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"Una indebida separación entre Mesoamérica y los Andes" Arturo García Hernández Mesoamérica y los Andes eran las dos regiones culturales más importantes del continente cuando llegaron los conquistadores españoles. En cada una se habían desarrollado civilizaciones con una cosmovisión compleja y refinada que se expresaba en todos los ámbitos de la vida. Sin embargo, actualmente los estudiosos de una se interesan muy poco en la otra y viceversa. Convencidos de que por su riqueza e importancia las culturas andinas y las mesoamericanas merecen "una comparación tenaz e intensa", los historiadores Alfredo López Austin, de México, y Luis Millones, de Perú, decidieron retomar y continuar el diálogo entre especialistas de ambas regiones, para lo cual han publicado el libro Dioses del norte, dioses del sur (Ediciones Era). En la introducción del libro, los autores sostienen: "La riqueza de las tradiciones mesoamericanas y andinas exige evaluación minuciosa de las fuentes, análisis profundos de cada una de las culturas particulares que las componen, estudios de su desarrollo temporal, conocimiento de las cosmovisiones de los pueblos indígenas de la actualidad y, sobre todo, en el plano práctico, el establecimiento de múltiples lazos académicos entre especialistas de cada tradición". Añaden: "Hemos abordado los temas de las cosmovisiones mesoamericana y andina como una provocación. Va dirigida a todos nuestros colegas; pero sobre todo a los jóvenes investigadores que, si aceptan el reto, ampliarán notablemente su enfoque científico". Al respecto, conversa López Austin en entrevista. -¿Este libro es pionero en el diálogo entre especialistas de una y otra área? -No, de ninguna manera. Es un trabajo que sigue una línea de acercamientos que lamentablemente han sido muy pocos. No es el primero, pero es de los pocos que existen. Son dos mundos, el andinismo y el mesoamericanismo, que a mi juicio deberían estar muy vinculados. Pero, tal vez como herencia de una visión colonial, no podemos dialogar si no es mediante las metrópolis. Es algo que ha continuado como herencia incluso después de la independencia en este caso de México y de Perú. Es como yo me explico esta indebida separación entre los estudios de ambos mundos. Uno de los especialistas mexicanos de mayor trayectoria y reconocimiento en el estudio de los pueblos prehispánicos, doctorado en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México, aclara que de entrada no pretenden revelar nada: "Realmente se trata de dos trabajos paralelos, que realizamos precisamente porque vimos la necesidad de que se estudien ciertas semejanzas, llamémoslas neutralmente por ahora, muy interesantes, y al mismo tiempo diferencias que también son de llamar la atención. En otras palabras: queremos provocar interés entre los investigadores de una y otra áreas para que hagan comparaciones. Lamentablemente, los dos que emprendemos la tarea ya somos viejos y nos conformamos por ahora con tratar de incitar a los investigadores jóvenes, decirles que hay mucho por trabajar y por descubrir. Como mesoamericanista me dirijo a los andinistas, y Luis Millones, como andinista, se dirige a los mesoamericanistas. Queremos decirles a unos y otros que el libro reúne dos síntesis de mundos muy ricos, abrir una vía de interés para entendernos de manera recíproca". -En tanto ¿qué paralelismos y diferencias vislumbran? -Los paralelismos pueden suponerse, más que verse, a nivel de la religión. En el campo de las cosmovisiones, una de las cosas más interesantes son los mitos; hay mitos y también ritos paralelos. Entre los mitos paralelos un ejemplo sería precisamente el de la joven virgen que teje con el telar amarrado a su cintura y a un árbol hasta ahí llega un pajarito que tiene relaciones con ella y de esa relación nace un gran personaje, en el caso particular de Mesoamérica, el Sol. De ese mito también tenemos versiones modernas entre los mixes, por ejemplo. Es un mito que también vemos en la cerámica maya del clásico. -¿Cómo explican esos paralelismos? -No podemos ni pretendemos explicarlos. ¿Por qué? Porque primero es necesario estudiar a fondo, encontrar como éste muchos otros casos, no nada más en la mitología, sino también en el rito, en la iconografía; estudiar a fondo el material antes de hacer la comparación. Una vez que eso se determine, que tengamos bases suficientes y no meras apariencias, como hasta ahora se nos presentan, entonces sí hacer las comparaciones. No dudaría en afirmar, aunque es muy arriesgado decirlo, que hay una muy antigua concepción panamericana del cosmos; que los primeros pobladores de América y los primeros hombres que empezaron a ocupar el vastísimo territorio quizás no fueran tecnológicamente muy desarrollados, pero tenían un concepción cosmogónica muy avanzada. Incluso es posible encontrar lo que podemos llamar símbolos universales que rebasan el territorio y que ya traían los primeros hombres que venían de Asia. Pero como le digo, más vale por el momento dejar esas hipótesis interesantísimas y no abordarlas hasta que tengamos bases mayores, casos concretos para hacer comparaciones y entonces sí elaborar hipótesis más firmes. Indica López Austin que hay la certeza de contactos entre el mundo andino y el mesoamericano, pero no cree que sean suficientes en sí mismos para explicar mitos y prácticas paralelas. -Por lo que toca a las diferencias, ¿qué puede decir? -Tengo conflicto al estudiar Mesoamérica como superárea cultural, en la cual existen grandes semejanzas y grandes diferencias. Simplemente desde los puntos de vista étnico, lingüístico, geográfico, su historia misma. Estamos en un caldero total con todos estos pueblos tan diferentes que viven en ambientes tan diversos, unidos por un núcleo común del que surgen las religiones, el calendario, la organización social. Entonces, en este juego de semejanzas y diferencias, he preferido siempre empezar por las semejanzas, porque es lo que nos da la posibilidad de entender las diferencias. En el caso macro entre Mesoamérica y los Andes, quiero seguir el mismo camino: primero ver las semejanzas, como la que se da también en la organización política, donde hay gobernantes que representan los poderes masculinos del cosmos, y otros los femeninos. Eso nos hace sospechar que al menos hay una cosmovisión similar, no misma, pero similar, que políticamente produce los mismos resultados. En ambos mundos la visión dual de los opuestos complementarios (masculino-femenino, cielo-tierra, vida-muerte) es "muy marcada". Se puede encontrar en todo el mundo -precisa el autor de Cuerpo humano e ideología-, "pero en pocas culturas está tan señalada". A fin de cuentas -pondera Alfredo López Austin- lo que plantea Dioses del norte, dioses del sur es el estudio del otro: "El otro es el único espejo que me permite verme por contraste, por complemento o por oposición. ¿Por qué no nos entendemos a nosotros mismos a partir de la comparación con otros que pueden ser muy semejantes en ciertos aspectos?, Para luego tomar esas semejanzas y esas diferencias y lograr algo fundamental para el ser humano: entender la construcción de la cultura, en un sentido amplio y profundo". Estos estudios comparativos permiten penetrar en los "misterios de la construcción cultural, entender cómo se crea todo ese tremendo sistema, definir los niveles y ver que hay elementos culturales que tienen milenios, otros nada más siglos, otros sólo décadas y otros que se hacen hoy a modo, y sin embargo pueden ser tan importantes como lo antiguo". En la actualidad "necesitamos saberlo, porque estamos en una etapa de destrucción de cultura; de un plumazo desaparecen milenios de construcción cultural, porque así conviene a muchos intereses, sobre todo a los de la globalización económica, que a partir de una visión hegemónica ni siquiera profunda, sino light, pretenden formar muy buenos productores y muy buenos consumidores, dóciles, sin el arraigo tan estorboso de las culturas profundas, sin las cuales el hombre se siente totalmente desarraigado y no le basta la cultura light para vivir una vida con sentido". La Jornada - México D.F., 22/12/2008 |
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Los cuatro monolitos de Teotihuacán Ana Mónica Rodríguez El año pasado fueron descubiertos cuatro monolitos de diversos tamaños, con casi toda su pigmentación original y en excelente estado de conservación en la plataforma sur de la Pirámide del Sol en la zona arqueológica de Teotihuacán. Los vestigios, labrados en andesita, fueron hallados por investigadores adscritos al proyecto Pirámide del Sol del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que desde 2004 dirige el arqueólogo Alejandro Sarabia y forman parte del acervo que será montado para una serie de exposiciones para conmemora un siglo de trabajos arqueológicos en la Ciudad de los Dioses. Cabe recordar que de 1905 a 1907 se iniciaron las excavaciones en la Pirámide del Sol y ya para 1910, bajo el mandato de Porfirio Díaz, fue inaugurada oficialmente la zona arqueológica de Teotihuacán, primera en abrir sus puertas al público. Uno de los monolitos descubiertos -el de mayor tamaño, gran estilización y con un peso aproximado de alrededor de mil 300 kilos- será exhibido en el museo de sitio. La arqueóloga Verónica Ortega explicó que esos vestigios fueron hallados en excelente estado de conservación en la plataforma sur del gran monumento dedicado al Sol. "El monolito más grande es una novedad, porque no existen antecedentes de este tipo en Teotihuacán, además de que muestra la representación de un posible felino, como el jaguar", indicó. La colosal piedra todavía exhibe los pigmentos de sus colores primigenios, verde, ocre y amarillo. "También los demás monolitos -agregó la investigadora del INAH- conservan sus características originales y se podría decir que todos fueron colocados ex profeso para que ninguno fuera dañado". Otra peculiaridad, detalló, es que pese a ser de diferentes tamaños y estilos poseen elementos felinos, además de chalchihuites, plumas y una gran variedad de elementos abstractos que todavía no son interpretados porque las piezas han permanecido en proceso de conservación y fijación de pigmentos. Para el director de la zona arqueológica, Alejandro Sarabia, el descubrimiento de estas piezas muestran en sus bajorrelieves a la misma divinidad -todavía desconocida en Teotihuacán- con grandes ojos, dos orejas y una boca que sólo tiene maxilar. "Al parecer los teotihuacanos destruyeron un bonito edificio adyacente a la Pirámide del Sol, para realizar la cimentación de otra estructura con estos mismos bloques". De esta forma entre innumerables hallazgos y múltiples trabajos de investigación realizados en la zona arqueológica durante un siglo, los investigadores del INAH decidieron programar una serie de exposiciones para develar los hallazgos y mostrar los avances en torno al conocimiento del sitio prehispánico más visitado en la actualidad. La influencia cultural de los zapotecas Luego de cien años de investigaciones efectuadas en la zona arqueológica de Teotihuacán, por primera vez se presenta la exposición Gente de nube en tierras de encuentro. Desde el pasado 5 de diciembre, se muestran alrededor de 70 piezas descubiertas recientemente en el barrio zapoteca, las cuales develan la relación entre los teotihuacanos y los pobladores de Monte Albán. La exhibición recrea el mundo de los zapotecas o del barrio de éstos en la gran urbe teotihuacana, asentamiento que ocupó la parte norponiente de este sitio prehispánico. Para la arqueóloga Verónica Ortega la exposición refleja el impacto que tuvieron las cerca de mil 200 personas que habitaron en las inmediaciones de los monumentos principales de la Ciudad de los Dioses, las cuales influyeron en la vida social, política, ritual, económica, arquitectónica y cultural de Teotihuacán. "La exposición se divide en seis salas para que el visitante haga un recorrido cronológico y conozca el papel que tuvo el comercio en este sitio, la relación con Monte Albán y el establecimiento del grupo zapoteca en la urbe teotihuacana". Ortega agregó que con las evidencias arqueológicas extraídas del llamado "barrio zapoteca" se ha confirmado la existencia de una fuerte interacción entre este grupo cultural oaxaqueño y los teotihuacanos. Cerámica, lítica, vasijas rituales, entre diversos ornamentos, múltiples fotografías y réplicas de entierros son un atractivo más para los turistas que llegan al museo de sitio de esta importante área prehispánica. "Los visitantes conocerán cuáles eran las actividades a las que se dedicaban y cómo eran sus costumbres funerarias, gracias al discurso museográfico que consta de piezas arqueológicas, fotografías de las investigaciones y testimonios sobre las diferentes temporadas de campo que arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han realizado en el barrio zapoteca o Tlailotlacán (gente de tierras lejanas), desde 1960 a la fecha". Verónica Ortega explicó que existen dos vertientes de estudio sobre este grupo de Oaxaca: una es que no se sabe con exactitud la profesión de los habitantes del barrio, aunque se piensa que eran albañiles especializados en la confección mediante estuco. La otra tesis sustenta, prosigue la investigadora, que los pobladores de esa parte de la metrópoli teotihuacana se dedicaban al teñido de textiles con la técnica de grana cochinilla, lo cual corrobora la enorme cantidad de apancle recuperada de recipientes, donde se sumergían las telas para colorearlas. Además, "tenemos conocimiento de que muchos de los habitantes zapotecos eran de Monte Albán y que se establecieron en Teotihuacán para relacionarse con los jerarcas del lugar y compartirles su conocimiento en áreas como la astronomía". La serie de exposiciones que el INAH ha organizado comenzaron el pasado septiembre y continuarán durante 2009 con una muestra que reunirá los materiales de los proyectos más importantes de la temporada 1980-1982, así como algunos hallazgos recientes en La Ventilla y Atetelco. Además, se planea la apertura al público del área de La Ventilla, en los próximos meses. La Jornada - México D.F., 13/12/2008 |
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Cahuachi: el ruego final de una civilización José Rosales Vargas "Esta gran ofrenda ceremonial simboliza el momento más dramático, intenso y violento de la vida de Cahuachi. En aquel tiempo se multiplicaban las ofrendas a las divinidades ante la inminente destrucción y el presagio de desastre. Las causas fueron dos grandes aluviones, ocasionados aparentemente por dos fenómenos de El Niño fuertes, y un terremoto que habría ocurrido entre los 350 y 400 de nuestra era, según las evidencias encontradas". Con esas palabras el investigador Giuseppe Orefici, de la misión arqueológica italiana Proyecto Nazca, trata de contextualizar el hallazgo de lo que él ha denominado la "gran ofrenda" y que está constituida por 30 mates burilados y pintados, 88 ceramios, 8 textiles, cestas, objetos de oro e incluso restos de humanos que habrían sido sacrificados. Refirió que en ese período de la historia se vivía un momento de gran incertidumbre en la casta sacerdotal, cuyos integrantes creían que sus divinidades ya no los escuchaban. "Se intensificaron entonces las grandes ofrendas en un desesperado intento por evitar esta catástrofe", cuenta. El investigador presume que fueron 20 años de intensas ofrendas a todas sus divinidades antes de sellar completamente todas las pirámides, abandonar el sitio y trasladarse al sector de Estaquería (20 kilómetros al norte y en una zona más elevada), donde se conservaron pequeños templos y estructuras desde las cuales realizarían, tal vez, sus últimas actividades ceremoniales. Entre los 88 objetos de cerámica destaca una orca de 70 centímetros con piernas humanas, taparrabo y aletas de tiburón en la cabeza, que simboliza la máxima divinidad Nazca relacionada con el mar. Además, una cucharita y una copa de oro. "En los 26 años de trabajo del proyecto, pusimos énfasis en la recuperación de la arquitectura de la gran pirámide y las plazas que la anteceden, por lo que este reciente hallazgo es un hecho inesperado, pero a la vez, el más importante del grupo de investigación científica", asegura. Giuseppe Orefici descarta que esta ofrenda corresponda a una posible tumba de un gran sacerdote; y remarca que se trata de un momento culminante y dramático de los Nazcas antes de abandonar el sitio. A este descubrimiento se ha sumado en el último medio año de trabajo, la recuperación de dos nuevas plazuelas por las cuales la casta sacerdotal Nazca habría accedido a la gran pirámide. Allí se hallaron también los restos de un niño y un hombre sacrificados y ofrendados, además de un conjunto de pasadizos y escaleras. También hay dibujos de cabezas trofeos y simbología solar a modo de graffitis sobre las paredes. En esta temporada de estudio, Orefici y su equipo de investigación lograron, con el apoyo del Consejo Nacional de Investigación Italiana y dos ingenieros geofísicos encabezados por Nicola Masini, captar una secuencia de fotos satelitales que muestran nuevas y monumentales estructuras de barro, probablemente de mayores dimensiones que la gran pirámide, sepultadas por una profusa vegetación y tierras de cultivo. "Este conjunto de estructuras se encuentra a un kilómetro al noreste de la gran pirámide y se trataría de cinco grandes edificaciones que comenzarán a ser investigadas y probablemente excavadas por sectores, en la temporada de noviembre-diciembre. Por las imágenes satelitales se presume que estas se encuentran a dos o tres metros de profundidad", anticipó. Solo se ha excavado el 1% Josué Lancho Rojas -¿Cuál es la importancia de este nuevo descubrimiento? -Es un notable e inesperado hallazgo. Probablemente el más importante en los 26 años de trabajo que ha realizado en Cahuachi el equipo que encabeza Giuseppe Orefici. Se han encontrado textiles de belleza inigualable que deben ser restaurados. También hay que recuperar los mates burilados pintados, que son el único hallazgo de este tipo de los Nazcas. A todo este trabajo se suma la consolidación de las 88 piezas cerámicas. -¿Qué simbolizan los ceramios? -Son piezas cerámicas y mates burilados ceremoniales, con representaciones antropomorfas de felinos, aves y orcas que simbolizan a sus divinidades. Entre los mates destaca un trabajo en alto relieve en el que se emplean colores resinosos, los cuales eran obtenidos de piedras. Si bien los diseños son típicamente Nazcas, presentan algunos elementos de la cultura Chavín. -¿Y el hallazgo de los objetos de metal? -Es el primero de su género hecho en Cahuachi. La copa y la cuchara habrían servido para que los sacerdotes beban o inhalen alguna sustancia. El Comercio - Lima, 20/9/2008 |
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El palacio de Mama Anahuarque Milagros Vera Representantes del Instituto Nacional de Cultura (INC-Cuzco) hallaron un muro de la época Inca, dos recintos y dos entierros con ofrendas funerarias en la hacienda Pumamarca, ubicada en la comunidad del mismo nombre, en el distrito de San Sebastián. Según los arqueólogos que investigan el lugar, los restos serían parte del palacio de Mama Anahuarque, una de las esposas de Pachacútec. Antes de iniciada la investigación solo eran visibles la huaca, que es una fuente donde se rendía culto al agua desde la época preínca, dos hornacinas o adoratorios y el ingreso principal del palacio que se encuentra clausurado, pero que conduciría hacia la huaca. A cada lado de este ingreso se descubrieron dos recintos de estructura arquitectónica rectangular lisa. Las excavaciones realizadas en el primer recinto dieron como resultado el hallazgo de dos cuerpos enterrados a 1,22 metros de profundidad. Uno corresponde a una mujer de aproximadamente 35 años, que fue sepultada junto a una ofrenda funeraria compuesta por una olla, unos platos y un aríbalo (vaso cerámico). Para el director de investigación y catastro del INC-Cuzco, Wilbert Paliza, se trataría de un pago a la tierra. "Sería imposible que una coya, como Mama Anahuarque, haya sido enterrada con tan pocas ofrendas. En aquella época, las personas de estatus superior eran sepultadas junto a llamas, textiles y otros objetos de valor". El otro cuerpo, que no ha sido totalmente desenterrado debido a las dificultades de iluminación del recinto, sería trasladado al laboratorio en las próximas semanas, señaló la arqueóloga Nancy Olazábal. Pero eso no es todo. Un muro de roca labrada por sectores, con piedras de 15 centímetros de alto por 25 centímetros de ancho y cubierto con mampostería fina, también fue hallado en el frontis de la hacienda, a poco más de un metro de profundidad. La tecnología utilizada en su construcción se asemeja a la del palacio de Coricancha, que fue construido por Pachacútec tras su victoria sobre los chancas. Los arqueólogos coinciden en la existencia de una superposición de estructuras arquitectónicas preíncas, Incas, coloniales, republicanas y contemporáneas. Se presume que estos restos formarían parte del palacio de Mama Anahuarque y que, además, habría sido un lugar sagrado donde los Incas provenientes de los cuatro suyos se reunían para rendir culto al agua y al sol. Estudios sobre un lugar sagrado Nancy Olazábal En una extensión de 2.000 metros cuadrados se integran construcciones de diversas épocas de la historia. Las dimensiones de las piedras, así como el color de la tierra, que se deja ver conforme avanzan las excavaciones, definen las capas que corresponderían a los diferentes momentos en los que fue habitada la zona. Para facilitar el proceso de excavación y recuperación, se dividió la hacienda en tres sectores donde se han encontrado restos que provienen de la era preínca. Se puede suponer que los primeros habitantes de esta zona fueron los Tocay Cápac o los primeros Incas de esta era. Los muros finos, rectangulares y almohadillados son similares a los existentes en el palacio del Coricancha, que también habría sido edificado en la época de Pachacútec. Esta sería la base inicial para considerar que este palacio habría sido habitado por una de sus esposas, junto a su séquito. Si bien las investigaciones no han culminado, se dice que este sería un lugar sagrado donde el Inca ingresaba a adorar a sus dioses. Esta idea se refuerza por la existencia del recinto ceremonial que forma parte de la hacienda y que se halló hace algunas semanas. Además, por la existencia de la huaca, con agua proveniente del subsuelo que baja hacia las fuentes de la parte inferior, se presume que aquí el Inca y su séquito adoraban el agua. El Comercio - Lima, 6/9/2008 |
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Localizaron 30 tumbas preincaicas a orillas del Titicaca Dos arqueólogos bolivianos descubrieron a comienzos del mes de julio 30 tumbas de la cultura preincaica de Tiahuanaco en un terreno baldío de la localidad de Copacabana, a orillas del lago Titicaca, y el número de hallazgos puede aumentar, según el coordinador del proyecto, Eduardo Parejas. Se trata de un yacimiento en el cual, ordenados por niveles superpuestos, hay restos de los periodos de la colonia, del imperio inca y de los entierros tiahuanacotas. En los sepulcros se localizaron fragmentos de cerámicas, objetos ceremoniales y restos humanos, en pleno centro del poblado de Copacabana, a orillas del lago navegable más alto del mundo, situado a tres mil 800 metros sobre el nivel del mar. Parejas confía en que el número de enterramientos hallados en esta localidad, a casi 160 kilómetros al oeste de La Paz, "va a continuar ascendiendo" en función del avance del trabajo. El experto explicó que se trata de "uno de los hallazgos preincaicos más importantes" debido a "la calidad de información" que se puede encontrar ordenada por niveles de unos cuatro o cinco metros de profundidad. "Tenemos una secuencia de formaciones por estratos de cuatro a cinco metros que define claramente cada período cultural". Agregó que los descubrimientos que está haciendo podrán convertirse en "un atractivo turístico muy importante" ya que se trata del "núcleo mítico del origen de la cultura inca". Parejas estima que los hallazgos datan del año 1.200 a.C., según "evidencias del primer sondeo", aunque "tal vez" puedan llegar hasta el 1.500 ó 2.000 a.C. como "piso arqueológico definitivo". Sergio Chávez, un arquéologo peruano inmerso en la investigación que es profesor de la Universidad de Michigan (Estados Unidos), reveló que el hallazgo puede estar vinculado con las civilizaciones precolombinas que se extendieron hasta el Cusco, en el altiplano de Perú. Explicó que la cultura tiahuanacota floreció hace tres mil años en el todo el altiplano andino y que, al igual que en lugares como la ciudad sagrada de Machu Picchu, en el sitio hallado en Copacabana se hallaron piezas que tenían usos ceremoniales. También encontraron vasijas de la tradición "yaya mama (hombre y mujer)" de la cultura Chiripa, anterior a Tiwanaku. Una de las cerámicas y el significado de los dibujos de las vasijas da indicios de que perteneció a la "élite del Cusco", la capital de esa civilización que, de alguna manera, estaba ligada a Copacabana, señaló el científico peruano. Detalló que las esculturas, que también presentan serpientes de dos cabezas y formas geométricas, aún son reverenciadas por grupos indígenas locales. "Tenemos mucho de que estar orgullosos y buscar nuestra identidad en estas cosas. Para entender el presente y planificar el futuro tenemos que ver el pasado", remarcó. Telesur - 22/7/2008 |
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Dignatarios mexicas eran cremados Ana Mónica Rodríguez Las prácticas funerarias de los mexicas se caracterizaron por cremar a los individuos y depositar sus cenizas en diversos lugares del centro ceremonial del Templo Mayor de Tenochtitlán. Entre más jerarquía tuvieran los difuntos, más cerca eran colocados del Cu de Huichilobos o de alguna otra estructura prehispánica de ese recinto sagrado. La música fúnebre, la danza ritual, el sacrificio, el autosacrificio, el ofrecimiento de bienes, el luto y las prohibiciones, además de los discursos que se pronunciaban durante las ceremonias de duelo son algunos de los aspectos que devela la arqueóloga mexicana Ximena Chávez, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien actualmente trabaja en las excavaciones que se realizan en el predio de las Ajaracas, donde fue hallada la colosal escultura de Tlaltecuhtli. Chávez, especialista en estudios de antropología y de ADN, explica que en las páginas de su primer volumen intitulado Rituales funerarios en el Templo Mayor de Tenochtitlan, editado por el INAH, devela los resultados arrojados por "ocho contextos fúnebres aparecidos durante la primera temporada de excavaciones en el Templo Mayor. Estas tumbas se caracterizan porque los individuos fueron depositados y cremados ritualmente y en el volumen se podrán conocer aspectos relacionados con sus creencias y prácticas funerarias, sobre todo lo referente a la cremación y respuestas en torno a cómo se hacía, a quién y en qué lugar eran colocados los restos humanos". Entre las conclusiones obtenidas destaca que los restos mortales eran de individuos del sexo masculino que tenían cuando murieron entre 20 y 30 años de edad y en sus exequias fueron tratados con diversas variantes, incluida la temperatura de la pira y el número de objetos que les colocaban de manera simbólica. "De las ocho sepulturas analizadas, la más rica tenía 150 objetos además de los huesos quemados y, en contraste, la más sencilla mostró tan sólo dos elementos que conformaban esa ofrenda". Por tal razón el Templo Mayor fue el escenario de los rituales funerarios de los más importantes personajes de la elite mexica. "El Cu de Huichilobos era el espacio sagrado por excelencia: se creía que estaba situado en el cruce de los puntos cardinales y de los planos del universo. Era una zona liminal en la que los hombres participaban de los dioses". Al colocar los entierros cremados en distintas partes del edificio, explica Ximena Chávez, los sacerdotes mexicas hicieron patente la diferencia que existía entre los difuntos. Las particularidades entre los depósitos, especialmente las que se refieren a la ubicación de los individuos respecto al edificio, expresan el rango y la proximidad de los individuos con el ámbito divino. No todos los dignatarios eran igualmente importantes, por lo que sólo algunos quedaron a su muerte en la proximidad de Huitzilopochtli. Es probable que los hombres cuyos restos descansaron en el adoratorio de esta deidad fueran, tanto en la vida como en la muerte, los más cercanos al numen tutelar. Investigación de campo, análisis de laboratorio e información proveniente de fuentes históricas fueron las herramientas de la especialista del INAH, quien también aborda los rituales subsecuentes: las reliquias de las lágrimas y las fiestas periódicas. En la exhaustiva investigación, en la que participó un equipo integrado por geólogos, antropólogos físicos y técnicos forenses, Chávez también habla de la pira funeraria, el combustible y los materiales que acompañan a la pira, así como las áreas de actividad relacionadas con la cremación. Los contextos arqueológicos de Tenochtitlan muestran que los rituales funerarios eran bastante más complejos de lo que narran los cronistas, debido a que existen ciertas prácticas no mencionadas. En el volumen se detalla sobre tres variantes en la disposición del cadáver, en función de la identidad del difunto. El primer tratamiento funerario consistía en la cremación de un individuo en estado cadavérico que se colocaba sobre una pira de madera y era acompañado con pocos bienes funerarios. En el segundo tipo de ritual funerario se cremaba a un individuo en una pira, junto con gran cantidad de artefactos y restos de fauna, y una tercera clasificación se refiere al interior de los templos, al espacio mayormente sacralizado. Del cuerpo mortal a las geografías funerarias, Rituales funerarios mexicas, Los muertos que se entregan al fuego: las cremaciones y su estudio; además de los Contextos funerarios del Templo Mayor de Tenochtitlan, son los capítulos que abordan esta parte inherente al inframundo. El volumen se completa con las conclusiones, bibliografía y varios anexos. "Las exequias que se realizaban en la ciudad de Tenochtitlán reflejan una complejidad que no es relatada por los cronistas o, al menos, no explícitamente. Estamos seguros de que a partir de una metodología de análisis adecuada, aplicada a contextos funerarios de otros sitios contemporáneos, incluyendo el análisis osteológico de los restos cremados y la contrastación con las narraciones de las fuentes históricas, se podrá llegar a un mayor entendimiento de los rituales funerarios del Posclásico tardío en el Altiplano central". La Jornada - México D.F., 6/5/2008 |
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La isla del tesoro Humberto Márquez Las arenas de Cubagua, una isla de 24 kilómetros cuadrados en el Caribe venezolano, están ahora deshabitadas, pero guardan el testimonio de tres pasos formadores de la población americana. "Los primeros yacimientos arqueológicos encontrados datan de 3.000 a 3.500 años, restos del paso de grupos paleoindígenas, nómadas, exploradores, recolectores de crustáceos y moluscos, quizá en camino a poblar otras zonas de Sudamérica o el Caribe", señaló a IPS el antropólogo Carlos Martín. Sobre su escritorio, en la coordinación de la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela, el especialista desparrama algunas conchas marinas colectadas en Cubagua, de apariencia corriente para el lego pero que, con una segunda y más atenta mirada, se ven cortadas o talladas para servir de herramienta. "Lo que parece basura arqueológica en realidad corresponde a gubias o herramientas usadas para abrir moluscos, procurarse alimento o trabajar rudimentariamente la madera", empleada en balsas o primitivos botes con los que exploraban la región del Caribe. Cubagua, unos 300 kilómetros al nordeste de Caracas, está a mitad de camino entre la costa firme del oriente venezolano y la más grande y turística isla de Margarita. Carece de agua dulce en la superficie y su paisaje es de arena, piedras y algunos matorrales. "Un segundo grupo de objetos tallados corresponde a grupos, esos sí pueblos indígenas de lengua caribe o arawac, que actuaron como nómadas en Cubagua desde hace por lo menos 2.000 o 1.500 años. Son de quienes en tierra firme o en Margarita ya empleaban cuchillos y otras herramientas de piedra, conchas y madera", explicó Martín. El historiador de origen alemán Enrique Otte registró rastros de alfarería y lo que pudieron ser fogones para cocción de alimentos o actividades rituales de tipo religioso. De estos pueblos eran los indígenas que encontraron los españoles a fines del siglo XV cuando llegaron a esas costas. Durante su tercer viaje, en agosto de 1498, el navegante Cristóbal Colón se encontró con Cubagua y la riqueza que despertó el apetito europeo: las perlas. Fue el turno de la tercera ola pobladora de Cubagua: los españoles, que llevaron indígenas guaiqueríes desde Margarita para forzarlos a sumergirse hasta morir en los ostrales y para ello establecieron, en 1500, el primer asentamiento de lo que ahora es América del Sur. Nueva Cádiz se llamó el poblado que evolucionó en el norte de Cubagua con pretensiones de ciudad, lo que consiguió formalmente en 1528, cuando llegó a tener 1.000 habitantes de origen europeo, junto a una cantidad desconocida de indígenas y, luego, grupos de esclavos negros. El agua dulce se llevaba desde la boca del río Manzanares, en la cercana tierra firme. En 1537 ya se extinguían los ostrales y los indígenas, por la salvaje explotación, la ciudad fue abandonada como asentamiento permanente en 1539 y un maremoto la destruyó en 1541. Sus restos fueron quemados por piratas franceses en 1543. Nueva Cádiz "fue una ciudad amurallada en forma de ele (L), para protegerse de los piratas, y tuvo calles, casas, dos iglesias, un ayuntamiento, un convento y un cementerio. Afuera, en bohíos o barracas muy rudimentarias vivían los indios y negros", narró a IPS el arqueólogo Jorge Armand, quien conduce excavaciones sobre el terreno. Armand y su equipo encontraron y despejaron el área de una de las iglesias, la Ermita de Nuestra Señora, de unos 30 metros de largo por ocho de ancho, con paredes frisadas de un metro de espesor y piso de losas de piedra. "Las ruinas coinciden con las investigaciones de Otte y el registro de un viejo mapa francés", señaló el arqueólogo. La ermita "es el primer templo católico en América del Sur, el primero donde se veneró la Virgen del Valle -patrona de marineros y pescadores en Venezuela- y muestra la importancia que los españoles dieron a Nueva Cádiz", dijo Armand. El estatal Instituto del Patrimonio Cultural estudia la posibilidad de erigir en Cubagua un museo que sirva de base a estudios de arqueología e historia, y al turismo. La isla tradicionalmente es usada como apostadero por pescadores de la zona. "Lo primordial es la conservación. Un museo in situ es una idea magnífica, pero el turismo debe acompañarse de educación y controles que lo hagan muy responsable, pues no sólo estamos ante tesoros arqueológicos sino ante una isla ambientalmente frágil", comentó Martín. Cubagua "representa tres momentos clave del desarrollo humano en América. Primero el paso de las bandas (en sentido arqueológico) primitivas, que podrían ser antepasados de los caribes, luego los indígenas ya organizados que habitaban tierra firme e iban a Cubagua por temporadas para pescar y posiblemente hacer sus rituales", señaló el arqueólogo. Y, finalmente, "los españoles que fundaron la primera ciudad colonial insular hace más de 500 años", hasta la extinción por obra de las fuerzas de la naturaleza y de la codicia, apuntó. "A veces se tiende a menospreciar el patrimonio prehispánico de Venezuela, porque se compara con el de México, Perú o América Central, que es un patrimonio de carácter monumental. Pero sus raíces pudieron gestarse aquí, en esta isla, hace milenios, con algo tan básico y maravilloso como los primeros pobladores del nuevo mundo tallando una piedra que servía para abrir una concha de mar y cortar madera", concluyó Martín. Ips - 15/4/2008 |
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El sistema de medición azteca Emir Olivares Alonso Científicos de las universidades Nacional Autónoma de México (UNAM) y de Wisconsin, Estados Unidos, descubrieron que el sistema de medición azteca era mucho más ordenado que el español, ya que contaba con un nivel matemático de mayor abstracción, aseguró la académica participante en el estudio María del Carmen Jorge, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS). En conferencia se informó que, tras el análisis de dos códices aztecas de Tepetlaoxtoc -localidad ubicada a seis kilómetros del antiguo reino de Texcoco (1540-1544) , se concluyó que esa cultura prehispánica contaba "con un complejo sistema aritmético", que incluía fracciones de unidad, para medir y registrar las tierras, lo que permitía registros detallados para mejorar el cobro de impuestos. Este descubrimiento, en el que también participó la investigadora Bárbara Williams, de la Universidad de Wisconsin, fue publicado el 4 de abril pasado en la revista internacional Science -la más importante de su tipo en el mundo-. Las expertas aseguran que los aztecas fueron pioneros también en aritmética, arquitectura, ingeniería, astronomía y otros campos. Las investigadoras analizaron los códices Vergara y Santa María Asunción: el primero hallado en París, Francia, y el segundo en la Biblioteca Nacional de México, en la UNAM. Encontraron que los manuscritos tienen tres secciones. La primera describe un tipo de censo detallado de la población de esa ciudad-Estado azteca, indicado por jefe de familia y los integrantes de cada una. La segunda define los perímetros de los terrenos que poseía cada una de las familias, además de las medidas de las propiedades. En tanto que en la tercera sección los códices enmarcan las áreas de cada una de las propiedades, con anotaciones numéricas difíciles de entender. La experta mexicana aseveró que el hallazgo muestra hasta qué nivel matemático fueron capaces los aztecas de llevar sus operaciones. Los manuscritos, realizados 19 años después de la Conquista y copia de los registros anteriores a esa etapa histórica, muestran decenas de detalles del sistema numérico azteca. Entre los elementos de numeración que esa cultura utilizaba destacan las líneas, cada una de las cuales equivalía a una unidad; puntos, con valor de 20 unidades cada uno, y el tlalquahuitl, unidad de longitud, que equivale a 2.5 metros. Asimismo, se agregaban glifos representados con huesos, manos, corazones y flechas, equivalentes a fracciones de unidad, lo que demuestra su interés por la precisión. Sin embargo, al llegar los españoles al antiguo imperio tenochca, "el sistema de medidas se convirtió en un desastre", ya que contaban con diferentes métodos, como la vara de Burgos. La universitaria destacó que actualmente esos terrenos -cercanos a la ciudad de México- coinciden de manera casi idéntica con los marcados en los códices; sin embargo, ahora ese cerro permanece vacío. "Los aztecas tenían un orden impresionante para contar objetos: para los frutos era un tipo de números; para sandalias o utensilios, que podían apilarse, era otro; si era papel, uno más; es decir, todo era más preciso, y la palabra que se usaba para contabilizar se refería al objeto que se enumeraba", aseveró la investigadora universitaria. Las especialistas (la antropóloga estadunidense y la matemática mexicana) estudiaron 367 terrenos de Tepetlaoxtoc, pertenecientes al códice Vergara, en los que la única información disponible es la longitud de cada uno de sus lados. Las especialistas probaron varias fórmulas para el cálculo de las áreas que ocuparon los acolhuas (pobladores de ese territorio) y lograron hallar cinco algoritmos que reprodujeron exactamente la zona registrada en los códices para 287 parcelas, esto es, 78 por ciento. María del Carmen Jorge advirtió que éstos son los únicos códices mexicanos que demuestran medidas de los lados y del área correspondiente, ya que son de los pocos que se salvaron de la destrucción, el olvido y el abandono. El algoritmo que resultó más exitoso para la investigación fue la llamada regla del agrimensor, consistente en promediar los lados opuestos y multiplicar los resultados para obtener el área del cuadrilátero, sistema utilizado por los sumerios y los romanos, dijeron. La Jornada - México D.F., 9/4/2008 |
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Descubren osamentas humanas en cenotes Ana Mónica Rodríguez En los meses recientes, más de un centenar de esqueletos humanos que estaban en cenotes y cuevas bajo el agua fueron descubiertos, en varios puntos del Caribe mexicano, por arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Las osamentas se remontan a la época prehistórica y maya, y se estima que tienen una antigüedad de más de 13 mil años. "Estas evidencias en la actual área maya revela que en ese lugar se encuentra uno de los esqueletos más antiguos -de 13 ubicados hasta ahora con ese fechamiento- en el continente americano", explicó a La Jornada Carmen Rojas Sandoval, quien realiza esta ardua labor de investigación de arqueología subacuática a 30 metro bajo el mar. La arqueóloga Rojas Sandoval es la encargada del proyecto Cementerios acuáticos mayas, y ha explorado las cavernas submarinas del área de Tulum, donde junto con un equipo multidisciplinario han hallado indicios de la presencia humana. El área de exploración abarca Playa del Carmen y Tulum, en Quintana Roo, y el sur de Yucatán. En el proyecto participa una veintena de especialistas, dotados con el equipo necesario de buceo, cuerdas, poleas, arneses y tripiés. También son necesarias varias luces para poder ver en la oscuridad, así como cámaras de video y de fotografía. Para el equipo de expertos, el trabajo de investigación es extenuante, pero satisfactorio. En ocasiones bucear implica sumergirse hasta dos horas y media, para contar con tan sólo 15 minutos de observación directa tras el descenso de un kilómetro. "Hasta la fecha -explicó Carmen Rojas- hemos registrado 22 sitios de este tipo en el Atlas nacional de arqueología y agrupamos los hallazgos en tres conjuntos: el poblamiento prehistórico, las cuevas sumergidas-cementerios acuáticos y las evidencias coloniales". Durante las investigaciones en las cuevas, "recolectamos tres esqueletos humanos, el más antiguo con más de 13 mil años y otros dos de 10 mil años; además, se han detectado restos de animales, como caballos, gonfoterios -de la familia de los elefantes y mamuts-, zorros, conejos, camélidos y gliptodontes (armadillos gigantes, especie extinguida). Las cuevas, ahora sumergidas, estaban secas hace 10 mil años y debido al deshielo quedaron cubiertas de agua". Esas cuevas fueron utilizadas para hacer depósitos funerarios y en ellas también fueron descubiertos restos de carbono provenientes de fogatas realizadas hace miles de años. "Además, hemos encontrado restos de animales que nos han aportado datos sobre las características geográficas, como el hecho de que entonces hubiera praderas, muy parecidas a las sabanas africanas. Sin duda, todos estos elementos aportan información sobre evidencias premayas y del poblamiento temprano-prehistórico en esta región", puntualizó. Respecto de la civilización maya, Carmen Rojas explicó que tan sólo en un cenote fueron descubiertos más de 100 esqueletos con deformaciones craneanas, pero sin rastros de sacrificio humano. El proyecto "ha arrojado evidencias de suma importancia y se infiere que el centenar de esqueletos humanos hallados en el cenote no fueron víctimas sacrificiales, sino de guerra". Otra de las hipótesis sería la causa de mortalidad, debido a catástrofes naturales y epidemias o por quienes perdieron en el juego de pelota. "Destaca el hecho de que no ha sido descubierta ninguna mujer, pese a que todos los restos son de un mismo grupo étnico". También en los cenotes han sido detectados restos de lítica, cerámica, fragmentos de vasijas y huesos de animales. Por último, se han descubierto vestigios de la época colonial como rifles del siglo XVIII, más de 150 fusiles de chispa, bayonetas, un cañón y su carrito (cureña), utilizados en la Guerra de Castas. En la investigación participan arqueólogos, paleontólogos, antropólogos y geólogos, entre otros especialistas; además de que se ha tenido el apoyo del INAH y el patrocinio de Discovery Channel; la BBC, de Gran Bretaña; NHK, de Japón, y National Geographic. La Jornada - México D.F., 26/3/2008 |
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Hallazgo arqueológico en Veracruz Andrés Timoteo Morales El hallazgo en Coatzacoalcos (México, Estado de Veracruz) de lo que habría sido un puerto pesquero-comercial en las márgenes del río Coatzacoalcos, el cual funcionó desde la época de los olmecas, es decir, desde el año 200 aC, modificará los datos históricos sobre el poblamiento de la zona, que hasta hoy está datado en 1522. Durante la ejecución de los trabajos de excavación para edificar un túnel que atravesará dicho afluente, se localizaron vestigios que apuntan a la explotación de la pesca, importante actividad comercial efectuada con pueblos mayas y teotihuacanos, así como el intercambio de productos elaborados en obsidiana, serpentina y almagre, además del uso extenso y variado del chapopote. Entre los hallazgos espectaculares de la zona, los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) lograron extraer dos piraguas recubiertas de chapopote, lo que confirma físicamente que ese río fue un puerto pesquero-comercial que funcionó durante mil 400 años. "Todo esto confirma -explicó Alfredo Delgado Calderón, arqueólogo responsable del proyect- que Coatzacoalcos no fue un lugar despoblado y cuyo asentamiento demográfico se inició en 1522 con la fundación de la llamada Villa del Espíritu Santo, como consta en los registros históricos, sino que desde por lo menos un milenio antes era un sitio con auge comercial y pesquero". La fundación de la Villa del Espíritu Santo fue realizada por Gonzalo de Sandoval, lugarteniente del conquistador español Hernán Cortés. Delgado Calderón estima que el auge del puerto pesquero de Coatzacoalcos se dio en el periodo Clásico tardío, del año 900 al 1200 dC. Es decir, durante tres siglos fue quizá uno de los puertos prehispánicos más importantes del Golfo de México. Como parte de los proyectos viales que el gobierno de Veracruz impulsa, desde 2007 se iniciaron los trabajos de excavación para construir un túnel de 140 metros de largo por 20 de ancho y 10 de alto que atravesará el lecho del río Coatzacoalcos para comunicar la cabecera municipal con el poblado de Villa Allende. El pasado 4 de octubre los trabajadores de las empresas constructoras detuvieron las labores de excavación, debido al hallazgo de piezas prehispánicas en la margen derecha del río, lo cual motivó que el INAH enviara un grupo de arqueólogos para hacer el levantamiento de los vestigios. Lo hallado sorprendió a los investigadores, pues se descubrió material que servirá para modificar los datos históricos sobre el poblamiento de la zona y confirmar los lazos comerciales entre las culturas olmeca, maya y teotihuacana desde el año 200 aC, asegura el arqueólogo. El material localizado durante las excavaciones que se iniciaron el 14 de octubre de 2007 comprende varios periodos que van del Formativo tardío -200 aC- hasta el Clásico y Posclásico temprano. "Involucra a varios actores históricos: olmecas, mayas, totonacas, teotihuacanos y algunas culturas locales", señala. Actualmente, unas 200 piezas han sido extraídas y están en fase de clasificación en las instalaciones del Club de Pesca de Coatzacoalcos, el cual fue habilitado como laboratorio de restauración y análisis. Los utensilios son ollas, joyas elaboradas en piedra, flautas, figurillas y fragmentos de cerámica. Lo sobresaliente del hallazgo son dos moldes de piraguas, embarcaciones que en su momento fueron usadas para transportar mercancía y que acredita que el sitio fue un antiguo puerto donde se explotaba la pesca con fines comerciales. Las dos naves halladas, de 5.45 y 7.10 metros de largo, respectivamente, fueron elaboradas en madera e impermeabilizadas con chapopote. Con el tiempo, la madera se desintegró, pero quedó la mezcla que la protegía, lo que preservó su forma durante casi dos milenios. "Es el primer hallazgo en la zona de costa que acredita la presencia de embarcaciones en Coatzacoalcos, y no sólo eso, sino que el sitio fue un puerto de alta actividad pesquera y comercial". También en el lugar se hallaron artefactos para la pesca, decenas de navajas elaboradas en obsidiana, así como recipientes y rastros de fogones, que se ocupaban para la captura, disección, salado y secado de especies extraídas del mar, el río y las lagunas adyacentes. Entre los productos procesados destacaban mariscos, como jaiba y camarón, así como marlín, huachinango, bobo e inclusive el manatí, por los restos óseos encontrados. "No era pesca de consumo local sino para un proceso artesanal, en el intercambio comercial, principalmente con mayas y teotihuacanos; era pesca especializada e intensiva, donde el producto se salaba y ahumaba para ser enviado por vía marítima o fluvial a otros lugares", abunda Delgado Calderón. La obsidiana que se usaba para elaborar navajas era traída del centro del país, y de Oaxaca procedía una piedra verde conocida como serpentina, para elaborar joyas y utensilios de ornato, también para ser comercializados con otros pueblos, así como almagre, que es un mineral rojizo que se ocupa para la decoración de cerámica. El otro dato importante, destaca el investigador, es que desde hace más de 2 mil años los pobladores ya usaban el hidrocarburo, en este caso chapopote, ya sea para recubrir embarcaciones, como para la elaboración y decoración de utensilios como la cerámica. Entre el material hallado en las márgenes de la afluente, también destacan dos enormes ollas, cuyo contenido no ha sido extraído, pero los arqueólogos presumen que podrían ser ofrendas religiosas o urnas funerarias, quizá de algún sacrificio ritual. La Jornada - México D.F., 5/3/2008 |
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El verdadero rostro del rey Pakal Ana Mónica Rodríguez Un equipo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México restauró la máscara funeraria del rostro del rey maya Pakal II (603-683 dC), cuya tumba se encuentra en el Templo de las Inscripciones de la zona arqueológica de Palenque, la cual cumplió dos décadas de estar inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). El grupo interdisciplinario del instituto trabajó durante dos años con la pieza, que consta de 200 fragmentos de mosaico de jade, descubierta en 1952. El objetivo de la restauración fue "presentar un nuevo rostro del rey Pakal, con rasgos diferentes a los que todo el mundo ha conocido durante más de 50 años". Laura Filloy, coordinadora del proyecto, explicó en entrevista con La Jornada que luego de la intervención "la máscara quedó con un rostro de proporciones humanas, como si fuera un retrato; por ello, los antropólogos físicos estamos seguros de que los artistas mayas de Palenque eran especialistas para reproducir certeramente el rostro humano y, gracias a eso, ahora conocemos a sus diferentes gobernantes". La restauración realizada a la pieza, dijo la especialista, nos permite asegurar su conservación a futuro, por lo menos 50 años. La Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía Manuel del Castillo Negrete fue el escenario para que diversos expertos del INAH presentaran con imágenes y ponencias las investigaciones realizadas en torno a la máscara de jade, la cual se exhibe en la sala maya del Museo Nacional de Antropología. "Después de dos años de trabajos y múltiples investigaciones, no sólo se obtuvo información sobre los minerales que componen la máscara, además se identificaron las piezas que conforman los ojos, lo cuales están elaborados en obsidiana y concha provenientes de Guatemala". También, prosiguió, se hallaron materiales orgánicos que fueron utilizados para el armado del objeto mortuorio, como el estuco y un pigmento llamado cinabrio. "En la manufactura de la máscara los antiguos artistas trabajaron en conjunto y poseían un conocimiento técnico impresionante en el clásico tardío". Laura Filloy Nadal explicó que los trabajos sobre la máscara de Pakal marcan un hito en los estudios de restauración en México y "es un detonante para continuar con análisis y conservación de otras piezas mayas que se encuentran en acervos de distintos centros regionales y museos del INAH". A futuro también será restaurado el ajuar funerario del gobernante maya, integrado por pendientes, collares, anillos y orejeras, entre otros objetos de concha, obsidiana y jadeíta. "Y después de la luz verde del INAH para arrancar este proyecto, se aplicaría la misma rigurosa metodología utilizada en la máscara", agregó Filloy. El restaurador Jaime Cama Villafranca, a su vez, explicó que tras la metódica y meticulosa restauración "se devolvió la eficiencia a la máscara, recuperando su función primitiva y permitiéndole a Pakal mostrar para siempre el rostro con el que se presentó en el inframundo". Se exploraron -prosiguió el especialista- los elementos relativos a la historicidad para rescatar una serie de información que se encontraba dispersa y que estaba condenada a desaparecer. Durante la restauración, dijo, fueron respetadas todas las instancias, como la histórica, estética, funcional y tecnológica, al contar con la técnica de manufactura característica de la refinada escuela de lapidaria maya. "Actualmente, la máscara adquiere otra dimensión, tras ser restaurada se convierte, bajo diferentes formas, en un elemento didáctico, como no lo fue en su pasado", puntualizó Cama Villafranca. En Palenque, sin lugar a dudas, uno de los mayores atractivos es la cámara funeraria del rey Pakal, la cual permanece cerrada al público desde 2004 como medida precautoria para evitar deterioros de ese legado prehispánico. El proyecto de restauración y rescate incluye monitoreos constantes, así como un meticuloso mantenimiento. Para subsanar el cierre de ese espacio, el INAH montó una réplica fiel de la tumba del rey Pakal en una nueva sala explicativa, anexa al museo de sitio de Palenque. En esa área el público puede apreciar, en recorridos especiales para 40 o 50 personas, las réplicas exactas de la cámara funeraria, que tiene dimensiones de siete metros de largo por 3.75 de ancho y 6.50 de altura; así como el sarcófago de tres metros de largo por 2.10 de ancho y 1.10 de alto. También se muestra la reproducción de la lápida de piedra caliza esculpida en bajorrelieve, con medidas de 3.80 m de largo por 2.20 de ancho y un espesor de 25 centímetros. La losa presenta la imagen de Pakal al momento de iniciar su viaje al inframundo. Del vientre del soberano brota una ceiba sagrada o el axis mundi de la cosmovisión maya. El proyecto museográfico e interdisciplinario de primer nivel, que a diferencia de la visita a la tumba original -la cual sólo podía ser observada a través de una puerta metálica-, permite a los visitantes apreciar con mayor detalle cada una de sus características del ajuar funerario. Entre sus ventajas, la réplica ofrece un vistazo a las paredes del recinto funerario creadas con material transparente que permite ver hacia el interior para apreciar todos los elementos que conforman los relieves del ataúd y la lápida. También en los muros translúcidos se reprodujeron las imágenes de los nueve personajes del inframundo y ancestros de Pakal representados en las paredes interiores de la cámara original. Este proyecto representó una inversión cercana a los 5 millones de pesos, aportados por el gobierno del estado de Chiapas y la Secretaría de Turismo. Así como del INAH en lo concerniente a la museografía, ingeniería, arquitectura y diseño, basadas en la investigación hecha a lo largo de más de cinco décadas. Las visitas al museo de sitio representan sólo 20 por ciento de las cerca de 500 mil personas que ingresan anualmente a esa zona arqueológica. Emiliano Gallaga, director del Centro INAH-Chiapas, ha considerado que con "la nueva atracción de la réplica de la tumba real esperamos incrementar la afluencia a este recinto, al que puede acceder el público por el mismo boleto de entrada al sitio". La Jornada - México D.F., 3/1/2008 |
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Direttore Nicoletta Manuzzato Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 259 del 13/4/2004 |