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Uruguay triunfa con "Whisky"  (18/12/2004)

 

Homenaje a las asesinadas de Ciudad Juárez  (2/12/2004)

 

Gritos y susurros de las mujeres asesinadas en Juárez  (21/10/2004)

 

Pablo Milanés - “Mi nostalgia no es meramente personal”  (6/10/2004)

 

El alma de la Negra Grande de Colombia  (30/9/2004)

 

Solanas - El estallido social de 2001, detonante de "Memoria del saqueo"  (21/9/2004)

 

Perú - "El cóndor pasa", patrimonio cultural de la Nación  (13/4/2004)

Uruguay triunfa con "Whisky"

 

 

Gerardo Arreola

 

Los mexicanos Felipe Cazals, Enrique Arroyo y Carlos Carrera obtuvieron sendos premios Coral en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que concluyó en La Habana el viernes 17 de diciembre, dominado por obras de jóvenes realizadores y en el que Whisky, de la reanimada cinematografía uruguaya, resultó la máxima triunfadora. Cazals obtuvo el Premio Especial del Jurado de Documental con Digna... hasta el último aliento, sobre la fallecida abogada y activista de los derechos humanos Digna Ochoa. Por su parte, Arroyo se impuso en la competencia de cortometraje de ficción con El otro sueño americano, la historia de una joven mexicana que intenta cruzar la frontera con Estados Unidos, y Carrera alcanzó un segundo lugar entre las obras de animación, con De raíz.

 

Con ironías y sentido del humor, diálogos cortos y sencillos, Whisky es un retrato crítico de la rutina cotidiana y una forma de ver la soledad, a partir del dueño de una fábrica de calcetines que finge su propio matrimonio. Los directores Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, ambos de 30 años de edad, corrieron el riesgo de entrar en un tema aparentemente insignificante y consiguieron con su obra introducir a Uruguay al circuito mayor del cine latinoamericano. La filmografía uruguaya tiene registros desde finales del siglo XIX, pero en la pasada centuria fue tan escasa y aislada su producción que se pierde en la memoria. El contrapeso parece haberse iniciado en los años 90, apuntalado con el actual paso triunfal de Whisky por el exterior.

 

Otros premios fueron para Machuca, del chileno Andrés Wood, segundo Coral para largometraje de ficción y la mejor fotografía (Miguel Joan Littín); la argentina Lucrecia Martel, mejor actriz (La niña santa); el venezolano Roque Valero, mejor actor (Punto y raya) y los argentinos Adolfo Aristaraín, Mario Camus y Kathy Saavedra, por el mejor guión (Roma). El premio al mejor documental fue para el argentino Fernando Solanas, por Memorias del saqueo, sobre la más reciente crisis económica en el país sudamericano.

 

El festival mostró que una nueva generación está tomando posiciones en el cine regional, que hay una explosión fílmica en Argentina, que la agenda de los jóvenes cineastas latinoamericanos corre desde el compromiso social hasta el intimismo y que México no pudo presentar un solo largomentraje de ficción de autor con obra, por primera vez en un cuarto de siglo. Las cartas fuertes de Cuba naufragaron: Tres veces dos, trilogía de cuentos de Pavel Giroud, Lester Hamlet y Esteban Insausti, quedó más cerca de un interesante experimento académico que de un entorno profesional, a juzgar por el silencio del jurado, los bostezos en la sala y las salidas a media función; y Perfecto amor equivocado, de Gerardo Chijona, no pasa de ser una simpática comedia de enredos.

 

La ausencia de cineastas estadunidenses, ahora restringidos para viajar a Cuba por decisiones del gobierno de Washington, también marcó a este festival, que igualmente registró una baja presencia de figuras de primera línea, tanto de la región como de otras partes, en contraste con el cónclave que solía realizarse otros años en la pasarela de La Habana. El tema narco estuvo presente con dos cintas de buena factura que cayeron bien en el público: El rey, del colombiano José Antonio Dorado, y María, llena eres de gracia, del estadunidense Joshua Marston.

 

La Jornada - México D.F., 18/12/2004

Homenaje a las asesinadas de Ciudad Juárez

 

 

Fernando Camacho Servín

 

En México la artista Rossana Filomarino rinde homenaje a las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, Chihuahua, mediante la propuesta ¡Ni una más!, tributo coreográfico a las más de 300 víctimas de un crimen silencioso que no ha parado de cobrar vidas en ese estado del norte del país. Este proyecto dancístico, surgido hace más de un año, busca ser al mismo tiempo el producto de una inquietud personal y un intento de ligar el desarrollo de las artes con los problemas de la colectividad. La obra, en la que participan más de 10 bailarinas de la compañía Dramadanza, entre ellas Marcela Aguilar, Amada Domínguez, Rocío Flores y Rosario Armenta, implica ''un impulso, una necesidad de participar con la comunidad.

 

''Uno de los temas que más me sobrecoge es el del asesinato brutal que se perpetra cada día en Ciudad Juárez. El objetivo es llevar al espectador a una catarsis. No hay anécdota, ni presencia masculina, y sin embargo el ambiente de acoso y miedo se puede sentir", aunque no sea explícito en el escenario, explica Filomarino. Sin asumirse como activista o militante de organización social alguna, Filomarino, ganadora de la Medalla de Bellas Artes y del Premio Nacional de Danza José Limón, considera que es importante acercar a las artes con los problemas de la sociedad, dos esferas que no necesariamente están disociadas. ''La danza -prosigue la directora de Dramadanza- es una apuesta personal y creo que es útil para decir cosas importantes. Tal vez los esfuerzos artísticos que hablan sobre el feminicidio no inciden de manera directa para cambiar la situación, pero de forma indirecta sí ayudan mucho. En este mundo de barbarie terrible que estamos viviendo, creo firmemente que el arte es lo único que nos puede salvar", advierte la coreógrafa.

 

Una muestra del interés que genera la problemática de las mujeres asesinadas en Juárez, considera, es el hecho de que ¡Ni una más! recibe apoyo institucional del programa México en escena, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Educación Pública, mientras que la mayoría de propuestas artísticas con este tema han sido impulsadas con muchos esfuerzos a partir de iniciativas personales.

 

La Jornada - México D.F., 2/12/2004

Gritos y susurros de las mujeres asesinadas en Juárez

 

 

Arturo Jiménez

 

¿Cuántas muertas son muchas? ¿Cuántas muertas somos muchas? Una voz en primera persona, muchas voces. Como un grito o un susurro de las más de 360 mujeres asesinadas y más de 600 desaparecidas en una década en Ciudad Juárez, la urbe-tumba. Gritos y susurros de las madres, de los familiares en busca de los cuerpos torturados, violados, muertos, cercenados. En busca de la justicia muchas veces escondida detrás de la misoginia de la autoridad estatal y federal, priísta o panista. En Juárez las mujeres tienen miedo, pero el gobierno hace nada. Allí ser mujer es peligroso.

 

Nombres. Me llamo Natalia, Micaela, Brenda Berenice, Eréndira, Ivón. Soy mujer, morena, pobre, obrera de maquiladora, migrante, fui asesinada. Soy más que una estadística.

 

Poesía del preso de conciencia Antonio Cerezo Contreras. Como si el desierto/ exigiera tu sangre,/ Lluvia en verano/ para ver flores en tus cactos.

 

Un teatro, La Capilla. Una obra, Mujeres de arena. Cuatro actrices y un músico-cronista, sentados en cinco banquillos. Un guión que es dramaturgia teatralizada y puede prescindir de la acción física y de las peripecias, aunque no de las cualidades de un drama que aquí es pieza trágica, una tragedia nacional.

 

Una de las cuatro mujeres, Natalia, que podría ser el rostro y los ojos oscuros de cualquiera de las otras tres, de cualquiera de las otras cien o 300, trabajaba, quería estudiar, oía canciones de Selena. Las otras gustaban del amanecer, las flores, las ferias, la música de la radio, cantar, ver la lluvia desde la azotea, tener novio, escribir en un diario todo su presente y su futuro que ya no pudo ser. Todos los días Natalia llegaba a las ocho de la noche, pero un día horrendo y doloroso hasta el infinito ya no llegó. Por qué me dejaste hija, por qué te fuiste.

 

Luego de eso, las burocracias policiaca y política, el alma insensible de los que no entienden nada y hasta dicen tuvo suerte señora, de 300 cuerpos, como 70 no han sido identificados, y muchos más ni siquiera aparecen. La misoginia, el conservadurismo, intereses oscuros y oscurecidos relacionados con la industria maquiladora, pero que comienzan a ser desentrañados. Que no usen minifalda, que no sean provocativas, que no salgan en la noche, que no vayan a los salones de baile. Como para que ellas sean las culpables de sus propias muertes, aunque fueran una niña de cinco años.

 

Soy una madre sin su hija. Soy una madre despojada de su hija. Soy una madre a la que me arrancaron mi hija del jardín de mi corazón. Mi hija, mi tesoro, mi vida. Soy una madre vacía.

 

Imaginen un secuestro a cargo de uno, dos, tres hombres sin nombre, tres hombres impunes, tres hombres de alguno o varios modos poderosos, tres hombres sin alma ni valores. ¿Quiénes son ellos? ¿Cómo visten? ¿Dónde viven? ¿Tienen hijas? Imaginen el martirio: terror, tortura, violación y muerte de una y cientos de mujeres de Ciudad Juárez, de Chihuahua, de México, del mundo.

 

Las muertas. Quieren un mundo sin nosotras. Las madres. ¡Exigimos respeto, no venimos por estadísticas sino a saber qué pasa en Ciudad Juárez! ¡Exigimos al gobierno que detenga los asesinatos ya! ¡Ni una muerta más! Todas las muertas son una y muchas. Todas son nuestras hijas. Nunca dejaré de hablar de todas mis cientos de hijas muertas ni pararé hasta que se haga justicia.

 

No descansaré en paz hasta que se haga justicia.

 

La Jornada - México D.F., 21/10/2004

Pablo Milanés - “Mi nostalgia no es meramente personal”

 

 

Karina Micheletto

 

Pablo Milanés parece moverse ante los grabadores con la comodidad de quien afronta lo inevitable, con la sonrisa justa, escudado en un pequeño séquito de asistentes. Llegó a la Argentina con muchas ganas de compartir momentos con buenos amigos de larga data –como la cena con que lo recibieron Mercedes Sosa, Pablo Aznar y Juan Carlos Baglietto, entre otros colegas y admiradores locales. Su show forma parte de una gira que lo trajo desde Bolivia y que continuará por Chile y Colombia. Tiene nuevas canciones para mostrar, dice enseguida. No sólo algunas de los dos discos que acaba de grabar y que aún no tienen nombre –uno con temas de su autoría y de otros poetas y otro junto al salsero puertorriqueño Andy Montaner–. También, adelanta, aquellos temas inéditos pero no nuevos, de esos que no se sabe bien por qué fueron quedando afuera de los diferentes discos.

 

Claro que esta noche estarán también los clásicos que el cubano inmortalizó con su timbre único, tan cálido, tan técnicamente perfecto, desde Yolanda hasta Yo pisaré las calles nuevamente o El tiempo pasa. Esos por los cuales –y a través de los cuales– sus colegas le cantaron Querido Pablo y Pablo querido, en diferentes momentos de su vida. Esos que crearon lazos con un público fiel que lo sigue esperando en la Argentina, quizá con otras banderas y consignas que en aquellos recitales de la primavera democrática, quizás con las mismas, menos expuestas.

 

Pasaron veinte años desde aquellos recitales en Obras Sanitarias que ya forman parte del folklore local, cuando Pablo Milanés y Silvio Rodríguez llegaron para dar un par de funciones y terminaron haciendo quince. Como otras veces en la Argentina, su show no pasará por pirotecnias lumínicas ni escénicas. “Simplemente me sentaré en una banqueta y cantaré”, detalla él cuando se le pregunta por lo que trae para esta noche. Eso sí: allí estarán algunos de sus amigos de siempre. Mercedes Sosa, Pablo Aznar, Fito Páez, y los que vayan acercándose. Y allí estará Pablo Milanés, con 61 años que transformaron aquella cara que quedó congelada en las fotos del recuerdo, esa extraña enfermedad congénita que no lo doblegó, sus veinte operaciones, su fe en la Revolución, su voz inconfundible, rindiendo homenaje a aquellos Días de gloria por los que no teme declararse nostálgico en su último disco.

 

Hace tiempo que Milanés y Silvio separaron los caminos que los llevaron a fundar un movimiento del que aún se sigue nutriendo buena parte del cancionero latinoamericano, la Nueva Trova Cubana. El moreno minimiza las diferencias y larga una sonrisa tranquila ante la pregunta de rigor, seguramente escuchada una y mil veces alrededor del planeta: “Sí, sí, espero que en algún momento nos volvamos a juntar. Como espero que nos volvamos a juntar con Noel Nicola o con Sara González (otros integrantes de la Nueva Trova), y con todos aquellos amigos con los que cantaba y ya no canto por razones... de la vida, que nos ha llevado por distintos derroteros”, explica con didáctico discurso. “Es que la gente se cree que La Habana tiene nomás dos cuadras, y es enorme. No nos cruzamos todos los días con todo el mundo”, aclara. “El nuestro no fue un divorcio ideológico”, aclara. “Los dos somos revolucionarios”, aclara. “Y eso es lo importante”, sigue aclarando.

 

Después de sufrir una poco frecuente enfermedad ósea (el mal de Pelter, que afecta sus huesos inferiores), que lo llevó a varias operaciones en Cuba y Estados Unidos, Milanés está recuperado gracias a un estricto plan de dietas y ejercicios. Dice que ya no trabaja con el ritmo de antes, pero que ese cambio de ritmo no tiene que ver con su enfermedad. “Uno cambia con la edad, ya no quiere alejarse de su casa, hacer giras tan largas, esas cosas”, explica. Aun así, sigue componiendo, y los materiales de los que se nutre, dice, son universales: “Quien dice la palabra injusticia sabe que despertará un sentimiento de rebeldía, quien habla de dominio absoluto sabe que todos comprenderán de qué se trata. Los temas siguen siendo los mismos”.

 

En su futuro, dice, no hay ningún escenario político al estilo Rubén Blades, aunque alguna vez pensó que sí, pero le duró poco: “Una vez fui diputado por un período de cinco años, pero nunca fui a las asambleas, así que no me fue muy bien”, cuenta, y minimiza sus encuentros con Fidel Castro: “No tengo ninguna relación con él, salvo encuentros fortuitos, muy de vez en cuando. Cuando nos reunimos charlamos pero de cosas banales: fútbol, béisbol, esas cosas que nos gustan a los cubanos”. “No comparto absolutamente sus ideas. Comparto las mejores”, sintetiza. Para la Revolución, Milanés guarda todos los elogios (“sigo pensando en la misma Revolución, aunque rectificada y con menos errores”). Para su implementación, eso que se conoce como régimen, las salvedades. El siempre tuvo una postura crítica respecto de lo que denomina “burocracia oficialista”, aunque, a la hora de dar especificaciones, prefiere hablar sobre la totalidad. “La imperfección de Cuba llega a tantos errores que son innombrables. Como su perfección tiene tantas virtudes que son innombrables. Muchos errores, muchas virtudes. Las suficientes como para mantenerme allí, con todos sus errores.”

 

–No parece demasiado interesado en especificar esos errores.
Es que son demasiados. No es que esté eludiendo respuestas. Me parece que el hecho de decir que no estoy de acuerdo con cosas ya deja claro que tengo criterios contrarios. No hace falta especificar.

 

–¿Por qué dejó en claro tanta nostalgia por los tiempos pasados en Días de gloria?
Porque es un sentimiento personal, generacional, y por último político y social. Un sentimiento que abarca muchos símbolos, y por eso quise explicitarlo. No son solamente mis días de gloria, son los días de gloria de toda mi generación, de todos los pasos que ha dado la Revolución. No es una nostalgia meramente personal.

 

–Usted afirma no tener diferencias políticas con Silvio. Sin embargo, parece más crítico de la Cuba actual.
Tenemos distintos enfoques sobre la Revolución, pero lo principal es que somos revolucionarios los dos. Los dos la defendemos de distintas maneras pero la defendemos, y es lo importante. No hay un criterio antagónico desde el punto de vista ideológico, todo lo contrario.

 

Página/12 - Buenos Aires, 6/10/2004

El alma de la Negra Grande de Colombia

 

 

Ricardo Rondón

 

En la soledad de su refugio del norte de Bogotá, Leonor González Mina, la popular 'Negra Grande de Colombia', lee, pinta, borda, teje, riega sus matas, cocina y piensa. Piensa mucho... Ahora mismo está hilvanando su propia filosofía, producto de una vida fecunda y provechosa de 70 años en su papel de actriz, de cantante, de folclorista, de embajadora ante el mundo, de madre ejemplar, de negra, cuando dice que ha sentido los azotes de la segregación. No obstante, a sus 70, Leonor sigue rompiéndose el alma.

 

Le ha dado varias veces la vuelta al mundo llevando su canto y su folclore a través de su poderosa y a la vez desgarradora voz. Durante 15 años consecutivos recorrió palmo a palmo las naciones de la Unión Soviética. Ha grabado más de 30 discos. Ha cantado por igual boleros, pasillos, bambucos, todo el folclore del Pacífico y del Caribe, y hasta música llanera. 'Llevo la módica suma de 45 años en el mundo artístico. Y este año cumplí los 70 de estar dando brega', dice la querida Negra, que es al tiempo sensibilidad y fortaleza, lucha y emoción, alegría y dolor de patria.

 

Ha grabado cualquier cantidad de seriados, dramatizados, telenovelas. Como si fuera ayer recuerda uno de los papeles más entrañables de su periplo escénico: el de Hipólita, la nana del Libertador en Bolívar, el hombre de las dificultades, dirigida por Jorge Alí Triana y protagonizada por el desaparecido Pedro Montoya: 'a mí me dio muy duro la muerte de Pedrito'. Ha filmado a las órdenes de ese monstruo de la cinematografía italiana llamado Bernardo Bertolucci. Ha trabajado al lado de Trinity, de Bud Spencer y de Franco Nero. Nos ha dejado personajes imborrables en la memoria como Zenobia, en Azúcar, bajo la batuta de Carlos Mayolo, una de las series mejor logradas y significativas de la televisión. Sabe qué es levantar un auditorio en China, en la India, en el Japón, en Madrid, en París y en Londres, y la nostalgia le hace soltar una lágrima cuando recuerda aquel disco con el que nació como artista: Cantos de mi tierra y de mi raza, con esos temas que le abrieron las puertas del éxito y la popularidad: El Tío Guachapecito, Angelitos Negros, El rey del Río, en tiempo de 'aguabajo' (ritmo tradicional chocoano) y plegarias orales del Atrato.

 

Solo se casó una vez. El matrimonio le duró 19 años y juró que nunca más se volvería a casar, con la siguiente sentencia: 'Aquí en esta casa no se vuelven a colgar ni calzoncillos ni medias que no sean de mis hijos'. Y lo cumplió al pie de la letra. Y siguió rompiéndose el alma levantando a sus muchachos: Juan Camilo, administrador de empresas, y Candelario, genio de la música, que falleció absurdamente hace siete años en Italia, en un viaje de Milano a Torino, víctima de un aneurisma, en la plenitud de su juventud (apenas tenía 34 años), cuando se disponía a hacer uno de los trabajos cruciales de su carrera: modernizar la música de las películas de Federico Fellini. A Leonor, ese fatídico episodio la marcó para siempre: 'Sentí que se me escapó el alma, que lo había perdido todo. Ha sido la tragedia más grande de mi vida'. Por eso a veces entra en unas tristezas y aislamientos profundos, de los que sólo la saca la tierna sonrisa de su nieta Juana.

 

Muchos creen que Leonor es chocoana, pero no. Nació en Robles, jurisdicción del municipio de Jamundí, en el Valle del Cauca, la misma tierra que años después viera nacer un prodigio de futbolista: el negro Viáfara. A contracorriente y librando más de una batalla, llegó a los estrados del poder como Representante a la Cámara por la circunscripción de Bogotá, en el período pasado. 'Más de uno intentó bajar a la negra del púlpito, pero no pudieron'. A sus 70 años todavía se quiebra el espinazo en los escenarios y en los sets de grabación. En abril fue conmovedora su presentación en el concierto de despedida de Chavela Vargas, con Diego El Cigala y Sara Baras. Hace poco terminó las grabaciones de Un ángel llamado Azul, donde encarnó a Nieves, y está preparando su nuevo álbum que piensa lanzar a finales de este año. ¡Dios, mío!, y uno se pregunta, ¿de dónde tanto vigor, energía y fe en la vida? Porque eso es la 'Negra Grande de Colombia': un monumento a la vida, a la sensibilidad y a la creación.

 

-¿No se cansa usted Leonor de romperse el alma?
-No me cansó, para nada. Solamente se romperá el día en que mi alma abandone mi cuerpo.

 

-Porque usted ha sido una guerrera de muchas batallas...
-Sí, he sido una guerrera realmente como usted dice, y me lo demostré cuando trataron de sacarme injustamente del Congreso en dos ocasiones. Pero di la batalla y no pudieron. Y seguiré en la lucha.

 

-¿De dónde ese espíritu combativo?
-De mi mamá, que se llamaba como yo. En la época horrible de la violencia entraron a la casa, mataron un hermano y le cayó a los pies a mi mamá, y ella enloquecida se lanzó contra el asesino y le quitó el rifle. Decía mi papá que si ella hubiera sabido utilizar el rifle, ni él hubiera quedado vivo en ese momento. Leonor fue una mujer supremamente luchadora.

 

-Usted heredó ese temperamento, pero también la sensibilidad, porque en medio de su dureza también es una mujer muy tierna.
-Es cierto, me conmuevo con nada. Lloro con el dolor de la gente. Casi no veo ni los noticieros porque me producen mucha angustia. Lloro porque sí y porque no. No sé de donde me salen tantas lágrimas. Y cada día me pregunto: Dios mío, ¿hasta cuando?

 

-¿Hasta cuándo qué, Leonor?
-Cuándo será que nos vamos a despojar de nuestros egoísmos, de nuestros odios, de nuestros rencores, y cuándo vamos a empezar a acordarnos de la armonía y la tranquilidad que merecen nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

 

-He ahí su canto desgarrado, porque usted canta con el alma abierta, canta como una negra...
-Por eso canto como escribe el maestro José Barros: 'Violencia, maldita violencia, por qué no permites que reine la paz, que reine el amor, que puedan los niños dormir en sus cunas, sonriendo de amor'.

 

-Usted es de las que llora cantando...
-Sí, para mí cantar es una declaración de amor; me lo tomo muy a pecho, lo siento, lo vivo, y por eso lo lloro.

 

-¿Cuál es la canción qué más se parece a su vida?
-En diferentes etapas, hay varias que ligan con mi vida, por ejemplo: A la mina no voy, porque la compuso mi ex marido y estuvo mucho tiempo ligada a mi vida. Y también Angelitos negros, que es un tema absolutamente hermoso.

 

-¿Hay algo de su banco genético en las selvas del Atrato?
-No. Yo soy bien valluna, olorosa a caña, y con una gran nostalgia y dolor de la Costa del Pacífico.

 

-¿Qué es ser negra, Leonor?
-Es un compromiso muy grande, porque con toda la segregación tapada que hay en este país, y que la he sentido, me toca cada día demostrarle a la gente el potencial que hay en mí, tanto como artista, como mujer y como ser humano que tiene dolor de patria.

 

-Fuera del arte, de sus hijos, de su canto, de su adorada nieta, ¿qué más puede redimir tanto sufrimiento?
-La soledad y la tranquilidad de conciencia, esa paz interior que no tiene precio. Esa felicidad de saber que he cumplido sin engañar a la gente, y que me he cumplido a mí misma.

 

-¿Por qué no se volvió a casar, Leonor?
-La verdad quedé muy cansada, con muchos miedos, con muchos traumas; tampoco voy a decir que no he tenido ilusiones, porque alma de Sor Teresa de Calcuta no tengo. Soy mujer y como mujer también he vibrado.

 

-¿Y hoy con qué ojos ve a los hombres?
-Mi hijo me dice que a mí qué me pasa, y la verdad es que he entrado como en indiferencia, y como que tengo otras cosas en qué pensar.

 

-Eso se llama sabiduría, Leonor, eso quiere decir que usted está alimentando con lo que ha vivido y con los años, su propia filosofía...
-Es la mejor escuela. Es el resultado de tantas vivencias, donde he podido aprender a seleccionar hasta los amigos.

 

-¿De qué más se ha desprendido?
-De lo único que no me he desprendido es del amor a mis hijos, a mi nieta, a mi familia, y a mis amigos.

 

-¿Qué se siente al tener 70 años?
-Sabe, el día que cumplí 70 años no quería que nadie me llamara, y entonces ese día fue cuando más llamadas recibí; cuando más publicaciones hicieron. Yo quería tener la cabeza debajo de almohada. Yo decía: 'Leonor, ¿70 años? Te estás acercando mucho, mucho a chupar gladiolos'.

 

-Pero no los demuestra...
-A pesar de los dolores y los sufrimientos que he tenido, yo digo, '¡Eh!, Leonor, adelante, tú puedes'.

 

-Déjeme decirle que usted todavía levanta más de un suspiro...
-¡Ay Dios mío!, imagínese, eso sería como volver al kínder (escuela primaria) y tengo mucha pereza.

 

-¿De vez en cuándo se toma un traguito?
-Eso sí. Pero en estos momentos no puedo porque estoy en tratamiento. Sufrí una diverticulitis y afortunadamente mi médico bioenergético me salvó del apuro, y de una operación. Pero, sí, me tomo mis traguitos: un buen vino tinto de vez en cuando, me anima.

 

-¿Por qué se resiste a no estar acompañada?
-Porque me encanta la soledad, me fascina el silencio, y porque vivir con alguien no deja de ser tormentoso. Yo leo, escucho música, pinto, bordo, tejo, hago mi comida, y pienso; pienso mucho.

 

-¿Con qué bolero le gustaría que la despidieran para abordar la nave definitiva?
-No sería un bolero sino muchos currulaos y música guasca; mire esta vaina tan complicada: a mí la música guasca me enseñaron a escucharla en Medellín un grupo de profesores de la Universidad de Antioquia. Y se me metió en el alma.

 

-¿Qué idea tiene de Dios, Leonor?
-¡Ay!, es que ese Señor si es un todopoderoso. Nos aguanta todo, con todas nuestras bondades y nuestras miserias humanas. Como dicen los muchachos de ahora: 'ese Señor es un bacán'.

 

Argenpress - 30/9/2004

Solanas - El estallido social de 2001, detonante de "Memoria del saqueo"

 

 

Stella Calloni

 

Su paso como diputado del Frente Grande -que ya no existe- durante el gobierno del ex presidente Carlos Menem, dejó huella. La advertencia de un certero disparo en una pierna, como sucede cuando alguien se enfrenta con las mafias, demostró que Fernando Pino Solanas era tan peligroso para el sistema en su papel de político, como en el de cineasta. Desde su inolvidable documental La hora de los hornos (1968) con guión de Octavio Getino, que marcó a varias generaciones de cineastas y en sus largometrajes Sur y El exilio de Gardel, entre otros que cautivaron al mundo, Solanas desafía al sistema. Ahora está a la cabeza de los que luchan por recuperar los recursos para el Estado y para el pueblo.

 

Su película Memoria del saqueo registra la historia -investigada con la socióloga Alcira Argumedo- de un "país perdido" desintegrado por dictaduras militares y económicas. Solanas habló con La Jornada en el 20 aniversario del periódico. "Andando por el país me pregunté ¿cómo era posible que Argentina se hubiera convertido en una especie de desierto, donde millones pasan hambre, si es un país tan rico en recursos y puede alimentar con lo que produce a 300 millones de personas en el mundo? Tenía que contar la historia de la gran estafa contra el pueblo argentino durante los últimos 15 años, porque el modelo utilizado para esto era impuesto a todo el mundo".

 

Premiado este año en Berlín con el Oso de Oro, por el conjunto de su obra fílmica, Solanas habla con pasión y sin cortapisas, como lo hacía cuando debió salir al exilio que marcó su vida. "Nunca dejé de filmar, desde aquellos años (1968) en que hicimos La hora de los hornos, jamás dejé de hacerlo. Filmo constantemente. Llevo mi cámara al hombro y registro todo lo que conmueve o ilumina. Así filmé las horas del 20 de diciembre de 2001 cuando ocurrió el increíble estallido social que fue finalmente el aliento para indagar en las memorias del saqueo a nuestro país... También había jóvenes filmando. Eso me impactó y mucho material de aquellos días fue generosamente cedido para lograr la película.

 

-En ese momento se había convertido en el cronista de una gran rebelión contra el modelo neoliberal que conmovió al mundo.

-Sí, era la rebelión y la evidencia del fracaso de ese modelo. Durante 12 o 13 años yo había advertido lo que creía que iba a pasar. En lo único que me equivoqué fue en la dimensión de la catástrofe. Nunca creí que se iba a ir tan lejos ni que finalmente hasta los bancos iban a robar los ahorros a la gente. Pero que Argentina sería vaciada, saqueada, lo dije muchas veces y también me sentí muy solo en algunos momentos. Entonces, cuando sucedió, yo salí a filmar... Fue como una continuidad de La hora de los hornos, en otro tiempo con otro lenguaje más elaborado en este caso.

 

-También habían pasado más de 30 años entre lo uno y lo otro, y la tragedia de la dictadura y Solanas había hecho un largo trayecto cinematográfico y político.

-Sí, estaba todo eso, y la tragedia sobre la tragedia que había significado la impunidad, más memorias y aprendizajes del exilio. Estábamos viviendo el resquebrajamiento nada menos que del modelo neoliberal. Se astillaba el enorme jarrón. Allí estaban los excluidos, los inmensamente pobres, los desocupados, los ahorristas, estaban los que habían creído en el modelo, los que no habían creído, todos juntos. En esos momentos pensaba que no había vuelta atrás, que se estaban sembrando las bases fundacionales de un país nuevo, el que habíamos soñado desde siempre. Habíamos vivido la dictadura (1976-1983) y luego la década (1989-1999)del modelo perverso que destruyó al país, casi hasta la desintegración.

 

-¿Cómo definiría Memoria del saqueo?

-Creo que es la puerta abierta para ir hacia otros grandes temas de la tragedia que se vivió. Cuando filmábamos las ciudades desiertas de lo que antes eran ciudades petroleras, con trabajadores, plazas, escuelas, gente, la vida y veíamos ese viento que golpeaba ventanas cayéndose, puertas abiertas a casas vacías, y los niños muriéndose desnutridos en Tucumán, y las fábricas cerradas, grandes moles, chimeneas sin humo, los campos desiertos y el ferrocarril, con esas líneas trazadas para unir un país, que ahora no llevaban a ninguna parte, todo eso daba la dimensión de la tragedia de esas décadas. Memoria del saqueo no puede explicarlo todo, son varios capítulos, pero cada uno de ellos puede ser abierto y es otra película. La aduana paralela, los negociados, las mafias, pero también ese trabajo silencioso, como el de los médicos en Tucumán, cuyas palabras han quedado grabadas en mi cabeza y tantos otros esfuerzos solidarios que nadie recoge en todo el país.

 

-¿Se refiere a solidaridad y resistencia a pesar del papel de los medios de comunicación para instalar el modelo?

-Sí, en la película hablo de todo eso y creo que sería importante hacer otro documental sobre el militante de esos medios comprados por el poder y el ejército de los nuevos periodistas creados por el sistema, los que vendieron el modelo a sabiendas de sus consecuencias, los que convencieron a muchos de que éramos ineficientes, a pesar de haber construido un país. Los que debían convencernos que el Estado era el culpable. Ese trabajo de confundir y destruir conciencias, culturas e identidades, es algo que merece contarse, porque son responsables también del genocidio. Como también hay que contar la resistencia a la desocupación, a la exclusión, al hambre, a todo, y la resistencia de los medios alternativos. Tengo mucho filmado sobre esto que llamo "la Argentina latente".

 

-¿Cómo analiza el tema cultural dentro de su lucha por la recuperación de la identidad nacional?

-Sostengo que es indispensable el intercambio de producciones con otras zonas del mundo, porque ninguna cultura puede enriquecerse a puertas cerradas, pero también he dicho que ninguna cultura puede justificar con elementos democráticos la ocupación del 80 por ciento de la comunicación mundial. Es genocidio cultural el absoluto predominio de las producciones de Hollywood, que ocupan entre 80 y 90 por ciento de las pantallas del mundo, mientras hay decenas de naciones y pueblos que aún no producen sus propias imágenes y están condenados a ver imágenes, memorias, estéticas, lenguas y gestos que les son ajenos... Yo he dicho hace tiempo que no puede vivir un país sin el espejo de sus imágenes, porque es allí donde vamos a construir nuestra propia identidad, a recrearla. Nunca como ahora ante un imperio que avanza sin tregua necesitamos ser nosotros mismos. Mirarnos en nuestro propio espejo.

 

La Jornada - México D.F., 21/9/2004

Perú - "El cóndor pasa", patrimonio cultural de la Nación

 

 

Pedro Escribano

 

Le alcanzó la justicia. En Perú el Instituto Nacional de Cultura reconoció como Patrimonio Cultural de la Nación a la melodía de motivo andino "El cóndor pasa", del compositor huanuqueño Daniel Alomía Robles. El reconocimiento del INC es "por contener conceptos originales de música y estar dedicada a fortalecer nuestra identidad cultural". Además, añade que esta obra ha "escudriñado la tradición incaica y los aires musicales del Viejo Mundo", y que además ha permitido "contribuir al desarrollo de temas clásicos del folclore nacional". Asimismo, el INC ha reconocido como de interés cultural toda la obra musical de Daniel Alomía Robles.

 

La melodía de "El cóndor pasa" la gente la sabe seguro hasta de memoria, pero no muchos conocerán la historia de su autor: Daniel Alomía Robles, quien nació en Huánuco, el 3 de enero de 1871. Viajó a Lima en 1882, para estudiar secundaria en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Allí conoció a los maestros Manuel De la Cruz Panizo y Claudio Rebagliatti, quienes le estimularon en su vocación musical. Pero a la hora de seguir sus estudios profesionales, Alomía Robles optó por estudiar Medicina en la Universidad de San Marcos. Pero no duró. Abandonó los estudios para dedicarse a la música.

 

El joven músico sintió el llamado del Perú profundo. Y así como lo hizo Arguedas, quien recorrió gran parte del país recopilando cuentos y mitos y leyendas populares, Daniel Alomía hizo lo mismo recogiendo versiones musicales de los pueblos remotos del país. Esa tarea le llevó a los Andes y a la selva. También recorrió la sierra de Bolivia y de Ecuador. Cosecha de esos años de investigación, Alomía Robles extrajo una conclusión, la estructura musical de las melodías de origen andino era pentafónica. Este descubrimiento lo hizo conocer en 1910. En 1911 Alomía Robles viajó a Argentina para presentar la ópera "Illa Cori", que contaba cómo Huayna Cápac había conquistado Quito. Pero su peregrinaje también incluyó Panamá y Cuba. Asimismo, Estados Unidos, país en donde residió durante catorce años. Volvió a Lima en 1933.

 

Además de "El cóndor pasa", ha escrito más de doscientas composiciones, entre ellas "El indio", "Resurgimiento de los Andes", "Amanecer andino", "Danza huanca" y "Alcedo y su ballet". Alomía Robles murió en Lima, el 18 de junio de 1942. Mucho de su obra quedó inédita. Solo a principio de los años 90, Armando Robles Godoy publicó una selección de sus composiciones con el título "Himno al Sol".

 

En 1913, Alomía Robles compuso "El cóndor pasa" para una zarzuela que se estrenó en el Teatro Mazzi, ubicado en la plaza Italia, en Lima. Dada la acogida de la pieza musical, fue tomada por grupos e intérpretes de música popular andina. Así, un grupo denominado "Los Inkas" lo ejecutó en un teatro de París por los años sesenta. Paul Simon, el músico popular norteamericano, se interesó por la melodía y propuso comprarla. "Los Inkas" adujeron, tal vez por ignorancia, de que se trataba de una composición musical popular del siglo XVIII anónima. Simon la tomó y grabó el disco "Puentes sobre aguas turbulentas" en donde se incluía "El cóndor pasa" con la letra que él compuso. Pero en 1970, previas demandas y juicios, el cineasta Armando Robles Godoy, con pruebas al canto, demostró que la autoría de "El cóndor pasa" correspondía a su padre, quien en los años treinta ya la había patentado en Estados Unidos como melodía suya.

 

El cóndor pasa

 

Oh, majestuoso cóndor de los Andes,
llévame a mi hogar, en los Andes, oh cóndor.
Quiero volver a mi tierra querida y vivir con mis hermanos incas,
que es lo que más añoro, oh cóndor


Espérame en Cuzco, en la plaza principal,
para que vayamos a pasearnos a Machu Picchu y Huayna-Picchu

 

La República - Lima, 13/4/2004

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