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Descifran técnicas de tlacuilos para elaborar códices Monica Mateos-Vega En el mundo prehispánico existía un conocimiento muy avanzado de las técnicas pictóricas. Realizar un códice era un acto de creación artística en el que maestros tlacuilos debían preparar cuidadosamente sus materiales y utilizarlos de acuerdo con técnicas aprendidas y perfeccionadas de generación en generación. ¿Cómo elaboraban sus pigmentos y colorantes? ¿Cuántos tonos de azules, amarillos o rojos formaban parte de su paleta cromática? ¿Cómo los aplicaban sobre las pieles curtidas o en textiles? ¿Qué diferencias existían entre el negro humo y el negro hueso? ¿Cómo hacían para que el color resistiera el paso del tiempo? ¿Cuál era su técnica de dibujo y coloreado? Con estas premisas y dudas bajo el brazo, un grupo interdisciplinario de investigadores mexicanos analiza cuatro de los códices más valiosos que pertenecen a México y que se encuentran bajo el resguardo de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH): el Colombino, el Badiano, el Cholula y el Mapa de Sigüenza. La relevancia de este estudio radica en que se utiliza una metodología no destructiva, con tecnología desarrollada por especialistas del Instituto de Física (IF) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en colaboración con investigadoras del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE), también de la UNAM, y el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y del Consejo Nacional para la Ciencia y Tecnología (Conacyt). Se trata de una alianza entre varias instituciones que "usualmente no se da" en el país, con el fin de realizar un análisis global de esas joyas del patrimonio nacional, considera el físico José Luis Rubalcava, integrante del proyecto que, aunque se encuentra en su fase inicial, está revelando secretos fascinantes. Por ejemplo, "en el caso específico del estudio del Códice Badiano se han identificado diferentes manos en su elaboración y una interesante combinación de conceptos occidentales y mesoamericanos en cuanto a la creación pictográfica que merecen ser analizados con mayor detenimiento", señala el equipo de trabajo conformado por físicos, restauradores, químicos, historiadores y fotógrafos en un informe técnico realizado ex profeso para La Jornada. Agregan que aunque los códices han sido estudiados desde hace años por especialistas de diversas disciplinas, "nuestra aportación tiene que ver con la metodología empleada, la cual utiliza diferentes técnicas no destructivas, como el registro fotográfico con calibración de color mediante espectrofotometría y soportes digitales de alta resolución para la identificación material". A los códices se les está estudiando más que como documentos históricos, "como obras de arte que poseen un lenguaje plástico propio y paralelo al discurso escrito, en el caso del Badiano, y pictográfico en el caso del Colombino". Rubalcava añade en entrevista que hace cuatro años el Instituto de Física de la UNAM desarrolló el prototipo de un aparato de fluorescencia de rayos X para estudios del patrimonio nacional, como la pintura de caballete que alberga el Museo Nacional de Arte, miles de cascabeles prehispánicos que se encuentran en el Templo Mayor, obras de arte plumario o piezas coloniales. Un segundo aparato perfeccionado es el que se utiliza ahora para descubrir la naturaleza del los colores que iluminan esos bellos documentos que narran el pasado de México, in situ, instalado en la bóveda de seguridad donde se resguardan los códices. El Códice Colombino es el único documento prehispánico que pertenece a México. Consiste de dos fragmentos, uno conservado en la BNAH, y otro, llamado Becker 1, se encuentra en el Museo de Etnología de Viena, Austria. Esta pieza proviene de la Mixteca de la costa; su texto pictórico se encuentra muy dañado, pero se ha logrado interpretar su contenido y hoy se sabe que se trata de una biografía del Señor 8 Venado, Garra de Jaguar (1063-1115 dC), uno de los protagonistas más importantes de la historia mixteca. La vida de este alto dignatario es narrada también por otros documentos prehispánicos de esa región, como el Códice Nuttall (que está en Londres) y el Códice Bodley (ubicado en Oxford). El Mapa de Sigüenza narra la peregrinación de los aztecas mexicas desde su salida de Aztlán, recorriendo la Huasteca, la zona Tepaneca, pasando por Chapultepec y hasta su llegada al valle de México, donde fundan Tenochtitlán. El Códice Cholula está clasificado como material cartográfico histórico y se trata de un mapa de la región de Puebla; entre los pictogramas que contiene se encuentran caminos, pirámides, iglesias, batallas, personajes e inscripciones en náhuatl, escritas sobre papel amate; de esta forma se describen los últimos años de la civilización indígena y los primeros de la española. También expresa la manera en la que estas dos civilizaciones se fueron fundiendo y adaptando. El llamado Códice Badiano es un hermoso librito ilustrado cuyo título original es Libellus de medicinalibus indorum herbis, realizado por el médico indígena Martín de la Cruz que, ya para el año de 1552, tenía ciertas influencias de la medicina europea. La obra fue traducida al latín por Juan Badiano, indio de Xochimilco, profesor del Colegio de Santa Cruz en Tlatelolco, y fue dedicada al hijo de Antonio de Mendoza, virrey de la Nueva España. La versión del latín al español la hizo Angel María Garibay y fue publicada en 1964. Los investigadores que analizan estos cuatro códices explican que aunque los cronistas del siglo XVI mencionan la preparación de algunos colores utilizados por los pintores indígenas, "estas descripciones son bastante incompletas. Sin embargo, aunque deficiente, la información de las fuentes documentales coloniales es nuestro punto de partida para la investigación sobre materiales y técnicas de manufactura de los códices prehispánicos y coloniales. La identificación de materiales orgánicos, como son los colorantes y aglutinantes, es mucho más complicada que la identificación de materiales inorgánicos, como los pigmentos. Hace menos de una década, para identificar éstos aún era necesario tomar muestras, es decir, retirar un pequeño fragmento de la capa pictórica de los documentos para someter esa muestra a diferentes análisis. Con el aparato portátil de fluorescencia de rayos X se ha logrado determinar elementos químicos presentes en la base de preparación, colores y soporte, lo cual permite identificar los materiales usados en la realización de los códices sin que sea necesario extraer ninguna muestra de la capa pictórica. En la misma bóveda que resguarda los documentos se realizan análisis por reflectografía infrarroja, fluorescencia de luz ultravioleta, colorimetría, fluorescencia de rayos X; en una segunda etapa se probará un aparato portátil para efectuar espectroscopía Raman, lo cual resultará de gran utilidad para la identificación de colorantes orgánicos". "El azul maya es el primer ejemplo conocido de un pigmento artificial empleado en época prehispánica: no se encuentra en la naturaleza, sino que se prepara sometiendo el índigo (un colorante) y la atapulguita (una arcilla blanca) a un proceso que da por resultado un pigmento sumamente resistente", detalla la información del grupo de investigadores conformado por Eumelia Hernández Vázquez (IIE-UNAM), Elsa Arroyo Lemus (IIE-UNAM), José Luis Ruvalcaba Sil (IF-UNAM), Sandra Zetina Ocaña (IIE-UNAM), Tatiana Falcón Alvarez (IIE-UNAM) y Carolusa González Tirado (BNAH-INAH). La Jornada - México D.F., 23/10/2006 |
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Primera evidencia de escritura olmeca Tania Molina Ramírez Un señor que trabajaba en la reparación de un camino de terracería en Jáltipan, Veracruz (México), cerca de San Lorenzo, encontró, en el montículo de grava que estaban usando, una piedra con inscripciones que decidió mejor entregar a la presidencia municipal. También entregó otros objetos hallados ahí mismo (restos de cerámica, fragmentos de figurillas de barro, rotos artefactos de piedra). Llevaban, por cierto, años usando la grava de este lugar para la construcción de calles. A su vez, el ayuntamiento se puso en contacto con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Eso ocurrió en abril de 1999. Ahora, siete años después, sabemos que se trata de la primera evidencia de escritura olmeca. Pavimentamos con la historia, opinó un periodista al enterarse del hallazgo en grava. María del Carmen Rodríguez Martínez y Ponciano Ortiz Ceballos, investigadores del Centro del INAH y del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana, respectivamente, fueron enviados en 1999 a inspeccionar lo hallado. El bloque fue encontrado en el corazón de la tierra olmeca, en Lomas de Tacamichapa. Ahí mismo fueron encontradas dos hachas, cerámica de la Fase San Lorenzo (1200 a 900 antes de Cristo) y algunos materiales del periodo clásico (600 a 900 de nuestra era). Rodríguez y Ortiz, junto con otros cinco investigadores, dieron a conocer, por medio de un artículo de la revista Science (15 de septiembre de 2006, vol. 313), que "es probable que el bloque provenga de la era de San Lorenzo, quizá del final (...), o sea, cerca del año 900 antes de nuestra era". Los otros objetos encontrados en el mismo montículo los hacían pensar que el bloque Cascajal podría provenir de principios del primer milenio antes de nuestra era. Pero no estaban seguros, e inclusive había otros arqueólogos que creían que podía ser falso, así que buscaron a los geólogos Jacinto Robles Camacho y Ricardo Sánchez Hernández, del INAH, quienes concluyeron que "por el intemperismo de la superficie, la piedra era antigua". El bloque "es una piedra serpentinita" que pesa cerca de 12 kilos y mide 36 centímetros de longitud, 21 de ancho y 13 de grosor. "Tiene inscripciones muy finas, algunas de las cuales ya se han podido identificar", explicó, en entrevista telefónica con este diario, María del Carmen Rodríguez. El texto consiste en 62 signos, con 28 elementos distintos, algunos de los cuales se repiten hasta cuatro veces. Probablemente, dicen los investigadores en Science, se lee de izquierda a derecha, "como la mayoría de las escrituras mesoamericanas. Al parecer, las secuencias están concebidas como unidades independientes de información. Aunque (el bloque) parece haber sido tallado por la misma mano", se lee. "Al ser producto de un sistema de escritura, las secuencias, por definición, reflejarían los padrones del lenguaje, con una probable presencia de sintaxis y ordenamiento de las palabras dependiente del lenguaje". El bloque incluye iconos de vegetales, "que germinan hacia arriba". La apariencia de tales signos demuestra que la inscripción es horizontal. El texto empieza con una abeja "que fue domesticada por los olmecas" y sigue existiendo en Veracruz, contó Rodríguez. "Aparentemente, esta abeja era sagrada". El insecto abre secuencias de escritura, y se repite en tres ocasiones. Hay lo que parecerían ser hachas, maíz y cerros, "o sea, una serie de elementos indudablemente relacionados con la civilización olmeca". Quizá, "pero esto es mera especulación", aclara Rodríguez; se trata de algo relacionado con un lugar (por los cerros). Por otro lado, los signos de lo que parecen ser vasijas y pieles dan la impresión de que a la mejor se trataba de un registro de mercancías o tributos. "Tengo fuertes sospechas de que se podría tratar de un sistema logográfico, como la escritura zapoteca (muchos símbolos como palabras)", sugirió, en entrevista electrónica con este diario, el arqueólogo Stephen D. Houston, de la Universidad Brown, en Rhode Island (Estados Unidos), parte del equipo internacional que participó en el estudio del bloque. Si bien hasta ahora ninguna escritura había sido asociada a la civilización olmeca, los especialistas siempre creyeron que "tenía escritura", aseguró Rodríguez. Houston la secundó y completó: "De hecho, la sorpresa es que haya tomado tanto tiempo en encontrarse texto lineal. Algunos habíamos sospechado que los personajes olmecas son mostrados con signos, muchas veces en sus tocados, que podrían corresponder a nombres personales. Esto lleva tales anotaciones lingüísticas a un nuevo nivel". Antes, había habido hallazgos aislados: "Secuencias cortas en dos hachas (su brevedad hacía difícil su interpretación); un sello cilíndrico y pequeños fragmentos de curvas y volutas de La Venta, Tabasco", explicó Houston. Pero probablemente el sello era un icono y los pequeños fragmentos estaban demasiado pulverizados. El bloque es "un importantísimo descubrimiento que hace alfabeta a la primera civilización en México. Tenemos que asumir que no es la única (evidencia de escritura), y que más ejemplos eventualmente serán encontrados, conforme haya mayor investigación en esta crucial zona arqueológica", concluyó Houston. La Jornada - México D.F., 19/9/2006 |
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Rescatan pinturas de origen olmeca Ana Monica Rodríguez Una serie de pinturas rupestres que datan de la época olmeca, plasmadas hace más de 2 mil 500 años en México, en una cueva ritual de Oxtotitlán (Chilapa de Alvarez, Guerrero) y que sufrieron deterioros por la intemperie, el vandalismo, los grafitis y el saqueo, se encuentran en proceso de rescate y conservación por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en una zona que aún exhibe vestigios de la sorprendente presencia de esa cultura en la zona del océano Pacífico. El conjunto pictórico, que se ubica a mil 336 metros sobre el nivel del mar y al que sólo se accede tras 40 minutos de camino a pie desde la localidad de Acatlán, además de cruzar un río y largos sembradíos, que en la antigüedad eran las áreas habitacionales (1200 aC), fue descubierto en 1968 por David Grove y en su iconografía sobresalen aspectos vinculados con el culto al agua, la fertilidad y la agricultura. En la cueva de Oxtotitlán también se observan restos de rituales que todavía se realizan en sus cavernas, como altares y ofrendas con flores -incluida una bandera nacional-, además de los fosos que han sido blanco del saqueo "tal vez en busca de algún tesoro". Urbano Terrero Medina, integrante del Comité de Preservación del Patrimonio Cultural de Acatlán, comentó con reticencia que algunas de las prácticas rituales que se realizan en la zona son necesarias -según las creencias y tradiciones- para evitar la salida del demonio que habita en la cueva; además se colocan flores y se prende incienso. También en las áreas que bordean al cerro se efectúan fiestas tradicionales -como las de fin de año o las de mayo- con danzas y música. Otro ejemplo, apuntó el poblador, "es cuando se prenden velitas en las cerca de 600 cruces de madera que se encuentran en los alrededores del cerro para evitar a los malos espíritus o para que los difuntos no estén llorando sobre el lugar en que murieron". Al transcurrir de los siglos, explicó Sandra Cruz Flores, investigadora del INAH quien encabeza el rescate de las ruinas prehispánicos, han cambiado algunas manifestaciones de la ritualidad, pero el simbolismo continúa vigente. "La cueva siempre ha sido visitada por gente de la localidad y de otras comunidades de la región y continúa siendo sede de algunos rituales y de actividades con sentido místico", señaló. Tras la conclusión de la primera etapa del proyecto de conservación de las pinturas rupestres de Oxtotitlán, que se inició de manera formal en 2003 y se espera que concluya en 2010, Cruz Flores dijo que el programa de rescate y saneamiento comenzó tras el grave deterioro que tenían las pinturas, detectado en 2001, debido a cuestiones "de intemperismo -tanto físico como químico- debido al paso del tiempo, aunado a los problemas de aerosol y tinta indeleble que ocasionaron los grafiteros, el vandalismo, la abundante basura cerca de la cueva y al saqueo". En Estados Unidos, añadió, se recuperó en una subasta un fragmento de pintura rupestre que "esperamos retorne después a su lugar original en la cueva". Las imágenes que se encontraban grafiteadas y que también han sido restauradas de los daños de la acción del tiempo representan -en colores que van desde el negro a una gran paleta policromática- jaguares, búhos, venados, serpientes, caras con rasgos olmecas, figuras abstractas y rostros en perfil. Una flor con rostro humano, huellas de pequeñas manos, la característica presencia olmeca de la cruz de San Andrés y diversos diseños zoomorfos y geométricos son, entre otras, las pinturas descubiertas a finales de la década de los 60, y según apunta la especialista existen todavía más obras en la profundidad de la cueva milenaria. Entre las pinturas se aprecia una que muestra difusos detalles de lo que podría ser el antecedente de Tláloc, dios de la lluvia. En fotografías captadas previas a la restauración, la especialista mostró las gráficas en que se leía sobre las pinturas un TE AMO, entre diversos mensajes y letras, generalmente escritas en rojo, y completamente perdidos, en rayas de color azul, varios paneles de la caverna sujeta a investigación. Las cuatro temporadas de campo que se han realizado hasta ahora, explicó Cruz Flores, "se enfocaron a eliminar la presencia de grafitis sobre las pinturas originales que datan del 900 al 600 aC, frenar su deterioro, estabilizarlas, así como crear conciencia en la población, sobre todo entre los jóvenes, acerca de la importancia de las obras y de la necesidad de su cuidado y protección". También, agregó, se continuará con la exploración de las cuevas que presentan diversas entradas y profundidades "porque en ellas podrían existir más pinturas rupestres". Sobre la cueva de Oxtotitlán, que en 2004 estuvo incluida en la lista del programa World Monuments Watch de los 100 sitios en mayor peligro a nivel mundial, Sandra Cruz explicó en un recorrido consta de dos grutas: norte y sur, además de un grupo central, lugares donde están distribuidas las diversas pinturas, hasta ahora identificadas como olmecas. De 10 paneles en que se dividieron las pinturas en la cueva sólo se ha trabajado en cinco, agregó la especialista. "En posteriores temporadas se continuará con la investigación y el rescate de las obras que no han sido descubiertas". Para ello, el equipo que dirige Cruz Flores delimitó con pequeños recuadros algunos espacios para demostrar que aún son susceptibles de rescatarse otros dibujos, los cuales no se observan a primera vista. Entre los detalles de la pintura rupestre, Sandra Cruz explicó que "algunas son esquemáticas, de diversos formatos y diseños; sobresalen los colores negro y rojo, la amplia paleta policromática que exhiben las figuras principales del frente rocoso del cerro". Esas pinturas, dijo, son las más importantes, complejas y de mayores dimensiones del sitio; se trata de pinturas policromadas en rojo, verde, blanco y ocre en diversos tonos. Una de ellas, la que se distingue a lo lejos del cerro -según apuntan las investigaciones-, es una persona "que pudo ser un gobernante o con un nivel jerárquico alto y se encuentra sentado en un trono que es el monstruo de la tierra". Esa figura no alcanzó a ser deteriorada por los humanos debido a que se encuentra en la parte alta del cerro, pero las demás pinturas, al margen de las acciones negativas de los visitantes, presentan ennegrecimiento, filtraciones y cristalización de la misma piedra caliza. Los mencionados elementos, dijo la especialista, impiden también observar las pinturas rupestres. "En muchas otras tampoco se distingue la figura y a ello han contribuido las condiciones naturales, además del aceite, agua o refresco que las personas han arrojado en las obras prehispánicas". Los microorganismos y otras manchas grises que cubren las paredes de las grutas -donde habitan murciélagos, serpientes, insectos y diversas especies de arácnidos- también han ocasionado daños que se intenta revertir con el programa interdisciplinario del INAH, del ayuntamiento de Chilapa de Alvarez, la comisaría de Acatlán, el Comité de Preservación del Patrimonio Cultural de la localidad, y voluntarios. Al respecto, Sandra Cruz dijo que se realizan programas alternos para que los mismo pobladores protejan su patrimonio y colaboren en las labores de mantenimiento y preservación. Para las acciones de protección del patrimonio arqueológico, pictórico y natural se han integrado estudiantes de restauración, además de ingenieros, geólogos, arqueólogos y biólogos. Ante las investigaciones en el área de la cordillera también -abundó- se tiene una nueva perspectiva sobre el estudio de regiones prehispánicas que comenzó a modificar las referencias históricas que se tenían sobre los olmecas, dado que sólo se conocían manifestaciones de este pueblo, considerado el origen de las culturas mesoamericanas, en el altiplano central y hacia las costas del Golfo de México. Por ejemplo, continuó, en el caso de las pinturas rupestres de Oxtotitlán "encontramos figuras antropomorfas de animales como el jaguar o el murciélago, así como de personas, que en conjunto representan rituales que narran algún acontecimiento relevante". Y sitúa, añadió, a Guerrero en el mapa de la geografía histórica y etnográfica de los pueblos precolombinos. "Hasta antes de esta interpretación, sólo se sabía que los olmecas se habían desarrollado en el altiplano central, en las costas del Golfo de México y hacia el sur, pero con esta información ahora se establece que esta cultura, también tuvo presencia hacia la zona del océano Pacífico". El asentamiento de la cultura olmeca enclavado a menos de dos kilómetros de Acatlán, del que se encuentra separado de un río de aguas lodosas, abarcó alrededor de 67 hectáreas de las faldas y los alrededores del cerro donde, a decir de Sandra Cruz, existen fragmentos de terrazas y de diversas estructuras prehispánicas. Abundó: "Durante mucho tiempo se pensó que las pinturas rupestres olmecas eran un elemento aislado, pero ahora se reconoce como un asentamiento de la época del preclásico, cuya zona arqueológica se encontraba en las faldas del cerro donde se realizaban las actividades administrativas y cívicas". Donde ahora se encuentran los sembradíos, añadió, estaba el área habitacional, y la cueva era el lugar en el que celebraban sus rituales los antiguos pobladores. La Jornada - México D.F., 7/8/2006 |
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Hallazgo confirma sacrificios humanos Ana Monica Rodríguez El proyecto de la zona arqueológica mexicana de Tecuaque, que se inició en 1990 y culmina este año con más de 10 mil piezas halladas en esa área prehispánica, también corrobora las crónicas sobre el sacrificio de más de 500 personas, reveló el arqueólogo Enrique Martínez. El análisis de casi 500 restos óseos de personas de diversas etnias y animales domésticos que llegaron junto con los conquistadores y viajaban hacia el centro de México, revela que tras ser capturados fueron sacrificados, desmembrados, sujetos a cocción y su carne ingerida por sacerdotes y por los grandes señores prehispánicos. Las crónicas y la historia escrita que detallan la captura en Tecuaque de más de 500 personas que viajaban en caravana hacia Tenochtitlán, se corroboran con la evidencia arqueológica recabada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el antiguo centro ceremonial ubicado en Calpulalpan, Tlaxcala, zona que además se caracterizó por ser el centro de producción de pulque más importante en la región. Las investigaciones en Tecuaque, asimismo, constatan la participación de mujeres de más de 60 años de edad en la guerra, el primer contacto de los extranjeros con Mesoamérica, las enfermedades que padecían los recién llegados y la deidad a la que fueron destinados mediante el sacrificio humano. La zona arqueológica de Tecuaque, que significa "donde se comieron a la gente", sobresale por ese suceso histórico y por la cantidad de información que ha arrojado los entierros descubiertos en el lugar, explicó el director del proyecto, Enrique Martínez, quien dijo que los hallazgos en la zona suman alrededor de 10 mil piezas que se encuentran registradas y catalogadas por el INAH. En la historia de la captura multiétnica confluyen diversos incidentes, como la detención de Moctezuma, la persecución que lleva a cabo Pánfilo de Narváez sobre Hernán Cortés, quien está muy cerca del lugar cuando es retenida la caravana y se refugia en Tlaxcala, además de la Noche Triste y el asesinato del rey de Texcoco. Desde el centro de México, Cuitláhuac, en sustitución de Moctezuma, decide la retención y sacrificio de los viajeros. El arqueólogo abundó sobre la muestra, que es una de las más conservadas y con múltiples aportes históricos. "Los restos revelan la presencia de taínos (indígenas de islas caribeñas), españoles, mulatos, negras, negros, mulatas, mestizos, tabasqueños, mayas, totonacos, tlaxcaltecas; además de niños (de cuatro o cinco años) y mujeres embarazadas (entre 18 y 20 años) que también fueron sacrificadas; los restos de los nonatos han sido hallados durante los trabajos de salvamento". Las evidencias incluyen los huesos de los primeros animales que llegaron a Mesoamérica con los españoles, como cerdos, cabras, vacas, caballos, chivos, tortugas, gallinas, aves exóticas y perros salchicha que también fueron sacrificados en el lugar. Todas las prácticas rituales, explicó Enrique Martínez, se realizaron en un lapso de seis meses, porque en el sitio no se conocían los sacrificios y se tuvo que transformar en centro ceremonial a la par de que los presos eran seleccionados y sacrificados durante los diferentes rituales, festividades y como ofrenda para diferentes dioses. Por ejemplo, continúa el experto, a Nanahuatzin, según las evidencias, le fueron sacrificados tres personas que padecían sífilis. "Los bubosos eran fragmentados, cocidos y parte de esa carne se las daban a los enfermos para que se curaran". También el arqueólogo describió que en el cuarto escalón del lugar donde se realizaban los sacrificios se halló un cuchillo y copal. "El sacerdote sacrificaba a las personas capturadas, las arrojaba por las escaleras, otro las recibía y las desmembraba y posteriormente algunas de las partes eran cocidas en ollas, algunas eran ingeridas y otros restos eran expuestos en el zompantli". Con los hallazgos, expresó Enrique Martínez, "se espera que la historia le dé su justo valor al sitio, porque ahí fueron defendidas las creencias y el mundo prehispánico, por eso sacamos a la luz los resultados, para que las personas se enteren de que sí hubo resistencia y lucha de los antiguos pobladores para evitar la conquista". Inclusive, añadió, los indígenas ocultaron todo para que los españoles no se enteraran de lo sucedido, y gracias a ello hemos recuperado la información y las evidencias -muchas descubiertas casi en la superficie- y otras también fueron ocultas en aljibes (pozos para almacenar agua), donde se descubrieron huesos largos que eran entregados a los guerreros como trofeos. La poligonal de la zona arqueológica de Tecuaque ocupa una superficie de 35 hectáreas y se ha excavado en una hectárea y media a lo largo de 16 años. El avance -agregó el arqueólogo- ha sido lento debido a la cantidad de piezas y al meticuloso levantamiento de los entierros del lugar preshispánico que custodian antiguas palmas y pequeños reptiles que se deslizan entre las rocas. Existen dos estructuras principales, que son la de Tezcatlipoca, hacia el sur, y al poniente la de Quetzalcóatl, seis altares además de una bóveda celeste y el conjunto habitacional, entre otras. Rescatan una ruta mercantil En el tramo carretero San Martín Texmelucan-Atlacomulco, en Tlaxcala, cuya ruta "nunca quedó en desuso" en el trayecto mercantil y bélico de los antiguos pobladores, se hallaron vestigios prehispánicas que datan de mil 200 años aC, así como restos de tres asentamientos arqueológicos. Los trabajos del proyecto carretero, que se realizan a casi 2 mil 500 metros de altura sobre el nivel del mar -en lugares inaccesibles, como son las áreas cercanas a las cañadas que se encuentran enclavadas en la verde zona de lomeríos- destacan sobre todo por el relleno de grandes espacios donde a futuro circularán los automóviles, la maquinaria pesada y el material explosivo resguardado en pequeños cubículos de madera. Los vestigios resurgen cuando se realizan prospecciones en pozos y sondeos del material que será destinado a rellenar las mismas cañadas. En ese contexto, el arqueólogo Enrique Martínez Vargas explica que antaño esos lugares fueron rutas comerciales y de protección bélica de los antiguos pobladores, quienes buscaban acortar distancias hacia el centro de México. Inclusive, subraya, los españoles pasaron por aquí cuando se dirigían a Tenochtitlán para conquistar esa ciudad y destruir el imperio de los mexicas. Desde hace dos meses en que inició el salvamento arqueológico, abunda Martínez Vargas, se han recuperado alrededor de 70 piezas y ubicado tres asentamientos que pertenecen a periodos muy tempranos, como el preclásico, el clásico y el epiclásico. El hallazgo más reciente es una ofrenda del preclásico "integrada por figurillas con pintura original, algunos huesos, una máscara, una escultura con cabeza de venado y un punzón, entre otros elementos". Ese levantamiento tuvo que ser ejecutado con rapidez, debido a la inconformidad y desconfianza de los propietarios de los terrenos, quienes mantuvieron retenido a uno de los trabajadores del INAH que custodiaba el lugar. Ante esos casos, aduce Enrique Martínez, se tapa de nuevo el lugar donde fueron descubiertas las piezas prehispánicas hasta que exista una resolución jurídica o se llega a un acuerdo con los dueños de los terrenos. Entre los hallazgos que ha arrojado el proyecto carretero se encuentran entierros, ofrendas y un temazcal, entre otros descubrimientos que se someten a análisis de laboratorio; además de otros sitios que aún están por develar información, por su deterioro debido la acción del tiempo o por el saqueo de que han sido objeto. Tras la obtención de datos, explicó Enrique Martínez, se decide si por la importancia del lugar "se desvían o no los trabajos" de infraestructura. "Y si se va a destruir -debido al tramo carretero- se debe salvar lo que se pueda, y si creemos que es muy importante tratar de conservarlo". Martínez explica: "En las diferentes épocas esta ruta siempre fue utilizada, nunca quedó en desuso, es decir, hablamos de 3 mil años de uso continuo; por ejemplo de esta área se fue la gente del preclásico y llegaron los del clásico, después los del epiclásico, quienes también se fueron y la gente del centro de México y de la zona de Texcoco". Es una ruta que culturalmente permaneció activa "y nos habla del flujo de mercancías que venían tanto del área maya como de las zonas del Golfo que pasaron por este lugar, es la evidencia que encontramos en los restos materiales". También es una ruta que lleva a Teotihuacán, Cacaxtla y Cholula. Por ello, dijo el especialista, vamos a encontrar un desarrollo arqueológico importante, porque son "3 mil años de asentamientos humanos en la región". La Jornada - México D.F., 2/8/2006 |
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Rescribir la historia de Mesoamérica Angel Vargas De confirmarse datos preliminares relacionados con el rescate de un gigantesco monolito descubierto en la zona arqueológica de Tamtok (Estado de San Luis Potosí, México), pondrían en entredicho teorías sobre la extensión geográfica alcanzada por los olmecas al norte del país, así como las concernientes al origen tardío de la cultura huasteca y su supuesto menor perfil de desarrollo, en comparación con las del resto de Mesoamérica. Si bien el equipo arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), encabezado por el especialista Guillermo Ahuja, aún trabaja en la liberación del segundo y último fragmento en que se fracturó la pieza al caer al pozo de un manantial, al parecer por un aluvión, se cuenta ya con información parcial que permite situar el tallado de la misma entre los años 900 y 800 antes de nuestra era. Lo anterior significaría que ese monumental relieve, en el que se representan tres figuras antropomorfas, dos de ellas decapitadas y la otra con rostro descarnado, fue hecho por artistas de origen olmeca, o incluso no se descartaría la tesis de que provinieran de un grupo diferente y contemporáneo al también conocido como cultura madre, según adelanta en exclusiva para La Jornada Guillermo Ahuja, en un recorrido por dicha ciudad prehispánica, enclavada en la Huasteca potosina. El fechado del monolito, denominado en principio simplemente Monumento 32, se hizo a partir del material cerámico localizado en torno suyo, cuya antigüedad se remonta a entre los años 1150 y 700 antes de nuestra era. "Conforme se fue avanzado en torno de la recuperación del monolito comenzó a encontrarse material muy temprano, algunas figurillas con rasgos de jaguar en el rostro, en particular los labios, material que se asoció de inmediato por la antigüedad y el estilo con la cultura olmeca", indica el arqueólogo. Al hacerse una revisión de esos materiales, se encontró que mantienen familiaridad con otros encontrados en Tecolutla (Veracruz), en los años 70. Tratando de ubicar la información existente hasta este momento sobre Mesoamérica, esto puede entenderse como el movimiento de expansión que tuvieron los olmecas, el cual había sido limitado a la zona de Tecolutla, y ahora todo parece indicar que se extendió mucho más al norte, hasta llegar cuando menos a lo que hoy es la Huasteca potosina. "El tipo de construcción que tenemos, el manejo hidráulico y de drenes siguen reforzando la teoría sobre la presencia de los olmecas en esta zona. Lo tenemos en San Lorenzo, en Tres Zapotes, en la misma Venta, e incluso puede verse que algunos de estos grupos olmecoides emigraron hasta Guerrero", agrega Ahuja. "En ese sentido, como lo entendería, son estos avances muy norteños que tiene la cultura olmeca, donde van a mezclarse con los grupos locales y de ahí, obviamente, comienza a retroalimentarse y surgirá lo que es la cultura tének o huasteca". ¿Por qué pensar que fueron los olmecas y no una cultura contemporánea diferente? se le pregunta al investigador, quien, por cierto, formó parte del equipo encabezado por Eduardo Matos Moctezuma que participó en las labores de rescate de la Coyolxauhqui, en 1978. "Para poder hablar de una nueva cultura -responde- tendrían que tenerse todos los elementos y nosotros apenas vamos a entrar a ese análisis. Por la similitud del tipo de vasijas, fragmentos cerámicos y figurillas, hasta este momento lo que vemos es una línea de conexión hacia lo olmeca. Sin embargo, tampoco me cerraría a que esto ratifique que es producto del avance de esa cultura al noroeste del país. Lo digo porque es uno de los elementos que conocemos, que tenemos amarrados arqueológicamente, y es lo que me permitiría entender una presencia tan temprana aquí. En el momento de entrar a la interpretación de la glífica, la simbología, a lo mejor podríamos estar en condiciones de hablar de otro grupo". El llamado Monumento 32 fue hallado de forma accidental en febrero de 2005, al noroeste de la zona, mientras se trabajaba en la restauración del canal hidráulico que, durante la época prehispánica conducía el agua del manantial a una laguna artificial creada dentro de la ciudad. Se trata de un monolito de piedra arenisca polimineral, con ocho metros de largo de cuatro de altura, 50 centímetros de espesor y un peso superior a las 30 toneladas. Sus relieves alcanzan entre los 12 y 15 centímetros de altura y, de acuerdo con el arqueólogo, todo hace suponer que se trata de un calendario lunar, como ha interpretado el astrónomo Daniel Flores, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Considerarlo como tal "no se dispara de la realidad que pudiera haberse tenido en Tamtok o en la misma Huasteca", abunda Guillermo Ahuja. "Para los grupos sedentarios, el calendario más importante es el de la Luna y no el Sol, porque el ciclo lunar permite saber cuándo sembrar y cosechar, o si vendrá agua, frío o calor. Si hablamos de ciudades agrícolas, como ésta, ellas dependen de la Luna. El hecho de que la lápida esté enclavada en un área de manantiales refuerza el concepto de la Luna como la generadora de los líquidos vitales". En cuanto a su simbolismo, son básicamente tres figuras antropomorfas. Dos de ellas son del sexo femenino, están ubicadas a los flancos, aparecen decapitadas y de su cuello surge el líquido vital, sea agua o sangre. De esos chorros que brotan de las mujeres, aparecen aves que marcan las cuatro direcciones del mundo. El centro de la pieza, en tanto, lo ocupa un personaje que, en su parte inferior, presenta elementos masculinos, mientras que la superior es de sexo femenino, con caja toráxica y rostro descarnados, y a cuyo ombligo y a los brazos llegan los chorros del líquido vital. En la parte superior, por último, aparecen símbolos que pudieran estar representando parte de los ciclos que tendrá la Luna. Este glifado del monolito, enfatiza el arqueólogo, recuerda mucho a los prevalecientes en la zona arqueológica del Tajín; pero la antigüedad de estos primeros podrían confirmar que aquella ciudad veracruzana pudo haber sido fundada por los huastecos y no al revés, como se cree hasta la fecha. La Jornada - México D.F., 8/5/2006 |
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La cueva y la montaña Arturo García Hernández La ciudad de Calakmul tuvo más de un milenio de esplendor, luego fue abandonada y permaneció durante siglos en el olvido, sumergida en la inmensa y verde soledad de la selva de Campeche (México). Descubierta en 1931, se empezó a estudiar sistemáticamente hace apenas 13 años, no obstante lo cual ya se puede afirmar que, junto a Tikal (Guatemala), fue la mayor potencia política, económica y cultural de la zona maya. El asentamiento en su totalidad ocupa 35 kilómetros cuadrados. De éstos, el área monumental abarca alrededor de un kilómetro cuadrado, donde se despliega el mayor volumen arquitectónico, con 300 o 400 estructuras, de las cuales sólo se ha intervenido en 20. El resto permanecen ocultas bajo la tierra y la vegetación. Aunque es mínima la parte explorada, los hallazgos realizados en la década anterior revelan que por su desarrollo e influencia, Calakmul superó a ciudades como Palenque o Chichén Itzá, por mencionar dos de las más conocidas a escala mundial. Entre los descubrimientos recientes sobresale, por su belleza e importancia histórica, un mural polícromo de 2.60 metros de largo por 1.10 de alto que representa la preparación de un ritual o un festejo. Se estima que data de los años 400 o 500 de nuestra era. Es decir, pertenece al periodo clásico temprano (250-600 dC) de la cultura maya en Campeche. En el mural aparecen cuatro personajes -dos hombres y dos mujeres- sirviendo y degustando comida y bebida. De acuerdo con el arqueólogo Ramón Carrasco Vargas, director del proyecto Calakmul desde 1993, "la actitud de los personajes es como de quien participa en una fiesta, pero aún no sabemos exactamente de qué se trata". La pintura fue detectada en 2004, en el Edificio 1 de la Acrópolis Norte, sobre el basamento de una pirámide de tres cuerpos. Se le recuperó y limpió por completo el año pasado y su hallazgo se dio a conocer en el número 75 (septiembre-octubre de 2005) de la revista Arqueología mexicana. Pero a pesar de su trascendencia, el descubrimiento prácticamente ha pasado desapercibido para la opinión pública. Ramón Carrasco Vargas dice en entrevista que en la elaboración del mural el autor empleó una paleta de 16 colores. Para dar una idea de lo que esto significa, el arqueólogo menciona que en el mural encontrado en San Bartolo, Guatemala, por William Saturno, y dado a conocer recientemente, se utilizó una paleta de cuatro colores. Esto "habla de un mayor dominio en el manejo de colores en Calakmul, tenían muy desarrollada la técnica de fabricación de pigmentos y de su aplicación, el manejo plástico es fantástico; esto se demuestra también en que, a pesar del tiempo transcurrido, la pintura se conserva intacta". Sin embargo, Carrasco sostiene que más allá de eso, no caben las comparaciones entre ambos hallazgos: "Pertenecen a épocas distintas -el de San Bartolo es anterior-; son expresiones de dos momentos diferentes pero uno y otro son muy bellos y contribuyen al conocimiento de los mayas. Yo no los compararía". A reserva de estudiar con detenimiento todos los elementos del mural, su calidad y el tema representado ya permiten afirmar que fue realizado en el seno de una sociedad próspera y bien organizada. ¿Por qué Calakmul no había recibido una atención proporcional a su importancia? Entre los factores que explican ese olvido, Ramón Carrasco menciona el tardío descubrimiento e inicio de las investigaciones. El sitio es reportado por el explorador estadunidense Cyrus Lundell a finales de 1931. Las primeras excavaciones las hace Román Piña Chan en 1982. Pero fue hasta 1991 que los trabajos se iniciaron en forma. Otra explicación del olvido en que cayó la ciudad es su lejanía de los centros urbanos contemporáneos más importantes de la región, Chetumal y Campeche, y el escaso desarrollo turístico en esa parte de la península de Yucatán. Cuando Carrasco comenzó sus trabajos, llegó al lugar en helicóptero; era la forma más rápida y segura de hacerlo. Por tierra nada más se podía arribar por una brecha que lo mismo se recorría en algunas horas que en varios días, según fueran las condiciones del camino. Actualmente existen carreteras que unen Calakmul con Chetumal y Campeche. Desde la primera ciudad la distancia se cubre en tres horas; desde la segunda, en cuatro. Hace una década, apenas la visitaban algunos cientos de personas al año; hace un lustro llegaban a 5 mil; el año pasado fueron 25 mil. Ultimamente la ciudad maya registra un aumento gradual en el número de visitantes, sobre todo desde que fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, en 2002. De acuerdo con Carrasco Vargas, Calakmul es el sitio con mayor número de estelas de toda el área maya. Muchas corresponden a etapas muy tempranas, alrededor del año 400 antes de Cristo: "lamentablemente es un material muy dañado y la información que contenían se ha perdido, razón por la que no es posible fijar con precisión sus líneas genealógicas y su historia". Al deterioro producido por el tiempo y los elementos naturales, se suma el saqueo: "En el área donde está la Estructura I estaban las mejores estelas de Calakmul, pero fueron saqueadas en los años 60 y 70. Fue un saqueo fuerte. De hecho, la estela maya más importante que hay en el Museo Nacional de Antropología fue saqueada de Calakmul". Como quiera que sea, "los nuevos hallazgos poco a poco han abierto paso a nuevas preguntas y respuestas sobre cómo era la sociedad maya". La información obtenida en el sitio, además de la surgida en otras zonas, permite a los especialistas confirmar sin duda alguna la rivalidad entre Calakmul y Tikal, las dos grandes potencias del área maya en el Clásico tardío: "Está claramente reconocido que en ese periodo Calakmul fue el centro de poder de la dinastía Kaan". Ramón Carrasco señala que, a diferencia de otros sitios que pasaban por periodos de ocupación y abandono alternativamente, Calakmul surgió y tuvo una evolución ininterrumpida durante mil 500 años. Para que se diera esa continuidad -considera el arqueólogo- necesariamente tuvo que haber de parte de los habitantes una relación de profundo respeto y equilibrio con el medio ambiente. Según cálculos de los especialistas, el colapso de Calakmul se inició alrededor del año 700, que corresponde al momento de máximo desarrollo del sitio. Como consecuencia de ese auge, "se produjo una enorme explosión demográfica y al crecer la población se ejerce una mayor presión sobre el medio ambiente, se necesitan más tierras de cultivo, más insumos. Al ser la selva tropical de un equilibrio muy precario, se empiezan a producir sequías y la población comienza a sufrir de desabasto". Sobreviene la hambruna y las enfermedades merman a la población: "las cúpulas de poder ya no pueden mantener el control y se dan las famosas migraciones: dispersión y desplazamientos hacia otras regiones mucho más propicias para la vida". Así terminó el esplendor de la ciudad y empezó su sueño de varios siglos, sumergida en la inmensa y verde soledad de la selva de Campeche. El arqueólogo Ramón Carrasco sostiene que los hallazgos en la zona plantean la necesidad de ver desde nuevas perspectivas la cultura maya y revisar las investigaciones que se han hecho al respecto en los pasados 50 años. El especialista se refiere particularmente a la Subestructura II, el mayor edificio del sitio, y al friso en estuco bícromo, de 20 metros de largo por tres de alto, colocado en la fachada principal, enmarcando la entrada al monumento. A cada lado de ese acceso, dos mascarones zoomorfos de cuatro metros de altura presiden la escalinata que conduce al interior. De acuerdo con el análisis de Carrasco, el conjunto representa dos elementos esenciales de la cosmovisión maya: la montaña y la cueva. La montaña -el exterior- es el lugar de origen y la cueva -el interior- es Xibalba, el espacio sagrado donde habitan los ancestros. Al respecto, el investigador cuestiona el concepto de "inframundo" comúnmente utilizado a la hora de hablar de la cosmovisión maya: "Es un concepto muy occidental que realmente no tiene que ver con el pensamiento de los mayas". Lo que pasa es que los conquistadores españoles todavía traían consigo la fobia obsesiva fomentada por la Iglesia "hacia las brujas y los demonios; todo lo asociado a la tierra era el infierno, era muerte, era malo". Cuando ven que las culturas mesoamericanas hablan de que su edén está dentro de una montaña, bajo tierra, la asociación con lo malo y demoniaco es inmediata. Pero para los mayas "no había elementos opositores como arriba-abajo, bueno-malo; no veían una separación entre la vida y la muerte; la muerte era una continuación de la vida, el que moría se iba al interior de la montaña que es de donde había venido. Se manejaban en una dimensión horizontal donde existen adentro y afuera. Afuera es la montaña, donde está la entrada para llegar adentro, a la cueva". Al ver la forma de la construcción de la Subestructura II y las imágenes en el friso, Carrasco entendió la relación basamento-montaña, templo-cueva, presente en las soluciones arquitectónicas de muchas estructuras. En Calakmul también se percató de que en la cosmovisión maya no se habla en realidad de dioses: "Se trata de una cultura fundamentalmente animista, como los son todas las culturas americanas y mesoamericanas, donde se establece una relación de igualdad entre el hombre y la naturaleza (las plantas, los animales). Concluyó entonces que no se podía seguir estudiando a las culturas prehispánicas desde una perspectiva occidental. Aunque admite que es una posición que ya empieza a generar polémica, está convencido de que "el conocimiento tiene que avanzar; no es posible seguir reproduciendo errores si realmente queremos conocer la escencia de esa cultura". La arqueología -abunda Ramón Carrasco- "es eso, el encuentro de un dato que en un momento dado permite elaborar una teoría, y tiempo después aparece información nueva que la modifica. Es la parte dinámica de la arqueología y del conocimiento. Por lo mismo no puede haber afirmaciones definitivas. Creo que estoy planteando una cuestión totalmente nueva, que puede generar polémica, pero que abre muchos caminos para entender mejor nuestra historia". La Jornada - México D.F., 7/2/2006 |
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Las niñas de Tamtok Arturo García Hernández En marzo del año pasado en el Estado de San Luis Potosí (México), el equipo que encabeza el arqueólogo Guillermo Ahuja Ormaechea, director del Proyecto Tamtok, hizo el hallazgo más importante hasta ahora sobre la cultura huasteca. Se trata de un espectacular monolito de 8 metros de largo, por 4 de altura y 30 centímetros de grosor. Más que en sus dimensiones, la trascendencia del descubrimiento radica en su antigüedad y en las figuras que tiene talladas. De acuerdo con la información ofrecida por Ahuja Ormaechea, la pieza data aproximadamente de los años 600 o 700 antes de Cristo. Para empezar, este dato echa por tierra la idea largo tiempo aceptada de que la huasteca era una cultura tardía, por lo que no se le daba gran importancia. Ahora, la antigüedad del monolito permite situar a los huastecos, junto a los olmecas, entre los grupos originarios de las culturas mesoamericanas. La piedra originalmente presidía el nacimiento de un manantial. Se supone que fue derribada por un aluvión y al caer se fracturó en dos partes. Cayó de tal manera que la cara tallada quedó contra el agua y el lodo, dejando a la vista sólo una parte de las imágenes. Actualmente es visible 80 por ciento de la talla. A partir de eso, Guillermo Ahuja Ormaechea elaboró un dibujo que muestra lo que presuntamente es la imagen completa. Los elementos principales son tres figuras femeninas. Por eso el arqueólogo bautizó al monolito como Las niñas, aunque su nombre técnico es Monumento 32. Dos de las figuras aparecen decapitadas y de sus cuellos cercenados surgen chorros que bien pueden representar sangre, agua o algún líquido precioso. Al parecer simbolizan el surgimiento de la vida sobre la Tierra. Alrededor de las representaciones femeninas se aprecia una serie de 18 elementos que permite a los especialistas afirmar que se trata de un calendario lunar. No se tiene conocimiento de otro calendario igual por lo menos en territorio mexicano. Esto ha llevado a los arqueólogos a reparar en que se ha puesto más atención al Sol que a la Luna en el estudio de las culturas prehispánicas. Antes del hallazgo de Las niñas, el más impresionante vestigio de Tamtok era otro monolito en el que está tallada la parte inferior de una figura masculina desnuda, con un pene enorme perforado, en aparente alusión al mito de la creación del hombre por Quetzalcóatl. Según este mito, Quetzalcóatl bajó al inframundo y se perforó el pene para mezclar su sangre con los huesos de las generaciones anteriores. Así creó al ser humano. Su nombre técnico es Monumento 22, pero los lugareños le llaman jocosamente Tomás o El muchacho alegre. Tantoc o Tamtok significa, en lengua indígena tenek, "lugar de las nubes de agua". Se encuentra sobre una extensión de 133 hectáreas, en las márgenes del río Tamuín, a una hora por carretera de Ciudad Valles, San Luis Potosí. Fue descubierta a finales del siglo XIX. Hacia 1937 se hizo el primer registro de monumentos arqueológicos en lo que entonces era el rancho El Aserradero, donde hoy se ubica Tamtok. Desde esos días se consideró que la ciudad huasteca podría ser tan grande como Teotihuacán. Entre 1962 y 1965 el arqueólogo francés Stresser-Péan delimitó el área y realizó excavaciones parciales. Los trabajos de rehabilitación integral empezaron el 6 de agosto de 2001. Hasta entonces el sitio era prácticamente desconocido. Con una inversión de 18 millones de pesos, en estos cuatro años de trabajos se han consolidado 70 estructuras de las 255 detectadas. Tamtok vivió su periodo de máximo esplendor entre los años 200 y 1300 después de Cristo, cuando llegó a tener una población de aproximadamente 4 mil habitantes. A juzgar por los vestigios encontrados, se trataba de una sociedad sedentaria bien organizada, que vivía principalmente de la agricultura. En el conjunto se ha identificado un urbanismo único en toda Mesoamérica. Presumiblemente la ciudad fue abandonada antes de la llegada a la región de los conquistadores españoles. Una característica que distingue a Tamtok es la notable presencia femenina. Por ejemplo, 90 por ciento de los entierros descubiertos en la zona son de mujeres. Y la gran mayoría de las figurillas de arcilla y cerámica encontradas en la zona, representan a mujeres. Muy probablemente se trataba de mujeres con alto rango en la división social de la comunidad. La Jornada - México D.F., 7/1/2006 |
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El ejemplo más temprano de la escritura maya Un grupo de arqueólogos descubrió recientemente el ejemplo más antiguo de escritura maya jamás hallado, en 10 jeroglíficos pintados sobre rocas en la selva del Petén de Guatemala. Los símbolos, de 2 mil 300 años de antigüedad, quedaron al descubierto en abril, con las excavaciones en el complejo de pirámides de San Bartolo, el mismo sitio al norte de Guatemala donde hace cuatro años el arqueólogo William Saturno encontró los murales más viejos del mundo maya. Los jeroglíficos datan de los años 200 a 300 aC, e implican que los antiguos mayas desarrollaron un sistema de escritura avanzado siglos antes de lo que se creía, de acuerdo con un artículo publicado el 5 de enero en el número más reciente de la revista Science. Las pruebas de carbono 14, para determinar la antigüedad de los hallazgos, demostraron que los símbolos son 100 años más viejos que los murales que describen el mito maya de la creación. "Las personas han estado esperando por mucho tiempo hallar un bajorrelieve de este periodo maya", dijo Mary Miller, experta en arte maya de la Universidad Yale, en New Haven, Connecticut, Estados Unidos. "Resultó no ser un bajorrelieve, pero en cambio está asociado con este increíble complejo de antiguas pinturas", agregó. "Es como si fuéramos a encontrar fotos de Jesús en la cruz de tiempos en los que él estaba vivo". Las pirámides en San Bartolo fueron construidas a lo largo de los siglos con nuevas y mayores estructuras tapando a las viejas, a medida que crecía el poderío del pueblo maya. El arqueólogo guatemalteco Boris Beltrán descubrió los jeroglíficos por accidente, mientras excavaba en una estructura muy por debajo de la habitación que aloja los viejos murales. Los símbolos, delgadas pinturas negras sobre piedra blanca, descansan en una tina de plástico en un laboratorio de una vieja casa de la ciudad colonial de Antigua, mientras los arqueólogos limpian y catalogan otras piedras de San Bartolo. Aunque los jeroglíficos son en gran parte indescifrables, Saturno y su equipo dicen que uno de los símbolos podría ser una versión temprana de la palabra ajaw, o "gobernante". Los especialistas dicen que algunos de los símbolos son pictóricos y uno de ellos parece una mano que sostiene un pincel o un instrumento afilado para extraer sangre. "No podemos leer esto porque es muy antiguo", dijo David Stuart, de la Universidad de Texas en Austin, coautor del artículo publicado en Science, junto con Saturno y Beltrán. "Todavía se ven más exóticos que los símbolos mayas conocidos. Es como tratar de leer algo de los manuscritos de los años 1500. Aunque es nuestro mismo sistema de escritura, no lo reconocemos". La escritura más antigua en la región data del año 600 aC y fue hallada en el valle de Oaxaca, dijo Saturno, aunque la fecha todavía es debatida por académicos. Stuart dijo que los símbolos descubiertos se parecen a textos usados por pueblos vecinos durante la última parte del periodo preclásico y la primera del clásico, lo que despertó preguntas acerca de las relaciones entre las antiguas civilizaciones de Mesoamérica. "Creo que los mayas participaron en la invención de la escritura mucho antes de lo que se pensaba", indicó Stuart. "Como las ciudades comenzaron en Mesoamérica en esos tiempos, la escritura era parte de ello, como el arte público y la presentación de la ideología política. Todo es parte del mismo paquete". Saturno anunció el mes pasado que había descubierto la pared más elaborada de un mural de 2 mil años de antigüedad en San Bartolo, que es como la Capilla Sixtina de la cultura maya. La complejidad de la escritura hallada en San Bartolo indica que hasta se podrían descubrir ejemplos más tempranos en el futuro. "La historia de los orígenes de la escritura mesoamericana no se resuelven con este hallazgo", dijo Saturno. Los descubrimientos recientes en Guatemala muestran claramente "que la historia completa todavía no ha sido contada". La Jornada - México D.F., 6/1/2006 |
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Direttore Nicoletta Manuzzato Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 259 del 13/4/2004 |