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Descubren en Tlatelolco pirámide más antigua Ana Mónica Rodríguez Una pirámide más antigua que el Templo Mayor de Tenochtitlán, con casi 700 años de antigüedad, fue descubierta en el centro ceremonial de Tlaltelolco (México D.F.), informó el 26 de diciembre el arqueólogo Salvador Guilliem durante un recorrido por la Plaza de las Tres Culturas, donde en fechas recientes se han encontrado importantes hallazgos. La estructura piramidal fue descubierta hace un mes dentro del mismo templo mayor tlaltelolca, el cual data, según investigaciones preliminares, de 1337, fecha que coincide con la fundación de Tlaltelolco. Las excavaciones continuarán el próximo año, y de comprobarse la antigüedad del edificio, aunado al descubrimiento de una posible ofrenda y una gran escultura con la representación de la deidad Tezcatlipoca Negro (rey de los comerciantes) que debieron colocar los mexicas en ese lugar, significaría un gran cambio histórico-cronológico. Se confirmaría que Tlaltelolco es un asentamiento más antiguo que Tenochtitlán. El Templo Mayor de Tlaltelolco ostenta las mismas analogías arquitectónicas que el de Tenochtitlán y el de Tenayuca: una gran pirámide que en su interior cuenta con otras completas, una especie de matrioshka con estructuras de forma similar, pero diferente tamaño, en su interior. Guilliem, director de la zona arqueológica de Tlaltelolco, explica a La Jornada: "La idea es llegar el próximo año al centro de la pirámide para registrar todas las estructuras que existan en su interior; hasta ahora el túnel que hemos realizado es de siete metros y esperamos que nos faltan de 1.50 a 2 metros para encontrar una gran ofrenda con la deidad adorada en esa época". La estructura recién descubierta, explica Guilliem, fue abierta o fragmentada intencionalmente por los mexicas hacia 1368, para depositar algo y continuar con la construcción de la siguiente etapa. "Hasta ahora las evidencias arqueológicas revelan ocho etapas constructivas en el centro ceremonial de Tlaltelolco", agregó. Los antecedentes de esta exploración, dice el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se remontan hacia 1968, cuando no se permitió la presencia de ningún arqueólogo debido a los sucesos ocurridos el 2 de octubre. Fueron suspendidos todos los trabajos en las inmediaciones de Tlaltelolco. Después, en 1992, Guilliem comenzó el proyecto en la pirámide del templo mayor tlatelolca y halló la etapa constructiva dos, bajo la cual está la pirámide recién descubierta. Pero tuvo que suspender las investigaciones por un sismo que en 1993 deterioró seriamente esa estructura. Las pirámides de Tenochtitlán, Tlaltelolco y Tenayuca parecen ser obra del mismo constructor por la similitud de sus elementos constructivos y su colocación, agregó el arqueólogo. "Este año el INAH puso gran atención a la zona arqueológica de Tlaltelolco con un gran plan de manejo -académico y de exploración- que arrancó en agosto pasado y concluyó a finales de octubre, con el hallazgo de la que pensamos sería la primera pirámide tlaltelolca y mexica". También, dijo Guilliem, se realizó un mapa de toda la zona arqueológica con un georadar y el apoyo de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México, encabezados por Luis Barba, que abarcó 45 kilómetros cuadrados. "Desde El Tecpan, en avenida Reforma, hasta el Eje Central fueron registrados y analizados con el georadar los vestigios arqueológicos y descubrimos otras piezas que estaban ocultas". Otras investigaciones y excavaciones realizadas en el área prehispánica han arrojado importantes evidencias, como ofrendas de cerámica, cinco entierros y las evidencias de un complejo habitacional, parecido a la Casa de las Aguilas, en Tenochtitlán, que han aparecido durante los trabajos de la recién concluida temporada de campo efectuada por equipo que encabeza Guilliem. También en la Caja de Agua, hallada hace unos años en el Antiguo Colegio de la Santa Cruz, y que tiene una estructura piramidal en su interior y pintura mural también se ha avanzado en su exploración, luego de que fue detectada con el georadar una gran piedra de dos metros cuadrados que fue colocada hace siglos en una de las paredes. Según Guilliem, se trata de un escudo imperial de Carlos V que todavía se encuentra tapiado y cubierto con el cimiento. La cisterna clausurada ritualmente después de la conquista ha arrojado infinidad de información, y quienes visiten Tlatelolco la podrán observar debajo de un gran cristal con la cual será cubierta luego de que se libere el gran escudo de armas. La ventana arqueológica ya se vislumbra en 50 por ciento. "También planeamos abrir el muro a manera de arco, para que se pueda caminar de un lado a otro; primero se debe liberar completamente la caja de agua y posteriormente hacer un recinto museográfico digno de la pintura mural, la cual es idéntica al Códice Florentino, entre otros documentos históricos referenciales". Agrega: "esta estructura -de ocho por cuatro metros, con un vestíbulo con dos columnas- es importante porque es eslabón entre el México prehispánico y el colonial, por ser una de las obras más tempranas de arte pictográfico en la Nueva España". La Jornada - México D.F., 27/12/2007 |
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El rito sacrifical entre los mexicas Ana Mónica Rodríguez Los sacrificios humanos en el México prehispánico, señala la antropóloga Yolotl González Torres, es un tema que resulta denigrante para algunas personas, pues consideran que eso afecta nuestra identidad nacional y, por ello, niegan que tales prácticas hayan existido. En la realidad, prosigue, se ha exagerado en cuanto al número de víctimas pero, sobre todo, se ha hecho de lado que se trataba de una práctica ritual que existió en muchas culturas y latitudes del mundo. González Torres es autora del libro El sacrificio humano entre los mexicas, que se publicó por primera vez en 1985 (Fondo de Cultura Económica), y de nuevo será presentado el 6 de septiembre en el contexto de la Feria del Libro de Antropología e Historia. En entrevista con La Jornada, la especialista explica que dicha práctica se dio no sólo entre los aztecas, antiguos pobladores de México-Tenochtitlán, sino que en Egipto, India, China, Roma, Japón, Creta, Grecia, Mesopotamia y diversos pueblos de Europa y Africa, donde se practicó, en épocas remotas. "Los asirios, por ejemplo, mataron infinidad de personas que nunca fueron ofrecidas ritualmente a los dioses". Yolotl González Torres explica: "Los habitantes de las islas Fidji fueron de los más notables caníbales, también efectuaban sacrificios y se caracterizaron por las torturas que infligían a sus víctimas; durante sus banquetes ofrecían partes del cuerpo a los dioses". La muerte ritual es un tema complejo y delicado que ha sido abordado por diversos especialistas, así como en publicaciones que al respecto ponen el dedo en la llaga. En 2003, prestigiados investigadores y arqueólogos mexicanos, así como la misma Yolotl González, refutaron el texto de Matthias Schulz, publicado en la revista española El País Semanal, en el cual el periodista denigró a la civilización mexica al definirla como "demoniaca" y "brutal" por practicar ritualmente el sacrificio humano. Asimismo, investigadores de instituciones mexicanas y españolas han determinado mediante diversos estudios que el canibalismo era una actividad sistemática y ritual en el México prehispánico, la cual también se efectuó en casi toda Europa, en el periodo neolítico. González Torres subraya: "Hay quienes piensan que el sacrificio es denigrante para nuestra identidad nacional y por eso niegan que haya existido; además, ese mismo grupo argumenta que las fuentes de esa información provienen de versiones vertidas por los españoles, los cuales hicieron hasta lo imposible para desacreditar nuestra cultura, presentarla como horrible y acabar con ella". La académica y directora del Departamento de Etnología y Antropología del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), manifiesta que los descubrimientos actuales han provocado un replanteamiento de la investigación sobre los sacrificios practicados en civilizaciones de las que se pensaba habían sido pacíficas, y de aquellas otras de las que se sugería eran muy crueles. "Este fue el caso del Teotihuacán pacifista, donde se pensaba no hubo sacrificios humanos; esas hipótesis cambiaron tras los hallazgos que han confirmado que en esa civilización también fueron inmolados gran número de individuos, niños e inclusive animales". También ejemplifica con el caso de India, país que aboga por la no violencia. "Ahí se practicó el mayor número de sacrificios de los que normalmente se admite desde la época védica hasta la contemporánea". "Actualmente -prosigue la investigadora del INAH- los historiadores y antropólogos coincidimos en opinar en que la cantidad de víctimas que se dice existieron durante los sacrificios en el México prehispánico fue una exageración surgida entre los mismos pueblos enemigos, los cuales durante su confrontación alardeaban sobre quién había matado más cautivos". Si dos pueblos estaban en pugna, continúa la especialista, ambos aumentaban el número real de cautivos que serían sacrificados para ofrecerlos a una deidad. Así podían demostrar su superioridad, añade. El fenómeno del sacrificio entre los mexicas, explica Yolotl González, se debe estudiar "como parte de la sociedad en la que se produjo, aunado al análisis del contexto económico, sociopolítico y religioso". Esas ceremonias y ritos "pasaron de un origen religioso y de supervivencia alimentaria al ámbito político". Los mexicas, describe la investigadora, "no sacrificaban a los individuos con el afán de hacerlos sufrir; cada sacrificio tenía su fin, estaba dedicado a determinado dios, y la mayoría de los rituales se ofrecían a Huitzilopochtli, con sus víctimas que eran los cautivos de guerra". La recopilación que hace la académica constituye un amplio análisis sobre este fenómeno religioso que después se volcó hacia propósitos políticos y de extensión territorial. En su libro, Yolotl González Torres analiza el rito sacrificial desde múltiples aspectos: cuándo y dónde se realizaba, a qué deidades eran ofrendadas las víctimas, sin olvidar el papel de quién lo ofrecía y del que consumaba tal ceremonia. "También analizo el fenómeno del sacrificio humano en su aspecto religioso y sociopolítico, sin dejar de ubicarlo históricamente; además, se reordenaron y clasificaron los datos disponibles sobre ese ritual en Mesoamérica". En la primera parte del libro, la especialista desentraña las aportaciones hechas por antropólogos, filósofos e historiadores de la religión; después presenta una breve reseña de investigadores que se han abocado al estudio específico del sacrificio humano en Mesoamérica, así como una serie de referencias histórico-geográficas de este ritual alrededor del mundo: el occidente, sur y oriente de Asia, además de lugares de Europa, Africa y América son bosquejados por la autora. Y para situar al sacrificio humano entre los mexicas, González Torres presenta un análisis de su contexto económico, sociopolítico y religioso. Ejemplifica con variadas ilustraciones y referencias aquellos rituales con todos sus elementos: el sacrificador (especialista religioso que lo lleva a cabo), el sacrificante (quien ofrece el sacrificio), el recipiente (las deidades a las cuales se dedica), la víctima, el lugar y el tiempo (que se divide en tres fases: entrada, inmolación y salida) y los ritos posteriores al sacrificio, donde resurgen los trofeos y la antropofagia. Huitzilopochtli, Tláloc, Xipe Totec, Huitznahua, Mixcóatl, Tezcatlipoca, Cihuacóatl, Toci, Yacatecuhtli, Xiuhtecuhtli, Quaxólotl-Chantico, Chicome-cóatl-Cintéotl y Totochtin eran los dioses mexicas que habitaban en el ámbito sobrenatural, personificaban y formalizaban la representación fantástica de la realidad de los hombres. A estas y otras deidades del numeroso panteón azteca estaban dedicadas las fiestas y ceremonias en la antigua Tenochtitlán, con todo y sus víctimas elegidas, ya fuese para el sacrificio individual o colectivo. La Jornada - México D.F., 17/8/2007 |
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Los polinesios pisaron América antes que Colón Un hueso de pollo entregó una importante primera evidencia de que los polinesios llegaron a Sudamérica antes de que Cristóbal Colón desembarcara en las Antillas, indicaron científicos neozelandeses. Los exámenes genéticos de un hueso de la pata de un pollo encontrado en zona centro-sur de Chile mostraron que el ave era originaria de Polinesia y que vivió hace unos 600 o 700 años, mucho antes de que los europeos llegaran a América a fines del siglo XV. El estudio hecho por antropólogos de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, y por científicos chilenos entrega evidencias sobre algo que los investigadores sospechaban hace tiempo, según explicó la doctora Lisa Matisoo-Smith, del grupo de antropólogos que participó en la investigación. Desde hace unos 2 mil años, los pueblos de Polinesia navegaron por el océano Pacífico y hace unos 800 o 1,000 años establecieron colonias en Hawai y en la Isla de Pascua. Los investigadores neozelandeses recogieron huesos de pollo en toda la cuenca del Pacífico y descubrieron una secuencia de ADN distinta que resultó ser la clave para establecer el vínculo con Sudamérica. Científicos chilenos que investigaban sobre asentamientos precolombinos en la región de Arauco (unos 600 kilómetros al sur de Santiago), encontraron huesos de pollo cuya muestra de ADN era idéntica a la secuencia polinesia. "La secuencia de ADN era idéntica a la obtenida de un hueso de pollo de 2000 años de antigüedad de Tonga", dijo Matisoo-Smith. El vínculo genético con la Polinesia puede encontrarse actualmente en Sudamérica en la raza de gallinas Araucana. La doctora Matisoo-Smith dijo que los polinesios pudieron llevar los pollos hacía Sudamérica hace unos 600 o 700 años, teniendo en cuenta la época de los asentamientos en Hawai y en la Isla de Pascua, los más cercanos a América. Los camotes dulces y las calabazas utilizadas durante siglos en Polinesia, tienen su origen en Sudamérica. Los científicos también destacaron la similitud que existía en algunas palabras utilizadas por los polinesios y por algunas tribus americanas. Pero no estaba claro en qué sentido se produjo el vínculo señalado por tales indicios: de ida y vuelta desde Polinesia o por navegantes prehistóricos que partieron de Sudamérica. En 1947, el noruego Thor Heyerdhal navegó desde Perú hasta Polinesia a bordo de una balsa, la Kontiki, tratando de mostrar que fue Sudamérica el punto de partida de las migraciones por el Pacífico. El descubrimiento de los huesos de pollo demuestra que hubo viajes de ida y vuelta, lo que es imposible a bordo de balsas incapaces de navegar de vuelta a Sudamérica contra los vientos dominantes. Por el contrario, las canoas de altamar polinesias eran capaces de navegar contra los vientos dominantes, destacó la doctora Matisoo-Smith. Sin embargo, no hay vestigios de que los polinesios se hayan establecido en Sudamérica. La Jornada - México D.F., 8/6/2007 |
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"Teotihuacán, la gran anomalía de Mesoamérica" Ana Mónica Rodríguez Teotihuacán aparentó ser un estado fuerte, su sociedad era multiétnica, pero posiblemente existían pugnas entre los "reyezuelos" o jefes de los barrios y el cogobierno central de esa gran urbe prehispánica que es considerada, por los elementos estudiados hasta ahora, la "gran anomalía" del periodo Clásico. Con un área de 20 kilómetros cuadrados y 125 mil habitantes, Teotihuacán fue una ciudad "gigantesca" para su tiempo y aportó a otras culturas la idea de una traza urbanística ortogonal, el establecimiento de un sistema de drenaje y la vida compartida en conjuntos multifamiliares. Así es como la arqueóloga Linda R. Manzanilla Naim se refiere, en entrevista, a la antigua ciudad que desapareció sin dejar evidencia de quiénes fueron sus gobernantes y de las causas que ocasionaron su declive. La definición de la investigadora es contundente: Teotihuacán es la excepción en Mesoamérica. Linda R. Manzanilla Naim recientemente fue nombrada consejera del Colegio Nacional y fue la primera mujer mexicana en ingresar a la Academia de Ciencias de Estados Unidos. Entre sus publicaciones destacan La constitución de la sociedad urbana en Mesopotamia, Akapana, Una pirámide en el centro del mundo y Teotihuacán, un libro tridimensional y también ha realizado investigaciones sobre el surgimiento y transformación de las sociedades urbanas en Mesoamérica, Egipto, Turquía oriental y la región andina. Linda R. Manzanilla señaló que Teotihuacán tiene muchas caras y para develar sus misterios los especialistas han realizado durante décadas numerosas excavaciones y utilizado innovadoras tecnologías. Aparatos geofísicos (magnetómetros, resistivímetros, gradiómetros, gravímetros, radares) para detectar estructuras y oquedades sepultadas; además de estudios geoquímicos, palinológicos, paleobotánicos, paleofaunísticos, citolíticos, osteológicos, genéticos y cronológicos se suman a las investigaciones de campo y de laboratorio ejecutadas por un cúmulo de expertos a lo largo de los años. Actualmente, dijo la prestigiada investigadora, "la tecnología de punta se utiliza al interior de la Pirámide del Sol, precisamente en el túnel prehispánico que está bajo la superficie donde se edificó el monumento, y que consiste en un detector de muones (partículas cósmicas), construido por el equipo de Arturo Menchaca, director del Instituto de Física de la UNAM". -Cuáles son los estudios que faltan por realizar en esta zona prehispánica? -Teotihuacán es una ciudad gigantesca para su tiempo, de los 20 kilómetros cuadrados que la integraban, sólo se ha excavado alrededor de 10 por ciento. Aún falta mucho por saber de su composición social, pese a que sabemos que era una sociedad multiétnica (además de los teotihuacanos, con zapotecos, veracruzanos, michoacanos y quizás otros grupos de Puebla, Tlaxcala, Hidalgo y Guerrero). No sabemos prácticamente nada de cómo se gobernaba la ciudad y el Estado teotihuacano. -Pero se saben sus aportaciones a otras culturas? -Teotihuacán aportó la traza urbanística ortogonal, la planificación urbana, el sistema de drenaje muy bien planeado, la vida en conjuntos multifamiliares (especie de "vecindades"), la concepción de la tollan arquetípica o ciudad primigenia de artesanías excelsas y la organización corporativa. -¿En qué ha cambiado su panorama científico y sus hipótesis confrontadas con los hallazgos de años recientes? -En tiempos recientes he vislumbrado que Teotihuacán aparentó ser un Estado fuerte, pero parece no haber sido así. El Estado teotihuacano hizo todo lo posible para atraer mano de obra foránea para el trabajo en las artesanías y la construcción, y por eso invirtió mucho tiempo en embellecer la ciudad, en ordenarla en una retícula urbana, en decorarla con murales esplendorosos. Atrajo a mucha gente, pero dado el carácter multiétnico de esta sociedad, había contradicciones fuertes entre la organización de los barrios y la del gobierno central. Al parecer el gobierno central estaba basado en una estructura corporativa de cogobierno, pero los barrios parecen estar regidos por familias o "casas" poderosas y ricas, que se comportaban como "reyezuelos". Había quizá mucha tensión entre estas dos formas y escalas de gobierno. -Existen indicios de que los restos de algún gobernante se encuentren en las pirámides o en las áreas circundantes? -Hasta ahora nadie ha encontrado el entierro de algún gobernante teotihuacano, y quizá las pirámides no fueron tumbas, sino templos dedicados a las deidades. Sin embargo, dado que no hemos hallado esas tumbas reales, conviene estar seguros de que no están en la Pirámide del Sol. -¿Cuáles serán los enfoques que guiarán sus excavaciones en la zona prehispánica? -En lo personal me interesa entender mejor la articulación de los barrios (las élites intermedias que los rigen y administran) con el gobierno central, y por supuesto, me interesa detectar a los representantes de los diversos niveles de gobierno. Para el próximo año seguiré excavando en Teopancazco y Xalla, pero también estaré pendiente de cómo termina la "tomografía" -para lo que se está utilizando la tecnología de los muones- que estamos haciendo con el doctor Menchaca en la Pirámide del Sol, con el fin de atender a las posibles anomalías de su interior en el futuro cercano. Manzanilla Naim recapitula y dice que la tollan teotihuacana fue la primera en su género, y también la única sepultada en el mito de su creación. "Sin embargo, la característica más excepcional frente a sus contemporáneos fue, a mi modo de ver, la organización corporativa del gobierno, y el hecho de ser la excepción en Mesoamérica". Concluye: "Quiénes gobernaron sucesivamente Teotihuacán por seis siglos escondieron sus caras y tumbas, no revelaron sus nombres, no hicieron patentes sus hazañas, disimularon sus moradas en el mar de conjuntos arquitectónicos. Singular reto intelectual comprender cómo estuvo regido el Estado teotihuacano y su capital". La Jornada - México D.F., 13/5/2007 |
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Gran hallazgo en la pirámide de Akapana Una tumba bien conservada que contiene restos humanos y un ajuar funerario con objetos de oro fue hallada en las excavaciones arqueológicas de la pirámide tiwanakota de Akapana, confirmó el viceministro boliviano de Desarrollo de Culturas, Pablo Groux. De acuerdo a la autoridad, arqueólogos y comunarios que llevan adelante los trabajos de excavación en el monumento de Tiwanaku se toparon con la tumba que está en buen estado pese a su antigüedad (aproximadamente 3.000 años). "Sorprendentemente la tumba no fue saqueada; es una casualidad afortunada, pues la pirámide Akapana ha sufrido robos y saqueos desde la época del incario, pasando por la colonia y también durante la república", aseguró Groux a La Razón. El hallazgo reviste importancia arqueológica, pues sería la segunda tumba completa que pervivió en Tiwanaku. "En el sector noreste del complejo se encontró en los años 70 la tumba de una niña que contenía también cerámicas y joyas", aclaró el arqueólogo Oswaldo Rivera. "El entierro se encontró a unos dos metros de profundidad, junto a una losa dirigida al norte, lo que permite suponer que se trató de una persona de jerarquía", comentó Groux. Rivera abre otra posibilidad sobre la naturaleza de la tumba: "podría ser un k'uchu, es decir, una ofrenda al templo o un homenaje al difunto. Pudo tratarse de una persona importante que murió y fue enterrada en un rincón de la pirámide para que cuide el monumento, para que sea su eterno guardián", comentó. La pasada semana, 100 familias de Tiwanaku junto a profesionales de la Unidad Nacional de Arqueología (Unar) comenzaron los trabajos de apisonamiento en la pirámide de Akapana en el marco del Plan de Desarrollo Turístico Cultural Taypi Qala Tiwanaku. Con aporte internacional, este plan interinstitucional busca la reconstrucción de los más importantes monumentos de Tiwanaku con miras al desarrollo turístico y social de la zona. De acuerdo a los expertos, la construcción de la pirámide de Akapana en Tiwanaku se remonta a 1.200 años antes de Cristo. El monumento soportó no sólo embates naturales, que probablemente lo enterraron, sino también la invasión inca primero y la española, después. En 1753, saqueadores españoles comandados por Diego Ayardeburo destruyeron la cima de la pirámide. En 1900, la construcción de la línea férrea La Paz-Guaqui usó las plataformas como cantera. En mayo del 2004, arqueólogos de la Unidad Nacional de Arqueología (Unar) -con apoyo internacional de la CAF, Japón- iniciaron la excavación de Akapana. En la primera fase se encontraron restos humanos que están siendo analizados para verificar si la pirámide era un cementerio o un lugar de sacrificios. En la segunda fase se encontró un túnel que será explorado con un robot. Una tercera etapa, con el Plan Taypi Qala Tiwanaku, encontró la tumba que será analizada. Harán exámenes de ADN Los restos humanos hallados en la pirámide de Akapana serán sometidos a exámenes de ADN para determinar las causas de la muerte del milenario individuo, anunció Javier Escalante, director de la Unidad Nacional de Arqueología, quien junto a otras autoridades presentó "el entierro" encontrado en el sitio tiwanakota de Akapana. Lo cierto es que los restos pertenecerían a un hombre joven, de unos 20 años, que fue enterrado junto a auquénidos, en señal de ofrenda. El pectoral y la tiara de oro hallados en el entierro hacen presumir que habría sido un sacerdote o un líder de la cultura de Tiwanaku. En el entierro, que permaneció oculto durante siglos, además de los restos humanos se encontró una diadema laminada de forma circular y un pectoral también laminado repujado con una imagen antropomorfa; ambas piezas son de oro. También encontraron cerámicas y restos de un camélido. La Razón - La Paz, 1-3/5/2007 |
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La "tradición" prehispánica de sacrificar niños Ana Mónica Rodríguez Los recientes hallazgos de los restos de 24 niños, presuntamente sacrificados a escasos metros de la zona arqueológica de Tula, se inscriben en el contexto de una tradición de índole religiosa y militar practicada en las culturas prehispánicas. El sacrificio infantil, explicó el arqueólogo Leonardo López Luján, es una "'tradición" que ha existido en diversas civilizaciones y épocas, y su lógica se contextualiza en ofrendar infantes para agradar a Tláloc, dios de la lluvia, ante las inclementes sequías, tormentas e inundaciones que los aquejaban. "En caso de que los estudios de antropología física arrojaran evidencias de que existió el sacrificio infantil en Tula, ese hecho se sumaría a los abundantes ejemplos de niños inmolados en diversos periodos y civilizaciones", advierte el especialista. Y esa práctica -añadió López Luján- habría que ubicarla en el ámbito de sus actividades religiosas, políticas y sociales. El 16 de abril, en la zona arqueológica de Tula, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informaron del hallazgo de los restos de 69 individuos enterrados y presuntamente sacrificados -entre los que destacan los de más de 24 niños-, todos con un milenio de antigüedad. Entre los restos óseos se descubrieron también figurillas dedicadas a Tláloc, además de un adoratorio, pisos y diversas estructuras prehispánicas, localizadas a 200 metros de ese sitio precolombino. El hallazgo ocurrió en marzo pasado en las instalaciones de la Procuraduría General de la República (PGR) y en él destaca el entierro de 24 infantes sacrificados, hecho que -en caso de comprobarse- cambiaría la visión pacifista que se tenía respecto de la cultura tolteca. En ese lugar, ubicado en la zona B, se pretendía construir una barda y una cisterna, pero esas labores fueron interrumpidas y durante los trabajos de rescate los especialistas del INAH encontraron el altar con los restos de 23 niños y una niña. La temporalidad de los entierros infantiles, dijo el arqueólogo Luis Gamboa Cabezas, data de los años 950 a 1150 dC, y entre sus características se infiere que podrían haber sido sacrificados. "De los infantes hallados -explicó el experto- uno estaba depositado en un altar y se piensa que era una niña, mientras que los demás yacían alrededor de ella, en un espacio de cuatro metros cuadrados". Tras el primer análisis de la cerámica hallada junto con los restos óseos, los resultados develan que los infantes tenían entre cinco y 15 años de edad y fueron sacrificados para honrar al dios Tláloc. "Los cuerpos estaban todos completos y colocados de tal forma que miraban hacia la salida del sol y el presunto sacrificio fue ejecutado probablemente en vida". Esa práctica, dijo Gamboa, llamada de trepanación consistía en realizar una perforación en el cráneo para extraer mediante succión todo lo malo que tenían en la cabeza; mientras que otros de los pequeños muestran incisiones en las vértebras del cuello, lo cual indica que fueron degollados. Añadió: "También pensamos que los niños eran extranjeros y no toltecas y, quizá, fueron traídos del sur de la cuenca de México". Otro de los hallazgos ocurrió en un área de dos hectáreas que conforman el distribuidor vial Jorobas-Tepeji, donde fueron descubiertos 45 entierros, entre los que figuran las osamentas de adultos, mujeres y más niños. Los restos óseos de esos individuos fueron localizados a una distancia de cinco kilómetros de la importante zona tolteca, que resguarda a los imponentes Atlantes de Tula. El arqueólogo del INAH dijo que los 69 entierros -incluidos los infantes hallados en esas oficinas de la PGR- se encuentran en análisis de laboratorio para comprobar las hipótesis y los datos obtenidos hasta el momento referentes a su origen, sexo y contexto, así como a la forma en que fallecieron. El sacrificio de los niños, según explicó Gamboa Cabezas, modificaría la visión que se tiene sobre el área prehispánica "e inferimos que tras el abandono de Quetzalcóatl sucedido hacia el año 980 d.C., cambiaron las costumbres en el lugar, porque hasta antes de eso todo era armonía y paz. Tan sólo para el descubrimiento de los entierros y el altar se realizaron 32 pozos de excavación y esperamos contar con recursos para continuar los trabajos en otro de los palacios y pirámides de esta área. Donde busquemos siempre encontraremos huellas del pasado". Las vasijas, lápidas labradas, figurillas, cascabeles de cobre y otros objetos prehispánicos que fueron descubiertos en torno de los mencionados hallazgos y que suman alrededor de 500 piezas serán expuestas en la Sala de Orientación Guadalupe Mastache, que se encuentra dentro de la zona arqueológica. El área prehispánica de Tula es una de las más importantes de la cultura tolteca y los arqueólogos sólo han excavado apenas cinco por ciento de su extensión. La zona monumental integra, entre otras edificaciones, el Altar Central, el Coatepantli o Muro de las Serpientes, el Palacio Quemado, los Juegos de Pelota, el Tzompantli y los famosos Atlantes de 4.8 metros de altura, que custodian la parte superior de Templos de Trahuizcalpantecutli. El sacrificio de niños "fue una constante" en diversas civilizaciones y periodos prehispánicos, dijo Leonardo López Luján, coordinador del Proyecto Templo Mayor, quien explicó que de esa práctica se tienen evidencias en Tenochtitlán, Teotihuacán y ahora podría ser el caso de Tula. López Luján ejemplificó con el hallazgo, en 1980, de la ofrenda 48 descubierta en la zona arqueológica del Templo Mayor, que contenía restos de 43 niños sacrificados con edades que oscilaban entre dos y siete años. También han sido halladas osamentas de infantes debajo de la Catedral Metropolitana y en el área prehispánica de Tlatelolco. Abundó: "Existe el caso de niños sacrificados en el posclásico tardío con el ejemplo del Templo Mayor. Otro es el de la pirámide del Sol, en Teotihuacán, donde Leopoldo Batres descubrió en 1906 pequeños inmolados en las esquinas de la estructura solar. Sobre esa pirámide ahora sabemos que no es un templo dedicado al astro sol, sino al dios de la lluvia". También "existen evidencias del sacrificio infantil en el posclásico tardío; además del posclásico temprano que sería en el caso de Tula y, seguro, se descubrirán ejemplos de estas características en el preclásico". Juan Alberto Román, director del Museo del Templo Mayor y especialista en sacrificio infantil, publicó con Alfonso Torre Blanco: "De acuerdo con las fuentes del siglo XVI, Tláloc era el dios del agua, las lluvias y la fertilidad de la tierra; así como de otros fenómenos atmosféricos que influían en el buen o mal desarrollo de las cosechas. Tláloc a su vez era auxiliado por una multitud de dioses que fungían como sus ayudantes y eran llamados tlaloques y para congratularse con ellos durante ciertas épocas del año se hacían sacrificios de niños de distintas edades". La Jornada - México D.F., 21/4/2007 |
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El observatorio más viejo de las Américas Arqueólogos de la Pontificia Universidad Católica de Perú y de la Universidad de Leicester, descubrieron que en el Chankillo se encuentra el observatorio solar más viejo de las Américas, publicó el 2 de marzo la revista Science. Las 13 grandes torres de ese enclave dispuestas en línea de norte a sur tienen una antigüedad de dos mil 300 años, y permitieron a los antiguos pobladores de ese lugar pronósticos bastante certeros sobre la llegada de solsticios y equinoccios. Las observaciones realizadas en ese enclave, a 400 kilómetros de Lima, capital peruana, jugaba un papel esencial en la vida de antiguas civilizaciones amerindias pues permitía determinar el momento idóneo para la siembra. Ivan Ghezzi, de la Pontificia Universidad Católica de Perú, indicó en la revista, que el conocimiento de la astronomía estaba presente entre los antiguos habitantes de las Américas mucho antes del desarrollo de la civilización inca. Restos de guerreros de arcilla encontrados en el enclave sirvieron a esas antiguas culturas de ofrendas religiosas relacionadas con la observación astronómica, señalaron en Science Ghezzi y el arqueo-astrónomo británico Clive Ruggles. "Las torres de Chankillo nos proporcionan una prueba de las primeras observaciones solares y de la existencia de avanzados cultos al Sol, los cuales precedieron casi dos mil años a los del Cuzco incaico", señalaron los expertos en la publicación estadounidense. Hasta ahora, se pensaba que los observatorios más antiguos de las Américas se hallaban en Coricancha, próximo al Cuzco o que fueron construidos por la cultura Moche, levantadas seis siglos después de las torres del Chankillo. Prensa Latina - La Habana, 2/3/2007 |
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En Chile estaría primera cultura del continente Dos arqueólogos estadounidenses indicaron que es factible que los grupos Clovis no fueran la primera cultura del continente, lo que abriría las puertas para que el yacimiento de Monte Verde, en el sur de Chile, se convierta en el primer asentamiento humano de América. En un estudio publicado esta semana en la revista Science, los arqueólogos Michael Waters y Thomas Stafford indicaron que las nuevas dataciones con radiocarbono de la cultura Clovis apuntan a que tal vez sus miembros no fueron los primeros habitantes del Nuevo Mundo y que su influencia sólo duró unos pocos siglos. Esa admisión también descarta la posibilidad de que hubieran sido miembros de esa cultura norteamericana los que, hace más de 130 siglos, colonizaron el continente a lo largo de un corredor templado en medio de la glaciación que unía a Norteamérica con Sudamérica. Se conoce como cultura Clovis el conjunto de sitios arqueológicos descubiertos en Norteamérica, donde se encontraron vestigios de artefactos, instrumentos, armas primitivas y restos humanos. Sus primeros miembros fueron inmigrantes que, de acuerdo a las teorías arqueológicas, llegaron desde Asia a través del Estrecho de Bering. Hasta ahora se sabía que los asentamientos Clovis surgieron entre 11.500 y 10.900 años atrás, de acuerdo a la datación mediante radiocarbono. Pero Stafford y Waters indican en su estudio que la antigüedad de Clovis fue en realidad de 11.050 y 10.800 años. El caso es que Monte Verde, descubierta entre 1977 y 1985 por el arqueólogo Tom Dillehay , tiene una antigüedad de 12.500 años y se encuentra al otro extremo del continente. De allí que Michael Waters y Thomas Stafford indiquen que es necesario elaborar una nueva teoría sobre el poblamiento americano, porque la cultura Clovis ya no explica ese fenómeno. Pero ésta ya existe. Es la llamada teoría alternativa que señala que los primeros hombres que poblaron el continente americano llegaron desde las islas de la Polinesia, a través del Pacífico, y dejaron una huella cultural que todavía se manifiesta en algunos pueblos indígenas del sur de Chile. La Nación - Santiago de Chile, 23/2/2007 |
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Diosa de la noche ve la luz del día Como ves Al pie de la escalinata del Templo Mayor, en el centro de la Ciudad de México, se encontró un enorme monolito que, según los arqueólogos que lo descubrieron, podría constituir el hallazgo más importante de la zona del Templo Mayor desde que encontraron a la Coyolxauhqui, hace 29 años. Se trata de una piedra de 12 toneladas que mide 3.5 metros de largo por 2.5 de ancho y alrededor de 35 centímetros de espesor. Está partida en cuatro, pero se distingue muy claramente una forma humana con garras, dando a luz calaveras y flores. La figura fue tallada en piedra andesita roja, muy común en los alrededores del Valle de México, y está decorada con pintura de colores rojo, ocre, negro y blanco. Viste una falda decorada con cráneos y huesos cruzados; tiene adornos de tiras y caracoles, cráneos en los codos y rodillas, banderas en el pelo, y símbolos de muerte y sacrificio. El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, director del proyecto Templo Mayor, confirmó que el monolito es una representación de la diosa Tlaltecuhtli, "devoradora de cadáveres y del Sol de la tarde", que por lo general se coloca bajo tierra y boca abajo, siempre oculta. Pero en el Templo Mayor la encontraron boca arriba, por lo que Matos piensa que pudo servir como lápida mortuoria, probablemente de la tumba de Ahuizotl, tlatoani o rey que gobernó entre 1486 y 1502. Muy cerca de ahí también descubrieron un altar único en su tipo, según José Alvaro Barrera, responsable del programa de Arqueología Urbana. Este altar tiene dos frisos, uno que representa a Tláloc y el otro a una deidad asociada con la agricultura. Es la primera estructura mexica con este tipo de esculturas empotradas que se ha localizado en lo que fue el centro ceremonial de Tenochtitlan. Unas semanas después de encontrar el inmenso monolito, los arqueólogos hallaron una tumba con huesos humanos y de animales, conchas, caracoles de mar y copal. Además localizaron la esquina de lo que fue el templo de los guerreros águila. Imposible predecir los nuevos hallazgos que se harán en esta zona, que fue el centro de una de las ciudades más grandes y majestuosas de su tiempo. El Gobierno del Distrito Federal donó al Instituto Nacional de Antropología e Historia el predio donde descansaba Tlaltecuhtli, que está ubicado en el cruce de las calles de Argentina y Guatemala. Argenpress - 25/1/2007 |
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