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¿Dónde quedó Juan Diego? Bernardo Barranco V. A propósito del 12 de diciembre pasado, fecha que conmemora 475 años de la aparición guadalupana y que gran parte de la población católica rinde culto a la Virgen, nos preguntamos sobre san Juan Diego a casi cinco años de ser canonizado en medio de polémicas y disputas ad intra, sobre su existencia histórica, que el alto clero católico mexicano protagonizó. Aún recordamos el segundo viaje de Karol Wojtyla a México en 1990, cuando identificó el reconocimiento a Juan Diego con los indígenas mexicanos. En la misa de beatificación, celebrada el 6 de mayo en la Basílica, sostuvo lo siguiente: "A semejanza de los antiguos personajes bíblicos, que eran una representación colectiva de todo el pueblo, podríamos decir que Juan Diego representa a todos los indígenas que acogieron el Evangelio de Jesús". Pese a la oposición de un importante número de clérigos intelectuales e historiadores que recomendaban no apurar la canonización de Juan Diego, pues al parecer no había pruebas ni contundentes ni definitorias que confirmaran su existencia histórica, la decisión estaba tomada por el Vaticano y Juan Diego fue canonizado el 31 de julio de 2002 en la ciudad de México, durante una quinta y última visita pontifical a nuestro país. Durante su homilía, Juan Pablo II destacó que el indio del Tepeyac: "facilitó el encuentro fecundo de dos mundos y se convirtió en protagonista de la nueva identidad mexicana, íntimamente unida a la Virgen de Guadalupe, cuyo rostro mestizo expresa su maternidad espiritual que abraza a todos los mexicanos (más adelante el Papa insiste en la indigenidad de Juan Diego). Esta noble tarea de edificar un México mejor, más justo y solidario, requiere la colaboración de todos. En particular es necesario apoyar hoy a los indígenas en sus legítimas aspiraciones, respetando y defendiendo los auténticos valores de cada grupo étnico. ¡México necesita a sus indígenas y los indígenas necesitan a México!" Incluso el Papa beatificó en sus visitas a otros indígenas mártires, como los cajones y niños tlaxcaltecas; sin embargo, sus deseos contrastaron con las acciones de la curia vaticana que ha obstaculizado sistemáticamente la ordenación de los diáconos indígenas en Chiapas desde los tiempos de Samuel Ruiz hasta ahora en que con resignación y disciplina Felipe Arismendi ha acatado la decisión romana de frenar la iglesia indígena. Si bien Juan Pablo II batió record en beatificaciones más de mil 300 y canonizaciones poco menos de 500 se puede suponer una relajación de los estrictos requisitos, los procesos canónicos; pese a ello, el objetivo central de la santificación de Juan Diego fue prioritariamente apuntalar el culto guadalupano y acercarse a los sectores indígenas que desde el conflicto chiapaneco de 1994 habían externado su recelo por ciertos actores y sectores de la Iglesia católica que se habían opuesto abiertamente tanto a las reivindicaciones como a la organización de los movimientos indígenas. Wojtyla impulsó una visión continental y globalizadora, ya que en términos de geopolítica religiosa las iglesias en el continente están amenazadas por los nuevos movimientos religiosos o las llamadas "sectas" que nacen en el norte y se expanden hacia el sur. Por ello fortalecer la religiosidad popular guadalupana resulta estratégica para frenar su avance; en suma, afianzar la devoción guadalupana fortalece las barreras y los diques frente a otras ofertas religiosas. Y vía la emigración, como de hecho ha sido colocar el guadalupanismo como la devoción mariana más vigorosa, hoy en Estados Unidos. Sin embargo, la canonización fue precedida de un extraño combate intraeclesiástico, una especie de nueva versión de confrontación entre aparicionistas y antiaparicionistas que tuvo como inicio la lucha por el control de la basílica entre el arzobispo Rivera y el abad Schulenburg en 1996. El cardenal aprovecha una imprudencia del entonces todopoderoso abad al declarar en Ixtus sus dudas sobre la existencia real e histórica de Juan Diego. Dos libros resumen la querella; el primero se edita bajo la firma del cardenal Rivera: Juan Diego. El águila que habla, y el segundo: La búsqueda de Juan Diego, del sacerdote Manuel Olimón Nolasco, que pone en duda el rigor científico e histórico de las supuestas pruebas. Las represalias que sufre evidencian el autoritarismo eclesiástico. Ambos libros fueron editados en 2002 por Plaza & Janés. En la disputa se entrelazan diversos personajes, principalemente del clero, llegando incluso a la mediación de Tarcisio Bertone, actual secretario de Estado y en aquel entonces secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es decir, mano derecha del entonces cardenal Ratzinger. En un excelente recuento, el historiador Rodrigo Martínez Baracs registra los entretelones, conjuras y planteamientos de los principales actores, concluyendo que "la cuestión de fondo en esta historia es la manera de la Iglesia católica de relacionarse con la verdad, con la ciencia, con ese sentido de lo real y de lo verdadero que compartimos todos los hombres más allá de nuestros credos o naciones. Al empecinarse en un aparicionismo estrecho y mal probado, la Iglesia católica se cierra en sí misma, buscando crecer y fortalecerse, pero separada de las demás religiones de la maltrecha comunidad humana" (La querella por Juan Diego, La Jornada Semanal, núm. 390, 25/08/02). Preguntarnos hoy, con serenidad, por Juan Diego es importante. A la distancia se percibe un desdibujamiento del santo frente a las enormes expectativas que el propio clero fomentó. A fines del siglo pasado hablaba de una impresionante multiplicación del culto (cf. Crece el culto del beato, Milenio Semanal 24/2/ 02). Actualmente percibimos mucho mayor dinamismo, a nivel popular, entre los movimientos pentecostales y en el creciente culto a la Santa Muerte. Esto no ha deteriorado el culto mariano por Guadalupe, pero probablemente una excesiva comercialización y lucro del santo han revertido la burbuja mediático-religiosa creada en torno a Juan Diego desde la década pasada; los antropólogos hablan de un desfase entre la imagen católica que proyecta a un indígena sumiso y la creciente actitud contestataria y reivindicatoria de los pueblos indígenas. Otra explicación que también puede incidir es que el arzobispado ha centrado demasiadas energías en la estancada plaza mariana. El hecho es que nos preguntamos después de tanto ruido, ¿dónde está Juan Diego? La Jornada - México D.F., 13/12/2006 |
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Tras las huellas del Che Guevara Angel Berlanga "Recordar significa volver a pasar por el corazón", anota Horacio López Das Eiras en el prólogo de Ernestito Guevara, antes de ser el Che. Eso fue lo que hicieron, dice, "los protagonistas de la palabra y de la memoria", las decenas de personas que rastreó y entrevistó para componer un libro que reconfigura infancia, adolescencia y juventud, los años pasados en Alta Gracia, Córdoba y Buenos Aires, de quien se convertiría en el guerrillero emblemático de América latina. "El punto de partida fue septiembre de 1995, cuando escribí una nota en La Voz del Interior titulada El Che cordobés", cuenta el autor, un periodista que nació y reside en esa provincia mediterránea, quien desde entonces intuyó que los dieciséis años vividos por Guevara allí lo conducirían, paciente investigación mediante, al libro que publicó recientemente la también cordobesa Ediciones del Boulevard. "El objetivo fundamental fue saber cómo era este chico antes de ser el revolucionario famoso", explica López Das Eiras. "La construcción, hasta obtener los testimonios de amigos de barrio, compañeros de escuela, amistades de su círculo y familiares, fue lenta, paciente; a estos testimonios sumé pantallazos históricos y contexto familiar, social y cultural de la época, siempre teniendo como norte cómo se hizo el Che, cómo surge desde un antiguo pueblo como Alta Gracia un referente de la revolución internacionalista. Durante dos años, además, y esto no es un dato menor, viví al lado de lo que hoy es la casa histórica del Che y jugué a la pelota con el hijo de un amigo suyo de la infancia, Carlín Míguez; haber respirado esa misma atmósfera bien pudo haber movilizado mi curiosidad". -La cantidad de enfoques y estudios sobre el Che dificultarán, seguramente, encarar un nuevo libro sobre él. ¿Qué se propuso a la hora de escribirlo, cómo se sobrepuso a esa dificultad inicial? -Cuando me propuse hacerlo todavía no se había declarado el diluvio de biografías en torno de su figura, por lo que me largué con los obstáculos naturales de cualquier aventura y no retaceé casi nada en pos del objetivo. Paco Taibo, Jon Lee Anderson, Jorge Castañeda, Pierre Kalfon y Hugo Gambini -este último reeditado- fueron algunos de los biógrafos que se fueron repitiendo a razón de uno por año. Y si bien no me ponía a celebrar la aparición de cada libro, me propuse con mayor enjundia que Córdoba debía tener alguien que escribiera sobre el Che. "Seguí su huella día a día en la casa y en el potrero, en la calle y en las aulas, en los escenarios de la niñez y la juventud, e incluso hasta que se graduó de viajero por la entraña del continente", cuenta López Das Eiras. "Me metí especialmente con su relación con los libros, con los que siempre tuvo un vínculo inseparable. En cuarto año, por ejemplo, fue muy buen alumno de literatura y filosofía; polemizaba con todos los profesores". La principal vertiente desde la que aporta este trabajo radica en las voces, en la cercanía de quienes compartieron experiencias y ámbitos con Guevara, el recuerdo de palabras y gestos en una despedida o en un reencuentro, la voluntad y el estoicismo puestos en juego en la práctica de un deporte, las simpatías ganadas vía travesura, rebelión, carisma, lucidez o valentía. Para recrear ese "día a día", el autor entrevistó a "clásicos" a la hora de hablar del Che, como Calica Ferrer o los hermanos Alberto y Tomás Granado, pero también al vecino con el que compartía un fulbito, la chica con la que jugaba al ping pong, maestros, profesores y compañeros de primaria, secundaria y facultad; ahí está, por ejemplo, el gran arquitecto Osvaldo Bidinost, que en la adolescencia visitaba "el fascinante zoológico humano" que era la casa de los Guevara en "aquella conservadora Córdoba", una casa por la que "desfilaban personajes fuera de serie, pintores marginales que la madre de Ernesto había descubierto, algún poeta ecuatoriano en viaje informal por la Argentina". Bidinost cuenta que se quedaban hasta la madrugada "comiendo huevos fritos" y debatiendo sobre literatura, "el eje de las discusiones". "Hablábamos de Sartre, Kafka, Camus", dice Bidinost, que también recuerda que en esa época el Che ya leía a Miguel Angel Asturias y recitaba de memoria a José Martí. "De alguna manera estaba queriendo trasladar la literatura, que para nosotros era un poco escapista, a algo más concreto", interpreta. "Para él, era sólo un adelanto de lo que estaba deseoso de vivir. Estaba queriendo imaginar lo que tenía alrededor, lo que objetivamente era América latina, y no Europa o Wyoming. En eso hubo una influencia de su madre, en descubrir al mundo mirándolo desde la puerta de servicio. Ella también participaba de las discusiones como si fuera una de nosotros. Hasta solía levantarse en camisón de madrugada y se sentaba a comer huevos fritos". -¿Por qué cerró su libro con esa cita reivindicatoria de Perón sobre el Che? -Siempre me pregunté qué habría dicho Perón en el exilio sobre la muerte del Che; cuando leí la frase, me gustó, me pareció un cierre digno el hecho de que Perón reconociera al Che como el hombre de una causa, que dijera que "combatir con éxito o sin él contra el imperialismo ha sido en todos los tiempos un sello de honor para los hombres libres". No sé si son expresiones sinceras, pero sería bárbaro que lo fueran. Aunque el Che no era peronista, el golpe del '55 lo asqueó; Perón no era guevarista, pero estas palabras transmiten un respeto poco frecuente. Al margen de lo histórico, soy de los que piensan que el mejor peronismo y el mejor guevarismo tienen muchos y fuertes puntos de contacto. ¿Quién no tiene amigos de uno y otro sector que se llevan bien, o no tan bien, aunque coincidan en puntos fundamentales respecto del país y la sociedad? ¿Queremos un país con excluidos? No. ¿Queremos un país justo y soberano en las decisiones más importantes? Sí. Hay un montón de puntos coincidentes sobre los que hay que insistir para lograr el país deseado por las mayorías, donde no haya seres humanos revolviendo basura. Página/12 - Buenos Aires, 9/12/2006 |
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El retorno de las wacas Waca es una palabra andina que significa "sitio sagrado". Por lo general, se encuentran en espacios elevados (cerros) cerca de lagos o ríos y en determinados caminos. Los amautas aseguran que la tendencia católica es colocar imágenes de Cristo en estos lugares. En la religión andina, para cruzar de un sitio a otro se pide "permiso" a los dioses andinos en las wacas. También hay la creencia de dejar una piedra en ellas, esto simboliza desprenderse del cansancio del cuerpo. Erick Ortega Pérez En agosto de 1548 empezó la construcción de la iglesia de San Francisco, en lo que hoy es la ciudad de La Paz, 55 años y diez meses después de la llegada de los españoles a América. A partir de entonces, los templos andinos fueron reemplazados por las cruces que apuntaron al cielo y se multiplicaron como los panes y los pescados milagrosos de Jesús. De esta forma, los lugares sagrados de los pueblos originarios quedaron silenciados ante la conquista. No obstante, en la actualidad, en Bolivia, los amautas (líderes espirituales indígenas) aseguran que los vientos han cambiado y que ha llegado el tiempo de recuperar esos espacios religiosos relegados, que reciben el nombre aymara de wacas. Para estas autoridades, las parroquias de la Colonia están de más. El movimiento de reivindicación ya se ha iniciado, incluso con el apoyo del Gobierno y sin que la clase eclesiástica esté enterada de ello. La cruz y la espada fueron los cimientos de la conquista ibérica. Carlos Mesa, en su libro Historia de Bolivia, rememora que desde el segundo viaje de Cristóbal Colón al nuevo continente los sacerdotes formaron parte de las comitivas colonizadoras. El primer Obispado de América fue el de San Juan de Puerto Rico (1512); luego se crearon los de Túmbez y Cusco, ambos en el actual territorio de Perú. Corría 1538. De inicio, las expediciones católicas en suelo boliviano se hicieron con sotanas cafés. Los franciscanos -como dice el folleto Convento y Basílica Menor de San Francisco- "imitaban a los apóstoles de Jesús a proclamar la Buena Nueva a toda criatura". Ellos no se ocupaban de edificar iglesias, pero sí de evangelizar. La construcción de las catedrales llegaría posteriormente. El
primer fraile arribó a Perú en 1532, ocho años después los
franciscanos andaban por Chuquisaca y desde 1547 catequizaron por Potosí.
Es más, según los documentos eclesiásticos, sus antecesores arribaron a
La Paz aun antes que Alonso de Mendoza, fundador de la ciudad. Iban a
pasar de largo por Chuquiago Marka, pero los religiosos se interesaron por
un pequeño poblado que vieron mientras caminaban rumbo a Sucre. Según el libro Bolivia, del historiador Jorge Siles Salinas, la imagen de la Virgen de la población a orillas del lago Titicaca fue tallada por el "inca noble Francisco Tito Yupanqui, crecido en un hogar ya cristianizado". La basílica fue construida en 1610 y los actos litúrgicos se celebraban al aire libre y estaban dirigidos a "multitudes de indígenas que acudían a exteriorizar su fe ante la Virgen". Fue cuando la palabra "sincretismo" empezó a cobrar significado. Pero, en el siglo XVI, los ojos del mundo estaban volcados a la tierra conquistada que se negaba a arrodillarse ante la religión española. Por esto, la Iglesia Católica instauró reuniones de obispos para tratar el tema, hasta que en el tercer Concilio reunido en Lima se redactó el catecismo en quechua, aymara y puquina. La propuesta funcionó a medias: las deidades aymaras seguían de pie y sus tradiciones no morían ante la llegada de la cruz. "Fue entonces que se inició una gran campaña para terminar con los antiguos dioses y sus ritos", señala Carlos Mesa. La creación de los monasterios de la fe católica y su ubicación en sitios estratégicos donde se erigían las wacas formaron parte de esta "extirpación religiosa", en palabras de los amautas de La Paz. "Los católicos construyeron sus iglesias en lugares sagrados, eso ha sido la conquista", indica Marcelo Zaiduni, uno de los líderes espirituales indígenas que impulsan la recuperación de estos lugares originarios. -Es difícil imaginar a la ciudad de La Paz sin la iglesia de San Francisco... Fernando Huanacuni Mamani tiene el rostro anguloso y el cabello nocturno como sus ojos. Escucha el comentario en silencio. Ofrece una sonrisa amarga, chueca e irónica, como su respuesta... -Sí, es difícil imaginarla, así como ha sido complicado para nosotros no tener nuestros templos andinos. -Pero quitar San Francisco de su sitio generará problemas con la Iglesia Católica. -Definitivamente que se va a producir un conflicto. Pero ellos tienen que ver el dolor que sentimos cuando destrozaron nuestros templos. La persona occidental sólo habla con la memoria individual y temporal; nosotros hablamos con la memoria social y atemporal. La voz de Huanacuni no expresa ninguna modulación especial. A sus 40 años, el abogado aymara forma parte del movimiento indígena que busca la reivindicación de las wacas, allí donde el catolicismo y el cristianismo han edificado sus oratorios. Él sabe que no está solo y cree que la premonición se hará realidad pronto, incluso en menos de seis años. Reunidos en la oficina de Cancio Mamani, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, un grupo de amautas coordina la recuperación de estas áreas. Todos están de acuerdo con la propuesta, aunque algunos son menos drásticos y piden sólo un pedazo físico de las iglesias para colocar sus wacas. Sin embargo, otros lo quieren todo, hasta el punto de planificar la destrucción del templo católico y su reemplazo por los espacios sagrados de los originarios. "Más que con resentimiento, hablamos con dolor. No se nos puede seguir ignorando. Este tema no sólo es de valor histórico, tiene importancia en nuestra psique. Para nosotros no ha sido fácil asistir a la universidad y estudiar. Formamos parte de toda una estructura de coloniaje que definitivamente tiene que ser resuelta por el bienestar de todos", dice Huanacuni. La referida estrategia no es simplemente apoyada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, sino también por el jefe máximo del Gobierno. De acuerdo con el amauta Edmundo Pacheco, "el Primer Mandatario (Evo Morales) sabe de esto. Está bien enterado de estas luchas". "Hay que basarnos en principios de conviabilidad (vivir bien juntos). Nosotros les permitimos (a los colonizadores) estar en nuestro país y ahora que nos permitan vivir en nuestro país", indica el sacerdote Zaiduni, quien brinda clases de culturas antiguas en la Cancillería. Él forma parte de una tendencia concertadora y está de acuerdo con colocar sólo la imagen de un sapo -hecho de piedra comanche- en el atrio de San Francisco. Propone respetar el resto de la capilla católica. "Sólo queremos que se nos permita hacer rituales en nuestro lugar ancestral". San Francisco es sólo un ejemplo. El renacimiento de las wacas apunta a todos los conventos que trajo consigo la colonia y que se ubican en el occidente del territorio boliviano, teniendo a La Paz, Oruro y Potosí como epicentros; entre los más importantes están los de Laja, Guaqui, Tiwanaku y Copacabana. En el caso de este santuario a orillas del lago sagrado, la reciente disputa -que aún no ha sido resuelta completamente- por la Hospedería y el templo -revela el grupo de líderes espirituales- es, sobre todo, por la recuperación del otrora sitio destinado a las ofrendas de los indígenas. "Ése era un primer movimiento de recuperación. Nosotros vamos paso a paso", anuncia convencido Huanacuni. Los problemas de Copacabana datan de unos 13 meses atrás. En noviembre de 2005, un conjunto de campesinos pidió alojamiento en la hostal de los franciscanos, que atendía a un precio módico a los visitantes y peregrinos en Semana Santa. Posteriormente, los visitantes se negaron a salir y reclamaron su derecho de propiedad desde tiempos ancestrales. Al final, expulsaron a los sacerdotes que siguen las enseñanzas de San Francisco de Asís. La lista continúa. En la ciudad de El Alto, comentan los amautas, también el padre alemán Sebastián Obermaier edificó templos sobre wacas andinas. Una de las construcciones cuestionadas es la de Villa Dolores. Marcelo Zaiduni dispara sobre Obermaier: "En la Jach’a Apacheta (ubicada en Munaypata) hay un centro ritual al que no nos podemos acercar porque estamos perseguidos y amenazados de muerte. Obermaier quiere construir una megaiglesia en ese lugar. Él busca destruir ese sitio sagrado donde están enterrados muchos cadáveres de los amautas". Fuentes que conocen el tema advierten de que incluso se está formando un "frente de choque" para destruir las cruces de las capillas de color verde y blanco repartidas por varias zonas alteñas y que responden a la "marca registrada" de las construcciones de Obermaier y, en vez de éstas, instalar los crucifijos de piedra, no sin antes exigir la salida de los sacerdotes y la ocupación de los laramas (sabios originarios) como nuevos "propietarios" de estos conventos. Asimismo, Tiwanaku forma parte de este circuito espiritual que pretende ser recobrado. No en vano, vestido con un unku o kawa (una especie de poncho con cuatro aberturas), que fue confeccionado con fibra de alpaca, con base en el diseño original de la cultura tiwanacota, el sábado 21 de enero de este año, Evo Morales recibió el bastón de mando de los mallkus (autoridades rurales), un día antes de su posesión oficial en la plaza Murillo. Un nombramiento marcado por los ritos ancestrales y que recibió el beneplácito de representantes indígenas del continente, quienes asistieron a la ceremonia. Para los amautas, con las señales de cambio que se advierten en la actualidad, poco a poco el sueño de recuperar sus emblemas sagrados toma cuerpo. "Se está coordinando también con las prefecturas para hacer un inventario (nacional) de wacas. Yo estoy al cargo del registro; pero hay otra unidad que se encarga de la catalogación de éstas", comenta Dolores Charali Mayorga, jefa de la Unidad de Patrimonio Material del Viceministerio de Cultura. Sin embargo, la recuperación de estos centros espirituales no es una lucha que se circunscribe solamente a las fronteras de Bolivia. En Perú los pueblos indígenas han solicitado a la justicia ordinaria la devolución de una de sus wacas, la de Qurikancha, que se halla ocupada por una iglesia católica. De prosperar esta demanda legal, repercutirá en la región andina. Incluso en el encuentro continental de pueblos y nacionalidades indígenas del Abya Yala -celebrado entre el 8 y el 12 de octubre recientes en La Paz- se firmó el documento De la resistencia al poder, donde uno de los retos originarios está justamente relacionado con las wacas. "Recuperar los lugares sagrados, centros ceremoniales para el fortalecimiento de la identidad espiritual de cada uno de los pueblos y posibilitar el equilibrio del cosmos-pachamama, pacha tata-dios madre, dios padre, y así cuidarlo y preservarlo. Esto implica que los centros ceremoniales deben pasar a la administración de los pueblos originarios del Abya Yala (nombre indígena que se daba en Centroamérica al continente americano antes de la llegada de los españoles) y no seguir siendo un medio simplemente de lucro", dice el texto del pronunciamiento. La hoja de coca ha hablado y los abuelos aymaras lo advierten... En 2012, el planeta Tierra sufrirá los embates de la naturaleza. "Cuando llegue el Pachakuti (Gran Día) cósmico -aproximadamente dentro de seis años- el mundo se va a sacudir en las cuatro direcciones, habrá terremotos, maremotos y el fenómeno de El Niño va a ser cotidiano", profetiza el amauta Edmundo Pacheco. Hasta que llegue ese día fatídico, las autoridades espirituales pretenden encender los "fuegos sagrados de las wacas". No habría otra solución. Pacheco no se queda ahí, sino también incorpora a su mensaje un contenido científico visto a través de la milenaria hoja de coca... "Al hacer el movimiento de rotación, la Tierra empieza a cabecear, esta inclinación provoca una desviación con el tiempo, además del calentamiento del planeta. Si no recuperamos las wacas, la Tierra va a perder su eje central". Este apocalipsis andino supuestamente ya lanzó sus primeras señales. "Quiero hacer recuerdo que el 19 de febrero del año 2003 ha llegado a la plaza Murillo un rayo que es una señal del Pachakuti. Ese fenómeno tenía que llegar al Palacio de Gobierno, al asiento del Presidente de la República (que entonces era Gonzalo Sánchez de Lozada), pero se ha desviado. Esa energía era grande", lanza su frase el amauta Paulino Mamani. Se sabe que aquel rayo llegó a quebrar una de las partes laterales del monumento dedicado al prócer Pedro Domingo Murillo. Con la voz profunda y arqueando los ojos, Mamani cuenta que el día en que el ex mandatario Sánchez de Lozada posesionaba a sus ministros del gabinete derramó el agua de un florero. Otra premonición. "Eso significaba el derramamiento de sangre que vino después (en febrero y octubre de ese mismo año)". La gente no se da cuenta -sigue la versión del líder espiritual originario- de que los granizos, las lluvias, la falta de agua para el riego en el agro y los problemas sociales se deben a la ausencia de ritos en las wacas. "Los achachilas (ancestros) están llorando". La posesión del primer Presidente indígena de la región también es una señal de este proceso de cambio que se ha iniciado. "Queremos instalar el pedido a partir de lo visible, de lo que pasa hoy, que es el Gobierno de Evo Morales, a quien todos los pueblos originarios lo han reconocido como líder", sostiene Huanacuni. El tema aún se encuentra en la sombra de la clandestinidad y la jerarquía eclesiástica todavía no sospecha de la formación de este movimiento andino. No obstante, el cura Juan Carlos Calderón, quien oficia misas en el templo de San Francisco, no comparte la posición de los campesinos. "No podemos permitir que se intente destrozar a la Iglesia", anuncia, y en su rostro barbado se dibuja una mezcla de rabia e impotencia. En otro rincón de la urbe paceña, la mirada oscura de Huanacuni brilla. De pronto, retorna a una imagen que le sigue rondando la cabeza... "Es cierto, es difícil imaginar a La Paz sin San Francisco". La pugna recién comienza. La Prensa - La Paz, 3/12/2006 |
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Estados Unidos apoyó el golpe del '64 Estados Unidos ayudó a los militares y políticos golpistas que derrocaron al ex presidente brasileño Joao Goulart, en 1964. Durante décadas sólo los militantes y dirigentes de izquierda se habían animado a hacer esta afirmación. Sin embargo, el 20 de noviembre se convirtió en una verdad incontestable y en una nueva mancha en la relación entre Washington y América latina. El historiador de la Universidad Federal de Río de Janeiro Carlos Fico hizo públicos los documentos que descubrió en un archivo en Washington y que confirman la participación de la embajada estadounidense y el Departamento de Estado en el golpe militar. Según publicó el diario O Globo, el entonces embajador estadounidense, Lincoln Gordon, habría redactado un informe titulado Un plan de contingencia para Brasil a finales de 1963, en el que planteaba posibles escenarios políticos. Por un lado, Gordon describía el riesgo de una revuelta "de extrema izquierda" e, inclusive, de una "intervención comunista" en el país con el apoyo de la Unión Soviética y Cuba. Por el otro lado, el diplomático planteaba la posibilidad de que Goulart fuera "convencido" de dejar el poder por fuerzas "constructivas". En su lugar, adelantaba, asumiría el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Ranieri Mazilli. Tres meses y medio después de que Gordon enviara este informe al entonces consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca, estalló un golpe de Estado en Brasil. La historia es conocida. Después de dos días de sublevaciones, miles de soldados tomaron Río de Janeiro en la madrugada del 2 de abril, mientras el presidente del Congreso se preparaba a anunciar que Goulart había dejado la Presidencia y que su lugar sería ocupado por Mazilli. El mandatario, un seguidor del ex presidente Getulio Vargas, no ofreció resistencia a las Fuerzas Armadas y se exilió en Argentina, donde permaneció hasta su muerte, en 1976. Supuestamente falleció de un paro cardíaco, aunque nunca se pudo descartar la posibilidad de que hubiese sido asesinado por el gobierno militar argentino, dentro del marco del Plan Cóndor. Dos semanas después del golpe de 1964, asumió la presidencia el jefe del Estado Mayor del Ejército, Castello Branco, marcando el inicio de veinte años de dictadura. Fico destacó que el golpe de 1964 se realizó siguiendo directivas muy similares a las planteadas por Gordon en su informe del año anterior. Esto podría demostrar, afirmó el historiador, que hubo una conspiración conjunta que incluía, por lo menos, a los jefes militares brasileños y al gobierno estadounidense. De la ayuda de Washington en los días posteriores al golpe de Estado, en cambio, ya no hay dudas. El historiador también encontró un telegrama enviado desde el Departamento de Estado a Gordon el mismo día en que los militares se levantaron contra el gobierno de Goulart. En él se detallaba la ayuda que enviarían a las fuerzas golpistas: cuatro barcos petroleros, un portaaviones, seis barcos de guerra, 110 toneladas de municiones y gases lacrimógenos para controlar a las multitudes, diez aviones de carga, seis de guerra y seis de reabastecimiento. Washington negó siempre su participación en el golpe militar. Hace sólo tres años la prensa brasileña volvió a preguntarle al ex embajador Gordon si habían estado involucrados en algún aspecto del derrocamiento de Goulart. "La participación activa fue absolutamente nula", reiteró una vez más el diplomático. Lo llamativo es que el Departamento de Estado no se esforzó mucho en mantener el secreto. El historiador se mostró sorprendido, ya que los documentos que desenmascararon décadas de mentiras estaban guardados en un archivo público, en medio de documentos de rutina. Con la caída de Goulart comenzó una dictadura que se prolongó en el poder hasta 1985. Fue uno de los períodos más nefastos de la historia brasileña y también uno de los menos discutidos. Recién en los últimos años y con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva se comenzaron a abrir algunos de los archivos secretos del Estado. No se sabe cuántas personas murieron ni cómo fueron asesinadas en la mayoría de los casos. Las cifras seguramente no serán tan altas como las que dejó la última dictadura argentina. No obstante, los métodos utilizados fueron los mismos: censura, tortura y terrorismo. Página/12 - Buenos Aires, 21/11/2006 |
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La vida a sangre y fuego Susana Viau El parte oficial consignó que la muerte de Enrique Haroldo Gorriarán Merlo se produjo el 22 de septiembre en Buenos Aires, a causa de la rotura de un aneurisma en la aorta abdominal. La noche anterior había estado con antiguos compañeros en una reunión política. Gorriarán era considerado por la opinión pública un hombre polémico. No se le perdonó el desastre de fuego y sangre desatado en el copamiento del regimiento de La Tablada, el 23 de enero de 1989. Sin embargo, luego de largos años de cárcel y de una durísima huelga de hambre, obtuvo la libertad en mayo de 2003, por un indulto. Desde ese momento se preparó para regresar. Estaba tratando de concretarlo a través del Partido del Trabajo y el Desarrollo, un grupo de objetivos moderados y proyectos electorales asentado en Santa Fe. Es probable que su muerte despierte sentimientos encontrados. Eso sí, nadie podrá decir que no ha sido prematura: tenía 64 años y era uno de los últimos mohicanos de la dirección del PRT-ERP, la guerrilla marxista más importante de los años '70. La Tablada lo expulsó de la vida legal y de la lucha democrática en la que, a diferencia de otros de sus camaradas, pretendió incursionar. A mediados de los '80 había realizado una autocrítica devastadora, marcando como un error las acciones armadas llevadas a cabo bajo el gobierno de Isabel Perón. Antes de La Tablada había cometido otro error: describir, sin una pizca de pasión, los instantes finales de Anastasio Somoza, un personaje siniestro y despreciable cuya muerte en atentado llevó la firma de un sector del PRT-ERP que él lideraba. Ocurrió en Asunción del Paraguay, donde Somoza estaba exiliado, el 17 de septiembre de 1980. Es curioso, la vida fue construyéndole una imagen brutal que, quienes lo rodeaban, niegan de plano. "Tenía un enorme sentido de la amistad -sostiene su amigo y conmilitón, el médico Roberto el Turco Habichayn- y para mí lo fue. Un gran amigo, familiero, sin dobleces. Se emocionaba con mi hijo, que tenía la edad de sus mellizas y estaban lejos. Sentía una especial debilidad por su madre. Ella murió estando preso y no le permitieron verla". Daniel De Santis, ex miembro del Comité Central del PRT e integrante de la corriente que siguió a Gorriarán al producirse en los '80 la última y definitiva división de la organización, coincide con esa impresión. "Mi relación con él era bastante buena. Lo que tenía para criticarle no me lo callaba. El se revolvía en la silla, pero se lo aguantaba. Era un tipo que se emocionaba con facilidad. Se le humedecían los ojos en cuanto hablaba de algo que lo conmovía. Fue muy solidario conmigo". Gorriarán había ingresado a mediados de los '60 a Palabra Obrera, la corriente trotskista que, fusionada con el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP, un movimiento indigenista impulsado por Mario Roberto Santucho) dio origen al PRT. Había nacido en San Nicolás, de una familia radical, pero Rosario y la universidad eran el polo de atracción para los jóvenes de la ribera del Paraná. Con Luis Pujals, Emilia Susana Gaggero y Benito Urteaga formaron parte de la "regional Rosario", de enorme gravitación en el desarrollo del PRT. En 1970 fue elegido delegado al Congreso que decidió la fundación de un brazo militar: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Ese mismo congreso designó Secretario General a Santucho y a Gorriarán uno de sus jefes militares. Santucho ya era "Carlos" y Gorriarán, "Ricardo". Las rupturas posteriores dejaron heridas y según pertenezcan a uno u otro bando, las opiniones respecto de la capacidad política y militar de Gorriarán, difieren: para De Santis, uno de sus antiguos hombres, no es cierto que, tal como piensan muchos, "Ricardo" careciera de conocimientos teóricos: "Al volver de Cuba, después de la fuga de Rawson, ocupó con Santucho una casita en Gonnet. La había alquilado un pariente mío, que también militaba en el partido. Cuando abrí la puerta me encontré con un pelado que estaba leyendo El Capital. No era un hombre sin formación o que no hubiera estudiado el marxismo. Ahora tenía tendencias socialdemócratas, eso es verdad, pero creo que se trataba de una cuestión táctica. Estaba totalmente identificado con la Revolución Cubana y la Revolución Bolivariana. En lo militar, tuvo que ver con la construcción del ERP, estaba en el comando que dirigió la fuga de Rawson, fue jefe del comando que ejecutó a Somoza y, más importante que eso, como estaba en la inteligencia nicaragüense participó del ajusticiamiento del comandante Bravo, en Honduras. Bravo era el jefe de las tropas especiales del somocismo que, apoyado por la CIA, se había reorganizado alrededor de él". Luis Mattini, nombrado secretario general del PRT tras la muerte de Santucho, y adversario ideológico de Gorriarán, tiene una visión más crítica: "Lo conocí en el 70, en el V Congreso. Y tenía prestigio en el aspecto militar. Estuvo al frente del asalto a un tren pagador, en Rosario, y con ese dinero se financió el congreso. Su primera acción militar importante había sido, precisamente, durante el rosariazo. Ese congreso lo convirtió en miembro del Comité Central y miembro del Estado Mayor del ERP. Santucho, era el comandante en Jefe. En 1972 pasa a revistar en el Buró Político. Urteaga (Mariano era su nombre de guerra) y Santucho tenían mucha afinidad y yo me entendía bien con Domingo el gringo Mena y con Eduardo Merbilháa (Alberto). El Pelado era el Pelado. No tenía un par en el Buró. Era muy solitario. Muy reservado". Mattini señala que la toma del cuartel de Azul marcó un punto de inflexión en el prestigio militar de Gorriarán dentro de la organización: "lo despromovieron del Estado Mayor y quedó en su reemplazo Juan Ledesma, el comandante Pedro. Gorriarán nunca alcanzó el grado de comandante. Era capitán". A regañadientes, Mattini acepta explicar que la despromoción se debió a "errores de mando": en buen romance, una orden de retirada prematura y sin asegurar que todas sus fuerzas estuvieran en condiciones de abandonar el lugar. "Por eso lo enviaron a Córdoba, a realizar trabajo en el frente de masas. Allí, una decisión suya, altamente arbitraria, desencadenó su exclusión del Buró Político. Sin embargo, siempre permaneció como integrante del Comité Central". Mattini tiene ideas claras respecto de su viejo compañero: "no es ni un héroe ni un demonio. Es como lo que produjo Latinoamérica, gente que dio mucho y erró mucho. Si se quiere tenía, en lo operativo, un estilo desprolijo que le era muy característico, claro que en medio de una desprolijidad general. Tenía la lógica del sentido común ¿Qué entiendo por eso? El pensar linealmente que si algo se planifica bien, tiene que salir bien. Su gran acción, la más meritoria, es la ejecución de Somoza. Lo que hizo en Nicaragua no fue poca cosa, no". Algo muy parecido es lo que sostiene Humberto Pedregosa, Gerardo, un ex importante cuadro militar del ERP. "El Pelado fue fundamental en los inicios de la acción armada, en las primeras etapas de la organización militar. Después, el surgimiento de nuevos cuadros militares y el salto cualitativo del PRT-ERP lo relegaron a un segundo plano, su papel se diluía. Pero lo que merece destacarse es que fue un hombre que nació en cuna de oro, pertenecía a las clases medias altas y renunció a todos los privilegios para abrazar una causa que implicaba muchos sacrificios. No era de los que estaban obligados a luchar porque no les quedaba otra salida. Y desde el punto de vista de su lealtad, era irreprochable". Mattini no cree que la muerte de Ricardo marque el fin de una época. "El fin de una época morirá cuando desaparezcamos todos. Somos los últimos guevaristas. La revolución sigue, pero por otras vías. Gorriarán fue reflejo de una época, con lo bueno y lo malo. Para evaluar una época hay que agarrar las bolsas llenas y las vacías". Página/12 - Buenos Aires, 23/9/2006 |
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Murió el ideólogo del desarrollismo Raúl Dellatorre A los 91 años, consecuencia de una larga dolencia, falleció el 14 de septiembre uno de los últimos sobrevivientes de los protagonistas de la política de fines de los '50 y principios de los '60: Rogelio Frigerio. Economista, hombre clave del gobierno de Arturo Frondizi entre 1958 y 1962, fundador del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) y de la revista partidaria Qué, odiado por muchos políticos de su época como igualmente admirado por destacados dirigentes empresarios, Frigerio es reconocido como padre de la escuela desarrollista en la Argentina y, de hecho, formulador de la primera política económica de esa corriente en el '58. Su postura creó una de las más influyentes corrientes en el gremialismo empresario que hoy todavía subsiste e identifica a buena parte de los que levantan las banderas del capitalismo nacional. Frigerio se inició en la política como militante universitario de izquierda. Pero su salto a la política grande lo dio al organizar a un grupo de intelectuales para apoyar la candidatura de Arturo Frondizi en 1958. Ambos se conocieron a principios de 1956. Frondizi era presidente de la Unión Cívica Radical. Frigerio estaba al frente de un grupo dedicado al estudio de los problemas nacionales y a proponer soluciones para el país. Por iniciativa de un amigo común, Néstor Machinandiarena, ambos se encontraron y de inmediato alcanzaron un total acuerdo, según relatan sus partidarios. Convertido en uno de los hombres de su mayor confianza, Frigerio fue enviado por Frondizi como emisario para la búsqueda de un acuerdo con el exiliado ex presidente Juan Domingo Perón, para que éste le diera su apoyo en las elecciones de ese año. En Venezuela, Frigerio se reunió con John William Cooke, delegado político de Perón, con quien selló el pacto por el que el General llamaría a votar por Frondizi a cambio de que éste, en sus primeros 90 días de gestión, reestableciera las conquistas obtenidas por el pueblo con el peronismo en el campo social, económico y político, normalizara los sindicatos y la CGT, reconociera y rehabilitara al partido peronista y otorgara una amnistía general a los proscriptos y encarcelados por motivos políticos, y una mejora en el nivel de vida de los asalariados. Frondizi, con el sello de la UCRI, ganó cómodamente por sobre la fórmula del radicalismo. Y nombró a Frigerio en el cargo de secretario Legal y Técnico. Desde allí, elaboró el plan económico teniendo como prioridades el crecimiento económico ("crear riqueza para poder distribuirla"); la necesidad de financiarlo mediante el aporte del capital extranjero, ya que consideraba al ahorro interno insuficiente y al capital nacional escaso o poco dispuesto a la inversión de riesgo, y la preeminencia del papel del Estado en la transición del subdesarrollo al desarrollo, "para enfrentar el poder desestabilizador del capital monopólico internacional". Justamente, fue la convocatoria al capital extranjero para promover la producción petrolera (el primer contrato con la Standard Oil fue el detonante) la que provocó el principio de la ruptura con el peronismo. La huelga general en rechazo de la extranjerización del petróleo, sin participación de YPF, derivó en la declaración del estado de sitio y el encarcelamiento de dirigentes gremiales. Sin el apoyo del peronismo, Rogelio Frigerio buscó formar un movimiento político propio de apoyo al presidente, el MID. A su vez, fue el encargado de enfrentar las presiones de las Fuerzas Armadas, que le habían cedido el sillón de Rivadavia en febrero de 1958 pero no el poder. Producto de su propia debilidad, aislamiento y de nuevas presiones militares, el gobierno de Frondizi cae en 1962. Pero el vínculo con Frigerio se mantuvo sólido hasta sus últimos días. Desde entonces, el MID y el "frigerismo" fueron tomados como bandera del capitalismo nacional por diversos sectores del empresariado local. El "desarrollismo" quedó instalado como la alternativa de construcción de un modelo de crecimiento industrial y difusión del bienestar "a partir" de la promoción de las industrias de base y su proyección a escala internacional. Pese a su mala experiencia de gobierno, Frigerio siempre reivindicó como fórmula política la asociación entre el empresariado nacional, el sindicalismo, la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas, como pilares del modelo de desarrollo nacional. Con tales banderas, se presentó como candidato a presidente en las elecciones de marzo de 1973. Derrotado, se sumó luego como aliado al Frente Justicialista que en octubre de ese mismo año llevó a la presidencia a Juan Domingo Perón. Pese a la reconciliación con el viejo líder, en el justicialismo muchos seguían viendo a Frigerio como el "traidor" de 1958. Sus últimos instantes los pasó en la vieja casona de Arribeños y Teodoro García, en el barrio porteño de Belgrano. Hace apenas un par de semanas había sido declarado Ciudadano Ilustre por la Legislatura porteña, por su "contribución al desarrollo nacional" a través de la formulación de su doctrina económica. Página/12 - Buenos Aires, 15/9/2006 |
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Fue "otra" el arma suicida de Allende Camilo Taufic Once de septiembre de 1973. Según la versión oficial, el presidente Allende decidió a la 1:50 de la tarde poner fin a la resistencia armada y ordenó rendirse a sus acompañantes. Les pidió bajar desde el segundo piso de La Moneda en llamas, por las escaleras de piedra que daban a Morandé 80. Descenderían de uno en fondo, con la Payita adelante, y él mismo -cerrando la fila de unas 35 personas- en último lugar. Todos iban semi asfixiados por el humo y las lacrimógenas lanzadas por los atacantes, y aterrados por los balazos que todavía resonaban en la calle y en los edificios circundantes. Pero sin que los demás se diesen cuenta, Allende volvió atrás, y se introdujo en el Salón Independencia. "Se sentó en un sofá, sujetó el fusil AK que le había regalado Fidel Castro entre sus rodillas, puso el cañón bajo su mandíbula y apretó el gatillo. Salieron dos tiros". El doctor Patricio Guijón -único testigo confeso durante 30 años- también regresó, "con la intención de recoger para su hijo un recuerdo de lo allí vivido: la máscara antigás que había abandonado momentos antes". Desde un pasillo, frente a la puerta entreabierta del Salón Independencia, vio al Presidente dispararse. Corrió hacia él, pero ya estaba muerto. Entonces, según la versión oficial, "se sentó junto al cuerpo del Presidente, tomó la metralleta y la puso atravesada sobre las piernas del occiso, sin preocuparse de huellas ni de nada". Luego estuvo "velándolo durante 10 o 15 minutos". Hasta que un grupo de militares, encabezados por el general Javier Palacios, jefe del asalto a La Moneda, irrumpió en el lugar, y comprobó que la parte superior de la cabeza del Presidente había estallado, dejando la masa encefálica esparcida alrededor, sobre el sofá y en el suelo. "Se veía el impacto de dos balazos incrustados en un gobelino que colgaba en la pared situada detrás". El general Palacios -fallecido el 26 de junio del 2006-, "pensó en un primer momento", según la nota necrológica que le dedicó El Mercurio, "inculpar al Dr. Guijón por la muerte de Allende", pero después cambió de parecer, y -al parecer- el doctor Guijón cambió también el relato de lo que había visto. Y no es un mero juego de palabras… Pero antes que nada, el general Palacios tomó entonces el radio-teléfono y se comunicó con el almirante Carvajal, para que le retransmitiera a Pinochet: "Misión cumplida, Moneda tomada, Presidente muerto". A las 19,10 horas del mismo 11 de septiembre se reúnen por primera vez -en el edificio de la Escuela Militar- los cuatro integrantes de la Junta Militar, que han asumido el poder como comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Pinochet, Merino, Leigh y Mendoza se ponen rápidamente de acuerdo, antes de dirigirse por cadena de televisión al país: control riguroso de la población, largo estado de sitio con toque de queda, ruptura de relaciones con los países de la órbita soviética. "Lo que les toma más tiempo es la disyuntiva de cómo informar de la muerte de Allende. El acuerdo final es emitir un comunicado, que saldrá recién el jueves 13, y mantener en reserva el lugar de su sepultación", según relata Ascanio Cavallo, en la serie Las 24 horas que estremecieron a Chile, publicada en La Tercera en septiembre de 2003. El Presidente Allende es enterrado en secreto en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar, el día 12, trasladado por un avión FACH hasta Quintero, y de allí en una ambulancia, con fuerte custodia militar. Sólo se permite viajar junto al ataúd a la viuda, Hortensia Bussi, a cuatro parientes más, y al comandante Roberto Sánchez, ex edecán aéreo del mandatario muerto. A Tencha Allende no se le permite ver los restos de su esposo, la tapa del féretro soldada y sellada con remaches de metal. Un informe "técnico" sobre el deceso del Presidente depuesto es entregado recién el 20 de septiembre, en conferencia de prensa, por el general Ernesto Baeza Michelsen, nombrado en la tarde del 11 director de Investigaciones, y que había renunciado al cargo el día 12, molesto al parecer por los tejemanejes realizados por el Servicio de Inteligencia Militar, para adaptar el cadáver y el Salón Independencia a la versión que se difundió luego sobre las circunstancias del suicidio de Allende. Un testimonio singular: "El inspector Pedro Espinoza y el subinspector Julio Navarro -de la Brigada de Homicidios, la BH- reciben la orden de partir a La Moneda. Deben llevar todos los elementos para hacer un peritaje, incluido el experto planimetrista, un fotógrafo y el perito balístico. Un vehículo militar los lleva primero al Ministerio de Defensa. Sólo entonces se enterarán de quién es el muerto. -Lo asesinó un GAP- informa allí el general Brady. Cuando llegan a La Moneda, entran al sitio del suceso y reciben una segunda y contradictoria versión. -Se suicidó… -dice el general Palacios- en el Salón Independencia. (Relato de Patricia Verdugo, en el libro Interferencia Secreta, 11 de septiembre de 1973). Los expertos policiales de la BH son reemplazados esa misma tarde por laboratoristas "químicos y físicos" de la Policía Técnica, que firmarán un "Acta de análisis de las muestras halladas" de una carilla, agregando -sin reconocer la autoría- el informe truncado de la BH (otras tres carillas, que aparecen con numeración diferente y las iniciales de otro mecanógrafo, en la reproducción de todo el documento). El Acta fue publicada el año 2000, por Mónica González, en el libro La Conjura: los mil y un días del golpe. La renuncia de Baeza a la dirección de Investigaciones, y su rápida reconsideración, tras fuertes presiones de Pinochet, ignoradas hasta hoy por la opinión pública, son recogidas en el libro del ex embajador estadounidense en Santiago, Nathaniel Davis, The last two years of Salvador Allende, publicado en 1985. El autor cita como fuente a Robert W. Scherrer, el delegado del FBI para el Cono Sur, con sede en Buenos Aires. El mismo que descubriría años mas tarde los falsos pasaportes con que el grupo de asesinos de Orlando Letelier viajó a Washington D.C. A su vez, el fiscal estadounidense que investigó en Washington el caso Letelier, Eugene M. Propper, en su libro Laberinto escrito en colaboración con Taylor Branch, también alude al conflicto entre el nuevo director de Investigaciones con la Junta Militar. "El general Baeza -escribe Propper- ordena a los detectives de la BH entrar en La Moneda y realizar una investigación a fondo sobre la muerte de Allende. Esta medida provoca la primera controversia entre los nuevos gobernantes militares, la mayor parte de los cuales se opone violentamente a que el sitio del suceso sea examinado por profesionales. Quieren presentar el fallecimiento de Allende como un suicidio. El general Baeza argumenta que es una cobardía y que tal historia no podrá sostenerse como convincente. Al día siguiente -12 de setiembre- dimitirá a causa de esto, y solo Pinochet será capaz de persuadirle de que permanezca como nuevo jefe de Investigaciones del Gobierno militar". La versión de Propper, extrañamente, aporta además el nombre del oficial chileno del Ejército "que había matado al Presidente Allende". Su fuente es, siempre, el delegado del FBI, Robert W. Scherrer. "Después de pasarse casi dos días bebiendo cafés y tragos con varios confidentes chilenos, Scherrer descubrió (en 1977) lo que quería saber: el capitán René Riveros era un héroe especial para algunos de sus colegas de las Fuerzas Armadas chilenas, porque él fue quien mató al Presidente Allende en el asalto a La Moneda. Este hecho era entonces un secreto de Estado radiactivo", escribe Propper. En concreto, y citando verbalmente un informe de la Brigada de Homicidios, todavía atribuido a ella el 20 de septiembre de 1973 -amplia versión en El Mercurio del día siguiente, pág. 17-, el flamante director militar de Investigaciones, general Ernesto Baeza, informa que "el cadáver (de Allende) yacía sentado sobre un diván de terciopelo rojo granate adosado al muro oriental, entre dos ventanas que miran a la calle Morandé, con la cabeza y el tronco levemente inclinados hacia el lado derecho, miembros superiores ligeramente extendidos, extremidades inferiores extendidas y un tanto separadas". La fotografía Nº 1416/73-A, sustraída a fines de 1973 del expediente de Investigaciones, y efectivamente tomada el 11 de septiembre, es la primera de una serie oficial, que va de la A a la Z, hasta hoy guardada en secreto. Esta fotografía no había sido identificada nunca como tal, pese a que circula hace años por Internet, y hasta se dió fugazmente por la TV chilena. Muestra cómo encontraron soldados y detectives efectivamente el cuerpo de Allende. Antes que se procediera a "arreglar" el sitio del suceso, tras lo cual hicieron varios croquis -es decir: dibujos-, para reproducir. Posiblemente sentaron al cadáver, o lo arrastraron más arriba, apoyándolo en el respaldo del sofá del Salon Independencia, en La Moneda, agregando a un costado "un casco y un cargador vacío de arma automática" que en la foto A no se ve para nada, incluso ampliándola un 500%. Después hicieron varios "croquis", imaginando como se vería Allende con un AK-47-S puesto en forma vertical en la mitad de su cuerpo. Y hasta depositaron por allí una botella de whisky Chivas Regal, y un vaso lleno de whisky, que dicen haber visto algunos bomberos que concurrieron a La Moneda. Detalle que después se eliminó de los informes policiales (BH y Laboratorio de Policía Técnica), porque hacía más evidente el montaje realizado, donde lo importante para los golpistas era destacar el fusil obsequiado por Fidel Castro, que permitía especular políticamente con ese hecho, como se ha procedido hasta el día de hoy. La autopsia del Instituto Médico Legal consignó 0,00 g. de alcohol en la sangre de Allende, destacado muy expresamente por el gral. Javier Palacios en declaraciones posteriores, para que la atención se concentrara en el fusil ametralladora Aka, clave en la falsificación perpetrada. El cineasta Patricio Guzmán, autor del galardonado documental Allende, que estuvo a primeras horas del 11-S filmando en las afueras de La Moneda, declaró hace pocas semanas a la BBC de Londres que, con anterioridad a esta foto, el cuerpo de Allende muerto yacía tendido en el suelo. Pero el 20 de septiembre de 1973, el general Baeza, que ya había olvidado su transitoria renuncia, añadía: "Los proyectiles suicidas fueron disparados con el arma puesta entre las rodillas y el cañón pegado a la barbilla" (¿cómo las piernas separadas, entonces?). Y agregaba: "Arma utilizada: fusil-ametralladora núm. 1.651, de fabricación soviética, en cuya culata se leía la inscripción: A Salvador, de su compañero de armas, Fidel". Todo claro, salvo que el fusil-ametralladora AK-S, que aparece en el Croquis Nº 15254 de la Policía Técnica de Investigaciones, dibujado ex profeso entre las piernas de Allende muerto, no tiene culata, en el sentido tradicional del término, esto es, culata de madera, como en la foto de la célebre metralleta que luce en sus manos su creador, el general del Ejército Soviético Mijail Kalashnikov. El arma dibujada en medio del cuerpo de Allende por el "perito" de Investigaciones, es uno de los AK-47-S, o AK-S, que portaban los miembros del GAP que combatieron en La Moneda. Ese día había una treintena de ellos en Palacio. (Los expertos han observado que falta en el croquis un detalle fundamental: la mira del fusil, que es mayor, incluso, al diámetro del cañón). El AK-S es usado internacionalmente por paracaidistas y otras tropas especiales, o por guerrilleros. De "culata rebatible", es decir, plegable, y en la práctica un tubo de metal liviano que termina en una especie de semi herradura, para apoyarla en el hombro, si se va a disparar apuntando con precisión. Hay fotos de Allende junto al “Coco” Paredes haciendo prácticas de tiro en El Cañaveral con una de esas metralletas (cualquiera) de la guardia presidencial. En combate, la culata "rebatible" del AK-S se gira en 180 grados y se pone sobre el cañón, para disparar desde el costado, colgando en ese caso de una correa que pasa detrás del cuello, y haciendo desaparecer la extensión posterior a la empuñadura. Un arma tan de campaña no está hecha para intercambio de regalos entre Jefes de Estado, lo que refuerza que Fidel le obsequiara a Allende el modelo clásico de AK-47, con culata rígida de madera. La presencia de la dedicatoria "en la culata" -una lámina de bronce atornillada en ambos extremos a la madera-, la recuerda expresamente el doctor Oscar Soto, médico de cabecera del presidente, en su libro El último día de Salvador Allende, pagina 66, y también Tati, Beatriz Allende, la hija mayor, en su discurso en La Habana, en el homenaje masivo a su padre, organizado por Fidel Castro, el 28 de septiembre de 1973, en la Plaza de la Revolución "ante un millón de personas". Pero aparentemente, del fusil-ametralladora dedicado por Fidel Castro, no salió ningún tiro el 11 de septiembre, ni el arma estuvo en La Moneda, al menos mientras Allende vivió. Desapareció ese mismo día, y nunca más se lo ha vuelto a ver, posiblemente destruido -junto a todas las otras pruebas físicas de las armas y proyectiles que pudieron intervenir en la muerte de Allende- por orden del general Javier Palacios, siguiendo instrucciones de la Junta Militar. El asesor político de Allende, y perseguidor implacable de Pinochet, el abogado español Joan Garcés, frecuentaba tanto la casona presidencial de Tomás Moro como el refugio de El Cañaveral, camino a Farellones, donde Allende compartía algunos días con Miria Contreras Bell, la Payita, sus familiares y amigos. "La metralleta obsequiada por Fidel Castro a Salvador -le ha confirmado Garcés a su amigo Víctor Pey (el dueño de El Clarín)- nunca salió de El Cañaveral; siempre estuvo allí, expuesta en una pared del living". La noche del 10 al 11 de septiembre, tanto Joan Garcés como el periodista Augusto Olivares pernoctaron en Tomás Moro, junto a la guardia presidencial, en las proximidades de las habitaciones donde descansaba Allende, en vigilia por los acontecimientos que presagiaban la proximidad del golpe de Estado. En la madrugada volaron a La Moneda, tras los autos que llevaban al presidente y su escolta, armada con fusiles-ametralladora AK-S para cada uno de sus integrantes. Éstos eran 20 ó 23, según distintas fuentes, pero el arma obsequiada por Fidel Castro seguía en El Cañaveral. Es cierto que la Payita, al enterarse del golpe de Estado, bajó inmediatamente hacia Santiago, junto a 13 GAP, entre ellos su hijo, Enrique Ropert, de 19 años. Pero no pudieron llegar con sus armas hasta la misma Moneda. Se ignora si bajaban con el AK obsequiado por Fidel Castro. Los hombres de El Cañaveral fueron hechos prisioneros en la Intendencia, incluido el hijo de la Payita, desarmados todos inmediatamente, y sólo ella, a duras penas, y sin llevar en las manos nada más que su cartera, gracias a su audacia y encanto, logró atravesar las barreras policiales y meterse en el Palacio Presidencial. Desde allí trataría en vano de rescatar a su hijo, que hasta hoy permanece como detenido-torturado-desaparecido. Así, en el mejor de los casos, la metralleta de Fidel quedó secuestrada en la Intendencia -Morandé esquina Moneda-, aunque lo más probable es que "nunca haya salido de El Cañaveral" como sostiene Joan Garcés. Pero en la Intendencia, a media mañana, se habían instalado los militares, y desde allí (o desde El Cañaveral, también ocupado por fuerzas insurrectas) fue fácil trasladar aquel AK a La Moneda, una vez concluida la batalla, disparar dos balazos a la muralla, atravesando el gobelino, e inventar la fábula del "suicidio de Allende con el obsequio de Fidel" que propagandísticamente asociaba -y en forma subliminal- el final de la vía pacifica al socialismo con el castrismo… Un recurso que ni los militares, ni la derecha, ni la Embajada norteamericana iban a dejar de lado. Desde los detectives de la guardia presidencial, que defendieron la vida de Allende en La Moneda, hasta los doctores del Instituto Médico Legal, que practicaron la autopsia esa misma noche del 11-S, ante los jefes de Sanidad de cada una de las ramas de las Fuerzas Armadas, muchos coinciden -con distintos grados de certeza- en que el Presidente murió de un solo balazo. Incluso, en un informe oficial, se menciona expresamente un cartucho de bala de pistola, que yacía (muy visible) a los pies del occiso, ya percutado, aunque se elude identificar el arma de donde provino. Estos testimonios y documentos destruirían la tesis sostenida hasta su muerte, en junio pasado, por el general Javier Palacios Ruhman, de que Allende se suicidó utilizando una metralleta AK que disparaba 20 balas en un segundo, independientemente de si había sido regalada por Fidel Castro o no. Es cierto que el Kalashnikov también se podía disparar tiro a tiro, es decir, uno a uno, pero no de dos en dos, ni de cuatro en cuatro. Considerado en ese momento el mejor fusil de asalto del mundo, o se lo disparaba en ráfaga, vaciando el cargador, o se iba operando tiro a tiro. Es cierto también que le habría bastado un solo disparo del AK a Salvador Allende para quitarse la vida. ¿Pero cómo justificar entonces los dos balazos incrustados en el gobelino que cubría la pared posterior al sofá donde fue depositado su cuerpo ya sin vida? ¿O se necesitaba reforzar la idea de "varios" disparos de una metralleta para justificar la presunta utilización del arma obsequiada por Castro? En los informes posteriores de la Policía Técnica y de autopsia -noche y madrugada del 11 y 12 de septiembre de 1973-, en ningún párrafo se indica el calibre de la -o las- balas que ultimaron a Salvador Allende, de tal manera que no se determinó finalmente si eran de metralleta o de pistola. Esto ha sido apreciado como altamente "sospechoso" y "más que grave" por distintos autores, entre ellos el chileno Hermes Benítez, que escribió recientemente en Canadá el libro Las muertes de Salvador Allende, presentado el cuatro de septiembre en Santiago por la editorial Ril. En sus últimos años, el general Javier Palacios hizo declaraciones oficiosas, relatando que luego de los "dos" disparos suicidas, un tercer proyectil había quedado atascado en el cañón de la AK-47 regalado por Castro a Allende. (Arma que nunca volvió a aparecer o ser vista, ni por expertos ni por profanos). Y, además, la experiencia internacional parece desmentir a Palacios. Los soldados norteamericanos que combatieron en Vietnam, enfrentando a guerrilleros que se batían con el mismo tipo de metralleta, tenían una gran admiración por esa arma, y su afirmación de que "puede pasar un tanque sobre ella, y sigue funcionando" es utilizada hasta el día de hoy en la publicidad de los fabricantes rusos, que continúan exportándola a todo el mundo. Agregan -siempre con el apoyo de citas estadounidenses- que aunque caiga al barro en medio del combate, o se lo encuentre abandonado y oxidado, tras una ligera limpieza, el AK sigue disparando como si nada, con la misma velocidad de tiro. Tres de las mejores periodistas de investigación de América Latina, Mónica González, Patricia Verdugo y María Olivia Monckeberg, entrevistan en la revista Análisis del 22 de junio de 1987 a los detectives (funcionarios oficiales; no del GAP), que combatieron lealmente junto al presidente Allende en La Moneda, y sus declaraciones son sorprendentes. En el reportaje del trío estelar, Así murió Allende: hablan los detectives de La Moneda, se adhiere sin vacilar a la tesis del suicidio. "Que la izquierda estuviera manteniendo el mito del presidente asesinado, no le hacia bien a nadie" -recordaría años después Patricia Verdugo-. Las periodistas recogen el relato de los ex funcionarios de Investigaciones Juan Seoane, Quintín Romero y David Garrido. "La nota reconstruye lo ocurrido en esa fría mañana de septiembre: la conversación telefónica entre el almirante Patricio Carvajal y Allende, exigiéndole que se rindiera. La decidida negativa del presidente. Las bombas cayendo sobre La Moneda. La decisión de Allende de quedarse y resistir. El ruido de un disparo (textual). La certeza de que el presidente se ha suicidado". Algunos de esos detectives y un ex GAP sobreviviente, repiten ante las cámaras de televisión de Canal 13, pasadas las 23 horas del 11 septiembre de 2003, en un programa a treinta años del golpe: "Sentimos un disparo muy diferente cuando se mató Allende". Yo mismo le pregunté hace algunos meses a otro de los resistentes en palacio, el secretario de prensa e íntimo del Presidente Allende, Carlos Jorquera, con la confianza de una amistad de varias décadas: -Negro: ¿Tenía una pistola el presidente Allende? -Pero claro que la tenía, Turco. Hasta yo la anduve trayendo una vez, todo el día, cuando fuimos a Bogotá (en la gira por países sudamericanos, en 1971), porque él, por protocolo, no la podía ir cargando, obviamente". En el informe final de la autopsia médica, concluida en el Hospital Militar la madrugada del 12 de septiembre, se afirma textualmente que "La causa de la muerte (de Allende) es la herida a bala cérvico-buco-cráneo-encefálica reciente, con salida de proyectil... el disparo corresponde a los llamados de corta distancia en medicina legal... El disparo ha podido ser hecho por la propia persona". En ningún párrafo del documento se admite que puede haber sido más de un tiro la causa de la muerte del Presidente de la República. Así se registra que "en ambas manos hay salpicaduras de sangre, especialmente en la derecha". (Probaría suicidio con pistola; derecha muy lejos si bajó hacia gatillo de la metralleta). En la región submentoniana, inmediatamente por detrás del borde inferior del hueso maxilar inferior, se observa un orificio de entrada de proyectil…" -señala la autopsia del Instituto Médico Legal-. "El proyectil perfora el piso de la boca…" -agrega en singular-. Se describen luego los daños causados por la bala en su trayectoria hacia arriba, en la lengua y dientes, y agrega: "El proyectil, continuando con su avance, se abre paso a través de la masa encefálica…", y describe los destrozos causados en el cráneo del presidente. Agrega: "El proyectil sale finalmente al exterior por la parte alta y la mitad posterior de la bóveda craneana…presentando una zona constituida por diversos desgarros de disposición radiada, a expensa de los cuales es posible reconstruir un orificio, irregularmente redondeado". (3a. hoja de la autopsia nº 2449/73). "Conclusiones: 1º.- Cadáver de sexo masculino, identificado como Salvador Allende Gossens. 2º.- La causa de la muerte es la herida a bala cérvico-buco-cráneo-encefálica, reciente, con salida de proyectil. 3º.- La trayectoria intra-corporal seguida por el proyectil, estando el cuerpo en posición normal, es: de abajo hacia arriba, de delante hacia atrás y sin desviaciones apreciables en sentido lateral. 4º.- El disparo corresponde a los llamados ‘de corta distancia’ en medicina legal. 5º.- El hallazgo de carbón y productos nitrados en los tejidos interiores del orificio de entrada, como la mucosa de la lengua y en una esquirla ósea en la base del cráneo, justifica la apreciación de que el disparo ha podido ser hecho con el cañón del arma directamente apoyado sobre los tegumentos. 6º.- El disparo ha podido ser hecho por la propia persona. Saludan atte. a US (firmado) Dr. José L. Vásquez R.; Dr. Tomas Tobar Pinochet, Instituto Médico Legal. Al señor Fiscal de la Primera Fiscalía Militar. Presente Texto completo, en Mónica González, La Conjura: los mil días del Golpe, págs. 489-494). El doctor Tobar se suicidaría años más tarde. Nunca se ha informado públicamente de ello, ni de las causas que motivaron su decisión. Siendo el principal de los anátomo-patólogos ejecutantes, logró resistir las presiones de los golpistas para "registrar" disparos múltiples en el cadáver de Allende, que no los había. El médico-director de los servicios de Sanidad del Ejército, doctor José Rodríguez Véliz, que debía presenciar la autopsia junto a sus iguales en rango, de la Armada, FACH y Carabineros, se abstuvo y salió del pabellón, pretextando que había sido compañero de curso del Presidente Allende mientras estudiaban Medicina en la Universidad de Chile. Sólo los laboratoristas de "física y química" de la Policía Técnica -y no los detectives de la Brigada de Homicidios, finalmente- consignaron que, si bien "la muerte del Señor Allende Gossens, se produjo como consecuencia de una herida a bala… no se descarta la posibilidad de que se trate de dos trayectorias correspondientes a dos disparos de rápida sucesión". Lo que nadie supo hasta el año 2003 -al menos públicamente- es que, en el momento de morir, acompañaban o estaban en las proximidades de Allende, y no en la fila de los que bajaban por las escaleras, al menos ocho personas, la mayoría de ellos médicos, aunque algunos de éstos lo hacían en su calidad de expertos en defensa militar, y sin la bata blanca que llevaban los otros. Según relató del doctor José Quiroga, cirujano que actualmente reside en Los Angeles (California, Estados Unidos), y entonces miembro del equipo médico que cuidaba al Primer Mandatario, no sólo el doctor Patricio Guijón vio morir a Salvador Allende, sino también el entonces ministro de Salud, Arturo Jirón, Hernán Ruiz Pulido (cardiólogo), el abogado Arsenio Poupin, Subsecretario General de Gobierno, Enrique Huerta, Intendente de Palacio, que profesaba una lealtad sin límites al Presidente, y el detective David Garrido. Pero, además de los nombres revelados por el doctor Quiroga en el diario La Opinión de California (11.09.2003), integraban también el grupo dos o tres "súper-gaps", uno de los cuales era el Nº 1 del aparato político-militar del PS, de nombre de guerra, "Máximo": el estudiante de medicina Ricardo Pincheira, de 28 años. Fue "Máximo" quien impidió que ingresara al Salón Independencia (el "living" decía ella, tal vez porque quedaba al lado del comedor de Palacio), Miria Contreras, la Payita. Ella había detenido su descenso por las escaleras hacia Morandé 80, cuando se dio cuenta que Salvador Allende se retrasaba, y luego oyó "los disparos" -dijo ella, la única que habló en plural, en carta secreta a Beatriz Allende, la hija mayor del mandatario, dando a entender que sabía del suicidio-. Le escribió a fines de 1973, mientras se encontraba escondida (no asilada oficialmente) en la Embajada de Cuba en Santiago. La carta fue publicada sólo en años recientes por la revista The Clinic. "Al final todos tuvimos que bajar a la carrera" -contó el doctor Quiroga desde Los Angeles, California-, urgidos por los soldados que nos exigían abandonar de una vez La Moneda". Lo hicieron en medio de patadas y culatazos de la soldadesca, que también alcanzaron a la Payita y otras mujeres. Una vez afuera, por una misteriosa razón secreta, que aun hoy, 33 años después no se ha develado, terminada la conquista a sangre y fuego de La Moneda, el general Palacios liberó horas mas tarde a todos los médicos que se manifestaron como tales, salvándose de correr la suerte de los otros defensores de la sede del gobierno constitucional, algunos de los cuales hasta hoy figuran en las listas de detenidos-torturados-desaparecidos y/o fusilados. "Después, sólo permaneció arriba el doctor Patricio Guijón Klein, junto al cadáver de Allende, como él mismo ha testificado" -concluyó Quiroga. En verdad siempre ha parecido rara la historia de este extraño "testigo único", impedido de salir del país por décadas, debido a un irregular "arraigo militar", que él ha acatado en silencio y resignación. ¿Cuál será el motivo? En una célebre entrevista concedida a la revista Cauce en septiembre de 1984, el doctor Guijón dijo repetidamente que vio a Allende "cuando se pegaba el balazo". Así: "el balazo"… Pero insistió en que el líder de la Unidad Popular, que encarnó los sueños de toda una generación de izquierdistas, en Chile, América Latina y otros lugares del mundo, se apuntó a sí mismo con una metralleta. ¿Creerle o no? ...El misterio continúa. Piel de Leopardo - 11/9/2006 |
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América Osvaldo Bayer América Scarfó nos dejó para siempre. Murió el 19 de agosto. Tenía 93 años. Recibí la noticia con la tristeza de saber que era la última de una época de lucha libertaria. Mi sentimiento no era otra cosa que una melancolía mezcla de enorme cariño y admiración. Fue la compañera de Severino Di Giovanni, el anarquista fusilado por el dictador golpista de uniforme: Uriburu. El 1º de febrero de 1931. Un día después era también fusilado el hermano más querido por América: Paulino Orlando Scarfó. En 48 horas le habían arrancado a la adolescente de 17 años sus dos más grandes cariños. Quedó sola, en un mundo absolutamente enemigo. Los poetas le cantaron a América Scarfó. A finales de los '30, el querido Raúl González Tuñón escribirá: "América Scarfó te llevará flores y cuando estemos todos muertos, América nos llevará flores". Es que había quedado en todos el rostro de América el día en que mataron a su amado Severino: no lloraba, estaba sumamente triste, pero firme. Lo iba a seguir amando toda su vida, como me dijo cuando la fui a entrevistar, allá a comienzos de los setenta. Yo había logrado descubrir dónde estaban las cartas de amor que le había escrito Severino y que en el allanamiento de la quinta de Burzaco se había llevado la policía. Las cartas de amor más bellas que he leído en mi vida. No sólo los uniformes fusilaron a Severino sino que también hicieron "desaparecer" sus cartas de amor. Pero así como los desaparecidos de los setenta reaparecieron en sus Madres, así las cartas reaparecieron ante la búsqueda sin fin del historiador. En sus líneas de despedida, antes de recibir las balas militares, Severino le escribe a América: "Carissima: más que con la pluma, el testamento ideal me ha brotado del corazón hoy, cuando conversaba contigo: mis cosas, mis ideales. Besa a mi hijo, a mis hijas. Sé feliz. Adiós, única dulzura de mi pobre vida. Te beso mucho. Piensa siempre en mí. Tu Severino". Antes de esas últimas líneas, se le había concedido a Severino despedirse de América, que también estaba detenida. América le dio el último abrazo, él la besó. Le pidió a ella que cuidara de los hijos de él y de Teresina, su esposa. América le dijo: "voy a seguir con tu recuerdo hasta mi muerte". El la miró con mucha tristeza y le respondió: "¡Oh, Fina, tu sei tan giovane!". Se besaron de nuevo. América salió mirándolo a Severino. Por ello tropezó con una rejilla y Severino le gritó: "¡ten cuidado!" Los más destacados periodistas de Buenos Aires estuvieron en el fusilamiento. La mejor crónica fue la de Roberto Arlt, que no puso ningún comentario propio sino sólo la descripción de ese teatro irracional de la fuerza bruta contra las ideas. "La descarga terminó con el más hermoso de los que estaban presentes", serán las últimas palabras de la crónica del periodista del Buenos Aires Herald. Al día siguiente, caerá también Paulino Scarfó ante el pelotón de fusilamiento. Tanto a Severino como a Paulino, antes de fusilarlos, la policía de Uriburu los había torturado bárbaramente. Pero ellos no delataron a ningún compañero. El último encuentro entre América y Paulino será muy breve. Ella no pudo disimular su dolor al ver el rostro hinchado de él. El la contuvo diciéndole: "no llores". Y luego agregó con mucho cariño: "pobre pibita" y le dio un beso en la mejilla. América lo besó muy fuerte y le preguntó: "¿no querés ver a mamá?" El le respondió: "no, ¿no ves cómo estoy?" Es que se le notaban las torturas. Y agregó: "sigue estudiando. Estoy deseando que esto termine de una vez". La besó. América volvió a abrazarlo y se miraron a los ojos. Ella no lloró. El policía Florio urgió para que terminaran. América se fue con paso firme. Los periodistas notaron una lágrima en su rostro. Severino y Paulino gritaron antes de la orden de "fuego" las palabras que definían su ideología: "Viva la anarquía". Fue en la penitenciaría. Las descargas se escucharon en los jardines de Palermo. Severino fue un antifascista, y estaba convencido de que la única manera de responder a la violencia de arriba era con la violencia de abajo. Sus atentados fueron siempre contra entidades fascistas o norteamericanas cuando se supo la condena a muerte de los dos héroes proletarios Sacco y Vanzetti. Sus escritos hablan de su pasión por su ideología del socialismo en libertad. La policía lo sorprendió cuando salía de una imprenta. Su huida por las calles de Buenos Aires quedó como algo legendario. En el tiroteo cayó una niña, y por supuesto le adjudicaron a él esa muerte cuando fue notorio que recibió balas policiales. En el escritorio del luchador anarquista, la policía encontró debajo del vidrio esta frase: "Estimo a aquel que aprueba la conjuración y no conjura; pero no siento nada más que desprecio por esos que no sólo no quieren hacer nada sino que se complacen en criticar y maldecir a aquellos que hacen". En 1928, en una carta, Severino le escribirá a América: "El amor, el amor libre, exige aquello que otras formas de amor no pueden comprender. Y nosotros dos, rebeldes divinos (jamás nadie podrá llegar a nuestras cumbres), tenemos derecho a desagotar el pantano de la moral corriente y cultivar allí el inmenso jardín donde mariposas y abejas puedan satisfacer su sed de placer, de trabajo y de amor". Fue un amor pleno que duró poco porque todo terminó en tragedia. Cuando América se va a vivir con Severino en la quinta, muy arbolada, de Burzaco, ya él era el perseguido número uno de la sociedad argentina. Ella sentirá miedo todas las noches y duerme abrazada a él. Una noche ella siente ruidos como de gente que entra a la quinta y trata de despertarlo. Le dice en voz baja pero insistente: "Severino, Severino, la policía". El se despierta apenas, la acaricia y le responde: "América, no, son los pájaros... duerme... duerme". De eso ella nunca se olvidará, me lo contará en uno de nuestros tantos encuentros, mientras elaboraba una nueva edición de mi libro. Caídos sus dos seres más queridos, la joven América será protegida por sus compañeros de ideas. En ese período escribirá artículos para diarios anarquistas europeos en defensa de los derechos de la mujer. Y continuará con sus estudios, los cuales nunca dejó ni cuando era ya octogenaria. Por ejemplo, se recibió de profesora de italiano y rindió todas las pruebas en forma brillante. Muchos años después de la tragedia, América encontrará un compañero de ideas con el cual fundará la librería y editorial Américalee. El nombre lo dice todo. Durante muchos años, fue la librería libertaria más completa de la ciudad y la editorial se dedicó a publicar todos los pensadores del socialismo libertario. Hace pocos años, estábamos todavía en el menemismo, América volvió a aparecer en los diarios. Es que un día que la fui a visitar, me expresó que ya estaba cerca de la muerte y que antes de irse para siempre quería estrechar en su corazón las cartas de amor de Severino. Que como yo sabía dónde estaban me pedía que hiciera todo lo posible para lograr su devolución. Le dije que iba a poner todo mi empeño. Lo fui a ver a Unamuno, el director del Archivo General de la Nación. Siempre dispuesto a la ayuda me preguntó donde había visto esas cartas la última vez. Le dije: "en el Museo Policial, en un archivo aislado". Me respondió: "Bueno, quien puede darte permiso, por ser policial, es el ministro del Interior, Corach". ("La última anécdota que me faltaba", pensé.) Pedí la entrevista junto con América. Nos recibió a los dos días. Le expresé el deseo de América. Me dijo que iba a hacer las averiguaciones pertinentes para cumplir con los deseos de ella y agregó: "No se olvide, Bayer, que yo me llamo Carlos W. Corach. Carlos, por Carlos Marx, y W. Por Wladimiro Lenin". Me sorprendí y no pude menos que decirle sonriente: "No lo parece". A los dos días nos llama el jefe de la Policía Federal que me esperaba en su despacho. Fui con América. Nos recibieron el jefe y el subjefe. El jefe me escuchó con forzada benevolencia. (El subjefe tenía una sonrisa cachadora como diciendo: "cómo se vino éste acá"). Le expliqué, pero el jefe me respondió grandilocuente: "usted me pide algo que pertenece a la Policía Federal. Mire (y tomó un cenicero): esto aquí tiene la palabra Policía Federal, si usted me lo pide le tengo que decir que no, porque no me pertenece a mí ni a nadie sino sólo a la Policía Federal". Le insistí: "pero no se trata de un cenicero, son cartas de amor". Me volvió a mostrar el cenicero, con gesto triunfal: "sí, pero las dos cosas pertenecen a la Policía Federal". Entonces tomó la palabra América que con voz suave pero firme le expresó: "señor, son cartas de amor que me escribieron a mí, me pertenecen a mí. No es un documento policial o que sirva como prueba de algún delito. Las cartas me pertenecen sólo a mí". El seguro policía se sintió molesto y sentenció: "pongan un abogado, se resolverá". Pusimos el abogado y pronto llegó la respuesta. Carlos Wladimiro nos citó en la Casa de Gobierno para devolver las cartas de Severino Di Giovanni a su amada América Scarfó. Cómo habrá acariciado las cartas esa bella anciana de ojos muy negros y cabellos blancos como la nieve. Ella no está más. Sus cenizas fueron enterradas en el pequeño jardín de la Federación Libertaria, la casa que no se rinde. Ahí iremos una vez por mes a leerle a ella una carta de amor del luchador caído. Página/12 - Buenos Aires, 27/8/2006 |
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La capitana Mika Daniel Campione Se cumplen setenta años del inicio de la guerra civil española. Podemos enterarnos con beneplácito acerca de la erradicación de placas con los nombres de Fanjul, Yagüe y otros "héroes" del franquismo de calles y paseos públicos españoles, por parte de IU-Corriente Roja y otras agrupaciones de izquierda. En Buenos Aires, se publican entrevistas y se realizan homenajes al poeta Quesada, a Fanny Edelman y a otros argentinos y argentinas participantes de las Brigadas Internacionales. La oportunidad es propicia para recordar a Mika Feldman (que luego adoptó el apellido Etchebehere), argentina nacida en la colonia judía Moishesville en la provincia de Santa Fe. Ella no formó parte de las Brigadas, sino de la columna del POUM, con la que luchó en las cercanías de Madrid, y en la defensa de la ciudad. Anarquista primero, miembro del grupo universitario Insurrexit, con paso por el Partido Comunista de Argentina y luego por el Partido Comunista Obrero (previa expulsión junto con el grupo nucleado en torno al periódico La Chispa del PCA), su militancia se definió por el trotskismo, junto con su pareja Hipólito Etchebehere, también argentino. Juntos anduvieron por la Patagonia argentina, y luego por Francia, Alemania, donde trataron de estimular la resistencia obrera al nazismo, hasta recalar en España en vísperas de la guerra civil, incorporándose a las milicias del POUM desde el primer día. Muerto Hipólito en combate a poco de iniciarse el conflicto, en Atienza, Mika lo reemplazará como oficial al mando de una compañía, con el grado de capitana. Combatirá en Sigüenza, en la defensa de Madrid en La Moncloa, en las trincheras de Pineda de Húmera, en el fracasado intento de tomar el Cerro del Aguila, todo hasta los primeros meses de 1937. Debilitadas las columnas del POUM por las bajas militares, y reprimidas luego por la acusación de "quintacolumnistas" y "trotskistas", pese a que el POUM había roto con Trotsky y sus hombres habían combatido tesoneramente por la República, Mika pasará a tropas de la CNT, en base a su vínculo con el dirigente libertario Cipriano Mera. Seguirá en el frente hasta mediados de 1938, cuando pasará a desempeñarse en tareas médicas y culturales, en Madrid. Según algunos afirman, fue la única mujer con grado de capitana en el frente de combate, y esa actuación quedaría reflejada en sus memorias, publicadas en 1976, tituladas Mi guerra de España. Es un escrito vivaz, carente de benevolencia pero también de tremendismos. Nada hay en sus escritos de ese tono planamente hagiográfico en el que sólo habitan héroes y militantes ejemplares. Sus dudas y miedos, el sentimiento materno que la hace preocuparse todo el tiempo por el abrigo y la comida para sus milicianos, la nostalgia de los paisajes patagónicos y los barrios parisinos, ocupan un lugar no desdeñable en el texto. Y va mostrando su gradual y a veces difícil comprensión de la cultura hispánica y del modo de ser de los campesinos y jornaleros extremeños que forman el grueso de su compañía. Critica con dureza al gobierno republicano, a la conducción militar del conflicto, y al papel de los representantes de la Internacional Comunista y la URSS, sin que esos señalamientos se apoderen del libro ni le impidan reconocer la valentía y la vital importancia militar de las Brigadas. Mika murió en París en 1992, después de haber tomado parte del Mayo francés y de otras gestas de los rebeldes de la tierra, incluyendo una nueva residencia en Argentina en los primeros años cuarenta. Por fortuna, en los últimos años su figura ha sido rescatada del olvido, primero en España y luego en Argentina. Horacio Tarcus publicó Historia de una pasión revolucionaria, una documentada reconstrucción de la trayectoria de Mika e Hipólito, en 2000, y hace pocos meses, Bárbara Funes incluyó un capítulo dedicado a ella en el volumen Luchadoras, compilación dedicada a diferentes revolucionarias que dirigió Andrea D’Atri. Argenpress - 20/7/2006 |
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Para no olvidar el golpe del 17 de julio de 1980 Wilson García Mérida A nombre de una pretendida "lucha contra el comunismo", con apoyo de grupos paramilitares integrados por asesinos como Klaus Barbie y Marco Marino Diodato, las Fuerzas Armadas de Bolivia fueron inducidas por sus altos mandos a intervenir en un proyecto alentado y financiado por la mafia del narcotráfico que durante el septenio de Banzer había penetrado en el sistema político y en los aparatos de represión. Eran tiempos en que los bolivianos debíamos andar "con el testamento bajo el brazo". Luis García Meza y Luis Arce Gómez eran los artífices de aquel ataque narco-terrorista contra la democracia boliviana. Ambos militares ligados familiar y económicamente al narcotráfico, encaramándose en el Comando General del Ejército y su Departamento II de Inteligencia, planificaron cuidadosamente la ejecución de su estrategia de asalto al poder, para lo cual organizaron grupos paramilitares y neofascistas que aterrorizaron al país. Durante el acto golpista fueron torturados y asesinados valerosos luchadores por la democracia, entre ellos el insigne tribuno socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, autor de la nacionalización de la Gulf Oil durante el gobierno del general Ovando e impulsor de un juicio de responsabilidades contra la dictadura saqueadora de Banzer. Corrupto y autoritario, además de estar internacionalmente aislado y carente de todo de apoyo político o social, el gobierno de García Meza ejerció el terrorismo desde el Ministerio del Interior a la cabeza de Luis Arce Gómez. Hubo alrededor de 500 asesinatos, desapariciones forzadas y 4.000 detenidos. Es aquella sangre derramada y aquel dolor sufrido bajo ese régimen de terror, el tributo que Bolivia pagó para gozar la democracia que hoy vive el país. Entre marzo y julio del 80, a partir del secuestro y asesinato de Luis Espinal perpetrado el 22 de marzo de ese año, el país se estremeció con una escalada terrorista (atentados dinamiteros, persecución y espionaje contra líderes políticos y sindicales) que tenían el claro propósito de sabotear las elecciones generales previstas para el 29 de junio. El día 21 de ese mes un avión que transportaba a dirigentes de la UDP en campaña electoral, explotó en el aire causando varios muertos. Jaime Paz Zamora, candidato vicepresidencial de Siles Zuazo, estaba en ese avión y se salvó milagrosamente quedando con el rostro estigmatizado por las quemaduras. El atentado del 21 de junio, contra lo esperado por los golpistas, radicalizó la voluntad electoral de la opinión pública. Las elecciones dieron el triunfo a la UDP y, en gran medida, al PS1 de Marcelo Quiroga Santa Cruz que duplicó su votación en relación a los comicios del 78. Este ascenso habría significado el inminente juicio de responsabilidades contra la dictadura de Banzer, que Quiroga Santa Cruz venía impulsando en el Parlamento desde 1979. Los golpistas estaban decididos a impedir la posesión de Siles Suazo que debía ministrarse el 6 de agosto de 1980. El 17 de julio los tanques y comandos paramilitares ocuparon las calles de La Paz para liquidar en un baño de sangre el proceso democrático. Tras la tramoya de un "ensayo de golpe" en Trinidad, que obligó a reuniones de emergencia entre los ministros de Lidia Gueiler (la Presidenta interina) en el Palacio Quemado, y del Comité Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE) en la sede de la Central Obrera Boliviana (COB), los golpistas tomaron ambos puntos para consumar sus objetivos. En el palacio Quemado, García Meza y Arce Gómez, acompañados por los generales y coroneles del Alto Mando, pusieron a Gueiler ante la disyuntiva de renunciar o prorrogar indefinidamente su mandato clausurando, en palabras de Arce Gómez, "ese boliche del frente" (el Parlamento). "Sólo así podremos gobernar este país como una taza de leche", le dijo García Meza a Gueiler. La Presidenta optó por la renuncia y sus ministros fueron apresados junto al grupo de periodistas que cubrían fuentes gubernamentales. Simultáneamente, los paramilitares organizados por Klaus Barbie asaltaban la sede de la COB donde fueron asesinados el líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, el diputado Carlos Flores Bedregal y el dirigente minero Gualberto Vega Yapura. La hordas asesinas asaltaron también varios medios de comunicación, atacando con terrible saña especialmente a Radio Fides. Los paramilitares se movilizaban en ambulancias facilitadas por el entonces responsable de la CNSS, Willy Sandóval Morón. Luis Arce Gómez, apenas posesionado como Ministro del Interior, lanzó públicamente esta advertencia a sus futuras próximas víctimas: "De hoy en adelante cualquier subversivo que vaya en contra del Gobierno de Reconstrucción Nacional, deberá andar con el testamento bajo el brazo". Arce Gómez y García Meza llamaron "Operativo Avispón" al ataque paramilitar contra la sede de la COB, perpetrado la mañana del 17 de julio del 80, cuando Marcelo Quiroga Santa Cruz fue herido y luego trasladado, todavía con vida, al Gran Cuartel de Miraflores donde le dieron los tiros de gracia para después, presuntamente, incinerarlo en un macabro acto aún no esclarecido. Sus restos están desaparecidos. Quienes lo vieron por última vez ofrecieron conmovedores testimonios registrados en el juicio que dio sentencia de 30 años de cárcel, sin derecho a indulto, al dictador. Los paramilitares asaltaron la COB pocos minutos antes del mediodía del 17 de julio, cuando debía efectuarse una conferencia de prensa para informar sobre las medidas adoptadas por el CONADE en defensa de la democracia. El edificio fue atacado con ráfagas de metralleta y la irrupción de los paramilitares se produjo en medio del tiroteo, que facilitó la reducción y apresamiento de los dirigentes. Según el sacerdote metodista Germán Crespo, uno de los paramilitares reconoció a Marcelo y lo hirió con una ráfaga cuando se resistía a ser detenido y separado de sus compañeros. Noel Vásquez vio el cuerpo de Marcelo caído en las gradas. Todavía estaba vivo. "Logré ver que con un tremendo esfuerzo levantaba sus ojos", relató el secretario permanente de la COB. Los organismos de inteligencia norteamericanos ocultaron la verdad sobre la llegada a Bolivia del mafioso y narcotraficante italiano Marco Marino Diodato, que fue para apoyar el golpe de García Meza en 1980. La CIA facilitó la infiltración de Diodato en las estructuras de la democracia, bajo la cobertura de Banzer que se emparentó con el mafioso a principios de los noventa, afirmando que llegó al país en septiembre de 1983. Pero lo cierto es que este ex policía corrupto italiano ingresó al país junto con Stefano Delle Chiaie y Pierluigi Pagliai, autores del atentado dinamitero contra un tren de Bolognia que ocasionó cientos de muertos y heridos, conformando el grupo paramilitar "Los Novios de la Muerte" comandados por Klaus Altman Barbie para respaldar el golpe del 17 de julio. La prueba es una foto publicada por el Instituto de Estudios Políticos para América Latina y Africa (IEPALA) en 1982, un año antes de la fecha de ingreso falsificada por la Interpol, donde Diodato aparece junto a otros "Novios de la Muerte". El detalle de dicha foto es el siguiente: Parados, de izquierda a derecha: "Ike" Koplin, Jacques Leclerc, Hans Stellfeld, Joachim Fiebelkorn y Adolfo Ustáriz. Agachados: Marino Diodato, el hermano del "Mosca" Monroy, Wolfgang Walterkirche y el "Mosca" Monroy. Argenpress - 16/7/2006 |
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"Ser hermano del Che nunca fue neutral" Victoria Ginzberg "Ser el hermano del Che es una parte mía: en dos oportunidades tirotearon y ametrallaron mi casa, una vez pusieron una bomba. No era algo más, algo que no importaba. Ni siquiera era algo muy divertido. No era como ser el hermano de Soledad y salir a revolear el poncho", dice Juan Martín Guevara, que mantiene un riguroso perfil bajo y que será recordado como el Tin por el que preguntaba el mítico jefe guerrillero en las cartas que escribía a su madre. El hombre estuvo ocho años en diferentes cárceles de Argentina y recibió la indemnización que le correspondía por haber sido preso político. Su caso abrió un camino, ya que no sólo fue resarcido por el tiempo que estuvo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN), sino también por el período que pasó detenido luego de ser condenado por la Justicia Federal. La ley de indemnización de presos políticos establece que son beneficiarios quienes estuvieron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional o de tribunales militares. Guevara, que fue arrestado en marzo de 1975, fue un "preso PEN" hasta el 6 de marzo de 1979. Desde ese día, hasta que consiguió la libertad condicional, el 10 de marzo de 1983, quedó detenido por decisión de la Justicia, que lo condenó en base a la ley 20.840. Esa norma, sancionada en 1974, castigaba las "actividades subversivas en todas sus manifestaciones". Ahora, explica su abogado, Tomás Ojea Quintana, se reconoce con status de perseguidos políticos a quienes fueron juzgados en virtud de esa ley, aunque no hayan estado a disposición del PEN. Cuando salió de la cárcel, Juan Martín, militante del Frente Antimperialista por el Socialismo, tenía 26 pesos y un pasaje Trelew-Buenos Aires-Rosario. Con el tiempo rearmó su vida y ahora tiene una tienda de habanos, vinos y exquisiteces en Las Cañitas. Allí habla con Página/12 de sus días como prisionero, de Cuba y de los recuerdos que lo unen a su hermano. -¿Cómo era la vida cotidiana en la cárcel? ¿Cómo se organizaban? -Hubo etapas de mayor violencia, mayores restricciones, de más golpes, más torturas. Uno nunca sabe cómo quedó o cómo estaría si no hubiera pasado, pero la organización fue lo que hizo que pudiéramos llegar a la democracia teniendo valoraciones positivas, incluso pudiendo haber sacado enseñanzas y cosas que uno incorporó a la etapa de preso. Fue la organización la que lo logró, no la organización previa, que era imposible reflejar en la cárcel, sino una nueva organización en la que había parte de lo que traías como experiencia. La organización te permitía sobrevivir mentalmente, emocionalmente, en tu manera de pensar, de ser, tu cultura. -¿Puede explicarlo con algún hecho concreto? -Nunca pudieron impedir que nos comunicáramos. Nos escribíamos entre nosotros. La cárcel de Sierra Chica tenía esta forma (extiende la palma de la mano en la mesa con los dedos separados), tenía doce pabellones. El pabellón 12 era el de castigo, que estaba absolutamente separado, aislado. Los otros tenían un patio en el medio. Durante un tiempo nos permitían salir sólo tres veces por semana. No podíamos caminar en grupos de más de tantos, no podíamos acercarnos a la ventana. Cuando algo no funcionaba como ellos querían, al pabellón 12. Hacían requisas a cualquier hora, entraban y revolvían todo, te pateaban, te echaban agua fría. En un fin de año entran a un grupo de celdas, no me acuerdo si era 24 o 31 de diciembre, del pabellón que estaba más cerca del pabellón 12 -que era de los que estábamos destinados a ser fritos en primer lugar-, y encuentran pan dulce, cosas de fin de año y se ponen locos. Esas cosas nunca las pudieron parar. -¿Y cómo hicieron para tener esas cosas? -No te lo voy a decir porque a lo mejor en algún tiempo alguno va a necesitar algún pan dulce, y Sierra Chica sigue existiendo. -¿Cómo se enteraban de lo que pasaba afuera? -En el '75 teníamos radio, diario, visitas. Desde el golpe para adelante dejamos de tener visitas, diarios. Empezamos a no salir a recreo. Debo haber estado en total tres años y medio en celdas solitarias. A veces pasaba hasta seis meses en la celda de castigo. No tenías noción ninguna de lo que estaba pasando, no fuera de la cárcel, sino en el pasillo. El objetivo era rechiflarte, que te volvieras loco. -¿Cuándo se enteran de las desapariciones, la masividad de la represión? -De la masividad mucho después. Sabíamos de los secuestros porque muchos de los que llegaban en el último tiempo venían secuestrados. Era evidente que había algunos que pasaban a ser presos, otros los liberaban y otros no se sabía. Más adelante, cuando desaparecen familiares directos de los que estábamos presos, ya íbamos teniendo noción de que la represión se hacía cada vez más profunda y más extensa. Y de que uno de los métodos que existía era tomar a una persona y no aparecía. En Sierra Chica hubo dos desapariciones de familiares. -¿Los guardias y oficiales sabían que era hermano del Che? -Eso me jugó a favor o en contra. Nunca era neutral. A veces, como era el bicho raro, me trataban más o menos bien. Pero no muchos sabían. En Sierra Chica teníamos un número, yo era 449. Durante años fui el 449. -¿Y cómo jugó su apellido durante la militancia? -Yo fui hermano del Che siempre, pero en determinadas circunstancias era cualquiera y además no se sabía de quién era hermano ni cuántos hermanos tenía. Uno de los oficiales que me interroga sí, directamente, se empieza a meter con el parentesco. Me acuerdo, creo que era un mayor, que decía "que lástima que agarró para el lado que agarró, porque ese tipo sí valía". Me comentaba cosas para demostrar que sabía, que había leído. -Pero había como un respeto... -Había un respeto a través mío a la imagen, la figura. Y los que te fajaban también. Sin duda, porque si no, no te diferenciarían. -¿Y cómo llevaba la diferenciación? -Nosotros le llamábamos poner cara de candado, cara de nada. Porque no sabías qué podía pasar. Como cuando nos preguntaban "¿Leíste tal libro?" No. "¿Vos hacés gimnasia?" No. "Pero vos no hacés nada", decían. Me acuerdo de una vez en que estaba con otro preso al que le preguntaban si era montonero. "No, yo soy peronista", decía. Le insistían y él seguía con que era peronista. Entonces me preguntan a mí "¿Vos sos del PRT?" "No, yo soy socialista", dije. Es que si ése era peronista, yo era socialista. Pero en todas las oportunidades en que saltaba que yo era hermano del Che, venían a ver. -¿Le molesta que lo identifiquen como el hermano de...? -Desde el año '56, '57 paso a ser, además de Juan Martín Guevara, hermano de Ernesto Guevara y después de El Che. Es una parte mía, está incorporado. Yo tenía quince años cuando fui a Cuba. Llegué el 6 de enero del '59, cinco días después del triunfo de la revolución. Fidel todavía no había entrado en La Habana. En el período anterior, estábamos siempre alerta de las noticias que llegaban. En cinco oportunidades a mi hermano lo publicaron como muerto en los diarios. Siempre estábamos a la espera de una esquela que dijera que no. Y llegaban. En mi casa en dos oportunidades tirotearon y ametrallaron, una vez pusieron una bomba. No era algo más, algo que no importaba. Ni siquiera era algo muy divertido. No era como ser el hermano de Soledad y salir a revolear el poncho. Era un tema. Recibíamos llamadas telefónicas. -¿A Cuba fue sólo de visita? -Fui como un familiar. Hacía años que no lo veíamos. Estuve dos meses y algo. Justo en la época de verano. Se ve que ellos decidieron hacerlo en enero para que no faltara al colegio. -¿Qué relación tiene hoy con Cuba? -Trabajé muchos años con libros de Cuba. Y en la Feria del Libro ponía el stand de Cuba. Viajaba bastante. Después, por razones económicas, fui acercándome al habano. Hasta que puse una distribuidora. Pero Cuba, más allá de lo que políticamente pueda tener de cercano, para mí es algo mucho más importante que eso: amigos, familia, es un segundo hogar, es un lugar familiar. Conozco Cuba de un lado al otro y la he ido viendo del '59 a hoy. -¿Y cómo era Cuba el 6 de enero del ’59? -Era algo muy impactante. Era impactante desde una cuestión personal, familiar e histórica. Había cosas sorprendentes. Yo me encontré con gente de mi edad o un año más que eran capitanes del ejército rebelde con responsabilidades. Además estaba mi hermano. En nuestra familia el trato nunca fue formal, y de pronto encontrar una persona... primero militar, con orden y mando, es decir que había que cuadrarse; segundo, con un poder de atracción sobre los demás increíble. Y a la vez seguía siendo mi hermano. Cuando estábamos juntos, seguíamos con las mismas jodas y los códigos de antes. Pero había un cambio sustancial. -Se lo tengo que preguntar, ¿cómo es encontrar a un hermano en banderas, remeras? -Eso ya es otra historia. Tuve experiencias con gente en la montaña que me contaba anécdotas y me doy cuenta de que vivió con él. Es distinta la emoción de ver a una persona que se pone a llorar porque tiene recuerdos muy concretos, a ver algo que puede ser muy superficial, que puede ser los Bee Gees, la lengua afuera de los Stones o El Che. Obviamente que también es una forma de estandarizarlo o banalizarlo. Vos podés hablar del guerrillero, del estadista o del médico. Se puede hablar de lo que dijo, hizo o del que dejó cargos importantes y entregó su vida. Vos podés separar, pero cuando lo juntás se te genera un problema. Si juntás todo el personaje se problematiza. Lo complejo es ver cómo se toma la figura. Página/12 - Buenos Aires, 1/6/2006 |
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"La historia ha sido injusta con Malinche" Silvina Friera Nunca se le hubiera ocurrido escribir sobre un personaje tan satanizado en la historia mexicana. Pero cuando le propusieron trabajar sobre Malinalli, la admirada y denostada amante de Hernán Cortés -que ofició de intérprete entre españoles y aztecas durante la Conquista, para luego ser acusada de haber traicionado a su pueblo-, Laura Esquivel, encantada, se sumergió en el desafío de abordar la aventura vital de esa mujer tan compleja y controvertida. El resultado es Malinche (SUMA), novela que presentó en la Feria del libro de Buenos Aires. "Se la considera una traidora, una colaboracionista; incluso en México se usa el término malinchismo para referirnos a todos aquellos que prefieren lo extranjero a la nacional, a los que son vendepatrias", explica la autora en la entrevista con Página/12. "Pero se me hace muy injusto, porque cuando uno empieza a analizar la historia, se da cuenta de que las cosas no fueron así". -¿Está pensando en el mestizaje? -Sí, porque es el origen de lo que somos. Todavía hay resentimientos, o ciertos sentimientos de pérdida sobre la Conquista. Es muy sano revisar y tratar de aportar otra visión de ese momento histórico, que fue muy complejo, pero también enriquecedor en tanto nos unió definitivamente. Somos, qué duda cabe, la mezcla de dos visiones, de dos culturas muy diferentes. -Por momentos, daría la impresión de que la presenta como una heroína. -No, no la trato como una heroína sino como a una mujer de carne y hueso, con muchos contrastes y contradicciones, pero con un espíritu unificador. Ella tiene que haber hecho un trabajo monumental para traducir un lenguaje tan lleno de símbolos al español, y lo tiene que haber hecho bien porque siento que hubo grandes momentos dentro de toda la percepción equivocada que pudo tener de la cultura a la que se estaba enfrentando. Malinalli estaba convencida de que Cortés pondría fin a los sufrimientos de la religión azteca. -¿Cómo aprovechó en la trama esta percepción errática sobre el rol de los conquistadores? -Me interesaba mostrar los paralelismos entre lo que anhelaba Malinalli y Cortés, cuáles eran los miedos de ella y de él. El equívoco era que creían que venían en representación de Quetzalcóatl, y quise meter en el juego a Cortés, que fue picado por un escorpión y dicen que, años después, cuando regresó a España, llevó un escorpión de oro como milagro a la Virgen de Guadalupe. Me gusta mostrar el mundo de sus creencias y los profundos temores de cada uno. El éxito de Como agua para chocolate -libro que lleva vendidos 5 millones de ejemplares en todo el mundo- fue para Esquivel un momento de gran cambio en su vida. "Hasta rompí con mi pareja", aclara. "No he dejado de escribir y de trabajar, manteniendo siempre en claro lo que quiero decir, sin buscar el resultado". La escritora mexicana admite que Como agua... fue uno de esos fenómenos que no se pueden igualar. "Fue un placer, ahí está, pero lo más importante es el proceso interno creativo, y no sentirte determinado o no por un éxito", añade. -¿Cambiaron las condiciones de su relación con el medio editorial después de ese éxito? -No. Siempre escribo de lo que quiero escribir y cuando lo quiero escribir. No permito presiones, ni siquiera que me editen mi trabajo, como se ha puesto de moda. Cada obra artística es producto de un momento, tiene una magia especial y me gusta mucho respetar la manera en que queda concluida, aunque tuviera errores o desprolijidades. -En Malinche, la crueldad de los ritos aztecas es desplazada por la violencia de los conquistadores. ¿Cómo explicaría ese trasfondo de violencia que se prolonga en el presente de muchos países de América latina? -Todos participamos del incremento de la violencia en el mundo, en la medida en que no sólo creemos en la violencia sino que la reafirmamos. El poder creativo de la mente es muy poderoso, lo que tú estás pensando forma parte de la realidad. Me gustaría poder estudiar la repercusión que tiene y ha tenido la observación de imágenes violentas. Escribí un ensayo sobre las emociones en el que analizo qué es la emoción, qué emociones enferman y sanan, el poder que tiene una imagen o una palabra para generar emociones. En muchos estudios se ha comprobado que si tú ves una imagen violenta, te afecta físicamente porque el sistema nervioso autónomo no distingue si es real o no lo que está viendo. Estoy haciendo un estudio de cuántas veces la gente dice la palabra "amor" en el día. Nunca. Nos hemos hecho adictos al temor y amamos el dolor y el miedo, pero le tememos al amor. El amor es algo que ha pasado a formar parte de un mundo de ilusión. Es horrible ver que el mundo es este lugar de horror y de violencia. Pero, ¿cómo se rompe ese círculo vicioso, si te hago depositaria de mi violencia? Si considero que alguien merece la violencia, me convierto en un terrorista. Ya sabemos que el terrorismo no se combate con el terrorismo, ni la violencia con la violencia. Entonces hay que transmutar la violencia, hacerla morir en uno y no pasarla al otro. Estoy convencida de que todos somos responsables de la violencia y de que todos podemos hacer algo para detenerla. -Sin embargo, la palabra, la voluntad o la intención no parecen ser vehículos suficientes para detenerla. -La palabra la utilizamos, precisamente, para burlar, agredir, engañar; es muy violento el manejo que puede haber en las palabras. La palabra ha perdido el carácter sagrado. Yo trato con indígenas en México porque estoy rescatando artesanías. Para ellos la palabra es sagrada. Nunca he tenido un papel de por medio en nuestras negociaciones. Y si me dejan ropa en un local que tengo, regresan a los seis meses y me preguntan: "¿Qué pasó, doña?". Les digo lo que se vendió y les doy el dinero, pero nunca me piden un recibo. A mí me dolió mucho cuando fueron los zapatistas a México con el subcomandante. La primera que habló fue la subcomandante Ramona, que ya murió. He llorado mucho al escucharla porque sabía a lo que se refería. Lo primero que dijo fue: "Venimos a traerles nuestra palabra". A mí se me cae la cara de vergüenza porque no se han cumplido los acuerdos de San Andrés, y porque nadie oyó lo que estaban pidiendo en verdad, lo que significaba e implicaba llevar su palabra y lo que deberían haber recibido a cambio. Página/12 - Buenos Aires, 25/4/2006 |
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"A Chávez intentaron fusilarlo" Fidel Castro, que tantos discursos pronuncia, ha concedido muy pocas entrevistas. Sólo se han publicado cuatro conversaciones largas con él a lo largo de 50 años. La quinta, mantenida con el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, se ha convertido en el libro Fidel Castro, biografía a dos voces, resumen de la vida y el pensamiento del jefe de Estado de Cuba a lo largo de cien horas de conversación. La primera se inició a finales de enero de 2003, y la última, en diciembre de 2005. En estas páginas se publica un extracto de la entrevista en la que el mandatario habla sobre el conflicto venezolano sucedido el 11 de abril de 2002. Como dice el comandante, seguirá ahí "mientras lo decida la Asamblea Nacional en nombre del pueblo cubano". El libro, de próxima aparición, se edita en la editorial Debate. -Usted ha dicho que siente también gran admiración por Hugo Chávez, el presidente de Venezuela. -Bueno, sí, ahí tenemos a otro indio, Hugo Chávez, un nuevo indio que es, como él dice, "mezcla de indio", mestizo, él dice que con un poco de blanco. Pero tú estás mirando a Chávez y estás mirando a un autóctono hijo de Venezuela, el hijo de esa Venezuela que fue mezcla, pero tiene todos estos nobles rasgos y un talento excepcional, pero excepcional. Yo suelo escuchar sus discursos, y él se siente orgulloso de su origen humilde, de su etnia mezclada, donde hay de todo un poco, principalmente de los que eran autóctonos o esclavos traídos de África, con mezcla de origen indio. Ésa es la impresión. Puede ser que tenga algunos genes de blanco, y no es malo, la combinación siempre es buena, enriquece a la humanidad, la combinación de las llamadas etnias. -¿Usted ha seguido de cerca la evolución de la situación en Venezuela, en particular las tentativas de desestabilización contra el presidente Chávez? -Sí, hemos seguido con mucha atención los acontecimientos. Chávez nos visitó cuando salió de prisión antes de las elecciones de 1998. Fue muy valiente porque le reprocharon mucho que viajara a Cuba. Vino y conversamos. Descubrimos a un hombre culto, inteligente, muy progresista, un auténtico bolivariano. Luego ganó las elecciones. Varias veces. Cambió la Constitución. Con un formidable apoyo del pueblo, de las gentes más humildes. Los adversarios han tratado de asfixiarlo económicamente. De Venezuela, en los cuarenta años famosos de la democracia que precedió a Chávez, yo calculo que deben ser alrededor de 200 millardos de dólares los que se han fugado. Venezuela podía estar más industrializada que Suecia y tener la educación de Suecia, si de verdad hubiera habido una democracia distributiva, si esos mecanismos hubieran funcionado, si hubiera algo de cierto y de creíble en toda esa demagogia y en toda esa publicidad. De Venezuela, desde que llegó el gobierno de Chávez al poder hasta que se estableció el control de cambios en enero de 2003, se han fugado alrededor -calculamos- de unos 30 millardos de dólares, fuga de capital. Entonces, todos esos fenómenos hacen, como planteamos nosotros, insostenible este orden de cosas existente en nuestro hemisferio. -El 11 de abril de 2002 hubo un golpe de Estado en Caracas contra Chávez, ¿siguió usted aquellos acontecimientos? -Cuando nos enteramos de que la manifestación aquella de la oposición había sido desviada y se acercaba a Miraflores, que había las provocaciones, los tiros, las víctimas, y que algunos altos oficiales se habían amotinado y pronunciado públicamente contra el presidente, que la guarnición presidencial se había retirado, y que ya el ejército iba a venir a arrestarlo, yo llamo a Chávez porque sé que se encuentra indefenso y que es un hombre de principios y le digo: "¡No te inmoles, Hugo! ¡No hagas como Allende! Allende era un hombre solo, no tenía un soldado. Tú tienes una gran parte del ejército. ¡No dimitas! ¡No renuncies!". -¿Usted lo estaba alentando a resistir con las armas en la mano? -No, al contrario. Eso fue lo que hizo Allende y lo pagó heroicamente con su vida. Chávez tenía tres soluciones: atrincherarse en Miraflores y resistir hasta la muerte; hacer un llamado al pueblo, a la insurrección y desencadenar una guerra civil; o rendirse, sin renunciar, ni dimitir. Nosotros le aconsejamos la tercera. Que fue lo que él también había decidido hacer. Porque, además, eso lo enseña la historia, todo dirigente popular derrocado en esas circunstancias, si no lo matan, el pueblo lo reclama y, más tarde o más temprano, regresa al poder. -Ustedes, en ese momento, ¿trataron de ayudar de alguna manera a Chávez? -Bueno, nosotros sólo podíamos actuar usando los recursos de la diplomacia. Convocamos en plena noche a todos los embajadores acreditados en La Habana y les propusimos que acompañaran a Felipe (Pérez Roque), nuestro ministro de Relaciones Exteriores, a Caracas para rescatar a Chávez, presidente legítimo de Venezuela. Propusimos mandar dos aviones para traerlo en caso de que los golpistas decidieran enviarlo al exilio. Chávez había sido hecho prisionero por los militares golpistas y se había perdido su rastro. La televisión difundía una y otra vez la noticia de su "dimisión" para desmovilizar a sus partidarios, al pueblo. Pero, en un momento, a Chávez le permiten hacer una llamada telefónica, y puede hablar con su hija María Gabriela. Y le dice que él no ha dimitido, que no ha renunciado. Que es un "presidente arrestado". Y le pide que difunda esa noticia. La hija tiene entonces la idea audaz de llamarme y me informa. Me confirma que su padre no ha dimitido. Nosotros decidimos entonces asumir la defensa de la democracia venezolana, ya que teníamos constancia de que países como Estados Unidos y España -el gobierno de José María Aznar-, que tanto hablan de democracia y tanto critican a Cuba, estaban apoyando el golpe de Estado. Le pedimos a María Gabriela que lo repitiera y grabamos la conversación de ella con Randy Alonso, el conductor del programa Mesa redonda de la televisión cubana, que tuvo una gran repercusión internacional. Además, convocamos a toda la prensa extranjera acreditada en Cuba -¡debían ser las cuatro de la madrugada!-, les informamos y les hicimos oír el testimonio de la hija de Chávez. Inmediatamente, la CNN lo transmitió, y en toda Venezuela la noticia se difundió como reguero de pólvora. -Y eso, ¿qué consecuencias tuvo? -Bueno, eso lo oyeron los militares fieles a Chávez que habían sido engañados con la mentira de la renuncia, y entonces se produce un contacto con un general que está a favor de Chávez. Yo hablo con él por teléfono. Le confirmo personalmente que lo que ha dicho la hija es cierto y que ya el mundo entero sabe que Chávez no ha dimitido. Hablo largamente con él, me informa de la situación militar, de qué oficiales superiores están con Chávez y quiénes no. Yo entiendo que nada está perdido, porque las mejores unidades de las Fuerzas Armadas, las más combativas, las mejor entrenadas, estaban a favor de Chávez. Le digo a ese oficial que lo más urgente es saber dónde se encuentra detenido Chávez y enviar allí fuerzas leales a rescatarlo. Me pide entonces que hable con su superior jerárquico, y me lo pasa. Le repito lo que ha afirmado la hija de Chávez, y que éste sigue siendo el presidente constitucional. Le recuerdo la lealtad necesaria, le hablo de Bolívar y de la historia de Venezuela... Y ese alto oficial, en un rasgo de patriotismo y de fidelidad a la Constitución, me afirma que si es cierto que Chávez no ha dimitido él sigue siendo fiel al presidente arrestado. -Pero en aquel momento aún no se sabe dónde está Chávez, ¿verdad? -Entretanto, Chávez ha sido conducido a la isla de La Orchila. Está incomunicado. El arzobispo de Caracas, Baltazar Porras, lo viene a ver y le aconseja que dimita. "Para evitar una guerra civil", le dice. Le hace un chantaje humanitario. Le pide que escriba una carta diciendo que dimite. Chávez no sabe lo que está pasando en Caracas ni en el país. Ya han intentado fusilarlo, pero el pelotón de soldados encargado de disparar se ha negado y ha amenazado con amotinarse. Muchos de los militares que custodian a Chávez están dispuestos a defenderlo y a evitar que lo asesinen. Chávez trata de ganar tiempo con el obispo. Hace borradores de una declaración. Teme que una vez la carta escrita, se las arreglen para eliminarlo. No piensa renunciar. Declara que tendrán que matarlo antes. Y que no habrá entonces solución constitucional. -¿Mientras tanto, ustedes seguían con la intención de enviar aviones a rescatarlo para llevarlo al exilio? -No, después de esa conversación con los generales venezolanos, nosotros cambiamos de plan. Suspendimos la proposición de Felipe de viajar con los embajadores a Caracas. Es más, en un momento nos llega el rumor de que los golpistas están proponiendo expulsar a Chávez hacia Cuba. Y nosotros inmediatamente anunciamos que si mandan a Chávez para aquí, lo reenviamos para Venezuela por el primer avión. -¿Cómo regresa Chávez al poder? -Bueno, en un momento, se produce de nuevo un contacto con el primer general con el que yo había hablado y me informa que ya han localizado a Chávez, que está en la isla de La Orchila. Conversamos sobre, la mejor manera de rescatarlo; con mucho respeto, le aconsejo tres cosas fundamentales: discreción, eficacia y fuerza muy superior. Los paracaidistas de la base de Maracay, la mejor unidad de las Fuerzas Armadas venezolanas, fiel a Chávez, se encargan del rescate. Entretanto, en Caracas, el pueblo está movilizado pidiendo que vuelva Chávez, la guardia presidencial ha vuelto a reocupar Miraflores y también exige el regreso del presidente. Procede a la expulsión de los golpistas del palacio. El propio Pedro Carmona, presidente de la patronal y brevísimo presidente usurpador de Venezuela, casi es arrestado allí mismo en el palacio. Por fin, ya de madrugada, el 14 de abril de 2002, rescatado por los militares fieles, Chávez llega a Miraflores en medio de una apoteosis popular. Yo casi no dormí en esos dos días que duró el golpe de Caracas, pero valió la pena ver cómo un pueblo y también unos militares patriotas defendieron la legalidad. No se repitió la tragedia de Chile en 1973. -Chávez es un representante de los militares progresistas, pero en Europa y también en América Latina, muchos progresistas le reprochan precisamente que sea un militar. ¿Qué opinión tiene usted sobre esa aparente contradicción entre el progresismo y lo militar? -Mire, ahí tenemos, en Venezuela, un ejército jugando un importante papel con esa revolución bolivariana. Y Omar Torrijos, en Panamá, fue ejemplo de un militar con conciencia. Juan Velasco Alvarado, en Perú, también llevó a cabo algunas acciones de progreso notables. No hay que olvidar, por ejemplo, que entre los propios brasileños, Luis Carlos Prestes fue un oficial que realizó una marcha en 1924-1926 casi como la que hizo Mao Zedong en 1934-1935. Jorge Amado escribió de la marcha aquella de Luis Carlos Prestes, una bella historia, El caballero de la esperanza, entre sus magníficas novelas -yo tuve oportunidad de leerlas todas-, y la marcha aquella fue algo impresionante, duró más de dos años y medio, recorriendo inmensos territorios de su país sin sufrir jamás una derrota. Es decir, que hubo proezas que salieron de los militares. Digamos, voy a citar a un militar de México: Lázaro Cárdenas, un general de la revolución mexicana, que es el que nacionaliza el petróleo. Tiene un valor muy grande, hace reformas agrarias y conquista el apoyo del pueblo. Cuando se habla de las cuestiones de México no hay que olvidarse de papeles jugados por personalidades como Lázaro Cárdenas, y Lázaro Cárdenas era de origen militar. No habría que olvidar que los primeros que, en el siglo XX, se sublevaron en América Latina, en los años cincuenta, un grupo de jóvenes que se sublevaron, eran jóvenes oficiales guatemaltecos, en torno a Jacobo Arbenz, que participaron en actividades revolucionarias. Bien, no se puede decir que sea un fenómeno general, pero hay unos cuantos casos de militares progresistas. Perón, en Argentina, era también de origen militar, hay que ver en el momento en que surge, en 1943 lo nombran ministro del Trabajo y hace tales leyes que cuando lo llevan a las prisiones el pueblo lo rescata, y era un jefe militar. También hay un civil que tuvo influencia en los militares, estudió en Italia, donde también había estado Perón, que fue Jorge Eliécer Gaitán, y eran líderes populares. Perón era agregado de embajada, estuvo allá en Roma en los años treinta en la era mussoliniana, y algunas de las formas y métodos de movilizaciones de masas que vio le impresionaron. Hubo influencia, incluso en algunos procesos; pero en estos casos que he mencionado esa influencia, Gaitán y Perón, la utilizaron en un sentido positivo, porque hay que ver que Perón hizo reformas sociales. Perón comete, digamos, un error: ofende a la oligarquía argentina, la humilla, le quita el teatro simbólico y algunas instituciones simbólicas; trabajó con las reservas y los recursos que tenía el país y mejoró las condiciones de vida de los trabajadores, y los obreros son muy agradecidos y Perón se convirtió en un ídolo de los trabajadores. Anc - Buenos Aires, 11/4/2006 |
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Iglesia y dictadura, 30 años después Horacio Verbitsky Al anunciar la publicación del volumen de documentos eclesiásticos Iglesia y democracia en la Argentina, el diario La Nación dijo que de ese modo "el Episcopado toma la delantera o primerea -término que suele usar Bergoglio- a las numerosas entidades que recordarán el golpe militar de 1976". Si ése era el objetivo, fue exitoso: mi nuevo libro Doble juego. La Argentina Católica y Militar recién comenzará a distribuirse esta semana, diez días después que el tomo autocomplaciente presentado por el cardenal Jorge Mario Bergoglio. El cotejo de uno y otro es recomendable, para quienes deseen someter la historia oficial a una revisión crítica, con los documentos que la Iglesia intentó en vano sustraer a la investigación. En 1975, el gobierno anunció que las elecciones presidenciales se adelantarían de 1977 a 1976 y que la viuda de Juan Perón no sería candidata. En vez de apoyar uno de los pocos gestos razonables de un gobierno desastroso la Iglesia se sumó a la presión por la renuncia de la presidenta. La Conferencia Episcopal afirmó que la Patria "no se identifica con sus funcionarios" y que el bien de la comunidad debe buscarse por encima de las opciones partidarias. Según el nuncio Pío Laghi, la línea política del Vaticano era favorable al mantenimiento de la legalidad pero sin perder la distancia crítica respecto de la presidenta. Lo mismo decían por entonces los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. Defensa de las instituciones o de la legalidad quería decir renuncia de Isabel Perón. En caso contrario, golpe. Quien le reclamó la renuncia en nombre de la Junta Militar fue nada menos que el presidente de la Conferencia Episcopal y vicario general castrense, Adolfo Tortolo. La noche del 23 de marzo de 1976, un sobrino del provicario castrense Victorio Bonamín lo aguardaba en su sede. Su hijo, Luis Bonamín, había sido secuestrado y asesinado por la policía en Rosario y el hombre buscaba ayuda para tramitar el pasaporte de su nuera, María Teresa Butticé de Bonamín, quien me contó esa historia. La muchacha y su suegro debieron esperar mucho tiempo en un pasillo, porque Victorio tenía una reunión fuera de agenda. Cuando los invitaron a pasar, vieron salir a dos militares uniformados, de quienes el sacerdote se despidió. Después de escuchar el relato de lo sucedido, el provicario apenas dijo: -Él se lo buscó. Al día siguiente Marité Butticé de Bonamín reconoció a los dos uniformados cuando los vio por televisión. Eran los jefes del Ejército y de la Fuerza Aérea. Isabel Perón se había negado a renunciar. De la Nunciatura, Jorge Videla y Ramón Agosti partieron a tomar el poder. De inmediato, Tortolo exhortó a cooperar con el proceso que restauraría "el espíritu nacional". Los nombres de Tortolo y Bonamín han quedado asociados con el apoyo a la más cruel dictadura de la historia, con la que compartían la ideología integrista en la que la Iglesia formó a las Fuerzas Armadas desde las primeras décadas del siglo pasado. A menos de dos meses del golpe, la Conferencia Episcopal reemplazó a Tortolo por el Arzobispo de Córdoba, Raúl Francisco Primatesta. Esto implicó una cierta flexibilización en el lenguaje, pero no un cambio de fondo. También los sectores eclesiásticos a quienes se menciona como moderados, los Primatesta, Laghi, Carlos Galán u Oscar Justo Laguna se comprometieron con el gobierno militar. Primatesta era un hombre de extraordinaria comprensión a los planteos militares. Personal del Departamento de Informaciones de la policía cordobesa solicitó a los colegios católicos listas con los nombres y domicilios de profesores y alumnos. Ante una consulta del arzobispo, el director general de Enseñanza Privada, el capitán de la Fuerza Aérea Jorge Eduardo Baravalle, respondió que era preciso asegurar un control efectivo del alumnado a fin de adoptar medidas de seguridad.. Primatesta ordenó ese mismo día a los colegios parroquiales y religiosos que entregaran toda la información. Además le escribió una cordial carta a Baravalle: "Como lo hiciera en la entrevista personal que tuvimos en el Arzobispado, quiero reiterarle que en un primer momento la medida provocó inquietud en los responsables de los colegios, sea porque provenía de un Departamento que no suele tener competencia educacional y con prescindencia de una comunicación a la autoridad responsable, que es el Arzobispado o exactamente el propio arzobispo; sea porque situaciones similares en otras ocasiones provocaron molestias y alerta en los padres de los alumnos". Pero las garantías de Baravalle acerca de "la seguridad de los alumnos" (no era eso lo dicho por el aeronauta), lo tranquilizaron. Varios de esos alumnos fueron secuestrados y desaparecieron. Durante la primera Asamblea Plenaria posterior al golpe, en mayo de 1976, se dedicó al intercambio de informaciones sobre la barbarie que la dictadura había descargado sobre distintas diócesis, y que no excluía a sacerdotes, instituciones católicas e incluso obispos, como el riojano Enrique Angelelli y el nicoleño Carlos Horacio Ponce de León. Ambos fueron asesinados en los meses siguientes, mediante fingidos accidentes automovilísticos. Hasta el día de hoy la Iglesia no los ha reivindicado como mártires. Ellos dos, Jaime de Nevares, Miguel Hesayne, Juan José Iriarte, Vicente Zazpe, y el propio Primatesta informaron sobre una abrumadora cantidad de secuestros, torturas, asesinatos y saqueos que conocían. Ante la falta de consenso, se sometió a votación si el Episcopado debía comunicar o no esos gravísimos acontecimientos al pueblo de Dios: 19 obispos se pronunciaron por difundirlos, pero el doble, 38, se opusieron. El 13, 14 y 15 de mayo los obispos corrigieron tres versiones del borrador genérico preparado por Antonio Quarracino, Zazpe e Iriarte. En cada revisión el texto se hizo más complaciente con el gobierno. El Episcopado afirmó que ninguna emergencia autoriza a ignorar los derechos humanos, aunque varía la forma de vivirlos en cada lugar y momento. Dado el desastre financiero y el clima de violencia, no le parecía razonable "pretender un goce del bien común y un ejercicio pleno de los derechos, como en época de abundancia y de paz". Tampoco se podía exigir "que los organismos de seguridad actuaran con pureza química de tiempo de paz" o "no aceptar el sacrificio, en aras del bien común, de aquella cuota de libertad que la coyuntura pide". En marzo de 1977, la encargada de Derechos humanos del gobierno norteamericano, Patricia Derian, sostuvo en Buenos Aires lo que define como "una larga y dura reunión con Laghi", quien "al principio fingió que no sabía. Después dijo que ignoraba la magnitud del problema. Después dijo que la responsabilidad era de los obispos". El nuncio explicó que junto con algunos obispos "moderados" habían protestado ante el gobierno en privado "por las violaciones a los derechos humanos" y requerido explicaciones sobre "miles de casos individuales", pero sin embargo también hizo una abierta defensa de la dictadura. Los militares estaban sacando a flote a la Argentina y "sabían que habían procedido mal en cuestión de derechos humanos". Muchos tenían "graves problemas de conciencia, que planteaban a los capellanes militares". Algunos podían enfermar por estas "graves perturbaciones". Por eso mismo "no necesitan que los visitantes les recuerden sus culpas. Esto sería frotar sal en las heridas". Le recomendó a Derian que su gobierno fuera "muy cuidadoso en la forma de presentar su política de derechos humanos. El gran peligro era debilitar la posición de aquellos elementos moderados del gobierno que rodeaban a Videla, y que otros generales de línea dura dieran su propio golpe y tomaran el poder". En su opinión el presidente y los jefes militares "eran personas de buen corazón" y Videla "un buen católico". Al mes siguiente Laghi le dijo al embajador estadounidense Robert Hill que el desaparecido periodista y empresario Edgardo Sajón había sido "torturado y asesinado por sus captores". En diciembre de 1978 el primer secretario de la Nunciatura, Kevin Mullen, dijo a la embajada de Estados Unidos que "un oficial de la más alta jerarquía del Ejército" había informado al nuncio que las Fuerzas Armadas "se habían visto obligadas a encargarse de 15.000 personas" (take care of en el original). La expresión no era equívoca: sus interlocutores archivaron el memorándum sobre la conversación con el título "Número de desapariciones". En enero de 1978, cuando la Unión de Superioras Mayores de Francia pidió que Primatesta usara su influencia en favor de Alice Domon, Léonie Duquet y otros sacerdotes y religiosos de quienes no había noticias, el propio cardenal contestó que "esperamos que las acusaciones veladas o abiertas de connivencia de sacerdotes o religiosos con asociaciones o movimientos de tipo subversivo inaceptables para el cristiano sean todas aclaradas, y que nadie haya sido culpable de semejante error criminal". Por algo habrá sido. Es indisimulable el fastidio de Galán cuando la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos le ofrece su apoyo ante el arresto de Adolfo Pérez Esquivel. Con tres meses de retraso responde que Pérez Esquivel no trabaja con la Iglesia argentina "y no lo conocíamos aquí tan bien como parece serlo en el exterior". Una organización católica canadiense comunicó su apoyo al "activo compromiso de la Iglesia argentina en defensa de los desaparecidos y sus familias". La respuesta, que también se repitió en muchas otras cartas, fue que "no siempre desde lejos se puede apreciar el espectro completo de la realidad o evitar interpretaciones no tan adecuadas acerca de la acción de la Iglesia". Otra fórmula frecuente, dirigida incluso a quienes aplaudían los esfuerzos episcopales, era que "como las informaciones no siempre son adecuadas, sin duda no es fácil, desde lejos, darse cuenta de lo que significa la subversión en un país y las secuelas que deja. Dios haga que nunca la conozcan ustedes en el suyo". La católica estadounidense Shirley Kidd comprendía el riesgo personal o institucional que correría la Iglesia argentina por una "oposición abierta a las políticas opresivas del gobierno". Pero si el cuerpo de Cristo "siempre es doloroso, ¿cómo podemos evitar nosotros, que somos parte de ese cuerpo, compartir ese dolor?" Recibió esta indignada contestación de Galán en nombre de Primatesta: "No le han informado bien. Aquí en la Argentina se ha vivido un ataque de la subversión marxista (entonces nadie por el ancho mundo se preocupaba por las víctimas) y como consecuencia una represión cuyos efectos aun vivimos y lamentamos, en cuanto afectan a la dignidad del ser humano. La Iglesia no ha dejado de dar su enseñanza, hablando claro de cuanto correspondía hablar. Aquí no se ha callado por miedo, y nadie que ame la verdad y conozca la realidad argentina podrá afirmar lo contrario". Al pastor escocés Peter Bowes, quien se disculpó aclarando que no estaba bajo las mismas presiones que sus colegas argentinos, cuyo compromiso con los desaparecidos apoyaba, le respondieron que "la Iglesia en la Argentina tiene toda libertad para hablar y manifestarse y lo hace. It is not under pressures" (en inglés en el original: no está sometida a presiones). Si ellos lo dicen. Mientras la dictadura tuvo poder, la Iglesia veía de un lado al Enemigo absoluto del que abominaba, y del otro a los Soldados del Evangelio, a quienes se permitía señalar en forma reservada sus errores y excesos. Recién cuando advirtió que el Estado Terrorista se desintegraba, el Episcopado acuñó la doctrina de los dos demonios, en un documento de abril de 1983, "Dios, el Hombre y la Conciencia". En 1984 publicó un folleto de 60 páginas, titulado La Iglesia y los derechos humanos, con "extractos de algunos documentos". La comparación de esos fragmentos con los textos originales, el estudio de su contenido, de lo que dice y de lo que omite y del doble juego que despliega, introduce a una historia de perversión e hipocresía refinadas: todos los párrafos lisonjeros para la dictadura, aquellos que encabezaban los documentos y que dieron título a los diarios de la época, fueron censurados en la edición de blanqueo al concluir el gobierno militar, mientras se incluían aquellos del tramo final, encabezados por algún "sin embargo" o "tampoco puede omitirse que". En cambio se editaron como si hubieran sido documentos públicos las cartas con críticas y reclamos que la Iglesia entregaba a la Junta Militar en el mayor secreto. En 1995, en respuesta a una nota mía sobre el rol de Laghi durante la dictadura, cinco obispos amigos del ex nuncio (entre ellos Laguna, Jorge Casaretto y Galán) preguntaron en una declaración: "¿Para qué debemos conocer toda la verdad? ¿Para volver a enfrentarnos o para reconciliarnos?" De tan posconciliares olvidaron que "sólo la verdad nos hará libres". En 1996 la Asamblea Plenaria del Episcopado argentino, volvió a defraudar todas las expectativas de una reflexión crítica en una Carta Pastoral sobre "el terrorismo de la guerrilla" y "el terror represivo del Estado". El Episcopado rechazaba "responsabilidades que la Iglesia no tuvo en esos hechos" y sólo admitía que unos católicos intentaron tomar el poder político en forma violenta y establecer una nueva sociedad marxista y otros les respondieron ilegalmente. En conclusión imploró perdón a Dios por los crímenes cometidos por "hijos de la Iglesia", ya fueran guerrilleros, militares o policías. Con ello, consideró que lapidaba en forma definitiva la discusión. No sería así. En la primera semana de marzo de 2000, el Vaticano dio a conocer un documento sobre Memoria y reconciliación, elaborado por una comisión internacional de teólogos. El trabajo fue presentado en conferencia de prensa por el cardenal Joseph Ratzinger, quien explicó que la recuperación de la memoria sólo es posible mediante la profundización teológica sobre la naturaleza de la Iglesia, como comunidad implicada también ella en el "misterio del mal", y en consecuencia necesitada de reforma y arrepentimiento. Ese arrepentimiento alcanzaría la radicalidad necesaria para transformarlo en una profunda recuperación de la memoria, pero también en correcciones incisivas de los mecanismos institucionales de reproducción del integrismo sólo si "no descargara sobre los individuos la responsabilidad del mal, para dejar inmune a la institución". Según el eminente vaticanista Giancarlo Zizola, esta visión del ahora pontífice Benedicto sobre el mea culpa por los crímenes cometidos a lo largo de la historia "para mayor gloria de Dios" aún resulta sorprendente para aquellos sectores eclesiásticos "que siguen anclados a la idea de la Iglesia como inmune al mal, como sociedad perfecta en posesión exclusiva de la verdad". Es el caso del Episcopado argentino, para el que la Iglesia es santa, y sólo sus hijos pecadores, como no se cansa de repetir Laguna. Seis meses después, en setiembre de 2000, decenas de miles de militantes católicos acudieron desde todo el país hasta un gran altar instalado sobre un puente en el Parque Sarmiento de Córdoba para participar de una liturgia nocturna que se denominó "la reconciliación de los bautizados". Asistieron sus cien obispos ataviados de blanco. El presidente de aquel Episcopado, Estanislao Karlic, dijo que la violencia guerrillera y la represión ilegítima enlutaron la Patria. Luego siguió una oración: "Padre, tenemos el deber de acordarnos ante Ti de aquellos hechos dramáticos y crueles. Te pedimos perdón por los silencios responsables y por la participación efectiva de muchos de tus hijos en tanto desencuentro político, en el atropello a las libertades, en la tortura y la delación, en la persecución política y la intransigencia ideológica, en las luchas y las guerras, y la muerte absurda que ensangrentaron nuestro país". Una vez más, colocaba en un mismo plano a la guerrilla y al terrorismo de Estado. Los obispos pidieron perdón a Dios y no a las víctimas, por los actos ajenos y no por los propios. Este deslizamiento semántico también se reflejó en el súbito protagonismo de los laicos, convocados al palco junto a los obispos y religiosos, como implícito señalamiento de quienes tenían la responsabilidad por los hechos abominados. Además, entre los invitados estaba el jefe del Ejército de entonces, el general Ricardo Brinzoni, investigado por su actuación en la masacre de Margarita Belén, pero ningún representante de las víctimas, lo cual señala la persistente incapacidad eclesiástica para asumir la magnitud y la índole de la tragedia. Pero el título del documento (Confesión de las culpas, arrepentimiento y pedido de perdón de la Iglesia) y la cobertura de prensa sugerían una cierta voluntad de enmienda, por parte de una nueva conducción episcopal. En consecuencia desde el CELS solicitamos a Karlic la apertura de los archivos eclesiásticos. Respondió que los archivos están en poder de cada diócesis y no de la Conferencia, que sólo tenía el folleto de 1984, del que nos envió una copia. La apertura de los archivos que según Karlic no existían, y que pude estudiar a escondidas gracias a la caridad de obispos, sacerdotes y laicos, es una reivindicación democrática pendiente, igual que la información castrense sobre la represión. Habrá que estar atento a que el Episcopado no practique una cacería de brujas para identificar a quienes me ayudaron. En noviembre del año pasado el Episcopado produjo el documento Una luz para reconstruir la Nación, título revelador del rol que la Iglesia no ha dejado de atribuirse. No encontró nada mejor que reciclar el documento de 1981 Iglesia y Comunidad Nacional, que fue la resignada aceptación eclesiástica del principio de la soberanía del pueblo y el reconocimiento de la autonomía de la pluralista sociedad temporal. Es equivalente al discurso de Nochebuena de 1944 del Papa Pio XII, cuando ya era inevitable la derrota del nazismo en la guerra. Su eje era la denominada reconciliación, es decir el rescate de los militares luego de los desastres cometidos. La Iglesia admitía que la conciencia nacional había situado a la justicia "en el centro de sus anhelos". Sin embargo, advertía que era preciso "establecer la igualdad y la equiparación entre las partes en conflicto" y "alcanzar esa forma superior del amor que es el perdón". En Una luz por primera vez el Episcopado dijo que la dictadura cometió "crímenes de lesa humanidad", pero también exhortó a juzgar los "crímenes de la guerrilla", en un nuevo intento de equiparación pese a haber admitido que no eran comparables. El documento de esta semana, Recordar el pasado para construir sabiamente el presente es algo más sobrio, pero insiste en la línea de la declaración de Laguna y Cassaretto de 1995. El golpe fue "consentido por parte de la dirigencia de aquellos momentos", dice, sin referencia al rol activo del Episcopado, y sostiene que la memoria sólo tiene sentido como instrumento de reconciliación. Rechaza tanto la impunidad (por la que ya no puede abogar) como los "rencores y resentimientos que pueden dividirnos y enfrentarnos", como siempre le han llamado al reclamo de justicia. Menos sutil es la recopilación documental difundida el 10 de marzo. El capítulo sobre la defensa de los derechos humanos sostiene que "no debemos tener miedo a la verdad de los documentos". A la verdad, no. Pero a su manipulación sí. Por ejemplo, ese capítulo dirigido a probar que la Iglesia siempre condenó todo tipo de violencia, se abre con el Documento de San Miguel, que en abril de 1969 adaptó a la realidad del país las conclusiones de la Conferencia del CELAM en Medellín. Pero su punto 2 se interrumpe en forma abrupta y, sin explicaciones, se pasa al 4. El final del truncado punto 2 dice que es el deber evangelizador de los obispos "trabajar por la liberación total del hombre e iluminar el proceso de cambio de las estructuras injustas y opresoras generadas por el pecado". El omitido punto 3 es aquel en que el Episcopado sentenció que "la liberación deberá realizarse en todos los sectores en que hay opresión: el jurídico, el político, el cultural, el económico y el social". La introducción del mismo documento, también suprimida, decía que en cumplimiento de las orientaciones fijadas por Pablo VI (que incluían una pastoral dirigida en forma preferencial a sacerdotes, estudiantes, trabajadores y jóvenes, en un continente signado por "el cambio en todos los órdenes") los obispos tendrían "la violencia evangélica del amor para proclamar públicamente nuestro compromiso en todas sus dimensiones". Cuando los jóvenes más generosos que el país produjo en el siglo XX siguieron el camino señalado en este documento, el Episcopado bendijo las armas de los opresores que los masacraron. Los documentos episcopales de los primeros años de la década del 70 son muy distintos a los posteriores, porque recogen el clima de revolución con que el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo condicionó a aquél Episcopado, que le temía como a un "Magisterio paralelo", según la alarmada expresión de varios obispos recogida en el Memo reservado Puntos conflictivos en la Iglesia argentina, producido por la Conferencia Episcopal Argentina en octubre de 1972 y que, desde luego, tampoco figuran en esta recopilación interesada. El tomo no mutila aquellos documentos posteriores al golpe de 1976 que tuvieron difusión pública y que permiten la comparación. Pero omite varios en los que se encomiaba a la dictadura; organiza todo el material en orden cronológico sin indicar qué piezas fueron públicas y cuáles secretas y sólo resume en pocas líneas los encuentros de camaradería de la Comisión Ejecutiva o su presidente con la Junta Militar o su delegado presidencial o de la Comisión de Enlace con los secretarios de las tres Fuerzas Armadas. El memo sobre la reunión de Primatesta, Juan Carlos Aramburu y Zazpe con Videla, Emilio Massera y Agosti del 15 de noviembre de 1976 esconde que la Comisión Ejecutiva del Episcopado les comunicó su adhesión a la dictadura, porque "un fracaso llevaría, con mucha probabilidad, al marxismo". Publica la crítica por la represión sin ley, pero oculta que incluso a solas la atribuyeron a niveles intermedios, mientras destacaban "los notables esfuerzos del gobierno en pro del país" y la "imagen buena de las supremas autoridades". Para no verse obligados a "un silencio comprometedor de nuestras conciencias que, sin embargo, tampoco le serviría al proceso" o "un enfrentamiento que sinceramente no deseamos" la Iglesia propuso abrir un "canal de comunicación", que integraron los obispos Laguna, Galán y Mario Espósito. Al año siguiente, Laguna reconoció la total ineficacia de la Comisión de Enlace. El subrayado en total es suyo, en una nota manuscrita a Zazpe. Sin embargo, las amables reuniones mensuales continuaron durante todo el régimen militar. Al comentar esa carta, en 2002, Galán le escribió a Laguna: "¡Quién nos diera poder vivir de nuevo con la experiencia adquirida". Fantasía vana. Sólo se vive una vez. Como se supone que son creyentes, cuando Laguna lo siga se encontrará con Galán en el infierno. Nada de esto se encontrará en el nuevo blanqueo editorial de sepulcros episcopales con el que Bergoglio (autor de la frase sobre la memoria completa, según reveló Brinzoni en un reportaje) inauguró su mandato al frente de la Iglesia argentina. Sin embargo, está bien archivado en la sede de la calle Suipacha, cuya cesión el Episcopado pidió a la dictadura con la ilusión de mudarse a "una casa mucho más palaciega", a la espera de que alguna futura conducción no contaminada con el pasado decida abrir su consulta. Página/12 - Buenos Aires, 19/3/2006 |
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Venezuela: octava estrella para la Bandera Nacional Claudia Guerra En un lugar llamado la rada de Jacmel, en la isla de Haití, el patriota Francisco de Miranda, el 12 de marzo de 1806 flameó por vez primera la bandera tricolor -Amarillo, Azul y Rojo- que adoptaría Venezuela más adelante como uno de sus símbolos patrios. Pese a que este prócer pasó 35 años sin pisar tierra venezolana, este acogimiento tardó pocos meses, ya que el 3 de agosto del mismo año en las costas de Coro, en lo alto del Fortín de la Vela, el líder independentista izó la bandera como emblema de su llegada. Los tres colores, que inicialmente representaban los pigmentos del iris, pasaron a tener un significado acorde con el país. El amarillo representa las riquezas del territorio, el azul representa el mar que separa a Venezuela de España y el rojo la sangre derramada por los patriotas en las luchas por la independencia. Sin embargo, el día no se había oficializado. Fue hasta el año 1963, cuando se instituyó el 12 de marzo de cada año como Día de la Bandera, considerando que "ese día debe corresponder al momento histórico en que el glorioso emblema se izó por primera vez como símbolo que inflamó de patriotismo al corazón de los Libertadores, para realizar la epopeya de la Independencia Nacional". El 23 de septiembre de 1977, los ministerios de Relaciones Interiores y Educación resolvieron: "En los planteles educacionales, durante los actos de izar y arriar la Bandera Nacional, los alumnos que intervengan en las ceremonias correspondientes cantarán el Himno Nacional (de la entonces) República de Venezuela. Los días lunes al izarla y los viernes al arriarla, se cantará completo, y los días martes, miércoles y jueves, sólo el coro y la tercera estrofa". Luego que Francisco de Miranda izara la bandera el 12 de Marzo de 1806, cinco años más tarde al declararse la independencia de Venezuela se adoptó el diseño de Miranda como emblema oficial de la nueva República. Sólo que esta vez se dispone que la franja amarilla fuera del tamaño de la suma de las otras dos - azul y roja-, así como también se dispuso que en el primer tercio (la franja amarilla) de izquierda a derecha se colocara un escudo con la figura de una india. En 1817, surgió una nueva idea en Pampatar, actual ciudad del estado Nueva Esparta, para incorporar siete estrellas en la franja amarilla que representarían las siete provincias que declararon la independencia de Venezuela en 1811. Esas provincias eran Caracas, Cumaná, Barinas, Barcelona, Margarita, Mérida y Trujillo. Las estrellas eran de color azul. Sin embargo, en el mismo año en el Congreso de Angostura, el Libertador, Simón Bolívar, propone incluir una nueva estrella en representación de la provincia de Guayana recientemente liberada para alcanzar un total de 8 estrellas en la Bandera Nacional, pero esto no se cumplió. Luego de la separación de Venezuela de la Gran Colombia, en 1836, se hace una adaptación a las franjas azul y roja, que adoptan el tamaño de la franja amarilla, como estuvieron en un principio, es decir, todas en la misma dimensión. Este mismo año, se retira la figura de La India que yacía en la parte superior izquierda de la lista amarilla para incorporar el Escudo Nacional del momento. En 1859, tomando en consideración la historia del país, la bandera nacional vuelve a sufrir un cambio que se resume en la propuesta de bandera del año 1817, pero se dispone que las franjas sigan siendo todas del mismo tamaño. Sin embargo, en 1863 por primera vez las estrellas son de color blanco y se colocan en la franja azul. Dicha bandera permaneció intacta hasta 1905, cuando se modifica la disposición de las 7 estrellas, que estaban en forma circular para colocarlas de la misma manera pero en un círculo de seis y una en el medio. Veinticinco años después, se disponen las mismas 7 estrellas en forma de arco en la franja azul de la bandera. En 1954 el Escudo de la República de Venezuela, que también había sido modificado para el entonces, se renovó en el primer tercio de la bandera, de izquierda a derecha, permaneciendo en la franja amarilla. Nueve años más tarde, el 3 de Julio de 1963, el presidente de la República de Venezuela, Rómulo Betancourt, decretó que el 12 de Marzo de cada año se celebre en todo el país el Día de la Bandera, siendo este decreto refrendado por el ministro de Educación. Seguidamente, siendo presidente Raúl Leoni, el 12 de Marzo de 1964 comienza oficialmente la celebración del Día de la Bandera en todas las escuelas y colegios. Se realizan actos especiales en conmemoración al día, en el cual Miranda enarboló por vez primera el tricolor nacional. Treinta y siete años pasaron para plantear una nueva modificación en la Bandera Nacional. El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, en su programa dominical Aló Presidente, propuso agregar una octava estrella a la bandera de Venezuela, la cual representaría a Guayana. En Marzo de 2006 se convirtió en un hecho. 12/3/2006 |
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Camilo Torres Restrepo: a 40 años de su muerte Gilberto López y Rivas Recordar a Camilo Torres Restrepo a los 40 años de su muerte en combate es hacer memoria de una historia de congruencia y compromiso personal con la causa de los explotados de Nuestra América. Es revivir del pasado cercano la figura de un revolucionario, trasgresor de barreras y convencionalismos, colombiano universal que murió luchando, como escribe su mentor y amigo, Françoise Houtart, por un sueño que "tendría tres dimensiones, colombianas, latinoamericanas y globales. Siempre tendría también tres bases: sociales, humanistas y espirituales". Habiendo nacido en una familia acomodada, Camilo cruza su primera frontera, la de clase, al escoger el sacerdocio como expresión de la brújula que guió la brevedad de su vida: el amor al prójimo, que mucho predican los mojigatos que nos gobiernan en México hoy en día y que poco practican en la cotidianidad. Sin embargo, en la búsqueda de explicaciones terrenales a los problemas sociales de su pueblo y respondiendo a la honda huella de rebeldía e inconformidad que impactó a la generación que fue testigo del triunfo de la Revolución Cubana, Torres Restrepo encuentra en la sociología un instrumento idóneo para adentrarse en la interpretación de la lacerante realidad colombiana. Es explicable que, habiendo estudiado en Lovaina, halló no la ciencia social que elabora complejas justificaciones a la pobreza y coberturas a la explotación, sino explicaciones basadas en una interpretación marxista, de la cual retoma sus aspectos metodológicos y su tradición humanista. Nunca se consideró comunista, pero jamás se sumó a la campaña furibunda contra el comunismo de las oligarquías y el imperialismo, tan común en esos días, a través del bombardeo masivo desde los medios de comunicación y los pulpitos al servicio de los poderosos. La convergencia entre cristianos y marxistas lo describe como un hombre flexible y nada afecto al dogmatismo que ha menguado tantos afanes de la izquierda. Con toda justeza pedía al marxista que evolucionara de la perspectiva simplista de la religión como "el opio del pueblo" y, por otra parte, pedía a los cristianos que reconocieran la utilidad del materialismo histórico para la práctica revolucionaria y la idea de que también existen valores fundamentales fuera de la iglesia y las creencias religiosas. Muy oportuna y conocida su frase al respecto: "Es absurdo pensar que comunistas y cristianos no pudieran trabajar juntos por el bien de la humanidad y que nosotros nos ponemos a discutir sobre si el alma es mortal o inmortal y dejamos sin resolver un punto en que si estamos todos de acuerdo y es que la miseria sí es mortal". También como sociólogo, Camilo cruza otra frontera, la de la ciencia contemplativa, y se adentra en el territorio de la acción política con fundamento en un criterio que da origen a la teología de la liberación: "el deber de todo cristiano es ser revolucionario, y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución". Como dirigente político se topa en un momento dado con las limitaciones impuestas por la represión a la lucha institucional y cruza la frontera definitiva que lo llevaría a la lucha armada y a la muerte, la cual en este caso, debiera ser interpretada como sacrificio desde sus concepciones cristianas. Sin embargo, es significativo que un sacerdote católico haya decidido dar tan singular paso. Houtart lo explica a través de su propia experiencia de joven seminarista con el dilema de ver su patria (Bélgica) ocupada por las hordas fascistas: no había otra opción que no fuera resistir con las armas en la mano. Se pregunta Françoise: "¿Cómo conciliar una opción cristiana, de amor al prójimo, al enemigo, del perdón, de la no violencia con la lucha armada?" Y él mismo se responde: "los principios no se viven en abstracto... Se trata de elegir las ambigüedades de los oprimidos o las de los dominantes. El Evangelio exige claramente la identificación de los pobres. Sin embargo, esta opción exige un juicio político y un juicio ético... Para Camilo, eso era claro: transformar una sociedad totalmente injusta por la vía armada porque todas las otras maneras de realizar el sueño se habían agotado". Hay un aspecto en Camilo que lo caracteriza y que explica sus frecuentes rupturas: por un lado, su honradez sin concesiones, su coherencia, que lo llevan a transitar por la vida incesantemente y, por el otro, su criterio de eficacia: él quiso dar eficacia al sacerdocio, a la sociología, a la acción política y al compromiso revolucionario. "Para que el amor sea eficaz" podría ser una de las frases que lo definieran. Es sorprendente actual la perspectiva de Camilo sobre su confianza en el pueblo, sobre la necesidad de organizar de "abajo arriba, de la vereda hacia el pueblo, del barrio hacia el centro, del campo a la ciudad". Él afirmaba que la verdadera organización es la que el pueblo asume como propia y construye como acción colectiva y autónoma. Esto lo hace un libertario y un enemigo de las burocracias. No podríamos recordar la caída en combate de Camilo Torres Restrepo hace 40 años sin hacer referencia a la realidad actual de su patria, Colombia, desgarrada por decenas de años de muerte de sus mejores hijas e hijos, de terrorismo de Estado, de intervención estadounidense, de paramilitarismo, de dominio del narcotráfico en amplios espacios del Estado y la sociedad. Hace algunos años asistí en Colombia a la firma de un dialogo que, como en el caso mexicano, no prosperó. Ahora esta en marcha otro dialogo en La Habana entre el gobierno y el ELN. Hacemos votos por que la terrible problemática que vive ese país hermano tenga una solución por la vía del poder popular, la democracia participativa de las mayorías, la independencia plena y, sobre todo, la paz. La Jornada - México D.F., 24/2/2006 |
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¿Fueron los chinos los primeros en circunnavegar las Américas? Isaac Bigio Se revela en Beijing y Londres un antiguo mapa chino que podría
revolucionar nuestra visión de la historia universal. Si se confirma que
éste se basa en una cartografía de 1418 se probaría que la dinastía
Ming llegó a América por lo menos 7 décadas antes que Colón.
Este es un mapamundi que habría sido hecho 104 años desde que Del Cano
culminó la primera circunnavegación europea al globo iniciada por
Magallanes, la misma que pasó por Brasil, Argentina y Filipinas. Aparecen
los contornos de la costa pacífica desde Chile hasta el oeste
norteamericano 162 años antes que Frances Drake fuera el primer
occidental en conocer varios de esos lugares.
También figura toda Sudamérica no sólo antes que Pizarro llegara al Perú
y Ecuador (1532) y Almagro a Bolivia y Chile (1535-37) sino incluso medio
siglo antes que los incas del Cuzco avanzaran hacia la costa y fuesen
conquistando la mayoría de lo que fuese su imperio (el que se extendería
desde el sur colombiano al norte argentino).
Allí se puede notar la bahía de Hudson que recién fuera descubierta a
inicios del siglo XVII e incluso Alaska, la cual recién sería divisada
por el ruso Bering en 1741. Este es el título de un libro que fue muy promocionado en Londres y que hoy vuelve a causar debate a raíz de la revelación de un antiguo mapa chino que supuestamente estaría basado en un mapamundi de 1418 en el que siete décadas antes de Colón se muestran los contornos de las dos Américas, Australia y la Antártica, continentes que serían circunnavegados por los europeos uno o más siglos después. Su autor, Gavin Menzies, es un ex-comandante de submarinos británicos quien ha recorrido cientos de museos y puertos. El concluye que fueron los buques chinos quienes mostraron a los europeos el camino para llegar a los nuevos continentes. De probarse su tesis se debería radicalmente reescribir la historia. Los historiadores reconocen que en 1421-23 una flota de más de un centenar de barcos partió de China hacia el Océano Indico, pero que inmediatamente después de ésta, la mayor travesía marítima hecha hasta entonces, Beijing decidió abandonar su tan costosa empresa navegante para auto-aislarse. Menzies afirma que dichas embarcaciones no sólo que llegaron a la costa oriental africana (tal como es reconocido en medios académicos), sino que incluso llegaron a circunnavegar todos los continentes. Para Menzies el 5 de marzo de 1421 zarparon de China buques tan grandes como solo en el siglo XIX se empezaran a construir. Estos llevaban 28,000 hombres. Entonces China era la potencia más poblada, avanzada y poderosa del globo. Sus barcos eran varias veces más largos y anchos que las tres carabelas que tendría Colón en 1492. Sus técnicas de navegación y astronomía eran las más avanzadas de su época. Para Menzies los chinos llegaron a la punta sur africana 66 años antes que los portugueses, descubrieron América 71 años antes que Colón, dieron la vuelta completa al planeta 100 años antes que Magallanes, llegaron a Australia y Nueva Zelandia tres siglos y medio antes que Cook, y bordearon los dos polos con por lo menos cuatro siglos de anticipación a los europeos. Su planteo es que en 1421 decenas de barcos chinos llegaron a las islas de Cabo Verde entre Africa y Sudamérica, y de allí se dividieron en tres expediciones las mismas que se volvieron a reencontrar en China después de recorrer nuevas tierras. La expedición del almirante Zhou Wen llegó a las Antillas y de allí bordeó toda la costa atlántica norteamericana hasta dar la vuelta por el océano Artico por el norte de Groenlandia, de Islandia y de Asia. Los almirantes Zhou Man y Hong Bao recorrieron Sudamérica desde las Guyanas hasta las islas Malvinas. De allí Zhou Man dió la vuelta al estrecho que Magallanes "descubriría" un siglo después para recorrer la corriente de Humboldt en la costa pacífica sudamericana hasta el norte de Perú y de allí llegó a Nueva Zelandia y Australia para luego retornar a América, para recorrerla desde California hasta Ecuador y de allí pasar por Filipinas en el retorno a China. Mientras tanto, Hong Bao, llegó hasta la Antártica, para luego bordear los mares australes llegando a las islas Kerguelen (cerca al polo sur pero en el mismo paralelo que la India) y de allí subir al norte vía Australia. Menzies presenta algunas crónicas de viajeros chinos que muestran haber recorrido Asia o Africa, pero en ninguna de éstas aparecen las Américas o los polos. Sostiene que la mayor parte de ellos fueron destruidos por orden del emperador. Las rutas que él sugiere se basan en corrientes marítimas y en una particular lectura de cartografías hechas después de 1421. Menzies muestra mapas antiguos donde se trazan los contornos de regiones que formalmente serían descubiertas décadas o siglos después. En el mapa chino de Kangido de 1402 se muestra deformadamente el conjunto de Africa, en el de Pizzigano de 1424 aparecería Puerto Rico, en el de Frau Mauro de 1459 hay un mejor delineamiento del continente negro, en el de Cantino de 1502 figura la costa occidental sudamericana, en el planisferio de Walseemuller de 1507 se ve las 3 Américas, Siberia y Africa, en el de Piri Reis de 1513 se demarca la costa atlántica desde Norteamericana hasta la Patagonia y la Antártica, en el mapa mundi de Jean Rotz de 1542 se delinea todo Sud y Centro América, la costa atlántica norteamericana, Africa y el norte de Australia. Menzies muestra extractos de diarios de los descubridores europeos donde éstos reconocen que están usando mapas hechos por previos viajeros. Para él los únicos que tenían la tecnología capaz de haber precedido a los occidentales fueron los chinos. El sostiene que los trozos de buques pre-europeos encontrados desde Australia hasta California corresponden a los orientales. Hay algunos vocablos similares entre el Pacífico oriental con el occidental. Muestra similitudes en artesanías Ming con mesoamericanas. Recolecta memorias orales de pueblos pre-colombinos que hablan de visitantes que pudieron, aunque no necesariamente, haber sino los chinos. Afirma que en Perú o California se encontraron en el siglo XIX pueblos de idioma, rasgos físicos o costumbres chinos que él dice no fueron culíes traídos por los europeos sino resabios de las colonias sembradas por Zhou Man. Conjetura que algunas piedras o construcciones en las Américas tienen origen oriental. Hace 6 siglos los chinos tenían imprentas y acostumbraban a dejar numerosos rastros escritos. Sin embargo, Menzies no muestra ningún vestigio de cualquier carácter alfabético chino en las Américas así como en las numerosas islas, desde las Malvinas hasta las de pascuas, que él asegura que los chinos tomaron. Tampoco hay alguna recopilación en escritos o historias gráficas amerindias acerca de una presencia china que, según Menzies, se dio en casi toda la costa panamericana. Llama la atención que tampoco hay alguna crónica europea o mahometana que hable de semejante viaje o que todas las rutas que menciona el autor a las únicas regiones que los chinos eludieron haber llegado es, precisamente, la de la Cristiandad y el Islam, quienes entonces eran las civilizaciones rivales con quien pudiesen haber ofrecido excelentes medios de intercambio comercial o cultural. Menzies afirma que crónicas chinas de los 1420s hablan de los Sikhs de la India o de los perezosos gigantes americanos. Sin embargo, Guru Nanak, el fundador del culto sikh nacería 78 años después de 1421 y los descomunales perezosos americanos se extinguieron hace más de 8,000 años. Si las propias civilizaciones amerindias no muestran a estos últimos en sus ceramios menos pudieron haber llegado estas extinguidas bestias de tres metros de largo al zoológico de Beijing, tal como plantea el autor. Menzies afirma que una de sus pruebas son "bronces y vajillas con inscripciones chinas en Nazca (Chile)". Mas, no muestra ninguna de éstas y la cultura Nazca queda en el centro peruano. Para Menzies el hecho que antes que Colón hubiese habido arroz y gallinas asiáticas en las Américas, maíz americano en Asia y papa o camote en la Polinesia o Filipinas solo pudo deberse a navegantes que rodeasen el Pacífico. El excluye a los polinesios u otros pueblos del pacífico como posibles portadores de éstos. Mientras él afirma que solo los chinos pudieron haber transportado esos alimentos y que su gran mérito consiste en haber difundido plantas diversas entre las Américas y Asia, él no explica como la soya china (que él describe como uno de los alimentos esenciales de los viajeros) no se extendieron a América. Dicho libro tiene mayor aceptación en los carteles dentro del metro londinense que en los medios académicos. El tratar de combinar datos sin claros fundamentos ha sido la escuela de otros grandes revisores de la historia que hablan de que nuestras civilizaciones fueron precedidas por extraterrestres o por una cultura desaparecida hace más de diez mil años. Pese a que muchas de sus afirmaciones no cuentan con evidencia científica, el ex-oficial británico tiene el mérito de lanzar una tesis provocativa que podría tener cierto asidero real. El incluso sugiere que 6 décadas antes que Colón los portugueses no solo llegaron a las Azores y Madeira sino también a Puerto Rico. No se puede saber quien proporcionó a los cartógrafos mencionados información tan minuciosa de regiones que los occidentales aún no habían explorado. Es factible que Colón, Magallanes o Cook no hubiesen sido los verdaderos descubridores de las tierras a las que arribaron o que los asiáticos hubiesen llegado a Australia, o tal vez a las Américas o los polos, antes que los europeos. Sin embargo, para revisar radicalmente a la historia, tal como pretende Menzies, se necesitan de más y más serias evidencias. 17/1/2006 |
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Direttore Nicoletta Manuzzato Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 259 del 13/4/2004 |