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Débora Arango: crítica, autónoma y libertaria
Los artistas son generosos y afortunados. Se mueren, pero su obra los vuelve inmortales. Débora Arango vivió para pintar realidades. Antes del final de su larga existencia de 98 años nos dejó buena parte de sus pinturas en el Museo de Arte Moderno de Medellín, para el disfrute, la admiración y la reflexión de colombianos y extranjeros. Recibió los homenajes de las autoridades y de la sociedad que desfilaron en los últimos años por su residencia de Casablanca. La historia dirá que fue la mejor pintora colombiana del siglo XX y que su perfil lo pintan su crítica sin tregua, su autonomía valiente y su talante libertario.
La artista de los rasgos originales le aprendió al maestro Eladio Vélez los secretos del dibujo y al maestro Pedro Nel Gómez la vitalidad, el colorido, la dinámica de sus formatos. Muchos críticos dicen que superó a sus dos maestros por la sensibilidad por los colores y sobre todo porque le imprimió fortaleza a su pincel para que no se dejara guiar por emociones retóricas, prefirió pintar la realidad, desnuda, cruda y descarnada. "Su obra es símbolo de angustias y penalidades... le interesó la vida, mientras las señoras de su época se preocuparon por pintar flores", dice Alberto Sierra, curador de arte. Su inicio fue tormentoso por la intolerancia de algunos. Por sus desnudos le llovieron críticas, insultos y soledades. Las polémicas crecieron y se propagaron. Algunas posiciones, a favor y en contra de la artista, se radicalizaron. El diario bogotano El Siglo publicó un artículo titulado El expresionismo como síntoma de pereza e inhabilidad en el arte, quizás para contrarrestar la crítica social y la denuncia de la joven pintora antioqueña.
Gozó del respaldo de sus padres, no de todos sus hermanos, quienes incluso la censuraron por sus obras en aquella primera época de pintora independiente y temática un tanto alejada de las costumbres morales. "El arte no es moral ni inmoral. Sencillamente no intercepta ningún postulado ético", respondía a sus adversarios gratuitos e interesados. Profundamente humanista retrata la condición del hombre y la mujer a merced de las vicisitudes. Abandono, cinismo, angustia, huida, levitación, trata de personas, violencia, muerte, adolescencia, trabajo, retorno, maternidad y silencio, son algunas de las expresiones trazadas magistralmente.
La crítica y la denuncia social rubrican buena parte de su obra desde un inicio. Muchos no le perdonan su actitud polémica e inconforme. Aun recibió anónimos insultantes en 1975 cuando expuso en la Biblioteca Pública Piloto una selección de sus pinturas. En 1984 la Gobernación de Antioquia, por intermedio de la Secretaría de Educación y Cultura, le entrega el Premio a las Letras y las Artes. Luego recibe la Cruz de Boyacá en 1997 y el título Honoris Causa de la Universidad de Antioquia en 1995. Exhibió con coraje sus convicciones artísticas y conceptuales. Pintó sin miedos, sin censuras ni autocensuras. Se expresó con dolor pero sin lágrimas. Débora Arango nos deja lecciones de autenticidad, coherencia, realismo y compromiso social. Su obra queda como ejemplo de sincretismo pictórico de los maestros Gómez y Vélez y su vida como constancia de inspiración vital, crítica, autónoma y libertaria, más que suficiente para entrar al reino de la inmortalidad.
El Colombiano - Medellín, 5/12/2005 |
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100 muñecas de colores. Memoria del terremoto
Fabiola Palapa Quijas
Con hilos invisibles, las costureras del sindicato 19 de Septiembre fueron hilvanando sueños y esperanzas luego de la devastación que dejó en la ciudad de México el terremoto de 1985. Ponían ojales y botones a sus recuerdos, los cuales quedaron reflejados en la confección de muñecas de trapo. Después de 20 años, el grupo Lucha y Victoria, así como el voluntariado de la Delegación Coyoacán (México D.F.), presentan la exposición titulada 100 muñecas de colores. Memoria del terremoto, en la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles. A raíz de esa tragedia, las trabajadoras textiles quedaron desempleadas así que aprendieron a elaborar muñecas y a zurcir sus historias en un pequeño taller instalado en el Claustro de Sor Juana.
Tessa Brisac y Beatriz Ramírez, al igual que artistas y diseñadores se solidarizaron con las costureras en la confección de los 300 modelos de muñecas. Queremos celebrar 20 años de estos recuerdos -señala Ramírez- para mostrar la capacidad creativa de las mujeres y aspectos importantes como la solidaridad y el hecho de creer en nosotras. "Las muñecas que se exhibirán representan la vitalidad. Simbolizan la capacidad de renacer, de emprender una nueva vida después de una tragedia", agrega Tessa Brisac. En las primeras muñecas que se elaboraron, continúa Brisac, había tristeza y angustia, pero ahora al verlas nuevamente, lo que reflejan es vitalidad, solidaridad y creatividad, algo que no se puede perder, por eso es la idea de celebrar esos 20 años. Brisac considera que la solidaridad que surgió tras los sismos, se necesita en estos tiempos de desastres naturales. "Hace falta que cada persona aporte lo que sabe hacer, pues no basta con un poco de dinero y compasión. Es sorprendente que la historia de las muñecas es una historia no escrita. Al tener presentes estos objetos, de alguna manera están relacionados con la historia de las costureras. La exposición en la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles es el rescate de esa historia", explica Beatriz Ramírez.
Las costureras trabajaban puntada tras puntada hasta que el último detalle quedara listo, pues no sólo participaban en la confección, sino en la creación misma del modelo. Y aunque se realizaron varias muñecas del mismo modelo, explica Tessa Brisac, al final fueron diferentes porque a la hora de hacerlas, las costureras utilizaron telas distintas, la expresión de la cara, el tipo de cabellera. Para el montaje de la exposición, Ramírez y Brisac lanzaron una convocatoria para reunir las muñecas creadas de diciembre de 1985 a diciembre de 1990. Las organizadoras recibieron prestadas alrededor de 122 figuras, entre las que se incluyen 15 del artista Vicente Rojo, algunas de la fotógrafa Lourdes Almeida y del pintor Miguel Castro Leñero. Una compañera costurera de la cooperativa, agrega Beatriz Ramírez, encontró en el fondo de un baúl 40 muñecas incompletas, pero las queremos tal cual, ya que por alguna circunstancia no se terminaron. Eso es parte del recuerdo y deseamos presentarlas así. "Hay personas que nos prometieron prestar sus muñecas para próximas exposiciones, debido a que se exhiben en otras partes". Las muñecas estarán acompañadas por textos sobre el terremoto y las experiencias de las trabajadoras textiles. También se incluirá la historia de los sindicatos de costureras, así como fotografías del primer lugar donde se realizaron las muñecas cuando todavía no existía la cooperativa.
La Jornada - México D.F., 2/12/2005 |
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Abstracto en concreto
Arturo Jiménez
Todavía no cumple un año como espacio independiente para el arte y la cultura, y el proyecto de la Casa Tomada, ubicada en el callejón de Romita número 8, colonia Roma (México, D.F.), ya desbordó los límites de su domicilio para comenzar a expandirse a la calle en la forma de nueve murales. El 23 de septiembre ese nuevo momento del proyecto, llamado Abstracto en concreto, fue inaugurado tras varios meses de trabajo sobre los muros del callejón de nueve artistas, quienes enriquecieron su experiencia al convivir con los vecinos de ese barrio, donde la Inquisición quemó brujas y Luis Buñuel filmó Los olvidados. Esos jóvenes artistas plásticos son Daniel Zamityz, Sergio Melo, Manuel Díaz, Said Dokins, Miguel Angel Ramos, Flavio Montessoro, Roberto Archundia, Rodolfo Domínguez y Felipe Reissenweber, quien dijo que una de las aspiraciones de la Casa Tomada es formar parte del barrio de la Romita.
La inauguración, que fue copada sobre todo por jóvenes que se apretujaron en el pequeño patio, los pasillos y las estructuras de metal de niveles superiores, fue avalada por el escultor Sebastián y el político Gilberto Rincón Gallardo, integrante del consejo directivo de la Casa Tomada, junto con su hija Lídice, Silvia Pavón, Faritz Yanahina y Adolfo Grego Micha. Rincón Gallardo habló de la importancia de un microespacio que surge de la sociedad para expandirse y de los fantasmas que, desde la Colonia, pueblan ese viejo barrio. Sebastián dijo que si no se cuenta con el apoyo de las autoridades, los artistas saben que con una férrea voluntad pueden crear espacios para el arte y la cultura, como la Casa Tomada y su callejón multicolor. "La idea es que tanto la gente de la Romita como la que asiste a las actividades artísticas de la Casa Tomada se integren y puedan caminar por el barrio libremente y a gusto", dice Yanahina, responsable del proyecto con Adolfo Grego Micha, quien gusta de interpretar personajes extrovertidos en cualquier tiempo y lugar. "El proyecto Abstracto en concreto nace de lo urbano, del proceso individual hacia fuera con un objetivo: la expresión del lenguaje callejero plasmado en el callejón de Romita para su propio rescate", escribe Yanahina en un documento.
La Jornada - México D.F., 25/9/2005 |
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Arte sin Techo
''Estaba destrozado y no quería vivir… con la escritura, el teatro y la pintura volví a la vida'', explica Arnaldo el Chaca Ponce. ''Cuando no tenía más nada en la vida aparecieron los colores'', corrobora Juan Carlos Núñez. Ambos son pintores de calle, personas sin hogar que gracias a la cooperativa Arte sin Techo han podido impulsar su reintegración social. El origen de esta iniciativa se encuentra en el programa Camino de los Murales, impulsado hace dos años por el ayuntamiento de Buenos Aires para decorar las paredes de la ciudad que se encontraban más degradadas por la humedad, los graffittis y antiguas pintadas políticas. Para este objetivo buscaron la colaboración de muralistas, estudiantes de arte y personas sin hogar, un colectivo este último que ha crecido debido a la crisis económica que afecta al país. Actualmente, en la capital argentina se calcula que hay más de 3.500 personas que viven sin techo y sin trabajo. ''La canalización de sus angustias y desesperanzas por medio de la expresión artística es el primer motor para devolverles dignidad, expectativas en el futuro y energía para desarrollar una actividad que los lleve a integrarse plenamente a la sociedad y dotarlos asimismo de un oficio'', explican desde la web de Arte sin Techo. El programa ha logrado reinsertar socialmente a través de la cultura a varios excluidos sociales.
Actualmente se han realizado ya los primeros doce murales distribuidos en cuatro ''caminos de arte y esperanza'' que recorren la ciudad. Pero éste es sólo un primer paso: otras organizaciones vecinales, escuelas y entidades privadas han encargado ya nuevas pinturas. Ante el aumento de la demanda y el crecimiento del programa Camino de los Murales, se hizo necesario poner en marcha la cooperativa Arte Sin Techo. De cara al futuro, esta cooperativa pretende también dar cabida a otras disciplinas artísticas -escultura, teatro, imagen- como herramientas de reinserción e impulsar microiniciativas individuales o grupales que les permitan autonomía económica (imprenta, fábrica de bastidores y atriles, estampado en telas...). Además de proporcionar formación artística, Arte sin Techo persigue también llevar a cabo formación social para que estas personas puedan actuar como futuros operadores de calle que ayuden a reinsertar a otros sin hogar.
Adital - 15/6/2005 |
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Celebra un mural ''la imaginación'' del zapatismo
Merry Mac Masters
El mural Sueño y pesadilla del poder, realizado en 2000 por Antonio Ramírez Chávez (DF, 1944), se inauguró en la Casa del Arte de Ciudad Guzmán, Jalisco (México). Pintado al fresco, en un cuadrángulo al borde del patio central, en un área de 135 metros cuadrados, el mural es un encargo de la Universidad de Guadalajara, en la tierra de José Clemente Orozco. Como su título indica, la obra intenta un retrato del ''poder'' y es una reflexión artística dedicada al movimiento zapatista que, desde el primero de enero de 1994, ''ha luchado con gran imaginación política y poética, sacudiendo a millones de conciencias en México y el mundo'', expresa Ramírez.
Al recibir el encargo, el artista tenía tiempo de trabajar sobre una serie de figuras y temas que lo remitían a la imagen del poder, como la televisión y las fuerzas represivas, que retomó para plasmarlas en los muros. Junto con el goce de las formas y los colores, la intención de Ramírez fue aportar elementos para reflexionar sobre la realidad. Pero al trabajar el mural advirtió que ''rendía un homenaje al movimiento zapatista que tanto nos conmovió. Aparte de la justicia que implica su lucha, está cargado de imaginación y tiene un discurso poético, algo muy novedoso dentro de los movimientos políticos y sociales en el mundo''. Además de las imágenes dramáticas, para Ramírez el mural es de alguna manera optimista, porque al final de cuentas se carga más sobre ''la pesadilla del poder, que acerca de su sueño de dominio eterno y total''. Cuando este artista habla de poder -mediante la pintura, aclara- es en sus múltiples formas: económica, religiosa o política. Asimismo, espera transmitir aunque sea ''una pequeña parte de esta emoción que nos ha provocado un movimiento como el zapatista'', no obstante que el tema siempre le pareció ''muy peligroso'', por el riesgo de caer en el panfleto.
Antonio Ramírez trató de hacer ''una especie de metáforas pictóricas, que a nivel sensorial nos llenaba de un deseo de seguir viviendo y transformando la realidad en la medida de nuestras posibilidades, algo que no es fácil, porque es casi lograr una utopía mediante el arte''. En el tablero poniente está el sueño o la construcción, precisamente, de la utopía: ''A las grandes figuras que yacen sobre la arquería, las envuelven pesadas nubes que no son otra cosa que los sueños de los dioses. Los pueblos sueñan y su soñar es el anhelo colectivo de un mundo mejor. El viejo Antonio, maestro del subcomandante Marcos en la selva Lacandona, un día le dijo a éste que cuando los hombres y las mujeres verdaderos dicen 'vamos a soñar', dicen y se dicen: 'vamos a luchar' ''.
La Jornada - México D.F., 25/3/2005 |
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...Y el espacio se cerró en silencio
Rivera Westerberg
Construyó una obra -la palabra es exacta- monumental. Atrapó, Jesús Soto, el movimiento, el color y la luz que lo refleja y el espíritu de su época -la nuestra- sin olvidar sus raíces plantadas lejos, donde el Orinoco se apresta a fundirse con la mar. Murió el artista y buena parte de América, y no sólo América tal vez, quedó sin palabras.
Hacia 1950 el joven artista de 27 años llegó a París. Como muchos otros latinoamericanos necesitaba el desahogo de lo extraño para convertirlo en propio; no renegaba de sus estudios de Bellas Artes en Caracas. Tampoco quería olvidar la región donde había nacido. De hecho el Museo de Arte Moderno de Ciudad Bolívar -enclavado entre la vieja y la nueva ciudad- lleva su nombre y allí está lo mejor de su trabajo. En 1947 terminó sus estudios en la capital venezolana. Pudo haberse conformado con el ámbito de la vida cultural y artística de América del Sur, pero buscaba otra cosa. Quería más. Necesitaba ver más, confrontar y enfrentarse. Tocó la guitarra en las calles de París para pagarse nuevos estudios. A los treinta años el artista es lo que proclamó Vicente Huidobro era el poeta: un pequeño dios. Los dioses, aunque sean pequeños no se arredran: en 1969 la sede parisina de la UNESCO luce dos murales que le pertenecen. Para entonces su obra ya era universal. ''Fue uno de los pilares del arte del siglo XX'', dijo tras su muerte, el 14 de enero de 2005 y su funeral el 19, su amigo, colega y compatriota Carlos Cruz-Diez. ''Yo siempre lo admiré. Soto ha hecho una obra sumamente original, una obra que cambió el discurso de la pintura y que marcó a las jóvenes generaciones''.
Soto llamó estructuración cinética a su arte: la superposición de elementos que define la mayor parte de su obra: líneas rectas y espirales, fondos de madera juegos del paso de la luz que recrean movimientos -o galaxias-. La Reja de hierro, exhibida en la Exposición Universal de Bruselas, en 1958, consolidó esta forma de expresión artística ''que inquieta la visión con el fin de dinamizarla'', según dijo después. ''Soto ha propuesto la participación física del espectador, y así se aprecia en sus penetrables, obras destinadas a que el público tenga una experiencia viva con sensaciones táctiles y auditivas'', señaló El Universal de Caracas.
Piel de Leopardo - 20/1/2005 |
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Reaparece en Miami óleo de Diego Rivera
Merry Mac Masters
Hace 60 años Diego Rivera pintó el cuadro de grandes dimensiones In vino veritas, de 1.11 por 2.71 metros, cuyo modelo desnudo y voluptuoso fue nada menos que una inquieta y atrevida joven de la alta sociedad bostoniana, Lucy CZ Cochrane, que, a pesar del escándalo suscitado, incursionó en Broadway en una reposición del espectáculo Ziegfeld Follies, pretendió entrar al cine hollywoodense y viajó a México en busca de fama, la cual consiguió. Entre los rumores surgidos en torno al óleo de tamaño mural, se llegó a decir que adornó las paredes del famoso bar Ciro's, del desaparecido hotel Reforma. Sin embargo, cuando CZ se casó con el acaudalado Winston Frederick Churchill Guest, se dice que el heredero del emporio acerero Phipps, que tenía negocios en México, mandó a sus agentes a comprar el cuadro, a cualquier precio, y acabar con él. Pero In vino veritas no se destruyó, supuestamente porque CZ insistió en encomendarlo a una amistad que lo mantendría fuera de la vista. Y así fue hasta que Winston Guest murió, en 1982. De nuevo se rumoró que los Guest tenían problemas financieros, por lo menos para mantener su costoso nivel de vida, porque en 1986 el cuadro fue subastado en Sotheby's (tiene un valor de un millón y medio de dólares) de Nueva York, y la consignataria era la familia Guest, aunque en el momento su nombre se mantuvo en secreto.
Los actuales propietarios, impresionados por la obra y divertidos con su historia, compraron el cuadro pero de inmediato lo almacenaron. La pintura salió de nuevo a la luz en 1988, cuando fue prestado a un museo de Brooklyn como parte de la exposición itinerante El espíritu latinoamericano. La muestra fue vista en varios museos pequeños de Estados Unidos durante un periodo de dos años, al término del cual el cuadro fue guardado de nuevo, hasta 2004. Una pequeña fotografía del óleo, que no le hace justicia, con su ficha respectiva, aparece en el enlistado Diego Rivera. Catálogo general de obra de caballete (CNCA/ INBA, 1989). Fueron los dueños de la Galería Arvil, de la ciudad de México, Armando Colina y Víctor Acuña, quienes se toparon con el cuadro en la sala de una casa particular en Miami, Florida. Junto con la periodista estadunidense Sondra Schneider, quien investigó la historia de la pieza, lograron su exhibición en el Museo Bass de Arte, en Miami Beach. CZ se libró de verse exhibida de nuevo, ya que falleció en 2003, a los 83 años.
Dado su gran formato, In vino veritas se exhibe en el pasillo de entrada del museo. Pero este hallazgo, ¿cómo incide en la producción de Rivera? ''Es importante saber que la obra existe'', apunta Colina. Es, además, un cuadro ''espectacular y muy bien pintado. Es un retrato, pero al mismo tiempo no lo es porque CZ es simplemente el modelo. Es un Venus en el estilo clásico''. Todavía no está claro el destino de la pintura en México; no obstante, en 1943 Rivera había pintado una serie de murales para el bar Ciro's, cuyos protagonistas eran mujeres desnudos, aunque el retrato de CZ no formó parte de la lista. Para Schneider, sin embargo, en uno de los murales, Champaña, una de las figuras parece tanto a los ''senos redondos y perfectos de CZ, pequeña cintura y cabello rubio, como visto en In vino veritas, que no puede ser sólo una coincidencia''. Continúa: ''El dibujo original al carbón para el cuadro emplea un modelo evidentemente diferente, de manera que es posible que Rivera también trabajaba en el retrato de CZ -o sobre ésta- al mismo tiempo y retomó su cuerpo sin su conocimiento o consentimiento''.
Rivera, por su parte, se refirió a esas pinturas como sus pin-up girls (chicas del calendario); inclusive afirmó haber desarrollado una manera única e inovadora de crearlas, que llamó su estilo cantina. En el libro Diego Rivera, mi vida, mi arte (1963), de G. March, el muralista dijo: ''Mis modelos no fueron modelos profesionales para artistas. Por el contrario, pertenecían a las más ricas familias de México. Y todas confesaron la misma razón para querer ser pintadas desnudas en la pared de una cantina: un deseo de estar eternamente desnudas en un recinto iluminado de una manera provocadora donde los hombres las desearan sin inhibiciones. Consciente de la pasión que despertaba su cuerpo, cada una se sentiría siempre deseable, a pesar de los cambios y finalmente de los deterioros de la edad. En mis óleos permanecería joven para siempre''. En el único comentario hecho por CZ, por lo menos en público, señaló que Rivera ''fue muy amable, y yo me volví famosa''.
La Jornada - México D.F., 4/1/2005 |
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