos? –Al principio no podía ir a buscarlos directamente en ellos, pues era muy difícil acceder a sus archivos; así que hice lo contrario: desde fines de los años sesenta iba a las bibliotecas de muchas universidades de provincia en Alemania, porque la biblioteca de Berlín había depositado en todas ellas, durante la guerra, documentos valiosos entre los cuales siempre había uno o dos mexicanos. Los estudiaba y luego llevaba las copias a los pueblos y les decía "ustedes tienen este documento" en Berlín o en Heidegger o en Chicago. Así hice con el Códice Zempoala, de Hidalgo, que me sirvió para mi tesis de doctorado. Con las copias que les llevaba, los ancianos consejeros y funcionarios de tierras me ayudaban a estudiarlos, y había algo extraordinario porque entendían las notas, transcritas en el siglo xviii del náhuatl a caracteres latinos, como en los textos de los Techialoyan cuya lengua era el otomí pero el náhuatl era la lengua oficial y en ella ponían los nombres en español o en latín de los pueblos o los personajes. Gracias a ello se pudieron descifrar otros glifos más tradicionales, que estaban en documentos que no se sabía qué eran, porque había que analizar cada palabra, sus partículas o elementos mínimos en las figuras prehispánicas pronunciándolas a la manera náhuatl y si no sabías la pronunciación, que desconocen los nahuatlacas actuales porque pronuncian el español y el latín directamente sin traducirlo al náhuatl, no se podían descifrar los documentos. Con estos documentos hicimos, mis alumnos y yo, listas de nombres y salieron cosas muy interesantes, como funcionarios españoles del siglo xvi y xvii que tenían un complejo glífico muy grande porque estaban incluidos el título de nobleza, la jerarquía y el nombre en español, los que había que pronunciar primero en náhuatl para poder fijar en un sistema de transcripción los elementos mínimos de esa lengua. Era un estudio muy complejo e interesante.
–¿Tus alumnos eran mexicanos? –No siempre. Hasta antes de 1978 sólo tenía alumnos en París, luego Guillermo Bonfil me invitó a dirigir unos trabajos y a integrarme al Cisinah [hoy Ciesas] cuando lo fundó con Ángel Palerm. Nos habíamos conocido en 1962 en el Congreso de Americanistas y yo seguía con mi idea de que en los códices había un sistema de escritura, pero como los lingüistas definen la escritura con base en fonemas y alfabeto y no aceptan que con la imagen se pueda escribir una lengua, no sólo tuve que cambiar el nombre de una ponencia en un simposio, al no admitir mi título de "Sistema de escritura plástico-gramatical" y tuve que poner uno muy general como "el códice tal", pero ni siquiera podía decir que era un sistema de escritura indígena tradicional. Entonces se me ocurrió, en el Cnrs, un enfoque plástico para el título y un contenido más amplio: "Estudio etnológico de la imagen mesoamericana". Etnológico porque se estudian todos los aspectos, no sólo la parte fonética que es una parte del conjunto, sino que se llega hasta la vida real y actual de los pueblos. Es con este nuevo enfoque que formé a mis alumnos en México, los que incluso han ido a los tribunales para autentificar documentos y confirmar que están escritos en náhuatl, para apoyar a los pueblos en litigios y conflictos de tierras contra grandes propietarios, industriales o comerciantes actuales e incluso entre pueblos vecinos, pues en esos textos plásticos y en náhuatl se describen las tierras de cada barrio o de cada pueblo, las que se pueden reconstruir sobre un mapa moderno fijando el perímetro. Porque no medían las tierras por superficie sino por el perímetro de la totalidad de la propiedad colectiva. Y estos estudios nos llevaron a descubrir otro aspecto, no por la geografía sino por la plástica misma. Cuando empecé a tratar de encontrar una explicación de la composición de esas imágenes, ¿cómo era que hacían esos dibujos? Que para mí sí lo eran, aunque los historiadores del arte con base en los parámetros del quattrocento italiano y del renacimiento europeo niegan que sean dibujos, porque según ellos no tienen leyes ni reglas, no tienen normas ni convenciones, sólo porque los dibujos prehispánicos no siguen las convenciones de la época en que se descubrió América, pero ¿por qué iban a seguir convenciones que no conocían? ¿Cómo pueden juzgarse con parámetros del siglo xvi figuras y dibujos de forma de la época preolmeca? La tradición de la historia del arte de mesoamérica es, en ese sentido, negativa: "que no hay perspectiva ni volumen ni profundidad", pues claro que no, "a la europea". Y con los mapas es lo mismo: "que no sabían hacer mapas", pues no, no sabían hacer mapas "a la europea"; pero sí tenían una representación del espacio geográfico real con el imaginario, todo junto, y tenían sus leyes y convenciones, que es lo que tenemos que ir conociendo...
–Descubriste que el dibujante veía de manera perpendicular al plano... –Sí, al buscar por qué se negaba la existencia de una convención indígena plástica, aunque no soy historiador del arte ni artista, quería ver lo que todos decían que no contenían los documentos y saber por qué no lo contenían. ¿Seguían otra convención? ¿Por qué no había línea de horizonte o no había línea de tierra? ¿Por qué se decía que los personajes o los paisajes de los códices flotan en el espacio? Así empezamos a reunir los datos que nos iban hablando de una convención, anotando en cada dibujo lo que encontrábamos, por ejemplo, un personaje que se ve acostado no es por que esté acostado sino que está representado por convención sobre la tierra, el elemento inferior que tocan sus pies es como si estuviera erguido, pero esta sería su propia línea de tierra, la que no es válida para todo el cuadro sino exclusivamente para ese personaje. Empezamos con la primera página del Códice Mendoza, a recortar los personajes y hacer como maquetas para poner erguido todo lo que debía ir perpendicular a la tierra. Luego, por relatos y otros documentos supimos que los códices se pintaban en el suelo, no se hacían en mesa ni en caballetes ni sobre la pared, sino con una vista de arriba hacia abajo y lo que se representaba en esos documentos era la tierra misma. O bien el cielo en los documentos celestes, pero no se representaban los dos a la vez porque cuando el pintor estaba dibujando la tierra tenía el cielo encima de él y no lo representaba por convención... Así fuimos encontrando que las formas planas eran planas porque así habían decidido ellos que lo fueran, y los colores lisos, sin degradados ni sombreados, como los que llegaron después de Europa. Todo eso era una convención y algún día llegará un gran artista o un nuevo historiador del arte que podrá hacer la teoría de la convención plástica indígena tradicional.
–¿Esta forma artística tiene herederos contemporáneos? –¡Claro! Desde los preolmecas hay formas y colores que surgen, se conservan y pasan por Teotihuacan para llegar hasta la época colonial y el siglo xviii. Son herederos de esa convención plástica los tlacuilos que escriben pintando o pintan escribiendo, ellos representan aún una tradición en la que no se podía pintar sin escribir ni escribir sin pintar; y aunque los indígenas ya están separados de los códices, todavía expresan en pinturas como las de los amates actuales, y aunque pongan en la parte superior el cielo y las nubes, que los planos en el espacio pueden ser de diferentes épocas o diferentes momentos de la pintura, usando los colores contrastantes y las formas repetitivas que transcriben, si ya no los elementos de la lengua, sí los mismos pensamientos e ideas. También podríamos preguntarnos hasta dónde Francisco Toledo pinta en el suelo de manera instintiva.... Pero también en Europa existen grupos de pintores y poetas que realizan sus manifestaciones plásticas en los grandes salones del arte, como el llamado Comparaison en el Gran Palais de París, donde hay una sección de formistas, coloristas y letristas con sus propios códigos, y para ver la exposición necesitas el código del pintor para leerlo, porque él quiere ser leído y no interpretado, como es en la composición plástica mesoamericana...
–Sin duda tiene una gran importancia para nosotros los mexicanos poder leer nuestra historia antigua escrita por nuestros ancestros... –Sí, pero no sólo la historia sino todos los aspectos de nuestra cultura y nuestra civilización, que es lo que está plasmado y transcrito en los códices. Porque, entendámonos, yo no estoy contra las interpretaciones, es normal hacerlas con cualquier texto, pero primero hay que conocer el texto mismo y si las imágenes son texto, primero hay que conocerlas como tales, para, en una segunda etapa, hacer identificaciones y en otros niveles de lectura, interpretaciones personales o colectivas de distintas disciplinas, lo que es muy necesario en todo estudio. Sólo protesto contra el paso a la interpretación antes de la lectura, y contra que se piense que no puede haber lectura de los códices porque no hay sistema de escritura. Quisimos demostrar esto públicamente en la película Tlacuilo, aprovechando la lectura que habíamos hecho, elemento por elemento, de la primera página del Códice Mendoza para un proyecto presidencial de reproducirla en el Zócalo y que nunca se realizó. Hicimos de manera audiovisual el relato escrito de Tenochtitlan, para que el público fuera leyendo los elementos. Esta lectura fue confirmada por el hallazgo de John Glass, en Estados Unidos, de una parte de un poema toponímico que hablaba de Tenochtitlan y que es una parte del paisaje de la primera página.
–¿Dónde estaba ese poema? –En un archivo en Estados Unidos Glass encontró una descripción de un texto en náhuatl del siglo xvi que se refería a Tenochtitlan y era muy largo. En realidad era la lectura de un poema toponímico donde se veía el glifo de la ciudad y al mismo tiempo decía "entre los carrizos, entre los juncos, en medio del agua, en medio de la tierra, ahí se yergue el gran Tenochtitlan", con esos elementos repetitivos, recurrentes del náhuatl: acatl tlaca ta catzalan tollin tollan tonatzalan in nepantla in nepahntlaltalli... Con ese ritmo que esta lengua va dando con sus repeticiones, un ritmo que es musical y poético. Mientras que el tlacuilo está haciendo historia y no escribe todo eso, pone la Gran Tenochtitlan y narra los hechos de manera plástica. Por eso es muy importante conocer la complejidad del pensamiento y la cosmovisión que están en los documentos; porque a fin de cuentas lo importante no es que demostremos que los antiguos mexicanos tuvieron un sistema de escritura, sino una manera de transmitir nuestras antiguas lenguas y los pensamientos que les son propios, a través no sólo de sonidos, sino con éstos y con imágenes, complejas por sus colores y composición dentro de un cuadro, todo lo cual transmite muchas más cosas de lo que parece verse, como con las computadoras actuales.... Afortunadamente pude vivir tanto tiempo para llegar a conocer los métodos de los semiólogos y de los informáticos, quienes entienden este tipo de manifestaciones de manera más positiva.
–Porque parece que ha habido cierta resistencia en el medio científico social a aceptar sus teorías sobre la lectura de los códices prehispánicos... –Bueno, aparte de mis grandes maestros, como André Leroi-Gourhan o Jean Guiard, el gran etnólogo, que entendían muy bien el aspecto plástico y fonético ligados a la vida real actual de los pueblos indígenas, los que más, creo, entendieron mi trabajo en Europa fueron los italianos. Un día llegué a exponer en un seminario de Leroi-Gourhan y había un joven italiano, gran lingüista, que formó una cátedra de antropología lingüística en Roma. Raymundo Cardona me oyó y tuvo comentarios muy positivos, era y murió joven, a los cuarenta y seis años, pero dejó una obra de lingüística antropológica emparentada con lo que yo hago con el estudio etnológico de la imagen, pues él hizo el estudio etnológico de la lengua y otros aspectos de la cultura. Les hablaba de mí a sus alumnos y dos de ellos vinieron a buscarme como director de estudios cuando él murió. Pero necesitaban un apoyo académico y tuve que explicar a los profesores de la Universidad de la Sapienza que ese estudio se iba a perder si ellos no lo continuaban. Fue así como Giorgio Bifini y Antonio Perri fueron admitidos en la cátedra de un gran paleógrafo europeo y Perri pudo presentar una tesis que se llama Las dos paleografías del Códice Mendocino, algo extraordinario porque con ello se admite que es tanto escritura la que aparece en caracteres latinos como la parte en glifos. Estos chicos llegaron a la cátedra de Umberto Eco y éste me invitó para explicar mi trabajo y lo que ellos estaban haciendo conmigo. Mi relación con la escuela de semiología de Bolonia ha sido larga, hicimos varias reuniones en Roma y debido a nuestras discusiones Eco cambió el nombre de su seminario de esa época que se llamaba "Hacia una semiología", le quitó el "hacia" y le puso "Semiología de las escrituras". Luego, al primer seminario que di en su cátedra invitó al embajador de México y cuando publicamos en italiano el primer libro de la lectura del Mendocino e hicimos la película y el video Tlacuilo, se hicieron presentaciones en varias ciudades italianas donde me daban una medalla o las llaves de la ciudad... Mi preocupación es que Umberto Eco va a perder al último alumno que tenía relacionado con nuestro tema, el mexicano Alfredo Cid que estudiaba con él semiótica y conmigo los códices. El problema es que en Italia no hay cátedras o centros de investigación donde puedan formarse los jóvenes en este tema y Alfredo será el último, después de Antonio Perri, pues cuando se doctore ya no va a haber representantes de la escritura azteca con Umberto Eco, aunque éste dijo que seguirá en relación con sus alumnos y conmigo a propósito de la semiótica aplicada a este tipo de problemas. Por otra parte, yo hice mi carrera científica en París porque el Cnrs me pagaba de tiempo completo para investigar dándome la libertad para hacer el trabajo como yo lo pensaba y así pude formar franceses, de la licenciatura al doctorado, pero la mayoría tuvo que seguir otros caminos porque cuando están en las aulas tienen becas o los mantienen sus familias, pero en cuanto obtienen los diplomas, ¿dónde van a encontrar un lugar para investigar de tiempo completo un tema como el mío? Pese a ello tuve un grupo en Francia, que trabajaba y sobrevivía como podía para poder seguir analizando códices conmigo, pero sólo un alumno, Marc Thouvenot, pudo entrar al Cnrs tras años de tentativas y eso por el apoyo de Jacques Soustelle y por las cartas de otros científicos donde decían que Francia me había formado durante muchos años con un tema muy específico y que yo no dejaba ningún heredero de mi cátedra formado por mí. También estuvo cerca de mí una pintora que hizo un libro extraordinario sobre "la historia de los mexicanos a través de sus pinturas", Paule de Bausson-Obadia, quien durante veinte años siguió mis cursos, hizo dibujos y me acompañó a todas las exposiciones que tenían relación con nuestro tema, pero lo hacía fuera de las instituciones científicas. Ahora, con mi jubilación, Marc Thouvenot pasó al grupo de los lingüistas que formó Pottier y heredó Michel Aulnay, quien ha hecho el estudio más completo del náhuatl, pero también se jubiló y sólo los dirige por fuera; queda Michel Davou que estudia los glifos mayas. Como sea hay cuarenta ex alumnos que tienen tesis publicadas o comunicaciones de congresos, donde aplican de una manera académica y científica un método de análisis sistemático y exhaustivo de los elementos mínimos y demuestran la relación de éstos no sólo con una lengua sino con una semántica y una cosmovisión que sigue vigente.
–¿Qué pasará después de tu jubilación? ¿Dejarás Francia y volverás a México? –Nunca he dejado de ir a México, cuando menos fui una vez al año durante cuarenta años, ya sea para ir a un pueblo indígena, a un archivo o a una institución. Iba al Cisinah, al Archivo General de la Nación, a la Biblioteca Nacional por la sección de manuscritos, al Museo Nacional de Antropología por la colección de originales pictóricos y a los pueblos donde sabía que había documentos. Y desde hace quince años paso dos meses en París y dos en México, por mis clases de códices en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, donde quedó un grupo de trabajo que desarrolla mi proyecto, y en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Unam, donde conservé otro pequeño grupo, el Ciesas donde hay otro grupo desde la época de Bonfil y donde se quedó mi primer alumno francés. Últimamente tengo un compromiso mayor en México por el puesto de investigador de tiempo completo que me ofrecieron en el Colegio de Antropología de la Universidad Autónoma de Puebla donde estamos trabajando mi proyecto de "estudio etnológico de la imagen mesoamericana" no sólo con los códices sino con murales, pinturas y escultura. Ahí tendremos incluso el apoyo de un especialista en informática, para pasar mis datos a la computadora y además creamos una asociación civil que se llama Códices Mesoamericanos, ac, para obtener los medios para hacer la revisión de las obras completas y que todo lo que he escrito esté disponible y se pueda consultar en bases de datos o cd rom, para que no se queden en los archivos del Sni y del Museo del Hombre, tantos datos acumulados en fichas, láminas, fólderes y todo lo inédito... desde el diccionario básico de los glifos, que no se ha podido publicar porque son 650 glifos con diez elementos mínimos, o sea 6 mil 500 elementos mínimos estudiados en todas sus combinaciones, lo cual representa varios libros por lo cual sería mejor publicarlo en medios informáticos...
–¿Cuántos libros has publicado y dónde se consiguen? –No sé cuantos libros ni artículos he publicado, pues no he terminado de hacer mi lista para el Sni (Sistema Nacional de Investigadores) donde se deben presentar no sólo los títulos de las publicaciones sino un ejemplar o fotocopia de cada obra y ya llegué a la ochenta y siete, pero todavía me faltan no sé cuántos... Pero sólo se puede conseguir lo último que he publicado. Lo demás está agotado o en bibliotecas.
–¿Cuál sería tu máximo deseo, que se haga pública toda tu obra en soportes al alcance de todos y que se sustente definitivamente el método de lectura de los códices? –Yo creo que el método ya está demostrado y ha sido aplicado, por lo menos por mí, en cada uno de los tipos de códice. Normalmente, si fuera ciencia exacta tendría que aplicarse en todos los códices, pero no alcanza una vida y ya la mía ha sido larga y me ha permitido hacerlo en cada uno de los tipos o de los grupos de códices y además están mis cuarenta colaboradores que han hecho demostraciones de estas aplicaciones y aún hay varias personas por recibirse del doctorado con ese tipo de estudio. Mi deseo sería que los herederos de semiología o de semiótica e informática vayan dándole conformación a una teoría de la escritura por la imagen mesoamericana, una teoría que comprenda la terminología de las ciencias que ellos estudian.
–¿Confirmarías el dicho de que no hay profeta en su tierra? –Hay dos aspectos: en el humano, me reciben muy bien mis colegas porque no me han dejado de ver y hemos tenido amistad desde siempre, pero la parte científica es muy distinta, llevamos caminos diferentes, yo siempre he estado "contra la corriente" y así nos consideramos todavía, somos grupos aparte y en fin, con todo respeto, cada quien ha seguido y sigue su parte.
*Entrevista hecha en el otoño de 2002 en París La Jornada - México D.F., 26/9/2004 |
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La saga de Savoy
Entre el fango, el barro y la maleza, nuestro pasado. Un complejo arqueológico de la Cultura Chachapoya de aproximadamente 120 km2 fue descubierto por un grupo liderado por Sean Savoy Ontaneda. El hijo del curtido explorador Gene Savoy (inspirador del personaje cinematográfico Indiana Jones y descubridor de la ciudadela de Vilcabamba, del Gran Pajatén, el Gran Vilaya -ambas en Chachapoyas- y capitán de una balsa de totora que partió de la costa del Perú rumbo a Centroamérica) partió de Lima el 19 de julio pasado acompañado por un grupo de 15 científicos y expertos donde destacan los arqueólogos Miguel Cornejo García -codirector del proyecto- y Alberto Bueno de la Universidad de San Marcos y Alfonso Seoane -director de comunicaciones de la exploración.
Una vez en Cajamarca, cambiaron de bus y luego de 28 horas sobre la incómoda trocha llegaron a la ciudad de Bolívar donde se unieron arrieros y macheteros para sumar 40 personas. Este grupo, más de 50 acémilas de carga y de silla tardaron 7 horas en cruzar el nevado de Cajamarquilla y llegar al primer campamento en las lagunas de Yonán a 3,600 m.s.n.m. Al día siguiente, sorteando el ichu y el barro hasta las rodillas, siguieron durante 2 horas pegados a la ribera del río Yonán para alcanzar una nítida línea verde que cruzaron sin miedo. Ya en la selva y luego de 4 horas de camino llegaron a Pampa Hermosa. Seis días atrás habían partido de Lima y aquí estarían 5 días, mientras comisionados exploraban la zona y construían un sendero a punta de machete.
La región no era nueva para ellos. Gene Savoy había trabajado en ella más de 40 años. Durante los últimos 5 años miembros de la Andean Explorers Foundation habían realizado diversas incursiones de investigación. En ese lustro habían invertido unos 800 mil dólares. En el 2003 habían presentado un informe de 400 páginas al INC para recibir el permiso para la expedición arqueológica-científica. Era la primera excursión en la que Sean viajaba sin su padre y tenía el liderazgo absoluto. Era el viaje definitivo a la zona del Gran Saposoa: todas las sospechas deberían convertirse en certezas.
De Pampa Hermosa siguieron por la ribera Huabayacu hasta El Naranjo, donde permanecieron 9 días. En esta cuenca ribereña, no era cuestión de caminar solamente. Había que subir y bajar mientras se cortaba el agreste follaje. Pero valía la pena pues ya estaban en medio del centro arqueológico más antiguo y grande de la cultura Chachapoya. Hablamos de cinco ciudadelas de piedra caliza labrada de forma circular donde destacan casas, terrazas, acueductos, canales, murallas y avenidas. Como se sabe, los Incas habían conquistado a los Chachapoyas en el año 1470 d.C. Pero esta metrópoli llamada ahora el Gran Saposoa correspondía a los años 700 y 800 d.C. Y por los caminos encontrados se deduce que era el núcleo del complejo arquitectónico, pues fueron usados para establecer contacto con la sierra y, paradojas de la historia, ser conquistados por los Incas. Su presencia está comprobada por el campamento real encontrado en Pampa Hermosa. Según los arqueólogos Cornejo y Bueno, existen pruebas arquitectónicas irrefutables de la presencia del Inca Túpac Yupanqui y su séquito de soldados y mujeres.
Luego de 25 días, los expedicionarios emprendieron el camino de regreso. Lo que hace muchos años se había iniciado como la búsqueda de Cajamarquilla (una de las 7 ciudades perdidas de los Chachapoyas según el Inca Garcilaso de la Vega) se transformó en la confirmación de la existencia de una alta cultura en la selva y la presencia inca en el lugar. Hechos que deberían reformular muchas certezas de la historia prehispánica y que a nivel arqueológico enfrenta a las autoridades del gobierno regional y central al reto de preservarla, estudiarla y luego abrirla al turismo -se estima que esto podría pasar en unos 30 años- aprendiendo de los errores cometidos con Machu Picchu- un conjunto habitacional al lado de esta metrópoli.
Caretas - Lima, 26/8/2004 |
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Encuentran en el Titicaca lo que pudo ser un templo sagrado
Un capítulo más sobre los misterios del lago Titicaca y la cultura Inca comenzará a desentrañarse a partir de los hallazgos que captaron las cámaras y robots subacuáticos de la misión Akakor. Vasijas de cerámica, un ídolo de oro, estructuras y muros de contención fueron encontrados a más de 50 metros de profundidad. La misión obtuvo imágenes que sustentan la teoría de que hace miles de años la altura del lago era menor. Piezas de cerámica, un ídolo de oro y un muro de contención hacen creer que allí se encontraba la isla ceremonial Wilacota.
La expedición —denominada Tiwanaku 2004, pese a su distancia con el incario— fue emprendida por el grupo Akakor Geographical Exploring, con la colaboración de la Unidad Nacional de Arqueología (Unar) y la Fuerza Naval Boliviana. El 3 de agosto, el grupo anunció a los medios que, a través de un equipo de robótica y alta tecnología en filmación y fotografía subacuática, emprendería una investigación para hallar nuevos reservorios arqueológicos y geológicos en las profundidades del lago Titicaca.
En dos ocasiones —con las misiones Atahuallpa 2000 y Titicaca 2002— Akakor se sumergió para desarrollar la teoría que plantea que hace miles de años la altura del lago sagrado era menor. Fueron 20 días de intenso trabajo en los cuales el equipo estuvo expuesto a peligros. Pero la labor valió la pena, ya que se encontraron piezas de ofrenda, vasijas, ánforas e incluso un ídolo presumiblemente hecho en oro, que permanece sumergido por su gran peso: de 20 a 30 kilos.
El arqueólogo Eduardo Parejas, director de la Unar, explicó que estos elementos permitieron identificar el lugar donde se desarrolló la misión como la isla Wilacota (lago de sangre), donde los incas practicaban sacrificios. "La información existente sobre este periodo prehispánico es dispersa, por ello fue difícil ubicar este centro ceremonial religioso". El hallazgo de una vasija que presenta características amazónicas dio lugar al rescate de una teoría extraída de las crónicas escritas durante la Colonia. Parejas señala que cuando los incas ocuparon el lago, trajeron consigo a 42 grupos étnicos, entre los cuales podría haberse encontrado el grupo que entregó la vasija. Pero esto no es todo. A 96 metros de profundidad se encontró un muro de contención y algunas estructuras. Los investigadores se manejan cautos y prefieren no formular afirmaciones antes de contar con los resultados finales, pues el año 2000 fueron duramente criticados y la veracidad de sus investigaciones, puesta en duda. No obstante, el jefe de la misión, Lorenzo Epis, adelantó que la piedra de las estructuras está trabajada.
En las indagaciones previas se había logrado descender a 50 metros. En esta ocasión se llegó a más de 120 metros, para captar imágenes gracias a la tecnología proporcionada por el instituto brasileño Cempra. Además de los hallazgos, el equipo observó el comportamiento de peces y moluscos que habitan a 70 metros de la superficie. El equipo Akakor concluyó la presentación de los hallazgos preliminares con el anuncio de que el resultado final estará listo dentro de dos o tres meses.
Un trabajo en equipo
El equipo estuvo conformado por 20 personas de Bolivia, Italia, Brasil y Alemania. Para facilitar la exploración, la misión se dividió en tres áreas: geología y arqueología terrestre, robótica de alta profundidad y buceo. El equipo de cada buzo incluía un micrófono para comunicarse con sus compañeros y con la superficie, además de una telecámara para registrar imágenes. La maquinaria de filmación llegó a los 50 metros de profundidad con los buzos y a los 120 metros con los robots. La revisión de las construcciones en la superficie de la isla estuvo a cargo de los arqueólogos. El último día se batió el récord mundial de inmersión en aguas de altura, puesto que los buzos llegaron a los 70 metros de profundidad, dejando atrás la investigación efectuada en 1968 por el francés Jacques Cousteau que alcanzó los 60 metros.
La Razón - La Paz, 22/8/2004 |
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La literatura en lengua maya se revitaliza
Arturo Jiménez
Pese a que la cultura maya está en proceso de revalorización, ''la lengua maya se revitaliza y la literatura en maya yucateco experimenta un resurgimiento sin precedente, aún no se ha logrado un desarrollo integral" de los pueblos indígenas. ''No debe soslayarse el aspecto socioeconómico, para que el indígena maya tenga una mayor participación social y política. La revalorización, entonces, surgiría de manera más espontánea y menos inducida de manera externa o institucional." Son planteamientos del lingüista y filólogo maya Ramón Arzápalo Marín, quien participó como conferencista en el curso-taller Apreciación estética en lenguas indígenas de México, realizado en Campeche en días pasados. Hablante de maya, alemán, latín y otros idiomas, Arzápalo es traductor, por primera vez de manera completa, del texto maya El ritual de los Bacabes (UNAM, 1987) y es el editor del diccionario Calepino de Motul (UNAM, 1995).
Para Ramón Arzápalo Marín no es lo mismo hablar de la lengua maya de la península yucateca (integrada ahora por los estados de Campeche, Quintana Roo y Yucatán) antes de la llegada de los españoles o durante los siglos XIV y XV, que en el siglo XXI. Entre la compleja diferenciación social antigua, dice, la clase sacerdotal era muy culta y estaba compuesta en gran parte por científicos: médicos, astrónomos, matemáticos y hasta sicoanalistas, "luego llamados hechiceros por los misioneros". Durante el siglo XVI y ante la destrucción de su acervo escrito en pictogramas, varios sabios mayas comenzaron a redactar textos en caracteres latinos, como el diccionario Calepino de Motul o, de manera subrepticia, otros con fuerte contenido cultural que incluían conjuros, recetas médicas o plegarias, como El ritual de los Bacabes. ''En ellos se observa una gran riqueza no sólo lingüística sino literaria, además de la diferenciación entre el maya que hablaban los campesinos y esclavos, y el maya de los sacerdotes, que además era escrito."
Con la llegada y dominio de los españoles vino otro cambio. ''Notamos cómo van desapareciendo, primero de manera abrupta y luego paulatinamente, términos científicos, astronómicos, médicos, religiosos y gastronómicos." Por ejemplo, todo el llamado ''lenguaje de zuyua" o lenguaje ritual contenido en libros como El ritual de los Bacabes, que maneja un léxico muy rico y complejo del maya clásico, se ha perdido en gran parte y ya no se encuentra ahora, en el siglo XXI. ''El lenguaje de Zuyua, era un lenguaje literario y codificado con el que supuestamente los sacerdotes se comunicaban con las deidades. Y por tanto, no era un lenguaje inteligible para la gente común porque era de las elites." Otro caso es Los cantares de Dzitbalché, ''cantares básicamente líricos, bellísimos, sin influencia europea", pero cuyo vocabulario y estilo también se han venido perdiendo.
La asimilación biológica y social de los mayas también se refleja en su lengua. ''Y lo notamos por muchos préstamos del castellano al maya. Aunque esto no debe asustarnos, porque todas las lenguas reciben préstamos y es parte de su desarrollo, como el español del inglés". El problema con el maya yucateco y muchas otras lenguas indígenas, puntualiza Arzápalo, es que haya adoptado los términos gramaticales del español, pese a que se cuente con los propios. ''Esto sí ya es como atacar la parte estructural del maya". Pone de ejemplo las palabras de los días de la semana, que existen en maya, pero se utilizan en castellano. Otro caso es la expresión ''así es", que en maya debiera decirse ''bey tun". O ''entonces" y ''pues", que se traducen como ''bey". La expresión ''de noche" se dice en maya ''de akab", con influencia del español, cuando en realidad existe la expresión originaria ''tii akab". Esto, dice, tiene una ''explicación lingüística" pero ''socialmente deplorable". Si los hablantes del maya tienen manejo de algunas palabras del español, aunque no sean bilingües, utilizan ciertas expresiones del segundo idioma para adquirir mayor prestigio social. Como hacen los hispanohablantes con el inglés.
No se debe confundir, aclara el investigador, el desarrollo de la lengua con el desarrollo de la escritura. Y recuerda que el lenguaje escritural es diferente al oral. Por ejemplo, en español no se habla como se escribe. ''Con la colonización fueron destruidos los objetos, el acervo cultural que contenía gran parte de esa tradición escritural, sobre todo de códices y mucho también en cerámica y otros medios. Ahora, al destruir lo material no se destruyó de inmediato lo intelectual. Los mayas cultos siguieron con su tradición y transmitieron de padres a hijos, por algunas generaciones, este tipo de lenguaje escritural, pero de manera verbal." Reflexiona: ''Hay algo que los mayas modernos retienen en la mente de cómo codificaban los mayas antiguos cultos. Saben que no era escritura fonética, que no se escribía con letras ni con sílabas, sino mediante simbolismos, por asociación fonética y semántica."
Cuando los mayas comenzaron a escribir con caracteres latinos, lo hicieron en dos tipos de documentos, unos son ''auténticamente indígenas", sin influencia cristiana, y de hecho sólo se conocen dos: El ritual de los Bacabes, que maneja un lenguaje muy complejo, y Los cantares de Dzitbalché. ''En ambos persiste la tradición escritural antigua y afortunadamente se salvaron de la hoguera", comenta. El otro tipo es donde están todos los Chilames: el de Chumayel, de Tizimín, de Maní, hasta completar más de 20. Además otros textos como el Códice de Calkiní, con contenido histórico. ''Pero estos segundos textos ya no significaban ningún riesgo a la soberanía de la corona española ni de la Iglesia. Mientras que los dos primeros sí, debido a su alto contenido nativo, ritual, religioso y, sobre todo, el estilo de lenguaje, considerados en la Colonia como sucios y vulgares. ''En realidad, eran textos religiosos con muy frecuentes menciones a expresiones eróticas, pero que en el contexto maya estaban íntimamente ligados con la creación y la fertilidad, por un lado, y por otro, con diagnósticos y curaciones de enfermedades." En cuanto a los Chilames, el rasgo sociológico más importante es que como estaba prohibido escribir sobre sus historias y cosas que ofendieran a la Iglesia, tenían que cuidarse mucho y a veces utilizaban un lenguaje críptico.
Cuenta Arzápalo: ''Cuando hago trabajo de campo y converso con líderes mayas, curanderos y otros, les platico sobre algún tema clásico, sobre todo de medicina, y quedan fascinados. Dicen: no sé exactamente qué quiere decir pero yo entiendo eso". Ellos pueden así reconstruir su lengua, dice, y agrega: ''Eso lo utilizamos en los talleres para la revitalización, reconstrucción y reconocimiento de la lengua maya". Antes de la llegada de los españoles, retoma, había una lengua maya de tradición oral y otra de tradición escrita. ''La de tradición oral continuó y es la que persiste hasta ahora, es el maya de los campesinos". El estilo de lengua formal, de lengua culta y escritural, agrega, se perdió en gran parte, no de manera total, porque eliminaron la escritura. Mucho de lo que es la lengua escritural persiste ahora en la tradición oral, pero con otro estilo. Aunque más cercanas, ambas corrientes mantienen una separación porque el maya oral lo hablan sobre todo la gente común, como los campesinos, y el conocimiento que quedó del maya escrito destruido lo maneja sobre todo la gente de saber, como los curanderos, ''aunque muchos repiten de memoria fórmulas mágicas religiosas sin saber el significado".
Hasta hace 50 años, el panorama de la lengua maya era muy sombrío. ''Era una de las lenguas en grave riesgo de extinción. Predominaba un estigma social entre los hablantes de maya". Pero en los últimos 25 años ha habido un ''cambio enorme", dice. ''Ahora se reivindican las lenguas indígenas y también las culturas. Hay que destacar la cuestión sicológica y sicosocial de la revalorización, ya no avergüenza. No es algo general, pero ya es una tendencia." Ahora, en los tres estados en que se habla el maya yucateco: Campeche, Quintana Roo y Yucatán, existen diversos movimientos de reivindicación cultural y hasta se han creado academias de la lengua maya. Ese panorama se amplía con el resurgimiento de la literatura en lengua maya, mediante caracteres grecolatinos y alfabetos basados en el español, desde hace unas dos décadas. Pero esa es otra historia.
El caso Knorosov
Aparte de sus investigaciones en lingüística y filología mayas, Ramón Arzápalo Marín también es reconocido en los medios académicos por ser uno de los principales cuestionadores del ''presunto" desciframiento de los jeroglíficos mayas realizado por el historiador ruso Yuri Knorosov y un equipo de matemáticos. En la antigüedad maya, explica Arzápalo, había un tipo de lenguaje utilizado por la capa más alta y culta de aquella compleja sociedad. Usado por la elite de científicos para la escritura, dicho lenguaje es conocido como ''de Zuyua", un lenguaje literario y codificado con el que supuestamente los sacerdotes se comunicaban con las deidades. "Esto tiene como consecuencia una premisa básica para quien pretenda descifrar la escritura maya antigua o al menos quiera establecer algo sólido al respecto: hay que conocer ese lenguaje literario y esotérico. No me refiero a la lengua o las lenguas mayas, porque no estamos refiriéndonos a la variedad coloquial, sino a esta lengua literaria, esotérica y críptica."
Arzápalo ubica el despligue al presunto descubrimiento de Knorosov en la década de los 60 del siglo XX como parte de la competencia generada por la Guerra Fría entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética. El investigador agrega que ese trabajo partió de la "simple hipótesis" de que los glifos mayas correspondían a valores fonéticos o silábicos. Estos eran combinados de manera azarosa para obtener ciertas secuencias morfosintácticas de posibles palabras mayas. Arzápalo recuerda que para su trabajo los soviéticos consultaron una edición deficiente del diccionario maya-español Calepino de Motul, en el cual reconocieron algunas palabras y otras eran irreconocibles totalmente. Al combinar estas últimas parecían construcciones sintácticas reales, pero no era así. "Se trata de una visión etnocéntrica y una especulación sin bases científicas", sostiene Arzápalo, quien menciona al doctor Alfredo Barrera Vásquez como ejemplo de investigadores mexicanos serios. El, concluye Arzápalo, ha publicado una reseña profunda del trabajo de Yuri Knorosov en la que hace críticas acertadas que siguen siendo válidas hasta hoy.
El ritual de los Bacabes
Con el comienzo de la dominación colonial la cultura maya fue proscrita y su escritura original destruida con la quema de libros que contenían su visión del mundo y su conocimiento mágico, médico, matemático y astronómico. Sabios y chamanes mayas que habían aprendido el español y el manejo de los caracteres latinos se dieron a la tarea de transcribir, de manera subrepticia, el conocimiento antiguo, aunque muchos de esos nuevos libros también fueron quemados.
De hecho, en la penísula de Yucatán sólo dos textos se salvaron de la hoguera: Los cantares de Dzitbalché y El ritual de los Bacabes, cuyo original data de finales del siglo XVI y fue encontrado en Nunkiní, municipio de Calkiní, Campeche, donde también se conoce como ''Manuscrito de Juan Canul''. De ese original, que en 1930 fue donado a la Universidad de Princeton, el lingüista y filólogo maya Ramón Arzápalo Marín hizo la traducción directa, primero al alemán y luego al español, en 1987. Dicha edición, la primera completa, pues en 1965 se hizo una parcial al inglés, fue hecha de manera facsimilar por la Universidad Nacional Autonóma de México.
La incantación de esos rituales, cercana al canto, acompañada de gestos apropiados de los chamanes y hecha en maya, comenzaba por lo más alto con el fin de poder acercarse a las deidades causantes de las enfermedades. Después, las deidades eran increpadas mediante palabras con un fuerte contenido erótico pero que a los misioneros españoles les parecieron ''sucias y vulgares". A continuación, un breve fragmento de uno de los textos.
El texto para la curación de la gota
Me pongo de pie para disgregar a las hormigas rojas, a las hormigas blancas, a las hormigas negras, a las hormigas amarillas.
Me pongo de pie para deshacer los conflictos rojos, los conflictos blancos los conflictos negros, los conflictos amarillos.
Son las frazadas simbólicas del primer hombre de madera, del primer hombre de piedra.
Habré de retirar a la serpiente hooch' roja, a la serpiente hooch' blanca, a la serpiente hooch' negra, a la serpiente hooch' amarilla.
Aquí es donde se le introducen las serpientes hooch', las ix hun pedz kin ''la-mortal".
Habré de retirar las ortigas rojas, las ortigas blancas las ortigas negras las ortigas amarillas de la espalda del primer cuerpo de madera, del primer cuerpo de piedra.
Habré de retirar la ortiga roja de la frazada del Acantun ''Piedra-parlante" de la frazada de la noche, de donde nació.
¿Hace ya cierto tiempo que cambié tus sábanas simbólicas?
¿Qué es eso de cambiarte las sábanas simbólicas? Son las capas de la cola del pájaro yaxum, las capas de la cola del pájaro ix op.
¿Cuántas han de traerse? Nueve capas.
De trece capas es la cola del pájaro kubul, y la cola del pájaro yaxum.
La Jornada - México D.F., 17/8/2004 |
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El submundo de Tikal
Liliana Pellicer
En el Parque Nacional Tikal (Guatemala), en el lateral de uno de los monumentos y protegida por un tablón de madera y un pesado candado, hay una pequeña puerta, la entrada a un túnel que une el presente con tiempos más remotos, mil 200 años atrás. Sobre la intacta capa de polvo que recubre el lugar quedan impresas las huellas de los visitantes que, después de avanzar unos metros, contemplan asombrados lo que la temblorosa luz de la linterna descubre: un palacio maya decorado con esculturas, pinturas e inscripciones. Es la ciudad bajo Tikal.
Las costumbres mayas obligaban a que, cuando moría un rey, su palacio no podía ser habitado por otro soberano ni destruido, pues su real habitante, incluso muerto, era sagrado. Por esta razón, los constructores de la época rellenaban el edificio con piedra y tierra y construían encima la nueva vivienda. Hoy, admiramos las pirámides del Parque Nacional Tikal sin sospechar que, bajo éstas, otras construcciones anteriores se encuentran sepultadas. “Se puede decir, no sólo que bajo Tikal existe otra ciudad, sino que, de hecho, existen varias”, explica Carlos Rudy Larios, experto en conservación y restauración y director del sitio entre 1970 y 1980.
Los arqueólogos conocen estas características de la arquitectura maya y, a través de diferentes técnicas, investigan la posible existencia de otros edificios bajo los que se aprecian a simple vista. “Con el objetivo de conocer las diferentes etapas constructivas, en un primer momento, se hacían trincheras que partían los monumentos por la mitad”, recuerda Miguel Orrego, director de sitio Tak'alik Ab'aj. “Sin embargo, actualmente se excavan túneles, por ser ésta una técnica menos agresiva”, añade.
Alrededor de cinco kilómetros de túneles discurren bajo la superficie del Parque Nacional Tikal. “La mayoría se construyó durante los años 70 y 80 como una forma de investigar los diferentes períodos constructivos de la ciudad. Aunque muchos de ellos han sido ya sellados, todavía permanecen abiertos los del Grupo G, la Acrópolis Norte o Mundo Perdido”, comenta José Rodolfo Sánchez, administrador del complejo arqueológico.
Kinich Sahau, el dios del sol, permanece impasible, todavía vigilante mil 200 años después de su creación. La quietud que le rodea sólo se rompe por el aleteo de los murciélagos, los chillidos de las ratas y por la rara visita de algún arqueólogo. En los tiempos en que Tikal todavía era una ciudad viva, Kinich Sahau decoraba las esquinas de un templo y, cada mañana, recibía las primeras luces del amanecer. Hoy, continúa protegiendo este lugar sagrado pero, a pesar de ser el dios del sol, ningún rayo lo toca. Está enterrado bajo las toneladas de piedra de Mundo Perdido.
En otro punto de la ciudad maya, hace también varios siglos, un niño de doce años dejó la huella de sus manos sobre las paredes del palacio de Yax Kin Kan Chae. Junto a ellas, infinidad de grafitos y glifos contaban la historia de soberano de la dinastía Cielo que allí vivió. Todos estos testimonios están escondidos, sepultados por un edificio posterior que, actualmente, se conoce como Grupo G.
Al igual que estas pinturas, infinidad de mascarones, inscripciones y murales reposan, como congelados en el tiempo, en el subsuelo de Tikal. “Estos son dos jugadores de pelota”, explica con dificultad Felipe Norberto Tesucún, encargado del personal arqueológico del Parque Nacional, mientras se mantiene encogido en un estrecho túnel situado a cinco metros bajo tierra. “Como pueden observar, están en un magnífico estado, ¿aprecian cómo señala con su dedo índice?”, pregunta. En el interior de los túneles, la temperatura y la humedad son estables y constantes, por ello, la piedra y la pintura se encuentran en un estado óptimo. “El enemigo número uno de la conservación es la intemperie”, dice Larios. “Los túneles del Grupo G y del Mundo Perdido, los túneles de Tikal en general, son una prueba de que dentro de ellos la conservación es maravillosa”, explica.
A pesar de que estos lugares acercan al presente la historia del pasado, muchas de estas excavaciones son rellenadas por los arqueólogos después de registrar y estudiar los hallazgos encontrados. La razón más habitual es el miedo a que el monumento no soporte las agresiones y se hunda, como ya sucedió en los primeros años del Parque Nacional. Para evitar que este tipo de hundimientos se repitan, la subdirectora técnica del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala (IDAEH), Nora López, cree que es necesario un estudio pormenorizado sobre estas excavaciones. Esta investigación debería analizar el estado de los materiales constructivos y la importancia de la información que contienen. “Si en su interior hay, como pasa por ejemplo en el Grupo G, murales o pinturas valiosas, no es necesario clausurarlos. Se pueden consolidar”, señala Miguel Orrego. “Sin embargo, hay otros lugares donde hay que tomar medidas urgentes. Mundo Perdido, sin ir más lejos, es una bomba de tiempo”, agrega.
Esta posible inestabilidad es una de las razones que se arguyen para impedir el ingreso de visitantes a los túneles. Sin embargo, algunos expertos en conservación, como Larios, consideran que, aun que es necesario un análisis, es absurdo pensar que los edificios colapsarán por los túneles. “Los mayas eran grandes constructores. Sólo caerán los edificios donde ellos hicieron mal su trabajo”, explica. El ejemplo palpable de que muchas de estas estructuras no peligran está en el Templo 1 ya que sus túneles, abiertos desde 1959, se encuentran en perfecto estado. La falta de responsabilidad de los visitantes es otra de las razones que impiden el acceso a turistas. “La gente es muy desconsiderada. Si pudieran entrar en los edificios enterrados, deberíamos estar constantemente vigilando, porque si no, al día siguiente, aparecerían pintadas sobre las paredes o alguna otra barbaridad”, comenta Miguel Acosta, auxiliar de arqueología del Parque Nacional Tikal. Asimismo hay que tener en cuenta que el estado de conservación de los monumentos bajo tierra se debe a la gran estabilidad de temperatura que allí existe, por ello, si comenzaran a ingresar demasiadas personas “con su sudoración, por ejemplo, podrían variar las condiciones de humedad”, analiza José Rodolfo Sánchez.
Lo cierto es que existen mecanismos para evitar los posibles daños que ocasionaría la entrada de público. En Honduras, por ejemplo, en el sitio arqueológico de Copán, se instalaron cristales protectores que separaban a los visitantes de los monumentos, así como controladores de ambiente. Esta fórmula, aunque en estudio, es por ahora irrealizable en Tikal por falta de presupuesto. Mientras no se consigan estos fondos, la mayor parte de los conocimientos sobre el mundo maya, el 95 por ciento según Rudy Larios, seguirán en manos de unos pocos y los turistas seguirán paseando entre las ruinas mayas sin sospechar que, bajo sus pies, otra ciudad reposa.
Rudy Larios, director de Tikal entre 1970 y 1980, fue uno de los arqueólogos del Grupo G.
¿Se puede decir que hay una ciudad bajo Tikal? "Más que eso. Existen muchas versiones de la ciudad. Hay que recordar que Tikal empieza a construirse alrededor de 350 a.C, aunque había población desde el 600 a.C, y todas esas etapas constructivas se encuentran bajo los edificios que ahora vemos."
Y todos esos descubrimientos son desconocidos para el público... "En general, creo que la gente desconoce un 95 ó 98 por ciento de lo descubierto, sobre todo, lo que existe en los túneles."
¿Debería permitirse la entrada de visitantes a esos túneles? "Puede ser positivo si es una visita controlada y limitada. El problema es que esta presencia humana va a alterar las condiciones tan estables que ahora tenemos."
¿Qué se debe hacer para no causa daños? "Primero, para evitar aglomeraciones, habría que crear salidas de los túneles. Después, habría que acondicionarlos con luces blancas, cristales antibalas y humidificadores."
¿Existe algún peligro de colapso? "Soy el hombre más viejo de este oficio, trabajo con túneles desde 1963. Los edificios no colapsarán por los túneles. Mi hijo cuando era niño se cayó de un árbol y se asustó tanto que dijo: “Voy a cortar todos los árboles del mundo”. Con los túneles pasa lo mismo, porque uno esté en peligro no vamos a cerrarlos todos, ¿no?."
Miguel Orrego trabajó durante más de diez años con Rudy Larios en las excavaciones del Grupo G.
¿Durante qué período se realizaron las excavaciones del Grupo G? "Rudy Larios y yo comenzamos a trabajar allí en 1972 y estuvimos más de 10 años, hasta que, en 1983, publicamos nuestra tesis."
¿Por qué era necesario el uso de túneles? "Los túneles en la arqueología pretenden, a través de un medio descriptivo, conocer las condiciones interiores de una edificación, todas sus secuencias constructivas. Por ello, todos los arqueólogos los utilizan. El túnel, por ejemplo, va a indicar si hay algún edificio más antiguo dentro o debajo del que está a simple vista."
¿Cómo se construyen? "Se agarra un plano y se siguen los ejes centrales de la estructura. Hay arqueólogos que buscan sólo tumbas, ellos saben dónde buscar, tienen experiencia. Sin embargo, lo normal es empezar por el centro. Hacer túneles también requiere de cierta práctica. Por ejemplo, este tipo de investigación no se puede hacer en cualquier lugar, los materiales deben ser duros, y el techo debe ser triangular para que un lado sostenga al otro."
¿Qué tipo de hallazgos pueden encontrarse en el interior del edificio? "Depende, se pueden encontrar ofrendas o tumbas y, en lugares especiales como el Grupo G o Mundo Perdido, murales, mascarones o inscripciones, que ayudan a conocer más fácilmente la historia de quienes habitaron el lugar. Sin embargo, lo más importante para los arqueólogos es conocer la arquitectura maya, por ello se buscan, principalmente, las secuencias constructivas."
Revista D (semanario de Prensa Libre) - Guatemala, 11/7/2004 |
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Se cumple una década del hallazgo de la Reina Roja
Arturo Jiménez y Javier Molina
Hace una década nació un enigma: la Reina Roja de Palenque (Chiapas, México). Así se le llama a los restos óseos de una mujer cubiertos por cinabrio y encontrados en el templo XIII de esa zona arqueológica maya la noche del primero de junio de 1994. Entre los protagonistas figuran los arqueólogos Fanny López, encargada de la excavación, y Arnoldo González, director desde 1989 del Proyecto Arqueológico de Palenque, junto con su equipo de trabajo. Y entre los testigos privilegiados: la reportera Adriana Malvido y el director de La Jornada en ese momento, Carlos Payán, además del videodocumentalista Epigmenio Ibarra.
Todos ellos -a excepción de Ibarra-, además del antropólogo forense Arturo Romano, quien aún sigue varias pistas para saber más del personaje enigmático, recordaron el jueves la efeméride y presentaron un breve video. Pero ya se formalizan pláticas con autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), afirman en entrevista Malvido y Payán, para producir una edición amplia de ese video sobre el acontecimiento. Sería, aseguran durante un receso de los trabajos de la quinta Mesa Redonda de Palenque, el primer videodocumento en el mundo acerca del momento preciso en que se realiza un hallazgo arqueológico. Se trata del descubrimiento más importante en este lugar luego de que el arqueólogo Alberto Ruz hallara, hace medio siglo, la tumba del gobernante Pakal en las profundidades del enorme Templo de las Inscripciones.
Son 10 años de gozo, pero también de misterio porque, aunque casi podría asegurarse que la Reina Roja tiene alguna relación con Pakal, pues estaba sepultada a unos metros de él, casi nada se sabe de ella. Podría ser Zack Kuk, madre del gobernante; Apohel, su esposa, o Kanal-Ikal. Fanny López dice que quizás es la Señora Telaraña y el epigrafista Yuri Knorosov, que Guacamaya Blanca. Y es que ni la lápida sin inscripciones, ni los objetos como un incensario o las cuentas de jade ahí ofrendados, ni el niño de 12 años y la mujer sacrificados como "acompañantes" ofrecen datos para conocer su identidad.
Revive la Acrópolis Sur
Poco a poco, mediante tiempo, paciencia y trabajo, desde 2002 el área llamada Acrópolis Sur, ubicada en un cerro en la zona arqueológica de Palenque, comienza a recuperar algo de su antiguo esplendor. Hace dos semanas comenzó la tercera temporada de campo, en la que se continuaron los trabajos de excavación en el templo XXI, pues los de "consolidación" o recuperación de parte de su forma original casi han terminado, con todo y dos réplicas de las alfardas con bajorrelieves colocadas en la escalinata. Y también continuaron en el edificio vecino, el templo XXII, el cual es liberado y consolidado, pero también experimenta excavaciones mediante pozos a su alrededor para ubicar sus pisos, escalinatas o etapas constructivas de épocas anteriores.
Mientras en el templo XXI se observa más claramente una función religiosa, en el templo XXII comienzan a liberarse varios cuartos que hablan de un uso habitacional o administrativo. El templo XXI, donde hace dos años se encontró un gran tablero de piedra caliza que registra una ceremonia realizada en el año 736 y en el que aparecen dos deidades y tres gobernantes, entre ellos el legendario ajaw Pakal II, podría ser abierto al público en 2005. El hallazgo fue relevante debido a que confirmó datos sobre la reorganización del poder, el "último esplendor" de esa antigua urbe maya luego de un "periodo oscuro" de 10 años y amplió la lista de dignatarios palencanos. Los otros gobernantes son Ahkal Mo' Nahb' III, en ese momento el sagrado señor de Palenque en funciones, quien mandó labrar el tablero y durante cuyo gobierno (721-736 dC) se construyeron los templos XXI y XXII, y su hijo Chaak Pakal K'inich o U Pakal K'inich, quien años después sucedió en el trono al primero. Entre la selva, a medio cerro, con los trabajos en los dos templos de la Acrópolis Sur, se hace crecer de nuevo a la antigua ciudad de Palenque, de cuyos casi dos kilómetros cuadrados apenas se observa 15 por ciento.
La Jornada - México D.F., 6/6/2004 |
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La diosa Madre
En tiempos remotos, así en África, Europa o en América, la diosa madre, el numen que encarnaba los poderes creativos de la Tierra y cuya sola mención remitía al origen de las cosas vivas, era la diosa más reverenciada. En una interpretación memorable, Marija Gimbutas mostró que los testimonios arqueológicos probaban, de manera persuasiva, que entre los años 7,000 a 3,500 a.C., en lo que hoy es la Europa central y oriental, la diosa madre fue una deidad omnipresente: diosa de la tierra y de los frutos que emanan de ella, pero también de los animales y del cielo. Su dominio de la región celeste abarcaba el movimiento armonioso de la luna y el repetido transcurso de los astros, la temporada de lluvias y el fluir recurrente de las estaciones. Era una diosa autocreada, sin ancestros, que reinaba sobre el universo entero. Fue adorada como la Gran Madre de la Vida, la Muerte y la Regeneración, Diosa de los Animales y Señora del Mar y de los Frutos de la Tierra.
Se trata de la progenitora de todo lo que existe en la superficie terrestre: "La diosa, en todas sus manifestaciones, era el símbolo de la unidad de la vida en la naturaleza. Su poder estaba en el agua y en la piedra, en los animales y en los pájaros, en las serpientes y los peces, en las montañas, los árboles y las flores". Las representaciones más conocidas de la diosa resaltan esos poderes, su don de regenerar la naturaleza, su capacidad de multiplicar los animales y su bondad para derramar los bienes necesarios al mantenimiento de la vida humana.
Los pueblos adoradores de estas diosas eran recolectores, cazadores y agricultores. Ellos fundaron las tempranas aldeas donde se levantaron los primeros centros ceremoniales y palacios suntuosos. En estas moradas fijas, habitadas por poblaciones que reconocían el linaje de sus ancestros, no hay huella de murallas o signos guerreros. Las evidencias arqueológicas sugieren que no había una superioridad social de los hombres sobre las mujeres. La distribución de los bienes en los entierros revela la existencia de una sociedad igualitaria, no patriarcal. Gimbutas observa que en este tiempo la descendencia y la herencia pasaban por la madre; la mujer desempeñaba funciones eminentes, como los cultos religiosos y la manufactura de artesanías y objetos preciosos. Esta diosa providente y generosa fue también una de las primeras imágenes que simbolizaron el territorio, la tierra originaria donde habían nacido los habitantes de la aldea y el lugar sagrado donde reposaban los ancestros. La tierra donde se nacía era el principal símbolo de identidad, la atadura irrompible con la comunidad de origen.
En América, mucho tiempo después (2,000-1,000 a.C.), diversos testimonios registran un culto extendido a la diosa madre, en la época en que se fundan las primeras aldeas de cultivadores. Entre los hallazgos arqueológicos más espectaculares hechos en La Venta, la más antigua ciudad olmeca, sobresalen unas enormes fosas subterráneas, en cuyo interior se depositaron ofrendas gigantescas, colmadas de piedras de serpentina verde y arcilla de varios colores, dedicadas a la madre tierra. Algunos arqueólogos sostienen que las ofrendas formadas con piedras verdes imitaban la vegetación de la superficie terrestre en el momento de la floración. Carolyn Tate advirtió que las ofrendas de La Venta en forma de un mosaico de diamante representaban la falda de la diosa de la tierra tejida con cuentas de piedra verde, un diseño que se repetirá más tarde en Teotihuacán y en el área maya, donde se convierte en representación de la tierra germinada, de cuyo interior brota el numen del maíz.
En otras regiones de Mesoamérica los arqueólogos desenterraron esculturas del cuerpo procreador de la diosa madre que destacan sus senos abundantes, sus anchas caderas y los órganos de la reproducción. Christian Duverger explica que la "característica más sorprendente de este antiguo arte reside en el énfasis de los elementos que marcan la feminidad, y principalmente las caderas [...] Parece que en esta parte del cuerpo se concentró la esencia de la feminidad [...] todos los autores están de acuerdo en considerar que estas figurillas expresan un culto a la fecundidad [... El interés por la fertilidad lo subraya] el hecho de que, en ciertas estatuillas, las caderas de las mujeres se convierten en mazorcas de maíz".
Otras referencias a la diosa madre se advierten en un famoso monumento peruano, llamado Obelisco de Tello. Ahí se ve un par de caimanes, un símbolo de la tierra, de cuya piel brotan plantas cultivadas. En un tejido peruano puede verse la máscara de una entidad sobrenatural, compuesta de plantas, serpientes y figuras en forma de dragón, que parece representar a la diosa de la tierra. Sobre estos antiguos cultos a la diosa madre se construyeron las formas de vida matriarcal que asombraron a los viajeros europeos, quienes las registraron vivas en diversos pueblos indios de Norteamérica y Canadá en los siglos XVI, XVII y XVIII.
Entre los años de 3,500 a 1,250 a.C., el periodo que los arqueólogos llaman la Edad de Bronce, la diosa madre del centro de Europa y del Cercano Oriente pierde su lugar como deidad principal y deja de ser un símbolo de la totalidad de las fuerzas que le dan vida al universo. Los múltiples poderes concentrados en su efigie grandiosa comienzan a repartirse en otros dioses y diosas, o en sus hijos e hijas. La causa de estos cambios fue la irrupción de los pueblos arios y semitas, tribus nómadas y guerreras, portadoras de tradiciones diferentes a las de los pueblos sedentarios. Desde el comienzo del siglo IV oleadas de grupos arios bajan de las planicies de Europa central y del sur de Rusia e invaden las tierras de Anatolia, Mesopotamia, Grecia y el valle del Indo. Al mismo tiempo tribus de pastores y guerreros semitas provenientes del desierto sirio se mueven hacia Mesopotamia.
Los arios eran una sociedad de guerreros. Habían aprendido a domesticar el caballo e inventaron el carro de ruedas ligero, propulsado por la fuerza de ese animal, una máquina de guerra que sembró el terror en las aldeas de los agricultores. Donde quiera que penetraron, las partidas de guerreros dejaron huella de su paso devastador y se hicieron del poder. En Anatolia, su presencia fue señalada por el saqueo y el incendio de más de 300 ciudades, entre ellas la infortunada Troya. Hacia 2,100 a.C., un testigo sumerio se refirió a esa invasión "como una horda cuyos asaltos eran semejantes al huracán", y definió a esos grupos como gente que "nunca había conocido una ciudad".
Estos cambios en el escenario político fueron seguidos por otros, no menos perturbadores, en el ámbito de los dioses y de los mitos cosmogónicos. En todas partes, lo mismo en Egipto que en Sumeria o en la cuenca del Mediterráneo, las antiguas diosas ceden su lugar a dioses y cultos masculinos. Al mismo tiempo que las aldeas se transforman en ciudades, y éstas en Estados gobernados por un rey con poderes ilimitados, el culto religioso se convierte en un culto estatal, centrado en la glorificación del rey, quien se identifica con el dios protector del reino. Se inventan entonces nuevos mitos de creación, en los que el dios padre usurpa el lugar antes colmado por la diosa madre. En Sumeria y en Egipto aparecen cosmogonías que en lugar de atribuir la creación del mundo a la antigua diosa madre, introducen un dios creador que divide la ancestral unidad cósmica en dos mitades: tierra y cielo. Este modelo será la base de los posteriores mitos de creación que relatan la historia de un cosmos dividido en tres planos verticales (inframundo, superficie terrestre y cielo), y orientado hacia los cuatro puntos cardinales.
Con la furia de las ideologías conquistadoras, los sacerdotes de los pueblos invasores destruyeron los adoratorios de la diosa madre y en su lugar colocaron altares dedicados a honrar deidades masculinas. Uno de sus objetivos fue borrar la antigua cosmogonía que proclamaba la unidad y la regeneración inagotable de los poderes de la naturaleza. En lugar del mito de creación que hacía nacer el cosmos del seno de la diosa madre, en Sumeria y en Egipto el cosmos se divide en inframundo, superficie terrestre y cielo, y cada una de estas regiones aparece gobernada por dioses propios. El mito sumerio más antiguo de la creación relata que la diosa de las aguas primordiales, Nammu, dio origen a una montaña cósmica que contenía en sí misma el cielo y la tierra, An-Ki. A su vez, An y Ki procrearon un hijo, Enlil, el dios del aire, quien tuvo a su cargo la portentosa tarea de separar el cielo de la tierra. Hecha esta partición, Enlil desposó a la diosa de la tierra, su madre, e hizo de la primera montaña que surgió de las aguas primordiales su propio templo. A partir de ese momento Enlil toma el lugar que antes tenía la diosa madre como supremo creador del cosmos.
En los altos ziggurats que se levantaron en las tierras planas de Mesopotamia, en los templos que miraban hacia el nacimiento del sol y celebraban el poder regenerador de las aguas del Nilo, en los hermosos palacios pintados de Creta, en las ciudades polvosas del Cercano Oriente y en las pobladas orillas del Mediterráneo, cada año, en el día que señalaba el equinoccio de primavera, se cantaba el viejo mito de la creación del cosmos, ahora conformado por las figuras heroicas de dioses desposados con diosas descendientes de la antigua diosa madre.
En los años 3,500 a 1,250 a.C., el mito inmemorial del origen del cosmos se unió con el relato que narraba cómo la diosa madre se separaba de su amado (o de su hermano o de su hijo), quien en el verano irremediablemente se hundía en las profundidades del bajo mundo, moría en esa morada húmeda y fría, y gracias a los denodados esfuerzos de la esposa y madre, renacía otra vez en la primavera. Tal es el origen lejano de los mitos de la fertilidad representados por Dumuzi-Tammuz, Osiris, Adonis, Perséfone o Quetzalcóatl, dioses y diosas de la vegetación dotados de los poderes fertilizadores antes concentrados en la diosa madre.
El viaje al inframundo
En Mesopotamia, la región donde "comenzó la historia", los arqueólogos descubrieron los registros de escritura más antiguos: cientos de tablillas de arcilla grabadas con escritura cuneiforme cuya fabricación se remonta a 3,000 años a.C. Gracias al desciframiento de esos textos, sabemos que en tiempos remotos figuraba la diosa madre entre sus dioses principales. Henri Frankfort señaló que la clave para comprender la cultura que floreció en esa región es "la idea mesopotámica de que la vida procede de una diosa, que el universo fue concebido... no engendrado; [que] la fuente de la vida" es femenina. En los años en que florecieron las ciudades legendarias de Ur, Uruk, Eridú y Lagash, la diosa más reverenciada era Inanna.
Inanna, junto con la Isis de Egipto y la Cibeles de Anatolia, son las grandes diosas de la Edad de Bronce (3,500-1,250 a.C.). A lo largo de más de 5,000 años el culto a estas diosas forjó las imágenes arquetípicas de lo femenino, e influyó más tarde en la tradición religiosa que dio origen a las diosas semitas y cristianas. En esa época, la figura de Inanna reina en la tierra vestida con los símbolos del cielo y tiene por corona la luna y las estrellas. Es diosa del cielo y de las aguas primordiales que rodean la tierra. Se le llama "Princesa Verde" o "La del Verde Primaveral", en alusión a la carpeta verde que cubría la tierra en esa época del año. Como reina de la tierra Inanna era diosa del grano y de las viñas, de la palma datilera, del cedro, la higuera, el olivo y el manzano, frutos que eran otras tantas de sus epifanías. Desde 3,500 a.C. fue adorada como soberana del cielo y de la tierra en Sumeria, y 2,000 años más tarde su culto continuaba en Mesopotamia, con el nombre de Istar. Las tablillas grabadas con letras preservaron los innumerables títulos que la honraban: "Reina del Cielo y de la Tierra", "Sacerdotisa del Cielo", "Luz del Mundo", "Estrella de la Mañana y Estrella de la Tarde", "Juez Justo", "Perdonadora de los Pecados", "Primera Hija de la Luna", "Abridora de la Matriz", "Maravilla de la Tierra".
Uno de los rasgos que en estos años distinguen a Inanna es la presencia de un personaje masculino, de rasgos divinos mezclados con los humanos, que en las representaciones plásticas y en la literatura aparece como su amante, esposo o hijo. Recibe el nombre de Dumuzi en Sumeria y de Tammuz en el territorio norte, donde se hablaba acadio. Ambos nombres significan "hijo fiel". A los dos se les otorga, como a la diosa madre, el título de "Uno Verde" o el de "Primer Verde". Son dioses asociados a vegetales y vinculados con la fecundidad de los animales, y por eso se les llama "Señor de los Rebaños", o "Señor del Ganado". Otros títulos, como los de "Señor de la Vida, "Señor de los Tules" y "Pastor del Pueblo", los asocian con la paternidad. Son, como antes lo era la diosa madre, los padres del pueblo, los protectores de la comunidad.
Repentinamente, en un famoso relato sumerio, Inanna abandona su reino en la tierra y decide viajar a la temible región del inframundo. El texto no aclara las razones, pero el motivo parece ser una disputa entre los dioses de la tierra y los del bajo mundo, pues Inanna llega a esta última región en actitud beligerante. Demanda al guardián de la entrada que le abra las puertas del lugar de las tinieblas, pero en lugar de tener libre acceso a esa región enfrenta un obstáculo tras otro. En el umbral de la primera de las siete puertas que llevan al inframundo, Inanna es frenada y sufre humillaciones. Como en el caso de los primeros gemelos del Popol Vuh de los mayas, su descenso a la región húmeda y oscura es una sucesión de pérdidas. En cada uno de esos portales padece el despojo de sus símbolos y atavíos, de modo que cuando llega a la última sala comparece desnuda, inerme. Así, cuando se enfrenta a Ereskigal, la diosa del inframundo, ésta la fulmina con su mirada y la mata. Durante tres días su cadáver yace colgado en un poste del inframundo, al igual que la calavera de Hunahpú en el relato del Popol Vuh.
Gracias a la mediación del dios Enki, dos emisarios celestes consiguen que Ereskigal les devuelva el cadáver de Inanna, al que logran resucitar con pociones revitalizadoras. Al volver a la vida Inanna pide abandonar esa región sobrecogedora, pero los regentes del inframundo le recuerdan que quien entra en ese lugar no puede regresar al mundo de los vivos. Sólo una excepción permite evadir esa regla inexorable: procurar un sustituto. Aquí comienza otro capítulo del Viaje de Inanna al inframundo, que culmina con el encuentro de Dumuzi, a quien Inanna, enojada porque éste no parece haber lamentado su ausencia ni hecho nada por rescatarla, condena a residir en el inframundo. Según el acuerdo que celebran los dioses del mundo celeste y del inframundo, Dumuzi y su hermana, quien intercede por él para disminuir su castigo, pasarán alternativamente una parte del año en el bajo mundo, y, cumplida esa pena, retornarán a la tierra. Al descender periódicamente al inframundo, Dumuzi repite una secuencia semejante a la del viaje del dios maya del maíz a Xibalbá. Luego de su estancia en el lugar de la humedad y del frío, ambos retornan triunfadores a la superficie de la tierra. Estos dioses del grano reproducen en su drama vital el ciclo de cultivo de los cereales: cada año mueren en otoño, son enterrados en la tierra y renacen en primavera, como lo mostró hace tiempo George Frazer en La Rama Dorada.
Muchos años más tarde los escribas acadios compusieron un poema que titularon El viaje de Istar al inframundo, un canto que reproduce las aventuras de Inanna y Dumuzi. El poema en lengua acadia es más sintético y aclara el significado del descenso de la diosa al inframundo. Relata que la muerte de Istar y su retención en el inframundo produjeron hecatombes que desordenaron la vida terrestre y el equilibrio del cosmos: "los toros no se aparearon más con las vacas... Ningún hombre copuló más con sus mujeres. Cada uno dormía aparte en su recámara". Durante esos días ominosos, la esterilidad invadió la tierra y sus habitantes no se reprodujeron. Para conjurar esa calamidad, los dioses celestes dispusieron la intervención de unos emisarios, quienes obligaron a los gobernantes del inframundo a resucitar a Istar y mantener a Tammuz en el interior de la tierra sólo por un periodo breve. Según este acuerdo, la madre tierra recibió en adelante, cada año, los despojos mortales de los habitantes de la superficie terrestre, y, en contrapartida, cada año, al comenzar la primavera, la naturaleza esparcía sus renuevos y los alimentos se multiplicaban. De este modo se restableció el antiguo equilibrio cósmico, antes gobernado por la diosa madre. Pero si el poema del Descenso de Inanna-Istar al inframundo se convirtió en un exorcismo popular contra la esterilidad de los campos, los pobladores de las ciudades institucionalizaron una ceremonia que celebraba el fenómeno contrario: la unión procreadora de las fuerzas de la tierra con las del cielo.
Al comienzo de la primavera, cuando el dios de la vegetación retornaba de su estadía en el inframundo, los habitantes de las ciudades sumerias festejaban su acoplamiento con Inanna, la diosa de la fecundidad, en lo más alto del templo principal. El papel del joven dios de la vegetación recién salido de la tierra era interpretado por el rey de la ciudad, y el de la madre Tierra, Inanna, por su sacerdotisa. Este acto era la ceremonia más importante de la fiesta del Año Nuevo, la gran celebración que congregaba a la mayoría de la población alrededor del ziggurat, el templo que por su altura era también una metáfora de la unión entre la tierra y el cielo.
Las concepciones sumerias y mesoamericanas sobre el origen de los granos y el lugar donde éstos se guardaban revelan semejanzas sorprendentes. En Sumeria, los granos alimenticios permanecen almacenados, como en Mesoamérica, en el interior de una montaña sagrada. Al igual que entre los mayas, en Mesopotamia el dios del grano literalmente brota de las profundidades de la tierra y su aparición es señalada por la gran fiesta agrícola de los primeros frutos. También es semejante la fiesta del Año Nuevo, que en Mesopotamia, Egipto y Mesoamérica celebraba el comienzo de la primavera y la renovación prodigiosa de la vegetación. En Mesoamérica, el festival del Año Nuevo estaba centrado en la renovación de la naturaleza, un rito que simbolizaba el brote del dios joven del maíz. En Mesopotamia festejaba la unión de las fuerzas del cielo y de la tierra, y era la ceremonia pública más importante. Las tablillas escritas transmitieron los conmovedores poemas dedicados a esa fiesta. En esos días se escenificaba el apareamiento de las fuerzas regeneradoras del cosmos, representadas por la persona del rey y la sacerdotisa de Inanna. La ciudad entera era el escenario del encuentro que aseguraba la renovación de la naturaleza y de los alimentos terrestres y su acto principal ocurría en el más santo de los lugares. En la parte alta del ziggurat, la recámara dedicada al matrimonio sagrado se vestía de gala para recibir a la pareja. Los cantos conservados relatan el acoplamiento de la diosa germinal con el dios fecundador y la fiesta popular que entonces invadía la ciudad y celebraba las nupcias entre el cielo y la tierra y el advenimiento de los frutos terrestres.
En estas representaciones del matrimonio sagrado, el esposo asume los rasgos del agricultor que ara el suelo y fertiliza la tierra. A su vez, la mujer se iguala a la tierra, cuyo vientre requiere, para concebir, el cultivo del esposo. Puede entonces decirse que estos textos configuran una hierogamia, una boda de los dioses cuya unión habrá de producir los alimentos que colmarán el apetito de los pobladores del reino.
La tierra y la patria
En las esculturas, pinturas e himnos dedicados a la diosa madre, sea en Mesopotamia o en el mundo Mediterráneo, en Perú o en Mesoamérica, se celebran los poderes reproductores inconmensurables de la diosa, su identidad con la tierra, la matriz universal, y su vínculo maternal con las criaturas humanas. Cuando éstas eran sólo tribus peregrinas en pos de los animales o los frutos de la estación, la madre tierra era considerada el numen procreador de todos esos bienes y la fuerza que hacía girar los planetas y cambiar el ritmo de las estaciones. Era una diosa creadora, munificente y omnímoda, madre universal. Siglos más tarde, cuando las tribus aprendieron a cultivar las primeras plantas y fundaron ciudades, la diosa madre fue derrocada por el dios guerrero que se vistió con los resplandores del sol y ocupó el centro del panteón religioso. En los templos edificados en el corazón de la ciudad, el lugar más santo se destinó al dios Sol y ahí se celebraban las ceremonias y los festivales, y hacia ese punto confluían las peregrinaciones y los ritos colectivos.
La construcción de estos espacios en el corazón de la ciudad, al lado del palacio del soberano, transformó el territorio natural en un ámbito sagrado, circunvalado por el aura del poder y lo sobrenatural. Al sembrar la tierra de cultivos y colmarla de monumentos, los pobladores adquirieron un "derecho" de propiedad sobre ella; la tierra se convirtió en territorio de la comunidad y se vinculó a los antepasados y a los dioses protectores, y con mayor fuerza a la diosa madre. Dice Carl Schmitt que en las antiguas sociedades la ocupación primaria de la tierra significó un parteaguas histórico, pues por un lado demarcó el espacio territorial entre los pobladores, y por otro fijó las fronteras que separaban al pueblo de los extraños. En ambos casos la ocupación de la tierra estableció un derecho de propiedad supremo, el título más radical sobre el territorio. La madre tierra se convirtió en la Patria, el territorio de la comunidad heredado de los padres fundadores.
En Mesoamérica ocurre un fenómeno semejante. La fundación de los primeros estados entre los olmecas y zapotecos por los años 1000 y 600 a. C., provocó la aparición de núcleos de población nunca vistos antes, en cuyo centro se construyó una escenografía monumental, gobernada por la plaza pública, los altos templos de los dioses protectores, los palacios del rey y los nobles de su corte y las estelas y estatuas que proclamaban la antigüedad, las hazañas y el linaje de la dinastía gobernante. Entre esos templos descollaba el de la diosa madre, cuyo culto, entretejido de numerosas celebraciones, recorría el año en ceremonias dedicadas a festejar al numen procreador de las criaturas y los mantenimientos terrestres. En Teotihuacán, la gran metrópoli que provocó el asombro de los innumerables viajeros, embajadores, dignatarios, peregrinos y curiosos que la visitaron en la época de su esplendor (siglos II a VI d.C.), y cuyas majestuosas ruinas continúan deslumbrando hoy a sus visitantes, se rindió culto a la diosa madre. Ignoramos el nombre original que tuvo entonces la diosa, pero al advertir su presencia en la gran ciudad, los arqueólogos la llamaron Gran Diosa, Diosa de la Cueva o Diosa Madre.
La idea de que en el interior de la tierra hay una cueva en la que se acumulan los alimentos y se regenera la vida, es una concepción muy arraigada en los mitos de creación mesoamericanos. Los mitos más antiguos declaran que el cosmos y los seres humanos tuvieron su origen en las profundidades de la tierra, en el inframundo, la zona oscura, húmeda y germinal. En Teotihuacán esa concepción está presente en el conjunto de la ciudad y en sus manifestaciones simbólicas y religiosas significativas. Entre sus deidades principales figura la Diosa de la Cueva, de cuyo interior brotó la tierra con sus montañas, valles, aguas, animales y seres humanos. Sus representaciones la muestran como diosa de las aguas terrestres, pluviales y marítimas, y de las potencias germinales de la tierra. Algunas esculturas que podrían estar relacionadas con la diosa madre representan a una mujer con el interior del vientre poblado de figurillas humanas, simulando ser la matriz del mundo. Es la madre de las fuerzas vitales que emanan de su mismo cuerpo; dadora de la vida como de la muerte, pues en su gran boca desaparecen los seres vivos y los astros, que al oscurecer descienden a la región del inframundo. En Teotihuacán, la diosa madre era una divinidad autocreada y omnipotente.
Los tarascos le rindieron culto a una diosa semejante, a quien llamaron Cuerauáperi. Según sus creencias, la tierra era el cuerpo de Cuerauáperi y representaba a las fuerzas de la fertilidad, la lluvia, el nacimiento y la muerte. Era la madre de los dioses y su culto se extendió por el territorio dominado por los tarascos o purépechas. Los aztecas y los mayas representaron la tierra como un monstruo en forma de reptil o lagarto. La criatura llamada Cipactli tiene la forma de un lagarto o cocodrilo, cuya piel hecha de placas y estrías semejaba las rugosidades de la superficie terrestre. Los mitos cosmogónicos representan este gran lagarto flotando en el mar primordial, figurando la tierra en formación en los días maravillosos del amanecer del mundo. En la mitología nahua Cipactli es el aspecto masculino de la tierra y Tlaltecuhtli el femenino. Según un mito nahua, el cuerpo monstruoso de Tlaltecuhtli fue dividido en dos por Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, los dioses creadores, y con una parte éstos formaron el cielo y con la otra la tierra. Cuenta el mito que para alentar a Tlaltecuhtli [...] todos los dioses descendieron a consolarla y ordenaron que de ella saliese todo el fruto necesario para la vida del hombre. Y para hacerlo, hicieron de sus cabellos árboles y flores y yerbas; de su piel la yerba muy menuda y florecillas; de los ojos, pozos y fuentes y pequeñas cuevas; de la boca, ríos y cavernas grandes; de la nariz, valles y montañas. De este modo, todo lo que existe sobre la superficie terrestre no son sino partes del cuerpo de Tlaltecuhtli.
Así, desde los comienzos de la vida civilizada, la diosa madre adquiere los rasgos de numen procreador de los bienes fundamentales para el desarrollo de la vida humana. Sus variadas representaciones plásticas comunican, con el lenguaje de la imagen y la metáfora, los inmensos poderes que la constituyen. Es la depositaria de las fuerzas de la fertilidad, como lo muestran las bellas figuras de cerámica de Chupícuaro, Tlatilco o Colima. En numerosas representaciones es simplemente la mujer, la matriz, el símbolo de lo femenino. Su cuerpo es el recipiente del agua y las semillas nutricias, y sus manos generosas derraman granos, piedras preciosas (chalchihuites) y plantas, como se advierte en algunas pinturas y esculturas de Teotihuacán. Es el lugar de origen de los pueblos, la patria donde nacieron los ancestros y vivirán sus descendientes, bajo el amparo de la madre protectora.
El altépetl: la patria territorial y étnica
En la organización política de los pueblos mesoamericanos la diosa madre ancestral cobró la forma del altépetl, la unidad territorial sobre la que se asentaron los estados. Según James Lockhart, en la tradición nahua, que ahora sabemos que se remonta a Teotihuacán, el requisito para la formación de un altépetl era la existencia de un territorio y la presencia en él de barrios o capoltin familiares. Cada calpolli se dividía en 4, 6, 8 o más barrios simétricos orientados hacia los puntos cardinales. Y a su vez, cada calpolli tenía su propio jefe, que era al mismo tiempo la cabeza de un linaje y tenía una porción del territorio del altépetl en propiedad privada. La suma de los distintos calpoltin formaba un altépetl gobernado por un tlatoani electo, quien ejercía las funciones de cabeza del reino, jefe de los ejércitos y sacerdote supremo encargado de los ritos religiosos.
Se advierte que la unidad territorial del altépetl descansaba en la organización social de los calpoltin, cuyos deberes y derechos se repartían según su ubicación en el territorio del altépetl. Es decir, los cargos y las cargas de cada capoltin se distribuían de manera alternativa según la posición de éste en el altépetl. Así, los tributos, trabajos y cargas religiosas o militares que correspondían a cada jefe de familia, barrio y calpolli, se repartían siguiendo una rotación que iba de izquierda a derecha (como el movimiento del sol), y según su ubicación en el territorio, del primero al último lugar.
Esta integración inextricable entre territorio y organización social (familia, barrio, etnia), fue la institución política dominante, quizá desde la fundación de Teotihuacán hasta la invasión española. Está documentada por testimonios históricos desde el siglo XIII hasta principios del XVI en Xochimilco, Colhuacán, Coyohuacán, Tenochtitlán, Azcapotzalco, Texcoco, Coauhtichan, Tlalmanalco, Amaquemecan y otras ciudades del Valle de México. En este tiempo, el altépetl, simbolizado en los códices y mapas indígenas por el glifo de un cerro que tenía en su interior una cueva colmada de agua, era en Mesoamérica el símbolo universal que significaba el territorio, el núcleo de la organización política y la vida urbana civilizada. En este tiempo y durante los tres siglos del virreinato, altépetl fue sinónimo de Patria, simbolizaba el territorio consagrado por los ancestros y habitado por sus descendientes, el sitio donde se conservaban las reliquias de los fundadores del pueblo y el lugar más sagrado de la comunidad (altepetlyolotl), el corazón del pueblo.
En la antigüedad mesoamericana el estado territorial estaba representado por el glifo del cerro en cuyo interior había una cueva donde reposaban las aguas fertilizadoras y las semillas del maíz: era una representación de la montaña que emergió de las aguas primordiales el día de la creación del cosmos, un símbolo de la tierra fértil y la expresión más honda del vínculo de los seres humanos con la tierra. Todos los estados mesoamericanos reprodujeron esa montaña primordial en el corazón de sus ciudades, y en su interior depositaron las reliquias del fundador del reino y la dinastía. El bulto donde guardaron esas reliquias se convirtió en el símbolo sagrado del origen del reino, signo de poder del gobernante y emblema del Estado. Este simbolismo antiguo se transfirió al templo cristiano, al cabildo y a los Títulos de tierra del pueblo colonial, que simbolizaron "el corazón del pueblo", lo más sagrado, amado y protegido por los miembros de la comunidad. Los Títulos primordiales, es decir, los códices, lienzos, mapas y papeles que validaron la posesión territorial de los pueblos, vinieron a ser "el corazón del pueblo" de las Repúblicas de indios, el arca donde reposaban las reliquias del santo patrono, el almacén de la memoria colectiva y el escudo del pueblo ante quienes amenazaban sus propiedades territoriales.
Puede decirse que en Mesoamérica altépetl, el territorio donde se asentaba el reino, era sinónimo de tierra de los ancestros, el lugar santo donde reposaban los antepasados. Designaba la tierra en que se nace, la Patria, el lugar fundado por el ancestro común. Era, como en la Grecia o en la Roma antiguas, un concepto territorial cargado de fuerte etnocentrismo, pues aludía a la comunidad unida por lazos étnicos ancestrales y asentada en el mismo territorio desde tiempo inmemorial. La Patria mesoamericana aludía a los vínculos del individuo con su tierra natal, el grupo étnico, la lengua y las tradiciones comunitarias, y al mito de origen que contaba cómo la humanidad indígena había nacido en la cueva primordial o en Chicomóztoc, el lugar de origen de las siete o muchas tribus.
Imágenes de la Patria (suplemento de La Jornada) - México D.F., 3/6/2004 |
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Cazadores del pasado
Alberto Ramírez
Los recientes descubrimientos arqueológicos en sitios mayas hacen pensar a los investigadores que esta civilización fue mucho más avanzada y más antigua de lo que se suponía hasta ahora. Los expertos consideraban el período clásico maya desde el año 250 d.C. hasta el 900 d.C., cuando ocurrió el misterioso colapso de la civilización, como el período de mayor esplendor. Sin embargo, los nuevos hallazgos establecen que El Mirador, considerada como la ciudad más grande de los mayas, floreció entre los años 800 a.C y 150 d.C. Esta ciudad, ubicada a unos 160 kilómetros de Flores, Petén (Guatemala), tiene una extensión de dos mil 125 kilómetros cuadrados; es decir, es casi cinco veces más grande que Tikal. En El Mirador se encuentra la pirámide más grande de la antigua civilización, denominada La Danta, dentro de la cual cabrían el templo I, la plaza central y el templo II de Tikal.
Cuando El Mirador colapsó, otra ciudad se encontraba en pleno auge. Se trata del sitio El Perú, en el parque nacional Laguna del Tigre. Esta ciudad empezó a ser habitada desde el año 500 a.C y alcanzó su mayor esplendor entre el 400 y 800 d.C, según David Freidel, de la Universidad Metodista del Sur de Estados Unidos, y Héctor Escobedo, de la Universidad de San Carlos, quienes encabezan los estudios arqueológicos del área. La ciudad, cuyo nombre maya es Waka' (lugar escarpado con agua), pudo haber sido un importante centro económico y estratégico, poblado por decenas de miles de personas, señala el arqueólogo Stanley Günter, quien también trabaja en el área. Este año, el arqueólogo canadiense David Lee descubrió accidentalmente la tumba de una reina debajo de un palacio. Éste no había sido saqueado, pues se encontraron 23 vasijas completas de cerámica y al menos mil 600 fragmentos de piedra verde y otros artefactos del ajuar funerario. Entre los datos más relevantes encontrados en El Perú está la estela 16, que revela el arribo de un personaje importante llamado Rana Humillante, quien llegó en plan de conquistador, procedente de Teotihuacán, México, en el año 378 d.C, y después continuó viaje a Tikal. Los reyes eran enterrados bajo los templos, por ser considerados como dioses; las reinas eran sepultadas en los palacios, y la gente común, en los patios de sus casas, explica Günter.
Otra ciudad, Cival, situada en Petén, a unos 30 kilómetros de la frontera entre Guatemala y Belice, alcanzó su máximo esplendor alrededor del año 150 a.C y fue abandonada en el año 100 de la era cristiana. En Cival se encontró, también este año, una estela posiblemente del año 300 a.C., la cual podría ser la escultura maya más antigua descubierta hasta ahora. Además, los arqueólogos encontraron grandes mascarones, posiblemente de una deidad, que datan del año 150 a.C.
En Takalik Abaj (según expertos, este es el nombre correcto), situada en El Asintal, Retalhuleu, se encontró una tumba real, considerada la más antigua de la civilización maya, bajo un observatorio astronómico construido alrededor del año 200 d.C. Este descubrimiento estuvo a cargo del equipo de arqueólogos dirigidos por Crista Schieber de Lavarreda. Los especialistas confían en que habrá más hallazgos que les permitan conocer más de esa civilización. “Encontrar una tumba es algo inesperado, porque no buscamos eso, sino respuestas sobre qué pasó con la civilización maya”, afirma Mary Jean Acuña, miembro del equipo de arqueólogos guatemaltecos que acompañaban a David Lee cuando se encontró el sepulcro real en el sitio El Perú. La arqueóloga relata lo difícil de trabajar dentro de la tumba, por ser un lugar estrecho y profundo. “Nos turnamos para salir a respirar, porque nos faltaba oxígeno ahí dentro”, añade. La tumba era de una reina, recostada sobre una banca central, rodeada de un ajuar funerario de dos mil 400 artefactos. El hallazgo será sometido a pruebas de carbono 14, para determinar la edad y la fecha del deceso. En el 2003, ese equipo trabajó en reforzar un túnel que los saqueadores hicieron bajo una pirámide, cuando buscaban tumbas. Por ahora continúan los estudios y excavaciones en estructuras piramidales, para definir la arquitectura del lugar y determinar con más exactitud la cronología de la ciudad y las costumbres de sus habitantes, añade Acuña.
Prensa Libre - Guatemala, 23/5/2004 |
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Exploran en El Salvador evidencias de los Cotzumalhuapa
Esta es la segunda vez que investigadores franceses, de las universidades París 6 y 7, se unen con la casa de altos estudios salvadoreña para la exploración de sitios arqueológicos, señalan las fuentes. Con antelación, el mismo equipo estuvo en la península San Juan del Gozo y al Bajo Lempa, en el departamento de Usulután, al oeste de San Salvador, con el propósito de encontrar inclusiones salinas en la capa freática de la tierra. Descubrir más sobre los empedrados utilizados por los Cotzumalhuapa en la cancha de juego, en la pirámide principal y en la acrópolis y sus alrededores es una de las tareas del grupo, dirigido por el arqueólogo galo Sébastien Perrot.
Ya se conoce que los Cotzumalhuapa no provenían del tronco de los mayas y que en sus construcciones predominaban rellenos de tierra revestidos con piedras, pero aún falta por descubrir su idioma, las causas de su colapso y unas 30 estructuras de ellos. Según Perrot, el seguimiento de este proceso les ayudaría a vislumbrar rasgos más característicos de quienes poblaron la región por más de 400 años y dejaron su impronta en un punto de las costas ahuachapanecas, cercanas al océano Pacífico.
Prensa Latina - La Habana, 10/5/2004 |
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Cival, gran ciudad del preclásico maya
Hace más de dos mil años, mientras Roma arrasaba Cartago y los aborígenes levantaban montículos en Ohio, una gran civilización florecía en Cival, Petén (Guatemala), un centro poco conocido de la cultura maya. ''Resulta interesante revertir ciertos conceptos. Pensábamos que durante el período preclásico de los mayas existió una sociedad sencilla... y no fue así'', destacó Francisco Estrada Belli, quien dirige los trabajos de excavación en el lugar. ''Existió toda una civilización durante el período preclásico, según acabamos de descubrir'', dijo el investigador.
Cival fue una de las ciudades principales de la etapa preclásica maya. Al parecer, estuvo habitada por diez mil personas durante su hegemonía, indicó Estrada, de la Universidad Vanderbilt. Estrada informó sobre el hallazgo en una conferencia de prensa celebrada ayer en Washington, organizada por la National Geographic Society, que financia su trabajo y prepara un reportaje para televisión sobre el lugar.
Dos máscaras monumentales y objetos rituales de jade fueron hallados en las excavaciones recientes en la plaza central de la ciudad, agregó. Estrada informó que el hallazgo más importante fue localizado en un túnel húmedo excavado por saqueadores hace algún tiempo. Es una máscara de estuco de unos 3.5 metros de largo por 1.35 metros de ancho, que al ser hallada sólo tenía visible un ojo y la boca cuadrada, con colmillos de culebras en el centro. ''El estado de conservación de la máscara es asombroso, parece como si la hubieran fabricado ayer'', destacó el experto. En excavaciones posteriores, el mes pasado, hallaron otra máscara idéntica en el otro extremo de unas escalinatas. Tiene los ojos adornados con cáscara de maíz, lo cual sugiere que se trata de una deidad. Objetos de cerámica asociados con la máscara datan de aproximadamente 150 AC.
Los investigadores creen que Cival fue la principal ciudad maya de esa época. Está compuesta de pirámides y un amplio complejo que rodea la plaza central. Frente a un edificio largo sobre un complejo del extremo oriental, descubrieron una estela, con inscripciones en piedra, que data de los años 300 AC, quizás la más antigua de la cultura maya hallada hasta el presente. Antes de ser abandonada, Cival pasó al poder de Holmul, que alcanzó su época de apogeo un millar de años más tarde durante el período maya clásico, dijo Estrada.
Prensa LIbre - Guatemala, 5/5/2004 |
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Hallazgos de poder real, en Cancuén
Un equipo de arqueólogos guatemaltecos y estadounidenses halló dos importantes monumentos mayas: un marcador de juego de pelota y un panel con hermosas imágenes y jeroglíficos, en el palacio de Cancuén, en Petén (Guatemala). Cancuén es uno de los grandes palacios mayas descubiertos. Fue construido entre los años 765 y 790 después de Cristo por el rey Taj Chan Ahk. Se ubica en Petén, en la ribera del río La Pasión. Su estratégica posición convirtió esa ciudad en centro de control entre las tierras altas del sur de Centroamérica y la floreciente civilización maya, entre los años 500 AC y 850 DC.
Las excavaciones son realizadas por arqueólogos de la Universidad de Vanderbilt y el Ministerio de Cultura, bajo la dirección del experto estadounidense Arthur Demarest. Los artefactos descubiertos ofrecen valiosa información de los 30 años que precedieron al colapso de esa civilización. El marcador del juego de pelota descubierto es un enorme altar que pesa unas 500 libras. El ministro de Cultura, Manuel Salazar, y el embajador de los EE.UU., John Hamilton, colaboraron en las últimas excavaciones y ayudaron simbólicamente a desenterrarlo, durante una visita al sitio el 16 de abril. Otros dos altares similares han sido localizados en el campo. El primero fue extraído en 1905 y se encuentra en exposición en el Museo de Arqueología, en esta capital. El segundo fue robado y luego recuperado en una operación policial en octubre del 2003. Los tres altares muestran detalles grabados del rey Taj jugando contra gobernantes visitantes. El hallazgo fue trasladado al Museo de Arqueología, para limpieza y restauración. Salazar también anunció la localización de un panel cuadrado de piedra de 100 libras de peso del mismo campo de juego, que está cubierto con bellas imágenes y jeroglíficos que retratan ceremonias de los reyes mayas.
Federico Fahsen, experto en interpretación de jeroglíficos mayas, se refirió al hallazgo como “una de las grandes obras maestras del arte maya descubiertas”. El epigrafista dijo que las imágenes de los monarcas y el texto histórico están profunda y finamente esculpidos en alto relieve y que se preservaron milagrosamente. El retablo muestra al soberano Taj presidiendo una ceremonia en la plaza real de la segunda capital de su territorio, en Machaquilá, a unos 40 kilómetros al norte de Cancuén. Aparece sentado en un trono, acompañado de un rey subordinado y otro oficial. Este monumento data de las postrimerías del siglo XIII DC y, según Demarest, confirma la interpretación de Fahsen del poder que ejercía Taj en el valle del río La Pasión, en el actual Sayaxché. “En el tiempo en que la mayoría de otras grandes ciudades del mundo maya estaba declinando o colapsando, Taj expandió su reinado a través de alianzas, matrimonios reales y una política astuta”, explicó Demarest.
Encuentran restos del último rey
El entorno del cuerpo del jerarca estaba marcado de varios colores, debido a su tocado y otras prendas que utilizaba. El tocado medía unos 50 centímetros y tenía como base una gran concha traída de la costa del Pacífico. Estaba formado de plumas y un mosaico de huesos de animales, así como de distintos tipos de conchas. También tenía incrustaciones de jade en los dientes. En la tumba se encontraron objetos que evidencian su linaje, como una ofrenda de obsidiana, procedente del kilómetro 25 de la ruta al Atlántico. Los arqueólogos encontraron conchas con jeroglíficos, las cuales son estudiadas para conocer el nombre del rey, indica Barrientos. En el recinto se halló poco jade, quizá porque era común en el lugar. Solamente las orejeras eran de ese material. Se estima que los restos datan aproximadamente del año 829 D.C. “Fue la época del colapso”, apunta el arqueólogo.
La ciudad maya de Cancuén significa “el lugar de las serpientes” y se localiza en la parte sur de Petén, a pocos kilómetros del límite con Alta Verapaz. La primera fecha registrada en sus monumentos es el año 650 DC. Fue descubierta hasta 1905, después de permanecer casi 10 siglos enterrada bajo espesa vegetación. El descubrimiento se le atribuye al austriaco Teobert Maler. De esa fecha a la actualidad, hubo tres expediciones, todas dirigidas por arqueólogos estadounidenses. La más reciente inició en 1999. En 1967, investigadores de la Universidad de Harvard establecieron que en el área existió un inmenso palacio maya, pero fue hasta julio del 2000 que Demarest reveló las posibles dimensiones de esa construcción, que mide más de 26 mil metros cuadrados.
Prensa Libre - Guatemala, 24-25/4/2004 |
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El mezcal, de origen prehispánico, no español
Karina Aviles
La huella los condujo hasta el año 400 antes de Cristo. Encontraron vasijas, ollas, hornos, es decir, una forma de organización social, y luego la verdadera historia: la destilación del mezcal no la introdujeron los españoles a nuestras tierras, como se ha hecho creer desde la Colonia, sino que es un proceso realizado mucho antes, desde la época prehispánica. Las evidencias: los hornos hallados contienen restos de maguey. Y lo que parece increíble: actualmente todavía existen grupos indígenas que realizan la producción del mezcal como la hacían sus antepasados. De hecho, estas comunidades mezcaleras se ubican en zonas altas del país, al igual que en la época prehispánica.
Una investigación realizada por los antropólogos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Mari Carmen Serra Puche, Jesús Carlos Lazcano Arce y Manuel de la Torre, bajo la dirección de la primera, da muestra de estos conocimientos que, de confirmarse, establecerían que la destilación del mezcal no data de 1650, como indican los primeros reportes, sino de 400 años antes de Cristo. Se echaría abajo una creencia que ha subsistido durante casi cuatro siglos. Sobreviviente a toda clase de intentos por acallar lo propio, desde que los colonizadores "prohibieron la producción" del mezcal, esta forma antigua de elaboración de la bebida es parte del patrimonio cultural que tiende a desaparecer. Hoy tenemos a nuestros "propios colonizadores" que, sin importarles la herencia ancestral, la desdeñan y también intentan darle muerte. Por eso la investigación de los especialistas universitarios se propone también rescatar esta actividad, que ha resistido unos 25 siglos.
En un principio no imaginaron que sus excavaciones en la zona habitacional de Nativitas, Tlaxcala, los conduciría hacia otras rutas. Hallaron cimientos de casas, pisos de lodo, pero había algo más que debían explicarse: la presencia de hornos afuera de las casas. "Nosotros pusimos en duda que estos hornos sirvieran para la cerámica, como señalaban los reportes anteriores, y establecimos la idea de que ahí pudieran haberse cocido piñas de maguey con el fin de producir, en principio, lo que ahora se conoce como tepache", cuenta Lazcano Arce. Posteriormente, dice, encontraron gran cantidad de ollas y plantearon la hipótesis de que se habían utilizado para la destilación del mezcal. Comenzaba así, en 1998, el proyecto La ruta del mezcal.
El recorrido ha sido intenso, comenta el antropólogo. A la fecha se han visitado cerca de 35 comunidades indígenas ''para buscar a productores que tengan una actividad rústica en la producción del mezcal, que nos permita ver qué instrumentos de trabajo utilizan, cuál es su forma de organización, con lo que nos ayudarían a establecer si la destilación tiene un origen prehispánico", indica. Los hallazgos son sorprendentes: "Los hornos arqueológicos localizados en Tlaxcala resultan, por analogía etnográfica, muy similares a los hornos actuales utilizados en la cocción de maguey para la producción del mezcal". Pero sus descubrimientos van más allá de los instrumentos localizados. Los cimientos de las unidades habitacionales de Nativitas permiten observar que las casas están asociadas con los hornos. La analogía consiste en que los grupos indígenas que hoy elaboran el mezcal en forma rústica también tienen sus casas asociadas a la producción mezcalera, y "sus comunidades se encuentran en lugares altos, que es lo mismo que hemos encontrado prehispánicamente en el sitio de Nativitas". Además, cuenta que en la época colonial "el mezcal le competía al vino. Entonces, las autoridades coloniales prohibieron la producción del mezcal, lo que produjo que se volviera clandestino. Por eso los productores se fueron a las zonas de la sierra".
Lazcano Arce puntualiza sobre un aspecto fundamental: la producción especializada de dicha bebida y de otros elementos localizados en esta zona, como las cuentas de jadeíta, permiten establecer que dicha comunidad prehispánica contaba con una organización para realizar tales productos. En otras palabras, ya existía división en las clases sociales. En principio, señala que una de sus hipótesis es que el mezcal era un producto de distinción en esas sociedades: "no cualquiera podía tener acceso a él. Es decir, tiene que ver con ciertas jerarquías y rituales que se hacían en la zona ceremonial de Xochitécatl (que forma parte del mismo conjunto donde se halla Nativitas, la zona habitacional, y Cacaxtla, el centro administrativo)". Las comunidades indígenas actuales, explica, también utilizan el mezcal para la realización de rituales "que nosotros suponemos han permanecido desde épocas prehispánicas". Por ejemplo, producen la bebida durante la temporada seca y la reparten en sus pueblos para hacer la petición de lluvias. Los huicholes de Guadalupe Ocotán, Nayarit, lo utilizan como "un proceso de iniciación a niños y niñas desde los tres años, lo que significa que transitan de un nivel, que tiene que ver con la edad y el papel dentro de la sociedad, a otra etapa de la vida más adulta", comenta.
En el universo prehispánico existe otra posibilidad del uso del mezcal: la alteración de los estados de conciencia de los gobernantes para entrar en contacto con otros mundos. Manuel de la Torre, otro de los investigadores que participan en el proyecto, recuerda que en la zona maya está documentado "el uso de sustancias que alteran los estados de conciencia, utilizadas por las elites religiosas y políticas para entrar en comunicación con otros niveles de la realidad. "Hay vasijas en la zona maya que muestran prácticas de enemas, en las que por vía rectal se introduce algún alucinógeno y esto permite a los gobernantes entrar en contacto con los antepasados. Esto se muestra en las estelas con figuras maravillosas, como serpientes que se forman del humo del copal. "En general, los estados alterados de conciencia permiten a los dirigentes entrar en contacto con el otro mundo para que regresen después a éste y digan a sus gobernados lo que dijeron los antepasados. El mezcal, entonces, podría haber servido como puente con el mundo sobrenatural, lo cual también explicaría que no cualquiera puede consumir ese producto", reflexiona.
Los resultados dan positivo: los análisis de los restos contenidos en los hornos prehispánicos de Nativitas, elaborados por los especialistas Raymundo Zea y Alba Barrios en el Instituto de Química de la UNAM, confirman la presencia del maguey y del combustible que se utilizó para el cocimiento de las piñas. Lazcano Arce y De la Torre indican que resta por confirmar que las ollas localizadas en la zona fueron utilizadas para la destilación. Para demostrarlo, estas vasijas actualmente son analizadas por los expertos antes mencionados, quienes emitirán los resultados en unos cinco meses. Si el estudio es positivo, La ruta del mezcal establecerá, sin lugar a dudas, que la destilación de la bebida "se da por lo menos 400 años antes de Cristo, pues los fechamientos que hemos hecho de los contextos, tanto de las casas como de los hornos de Nativitas, establecen esa antigüedad", apuntan.
La idea de que la destilación es herencia de los colonizadores, quienes a su vez la recibieron de los árabes, caería por su propio peso. "Más bien, lo que llegan a hacer los españoles es establecer un cambio en el instrumento de trabajo. Ya no serían ollas, ni barro, como hacen los huicholes, sino metal como un instrumento para la producción. Es decir, es un sustituto y un acelerador en cuanto a la rapidez de la destilación", añade Lazcano Arce. Los antropólogos señalan que han conseguido subsidio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y del Programa de Apoyo a los Proyectos de Investigación e Innovación (Papiit) de la UNAM. En el proyecto participan, además de los expertos citados, el director de la Facultad de Química, Santiago Capella, y los estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) Nadia Romero y Erick Mejía. El trabajo por realizar es arduo: incentivar el rescate de nuestro pasado.
La Jornada - México D.F., 19/4/2004 |
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Nuevo códice maya
Silvia Sánchez Rosales
Los arqueólogos guatemaltecos Henry Benítez y Marco Antonio Leal presentaron resultados preliminares de un estudio en el que, según ellos, se ha descubierto un nuevo códice: el de Chugüilá. De la región maya existen cuatro códices reconocidos: El Dresden, París o Peresiano, el Grolier y el de Madrid. En la mayoría de casos, éstos tienen el nombre del país en donde se resguardan.
A principios del 2001, Benítez fue contactado por un coleccionista europeo que dijo querer dar a conocer un documento antiguo que tenía en su posesión. Lo único que sabía era que procedía del área de Chichicastenango. Al examinarlo, los arqueólogos, apoyados en epigrafistas estadounidenses, determinaron que el códice de Chugüilá recogía una especie de extracción de varias partes del códice de Madrid. Se cree que el autor del códice de Chugüilá por algún motivo copió lo que él consideró importante del códice de Madrid. Una prueba podría ser que datos que en el códice de Madrid desaparecieron por el paso del tiempo, aparecen detallados en el de Chugüilá, es decir que para copiarlo tuvo que tener el códice de Madrid en sus manos, lo cual significaría, además, que éste procedía de Guatemala y no de Yucatán como se creía.
Al principio se pensó que el documento era falso y por ello se le extrajo un fragmento para determinar su composición y época. Se envió a la Universidad de Kiev, en donde se realizó una prueba de Carbono 14 en la que se determinó que el documento está fechado hacia el 1650 d.C. Esto significaría que posee 354 años de antigüedad. Está hecho de cuero de venado y está cubierto por una especie de laca que aún no se ha determinado de qué está hecha. La técnica trabajada podría demostrar que el autor estaba bien preparado, ya que su utilización requería conocimiento especializado.
Otro de los puntos en los que se apoyan para confirmar que el documento sí puede ser original es que en los años 30 la etnóloga Ruth Bunzel menciona en su “Monografía de Chichicastenango” la existencia de una persona que conoce un códice que está circulando por Guatemala. Se cree que al hacer el códice de Chugüilá, el autor realizaba un rescate de su identidad, un intento por perpetuar su cultura ante la evidente destrucción que existía de las costumbres mayas.
Leal y Benítez sostienen que este nuevo códice corresponde a una parte de lo que podría ser un códice mayor, en el cual estarían anotados otros datos de códices quemados durante la época en la cual fue creado. Así se explica que el códice de Chugüilá posea elementos que no han sido detectados en los códices hasta hoy conocidos. Al darlo a conocer, una de las intenciones es que si alguien tiene las otras partes pueda notificarlo para que sean estudiadas. En los próximos meses, Leal y Benítez presentarán un catálogo en el que se publicarán los detalles que tienen hasta el momento, aunque la investigación está abierta para que científicos guatemaltecos participen.
Prensa Libre - Guatemala, 10/3/2004 |
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