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Nueva mirada al comunismo en Latinoamérica
Blanche Petrich
En 1993, recién disuelta la Unión Soviética, el nuevo presidente ruso Boris Yeltsin nombró a un general del ejército rojo, Dimitri Volkogonov, al frente de los enormes archivos secretos que por décadas habían resguardado los entretelones de la historia de los movimientos comunistas de todo el mundo, en Moscú. Parte de la historia del Partido Comunista Mexicano también estaba ahí, cautiva de la burocracia soviética. Investigadores de todo el mundo, pero sobre todo de la CIA y agencias similares, académicos conservadores, historiadores convencidos de la superioridad del capitalismo, caían en esa época como langosta sobre los anaqueles del archivo recién abierto. Y más que una divulgación objetiva de esa compleja historia, empezaron el saqueo y la manipulación.
Elvira Concheiro, ex militante del PCM y estudiosa de ese movimiento, fue enviada por el antiguo líder Arnoldo Martínez Verdugo a recuperar documentos históricos del hoy extinto partido de la hoz y el martillo. Volkogonov, quien con el tiempo se hizo historiador y publicó sus versiones de marcado corte anticomunista sobre Trotsky, Stalin, Lenin y el "imperio soviético", administraba la apertura con el sesgo de la intención política del nuevo régimen. "Pude presenciar cómo empezaban a aparecer documentos que inculpan a militantes de todo el mundo como empleados de la KGB; sale cantidad de información que sólo narra los horrores del régimen, toneladas de textos que dan fe del fracaso de las revoluciones. Documentos de gran valor se vendían en dólares y se usaban para falsear la historia del comunismo". En los noventa centenares de libros fueron publicados en Europa y Estados Unidos con material de estos archivos que era seleccionado y desclasificado con toda la intención de argumentar a favor de lo que entonces se presentaba como el triunfo del Occidente capitalista en la llamada guerra fría. Pero Concheiro encontró, entre el oportunismo del viejo asesor de Yeltsin y la ambición de los archivistas que veían en ese montón de papeles una pequeña fuente de dólares, a otros empleados que entendieron la necesidad de rescatar el valor de esas historias. Como fue el caso de aquella bibliotecaria, ya anciana, que apenas saber que Concheiro venía de México, la llamó a gritos en español: "¡Ven, que te voy a leer algo!" Y empezó a leer en voz alta una página al azar del diario que escribió Alexandra Kolontai, la primera embajadora de la historia, "la bolchevique enamorada", recién llegada a México en 1928. Eran sus primeras impresiones en el recorrido de tren de Veracruz a la capital.
Elvira Concheiro, doctora en historia y académica del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de Ciencias y Humanidades de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), hace este breve paréntesis sobre los archivos secretos soviéticos para llegar al punto de partida de la entrevista. "En general los comunistas latinoamericanos, pero en particular los mexicanos, no hemos contado aún nuestra historia. En Estados Unidos y Europa hay grandes cantidades de estudios sobre la materia. Aquí son pocos. Existe el Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Social que fundó Arnoldo Martínez Verdugo y que publica la revista Memoria; hay algunos historiadores, investigadores, pero trabajan aislados, de manera marginal". Para saldar ese vacío, ella y otros investigadores -Massimo Modonesi, Horacio Crespo y Ricardo Melgar- concibieron y organizaron el coloquio internacional El comunismo: otras miradas desde América Latina, (México, D.F., 7-11 de noviembre).
"Si no hacemos un ajuste de cuentas con nuestra historia difícilmente vamos a poder superar el horror del capitalismo que estamos viviendo hoy", sostiene. Confía en que durante el debate de esta semana surja un boceto de lo que ha sido la historia de los movimientos comunistas de América Latina, "un bagaje con toda su riqueza, pero también con sus errores y horrores". Afirma que en esta región la izquierda socialista y comunista tiene como ventaja una perspectiva "menos amarrada ideológicamente", con sociedades muy movilizadas y vitales y con aportes como el de la Revolución Cubana, que partió de una visión heterodoxa, lejos del verticalismo del PCUS soviético. "Es un esfuerzo académico que busca remediar la ausencia de estudios serios y rigurosos sobre esta materia. A los investigadores latinoamericanos nos ha sobrado ideología, pragmatismo, improvisación y rollo". Reconoce que se trata de una experiencia histórica muy ajena, lejana en el tiempo y en su comprensión, de las nuevas generaciones. "Sí hay una brecha generacional. Los chavos ven esa historia, si acaso, como una utopía irrealizable. Ni siquiera la caída del Muro de Berlín y la disolución del bloque socialista son un referente. Pero esa historia, aunque la desconozcan, también les pertenece. Ellos deben saber que aprender esos experimentos puede ayudar a superar lo de hoy. Pero no para repetir la historia, sino para hacer algo diferente. A final de cuentas, 200 años después de las primeras ideas comunistas, la igualdad y la no explotación son nuestra motivación central. Lo que quisiéramos romper es la brecha generacional. A los jóvenes es a quienes dedicamos este coloquio. Estos que ignoran, por ejemplo, que en Europa y en América Latina, en décadas pasadas, la intelectualidad -con excepciones, claro- pasó por los movimientos comunistas y socialistas y por la literatura marxista. No queremos ocultar que ocurrieron cosas terribles, que hubo un Stalin, un Pol Pot en Camboya, Albania. Pero queremos que las nuevas generaciones recuperen en toda su riqueza lo profundo y trascendente que hubo en las revoluciones rusa, china, vietnamita. Todo eso nos lo están arrebatando con una visión maniquea".
Concheiro no admite que sea un pensamiento desfasado: "En este momento de gran dinamismo, todos los grandes movimientos sociales de América Latina se reivindican como anticapitalistas, pero no hay una revisión del movimiento comunista, aunque hay un rencuentro con Marx. Esta revisión es necesaria". Lo que los organizadores esperan del Coloquio, concluye, es que se despierte el entusiasmo para que esta discusión, que es una asignatura pendiente, arraigue y continúe. El objetivo final es la fundación de una red de estudios sobre el socialismo y el comunismo en América Latina, "un punto de encuentro para quienes reconstruyen lo que fue el comunismo y también lo que no fue".
La Jornada - México D.F., 7/11/2005 |
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Trotsky asesoró al gobierno cardenista
Angel Vargas
Entre los aspectos poco conocidos del exilio de León Trotsky en México, destaca la asesoría que brindó al gobierno de Lázaro Cárdenas para consumar la expropiación petrolera, efectuada en marzo de 1938. Así lo señaló la historiadora Olivia Gail, quien precisó, sin embargo, que tal consulta se dio de manera indirecta, toda vez que el líder revolucionario ruso y el presidente mexicano nunca se entrevistaron, ni siquiera cuando éste le otorgó asilo político en territorio nacional, en respuesta a la petición que en 1936 le hizo el muralista Diego Rivera. El contacto, aclaró la especialista, fue directamente con el general michoacano Francisco J. Mújica, secretario de Estado en la administración cardenista (Defensa y Comunicación y Obras Públicas) y uno de los redactores del Manifiesto a la Nación en que se dan a conocer las razones para nacionalizar el petróleo, hasta entonces en poder de compañías inglesas y holandesas. Aunque el documento con las observaciones y comentarios hechos por Trotsky sobre ese tema permanece desaparecido hasta la fecha, la asesoría del político ruso fue uno de los aspectos que le costaron la derrota a Mújica en sus aspiraciones de suceder a Lázaro Cárdenas en la Presidencia de la República, al ser acusado de mantener ligas trotskistas, agregó.
Durante la mesa redonda León Trotsky en México, efectuada el 12 de agosto en la sede de la delegación Coyoacán (México D.F.), Olivia Gail rememoró el importante papel desempeñado por intelectuales y artistas mexicanos, tanto para la llegada del político ruso al país como durante los tres y medio años que vivió aquí hasta que fue asesinado por Ramón Mercader del Río, el 20 de agosto de 1940. Mencionó al grupo de Los Contemporáneos, Luis Cabrera, pero sobre todo destacó las figuras de Diego Rivera y Frida Kahlo, en casa de quienes Trotsky vivió dos años; además de que con Diego, aprovechando la visita de André Bretón a México, redactaron los tres el manifiesto por un arte revolucionario independiente. Otro de los puntos resaltados por la historiadora es el poco conocimiento que existe sobre el triunfo legal de una comisión integrada en Estados Unidos en 1937 para defender a León Trotsky de dos procesos que se le siguieron en Moscú. Integrada por una decena de personas, está comisión se reunió durante 13 sesiones en México, en abril de 1937, y a finales de ese año obtuvo el fallo a favor para el inculpado. Sin embargo, enfatizó, fue un hecho que pasó prácticamente desapercibido "porque el mundo ya se había derechizado". De acuerdo con Gail, "la triste historia de guerras entre la izquierda marcó la estancia de Trotsky en México". En específico se refirió a las confrontaciones entre trotskistas y el Partido Comunista. Más adelante, señaló que durante sus tres y medio años de estancia en México, el ideólogo aprovechó el tiempo, entre otros aspectos, para escribir varios análisis sobre el país, algunos de ellos sobre el régimen cardenista, al que calificó como uno de los más valientes y honestos.
La Jornada - México D.F., 14/8/2005 |
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El triunfo de las ideas
Monica Mateos-Vega
Antes de Emiliano Zapata y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) existió un guerrillero indígena que, cansado de las vejaciones contra su pueblo, tomó las armas y combatió a las autoridades que se negaron a escucharlo. Se trata de Francisco Tenamaztle. Su historia no es reciente. Ocurrió hace 464 años y ahora es redescubierta por Miguel León-Portilla en un libro, en el que lo ha bautizado como el ''primer guerrillero de América, defensor de los derechos humanos. Un personaje admirable''. En entrevista con La Jornada, el historiador señala que es indispensable difundir estas historias para aprender a convivir con el pensamiento indígena y respetarlo. ''Tenamaztle es un símbolo. Aunque en los hechos no pudo liberar a su pueblo, porque no quiso seguir estando perseguido como un conejo, se entregó y fue deportado a España. Pero resistió. No fue vencido nunca. Fue a alegar a Valladolid en favor de los suyos, con la ayuda de fray Bartolomé de las Casas. Su lucha en busca de la justicia para su pueblo continuó y sigue en el terreno de las ideas. Espero que Tenamaztle se convierta en libro de cabecera del sup Marcos, para que vea cómo argumentaron Las Casas y el combativo indígena en favor de los oprimidos, inclusive ante el rey de España''.
Apoyado con documentación de primera mano, León-Portilla narra en su libro que en 1541 Tenamaztle luchó en tierras zacatecanas y jaliscienses contra los encomenderos, venciendo al mismísimo Pedro de Alvarado. Luego, en calidad de prisionero fue enviado a España, donde conoció a fray Bartolomé de las Casas, quien lo apoyó en la defensa que de sí mismo hizo el indígena ante autoridades reales. ''Fray Bartolomé le enseñó a Tenamaztle todo el esquema jurídico, y él le dio al padre todas sus vivencias y el corazón. En su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Las Casas incluye gran cantidad de frases que se parecen mucho a las que usó en la defensa de Tenamaztle. Aún hoy, en Madrid, muchos creen que fray Bartolomé es enemigo de España, porque denunció los crímenes cometidos por los conquistadores. Pero él es una gloria enorme de ese país. Ni Francia, ni Inglaterra ni Estados Unidos tienen a alguien así, que se atreva a denunciar, públicamente, las injusticias. ¿Quién ha denunciado lo de Irak, a gritos, frente al presidente George Bush? Nadie. No se atreven. Fray Bartolomé defendió a los indígenas frente al propio emperador''.
El autor de Visión de los vencidos señala que no es una coincidencia que la historia de Tenamaztle se parezca tanto a la lucha por la tierra encabezada por Zapata, o a la irrupción del EZLN. ''¿Es lícito tomar las armas y rebelarse? El ideal es que no haya necesidad de hacerlo. Pero es el último recurso que tienen los indígenas para defender sus derechos. Hasta en la Iglesia católica ha habido teólogos que han defendido el tiranicidio. Claro, al tirano no hay otra manera de quitarlo más que matándolo. Es muy triste que se tenga que recurrir a las armas, pero ha sucedido'', puntualiza. No obstante, León-Portilla resalta que ''los indígenas tienen gran sentido del consenso. Cuando eligen a una autoridad, no escogen al mejor, sino al más aceptable para todos, porque tal vez el mejor puede ser rechazado por un grupo. Entonces prefieren buscar un consenso, aunque tarde mucho, lo cual tiene gran sentido ético. Pero claro, llega un momento en el que ya no es posible tener paciencia y tienen que levantarse''. Por eso, ''para el EZLN fue peor el remedio que la enfermedad, cuando el Congreso hizo una reforma constitucional en materia indígena, pues los legisladores se alejaron totalmente de los acuerdos de San Andrés Larráinzar; fue una bofetada, una burla. El Congreso no hizo una reforma como se le pedía, sino una especie de mamarracho de reforma. En los acuerdos de San Andrés nada hay que no sea justo o razonable. Muchos temen a la autonomía porque la confunden con la soberanía. Lo que piden los pueblos indígenas es autonomía, el derecho a gobernarse en los asuntos de su interés. La soberanía es la capacidad de una nación para usar el poder en favor de sí misma, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Los zapatistas no quieren ser otro país. Ellos dicen: 'nunca un México sin nosotros'. Ellos no quieren la soberanía, sería una locura. Quieren la autonomía. De hecho existen pueblos indígenas que tienen ya autonomía, como los yaquis, en Sonora, que viven en los territorios que les reconoció el presidente Lázaro Cárdenas, porque se mantuvieron en plan de guerra contra el gobierno federal durante muchos años. Es justo que el destino de los pueblos indígenas dependa de ellos, y que el Estado les quite los obstáculos. Hay pueblos que mantienen identidad y lengua hasta hoy, como los tzeltales, los tojolabales. Otros han preferido el mestizaje, también es su derecho''.
León-Portilla recuerda que cuando publicó su libro dedicado a la filosofía náhuatl ''muchos creyeron que estaba loco''. Es común que se desdeñe el pensamiento indígena, deplora. Inclusive ''conozco a un estudiante de doctorado cuya tesis es en torno al pensamiento filosófico tzotzil, la cual es dirigida por Luis Villoro; yo seré sinodal. El muchacho me dice que algunos lo cuestionan negando la existencia de una filosofía tzotzil. Yo le aconsejo: 'diles que los imbéciles son ellos' ''.
El libro que León-Portilla, hace 10 años, tituló La flecha en el blanco, ahora en su segunda edición se presenta como Francisco Tenamaztle. Primer guerrillero de América, defensor de los derechos humanos (Diana); ''tiene un pegue tremendo'', dice entusiasmado. La argumentación de Tenamaztle durante su defensa en Valladolid está vigente. Por ejemplo, la tradición conserva el grito de guerra de esos rebeldes en lengua náhuatl, idioma que muchos hablaban: ¡Axcan quema, tehuatl, nehuatl! (''¡Ahora sí, tú o yo!''). ''Tenamaztle no triunfó, pero sí logró hacerse oír. Muchos de sus postulados son precursores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, promulgada por la ONU en 1948. A la postre, el triunfo de las ideas suele ser más importante que otras victorias. Las ideas quedan. Por eso espero que el EZLN se haga oír. Por fortuna utilizan, otra vez, el recurso de la palabra, antes que la violencia, para avanzar en otra dirección. Ojalá que eso no se agote'', concluye.
La Jornada - México D.F., 9/8/2005 |
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El rol de la Iglesia en los años de plomo
S. F.
Traslado era una palabra temida, que todos querían expulsar de sus pensamientos. Así empieza El Silencio, una minuciosa investigación en la que Horacio Verbitsky revela la estrecha colaboración de la Iglesia Católica con la Escuela de Mecánica de la Armada (Argetnina) durante la última dictadura militar. El título del libro alude al nombre homónimo de la isla, en donde la Armada había escondido a los detenidos-desaparecidos cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitó la ESMA en 1979. Esa isla, que sirvió para ocultar a los prisioneros, es única en el mundo: no se conoce otro caso de un campo de concentración en una propiedad eclesiástica. Uno de los eslabones entre la curia y los militares fue el secretario del vicariato castrense, Emilio Graselli, quien se encargaba de atender a los familiares de las víctimas que buscaban saber dónde y cómo estaban sus seres queridos, y que ''se había mimetizado de tal modo con los integrantes de los grupos de tareas que debajo de la sotana calzaba un arma'', según señaló Verbitsky. Esta simbiosis es recordada por algunos de los familiares, quienes tuvieron que escuchar en boca de Graselli frases que, a priori, no hubieran imaginado que saldrían de un miembro de la Iglesia: ''Es probable que alguien piadoso le dé una inyección y el irrecuperable se duerma para siempre'' o ''los que tienen una rayita están muertos, ya no se pregunta por ellos''.
En la presentación de El Silencio, subtitulado De Paulo VI a Bergoglio. Las relaciones secretas de la Iglesia con la ESMA, participaron el teólogo y sacerdote Eduardo de la Serna, el artista plástico León Ferrari, Víctor Melchor Basterra, sobreviviente de la ESMA que fue trasladado a la isla de propiedad eclesial en 1979, durante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y el autor y columnista de Página/12. De la Serna señaló que el libro de Verbitsky aparece como una suerte de continuidad de Iglesia y dictadura, de Emilio Mignone. ''¿Por qué una iglesia jerárquica, obispos y curas, que insistieron, convencieron y motivaron a tantos jóvenes a participar en cuestiones sociales y políticas, cuando las papas quemaron les soltó la mano?'', se preguntó el sacerdote, y confesó que es algo que personalmente aún no terminó de tragar. ''Yo soy un simple cura, pero como cura y miembro de la Iglesia pido perdón'', añadió De la Serna, muy aplaudido por las 500 personas que estaban en la sala José Hernández.
León Ferrari calificó a Verbitsky como ''un escudriñador de los crímenes que se cometieron en este país''. El artista plástico planteó que la Iglesia siempre tiene la ambición de participar en el gobierno, ''de aplicar las leyes de su religión al país entero, muchas de las cuales parte del país no comparte, o parte del país que dice ser creyente en esa religión no conoce''. Ferrari recordó algunas de las declaraciones de Adolfo Scilingo en El vuelo para ilustrar el fanatismo de las Fuerzas Armadas de entonces y de los capellanes, sacerdotes y obispos que los apoyaron, pero también para corroborar que esa mentalidad continúa con el caso del obispo castrense Baseotto. Como sobreviviente de la ESMA, Basterra opinó que El Silencio es ''un granito de arena'' que ayuda notablemente a la memoria colectiva. ''Acá se habla de la connivencia de la Iglesia como institución y jerarquía con las instituciones más fundamentalistas que existieron en la Argentina'', señaló Basterra. ''Ojalá que las generaciones venideras abracen esa curiosidad, ese cuestionamiento, esa visión crítica hacia la historia oficial que sin jactancia, nosotros teníamos''. Verbitsky aseguró que necesitó estudiar a fondo el rol de la Iglesia jerárquica para entender la tragedia contemporánea argentina.
Página/12 - Buenos Aires, 3/5/2005 |
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La raíz africana en México
Arturo Jiménez
La historia la escriben los que ganan, y en México los que ganaron han dicho que los negros no existen en este país y sólo hablan de las raíces indígena y europea de los mexicanos, lo cual es falso porque tenemos otra raíz más, venida de Africa. Habla el poeta y promotor cultural Eduardo Añorve Zapata, también fotógrafo y cronista de Cuajinicuilapa, en la Costa Chica del estado de Guerrero. Y agrega: ''Lo que pasa es que hay muchos lugares donde hubo mezcla (y la raíz africana se perdió). Pero en otros es evidente: en Brasil, Colombia, Perú, Estados Unidos o Cuba no se puede negar, pero en México, por cuestiones particulares de nuestra historia, se ha pretendido invisibilizar. Y efectivamente, durante mucho tiempo fue nocivo asumirse como negro. No eras dueño de tu persona, de tu trabajo. Sin embargo, después de la Independencia, los primeros que salen beneficiados con el nuevo estatus de mexicanos son los descendientes de africanos. Entonces sí conviene ser mexicano, porque ya no soy salta en el aire, salta patrás, mulato, negro. Ya no me prohíben cosas en función de mi piel o filiación étnica o racial. Pero qué pasa en la actualidad, que los libros de historia niegan esa realidad y en las ciudades las autoridades te paran y te confunden con cubanos u otros extranjeros. Pero éste es mi país, porque aquí nacimos''.
Añorve llegó a Acapulco con un grupo de músicos y bailarines del Cerro de las Tablas, municipio de Cuajinicuilapa, el cual participó con la Danza de los diablos en las Jornadas Culturales Negros, Mulatos y Morenos de Guerrero y sus Costas, realizadas en el Fuerte de San Diego, sede del Museo Histórico. Fue una muestra del erotismo y festividad que reflejó la singularidad de esa población de afromexicanos. Más de una decena de diablos con botas mineras, pantalones de mezclilla, chamarras o camisolas y máscaras de cuero, cartón y largos pelos de caballo danzó y percutió el suelo al ritmo de los sones tocados por un trío, como Anda de reculada, Urra pachucha, Ya se van los diablos, Señora, su periquito, Mira, nena o Son de salida.
Los diablos del Cerro de las Tablas también tocaron y bailaron El Palomo, pieza aparentemente de origen indígena. ''¿Qué es El Palomo? ¿Un préstamo (cultural), una mezcla? No sé'', reflexiona Añorve. Con ellos bailó La Minga, un hombre con vestido y máscara de mujer que potencializó el erotismo y sentido de la fiesta de esa población de origen africano que hoy habita el estado de Guerrero. ''Lo que reúne es el amor, lo que reúne es el erotismo, lo que reúne es la putería'', comentó Añorve al conducir desde el micrófono las danzas de los diablos, y recordó a doña Catalina Bruno, una de las poetas vivas de la Costa Chica: ''Puta tú, puta tu nana,/ puta tu abuela y tu tía,/ cómo no vas a ser tan puta,/ si vienes de la putería''. ''Y es esto: la putería del cuerpo, del disfrute, del ojo que ve, de los pies que golpean el suelo, de los cuerpos que se mueven, del que toca el bote, del que toca la flauta, del que toca la charrasca'', comentó el poeta en referencia al uso libérrimo del lenguaje en su pueblo. Y citó a doña Constancia Mamatancha Jarquín, otra de las varias figuras femeninas de la cultura popular de la Costa Chica, ya fallecida: ''Mujeres para ónde van/ y yo que las voy siguiendo/ pobrecito de ese pan/ quién se lo estará comiendo/ qué mordidas le darán/ parece que lo estoy viendo''. Mamatancha también decía la copla: ''Ya el arroyo se secó/ le hizo falta la humedad/ pena de la vida tiene/ la mujer que no lo da/ sabe que el hombre lo ocupa/ con harta necesidad''.
El trío de diablos lo conforman: don Juan en la armónica, llamada flauta entre ellos; Tenerino en el bote, instrumento parecido a un tambor y que al centro del cuero, en un hueco, se le amarra un palo que se talla con cera y produce una especie de rugido de jaguar, llamado tigre en la Costa Chica, y Simón en la charrasca, quijada de burro que se raspa como güiro. Acerca de la Danza de los diablos, Añorve explica: ''Los diablos aparecen en época de muertos y vienen a convivir con los vivos, a comerse la ofrenda, a beber cerveza. Son espíritus de muerto que reviven y regresan a convivir. Una cosa así de elemental''. Y agrega: ''Los diablos salen del panteón en fecha de muertos pero esto es festivo, es la vida. Es el juego vida-muerte, eros-tánatos que se repite en tantas culturas. Son los tales arquetipos de la humanidad. Y ésta es la raza de los diablos''. Estos, mientras tanto, gritaban vivas a la tradición antes de cada danza. Acerca de las interpretaciones ''extraordinarias'' que la academia suele dar a los fenómenos culturales, Añorve comenta: ''El mito ya se fue, el mito ya no lo tenemos. Tenemos el rito. Y eso es lo que vemos. Las interpretaciones están bien, suenan bien, pero a veces nos aferramos a que sólo sean como creemos que son''.
La Jornada - México D.F., 3/5/2005 |
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Cuba en la construcción de la ''Ruta Ho Chi Minh''
Gerardo Arreola
Cuba reveló que participó con un grupo de 23 efectivos en la construcción de la Ruta Ho Chi Minh, el enjambre de túneles y vías que fue decisivo en la sorprendente movilidad de las fuerzas vietnamitas durante la guerra contra Estados Unidos (1965-1975). El coronel retirado Roberto León González, que estuvo al frente de esa operación secreta, habló por primera vez de ésta en una entrevista con el diario Juventud Rebelde. El hermetismo del episodio, recordó León, se mantuvo desde el momento en que recibió la orden del coronel Raúl Díaz Argüelles, veterano de la revolución cubana que murió poco después en Angola.
Todo empezó cuando, en septiembre de 1973, Fidel Castro visitó la zona de guerra en el sur de la península indochina y una noche fue despertado por el entonces primer ministro Pham Van Dong y el legendario general Vo Nguyen Giap, vencedor de los invasores franceses en los 50 y de los estadunidenses en los 70. Ambos líderes vietnamitas, recordó León, mostraron a Castro el mapa de la tela de araña que eran las rutas secretas del Vietcong, que ya tenía 16 mil kilómetros. Para ampliar la red pidieron entrenamiento para su gente, equipo e instructores cubanos en el terreno. A finales de ese año, 43 ingenieros militares vietnamitas recorrieron las construcciones defensivas cubanas en el embalse de La Coca, al este de La Habana y en las montañas de Pinares de Mayarí, en la oriental provincia de Holguín, y recibieron informes sobre cómo se realizaron. Al año siguiente estaban llegando a Vietnam los instructores cubanos y en septiembre de 1974 atracó un buque con equipo como motoniveladoras, camiones y grúas, comprado en Japón.
León dijo en su relato que para impartir las clases teóricas todos los días tenía que caminar con sus hombres dos kilómetros hasta un río, navegar contra la corriente en canoas con motor fuera de borda, sorteando peñascos y subir un farallón para alcanzar un claro en la selva. Entre numerosos recuerdos, León evocó a las mujeres que trabajaban en la construcción de la Ruta Ho Chi Minh, ''colgadas en los precipicios de las montañas, mientras hacían a martillo y cincel el talud de las carreteras''. En abril de 1975 ya había concluido la enseñanza teórica y cubanos y vietnamitas atacaban la obra, que finalmente se convirtió en 2 mil 420 metros de carretera, la mayor parte en las montañas. Una mañana, en el inicio de una jornada más de trabajo, el coronel cubano recibió de un oficial vietnamita la noticia de que había caído Saigón.
La Jornada - México D.F., 3/5/2005 |
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La reina negra de América
Isabel Soto Mayedo
Un pasaje poco conocido de la Revolución de Haití, la primera y más radical de su tipo en América, es la unción y coronación de María Luisa Codovic. La primera reina negra del hemisferio occidental recibió su cetro de ébano en 1811, en una ceremonia muy parecida a la realizada por Napoleón Bonaparte en la catedral parisina de Notre Dame en 1804. Aunque sus restos descansan en la tumba de una pequeña iglesia en Pisa, Italia, donde la otrora monarca vivió durante su exilio. Tal suerte llegó a la otrora esclava por su vínculo matrimonial con Henri Cristophe, uno de los principales dirigentes de la insurrección antiesclavista y anticolonialista ocurrida de 1791 a 1804 en la porción de la isla La Española en la cual se habían asentado los franceses a fines del XVII.
Apenas 15 años tenía María Luisa cuando conoció a Cristophe, quien de esclavo negro y criado de mesón, hizo una brillante carrera como soldado, general victorioso, presidente (1807-1811) y ascendió al trono como el rey Henri I (1811-1820). La suerte de la antigua colonia gala, que se convertiría en la de mayor productividad en todas las Antillas, marcó la vida de ambos, provenientes del sector más marginado de la muy estratificada y discriminatoria sociedad. Pese a su superioridad numérica en el pequeño territorio caribeño, nada disfrutaban los de su estamento de la prosperidad alcanzada como resultado de la evolución de la economía de plantación, instalada por los franceses, y que tanto impulsó la introducción de negros esclavos. Sobre el trabajo de esa mayoría descansaba el cultivo del azúcar, café, algodón e índigo en las grandes haciendas de Saint Domingue, al mismo tiempo que en la porción española de la isla todas las fuerzas se destinaban a la producción ganadera.
El espectacular proceso de crecimiento económico de la parte francesa de La Española comenzó a partir de 1783 por el aumento de la productividad, que hizo mucho más competitivos los costos de producción en relación con los de sus rivales británicos. Saint Domingue desplazó a Jamaica y Barbados de su condición hegemónica en la generación y comercio azucareros, pero el incremento del número de ingenios requirió de una cantidad excesiva de esclavos. Varios investigadores calculan que en vísperas de la Revolución Francesa llegaban a la colonia caribeña cerca de 30 mil negros cada año, por lo cual de los 172 mil esclavos que había en 1754, se pasó a 240 mil en 1777. Ya en 1789 eran más de 450 mil los negros africanos en Saint Domingue, lo que suponía el 85 o el 90 por ciento de la población, cifra muy por encima de la registrada en toda la América española entonces. Pero en el substrato de ese progreso se estaban gestando las contradicciones que amenazarían con posterioridad al sector azucarero, base económica de la riqueza alcanzada. Por una parte, plantadores o grandes propietarios blancos se veían perjudicados por el control de los comerciantes franceses sobre la trata y las refinerías de azúcar construidas en los principales puertos metropolitanos.
El resentimiento acumulado por ese sector alentó el deseo de imitar a los independentistas norteamericanos para escapar a las presiones ejercidas desde la metrópoli, pero por debajo de sus intereses estaban los de casi 40 mil pequeños blancos. Burócratas, soldados, pequeños plantadores, comerciantes, administradores de plantaciones, entre otros, mantenían una muy tensa relación con los cerca de 28 mil mulatos libres, propietarios de casi la tercera parte de estas plantaciones y de los esclavos de la colonia. La clave de esa paradoja radicaba en que la legislación francesa reconocía el derecho de sucesión para los hijos de blancos y esclavas negras reconocidos por los padres. Pero los negros llevaban la peor parte, por lo cual los aires de libertad, igualdad y fraternidad que soplaron desde la metrópoli en 1789 pronto despertaron el espíritu libertario, ante la ambigüedad de posiciones adoptadas por sus propietarios.
Los colonos o grandes blancos, principalmente franceses, vieron en la Revolución una vía para lograr la satisfacción de sus reclamaciones socioeconómicas a través de sus asambleas y trataron de impedir cualquier acción abolicionista con el apoyo de los pequeños blancos. Unos y otros fueron desoídos por las autoridades francesas, pese a lo cual demostraron su disposición a reprimir cualquier postulado igualitario que amenazara sus privilegios en Saint Domingue, como el enarbolado por los mulatos o gentes de color en 1790. La sublevación encabezada por Vincent Ogé y reprimida por esos sectores sirvió de preludio a la convocatoria lanzada por los negros en Bois Caiman, el 23 de agosto de 1791, donde se llamó a la lucha contra la esclavitud. Dirigidos por Boukman, sacerdote del vodú, los más discriminados se lanzaron a la conquista de sus derechos y terminarían radicalizando el proceso anticolonial al defender también la idea de la independencia.
A la muerte de su guía espiritual, surgieron otros líderes como Francoise Dominique Toussaint (Louverture más tarde, cuando alcanzó la cima de su grandeza), Jean Jacques Dessalines, Henri Christophe y los mulatos libres Andrés Rigaud y Alexandre Pétion, entre otros. Christophe, devenido ídolo del pueblo, fue elegido presidente del Estado haitiano fundado en el norte del territorio en 1806 y enseguida demostró sus intenciones de situar a su nación entre las más relevantes de la época. La construcción del suntuoso Saint Souci, el más hermoso edificio residencial de toda la América, en opinión de sus contemporáneos, y de la fortaleza la Ferriere, con huecos para 355 cañones, bien reflejan esa realidad. A cuatro años de llegar al poder, Cristophe se proclamó Henri I y el 12 de junio de 1811, en una catedral improvisada al efecto, el arzobispo Cornelle Brelle depositó las coronas sobre su cabeza y la de su esposa, y los ungió con aceite de coco. Es posible que al mismo tiempo, como señaló el historiador y periodista español Juan Balansó, Napoleón se estuviese mordiendo las uñas ante aquel calco de su propia coronación, donde sólo el cetro de oro había sido reemplazado por uno de ébano.
Mientras, Henri I creaba su corte con ocho duques, 22 condes, 27 barones y cuatro caballeros, escogidos entre sus antiguos compañeros de lucha y con sugerentes apelativos como duque de la Mermelada, conde de la Limonada y barón del Cacao. El llamado Napoleón negro era para muchos el rey de hierro, pero María Luisa siguió siendo reverenciada por ser una monarca bondadosa, capaz de asimilar como suyo a Armando Eugenio, fruto de una relación anterior tenida por su esposo. Tanto amor se profesaba la pareja, según la correspondencia intercambiada entre ambos, que la fecha de su matrimonio, 15 de julio, fue decretada por Cristophe festividad nacional en homenaje a la esposa. Pero la monarquía terminó convirtiéndose en un régimen despótico que motivó una sublevación popular. Esto, junto a la apoplejía que comenzó a padecer, influyeron en la decisión de Cristophe, de suicidarse el 8 de octubre de 1820, a los 53 años. María Luisa y sus dos hijas partieron al exilio, primero a Inglaterra y luego a Italia, ante la terminación del reinado, pese a lo cual su condición de viuda de jefe de Estado fue respetada por mucho tiempo. Los días de la primera reina negra de América se ensombrecieron con esa partida y, peor aún, cuando en Europa hubo que amputarle una pierna como resultado de una infección, acompañada por una neumonía, que terminó con su vida en marzo de 1851.
Argenpress - 27/3/2005 |
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''Zapatista hasta el último día de vida''
Arturo García Hernández
Uno de los últimos sobrevivientes del Ejército Libertador del Sur, Mauricio Ramírez Cerón, falleció la noche del 9 de febrero en su casa de Tilzapote, Morelos (México), a los 100 años de edad. El revolucionario tenía 14 cuando se integró como espía al ejército que comandaba Emiliano Zapata. En una entrevista con La Jornada efectuada hace tres años, Ramírez Cerón sostenía: ''Me siento orgulloso de haber servido a un hombre como el general Zapata, el hombre más limpio de la Revolución. Por eso seré zapatista hasta el último día de mi vida''. La salud de Ramírez Cerón ya presentaba un marcado deterioro en los últimos años a causa de la edad. Sus restos fueron sepultados en el panteón municipal de Tilzapote. Fue en este pequeño poblado, situado en los límites con Guerrero, donde el entonces adolescente conoció al líder rebelde, durante un baile.
Según el relato que hizo a este diario, Ramírez Cerón se aproximó al caudillo y le solicitó un arma ''para ir a pelear a su lado''. Zapata le respondió que era muy pequeño, pero al ver la convicción del muchacho lo remitió con uno de sus generales, Lorenzo Velázquez. ''Velázquez me dijo que como estaba muy chamaco, me podía meter por donde fuera y por eso me dieron una comisión de espía. Me mandó a ver quiénes se habían levantado en armas con los carrancistas, quiénes eran jefes de plaza, quiénes eran los voluntarios, cómo iba armados, si tenían suficiente parque'', recordaba Ramírez Cerón.
Siempre vivió en Tilzapote, en una casa situada en un paraje enmarcado por una presa pequeña y apacible, rodeada de colinas. Desde una terraza, señalando con un dedo aquel paisaje, el revolucionario compartió sus recuerdos con La Jornada: ''Nací aquí en 1904. Cuando estalló la Revolución tenía yo siete años. Estaba chico pero me daba cuenta porque tenía escuela y los míos, es decir, mis mayores, me habían platicado que iba a haber una revolución y cuáles eran los principios de Madero cuando se levantó. Porque en ese tiempo había una tiranía. Un pobre cañero o un jornalero de hacienda ganaban 37 centavos trabajando de sol a sol. Entonces, cuando vino por aquí el general Zapata, yo ya tenía escuela''. Los pertrechos de Mauricio como espía se reducían a su calzón y camisa de manta; un sombrero de palma, huaraches, un bule para el agua, machete para las culebras y una servilleta para las tortillas. Si alguien lo detenía, explicaba que iba por tortillas: ''A nadie le comenté nada y así me fui el primer día a Buenavista, a tirarme en la sombra entre los carrancistas. Así fui sirviendo al Ejército Libertador del Sur. Fui con voluntad. Sabía que si me agarraban, no diría nada aunque me mataran''.
En el recuerdo del revolucionario Ramírez Cerón quedó para siempre la imagen de Emiliano Zapata como ''un buen hombre, un hombre de buenos sentimientos, un hombre entero. No era un bandido. Como había escasez, él compraba ropa y la regalaba; regalaba metros de género; traía frijoles y arroz regalados''. Pero cuando murió, ''muchos que eran zapatistas se voltearon de carrancistas por el pago que les daban cada 15 días; el chivo, le decían. Yo seguí zapatista y me tuve que ir. Me dijo un tío 'vete porque acá andas peligrando'. De ahí nos desbalagamos todos. Yo me fui a Jojutla, Tlalpuyeca, Xochitepec. Así anduve''. Se explicaba de sobra su simpatía con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN): ''Estoy de acuerdo con ellos, son hombres de la misma raza que nosotros, defienden a los suyos, que son prietitos y son nuestros compatriotas y son castigados por tanto cacique que hay todavía en Chiapas. Esos hombres tienen toda la razón. Como Zapata. Por eso hoy, sentado en esta silla de ruedas, todavía respondo por el nombre de Zapata, porque quien defiende a los pobres que no se pueden defender es un héroe''.
La Jornada - México D.F., 11/2/2005 |
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Nuevas ideas para un Jesús liberador
Cristian Vitale
En el departamento de Rubén Dri hay una enorme cantidad de libros, cuyo número resulta un misterio divino. “No tengo idea cuántos son”, se pierde. Están categorizados: un estante dedicado a religión y teología; otro a filosofía, un importante apartado con obras de Marx y Hegel y mucha historia argentina. En el medio, aparecen CD de Gieco, Larralde y Cafrune. Todo este color, sumado a que es un teólogo –y filósofo– de larga data, un defensor inclaudicable de la Teología de la Liberación, un creyente creíble para los estudiantes que lo escuchan día a día en la Facultad de Sociales de la UBA, y un militante de siempre, provoca que el título –y las intenciones– de su último libro no causen sorpresa: El movimiento antiimperial de Jesús.
“Cuando Jesús dijo ‘al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’, no quiso decir lo que interpretaron intelectuales de la Iglesia ligados al poder. De Dios es el pueblo y eso es lo que pidió Jesús... que le devuelvan el poder, que no lo opriman y que al César le devuelvan la moneda, pero porque tenía la cara de él”, afirma, pensando en la deuda externa. “Tampoco es verdad que haya dicho ‘siempre habrá pobres’, eso lo dijo Menem –se ríe–, pero Jesús está en contra de la pobreza, la limosna, y brega porque todos estén saciados.” El también autor de Proceso a la Iglesia Argentina, releyó críticamente el Evangelio de Marcos, la fuente Q –un redescubrimiento que hizo la historiografía alemana sobre las narraciones de Mateo y Lucas– y los evangelios apócrifos, y rearmó un Jesús admirable y combativo, un revolucionario en el que todos querrían creer... como un Che del año cero. “Jesús anuncia una nueva sociedad –el Reino de Dios– pero no la inventa, porque era un pacto que habían hecho las tribus hebreas antes, en el que proclamaban rey a Dios y no aceptaban ningún monarca. Jesús repropone este proyecto en el siglo I en contra del Imperio Romano y de la sociedad sacerdotal que depende del Imperio, porque había intereses entre sacerdotes y emperadores. Para luchar contra ellos, construye un movimiento con una mesa de coordinación estrecha y otra ampliada”, explica.
–¿Quiénes
integran ambas mesas?
–Una
de las intenciones del libro parece ser sepultar la teoría deicida en
torno de la responsabilidad de los judíos en la muerte de Jesús y, por
ende, trasladar esa culpa a los romanos.
–¿Por
qué la idea de editar un libro sobre el Jesús revolucionario, cuando tal
vez mucha gente no esté interesada en eso?
–¿Es
su única intención?
–¿Qué
opina acerca de aquellos sectores marxistas y ateos que no comulgan con la
analogía comunismo-cristianismo, tan cercana a sus ideas?
–¿Sigue
siendo peronista?
–¿El
hecho de que no haya fuentes directas de Jesús, amerita dudar de su
existencia histórica?
Página /12 - Buenos Aires, 11/1/2005 |
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