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Por la abolición de los infiernos
El artista León Ferrari, considerado como máximo referente vivo del arte político argentino, exhibe en Buenos Aires 400 obras que mezclan imágenes religiosas con objetos de uso cotidiano: estatuillas con sartenes de cocina, cafeteras y tableros de ajedrez, en una muestra que ha sido calificada como ''blasfemia" por la Iglesia católica, pero defendida por las autoridades.
A poco de entrar al salón principal de la muestra, colgada del techo se observa la obra más emblemática de Ferrari, 'La civilización occidental y cristiana', en la cual una imagen de Cristo crucificado (de aproximadamente un metro de largo) se apoya en la réplica de un avión de combate norteamericano, que hace las veces de cruz. La obra realizada por Ferrari en repudio a la guerra de Vietnam en los '60, sin duda podría servir hoy para simbolizar la 'guerra santa' de Mr. Bush contra los pueblos de Medio Oriente.
No es ingenua la Iglesia al combatir con todos sus recursos esta exposición, pues en ella se denuncian los diversos crímenes, simbólicos y concretos, de la institución cristiana, que van desde la apología de la tortura y la matanza de los 'herejes' (e incluso su puesta en acto, como durante la Inquisición), hasta la abierta complicidad con los hechos más aberrantes de la historia occidental, desde el genocidio nazi hasta la dictadura militar argentina. Ferrari ha elaborado buena parte de su obra alrededor del repudio a la idea de 'infierno' y de 'castigo divino' al diferente, al disidente. Se trata de una oposición al terror psicológico e incluso físico que la Iglesia ha ejercido durante siglos (y que aún ejerce, desde los púlpitos de sus iglesias y los pizarrones de sus escuelas) con el objetivo de reprimir la voluntad de liberación y búsqueda de los seres humanos.
En respuesta a la campaña del cardenal Bergoglio contra la exposición, Ferrari aseguró: 'Si algo avergüenza a nuestra ciudad no es esta muestra, sino que se sostenga que hay que torturar a los otros en el infierno'. El artista se vale de la imaginería cristiana para llevar adelante su crítica. En una de las paredes de la exposición dejó escrito: 'En muchas de mis obras se propone un homenaje a Eva, aquella muchacha rebelde que nos libró de la castidad, nos regaló la concupiscencia y nos legó los genes de la necesidad que siente el género humano por escudriñar los caminos de lo desconocido y los gustos del fruto del bien y el mal'.
En gran parte de sus propuestas, Ferrari repudia las imágenes del arte cristiano y de alguna manera las 'exorciza', mezclando esas imágenes de torturas y amenazas divinas con desnudos o pinturas orientales de personas teniendo sexo. Incluso propone 'cagarse' en aquellas obras inmortales de Miguel Angel, Giotto o Pisarro que han sido (y son, en alguna medida) difusoras del terror religioso: una jaula con pájaros permanece suspendida sobre una reproducción del Juicio Final de Miguel Angel, que recibe los excrementos que las aves van liberando conforme pasan los días.
Definitivamente, un condimento casi omnipresente en la obra de Ferrari es el humor, lo que sin embargo no menoscaba la profundidad de la crítica que el artista lleva adelante. En un sector de esta muestra dedicado a su producción más reciente, se observan algunas de las obras que más podrían afectar la 'sensibilidad cristiana', por llamarla de alguna manera. Se trata de un 'infierno' muy particular que el artista ha creado, en donde figuras de santitos y cristos de santería sufren algunas torturas como las que la Iglesia gusta tanto imaginar, pero en clave de humor: cristos saliendo de una tostadora eléctrica, santos fritos en una sartén, un Jesús crucificado en una plancha de hacer bifes… Sin embargo, cabe pensar que no son estas ácidas humoradas lo que más irrita a la jerarquía eclesiástica (y algunos 'amigos') con relación a esta muestra. En una serie de collages creados para ilustrar la publicación en fascículos del 'Nunca Más' por Página/12, Ferrari vincula las figuras de Quarracino y Videla, el Colegio Militar con la simbología nazi, y las imágenes infernales del cristianismo con ese verdadero infierno en la Tierra que fueron los campos de concentración de la dictadura (un gobierno de los milicos, la burguesía y, por supuesto, el clero). En otro sector de la muestra también denuncia la acción directa de la Iglesia en la masacre de los indígenas de América, durante la Conquista.
Aparte de la Iglesia, para sus más recientes obras Ferrari ha establecido como blanco la figura de Bush y algunos símbolos del poder yanqui. Un collage muestra la foto de una calavera en cuyos orificios oculares se observa la imagen repetida del presidente de Estados Unidos. Otra calavera, esta vez presente, no fotografiada, es invadida por decenas de cucarachas de plástico, identificadas con el símbolo de las fuerzas armadas norteamericanas. Una maqueta de la Casa Blanca se muestra también invadida por figuras de cucarachas y ratas… En esencia: representaciones de la muerte y la podredumbre, identificadas con el régimen imperialista de decadencia y destrucción.
Argenpress - 11/12/2004 |
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Deplora Quino ''el retorno del imperialismo''
Ericka Montaño Garfias
Mi trabajo, expresa Quino, ''es una forma de desahogarme de toda la tristeza, la angustia que me produce toda esta situación que atravesamos. Nos encontramos ante una vuelta a un imperialismo que no conocíamos desde hacía mucho tiempo y a un oscurantismo y una pérdida del pudor por parte de ciertos políticos de cuáles son los objetivos".
Quino es un caricaturista que equilibra diversión y reflexión. Lo ha hecho durante 50 años con personajes inolvidables como Mafalda, quien este 2004 cumple cuatro décadas de tratar que el mundo sea mejor. El dibujante habla de su trabajo, de Mafalda, del cine, de Mafalda, de sus creencias, de Mafalda, de política, de Mafalda, del socialismo, de Mafalda, de la izquierda, de Mafalda, de Cuba, de Mafalda, de su nuevo libro De viaje con Quino (Tusquets), de Mafalda, de los cambios en el mundo, de Mafalda, de su coherencia ideológica, de Mafalda...
Los políticos, prosigue Quino, ''siempre han tratado de mantener más o menos una posición caballeresca, pero ya nadie duda que toda esta guerra en Irak está hecha por el petróleo, no hay otras excusas; por eso trato de hacer lo que puedo. Los dibujantes de humor nos encontramos en la posición de que si tocamos temas tan trágicos como la guerra, la gente nos reprocha: '¿cómo podemos hacer humor con temas así?' Si no los tocamos, nos dicen: 'bueno, pero ¿es que entonces no te interesa nada la guerra en Irak?', así que debemos mantener un equilibrio temático. El problema es encontrarlo. No amargar la vida a las personas y tratar de que más o menos se diviertan, pero sin olvidarse de los problemas que sufrimos todos."
A veces la creación resulta difícil porque se debe encontrar el tema. ''Estamos tan invadidos de tantos hechos trágicos que no dan tiempo de pensar. ''No te repones de lo que está pasando, por ejemplo en el colegio en Rusia, cuando ya enseguida te cae otra noticia de no sé cuántos niños muertos, más la situación entre palestinos e israelíes. No nos dejan respirar de malas noticias y una novedad absoluta es esta de ver degollar gente por televisión. ¿Qué es esto? Es una cosa que sobrepasa todo lo que uno estaba acostumbrado a ver hasta ahora.''
Las personas ya no creen en ideales políticos ''y a la izquierda, no sólo en América Latina sino en todo el mundo, no la veo. No sé dónde está. La izquierda siempre se ha distinguido por ser de un ideal político, y en este momento el mundo ha perdido casi completamente los ideales políticos, han sido remplazados por una economía salvaje. Poco a poco se ha ido acercando al centro para tratar de no perder votos y me parece un gran error. La izquierda debería ser tan combativa como lo ha sido."
Y sin embargo, considera que las utopías no se han perdido; es una obligación no hacerlo, porque ''es como la fe en el futuro de la humanidad. No hay que perderla por más que uno dude de cuándo el hombre encontrará la inteligencia de no seguir cometiendo los mismos errores. Dentro de todo uno piensa que se está mejor que antes de la Revolución Francesa. Lo que es que siempre cuesta tanta sangre tanta muerte que cuesta admitirlo, pero llegará un día en que el ser humano encontrará cierta calma."
Joaquín Salvador Lavado Tejón nació en Mendoza, Argentina, en 1932, pero lo llamaron Quino para distinguirlo de otro pintor y caricaturista, su tío Joaquín Tejón. Quino no se siente orgulloso de nada porque para él cualquiera de sus caricaturas podría haber sido mejor. Tampoco cree en nada, o casi nada. ''No sé en qué creo, no me propongo creencias, sino seguir haciendo cada día lo que he hecho en estos 50 años. No tengo creencias religiosas, pero sigo creyendo en el socialismo porque me parece que 70 años de experimento son muy poco en la historia de la humanidad. Espero que algún día se logre una equidad social como la que aparentemente proponía el socialismo, sólo que el ser humano con sus ambiciones de poder y sus corrupciones termina echando a perder todo. Espero que aparezca alguna vez un sistema que funcione." Cuba, como país socialista, representa ''un afecto muy grande, también una herida muy grande. Pese a algunos errores es un país digno sobre todo si miramos cómo se vive alrededor de esa isla y cómo viven los demás países".
Al hacer un balance de sus cinco décadas de trabajo con monitos, que se festejan con exposiciones en Italia y Argentina, hay algo que le sorprende: ''Mi coherencia ideológica. En 50 años me he mantenido siempre fiel a una temática que en el fondo es la relación de los débiles frente a los poderosos". No importa si sus caricaturas son de hace cinco, 20, 45 o 50 años, parece que las hizo ayer y eso ocurre con todos sus personajes, no sólo con Mafalda cuyos temas siguen vigentes a 40 años de su creación aunque eso, dice Quino, ''me deprime un poco. Yo mismo me sorprendo cuando leo alguna tira de las que he hecho hace tantos años de que los problemas sigan sin cambiar y que se entiendan; parecen tiras dibujadas ayer y eso no me gusta mucho."
Y sin embargo una de las formas de enfrentar la situación es el arte y eso se notó en Argentina con la crisis económica de 2001. En ese momento, recuerda el caricaturista, estaban los problemas económicos y al mismo tiempo había una gran oferta y demanda de actos culturales, espectáculos gratis, etcétera. ''Evidentemente las personas necesitan de esto no para distraerse sino para aliviar un poco los problemas cotidianos. No es que las artes soslayen los problemas de la humanidad ni mucho menos, pero son una manera de ver la realidad desde un ángulo fuera de lo común, entonces el arte ayuda a sobrellevar esos momentos."
Toca el turno a su nuevo libro De viaje con Quino, una idea que nació no del dibujante sino del Club de Turín. Es un libro de viaje a lo que fuimos y a lo que somos presentado mediante la reflexión de distintos personajes y, aunque Mafalda ocupa una parte importante del texto, también se hace un recorrido de la mano de cavernícolas, músicos, matrimonios, tenderos y restaurantes. Hoy más que viajes existen las transmigraciones étnicas, agrega Quino, ''como siempre las ha habido, pero ahora son muy notorias, importantes, algunas imparables como lo que está sucediendo con estas naves, estos barquitos que llegan con todas esas personas de los países del Este o de Africa. Muchos de esos barquitos se hunden, mueren muchas personas. Y esto más que viajar es necesidad de sobrevivir. Hay gente que viaja por placer, por supuesto, pero también el placer de viajar se ha convertido en una pesadilla por lo que está pasando. Y luego si tomamos en cuenta la definición de inmigrante, que es la persona que va de un país a otro para trabajar, también sería posible tratar como inmigrantes a las tropas estadunidenses en Irak porque se desplazaron de un país a otro para trabajar, pero es un tipo de migración sumamente molesta".
Lo que me sigue empujando a seguir con mi trabajo, subraya, es saber que hay muchísima gente que se siente identificada con lo que hago. Me gusta mucho cuando viene una madre y me dice: "mi niño no quería leer nada de nada y entonces le di un librito suyo, se entusiasmó y desde ese día lee de todo. Me siento con un compromiso que no puedo abandonar. Eso es lo que me impulsa a seguir trabajando".
La Jornada - México D.F., 26/10/2004 |
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Los "caracoles" zapatistas, gran museo colectivo
Ana Monica Rodríguez
La zona zapatista devino gran museo, subraya el artista Gustavo Chávez Pavón, quien pinta murales en los Altos de Chiapas con ayuda de integrantes de las comunidades indígenas. Los rostros del subcomandante Marcos, Emiliano Zapata, el Che Guevara, personas con pasamontañas, además de caracoles de diversos tamaños y colores son los modelos que los pueblos indígenas y el creador visual convierten en arte al plasmarlos en la superficie de muros y paredes.
''La zona del conflicto zapatista se ha caracterizado por tener murales en todos los lugares donde se pueda pintar'', dice Chávez Pavón, quien acude a esa región por invitación de los mismos poblados indígenas y, junto con sus habitantes, realiza las obras en diversos espacios. ''Muchos de los murales se hacen en las paredes de las casas de madera, en pequeños espacios, clínicas o escuelas (algunas abandonadas por el gobierno). Cuando los niños pintan, su trabajo se extiende al dibujar sobre los árboles, bancas o en las mismas piedras''. En el proceso creativo -dice- participan mujeres, adolescentes y adultos ''y todos aprendemos de todos. Es interesante ver cómo le pierden miedo al pincel para trasmitir y comunicar sus ideas; además de que se hace algo integral por la educación''. Entre los temas a los que hacen alusión en los murales sobresale la idea ''de la esperanza, que es pintada con colores y alegría como respuesta a la muerte y a la pobreza en estas comunidades. ''Así como les gustan los colores les gusta la vida. Flores y tejidos dan luz a sus muros, y también pintan diversas formas de paliacates, ojos de mujeres, libros e iconos mayas, entre un sinfín de caracoles, caracolitos y caracolotes.''
Artista empírico, Chávez Pavón explica que desde muy pequeño se inició en la actividad en Juchitán, en 1984, aunque con el tiempo su convicción social lo ubicó en la zona del conflicto chiapaneco. ''No he estudiado en ninguna escuela de arte; sólo terminé la preparatoria y lo único que quiero es pintar. Quiero mostrar no sólo mis ideas políticas, sino también el amor o el desamor'' en la superficie de un muro. ''En mis obras -continúa- intento reivindicar los derechos ciudadanos y el derecho a expresarme individualmente''. Lo impresionante, destaca, es que en las comunidades "todos somos maestros y nos enseñamos mutuamente". Incluso, pese al simbolismo que detenta el subcomandante Marcos y el hecho de que es uno de los personajes preferidos para pintar, "no le resta igualdad" con los demás pobladores. "Ahí no existen diferencias".
Chávez Pavón explica: ''son gente del México humilde que de alguna manera quieren cambiar las cosas para que haya más justicia, libertad y democracia". La educación, dice, no existe sin democracia "y en todo el sistema no hay nadie que responda por las necesidades de los pueblos indígenas". Por ello, la rebelión zapatista es una respuesta a la crisis educativa y económica imperante en el país. ''La lucha de los pueblos no es ajena a la educación'', señala. El artista colabora con el Sistema de Educación Rebelde Autónoma Zapatista de Liberación Nacional e imparte talleres de pintura en general y creación mural.
Chávez Pavón muestra fotografías de los murales que retratan la cara del general Zapata montado en su corcel, del mismo líder zapatista con su característica pipa, de la figura emblemática del Che en proceso de creación y de los caracoles, iconos de la comunidad, de los cuales explica: ''Es la forma simbólica y práctica en que se han organizado las comunidades zapatistas y, por ellos, le han llamado caracoles a lo que antes eran los Aguascalientes''. En cuanto al tamaño de los murales, explica que no hay dimensiones determinadas y detalla que las mujeres tienen especial preferencia por el colorido en la pintura. Los jóvenes estudiantes de las escuelas zapatistas, añade, tienen a veces mejor formación que los universitarios y son más críticos en cuestiones históricas. También en el proceso creativo compara la capacidad artística de los indígenas con los estudiantes del arte, y asegura que los primeros "pierden más rápido el miedo y el temor a usar el pincel".
Para Chávez Pavón el muralismo, además de ser un arte "marginado", posee características para denunciar, comunicar, criticar y transformar la realidad. Los murales, finaliza, son aglutinadores y generadores de conciencia, "y de alguna manera se representan en ellos cuestiones políticas, sociales o filosóficas a través del uso de las formas y colores''.
La Jornada - México D.F., 10/10/2004 |
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Sublime reciclaje
Humberto Márquez
La exposición de pinturas y esculturas realizadas con materiales de desecho llegó al Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber, de Caracas, al cabo de nueve años de travesía por espacios callejeros. ”Antes teníamos audiencias de miles de espectadores en centros comerciales y en estaciones del Metro de Caracas. Ahora, esos espectadores, muchos del público juvenil y escolar, de los sectores populares, se acerca al Museo”, relató a IPS Marian Krasner, la organizadora de la muestra ”El arte por el reciclaje”.
El arribo al museo Sofía Imber, uno de los más destacados de su tipo en América Latina, representa una suerte de consagración para la muestra, que la organización Pronóstico, de Krasner, se da el lujo de integrar con 40 artistas entre un centenar de aspirantes a presentar sus obras en base de elementos reciclados. Se aprecia un cruce de líneas con el tradicional museo Arturo Michelena, que lleva el nombre y cobija parte de la obra de ese gran pintor realista e impresionista venezolano del siglo XIX, que desde hace semanas saca piezas de su colección a los muros del vecindario, en forma de grandes facsímiles de los originales.
Una clave en la exposición por el reciclaje ”es sorprender al espectador con el empleo de materiales poco comunes en la plástica y, además, de desecho”, explicó Krasner. Nuri Morillo, una de las participantes, evocó el tradicional dilema de lo que fue primero, el huevo o la gallina. ”¿Qué fue primero? ¿La basura o la idea? Andando por la calle, frente a un basurero, se nos prende un bombillo (lámpara)”. ”La mayoría de los que participamos aquí vamos a la calle y estamos más pendientes de la basura que de cualquier otra cosa. Yo recojo basura y después empiezo a trabajar en función de ella”, narró Morillo.
Elizabeth Navarrete fue responsable de la escultura ”Reciclando valores”, realizada con monedas, resinas y papel encolado a modo de pequeñas placas de fe, esperanza, fortaleza o claridad. Por su parte, Marisol García elaboró ”¿Ya ves?”, en juego de palabras al colocar llaves sobre madera y cera, Rosalía Salerno creó ”La menina”, un homenaje al pintor español Diego Velázquez (1599-1660) construido con cajas de cartón que guardan las etiquetas de la firma transnacional General Electric, y María Cartoni es la autora de ”Idientidad” con ensamblaje de dentaduras postizas inutilizadas.
Derkje van Dillewijn presentó ”El mundo en jaque”, un gigantesco tablero de ajedrez con ensamblaje de cajas usadas de discos compactos que soportan a disquetes trabajados como diminutos collages. ¿Los reyes? No faltaba más: George W. Bush, presidente de Estados Unidos, y el derrocado presidente iraquí Saddam Hussein. A su vez, Santiago Aguirre elaboró ”Ave de Troya”, una escultura de más de un metro y medio de envergadura con maderas encontradas al deambular. ”Cada año es una sorpresa, no deja de asombrarme la creatividad para trabajar con materiales que otros menosprecian”, dijo sobre sus compañeros este artista que lleva siete años acudiendo a la muestra. ”Año tras año reafirmamos y concientizamos en la campaña de reciclar, de no arrojar basura a la calle, y la receptividad del público es excelente”, dijo Castillo.
Aprovechar objetos y materiales diversos para la creación que alimentó corrientes del siglo XX como el dadaísmo y el pop-art. ”Desde esta óptica, nada debe desperdiciarse, cualquier cosa puede ser reutilizada, no importa si se trata de latas, clavos, vidrios, maderas, resinas, monedas, fragmentos de juguetes o CD (discos compactos)”, expuso Krasner. El grupo Pronóstico ha organizado encuentros semanales entre artistas y público, para discutir sobre el uso posible de los materiales de desecho. ”Es una recompensa pedagógica”, comentó Marta Szinetar, otra de las participantes. El salón no hace competir a las obras ni otorga recompensas ”lo que lo vuelve sumamente limpio, sin favoritismos”, según Murillo, en tanto procura ”abrir espacios para los artistas jóvenes e innovadores”, recalcó Krasner.
Tierramérica - 9/10/2004 |
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“La Revolución llegó con su estética propia y marcada”
Mariano Blejman
Liborio Noval mira de frente y pide a este cronista que los periodistas no se refieran a los reporteros gráficos de sus propios medios como “sus fotógrafos” cuando hablan de ellos. “Hace unos años –dice Noval–, ese señor que está atrás suyo (se refiere a una foto de la muestra El Che Guevara por los fotógrafos de la Revolución) me preguntó ironizando: ‘¿Traes tú tu periodista?`.” Noval corta la punta a su habano Cohiba con guillotina para tabaco grande, respira fuerte –pero no profundo– y se pone a contar sobre esas fotos que hizo del Che descamisado, llevando bolsas en una fábrica o en campañas de alfabetización. O de las fotos que no hizo él y que muestran a Guevara manejando un tractor en una zafra cubana. “El Che me invitaba a trabajar. Me decía: ‘¿Vos estás dispuesto a trabajar aquí?’ Yo trabajaba unas cuatro horas y después tenía un momentico para tirarle unas fotos”, cuenta Noval, llegado a Buenos Aires, a 37 años de la muerte del Che.
Liborio Noval fotografió a Ernesto Guevara con algo más de 20 años a cuestas, en repetidas ocasiones como reportero gráfico del periódico Revolución; Saúl Corrales es hijo de Raúl Corrales, quien también inmortalizó a Guevara en varias ocasiones, y el fotógrafo José Alberto Figueroa fue asistente de Alberto Díaz Gutiérrez, conocido como Korda (autor de la foto más famosa del Che, esa estampa inmortalizada en merchandising). La muestra está basada en un libro organizado por el francés Jean Cormier, un biógrafo de Guevara. Allí, un grupo de fotógrafos de la Revolución Cubana dejan en claro que tanto el Che como la Revolución fueron fotogénicos: épica, poética y estéticamente provocadora. Esas imágenes en blanco y negro recorrieron el mundo rápidamente: de hombres barbudos que parecían dispuestos a todo, que ingresaban en los despachos estatales vestidos de militares, que estaban cambiando un país, pero que también se arremangaban –tal el caso del Che– para desarrollar trabajo voluntario en fábricas, en el campo, en campañas de alfabetización. Esas imágenes dejaron su paso indeleble en la historia de América latina. En estricta ausencia de color (casi todas las fotos de la época fueron tomadas en blanco y negro), Ernesto “Che” Guevara fue retratado por un puñado de privilegiados periodistas cubanos y extranjeros que lo seguían donde se podía ir.
El Che –cuando era apenas Ernesto Guevara– supo sobrevivir de la fotografía, tomando retratos sociales en sus viajes por Guatemala y México. Prefería permanecer detrás de cámara (de hecho en varias ocasiones pedía las cámaras a quienes intentaban retratarlo, para sacar él mismo algunas fotografías) un poco por pudor y otro porque sacarle demasiadas fotos era para él incurrir en un derroche. Noval trabajaba desde sus 18 años en una agencia de publicidad en La Habana, cuando el país comenzó a hablar de “los Barbudos” que habían desembarcado por el sur de la Isla y querían derrotar a Batista, atravesando Sierra Maestra. Poco antes del triunfo de la Revolución, Noval pasó a ser laboratorista y apenas una semana después del 1º de enero de 1959, se convirtió en laboratorista del periódico Revolución, que pertenecía al Movimiento 26 de Julio, comandado por Fidel Castro.
Noval conoció a Raúl Corrales, que trabajaba en el mismo periódico, y un año después, ya se había convertido en fotógrafo. En 1965 pasó al Granma. “En esa época, el periódico nos mandaba a cubrir un evento e íbamos todos los fotógrafos juntos. No era como ahora que el jefe manda a un solo fotógrafo. Ibamos todos y después peleábamos por ver quién se quedaba con la tapa”, cuenta Noval. En los ‘90, Noval fue acompañante de Fidel Castro en sus viajes. La fotografía fue el principal elemento comunicacional de la Revolución: “Había un millón de analfabetos, eran pocos los que podían leer”, cuenta Noval. Hasta entonces, La Habana tenía una prensa dedicada a las actividades sociales de su burguesía. Por eso, la aparición de los Barbudos en primera plana –que coincidió azarosamente con la llegada de las cámaras más ágiles de 35 milímetros– fue una ruptura en la estética fotográfica que acomapañaba un país donde cada día pasaba algo inesperado. “El grupo de fotógrafos nuevos junto a los acontecimientos sociales novedosos fueron imponiendo un nuevo estilo: se rompieron los moldes”, relata Figueroa, reportero gráfico desde 1969, colaborador en la revista Cuba Internacional y corresponsal de guerra en Afganistán en el ‘82 y ‘83.
“Cuando triunfó la Revolución no pensábamos que estábamos construyendo mitos, simplemente tirábamos (sacábamos) fotos. Tiempo después nos dimos cuenta de lo que habíamos estado haciendo”, cuenta Noval. Perfecto Romero muestra al Che en la Guerrilla: una en diciembre de 1958, en el cuartel de Silueta; la otra en el campamento Leoncio Vidal, ambos en Sierra Maestra. Apenas la Revolución toma el poder, Korda, Corrales y Noval, entre otros, comenzaron a seguir a Fidel. En esos viajes estaban a veces el Che y Camilo Cienfuegos. Las imágenes de Guevara en su vida cotidiana desacartonan aquellos retratos donde sólo había lugar para el pro-hombre. “Esa imagen que tomó Korda está en todos lados”, cuenta Corrales. “Pero queríamos resaltar el aspecto más humano: que tenía familia, mujer, que no sólo era un héroe sino también una persona.”
Liborio recuerda su primera foto con el Che. Con el dato que le habían dado en el periódico, lo esperó a las seis de la mañana en el Instituto Nacional de la Reforma Agraria el 26 de febrero de 1961. El Che iba a hacer trabajo voluntario. Cuando llegó, Guevara le preguntó qué llevaba entre manos. Liborio le dijo que iba a sacarle fotos para el periódico y el Che le preguntó si estaba dispuesto a llevar la carretilla. Liborio le dijo que sí. “Después se quedó la costubre. El Che me decía: ‘El domingo en tal lugar’. Iba yo a trabajar y después le tiraba unas pocas fotos’”, cuenta Noval. En otra imagen se lo ve al Che empuñando una cámara con un teleobjetivo (una rareza para le época). Liborio cuenta que tenía una cámara en su mano, el Che se la pidió y tomó con ella unas fotos de Fidel. Liborio aprovechó el momento bressoniano y le tomó una foto al Che con otra cámara y se quedó también con las fotos sacadas por el Che. “Todavía tengo esos negativos”, cuenta Noval.
Figueroa vio cómo se le iban de las manos las primeras copias de las fotos de Korda. Por eso tiene su propia teoría sobre los “usos, mal usos y abusos” de las fotos del Che. En el 2000, por ejemplo, el vodka Smirnoff usó su imagen para vender la bebida y Korda ganó la batalla legal por 60 mil dólares, que donó para comprar medicinas. “Korda pensaba que mientras esa imagen del Che fuera una curiosidad para un desconocido, esta imagen, este poster, ese reloj, esa campera, podrían ser el comienzo del acercamiento al Che”, dice Figueroa. Liborio Noval se encontró con imágenes del Che en lugares curiosos: en manifestaciones contra el aborto en Estados Unidos, en las manifestaciones gays, entre motoqueros de las Harley Davison, entre los iconos del movimiento independentista IRA en Irlanda: “Creo que esas imágenes representan la rebeldía”, cree Corrales.
“El Che me educó por su forma de actuar, de expresar cómo había que trabajar. Era muy estricto. Yo tenía entre 25 o 26 años y era una esponja que aprendía todo”, cuenta Noval. Y en la misma línea, Carreras (hijo) cuenta una anécdota que a su vez le contó su padre. Era setiembre de 1959 y el Che había sido invitado a una entrevista en la televisión cubana. Raúl Carreras corrió a fotografiarlo, y un día después le acercó un sobre con las fotos impresas en 8 x 10 centímetros. Al poco rato, el Che lo mandó a llamar. Cuando Carreras ingresó a la oficina, el Che le tiró las fotos sobre el escritorio: “Las fotos están bien, quien está mal sos vos. ¿Para qué tantas fotos? Aprende a no despilfarrar los medios del Estado. No seas guataca (derrochón)”, le dijo.
Página/12 - Buenos Aires, 8/10/2004 |
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Para Frida Kahlo, ni sacos ni corbatas
Ericka Montaño Garfias
Seis gatos perezosos y a pleno sol coronaron la pirámide que Diego Rivera diseñó para su jardín. Sobre ella, en lo más alto, la fotografía de Frida Kahlo, rodeada de flores, dio la bienvenida a decenas de personas que asistieron a su casa de Coyoacán para conmemorar su aniversario luctuoso, el número cincuenta. ''¡Frida vive, la lucha sigue!'' Fue el grito que se repitió. Que repitieron los seguidores de la pintora, que gritaron también los turistas que se encontraron con la ofrenda del jardín, que grabaron las cámaras de video, que dejaron casi sin voz a Jesusa Rodríguez y Ofelia Medina. Grito que acompañó los versos cantados guitarra en manos. Un popurri variopinto con canciones de José Alfredo Jiménez, corridos revolucionarios, Chabuca Granda y uno más muy especial, cantado por Ofelia Medina para contar la historia de la artista:
''Voy a contarles un corrido muy mentado,/ lo que ha pasado aquí merito en Coyoacán./ Esta es la istoria de una artista apasionada/ fue mexicana, comunista y se pintó. ''Ella era Frida y la apodaban pata de palo,/ de muy chiquita la polio la agarró/ toda su vida sufrió penas y dolores/ pero todo eso le dio fuerza a su pasión. ''Un día domingo que de joven se paseaba/ un tren entero por su cuerpo se metió,/ rompió su sexo, su columna y muchos huesos/ y ahí merito casi muerta la dejó.''
Fue un homenaje del pueblo, sin funcionarios, ni sacos ni corbatas ni discursos, con gente que la quiso y la quiere, que la recuerda como mujer, como artista, como activista. La que no se deja llevar por la fridamanía. Lo que se inició como tímido homenaje, poca gente, pocas flores, con el paso de los minutos devino un fiestón. Los devotos de Frida comenzaron a llenar de rosas, margaritas, crisantemos y girasoles las escaleras de la pirámide adornadas con caballos, gallos, soles, guitarras, toros y nopales de papel picado. Frente a la fotografía de Kahlo, un recipiente comenzó a inundar de olor a copal todo el lugar. Se leyeron fragmentos de su diario, se cantaron las canciones que le gustaban y el tequila... ése nunca llegó.
''Diego Rivera un pintor muy celebrado/ a nuestra Frida un buen día se encontró/ se enamoraron y sus vidas se ligaron/ y la pareja a todo el mundo sorprendió. ''Un elefante, una paloma que se amaron/ y juntos fueron una gran revolución/ eran muy libres y uno al otro se pintaron/ y al mismo tiempo nos cambiaron la nación.''
Frida, medio siglo muerta, y sigue siendo dos Fridas: ''la de deveras, la artista, la gran artista y la Frida fridatizada, la que se ha querido comercializar, convertir en objeto de culto, de folclor, y ella lo dijo siempre: había dos Fridas, una que es artista, y otra que es producto de consumo. Creo que al final la artista siempre se va a comer al objeto de consumo. ''Lo vemos en este acto porque la gente la sigue queriendo la sigue admirando y no la ha convertido en una trasnacional o en una Barbie del tercer mundo'', dijo Jesusa a La Jornada. Llegó también Elena Poniatowska para admirar la ofrenda. ''Toda la gente ha venido con flores. Creo que Frida es muy querida, muy entrañable; representa lo más bonito de la mujer: la libertad, el aguante ante el dolor y la enfermedad, la creatividad y la inteligencia frente al sufrimiento. Ahorita hay mucha alegría en torno de ella. Vemos sus colores: está el rojo, el verde, el amarillo''.
''A los yunaites la pareja fue invitada por/ Rockefeller que murales le encargó/ pero Fridita en San Pancho no se hallaba/ y a los gringuitos de pendejos no bajó. ''Eran dos grandes, muchas veces se pelearon/ pues no cabía en ningún lado su pasión/ en Nueva York ya Frida Kahlo había abortado/ mientras que Diego conocía a Henry Ford. ''Eran dos grandes, muchas veces se pelearon/ pues no cabía en ningún lado su pasión/ algunos años estuvieron divorciados y la fridita/ Kahlokahlokahlokahloca se volvió.''
En la Casa Azul, convertida ahora en museo y desde el pasado enero declarada Monumento Histórico, vivieron Diego y Frida de 1929 a 1954. Ahí se guardan 23 de las obras de la pintora nacida en 1907. Entre los proyectos más importantes que se realizarán ahí se incluyen la restauración de la ropa de la pintora, de la que se hará un libro-catálogo y se pondrá después en exhibición en la sala 2. Otro de los planes es la catalogación de la obra de la pareja, que en octubre pasado fue inventariada en su totalidad. Recientemente se realizó, bajo la supervisión del Instituto Nacional de Antropología e Historia, la colocación de falsos ventanales, ya que a mediados de los años 80, Dolores Olmedo tapió los balcones que daban a las calles de Londres y Allende para evitar algún asalto, pero restaba belleza a la casa, así que se decidió colocar ventanales aparentes.
''El viejo Trotsky fue por ellos invitado/ y vino a México a vivir en Coyoacán./ Dicen que Frida y León se enamoraron/ cosa que a Diego luego luego encabronó. ''A León Trotsky en su casa asesinaron,/ el asesino la cabeza le partió/ nunca sabremos si fue Diego, fue Siqueiros o quien chingados/ el que al Stalin su deseo le cumplió.'' ''A nuestra Frida la derecha le amputaron/ pero la izquierda siempre fuerte le quedó/ siguió luchando por el pueblo mexicano/ y volvió arte lo que en ella fue dolor. ''En Guatemala ya la CIA metió mano/ (¡como en Irak ahorita, chingada madre!)/ y todos fuimos con Fridita a protestar,/ a ella la vida ya se le estaba acabando/ y hasta a la muerte la Fridita hizo marchar. ''Aquí dejo de cantar este corrido/ de Frida Kahlo que volando se marchó./ Muerta de risa desde un astro está mirando/ a todititos los que aquí estamos hoy.''
La Jornada - México D.F., 14/7/2004 |
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