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El ser femenino de Sor Juana como fuente de conocimiento  (5/12/2008)

Devolver la memoria al poeta  (20/10/2008)

Para releer la cultura  (8/10/2008)

Los espejos de Eduardo Galeano  (18/7/2008)

Los estallidos del sentido poético  (17/7/2008)

Chumacero, el poeta obrero  (10/7/2008)

"Quise poner el dedo en la llaga"  (25/6/2008)

"Hay un espíritu más o menos anarco que nos abarca a todos"  (3/6/2008)

"La imaginación es una amenaza"  (28/4/2008)

Del amor y la guerra  (27/4/2008)

La vida de Paz, un manifiesto poético  (22/4/2008)

Falleció el poeta martiniqués Aimé Césaire  (18/4/2008)

La muerte de Volodia Teitelboim  (31/1/2008)

En México 364 lenguas nacionales  (15/1/2008)

La mujer que miró a los ojos de los asesinos  (15/1/2008)

Murió Lisandro Otero  (4/1/2008)


El ser femenino de Sor Juana como fuente de conocimiento

Cecilia Durán

La escritora nicaragüense Gioconda Belli recibió la noche del 3 de diciembre el premio Sor Juana 2008, que la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara entrega anualmente a una mujer por su obra literaria. La narradora obtuvo el reconocimiento por su novela El infinito en la palma de la mano, donde describe la expulsión de Adán y Eva del Paraíso.

Frente a gran cantida de público, la autora de La mujer habitada manifestó que la novela galardonada "nos lleva a reflexionar sobre la disyuntiva de Sor Juana, quizás sea porque la historia del paraíso terrenal es la de una transgresión realizada por una mujer que ansía el conocimiento, quizás sea porque si alguna mujer ha sido señalada como la peor de todas, como se describía Sor Juana, la peor de todas, pero de todas, ha sido Eva". En su libro, dijo, reivindica la curiosidad femenina, legendariamente calificada como debilidad y como la gran fuerza motriz que hizo a Eva comerse el fruto prohibido para que pudiera así empezar la historia. Su intención es revalorar también el ser femenino de Sor Juana como la fuente de su curiosidad.

"Creo que fue su hermandad con Eva la que la llevó a dejar el jardín de las cortes y la vida acomodada del Palacio de los Virreyes de Nueva España para irse al convento y labrarse el espacio donde podía quedarse a solas con fe de saber de su mente", dijo Gioconda Belli. "Eva y Juana, ambas se jugaron la vida y el prestigio por alcanzar el sumo gozo que nos es dado a los seres humanos en el placer de contemplar las infinitas permutaciones y posibilidades del pensamiento. Ambas fueron transgresoras y fueron castigadas, la una con el dolor de dar la luz y la otra con la prohibición de continuar sabiendo y de transmutar el conocimiento, esa luz de sus palabras".

Agregó que la historia del Génesis la atrapó desde su infancia. "Hacía mucho que me tentaba escribir sobre Eva, creo que desde niña me rebelé contra esa versión que la culpaba por la caída escamosa de los textos sagrados. A medida que crecí y me hice consciente de la decencia de lo femenino en mí misma y en mis congéneres, más incongruente me pareció que fuera tan ingenua y caprichosa la Eva que nos enseñan, ésa que marca la concepción de lo femenino. "Me tentaba repensarla, tratar de encontrarle por qué habría hecho una cosa así poniéndonos en esa situación en el paraíso terrenal. Me propuse el reto de no alterar los datos del Génesis porque es una historia milenaria y yo no quería contar la historia de otra manera, no quería contar que el que se había comido la manzana era Adán. En mi novela quien come la manzana, y no es la manzana, sino un higo, es Eva".

Belli señaló que con todos los dolores que implica vivir en estos tiempos, es una tarea "hermosa" para las modernas escritoras poder ir poco a poco revirtiendo la incomprensión con la que han sido envueltas tantas figuras femeninas, sean míticas como Eva o reales como Sor Juana. "Hacerlo es ir saliendo de la niebla, de la condescendencia y del prejuicio, para que se nos respete como realmente somos". Al finalizar su discurso, Gioconda Belli expresó que todos los seres humanos viven entre el bien y el mal, y "escribimos una historia amable que nos lleve de regreso al paraíso terrenal, porque quizás el Edén no haya sido el principio de la especie, sino el final soñado por el Creador. Quizás los primeros personajes hayan tenido que llegar poco a poco al estado animal y evolucionar desde ahí. Serán ustedes quienes decidan sobre mi atrevimiento intelectual. Yo sólo espero que sean adanes o evas y se encuentren reflejados en mi libro y lo disfruten".

El premio Sor Juana está dotado con 10 mil dólares y también otorga la opción para que la obra sea traducida al inglés y publicada por la editorial Curbstone Press, así como la elaboración crítica de la editorial de la Universidad Católica de Salta, en Argentina.

La Jornada - México D.F., 5/12/2008


Devolver la memoria al poeta

Silvina Friera

Miguel Angel Bustos desapareció dos veces. Un grupo paramilitar irrumpió en su departamento de Parque Chacabuco, sobre la calle Hortiguera (Buenos Aires), el 30 de mayo de 1976. Encerraron a la esposa y al hijo de cuatro años en la cocina. Revolvieron y rompieron todo lo que pudieron, pero sus libros y manuscritos inéditos quedaron a salvo de la rapiña. "Traiga una manta que va a hacer frío", le avisaron. El poeta le dio el último beso a su hijo, y se lo llevaron. Después del secuestro comenzó la desaparición simbólica. De su nombre y de su obra. Hasta hace un tiempo sólo circulaban una antología y algunos libros originales, sucesivamente fotocopiados y pasados de mano en mano. De vez en cuando, el estoico buscador de perlas podía encontrar un libro de Bustos en alguna librería de viejo. Disimulando, mal o bien, la sorpresa por el hallazgo, lo compraba y lo integraba a esa amorosa cadena de circulación manual. Hubo que esperar casi tres décadas para revertir esa ominosa supresión de su palabra, para que la poesía de Miguel Angel volviera a "desplazarse en la tierra, como los astros se desplazan en el espacio". Visión de los hijos del mal (Argonauta), la poesía completa de Bustos, que incluye poemas inéditos fechados entre 1958-1962 y 1970-1972 y un apéndice con dos poemas de Juan Gelman dedicados al poeta, es el acontecimiento editorial del año. El libro repone, finalmente, la obra de un autor fundamental de la generación poética del '60.

Bustos publicó cinco libros entre 1957 y 1970: Cuatro murales (1957), Corazón de piel afuera (1959), Fragmentos fantásticos (1965), Visión de los hijos del mal (1967), con prólogo de Leopoldo Marechal; y El Himalaya o la moral de los pájaros (1970), los dos últimos editados por Sudamericana. En el prólogo de la poesía completa, su hijo Emiliano, poeta y dibujante como su padre, advierte que generalmente se ha vinculado la obra de Bustos a los llamados autores malditos, especialmente Nerval, Lautréamont, Baudelaire y Rimbaud. También se han tomado los rasgos de una búsqueda trascendente presentes en su poesía -según lo entendió Marechal- como referentes de su estilo. Otros han subrayado la proximidad de Bustos con el surrealismo y su amistad con Aldo Pellegrini. En su obra, sin duda, hay un tono humorístico y en ciertas ocasiones absurdo, que tal vez proceda de sus lecturas de Jarry y Kafka. No es fácil ubicarlo en el contexto sesentista, "aunque es indudable el registro conversacional que atraviesa muchos de sus textos", apunta Emiliano, especialmente presente en Fragmentos fantásticos. El romanticismo alemán ejerció una gran influencia en su espíritu, particularmente las obras de Novalis y de Hölderlin, pero "es incorrecto describirlo como un poeta netamente romántico". Bustos, además, fue un gran lector de la generación del '27 (García Lorca, Cernuda y Aleixandre), generación que a su vez recuperó a Góngora, otro de sus referentes. "Sonoro campo de estrellas. / Han dicho sonoro campo de estrellas. ¿Oíste? / Nada. Es Góngora que juega en las alturas", lo evocó en uno de los breves poemas de Visión de los hijos del mal.

La relación de Bustos con la poesía española fue particularmente intensa en la década del '60, cuando el poeta intercambió correspondencia con Jaime Gil de Biedma, Rafael Jaume y Aleixandre. Incluso tenía pensado trabajar la obra de algunos poetas españoles contemporáneos, tal vez Celaya, Blas de Otero y Sahagún, entre otros nombres -según afirma Jaume en una carta de diciembre de 1961, en la que también le facilita la dirección de José Agustín Goytisolo-, aunque no quedó registro de ese estudio proyectado. "En algunas firmas de esta época dibujaba una estrella sobre la i de Miguel, tal vez imitando la que Hernández también dibujaba sobre su nombre", sugiere Emiliano. "El lenguaje de las culturas precolombinas, redefinido por sus propias herramientas, resultó ser el espacio en donde su poesía terminó vertiéndose -plantea Emiliano-. Basta el ejemplo de El Himalaya o la moral de los pájaros. Paradójicamente no es éste un rasgo que haya sido suficientemente estudiado hasta hoy".

"La lectura que se hizo de los poetas y escritores desaparecidos, útil, necesaria, imprescindible, buscando alguna relación más o menos mecánica entre sus obras y su vidas, y particularmente entre sus obras y sus militancias, especialmente en Walsh y Urondo, no funcionó en el caso de la obra de mi padre", dice Emiliano a Página/12. En Vientre profeta sin tiempo, uno de sus mejores poemas de Visión de los hijos del mal, Bustos señalaba: "Yo no soy de ningún siglo. / Vivo ausente del tiempo. Soy mi siglo como soy mi sexo y mi delirio. / Soy el siglo liberado de toda fecha y penumbra". Emiliano encuentra en esos versos una percepción que hace aún más complejo el posicionamiento del poeta respecto de su época. "Quizás esa mirada diferente hacia su tiempo pudo dificultar la lectura de su obra, que se hizo en clave de vitalismo, de revolución, y que terminó siendo el modo en que se leyó una parte de la obra de Urondo y de Gelman", explica Emiliano. La inclinación de Bustos hacia lo metafísico, según observó Marechal en el prólogo de Visión de los hijos del mal, "no se realiza en el modo conceptual sino en el modo experimental, sabroso en sus penurias y penoso en sus iluminaciones".

"El temblor del hombre es una profecía", anunció el joven poeta de intensos ojos verdes en el poema Eleazar, el profeta. Los versos de Bustos tiemblan y hacen temblar a los lectores. "Un día seré la ausencia visible de Miguel Angel / luego mi olvido. / La marca de un pie desnudo sobre el agua. / Un gesto / una espalda/", anticipó en Me afirmo en la tierra, incluido en Corazón de piel afuera, un libro "sin antecedentes en la poesía argentina, de un vuelo lírico poderoso y maduro", presentado y prologado por Gelman.

La pulsión vital de Bustos incluía su pasión por el dibujo. Cuatro de sus cinco libros llevan ilustraciones suyas, exceptuando Corazón de piel afuera. "Su obra gráfica -precisa Emiliano- cobra particular madurez a fines de los '60; es en ese entonces cuando adquiere el estilo minucioso, impecable y alucinatorio que caracterizaría las obras que expuso en diciembre de 1970 en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos". En una entrevista publicada en Análisis, el poeta revelaba cómo se conjugaban la poesía y el dibujo en su último libro El Himalaya o la moral de los pájaros. "Busqué construir una especie de códice, apoyado en un texto y en dibujos. Lograr lo equivalente a un ideograma chino o japonés -comparaba Bustos-. Pintar el verbo es mi obsesión. Yo quise que este libro se abriera y se leyera como los sacerdotes mayas o aztecas cuando abrían a pleno sol sus códices y leían las figuras o jeroglíficos transmutados así: el dibujo era verbo; y el verbo, dibujo".

Bustos, el primero de cuatro hermanos, nació el 31 de agosto de 1932 en Buenos Aires. A los siete años, para un concurso, escribió su primer poema, en el que compara a la madre con un tigre, con una leona que amamanta a los tigres. Su abuelo materno, Carlos von Jöcker, fue el médium entre el niño y los libros, relación que el poeta plasmó en su poema Los patios del tigre, de Fragmentos fantásticos, indudablemente su libro más autobiográfico: "Agregaba mi abuelo a la magia reinante sus oros de Gran Maestro. Sus libros que, poco a poco, fueron siendo mis pájaros". Al temblor tan característico del poeta -acaso un resabio del asma y la epilepsia que padecía- habría que agregar el protagonismo que adquiere la madre en muchos de sus poemas; madre amada, evocada, interpelada. "Mamá. / Cuevita / cálida con música. / ¿No regresas?"; "Mamá, / lunita / suave / cálida"; "Voy en el vientre de mi madre. / Faltan dos meses para que nazca enfermo toda la vida"; "Madre. / Este es el segundo / en que te llamo y en vos llamo a todas las dulces bocas / ojos de leche de las mujeres que se me mueren". Emiliano confirma esta importancia de la madre en los poemas de Bustos y añade que la figura paterna sólo es mencionada, oblicuamente, en Fragmentos fantásticos: "Cuando murió mi padre, nació su olvido".

"Siempre hubo una relación muy fuerte con la madre, de amor-odio como suele suceder", reconoce Emiliano. "La conocí bastante a mi abuela, porque viví con ella. Mi abuela había perdido un embarazo, y tuvo una relación muy especial con mi padre. Mi abuela y mi papá tenían los mismos ojos verdes, eso era muy impresionante; y seguramente había otras conexiones, no era sólo una cuestión física. Hay un amor muy fuerte, pero también un desamparo mutuo que él trabaja cuando se relaciona con la madre a partir de la poesía. El tenía una relación muy intensa con lo femenino, pero no únicamente en el sentido nerudiano sino que en la madre comprendía a alguien que estaba desamparado por la vida porque no había tenido el destino que ella quería, por sus tragedias cotidianas. En fin... había algo muy poderoso en ese vínculo".

La poesía de Bustos no se amolda a la idea de "compromiso" tal como se la entendía en el contexto de los años '60 y '70. Como periodista -colaboró en Siete Días, Panorama, La Opinión y El Cronista Comercial- no produjo un discurso únicamente circunscripto a sus intereses literarios específicos. "Yo creo que la poesía es de origen divino. Eso lo creo absolutamente. Desde el momento en que tiene un origen secreto y un origen oculto. Pese a que creo que tiene un origen oculto, secreto y divino, personal en cada poeta, eso no me quita, en mi caso, una militancia", definía Bustos su posición en una entrevista publicada en Clarín en 1971. "Naturalmente que no escribo del origen divino sino que escribo de mi mano, con mi lapicera. Por lo tanto, yo adopto una posición política que es bien clara. Creo que es imposible escapar a esa militancia política desde el momento en que no se puede escapar de nada. Es mejor conceder que la militancia política nos tome que tratar de huir de ella. Es irremediable".

El compromiso militante de Bustos se profundizó hacia 1973. El detonador fue la masacre de Trelew. "Puede el sur ser más bello que el norte de fuego / pero siempre para mí será Trelew la región de la muerte / de mis hermanos", escribió en Sangre de agosto, poema publicado en la revista Nuevo Hombre, próxima a las concepciones del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), donde colaboró como redactor. "Cuando velaron a las víctimas en una de las sedes del Partido Justicialista, mi viejo fue con varios militantes", recuerda Emiliano. "Hubo una razzia, entraron las tanquetas y los sacaron a todos a palazos. Estaba la policía dándole a todo el mundo y le entraron a dar a mi viejo. En un momento, abrazado a uno de los cajones, mi viejo gritaba: El dolor no existe. Siempre me quedó esa imagen". "El ángel de Miguel ha sacado su corazón instalándolo en la vida, en los hombres que la mueven, ha logrado la hazaña; tóquese esta poesía: su presencia es mágica y trae la felicidad", sintetizó Gelman. Emiliano asocia esta sistemática aparición del temblor con la pulsión vital de Bustos. "Temblor es una palabra ligada a lo vital, a lo sanguíneo, al ritmo cardíaco. Hablando del lenguaje poético de mi padre, hay críticos y poetas que se refieren a lo prenatal o chamánico, a un lenguaje difícil de clasificar. Ojalá haya tenido la fortaleza para soportar lo que le hicieron después de que se lo llevaron de casa".

Página/12 - Buenos Aires, 20/10/2008


Para releer la cultura

Silvina Friera

"¿Qué hubiera sido de nosotros si no hubiera existido Sur?", se pregunta Gabriel García Márquez. "Gracias a sus libros conocimos autores de otra manera inalcanzables". Para varias generaciones de argentinos y latinoamericanos esa revista fue una puerta de ingreso "al mundo". En el primer número, que apareció en Argentina en el verano de 1931, su directora y fundadora, Victoria Ocampo, expresaba en una carta abierta al escritor Waldo Frank que el objetivo era tender un puente entre la cultura sudamericana y la norteamericana para explorar y comprender "nuestra América". El eje norte-sur pronto sería desplazado por una ávida mirada hacia Europa. José Bianco, autor de Las ratas, secretario de redacción de Sur durante veintitrés años, la definió como una revista democrática, en la que colaboraban los escritores de las más variadas tendencias, que "ponía en práctica el derecho de disentir". Para ilustrar este disenso, Bianco recordaba que en uno de sus viajes a París vio Las criadas y decidió comprarle la pieza teatral a Jean Genet para publicarla en Sur. "Victoria era muy moral y no le gustaba la obra, pero le reconocía calidad literaria. En el año 1948 la publicó con una nota que explicaba que a ella no le gustaba".

Con una política de inclusión de textos basada en la calidad, en sus páginas convivían Mallea, Borges, Julio Cortázar, María Elena Walsh, Ernesto Sabato, Adolfo Bioy Casares, Juan José Hernández, Alberto Girri y Alejandra Pizarnik, entre otros. "Alejados tanto de los homenajes sacralizadores como de las demoliciones punk, tratamos de volver a pensar momentos, hitos, monumentos, textos y contextos que aportaron a que nuestra cultura sea lo que es", plantea Daniel Molina a Página/12. "De ahí que nos valgamos de la excusa de la primera traducción de Jean-Paul Sartre a nuestro idioma realizada por Sur hace 70 años. Nos gustaba ese choque entre la imagen difundida por el izquierdismo, que veía en Sur un medio que expresaba el cholulismo de una oligarca y su corte, y la aparición en nuestra lengua de un intelectual que signó buena parte del debate socio-cultural-político-filosófico durante el siglo XX y que lo hizo desde una posición que no podemos dejar de llamar progresista". Molina señala que como la revista acompañó el debate cultural durante varias décadas, este homenaje es también un "pretexto perfecto" para releer buena parte de nuestra cultura moderna. "Uno de los muchos aspectos que nos interesó de Sur era su ser contradictorio, por ejemplo, su espíritu cosmopolita y a la vez su conciencia de estar y actuar desde un lugar descentrado: de allí, el logo de Sur, esa flecha que señala hacia abajo -recuerda Molina-. Con sus contradicciones, puntos a favor y debilidades, la revista se pensó y se concretó como arma en favor de la modernización de la cultura y de la sociedad argentina. Y ese gesto y ese rasgo son los que le ganaron su lugar privilegiado en la historia de nuestros debates".

En las tres primeras décadas de la vida de Sur (de los '30 a los '50) el debate por la cuestión nacional de las culturas fue uno de los puntos centrales. "Se dio acá, en Brasil y en Europa; la Segunda Guerra Mundial puede pensarse, entre otras cosas, como el pasaje a las armas de esa discusión", sugiere Molina. "Borges escribió por esos años su artículo El escritor argentino y la tradición, en el que se enfrenta con el nacionalismo. En ese enfrentamiento contra el nacionalismo, Sur apoyó causas progresistas, como la República Española contra el franquismo, que entre otros defendía Julio Cortázar, y militó en la difusión en nuestro idioma y en nuestro ámbito de las principales literaturas e ideas de la época". Director del Area de Letras del Rojas, Molina admite que entre los elegidos por Victoria Ocampo hubo mucho tomado de la "segunda selección", como Rabindranath Tagore o Pierre Drieu La Rochelle, pero también a través de Sur se conoció a casi todos los más importantes escritores del mundo: desde Joyce a Celine, pasando por Jean Genet, Virginia Woolf o William Faulkner. "Para la mayoría de los escritores del boom latinoamericano de los '60, lo han reconocido García Márquez, Fuentes y Vargas Llosa, la revista funcionó como la puerta que conectó la cultura de América Latina con lo que estaba sucediendo en los centros de producción y difusión de las grandes ideas de la época, que no estaban entonces ni están ahora en América Latina", aclara Molina. "La revista pudo hacer eso porque se hizo cargo de no estar en el centro, sino en el sur; ese descentramiento era una toma de posición".

Ensayista y editor de la revista de artes visuales Ramona, Rafael Cippolini dice que hace varias generaciones que "leemos la revista Sur como si fuera una enciclopedia: no ya como el órgano de intervención que fue, sino como una biblioteca de temporalidad difusa". El autor de Contagiosa paranoia subraya que la notoria marginalidad de las artes visuales en las páginas de la revista "permiten analizar mejor el proyecto en su conjunto: el discurso sobre las políticas de la imagen como trampolín para tomar distancia de la omnipresencia de la literatura, la filosofía y el ensayismo crítico". En el terreno de las artes visuales, según Cippolini, no hubo mucho debate. "Se trató de invectivas aisladas, de posiciones no del todo dialogadas", opina el ensayista. "Pero, sin dudas, el debate más visible fue el choque de ideas entre Julio Payró y Guillermo de Torre sobre los devenires y glosarios de la abstracción en la posguerra, una discusión plural que muy pronto se encapsuló. Fue la contienda teórica más nutrida. Opinaron Kosice, Maldonado, Mujica Lainez, Córdova Iturburu y Del Prete, entre otros. Sucedió en 1951 y fue un debate interno con invitados".

"Sur llegó muy mal a los sesentas-setentas, que indudablemente son las décadas en las que podemos fechar los inicios de nuestra contemporaneidad en las artes visuales", analiza Cippolini. "Críticos como Parpagnoli o Bayón intentaron ponerla en sincro, pero el sismógrafo de la época era la revista Primera Plana. Sin embargo, es cierto que la publicación de Victoria fue retomada algunas veces como arqueología de una singularísima modernidad, más al modo de un síntoma cultural que artístico, aunque invariablemente vintage. No olvidemos que para los artistas de esta década, así como los de los '80 o '90, el Di Tella es tan histórico y lejano como Sur. Se entiende que no necesiten hundirse en un pasado que se les antoja por demás remoto".

Página/12 - Buenos Aires, 8/10/2008


Los espejos de Eduardo Galeano

Jorge Majfud

Son muy pocos los casos de escritores que sostienen una total indiferencia por la ética de su trabajo. No son pocos los que han entendido que en la práctica literaria es posible separar la ética de la estética. Jorge Luis Borges, no sin maestría, practicó una forma de política de la neutralidad estética y quizás estuvo convencido de esta posibilidad. Así, el universalismo del precoz posmodernismo borgeano no era otra cosa que el mismo eurocentrismo de la Era Moderna matizado con el exotismo propio de un imperio que, como el británico, se aferraba con la nostalgia de viejo decadente a los misterios de la India sometida y de las noches de una Arabia fuera de los peligros de la historia. No era el reconocimiento de la diversidad -de la igual libertad- sino la confirmación de la superioridad del canon europeo adornado con souvenirs y botines de guerra.

Quizás hubo un tiempo en que verdad, ética y estética eran lo mismo. Quizás fueron los tiempos del mito. También ha sido un rasgo propio de lo que llamamos literatura del compromiso. No una literatura hecha para la política sino una literatura integral, donde el texto y el autor, la ética y la estética van juntos; donde literatura y metaliteratura son la misma cosa. Diferente ha sido el pensamiento publicitario de la posmodernidad, estratégicamente fragmentado sin conexiones posibles. Legitimados por esta moda cultural, los críticos del establishment se dedicaron a rechazar cualquier valor político, ético o epistemológico de un texto literario. Para este tipo de superstición, el autor, su contexto, sus prejuicios y los prejuicios de los lectores quedaban fuera del texto puro, destilado de toda contaminación humana. Pero ¿qué quedaría de un texto si le quitamos todo lo metaliterario? ¿Por qué el mármol, el terciopelo o el sexo repetido hasta el vacío habrían de ser más literarios que el erotismo, un drama social o la lucha por la verdad histórica? Rodolfo Walsh dijo que una máquina de escribir podía ser un abanico o una pistola. ¿No ha sido esta fragmentación y posterior destilación una estrategia crítica para convertir la escritura en un juego inocente, en un calmante más que en un instrumento de inquisición contra la musculatura del poder?

En su nuevo libro Eduardo Galeano contesta estas preguntas con su inconfundible estilo -Borges reconocería: con amable desdén-, sin ocuparse de ellas. Como sus libros anteriores desde Días y noches de amor y de guerra (1978), Espejos está organizado con la fragmentación posmoderna de la cápsula breve. No obstante todo el libro, como el resto de su obra, muestra una inquebrantable unidad. Su estética y sus convicciones éticas también. Aun en medio de las más violentas tormentas ideológicas que sacudieron la más reciente historia, esta nave no se ha resquebrajado.

Espejos amplía a otros continentes el área geográfica de América Latina que había caracterizado por décadas el interés principal de Eduardo Galeano. Su técnica narrativa es la misma que de la trilogía Memoria del Fuego (1982-1986): con un narrador impersonal que cumple con el propósito de aproximarse a la voz anónima y plural de "los otros" y evitando la anécdota personal, con un orden temático algunas veces y con un orden cronológico casi siempre, el libro se inicia con los mitos cosmogónicos y culmina en nuestros tiempos. Cada breve texto es una reflexión ética, casi siempre reveladora de una realidad dolorosa y con el invalorable consuelo de la belleza de la narración. Quizás no otro es el principio de la tragedia griega: la lección y la conmoción, la esperanza y la resignación o la lección mayor del fracaso. Como en sus libros anteriores, el paradigma del escritor comprometido latinoamericano, y sobre todo el paradigma de Eduardo Galeano, parece reconstruirse una vez más: la historia puede progresar, pero ese progreso ético-estético tiene por destino utópico el origen mítico y por instrumentos de lucha la memoria y la conciencia de la opresión. El progreso consiste en una regeneración, en la recreación de la humanidad tal como lo hiciera el más sabio, justo y vulnerable de los dioses amerindios, el hombre-dios Quetzalcóatl.

Si quitásemos el código ético desde el cual se realiza la lectura de cada texto, Espejos estallaría en fragmentos brillantes; pero no reflejarían nada. Si quitásemos la maestría estética con la cual fue escrito este libro dejaría de ser memorable. Como los mitos, como el pensamiento mítico que reivindica su autor, no hay forma de separar una parte del todo sin alterar el sagrado orden del cosmos. Cada parte no es sólo un fragmento alienado sino una pequeña pieza que ha desenterrado un arqueólogo consecuente. La pequeña pieza vale por sí sola, pero mucho más vale por los otros fragmentos que han sido ordenados y éstos valen aún más por aquellos fragmentos que se han perdido y que ahora se revelan por los espacios vacíos que se han formado, revelando el jarrón, toda una civilización sepultada por el viento y la barbarie. La primera ley del narrador, no aburrir, se cumple. La primera ley del intelectual comprometido también: en ningún caso la diversión se convierte en narcótico sino en lúcido placer estético.

Espejos ha sido publicada este año simultáneamente en España, México y Argentina por Siglo XXI, y en Uruguay por Ediciones del Chanchito. Esta última continúa una colección ya clásica de tapas negras alcanzando el número 15, representado significativamente con la letra ñ. Los textos van acompañados de ilustraciones a manera de pequeñas viñetas que recuerdan el cuidadoso arte de la edición de libros en el Renacimiento además de la época juvenil del autor como dibujante. Aunque su concepción del mundo lo lleva a pensar de forma estructural, es difícil imaginarse a Eduardo Galeano pasando por alto algún detalle. Como buen joyero de la palabra que pule en búsqueda cada uno de sus diferentes reflejos, así también es cuidadoso en las ediciones de sus libros como objetos de arte. Con cada entrega, este icono de la literatura latinoamericana nos confirma que otros premios formales, como el Premio Cervantes, se están demorando demasiado.

Página/12 - Buenos Aires, 18/7/2008


Los estallidos del sentido poético

Silvina Friera

Hay que seguirle el ritmo a la poeta Andrea Cote Botero, considerada una de las voces más interesantes de la poesía colombiana. No alcanza con trotar a la par de sus palabras. Ella impone su propia velocidad y corre como si fuera una atleta olímpica, casi sin hacer pausas, sin dejar espacios en blanco, acaso con la urgencia de quien tiene sólo veinte minutos para llegar a la meta. Por momentos parece imposible alcanzarla. "Hablo hasta por los codos. Si me tapan la boca, me salen letreros", dice a Página/12.

El vértigo inicial que provoca escucharla hablar en su primera visita a Argentina -invitada a la quinta edición del Festival Latinoamericano de Poesía Salida al mar- es inversamente proporcional al efecto que generan los poemas de su primer libro, Puerto Calcinado (2003), una lúcida invocación de Barrancabermeja, ciudad petrolera del centro de Colombia, a orillas del río Magdalena, una de las zonas más calientes del país, con temperaturas que suelen superar los 40 grados, donde la poeta nació en 1981. Ese poemario le permitió ganar en 2005 el Premio Internacional de Poesía Puentes de Struga, otorgado por la Unesco y el Festival de poesía de Macedonia (antigua Yugoslavia). Los poemas de Cote Botero, con un aire de morosidad provinciana y un dejo de canción de cuna, buscan el lento estallido del sentido en cientos de imágenes que permiten ver la aridez de un paisaje, sus grietas, sus cenizas. Y los rostros del miedo. Bien se podría parafrasear a la poeta y afirmar, sin exagerar, que si a Cote Botero le tapan la boca, le salen poemas.

La obra de Cote Botero ha sido elogiada por sus pares colombianos. Piedad Bonnett dice que "recrea, en un lenguaje ambiguo, pleno de significados, un mundo muy propio, de tendencia intimista, poblado de elementos recurrentes que señalan la urgencia de sus fantasmas, la necesidad de transformar la experiencia en palabra". Para Juan Manuel Roca, los poemas de la autora de Puerto Calcinado "revelan un impulso por no escamotear ni la tragedia, ni el olvido, en los que se envuelve nuestro drama individual y colectivo. Es la suya una poesía reflexiva que busca la expresión de un paisaje calcinado en imágenes justas, en ritmos diversos".

La ciudad natal de la poeta floreció a principios del siglo XX por el hallazgo de unos yacimientos petrolíferos cuya explotación fue concedida por el Estado colombiano a la empresa norteamericana Tropical Oil Company. "Los españoles le pusieron Barrancabermeja a ese lugar, que los indios llamaban La Tora, porque la tierra es roja, muy seca, y se desmorona fácilmente. Es como si fuesen estalactitas de arena. Visualmente es muy bonita, pero muy infértil; es un desierto con mucha maleza. El encuentro con ese paisaje fue una manera de aprender a decir ciertas cosas", cuenta Cote Botero, autora de los ensayos Blanca Varela y la escritura de la soledad (2004) y Una fotógrafa al desnudo. Biografía de Tina Modotti (2005) y del poemario A las cosas que odié.

"El gran misterio de la literatura es para mí la correspondencia, cuando descubres que lo que otro dice es pertinente para ti, no importa que lo diga a la otra orilla del tiempo", plantea la poeta. A Barrancabermeja, como tantas orillas alejadas del "centro", no llegaban fácilmente los libros. "Recién comencé a armar mi propia biblioteca cuando un profesor de dibujo que me daba clases particulares empezó a regalarme libros". Tenía 11 años y muchas ganas de contar historias. "Escribía diarios no para hacer algo con la escritura, sino para que la escritura hiciera algo conmigo, que es lo que siempre pasa porque comienzas a escribir con un propósito, pero sales del otro lado con un resultado diferente. Uno no escribe lo que piensa sino que piensa escribiendo; la escritura piensa, es el lenguaje mismo", explica Cote Botero.

Nieta de un obrero petrolero socialista y de una inmigrante italiana, Cote Botero, a punto de cumplir 27 años el próximo 27 de julio, admite que su familia le dio muchas nociones del encuentro y del viaje, que fueron y son fundamentales en su poesía. "Al principio mis padres pensaban que no estaba mal que escribiera, que no importaba lo que hiciera con mi tiempo. Pero cuando les dije que iba a hacer la carrera de letras, se asustaron un poco", recuerda la poeta. En la puerta de la facultad de literatura donde estudió, en la Universidad de los Andes, en Bogotá, hay una placa con un fragmento de un poema de Quevedo, Burla de los eruditos de embeleco, que enamoran a feas cultas: Mala cara y buen lenguaje/ pidan cátedra y no coche/ tengan oyente y no amante. Sí, suena tremendo, pero Cote Botero invita a quien no le crea a acercarse a esa facultad para comprobar que la placa sigue allí.

En el festival de poesía de Medellín, sin duda uno de los más importantes del mundo, Cote Botero leyó sus poemas ante más de 3000 personas. "Cuando los poetas leemos no somos muy concientes de qué manera aquello que escribimos va a significar para otros. Pero comunicamos nuestro deseo de decir. Leer ante mucha gente es una experiencia abismal porque lo que estás presenciando es una afirmación de la vida, sobre todo porque el público es fundamentalmente gente joven, que son lectores en otros espacios solitarios y de repente se encuentran de una manera muy ancestral en un lugar que es casi ritual", subraya la poeta. "El festival de poesía logra convocar a un grupo de personas que, al momento de escoger una representación, en términos de quién habla en nombre de sus sentimientos, eligen la poesía como manifestación". Y recuerda la manera en que lo elemental se vuelve invisible en ciertos contextos. "En mi país parece haberse olvidado que la vida es sagrada. Ni una sola vida más se debe pagar para que Colombia salga de esta guerra", advierte la poeta.

Lectora de literatura de Latinoamérica, Cote Botero sostiene que uno de los libros que más la marcó, que vuelve a leer infinitas veces con el deseo de aprender de esa sensibilidad, es Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Además de Rulfo, César Vallejo y su amadísima Blanca Varela, confiesa que es muy lectora del boom y de Gabriel García Márquez, "como todos los colombianos", pero especialmente de El otoño del patriarca "porque esa escritura trabaja con el ritmo y la evocación". De la literatura argentina menciona a Osvaldo Lamborghini, César Aira y poetas contemporáneos como Washington Cucurto, Damián Ríos y Fernanda Laguna. "Tengo la sensación de que hay una generación de escritores argentinos que está escribiendo muy buenos libros, pero que también está trabajando en nuevas maneras de circulación, de asociación y de encuentros con el otro".

Página/12 - Buenos Aires, 17/7/2008


Chumacero, el poeta obrero

Diego Cevallos

A sus 90 años y con apenas tres libros publicados, el poeta mexicano Alí Chumacero es toda una institución en la literatura local. Gracias a seis décadas de trabajar como tipógrafo y editor, muchos de sus colegas, ya fallecidos, escalaron a la fama y los aún vivos engrosan un batallón de fieles amistades. Chumacero es desde junio y lo será hasta el fin de año centro de numerosos homenajes en México por su cumpleaños. "No le deseo la inmortalidad porque sería castigarlo, pero sí que cumpla su promesa de morir a los 500 años apuñalado por un marido celoso", escribió a propósito del cumpleaños del mexicano, su amigo el poeta argentino Juan Gelman, ganador el año pasado del Premio Cervantes.

Dueño de una escasa pero reconocida poesía, Chumacero ha trabajado por más de 60 años detrás de un escritorio en el estatal Fondo de Cultura Económica como corrector, tipógrafo y editor. Además, ha sido un incansable compilador de obras de varios escritores. El poeta, que goza de cabal salud, se reivindica como un "obrero del libro". "No soy un intelectual, yo trabajo como un albañil, viendo papeles y anotando. No acarreo ladrillos, pero tomo la pluma para hacer trabajo menor. Nunca dejaré de ser un obrero del libro", declaró en uno de sus homenajes.

Pero Chumacero es además un poeta y de los mejores, y "un hombre reconocido por solidario, promotor de otros, tolerante y dueño de un humor de carcajada inevitable", dijo a IPS el profesor de literatura Santiago Barrientos. La obra de este poeta es corta, pero suficiente para ubicarlo como una "institución de las letras mexicanas", señaló. Según el escritor Carlos Montemayor, la obra de Chumacero debe ser considerada clásica, "porque sus raíces se remontan a los preclaros orígenes de Quevedo, a la serenidad, elegancia y nitidez de la mejor poesía del Siglo de Oro, y porque su presencia es ya fundamental en las letras mexicanas". Es una "poesía en cuya cadencia ninguna voz, ningún verso, ninguna frase destruye el ritmo interior y perfecto con que se integra el poema", expresó Montemayor en uno de los homenajes al longevo poeta.

El otoño, la rosa y las violetas/ nacen de ti, movidos por un viento/ cuyo origen viniera de otros labios/ aún entre los míos, escribió Chumacero en su poema Amor entre ruinas. Más retiro mi rostro de tus ojos/ porque ya no podré pensar una palabra/ que no habite tu nombre,/ y porque surges hasta del silencio/ como enemiga que desdeña el arma/ y de improviso nace entre las sombras,/ cuando sin ti yo no sería/ sino un olvido abandonado/ entre las ruinas de mi pensamiento, reza su poema Entre mis manos.

Chumacero, que es autor de los poemarios Páramo de sueños (1940), Imágenes desterradas (1948) y Palabras en reposo (1956), declaró hace poco que no se arrepiente de haber escrito poco. "Prefiero escribir un verso que perdure y no 40 libros de los cuales no se acuerde nadie", expresó. Como editor y tipógrafo trabajó con obras de compatriotas suyos como Octavio Paz (1914-1998), ganador en 1990 del Premio Nobel de Literatura, del también laureado Carlos Fuentes y el reconocido poeta José Gorostiza (1901-1973). Como poeta ganó importantes premios literarios locales, el Xavier Villaurrutia (1984), Alfonso Reyes (1986) y el Nacional de Ciencias y Artes (1987). El escritor y promotor cultural Emmanuel Carballo, dijo que Chumacero "ha sido mi maestro y el hombre que me enseñó a escribir. El corregía mis artículos. Lo único ileso era: por Emmanuel Carballo. Todo lo demás lo había corregido, puesto en español y vuelto inteligente".

Chumacero se precia de tener docenas de amigos hechos al fragor de la literatura. Sus fiestas de cumpleaños, realizadas puntualmente cada 9 de julio, asisten muchos de ellos y lo transforman en un acontecimiento cultural siempre reseñado en la prensa local. "No me gusta ni la seriedad ni la fama. La fama sólo hace que se desvele uno y se canse. Por eso uno después está durmiéndose en la calle, en el taxi o en la oficina. Mejor ser rico que famoso", declaró en tono de broma al diario Reforma.

Chumacero casi nunca habla de política ni le gusta dar opiniones sobre el panorama artístico. Por eso, dice él, ha logrado tener tantos y tan buenos amigos. "Aunque sea un hombre de izquierda, no tengo derecho a inventarme pretextos. Prefiero hacerle un poema a una mirada o a la caída de una flor", expresó. Para el profesor Barrientos, Chumacero tiene fama de ser paciente y directo con sus amigos. "Eso se ve en su poesía, es un hombre transparente, limpio, sin agendas o intereses ocultos como sucede con muchos otros escritores", opinó.

Cesa tu voz y muere/ sobre tus labios mi alegría./ No habrá palabra que en tu piel levante/ ni un incierto sabor de brisa oscurecida/ como el recuerdo que en mis ojos deja/ el paso de tu aliento,/ porque vives inmersa en tu silencio,/ impenetrable a mis sentidos/ y si mis manos en tu piel se posan/ inclinas la cabeza,/ navegas en un tiempo que escucha tu latido,/ y entre sus aguas, inundándote/ bajo la tersa forma de su espejo, reza el poema A una estatua. En Diálogo con un retrato, escribe: Surges amarga, pensativa,/ profunda tal un mar amurallado;/ reposas como imagen hecha hielo/ en el cristal que te aprisiona/ y te adivino en duelo,/ sostenida bajo un mortal cansancio/ o bajo un sueño en sombra, congelada.

Sobre la inevitable muerte, declaró hace poco que se trata de "un accidente pequeño porque es rápido. Ya ejecutada, es largo, parece que no tiene vuelta. Lo importante es la vida y por lo que hay que luchar es por no ser feliz. Son felices los tontos. Una persona no tiene porque ser feliz, tiene que luchar, ver el mundo. La felicidad es la muerte. Hay que estar siempre contra la felicidad. Cada día se presentan dificultades, hay que enfrentarlas y buscar la manera de que alguien las resuelva", señaló el longevo poeta.

Ips - 10/7/2008


"Quise poner el dedo en la llaga"

Silvina Friera

La llegada de Andrea, joven exiliada uruguaya de veinte años que vive en Suecia desde los tres, altera la vida de los miembros de su familia, fracturada por el terrorismo de Estado. Todo le parece ajeno, extraño; no tiene recuerdos de los paisajes de Montevideo ni de su gente ni de su padre. No se siente uruguaya; su patria quizá sólo sea su violín. Su padre, Gerardo, fue asesinado en la cárcel en 1973; su madre, Irene, primero se exilió en Chile, después en Suecia con su nueva pareja, Gonzalo, con quien tuvo a Fernando, pero en 1989 decidieron regresar a Montevideo sin Andrea, que prefirió quedarse sola, para continuar con su carrera como violinista en Europa. Su tío Ariel, que estuvo preso durante la dictadura y compartió la cárcel con su padre, no sabe si contarle a su sobrina lo que sucedió realmente con Gerardo. Su tía Adriana, su esposo Roberto y el hijo de ambos, Matías, son los que se quedaron, los que vivieron acorralados por el miedo y con la certeza de que "lo más peligroso era ser nosotros mismos, que nos descubrieran cualquier cosa, nuestro gusto por Zitarrosa". La rama materna se completa con la abuela Lil, que crió a su nieta durante tres años. Por la vía paterna, sólo queda el abuelo Raúl, un ser quebrado por la muerte de su único hijo y que nunca se interesó en conocer a su nieta.

En Apenas Diez, la escritora uruguaya Marisa Silva Schultze emprende una empresa poco frecuente en la narrativa uruguaya. La escritora ficcionaliza el impacto que tuvo la dictadura militar, que se extendió entre 1973 y 1985, en cuatro generaciones de uruguayos: abuelos, padres, hijos y nietos. La fractura entre el adentro y el afuera, los encuentros y desencuentros, las incomprensiones mutuas, los recelos agazapados estallan como si se destapara una olla a presión que tarde o temprano se iba a desbordar.

"Uno escribe siempre con los elementos de la realidad que conoce, los va mezclando y une fragmentos de aquí y de allá", dice Silva Schultze, profesora de Historia, poeta y narradora, que estuvo presa e incomunicada casi dos meses durante la dictadura. "En Uruguay hay mucho material testimonial sobre el pasado reciente, y me parece muy entendible, pero esto es ficción pura, es una novela. En otras partes del mundo están acostumbrados a que se escriban ficciones o se hagan películas sobre la guerra de Vietnam o sobre la Guerra Civil Española. A nosotros nos cuesta más pensar que con esa materia prima sobre nuestro pasado reciente podemos hacer literatura", señala la autora de Qué hacer con lo no dicho y La limpieza es una mentira provisoria, entre otros títulos, en la entrevista con Página/12.

-¿Por qué cuesta más hacer ficción con las dictaduras militares?

-Es un material muy reciente y aún no tomamos la distancia suficiente como para verlo como objeto literario. En Uruguay la frontera entre lo testimonial y la ficción es muy frágil y está muy desdibujada. La ficción permite problematizar el pasado. En esta novela inventé diez personajes y sus mundos internos. Cada uno habla del otro y dice lo que le pasa con el otro, cada uno da su versión e interpretación de los hechos, como sucede en todas las familias. La ficción permite ingresar puertas adentro de una familia. Sentí la necesidad de que la materia prima de mi literatura sea la familia, un escenario donde podemos poner la lupa y ver una serie de aspectos fundamentales del ser humano en relación. A mí no me gusta ahondar en el ser humano en solitario, creo que lo interesante del ser humano es cómo se vincula con los otros.

-La novela mete el dedo en la llaga en el tema de la traición entre los militantes de los años '70

-Lo que la novela justamente problematiza es que no hay traición. Gerardo, uno de los personajes, cae preso, dos o tres días después dice algunos nombres, no acepta eso de sí mismo y se suicida. El resto de los personajes no lo sabe, excepto Ariel, que entiende que no es una traición. Como dices tú, quise poner el dedo en la llaga porque "de eso no se habla" y es importante que la memoria signifique hablar de aquello que nos duele. La literatura tiene que servir para hacer más complejos los asuntos humanos. Pero además hay otro tema: el secreto familiar. En la mayoría de las familias hay secretos, en esta historia se relaciona con la dictadura. Me interesa cómo se conforman las familias a través de la ausencia de palabras, de lo no dicho.

-¿Por qué transcurre en 1991?

-Ya habían pasado seis años de la dictadura y dos de la Ley de Caducidad, que significó muchos años de silenciamiento. La Ley de Caducidad no impedía que siguiéramos hablando, pero generó un desánimo tal que se hablaba mucho menos, cosa que hoy los jóvenes de 25 o 30 años no se imaginan que era así: creen que hace treinta años que estamos hablando del tema. La novela se desarrolla en 1991 porque es el momento en que se han encontrado los que se quedaron con los exiliados que regresaron, es el momento del encuentro y a su vez de grandes desencuentros. Me interesó analizar los conflictos generacionales y los vínculos con esos dos abuelos que también son distintos. Hay una abuela que se hace cargo de lo que le pasa a su familia, que acompaña, y el otro abuelo, el padre de Gerardo, está lleno de odio porque han matado a su hijo. Su bronca y su odio es individual, su memoria también es individual, pero quién le puede decir a ese hombre que no tiene memoria, que no es víctima de la dictadura.

-El discurso de ese abuelo resulta intolerable, sobre todo cuando se niega a que le pongan el nombre de su hijo a una calle...

-El no quiere que su hijo sea reivindicado por la memoria popular. Es un ser humano que está sufriendo y es muy difícil juzgarlo. Muchas veces identificamos sufrimiento con pensamiento, con ideología, y no siempre es así. Andrea ha sufrido la dictadura, aunque no sabe nada, y el abuelo Raúl ha sufrido, sabiendo muy bien lo que pasó, pero no estando de acuerdo con la opción de su hijo. Es interesante plantear que el sufrimiento no necesariamente tiene que identificarse con una de las posiciones ideológicas. Toda la sociedad sufrió la dictadura.

-¿Por qué sus personajes piensan tanto?

-No sé si piensan mucho. Me imagino que así somos todos los seres humanos; que cuando estamos en la ventanilla de un colectivo, como le llaman ustedes, pensamos de manera desordenada, incongruente. Me interesa lo que le pasa a la gente por dentro cuando está viviendo. Escribo porque no puedo averiguar qué le pasa a cada uno de los que me rodean; entonces invento personajes. Tengo curiosidad por esa aventura mental de la gente común y corriente. No son pensamientos sólidos, estructurados; es el mundo interior más que los pensamientos. Es la literatura que me gusta hacer. Un camino que parte de una idea: la aventura más importante es la cotidiana. También es muy válido el escritor que escribe de lo excepcional, el asesinato, la locura, pero a mí me gusta más convertir a personajes comunes y corrientes en materia narrativa.

Página/12 - Buenos Aires, 25/6/2008


"Hay un espíritu más o menos anarco que nos abarca a todos"

Silvina Friera

El Mercosur de editoriales cartoneras empezó a funcionar en un pequeño espacio cultural de Almagro (Buenos Aires), "No hay cuchillos sin rosas", sobre la calle Guardia Vieja, donde nació la irreverente y colorida Eloísa Cartonera. Washington Cucurto, Javier Barilaro y Fernanda Laguna crearon este proyecto comunitario sin fines de lucro que, desde 2003, integra el trabajo de cartoneros, artistas plásticos y escritores en la edición de libros artesanales, elaborados con cajas de cartón, con tapas pintadas a mano, páginas fotocopiadas y tiradas limitadas, de 500 a 1000 ejemplares, de narradores y poetas de toda América Latina. El fenómeno se expandió en Perú con Sarita Cartonera; en Chile con Animita; en Bolivia con Mandrágora y Yerba Mala; en Paraguay con Yiyi Yambo; en Brasil con Dulcinéia Catadora, y la más reciente en México, La Cartonera.

Ahora mudada al barrio de La Boca, sobre Brandsen al 600, a metros de la Bombonera, la madre de todas las editoriales cartoneras invita a quedarse, a tomar mate, a escuchar cumbia y salsa en la vereda, mientras se hacen los libros con pinceles, témperas y cartones, a la vista de los vecinos y turistas que merodean por la zona. En el pequeño local, los libros publicados y agrupados en varios estantes dan cuenta de la diversidad del catálogo de Eloísa, con más de cien títulos publicados. Conviven, entre otros, César Aira y Ricardo Piglia, Leónidas Lamborghini y Enrique Lihn, Alan Pauls y Mario Bellatin, Fogwill y Andrés Caicedo, Arturo Carrera y Ricardo Zelarrayán.

Miriam Sánchez, más conocida como "la Osa", tiene 23 años y la remera de Boca gastada de tanto uso. Dejó de cartonear en las calles hace seis meses. Ahora, como todos, cumple múltiples funciones, desde pintar hasta distribuir los libros en las librerías, ferias, puestos callejeros e instituciones como la Universidad de las Madres y el Centro Cultural de la Cooperación, entre otras. Llega contenta, vendió todos los ejemplares en La Boutique del Libro de Palermo, y su sonrisa abraza al barrio. Uno quisiera llevarse a esta mujer a todas partes para escucharla y que cuente sus historias. "Yo era cartonera y siempre pasaba con mi carro. Quería saber qué era, entrar. Y le dije a mi marido, pero no tenía ninguna excusa porque no tenía buen cartón. Un día pedí pasar al baño para chusmear. Entré, hice como que fui al baño, pinté una tapa y me fui. Después de cinco meses me decidí a venir a trabajar acá, pero me recostó dejar el carro", confiesa la Osa, que todos los días viaja de La Plata hasta La Boca. "Me gusta ser famosa, que me hagan entrevistas, que me saquen fotos", admite y revela que sus libros preferidos son Salón de belleza, de Bellatin, y La cartonerita, un poema de Cucurto. "Yo le digo a mi familia y amigos que ese poema me lo dedicó a mí, pero es mentira. Y mi familia dice: ¡Mirá vos, la Osa, de cartonera a famosa...!"

María Gómez, 26 años, estudiante de Comunicación, señala que lo mejor que se puede decir sobre el surgimiento de las editoriales cartoneras lo planteó el escritor boliviano Crispín Portugal, uno de los fundadores de Yerba Mala. "El dice que ya no importa si alguien cae en esta lucha porque otros vendrán. Este fenómeno no es de nadie, es algo que está en movimiento y que es imparable", asegura Gómez. Uno de los "proveedores oficiales" de cartón es Oscar, un vecino del barrio que consigue cajas de cartón sin manchas. "A él se le paga 25 centavos por caja, que sería más o menos $ 1,50 el kilo, depende del tamaño de las cajas, cuando en los depósitos les pagan 40 centavos el kilo", compara. Una vez que tienen el cartón, se corta y se pintan con témperas los nombres de la obra y del autor, se encuaderna la tapa junto con el cuerpo de la obra que sale, tibiecito como pan caliente, de la pequeña máquina Multilith 550, que maneja Renzo, y... listo el libro para quien lo quiera comprar. El costo de los ejemplares oscila entre 8 y 15 pesos, pero hay una promoción, para los que compran en el local, de 3 libros a 10 pesos.

Sarita, la cartonera peruana, nació en los primeros meses de 2004 con cuatro títulos: Cara de ángel, de Oswaldo Reynoso; El arte nazi, de Santiago Roncagliolo; Fuga última, de Aldo Miyashiro, y Ayer, del chileno Juan Emar. "En ese momento había muy pocas editoriales independientes en Perú, entonces tuvimos mucho eco. Aunque los autores y la prensa nos trataban muy bien, las librerías no querían nuestros libros", recuerda Jaime Vargas Luna (Junín, 1980), que estudió Literatura en la Universidad de San Marcos en Lima, dirige otra editorial llamada [sic] y preside la Alianza Peruana de Editores. El cambio de actitud fue durante la Feria del Libro de Lima en 2005 cuando Sarita, tan desprejuiciada, colorida y rotunda, lanzó Underwood portátil modelo 1915, de Bellatin. "Como la única edición del libro era la nuestra, la vendimos muy bien. Eso ocasionó que la cadena Crisol de librerías nos buscase para distribuir ese título en su cadena y, con ello, entramos a las demás y con todo el catálogo", precisa el editor, catálogo que hasta la fecha está integrado por cuarenta títulos, que incluyen libros de Fernando Iwasaki, Pedro Lemebel, Daniel Alarcón, Rodrigo Hasbún y Luisa Valenzuela, entre otros. "Sarita Colonia es el nombre del mayor icono popular limeño, quizás incluso peruano -revela Vargas Luna-. Es una santa no oficial, no católica. La santa de los choferes de buses, de las prostitutas. Era el nombre perfecto para lo que queríamos".

Al principio, los fundadores de Sarita publicaban a escritores peruanos inéditos pero, con la irrupción de otras editoriales independientes, cambiaron de estrategia y decidieron publicar a escritores latinoamericanos cuyos libros no llegaban a Perú; o llegaban, pero a precios inaccesibles. Poco a poco, fueron sacando libros de Piglia, Haroldo de Campos, Margo Glantz o Diamela Eltit. Vargas Luna sostiene que todas las experiencias cartoneras comparten un horizonte semejante. "El trasfondo común tiene que ver con la necesidad de acercar la literatura a la calle y evidenciar la calle en la literatura; y también con cruzar fronteras y generar movimientos colectivos. Los catálogos de cada cartonera tienen sus propias búsquedas, pero hay un espíritu más o menos anarco, más o menos desacralizante, que nos abarca a todos".

Ximena Ramos comenta que Animita Cartonera empezó a funcionar a fines de 2006, cuando lanzaron siete libros de Gonzalo Millán, Carmen Berenguer, Mauricio Electorat, Teresa Wilms Montt y José Santos González Vera, entre otros. "Salimos con bombos y platillos, al menos mediáticamente, cosa que nos ayudó bastante para poder dar a conocer el proyecto", confiesa Ramos, que estudió Literatura en la Universidad Diego Portales. En cuanto a las reacciones que generó la aparición de Animita, que ya lleva publicados 18 títulos y tiene en su catálogo, entre otros, al poeta Raúl Zurita, Ramos detalla que hubo "desde el apoyo absoluto e incondicional a los chismes por la espalda, del tipo son chicas burguesas que arman una cartonera, como si tuviésemos que estar sentadas en la cuneta con una actitud entendida como callejera. ¿Qué diablos es eso? Para poder ser válidas para algunos", se enoja, con razón, Ramos. Las animitas son pequeñas grutas generalmente en forma de casitas, del tamaño de una caja pequeña, dispuestas en las orillas de los caminos cuando ocurre un accidente en la calle, una muerte injusta que no debió ocurrir. "Es algo objetual que toma características divinas, que habita las calles y que puedes encontrar del norte al sur, sin exclusiones", cuenta la editora.

Animita forma parte de Editores de Chile, una asociación paralela a la Cámara Chilena del Libro, conformada por editoriales independientes. "Nos hicimos socias porque nos ayuda a la hora de lograr ciertos objetivos, como poder ir a ferias colectivamente, llegar a acuerdos, ser parte de la discusión del libro y la lectura, proponer iniciativas y un sinfín de puntos que, muchas veces, se logran colectivamente y no siempre luchando solo", plantea Ramos. "La relación con las macroeditoriales es nula. Es más, dudo de que nos conozcan". Calidad, proyección y viabilidad son las claves del catálogo de Animita, que este año incorporará a autores como Daniel Alarcón, Gonzalo Garcés y José Kozer, entre otros. "Nosotras damos a conocer autores en un formato que llega justamente a quien no se puede comprar ni tiene acceso a un libro Anagrama", compara la editora.

A principios de 2006, los escritores bolivianos Darío Luna, Crispín Portugal y Roberto Cáceres querían publicar en el mercado editorial más pequeño de América Latina (1.200.000 personas no saben leer ni escribir). "Estuvimos un poco angustiados, pues había mucho que decir, sobre todo de El Alto; y luego de ver las experiencias en la Argentina y Perú, nos decidimos", recuerda Cáceres. "Publicamos nuestros libros con poca esperanza, pero a la gente le gustó y empezamos a crecer. La recepción por parte del medio intelectual fue en un primer momento reticente, pero posteriormente se integraron", revela Cáceres, que publicó Línea 257 en YMC, cartonera que cuenta en su catálogo con 17 títulos. "La yerba mala crece en cualquier parte, sobre todo en el lugar que tú menos la desees, y siempre se la quiere extirpar porque es molesta -explica Cáceres-. La vas a sacar y va crecer otra vez. Hemingway decía que los pobres somos como la yerba, crecemos en cualquier parte. Por eso nos ha gustado Yerba Mala, porque nos van a matar, pero van a venir otros atrás... Es una suerte de terquedad por la supervivencia".

"En 2006, nadie comprendía cómo se había organizado la gente para derrocar al Goni (Gonzalo Sánchez de Lozada), no había un líder, todo el mundo salía a la calle. Podría decirse que Yerba Mala comenzó devolviendo uno de los gases lacrimógenos: valorándonos, encaprichándonos en lo que somos nomás, sin mayores pretensiones. Evo subió y nos reconocimos aún más -admite Cáceres-. Pero ese reconocerse no es hacer una literatura panfletaria, sino una literatura que eleve nuestro imaginario, que construya nuestra cultura, que no es ni la andina pura, ni la camba pura, ni la occidentalizada, sino una mezcla de eso". El único apoyo que recibe YMC es de los lectores. "Tratamos de apostar a una literatura sin donativos, lastimerías, subvenciones. Existen instituciones que ayudan, ONG, pero hemos visto que seríamos cómplices si recibiéramos su dinero. Creemos que ellos sólo quieren justificar sus dineros y reunirse luego en elegantes hoteles, restaurantes y con ropa de diseño para hablar de la gran ayuda que están haciendo a los pobres. Somos pobres, pero no queremos que sientan piedad por nosotros", subraya Cáceres. "Ser escritor y editor en Bolivia es quijotesco, romántico, kamikaze o suicida y por eso mismo absolutamente atractivo. Estamos viviendo unos tiempos decisivos, no podemos quedarnos con los brazos cruzados", sugiere el autor boliviano.

En la ciudad de Cochabamba, Bolivia tiene otra editorial cartonera, Mandrágora, en homenaje a la planta afrodisíaca, pero también a la obra teatral homónima que escribió Nicolás Maquiavelo. Iván Castro Aruzamen (Chuquisaca, 1970) informa que a fines de 2004 decidió con unos amigos llevar adelante el proyecto después de conocer la experiencia de Eloísa. "En nuestra primera presentación, los libros causaron curiosidad y, al mismo tiempo, fue un éxito: hicimos 50 ejemplares de los primeros tres títulos y se vendieron como pan caliente. Hablar de intelectuales en Bolivia es una tontera, porque no hay pensadores y la crítica literaria está en pañales". Castro Aruzamen, profesor de Literatura y Filosofía en la Universidad Católica de Cochabamba, sostiene que Evo Morales no tiene ninguna significación en el proyecto de la editorial, que ya ha lanzado una veintena de títulos como El pianista, de Piglia; Noches vacías, de Cucurto, y Como la vida misma, de Edmundo Paz Soldán.

"Mandrágora es un proyecto social y cultural, inserto en la lucha contra la deshumanización del neoliberalismo, pero no desde una óptica marxista o socialista. Sabemos que el modelo causa estragos en sectores como los recicladores y que los nuevos parias entre los parias son los cartoneros y chicos de la calle; pero pensar que haciendo libros les vamos a dar un futuro mejor, es una quimera. Sólo buscamos democratizar el acceso al libro y difundir literatura". Castro Aruzamen reconoce que la relación con sus pares de Yerba Mala es conflictiva. "Ellos defienden abiertamente el proyecto de Evo Morales, y buscan una estética afincada en la literatura de cuño indigenista, marginal, contracultural y todas esas vainas que andan de moda hoy con los populismos".

El efecto "contagio cartonero" llegó a México, más precisamente a Cuernavaca. La Cartonera acaba de lanzar en febrero sus dos primeros títulos: El silencio de los sueños abandonados, una colección de canciones y un disco compacto de Kristos, y Cristo en Cuernavaca, un relato del escritor norteamericano Howard Fast. Raúl Silva, uno de los fundadores, cuenta que el proyecto ha despertado el interés de los medios de comunicación. "El mercado editorial es un eslabón más de una concepción del mundo basada en el consumo y el desecho. Vivimos dentro de una enorme maquinaria que no se detiene ni se detendrá -alerta Silva-. El vértigo de lo masivo y del éxito es una enfermedad que parece incurable. Por eso estimula pensar y saber que, al margen de esos enormes monstruos editoriales, existen gestos que consisten en construir castillos en el aire". La Cartonera busca publicar a escritoras y escritoras de la ciudad de Cuernavaca, pero también a autores de otras partes. "Los caminos de la literatura son infinitos. El aporte de las editoriales cartoneras no se puede medir con instrumentos de la mercadotecnia. Su existencia es demasiado silvestre, por suerte. Basta ver las portadas de Eloísa o las de Sarita para entender que no sólo es un acto literario lo que propagan estos proyectos sino también un recorrido museográfico", plantea Silva.

Página/12 - Buenos Aires, 3/6/2008


"La imaginación es una amenaza"

Silvina Friera

Como Scherezade, la narradora de Las mil y una noches, Nélida Piñon tiene el verbo fácil. El 26 de abril a la noche sedujo al público en la Feria del Libro de Buenos Aires por medio de este arte tan antiguo de hablar sin parar. Esta simpática fabuladora brasileña habló de casi todo lo que concierne a su oficio de escritora: sobre cómo se narra y se trabaja con la imaginación y la fabulación, cómo aparecen las voces y "de qué manera uno toma la decisión de crear un universo que no existía, antes de empezar a concebirlo". La autora de La república de los sueños, considerada su obra maestra, y de la más reciente Voces del desierto cuenta que da entrevistas con mucha naturalidad porque "no tengo manías persecutorias". La escritora tiene la sonrisa fácil, abrazadora y contagiosa. Pero cuando descubre al fotógrafo, que está a punto de sacarle fotos, le comenta: "No sé si está de acuerdo conmigo, pero creo que la foto cuando una habla es muy fea, el humano tiene una arcada espantosa". El fotógrafo le explica que en un reportaje "queda bien". Parece que la convenció, pero cuando él se aleja, Piñon dice, en voz baja, a la cronista: "Cuando me dé cuenta de que está sacando, me callo, y me salgo con la mía".

"Yo fabulo todo el tiempo; la gente me llama Scherezade, pero soy muy respetuosa con el tiempo del otro. En Brasil hay una expresión popular muy interesante, me está alquilando mi oído. Se dice de alguien que llega a tu casa y no se detiene, habla una hora y no tienes cómo impedir que se calle. Soy cuidadosa, trato de no correr ese riesgo", bromea la escritora y académica brasileña, premio Príncipe de Asturias en 2005. "Tengo la sensación de que soy una escritora las veinticuatro horas del día sin que esté escribiendo. Estoy preparada para pensar lo cotidiano todo el tiempo, me acostumbré a pensar, y esto me trae venturas y desventuras; estoy siempre mirando los gestos y fabulando a partir del material que me ofrece lo humano". Aunque en La república de los sueños escribió: "Desconfíe de las palabras, tanto afirman como desdicen", Piñon es una defensora a ultranza de la espuma difusa de la pasión narrativa. "Fabular es la capacidad de convertir en cotidiano elementos de la realidad que, aunque estén, no todos pueden ver", subraya la escritora.

-¿Qué significa contar historias en tiempos en los que la palabra está devaluada, donde las imágenes se imponen por su velocidad?

-Verdad, es cierto, pero por ejemplo, la gente habla todo el tiempo por teléfono, con o sin imagen, hace uso del e-mail formando parte de una gran tribu. La intriga narrativa está siempre en lo cotidiano, nadie deja de contar historias. La gente sigue contando historias, más o menos legítimas, en el sentido de la pobreza del vocabulario, pero aun así hay recursos narrativos en la indigencia. Un grupo de jóvenes cuenta historias cuando se comunica a través de escasas palabras; aunque haya un predominio aparente de la imagen, la gente se reúne en las esquinas, en los bares, y habla, no sé exactamente sobre qué porque no estoy entre ellos, pero cuentan historias, están contando al otro lo que les pasó la víspera, y hay una apropiación de la vida ajena, están siempre al tanto de la vida del otro y de la comunidad. Pueden leer libros y periódicos, pero hablan de sí mismos todo tiempo. La conspiración verbal sigue vigente, es una tentativa que el hombre ha utilizado a lo largo de los siglos para preservar las pequeñas historias de la colectividad, que terminan siendo muchas veces historias con hache mayúscula. La narrativa nace de todos los descalabros verbales, del caos verbal, de los sentimientos espurios.

Piñon hace una pausa brevísima, apenas un par de segundos, frunce los ojos, como el miope que busca enfocar mejor el objetivo, y retoma el hilo de sus pensamientos. "Mi obra tiene que ver mucho con mi evolución biográfica, con la repercusión de la vida en mí, con el atrevimiento de ser múltiple mientras soy única y de intentar lo que sea, de creer que todo es narrable. Eso es fantástico, pero también esperar que la vida te contemple con mejores pensamientos estéticos, que vayas aprendiendo mejor la técnica, el lenguaje, cómo expresar tu pensamiento narrativo a través de las palabras que te toca escribir -señala-. No se olvide que proclamé mi condición de escritora a los ocho años, sin tener noción del significado estético, moral o ético de ser escritora. A través de los libros que había leído, creía que ser escritora era vivir esas aventuras que leía. Escribiría porque había vivido. Eso me fascinaba; lo que yo quería era vivir las aventuras. Siempre me atrajeron las aventuras, tengo vocación aventurera, aunque sean aventuras narrativas". Y por si no quedó clara su pasión por la aventura, cuenta que le encantan los films de aventuras que la invitan a salir de lo cotidiano. "La aventura no te atrapa, te libera, te hace enfrentar peligros pero también placeres inesperados".

-En la aventura hay que salir de lo cotidiano, pero siempre hay que volver.

-Sí, sin perder la posibilidad de volver a casa. La aventura es un ejercicio de libertad, de eso se trata, salir con el hilo de Ariadna por los laberintos... estoy fabulando, ¿no? (risas).

-Hasta en las entrevistas...

-Me divierto mucho, a veces tengo tres o cuatro entrevistas seguidas y si no hablo contigo con gusto, como si no estuviera hablando con esto (señala el grabador), sería monótono y pesado para mí. Además estamos hablando siempre de la misma persona, soy yo siempre, entonces tengo que fabular sobre mí misma, pero no estoy fingiendo o inventando un personaje que no soy.

-¿Por qué se suele asociar fabular con mentir?

-No es lo mismo fabular y mentir; para mucha gente fabular es una función femenina. Ahora no, pero antes se decía "¡Ah, la fantasía!", como si fuera pertinente para la mujer o los niños, como si la fantasía no fuera un don masculino. La fantasía es un don maravilloso, fantasear no es salir de la realidad, es agregar a ella elementos nuevos, que faltaban, que existen pero no todos pueden ver. Hay un desprecio por lo que sale del realismo maniatado; la sociedad no acepta que puedas engendrar realidades que expulsen una realidad canónico-institucional. La imaginación siempre es una amenaza.

-Lo que más sorprende de Voces del desierto es que la imaginación es una virtud, que Scherezade tiene que estar permanentemente fabulando para salvar su vida, para que el califa no decrete su muerte.

-El narrador tiene que salvar la vida estética, ¿verdad?, tiene que crear y fabular siempre para que no le decreten la muerte, para no dejar de ser el escritor que aspira ser. Muchos escritores dejan de producir y eso es como una muerte precoz.

-Usted siempre se ha definido como una escritora que se ha alimentado de las tradiciones de la cultura portuguesa y española. ¿Por qué eligió el portugués como lengua de creación literaria?

-La lengua portuguesa para mí es un privilegio, una pasión que tengo, soy una enamorada del idioma. Es un privilegio tener una lengua como la portuguesa para escribir y pensar, es la lengua que necesitaba para crear. Cuando era adolescente, creía que también podría escribir en español, pero ya estaba totalmente enamorada del portugués, y además sentía que no escribir en portugués habría sido como repudiar moralmente mi idioma. Creo que deliberadamente elegí el camino más difícil, porque si hubiera escrito en castellano, habría tenido una carrera mucho más facilitada. No se olvide que Machado de Assis, del cual estamos celebrando cien años de su muerte, ha sido un escritor genial, pero muy poca gente lo conoce. Machado de Assis ha sido el primer gran escritor de nuestro continente que concentra su ficción y su creación en el mundo urbano. El mismo era una gran contradicción: mulato, pobre, autodidacta, tartamudo, epiléptico, pero se fue formando y cuando murió era un escritor consagrado, una consagración modesta, pero no es tan reconocido en el mundo como en Brasil porque en la literatura seguimos siendo periféricos.

-¿Por qué siguen siendo periféricos?

-Hay siempre un centro que realiza una operación estética y decide quién es o no importante, y ese centro decisorio nunca favoreció a Brasil; sí favoreció, por ejemplo, a los hispanoamericanos. La literatura del boom, que tuvo grandes autores, no incluyó a Brasil. En ese sentido digo que somos periféricos, no en la calidad, sino en el reconocimiento.

Hija de gallegos que emigraron a Brasil en los años '20 del siglo pasado, Piñon nació en Río de Janeiro en 1937. Mapa de Gabriel Arcanjo fue la novela que la consagró como escritora, a principios de la década del '60. En julio de 1989 fue elegida miembro de la Academia Brasileña de Letras, entidad que presidió entre 1996 y 1997 (fue la primera mujer en el mundo en presidir una academia de letras). Su pasión por la escritura se revela en las novelas y los libros de cuentos que publicó: Madera hecha cruz (1963), Tiempo de las frutas (1966), Fundador (1966), La casa de la pasión (1972), La fuerza del destino (1977), El calor de las cosas (1980) y Voces del desierto (2004), entre otros. Acaba de salir en Brasil Aprendiz de Homero, ensayos en los que rastrea la trayectoria civilizadora de los grandes creadores. "Todos somos aprendices de Homero, incluso antes de nacer. Mi familia, cuando dejó España para llegar a Brasil, ya me estaba ofreciendo además de la lengua portuguesa como instrumento de creación la herencia de Homero", plantea la escritora, que terminó de escribir sus memorias, Corazón andariego, que se publicarán en septiembre. "España es como una segunda naturaleza para mí, he leído la literatura española desde muy temprano y la descubrí gracias a Cervantes, que fue un deslumbramiento para mí. Soy latinoamericana, siempre defendí el intercambio con los demás países latinoamericanos porque tenemos los mismos padecimientos y un destino en común".

Página/12 - Buenos Aires, 28/4/2008


Del amor y la guerra

Horacio Verbitsky

El azar hizo que la entrega del premio Cervantes a Juan Gelman coincidiera con dos muestras descomunales de los genios del arte español de los últimos dos siglos, Goya y Picasso. La afinidad de su visión del mundo con la del poeta argentino es sobrecogedora: ahí están las heridas incurables de la guerra, que marcaron para siempre a los tres, pero también las minucias de la vida cotidiana y, en Picasso y Gelman, las delicias y la exuberancia gozosa del amor, que a Goya le fueron negadas. El diálogo comienza con un poema en el que Juan decía que por escribirlo no tomaría el poder, no haría la revolución, no le darían ropa ni tabaco ni vino.

-¿Y qué pasó?

-No hice la Revolución.

-Pero has invitado a comer a muchos amigos con el premio que te otorgó el rey de España.

-El rey no. El gobierno español. El premio de literatura en lengua castellana Miguel de Cervantes lo otorga el gobierno español, auspiciado por la monarquía.

-¿Sos consciente de cuántas cosas contribuiste a cambiar con tu escritura, en la Argentina y en otros lugares?

-Contámelo vos.

-Por un lado me impresiona tu influencia en los poetas jóvenes, tal vez inconsciente pero que se percibe hasta en cómo entonan cuando leen.

-Hay algunos a los que les gusta imitarme, tal vez en broma.

-Pero otros, sobre todo muy jóvenes, no lo hacen ni en broma ni a propósito.

-No sé si es bueno para ellos. Es como decía Basho, el poeta japonés del 1600: no hay que imitar a los antiguos, hay que buscar lo mismo que ellos buscaban. Y todos buscamos la poesía.

-Pero además, tu trabajo como periodista, la investigación que hiciste en busca de tu nieta, limpió la cúpula militar argentina, cuando identificaste a uno de los cinco generales más poderosos en actividad como partícipe mediato; desenmascaró a varios presidentes uruguayos complacientes con la dictadura y permitió alguna medida de renovación política en ese país.

-La investigación propiamente dicha la dirigió Mara, con mi ayuda (Mara es el desmesurado torbellino de mujer con que Gelman vive desde hace dos décadas, hija del poeta Juan Carlos La Madrid). Todas las noches después del trabajo analizábamos el peso de los indicios, de todo lo que pudiese ser falso. Contamos con la ayuda de sobrevivientes uruguayos. Mara leyó miles de documentos, libros. Yo tenía una dificultad: también leía pero se me olvidaba. Creo que es una limitación del familiar próximo. Mara lo hizo como ciudadana, además del cariño que me tiene. Lo que resultó muy importante para encontrar a mi nieta fue la campaña periodística, con ayuda de mucha gente. Se reunieron más de cien mil firmas de más de cuarenta países, de escritores, artistas, pintores, gente de a pie. A eso contribuyeron cartas como las de Saramago, Chico Buarque y muchos otros. La carta de Günther Grass provocó una respuesta del ex presidente uruguayo Sanguinetti que le costó el doctorado honoris causa que estaba buscando de una universidad alemana. Esto permitió que se cumpliera lo que siempre esperamos: que un vecino, una vecina, que presenció la llegada de un bebé a una casa donde no había hijos, lo asociara con lo que se publicaba. Esto provocó un gran sacudón en el Uruguay.

-Esta campaña militante reprodujo la que organizaste para denunciar a la dictadura argentina.

-Es cierto. La primera declaración contra la dictadura la firmaron Willy Brandt, François Mitterrand, varios jefes laboristas de Gran Bretaña, los primer ministros de Portugal, Mário Soares; de Suecia, Olof Palme; de Dinamarca, Anker Jorgensen...

-También firmaron muchos intelectuales y artistas, y ahí aparece otra faceta tuya, porque quien pedía esa adhesión además de ser un militante era un poeta conocido y querido.

-Creo que sí. Con el primer ministro austríaco Bruno Kreisky ocurrió una historia muy curiosa. El encargado de relaciones exteriores de los socialdemócratas me citó en la sede del partido, del que Kreisky era secretario general. Kreisky leyó la declaración y me dijo que no podía firmarla, porque dada su investidura infringiría principios internacionales. Le dije que no le pedía la firma como primer ministro sino como líder del partido. El se rió y dijo, "pero señor Gelman, por favor". Le dije, está bien señor primer ministro, sólo le quiero recordar lo que pasó con León Blum y la guerra civil española. Me levanté, me llevé el impermeable que había colgado en una percha y con una bronca bárbara llamé al ascensor. Detrás mío salió corriendo el responsable de relaciones exteriores del partido y me dijo: Kreisky va a firmar.

-Blum era el primer ministro del Frente Popular en Francia cuando comenzó la guerra en España.

-Declaró la neutralidad. La República, que hubiera podido recibir mucha ayuda de Francia y vía Francia, quedó aislada en la Península. Esa era una memoria que Kreisky seguramente tenía, porque era un hombre ya de edad. Pude sumar a la campaña por mi nieta a todos los contactos que hice en razón de la denuncia contra la dictadura. Y ocurrió lo que deseábamos. Una vecina consiguió mi teléfono, me llamó y me dijo: al lado mío, pasó esto. Cotejamos las fechas y los demás elementos y coincidían. La única pieza que faltaba era el ADN. Fuimos al Uruguay en forma discreta y cubrimos el encuentro con mi nieta con un homenaje que me hacían.

-¿Cómo llegaste a encontrarte con Macarena?

-A través de un intermediario, que fue el obispo Pablo Galimberti. Era obispo de San José, donde el hombre que funcionó como padre de Maca fue jefe de policía. Este hombre murió cuatro días después de la publicación de mi primera carta abierta a Sanguinetti, con quien tenía amistad personal. Quien lo confesó fue el obispo Galimberti. Le mandé una carta de seis páginas resumiendo la investigación y pidiéndole que intermediara con la señora que crió a Macarena. Así lo hizo, sin preguntarme nada, como si conociera la historia.

-Como confesor del comisario.

-Todo esto lo imagino. No es que me conste. Quince días después, como un gesto de amor, la señora le contó todo a mi nieta. Ella la sigue llamando mamá, cosa que entendemos perfectamente. Macarena quiso ver a Galimberti y a través de él tener un puente con nosotros. Fue muy valiente mi nieta. Cuando fuimos a Montevideo para verla, el presidente Batlle quiso convertir eso en un hecho político y armó la barahúnda que armó.

-Y se ligó las cartas que se ligó. Voy a cometer una infidencia, si te molesta la omito: fue muy hermoso verte junto con Mara, la hija de ella y los cuatro nietos de ambos, mezclados como en una familia amorosa. Después de todo lo que sufrieron es conmovedor verlos tan aptos para gozar de la vida. Con tanto humor y amor y alegría.

-Ponelo. Esa no es una infidencia, apenas si es cierto.

-Escribís periodismo y poesía en forma distinta. Sos minucioso y obsesivo en tus artículos, o cuando editabas el diario Noticias o los suplementos culturales de La Opinión y de Página/12. En cambio la poesía llega cuando menos lo esperás y es un torrente. Cuando viene tenés que ponerte a escribir, de un tirón, porque si no te poemás encima.

-Efectivamente, te poemás encima. Eso sí que está bueno. Ja, ja.

-¿Escribís poesía a mano o a máquina?

-A máquina. A eso me acostumbró el periodismo. Me costó mucho pasar del lápiz a la tinta. Trabajaba en una casa de venta de repuestos de automóviles donde hacía facturas a máquina. Un día me asaltó la Señora, así que fingiendo que hacía una factura escribí un poema. Ahí se me fue el miedo a la máquina de escribir. En la revista Panorama, cuando trabajaba con Paco Urondo, con el Moro Edgardo Da Mommio, con Pablo Piacentini me pasaba lo mismo. De repente, en medio del trabajo de la redacción tenía que fingir que estaba escribiendo un artículo. En esa redacción escribí la mayoría de Los poemas de Sidney West. Con ese libro me pasó una cosa muy graciosa. En la revista Confirmado trabajaba Luis Alberto Murray, que siempre sabía todo sobre todo. Cuando aparecieron Traducciones. Los poemas de Sidney West, me dijo que la traducción era impecable.

-Aclaración imprescindible para lectores que no saben todo de todo: Sidney West es el nombre imaginario que eligió Gelman para firmar esos poemas.

-Y ahora se cierra el círculo: se va a publicar en Gran Bretaña, traducido al inglés. Para los actos paralelos al premio Cervantes, Menchi Sábat hizo un dibujo de Sidney West joven, atribuido a Frank Howard Lindsay, con una leyenda extraordinaria: "Esta imagen de Sidney West ha generado discusiones entre estudiosos, que la consideran falsa, y críticos de arte, cuyos juicios oscilan entre la mediocridad y el rechazo. Conservado en una vitrina del Museo de Peterbourough (New Hampsire), el dibujo fue reconocido por un nieto de Frank Howard Lindsay, que perdió sus manos en un accidente hípico".

-¿Escribiste algún libro en los meses de Noticias?

-Poemas sí, un libro creo que no. Sólo algunas de esas cosas se publicaron. En ese momento la cabeza y el corazón estaban puestos en otra cosa. Trabajábamos con una pistola en el cajón del escritorio. Los fondos del diario se tocaban con el museo del traje, donde habían nombrado directora a la mujer de Lorenzo Miguel. Enfrente teníamos un local de la Juventud Sindical. Estábamos lujosamente rodeados. Cuando pusieron la bomba en el diario los inspectores policiales miraron los escombros y dijeron que había sido una obra de arte.

-Hacían un doble juego. Si nos limitábamos a nuestro trabajo periodístico y no tomábamos ninguna previsión, venía la Triple A y nos volaba el edificio o nos tiroteaban los autos que iban con el material a la imprenta. Si tomábamos recaudos defensivos, caía la policía y nos procesaban por portación de armas. Nuestros problemas periodísticos eran distintos a los de hoy.

-Ese diario fue una hazaña. Había que cerrar un matutino a las ocho de la noche. Componíamos en una imprenta e imprimíamos en otras dos, porque el tiraje crecía y no bastaba con una sola porque se perdían los recorridos. Se convirtió en un diario popular.

-Ese fue un mérito tuyo.

-Mío no, por favor. De muchos.

-Pero el jefe de redacción eras vos.

-Vos sabés que lo dirigía un grupo: Paco Urondo, Rodolfo Walsh, vos y yo. No era unipersonal la organización del diario.

-Pero vos aportaste mucho a ese toque popular. Me acuerdo cuando pusiste como segundo título que habíamos acertado seis de las ocho carreras de Palermo.

-Eramos todos.

-Cuando nos citamos en París luego de la dictadura...

-... en aquella estación de subte...

-... a la que llegaste con un impermeable de novela negra, me impresionó verte tan joven y vital después de todo lo que pasaste. Pero me preguntaba entonces y te lo pregunto ahora cómo sería el regreso a ese país donde desaparecieron a Marcelo y a todas nuestras ilusiones y proyectos. Volviste a la Argentina en 1988.

-Me pasaron cosas muy buenas, como el reencuentro con amigos-hermanos. Y otras no tan buenas. Entré a comer un sandwich en un bar al paso de la calle Lavalle, de esos con taburetes en la barra. Delante mío había un tipo con todo el aspecto de un cana o un milico, el corte de pelo, la cara, la forma de vestir. Me asaltó un pensamiento que no podía evitar. ¿No habrá tenido que ver con la muerte de Marcelo? Por supuesto no tenía ningún elemento para afirmarlo pero la pregunta estaba ahí. No hice peregrinaciones para recordar nada pero pasaba por lugares y decía, aquí me vi con Rodolfo la última vez, aquí estaba con Marcelo y mi hija Nora, y comimos en un restaurante y Marcelo escribió un poema en el mantel de estraza.

-¿El de la oveja negra?

-Sí.

-¿Es el único poema que tenés de Marcelo?

-No. En un libro que acaba de editar la otra sociedad de escritores, no la SADE, hay más de cien poetas desaparecidos, entre ellos Marcelo. Algunos fueron traducidos al francés.

-¿Cómo los tenés?

-Cuando volví a la Argentina mi ex me dio una copia. Hay poemas acojonantes, parecen auto profecías. Auto profecías cumplidas.

-¿Te referís al que escribió en el mantel del restaurante?

-Sí. Decía

"la oveja negra
pace en el campo negro
sobre la nieve negra
bajo la noche negra
junto a la ciudad negra
donde lloro vestido de rojo".

-¿De qué época son?

-Cuando me separé de la madre de Marcelo y Nora, yo vivía solo en un departamento en la calle Jean Jaurès. Ellos venían los fines de semana. En ese momento él ya escribía.

-¿Qué edad tenía?

-Quince o dieciséis. Hacíamos ediciones caseras de lo que escribía a máquina. Lo encuadernábamos. Además yo les grababa los sueños. Me contaban qué habían soñado y yo los grababa, como decían los surrealistas, que los hijos les cuenten los sueños a los padres.

-¿Conservás esos sueños grabados?

-Desgraciadamente no. Pero me los acuerdo muy bien. Marcelo siempre tuvo una gran inclinación por la lectura. A sus doce años y once de la nena nos fuimos a pasar vacaciones en Córdoba. Tengo las fotos, con ellos a caballo. Fue muy poco después de la muerte del Che. Marcelo decía que el Che se equivocó y que no consiguió el apoyo de los campesinos bolivianos. Yo se lo discutía. Pero con el tiempo se vio que no era tan errónea su teoría. Su interés político fue muy temprano.

-Cuando decidiste trasterrarte a México los amigos lo sentimos mucho, pero me pareció muy lógico. Se que te fuiste para seguir a Mara, que fue una decisión por amor...

-... en el ínterin me morí cuatro veces (el número de paros cardíacos que el poeta sufrió en 1989). Con los años creo que hice muy bien. Había gente muy enojada conmigo porque me fui, y algunos siguen enojados. Otros en cambio me ayudaron mucho, apoyando esa decisión. Vos sabés quiénes son.

-Mi impresión es que no pudiste soportar el encuentro con un país que había cambiado tanto. Hoy podés decir "País que fue será" (el título de uno de sus últimos libros). Pero hace veinte años veías un país que fue y ya no era y tal vez con el temor de que nunca volviera a ser. Habías idealizado tu regreso. Ese sería el momento de la verdad y de la justicia, ibas a descubrir quiénes mataron a Marcelo. Y te encontraste con una realidad muy gris. Sin embargo, a lo largo de muchos años lograste desde México una incidencia en la vida argentina tanto o más grande de lo que idealizabas cuando estabas en París. Sólo alguien capaz de generar una realidad a partir de sí mismo puede conseguirlo, alguien muy grande.

-Mirá si soy grande que me falta poquito para cumplir 78.

-¿Cómo has vivido a la distancia los distintos momentos recientes del país?

-Algunos testimonios han quedado en las columnas que escribo. Lo de Menem fue terrible, la venta del país, además de la impunidad de los indultos; el desastre de De la Rúa; la recuperación que comenzó con Néstor Kirchner. Lo viví de lejos pero de cerca. Todos los días sigo la prensa argentina y me interesa profundamente todo lo que ocurre. La distancia me permitió reflexionar sobre el pasado anterior al exilio. Siempre he creído que lo peor del exilio, aparte de las desgracias personales, fue la derrota. Porque aparte de los 30 mil también desapareció un proyecto, que no ha vuelto a aparecer. Y tal vez tarde décadas en aparecer algo que se le parezca.

-Ese fue uno de los temas de nuestra correspondencia.

-Vos me decías que nuestro mejor destino era ser Neanderthales.

-Fósiles para que haya combustible en algún lejano futuro.

-Lo de los fósiles está muy bien, porque nunca cambian.

-Veinte años no es nada, y cuarenta...

-... es el doble de nada...

-... cuando hay gente que sigue siendo la que era.

-Como fósil no podes envejecer más. Ya te quedás en ese estado.

-Pero al mismo tiempo siento que cambiás mucho, que sos un fósil muy plástico. En tu poesía y también en tu prosa, en tu visión política se ve una evolución permanente. Fuiste muy dogmático y ya no lo sos. ¿Cómo ves el panorama latinoamericano actual?

-Hay cambios de signo progresista en distintos países. Pero me pregunto en qué va a terminar todo eso, porque hay cosas muy contradictorias, como en Uruguay o en Chile, con el ALCA. Hay cuestiones que no están claras. El Frente manifestó públicamente un programa que no se cumple. Una cosa que nos pasó a nosotros es que subestimamos al enemigo.

Página/12 - Buenos Aires, 27/4/2008


La vida de Paz, un manifiesto poético

Elena Poniatowska

"Soy ante todo poeta. Ahora bien, para mi generación la poesía estuvo ligada a la historia -escribe Octavio Paz-. Nací en 1914 y soy contemporáneo de las grandes conmociones del siglo XX; la ascensión del nazismo y del fascismo, la guerra de España, la Segunda Guerra Mundial, la independencia de las antiguas colonias europeas. Todo esto marcó profundamente mi adolescencia y mi juventud". "Soy poeta", repite. "Mi primer escrito, niño aún, fue un poema; desde esos versos infantiles la poesía ha sido mi estrella fija". "Mis primeros poemas fueron poemas de amor y desde entonces este tema aparece constantemente en mi poesía".

¿Qué hace un poeta con la historia? ¿Qué hace un poeta con la crítica, la filosofía, la política, la pintura, las ciencias sociales, la narrativa, la música? ¿Qué hace un poeta con el destino de América Latina? Octavio Paz responde: "Escribo sobre lo que he vivido y vivo. Vivir es también pensar y, a veces, atravesar esa frontera en la que sentir y pensar se funden: la poesía"… Insiste: "Escribo poesía porque no tengo más remedio, responde a una necesidad interior". En su prólogo a La llama doble, su ensayo sobre el amor y el erotismo fechado el 4 de mayo de 1993, cuando iba a cumplir 70 años, Octavio insiste: "Para mí la poesía y el pensamiento son un sistema de vasos comunicantes".

Paz despierta al amanecer diciéndose: "Soy poeta" y se despide sabiéndose poeta. Lo repite a todas horas. Antes de morir pidió ser recordado por cuatro o cinco poemas. Sin embargo, su obra ensayística es inmensa y abarca todos los campos; consta de más de 25 títulos, desde El laberinto de la soledad, que salió a la luz en 1950, hasta Vislumbres de la India, aparecido en 1995, tres años antes de su muerte. En su obra completa publicada por el Fondo de Cultura Económica, de los 15 tomos que ahora circulan, los volúmenes 11 y 12 son de poesía, y los trece restantes de prosa. La poesía es su obsesión, pero la prosa es su océano. Allí se alimenta con los acontecimientos no sólo de México sino del mundo, despliega sus conocimientos, genera ideas, busca no sólo lo particular sino lo universal, se arriesga, dialoga, monologa, se impone, mira al otro y se mira a sí mismo, contempla, señala, es un río de propuestas, un río de reflexiones, un río de acontecimientos estéticos en el que nosotros, lectores, navegamos como barcas.

Todo lo que hizo Octavio fuera de la poesía fue finalmente ensayo. Ensayo El Laberinto de la soledad, ensayo El arco y la lira, ensayo Las peras del olmo, ensayo Los hijos del limo, ensayo El ogro filantrópico, ensayo Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe y ensayo su última obra, Vislumbres de la India. En esos ensayos campea no sólo su lucidez sino su independencia de criterio. Su voz es única y perdura por crítica. Sus reflexiones lo convierten en un espíritu universal. Explica que escribió ensayos por una necesidad intelectual y vital y asienta de nuevo su entrega absoluta a la poesía, "quise dilucidar para mí y para otros la naturaleza de la vocación poética y la función de la poesía en las sociedades. Es una preocupación que nunca me ha abandonado, ni siquiera en los trances de mayor incertidumbre y desamparo".

Hay hombres que son sólo poetas, pero Octavio Paz tiene una formidable obra en prosa que emana de la poesía. La poesía es el puerto de embarque de todo lo que escribe. Admira a los grandes en quienes puede reconocer la poesía y la poesía nutre sus ensayos, sus conversaciones y sus polémicas. En La llama doble dice que la superioridad de Freud reside en que supo unir su experiencia de médico con su imaginación poética. Escribe sobre la obra de Marcel Duchamp porque lo considera poeta; John Cage es otro poeta, como poeta es Luis Buñuel, de cuya película Los olvidados, exhibida en Cannes, Octavio fue el primer y embravecido defensor; como poeta es José Clemente Orozco y la violencia de sus pinceles rojos; como poeta es Sor Juana, a la que alguna vez llamó la mejor de nuestro continente. Escribe sobre el 68 después de renunciar a la embajada de México en la India y defiende al movimiento estudiantil con un poema. Finalmente su vida entera es un manifiesto poético como el surrealista, una declaración de fe, una constancia de que el poema rigió su vida.

Ya en diciembre de 1938, cuando tenía 24 años, Octavio Paz firmó el manifiesto poético de la revista Taller y explicó su razón de ser: "Con la ciencia del arte, con el instrumento retórico del poema o de la prosa hay que abrirse el pecho. Si heredamos algo, queremos con nuestra herencia conquistar algo más importante: el hombre… Tenemos que conquistar, con nuestra angustia, una tierra viva y un hombre vivo (…) un orden humano justo y nuestro (…) Taller no quiere ser el sitio donde se asfixia una generación, sino el lugar donde se construye el mexicano y se le rescata de la injusticia, la incultura, la frivolidad y la muerte".

Abrirse el pecho es un indicio de lo que va a hacer este joven poeta en el ensayo y en la sucesión de revistas desde Barandal hasta Vuelta, en la que se encuentra no sólo la historia intelectual de nuestro país sino también la del mundo en el que Paz vivió, porque Paz es ante todo un hombre nacido en México pero centrado en el mundo. El laberinto de la soledad fue un abrirse el pecho, una daga de obsidiana, un tratamiento de shock, un sicoanálisis, una revelación, un chingadazo para un país que tenía como libro fundacional al Popol Vuh.

En esos años, el padre Angel María Garibay K. desentrañaba los textos de poesía náhuatl que más tarde darían la Visión de los vencidos, de Miguel León-Portilla, que nos decía que sólo venimos a soñar sobre la tierra. Octavio Paz llegó a embarrarnos en la cara a un México de muerte, violencia, fiesta y borrachera. Su libro barrió con todo, como la tolvanera madre y nos "alevantó", como dice la canción. Antes Samuel Ramos, Antonio Caso, Leopoldo Zea, Santiago Ramírez, Jorge Portilla, Emilio Uranga y otros habían intentado explicarnos cómo éramos los mexicanos, pero Octavio Paz nos dio la puntilla con su alto grito amarillo, el del cohete que estalla, el de la fiesta, el que ilumina y deslumbra. La capacidad de Paz de decirnos qué somos y cómo somos, no sólo con El laberinto de la soledad, sino a lo largo y a lo ancho de toda una obra de poesía y ensayo, empezó en su juventud, antes de la publicación de ese libro, en 1950, y duró hasta 1998, año de su muerte.

Aun después de su fallecimiento, hace 10 años, el 19 de abril de 1998, Paz sigue siendo el más vital de los poetas, el más vital de los ensayistas, el más vital de los críticos y si no que lo diga Carlos Monsiváis, quien volvería a polemizar con él. Inquisitivo y exigente, siempre buscó interlocutores de su talla y tuvo una correspondencia con sus contemporáneos, Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, Arnaldo Orfila Reynal, Pere Gimferer, Tomás Segovia, Salvador Elizondo, Eliot Weinberger, Yves Bonnefoy y otros más que lo consideraron amigo y maestro.

En respuesta a una pregunta sobre la crítica en alguna entrevista que le hice, Octavio respondió: "Yo creo que la cultura moderna es por esencia crítica: esto empezó desde el siglo XVIII. Cada vez que el Estado o las burocracias han querido orientar la cultura, lo que producen es arte oficial, que es bastante malo. En la civilización moderna la crítica es un componente esencial de la creación; por ejemplo, en las grandes novelas del siglo XIX: en Balzac, en Flaubert, en Dickens o en Proust, se hace una crítica de la sociedad, del hombre. La descripción de la realidad implica siempre su crítica; una literatura que no es crítica no es literatura moderna. Si los mexicanos vamos a tener un día una literatura y la estamos teniendo, es porque la literatura tiene dos condiciones esenciales: por una parte es un espacio donde la imaginación es libre y, por otra, esa imaginación tiene contacto con la realidad que describe. Hay siempre una especie de intercomunicación entre realidad e imaginación, son inseparables; no hay literatura absolutamente pura, la literatura es impura porque está contagiada de realidad y, claro está, de crítica".

La escritura, su propia escritura, fue una actividad que jamás lo decepcionó. Cualquier objeto bajo sus ojos, cualquier circunstancia, cualquier acontecimiento se volvía tema de reflexión. "Piensa, a ver piensa, no te distraigas, ¿qué es lo que estás leyendo?" -estimulaba. Lo dijo en sus libros: "El hombre está sumergido en una totalidad de cosas y objetos sin significación y él mismo se ve como un objeto más, todos cayendo sobre sí mismos, todos a la deriva. La ausencia de significación procede de que el hombre, siendo el que da sentido a las cosas y al mundo, de pronto se da cuenta que no tiene otro sentido que morir".

Octavio Paz es un portento. El Premio Nobel de Literatura 1990, que este 2008 cumple diez años de muerto, se pregunta si en esta época de ajetreos y compromisos somos capaces siquiera de recordar lo que hicimos ayer y escribe: "Si nuestro pecado se llama disipación, nuestro castigo se llama olvido. Leer es lo contrario de esa disipación, leer es un ejercicio mental y moral de concentración que nos lleva a internarnos en mundos desconocidos que poco a poco se revelan como una patria más antigua y verdadera: de allá venimos. Leer es descubrir insospechados caminos hacia nosotros mismos. Es un reconocimiento. En la era de la publicidad y la comunicación instantánea, ¿cuántos pueden leer así? Muy pocos. Pero en ellos, no en las cifras de las estadísticas, está la continuidad de nuestra civilización".

Alguna tarde, ya cerca de su muerte, dijo que el mejor homenaje a un escritor es leerlo. ¿Lo pedía para sí mismo?

Soy hombre: duro poco

y es enorme la noche.

Pero miro hacia arriba:

las estrellas escriben.

Sin entender comprendo:

también soy escritura

y en este mismo instante

alguien me deletrea.

La Jornada - México D.F., 22/4/2008


Falleció el poeta martiniqués Aimé Césaire

El poeta y político martiniqués Aimé Césaire, considerado el padre de la negritud, cuyo concepto reivindica la identidad negra y su cultura, falleció el 17 de abril a los 94 años, en un hospital de Fort-de-France, Martinica, donde permanecía luego de ingresar desde hace unos días por problemas cardiacos.

Césaire fue, junto con el senegalés Leopold Sédar Senghor, uno de los principales representantes del movimiento filosófico-cultural de la negritud. Las exequias tendrán lugar en la isla natal del poeta, al término de tres días de homenajes, anunció el Partido Popular Martiniqués, fundado por Césaire. El Elíseo, a su vez, informó que el presidente Nicolas Sarkozy asistirá al entierro, al tiempo que Francia organiza un funeral nacional. La Asamblea Nacional francesa tiene previsto mantener un minuto de silencio en memoria de quien fue, también, el diputado que batió récord de longevidad parlamentaria, de 1945 a 1993.

Nacido en 1913 en Basse-Pointe (Martinica), en el seno de una familia modesta, Césaire creció rodeado de la miseria de la población rural de una isla profundamente marcada por dos siglos de esclavitud, que entonces tenía el estatuto de colonia. Estudiante en París en los años '30, forjó con el senegalés Leopold Sédar Senghor y el guayanés Léon-Gontran Damas, el concepto de negritud, la conciencia de la identidad negra y el "orgullo de ser negro". La negritud se desbordó rápidamente de los círculos intelectuales franceses para extenderse por los países colonizados de África, el Caribe, y entre los militantes negros estadunidenses en lucha por los derechos civiles. Su mensaje adquirió carácter universal, reflejado en su Discurso sobre el colonialismo de 1950.

Las ceremonias póstumas en honor al poeta se prolongarán durante tres días, según fuentes cercanas a la alcaldía de Fort-de-France. Está previsto un homenaje de la población, que lo llamaba afectuosamente "papá Césaire" en un estadio de la ciudad, antes del funeral nacional, en el que participarán presumiblemente políticos e intelectuales. Las autoridades locales prevén que el cortejo que transportará los restos de Césaire circule por varios barrios de la ciudad, de la que fue alcalde durante 56 años (1945-2001).

El autor de Cahier d’un retour au pays natal consagró su vida a la literatura y la política, en las que plasmó todos sus combates contra el colonialismo y el racismo. Tras el anuncio de su muerte, las cadenas de televisión locales interrumpieron sus programas para difundir música clásica o imágenes del poeta que obtuvo el Gran Premio Nacional de Poesía en 1982 y el de los poetas de la Sociedad General de Autores y Editores Franceses en 1995. Aimé Césaire escribió obras de teatro, como La Tragédie du roi Christophe (1963, sobre la descolonización) y Une saison au Congo (1966, sobre Patrice Lumumba).

La Jornada - México D.F., 18/4/2008


La muerte de Volodia Teitelboim

El escritor y político chileno Volodia Teitelboim murió el 31 de enero a los 91 años en una clínica de Santiago. Ligado históricamente al Partido Comunista, del que fue secretario general entre 1989 y 1994, Teitelboim se convirtió en uno de los principales opositores a la dictadura de Augusto Pinochet. Exiliado en la Unión Soviética tras el golpe que en 1973 derrocó a Salvador Allende, Teitelboim denunció los atropellos a los derechos humanos cometidos en su país desde el programa Escucha Chile, emitido por Radio Moscú. Regresó clandestinamente a su país en 1988, en los estertores del régimen militar. Ya reinstalada la democracia, dejó que su fervor político fuera consumido por una creciente creatividad literaria, que incluyó novelas, ensayos y biografías, y se tradujo en obras como Neruda (1984), Gabriela Mistral, pública y secreta (1991), Huidobro, la marcha infinita (1993), Los dos Borges (1996).

Un joven de 90 años

Mario Casasús

(Piel de Leopardo - 29/11/2006) - Volodia Teitelboim cumplió 90 años y ya es uno de los personajes históricos del Siglo XX en América; escritor, poeta, crítico literario, editor, periodista, legislador e ideólogo del Partido Comunista de Chile (PC), diputado por Valparaíso desde 1961 a 1965 y senador por Santiago por dos periodos consecutivos, hasta 1973, año del golpe de Estado de Pinochet. En ese momento, Volodia se encontraba de viaje oficial en busca de la solidaridad del bloque socialista en Europa del Este. Refiriéndose al gran Juan Rulfo -se ha publicado su biografía del escritor mexicano, señala: "Rulfo desmenuza, siempre en la penumbra, la tiniebla de los menesterosos".

Regresó a Chile clandestinamente en 1988, para fungir como secretario general del PC hasta 1994. Durante su exilio dirigió la revista Araucaria de Chile. Reuniendo a toda la intelectualidad latinoamericana, Araucaria contó con la colaboración de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Benedetti, Ariel Dorfman, Antonio Skármeta, Hernán Loyola, José Miguel Varas, Armando Uribe, Virginia Vidal, Marcos Roitman, entre otros. Finalmente Teitelboim recibió el Premio Nacional de Literatura en 2002.

He perdido la cuenta de las veces que nos hemos visto y conversado: en una cena homenaje del PC (en la Peña de los Parra), en una Feria del libro del parque forestal, en el Centenario de Neruda en Santiago de Chile... Pero hubo dos encuentros que me marcaron: el primero, junto a Daniel Ortega (del Frente Sandinista), era un acto por el regreso de Gladys Marín en la Estación Mapocho el 27 de marzo de 2004; lo recuerdo perfectamente porque Volodia me dedicó la primera edición argentina de su biografía Neruda (editorial Losada, 1985) y, la última vez, en la Feria de Guadalajara 2004, junto a mis queridísimos amigos Antonio Skármeta, Hugo Gutiérrez Vega y David Huerta. La cita era por el Centenario de Neruda en México, al final Volodia me dedicó un ejemplar rarísimo de su novela Pisagua (editorial Quimantú, 1972), que mi entonces esposa Evelyn (historiadora del Arte por la Universidad de Chile) me había regalado, de sus libros enterrados durante la dictadura para evitar ser destruidos o que fuera llevada detenida toda su familia. Pero dejemos que sea Volodia quien reconstruya la memoria de América: sus presidios, su literatura y su esperanza.

-Usted tiene una biografía de Neruda, otra de Jorge Luis Borges y una dedicada a Gabriela Mistral, sin olvidarnos de Vicente Huidobro, la marcha infinita. ¿Sólo le faltaba escribir una biografía literaria sobre Juan Rulfo?

-Me falta mucho por escribir. El libro sobre Juan Rulfo era para mí una asignatura pendiente. Lo siento muy próximo, pese a tantas diferencias. Rulfo salió con el decir novelesco-poético más radical acerca del inframundo de los pobres, sobre la vida sumergida de la indigencia, de la vida rural, con su propia visión de "los de abajo". La desnuda hasta en sus zonas más íntimas. Desmenuza, siempre en la penumbra, la tiniebla de los menesterosos. Como el peruano César Vallejo, profundizador de la poesía, rechaza la supuesta verdad de las estadísticas, murmurando entre dientes la frase tremenda: "Nadie sabe cuántos millones cuesta ser pobre". Rulfo es escritor simple y complejo, el prototipo del antiestatutario. Quiere sacudir los andrajos de un México tapado, del país no turístico. Va sacando del asombro y me deja más tranquilo el que existan muchos Méxicos de distinto cuño, diversa luminosidad y oscurantismo. Los mexicanos se han expresado de su país en mil formas. Hay una montaña escrita sobre Rulfo y sus libritos o librazos. Un forastero como yo lo que puede expresar a la distancia es la visión de un mundo alucinante no del todo ajeno al resto sureño del hemisferio. Rulfo es experto en describir atmósferas de sueños, verdades sin estridencias. Su denominador común gira en torno a la miseria que no es extranjera en ningún país de América Latina. Allí está en la patria ingrata de la indigencia, propiedad de los que fabrican pobres para su provecho y dominación.

-El 23 de marzo de 2006, usted declaró a Punto Final: "Pedro Páramo es el libro de la tragedia del continente pobre". ¿Cómo encontró México durante su última visita? ¿Sigue viendo la tragedia en mi país?

-Lo encontré radiante como de costumbre, lleno de sol y de profundos contrastes. No quiero mentir por cariño ni hacer el elogio innecesario viéndolo sólo como una tierra feliz. Decididamente no es la "suave patria". También es tierra de tormentas, divisiones, sorpresas, silencios, cósmicos, con espacios por momentos iracundos. México, país de grandezas, medianías y pequeñeces, fue definido en virtudes y flaquezas como el país más latinoamericano del continente. Estoy de acuerdo. También es la frontera con el imperio arrollador.

-Su novela La guerra interna fue publicada por primera vez en México en 1978. ¿Qué significado tiene para usted su reedición, por primera vez en Chile hasta 2006?

-No me extraña que en Chile estuviera 27 años en una lista de espera, que es también una lista negra. Entiendo que esa novela molestara, irritara la delicada piel de Pinochet, "modesto vencedor de la Guerra de Lepanto de América del Sur" junto a sus boys. La novela del dictador tiene su sitio en la Historia. Ese género, que abordara con arte y grandeza el precursor Valle Inclán, en su Tirano Banderas, abrió un ciclo de la verdad. Luego El Señor Presidente de Miguel Angel Asturias. En la década del boom del siglo XX hicieron sus aportes plumas no tan banales como las de García Márquez, con El otoño del Patriarca; Alejo Carpentier con El recurso del método y Augusto Roa Bastos con Yo, el Supremo, para citar algunos primordiales. La guerra interna es también una novela del dictador y la dictadura, pero de otra época posterior. Ha experimentado metamorfosis, operaciones de cirugía antiestética, sin desvirtuar en nada su conducta infernal. Las adaptaciones han dado rienda suelta a la "modernidad", dando pase libre a la muerte de todos los derechos humanos. Al fin de cuentas estamos en la época de la revolución tecnológica, que junto con ampliar la metodología clásica, agrega una puesta al día recurriendo a la corriente eléctrica en los cuerpos y las almas de los "disidentes", introduce la industria de los "desaparecidos", de los lanzados al mar desde helicópteros, la internacionalización del terror, intercambiando prisioneros y cadáveres en el Plan Cóndor, haciendo del llamado Cono Sur un teatro sistemático de sombras, de la crueldad masiva, "por razón de Estado", según corresponde a una época de globalización y "matanza neoliberal". La guerra interna se hace eco, toma nota de la modernización de la tortura, de la muerte en grande, aprendiendo de Hitler y también de sus cómplices y protectores de Wáshington, con sus "padres peregrinos". En Chile habrá lectores que tras su estructura fantástica reconozcan que allí está la realidad feroz contada de distinta manera. Y otros que abominen de ella porque describe una realidad que tratan de tapar, incluso con el silencio administrado de los medios. Para el sistema es un libro incómodo, porque registra las entrañas del terror tecnificado. Es una novela-verdad, amarga y necesaria, aunque la pongan en todas las listas negras. Verdad sarcástica, donde hay humor negro y de todos los colores. Ironía frente a la ridiculez tragicómica. Esta solemnidad absurda lleva a lo grotesco. Sacude la pomposidad imbécil no sólo de los cuatro de la Junta, sino de toda la interioridad en el régimen del horror.

-En México usted me confirmó que José Miguel Varas era el hombre indicado para recuperar el prólogo inédito de Neruda para Canción de gesta (Quimantú, 1973). Varas e Iris Largo no han escatimado recursos y mediante la traductora de Neruda al ruso han intentado encontrar el prólogo en la Biblioteca de Literatura Extranjera de Moscú. ¿No cree usted, que se trata de un hallazgo que debiera importarle al Ministerio de Cultura de Chile y a la Fundación Neruda? Luego de la visita del comandante Fidel y el Diálogo de las Américas con el Compañero Presidente Allende (1971), ¿no tiene curiosidad por leer el último prólogo de Neruda dedicado a la Revolución Cubana (1973)?"

-Neruda sigue siendo descubierto, en nuevos poemas inéditos, diálogos, monólogos, correspondencias. Se requerirá ir tras el hallazgo de otro descubrimiento, para largo tiempo: el descubrimiento del segundo nivel en la escritura nerudiana, que generalmente tiene varios pasos. José Miguel Varas, Premio Nacional de Literatura 2006, debía ir aquel 11 de septiembre de 1973 a Isla Negra, donde el poeta yacía enfermo. Ese capítulo inconcluso vale la pena completarlo. Ciertamente al Ministerio de la Cultura de Chile no deberían escapársele todos los datos concernientes a la vida y la obra de Neruda y de otros poetas valiosos.

-En 2005, el escritor Angel Augier le rindió un tributo a Neruda en Cuba. Recientemente hablé con Augier y me contó en La Habana que le regaló un ejemplar de su libro, mediante su hija que vive en Santiago. ¿Qué lectura hace del libro Neruda en Cuba y Cuba en Neruda?

-Efectivamente el escritor cubano Angel Augier, gran biógrafo de Nicolás Guillén, publicó un espléndido libro Cuba en Neruda y Neruda en Cuba, que es indispensable para conocer más a fondo ese vínculo que existió y dio buenos frutos, que superan incidentes del pasado.

-En 1935 su Antología de poesía chilena nueva, junto a Eduardo Anguita, generó demasiada polémica, sobre todo entre Pablo de Rokha, Vicente Huidobro y Pablo Neruda. ¿Neruda alguna vez le habló de la repercusión de su Antología? ¿Cómo vivió lo que Faride Zerán calificó de guerrilla literaria entre Huidobro y los dos Pablos?

-Neruda conoció bien la bulliciosa polémica suscitada con la publicación hace 70 años de la Antología de poesía chilena nueva. Neruda entonces era cónsul en España. Cuando regresó a Chile en 1937, fui a entrevistarlo para la revista Qué Hubo en la Semana. No tocó ni ahí ni nunca conmigo la controversia ni discutió la Antología. Me trató muy amablemente como si fuera yo un periodista y no un coautor del texto controversial, que desató la que se considera la mayor y más beligerante polémica literaria del siglo XX. En nuestra larga amistad, de más de 30 años, no tocó conmigo este diferendo. Casi todo está bien explicado por Faride Zerán en La guerrilla literaria, por cierto recientemente publicada en México por el Fondo de Cultura Económica.

-El nombre de su hija Marina Teitelboim, ¿es un homenaje íntimo a Malva Marina Neruda?

-El nombre de mi hija Marina fue ajeno al de Malva Marina Neruda. En realidad se impuso la abuela materna, que al nacer fue inscrita con dos nombres patrióticos: Marina Independencia. Marina en homenaje a la Escuadra y el otro celebrando la Emancipación de España. Luego la vida validó el nombre Marina, muy común en Rusia, donde ella vivió gran parte de su niñez y juventud.

-Siempre ha dicho que su esposa legal fue la política y su amante la literatura. ¿Qué le ha dado mayores satisfacciones y desvelos?

-La literatura me da variados goces y algunos sinsabores, a pesar de ser una labor solitaria. La política es más áspera. La concibo como el ejercicio de un deber moral respecto de la sociedad. Me ha dado más desvelos, privaciones, zozobras y enseñanzas como aquella de la piedra con que topamos todos los días y del uso de la palabra oral y escrita para saborearla alma adentro.

-Estuvo preso en el campo de concentración de Pisagua. Escribió una novela basada en su experiencia. ¿Cuándo se entera que el capitán Pinochet era responsable de ese centro de detención? ¿Qué siente cuando Pisagua es reabierto por el general Pinochet en 1973?

-Estuve relegado en el campo de concentración de Pisagua en 1957. Pinochet fue el carcelero jefe en una época anterior (1947). Lo reabrió en 1973 porque necesitaba cárceles con tradición histórica y también nuevas prisiones naturales para miles de personas. Fue un eslabón en su "gesta por salvar el mundo".

-El 9 de julio usted declaró al diario La Nación: "La Fundación Neruda no debe ser una institución inversionista, y la preocupación por el financiamiento no puede convertirse en la razón de ser, que es en este caso la literaria". Pero yo insisto "la cosa es muchísimo más grave" parafraseando a Benedetti. La inversión es junto a un asesor de Pinochet, ¿Ricardo Claro no es un terrorista de Estado? ¿ Neruda estaría totalmente de acuerdo con la inversión, como declaró Juan Agustín Figueroa?

-La voluntad de Neruda no fue consultada para configurar la Fundación que lleva su nombre. Su idea fue crear una Fundación para el estudio de la poesía. No la concibió como una organización financiera, aunque pensaba en la necesidad que subsistiera como una entidad universitaria independiente, fuese estatal o a cargo de amigos cuidadosamente seleccionados.

-Usted dirigió la revista más importante del exilio, Araucaria de Chile, fue colaborador habitual de la revista Rocinante de Chile. ¿Por qué nos queda la impresión de que había más libertad de expresión durante la dictadura que en democracia?

-No hubo más libertad de expresión bajo la dictadura o en el período de Pinochet. Sin embargo, el apoyo a la libertad de expresión de los distintos sectores no está garantizado. Se han dejado morir todos los diarios de izquierda y casi todas las revistas de pensamiento autónomo, que pretendieron levantar la voz. Los medios de expresión son monopolizados por dos grupos económicos tentaculares. Los de ideas progresistas sucumben en la insolvencia, mientras el visaje comercial y a menudo el oficial se concentra exclusivamente en órganos de publicidad que apoyaron la dictadura como El Mercurio y La Tercera".

-Participó en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en las sesiones del seminario Más allá de la memoria (1985). ¿Cómo mira "Un pibe, como vos, del siglo XX" la memoria y el olvido después de tantos años, persecuciones, exilios, navegaciones y regresos?

-El país post-dictadura mantiene en mucho el modelo dictatorial en lo económico, político, "cultural". Pinochet está convertido en corrupta piltrafa de la historia, pero el pinochetismo, aunque hieda, puede ahora tomar distancia tartufesca de su padre y fundador, que huele a podrido, pero goza de buena salud y mantiene el control de las palancas esenciales del país. Su consigna es el olvido, la amnistía, doblar la hoja, tapar con el silencio y la impunidad la época más abominable de la historia del país. No es esta la nación que soñamos ni tampoco la que fundaron los libertadores de 1810. El dinero es el rey, el fetiche sagrado, el mercado en su templo venerable y más que ciudadanos con todos los derechos, son convertidos en consumidores anónimos, hambrientos, engañosamente arrobados en un país donde la pobreza afecta a la mayoría, mata lentamente y nubla las conciencias.

-Mi última duda: ¿Pudo enviarle un mensaje de solidaridad al Comandante Fidel Castro? Sé que es su amigo personal desde hace muchos años. ¿A qué conclusiones llega con la Cumbre de los No alineados y la ausencia de Fidel en ella?

-Fidel Castro es el mayor, el más lúcido político del siglo XX. He estado siempre con su noble causa. Se ha esforzado por organizar oportunamente los relevos de la Revolución Cubana. Su presencia y balance encabezan el máximo acontecimiento en los anales de una justicia para una América Latina contemporánea, que comienza a despertar. La Historia sigue su curso y el siglo XXI tendrá sin duda presente y vivo el gran aporte, la contribución fundamental de Fidel Castro a la civilización humana. Se palpa en todos los espacios. El futuro lo tiene como uno de sus más inspirados, ardorosos y nobles constructores de una nueva etapa que ya asoma en el horizonte latinoamericano.


En México 364 lenguas nacionales

Carlos Paul, Mariana Norandi

De acuerdo con el estudio elaborado por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), que dio como resultado el Catálogo de las lenguas indígenas nacionales; en México "se registran 364 variantes lingüísticas", mismas que son reconocidas a partir del 14 de enero, por el gobierno federal, como "lenguas nacionales". Dicho número de variantes -las cuales se sustentan en 68 agrupaciones de lenguas, integradas en 11 familias lingüísticas-, deberán ser tratadas, como marca la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas: como lenguas en los espacios educativos, de salud, de servicios, de impartición de justicia, así como en la realización de trámites y requerimientos de información pública. Generalmente en lo que es la impartición de justicia, por ejemplo, "existen muchas solicitudes ambiguas, es decir, cuando se requiere un traductor de mixteco para el inculpado, ahora se tendrá que tomar en cuenta la diversidad interna de esa lengua", señaló el director del Inali, Fernando Nava López.

Este catálogo es sólo un instrumento de orientación para las autoridades, para que conozcan el número de lenguas habladas en el país, "con la finalidad de contribuir a hacer más eficiente la atención gubernamental dirigida a la población indígena". Nava López manifestó que con esta catalogación se detectó que aproximadamente existen en nuestro país "alrededor de 30 lenguas en riesgo de desaparecer, y que de acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geogrfía e Informática, 6.7 por ciento de la población del país, equivalente a 7 millones de hablantes, declaró hablar una lengua indígena. De esos 7 millones de personas, 12 por ciento es monolingüe". De acuerdo con los censos de población, añadió, en 2000, 7.1 por ciento de los entrevistados declaró hablar una lengua indígena, y que para 2005, fue 6.7 por ciento, "lo que significa un descenso considerable". En la actualidad, abundó, para atender a los 7 millones de mexicanos que hablan alguna lengua indígena, sólo se cuenta hasta el momento con 250 traductores.

El catálogo se encuentra organizado a partir de las siguientes categorías: Familia lingüística, entendida como el conjunto de lenguas con semejanzas en sus estructuras lingüísticas y léxicas debidas a un origen histórico común. Agrupación lingüística, definida como el conjunto de variantes lingüísticas comprendidas por el nombre dado tradicionalmente a un determinado pueblo indígena. Variante lingüística, entendida como una forma de habla que presenta diferencias estructurales y léxicas en comparación con otras variantes de la misma agrupación lingüística y que implica para sus usuarios una identidad sociolingüística que contrasta con la de los usuarios de otras variantes, y autodenominación, nombre con el cual los hablantes de cada lengua indígena se refieren a la propia. Por ejemplo, los integrantes del pueblo indígena huichol llaman a su lengua wixárika.

Las 364 variantes lingüísticas, ahora consideradas lenguas nacionales por el gobierno federal, por conducto del Inali, dependiente de la Secretaría de Educación Pública, tendrán "un proceso de normalización lingüística". Eso implica, entre otras cosas, según Nava, "el establecimiento de alfabetos unificados y argumentados a partir de estudios fonológicos, la elaboración de gramáticas de uso escolar basadas en estudios morfosintácticos, así como la producción de diccionarios de referencia para uso escolar y comunitario". Aseguró que México está entre los 10 países con mayor diversidad lingüística, y que una lengua se mantiene viva principalmente por su transmisión oral, "si no pasaría como el latín y el griego clásicos, que existen muchos estudios, pero ya nadie los habla". En este sentido informó que en México, a mediados del siglo XX desaparecieron por completo varias lenguas, como el chiapaneco o el pochuteco; sin embargo, hay otras que están incrementando su uso, como el tzotzil, el tzeltal o el tojolabal.

El titular del Inali comentó que "ya se comenzó a trabajar en la capacitación de intérpretes y traductores. El año pasado en convenio con el estado de Guerrero y cuatro agrupaciones lingüísticas de esa entidad, se impartió un diplomado en materia de asuntos jurídicos. En Sinaloa, la universidad autónoma de ese estado obtuvo un apoyo de la Unión Europea para impartir un diplomado similar". Comentó que para 2008, el instituto cuenta con un presupuesto de 89 millones 600 mil pesos y entre los programas que se desarrollarán se tiene previsto la mayor capacitación en lenguas indígenas.

La Jornada - México D.F., 15/1/2008


La mujer que miró a los ojos de los asesinos

Javier García

Durante 18 años le hizo el quite al río Mapocho. Podía mirar por horas el cerro San Cristóbal, pero no las turbias aguas, donde encontraron flotando a su padre, Sergio Verdugo, desaparecido en julio de 1976 por agentes de la Dirección de Inteligencia de Carabineros, a quienes tuvo la oportunidad de mirar a la cara y presenciar sus enjuiciamientos. Patricia Verdugo estuvo amenazada de muerte, y tras el asesinato del padre publicó su íntima versión de la historia en 1999 con el título de Bucarest 187. Hace ocho años, le preguntaron en una entrevista, dónde le gustaría vivir. "En Nueva York o en la Isla de Pascua, pero soy mapuche por estructura sicológica y Chile es mi tierra", contestó.

Verdugo, Premio Nacional de Periodismo 1997, y autora de Los zarpazos del puma (1985), que vendió más de 100 mil ejemplares en un año -y 30 mil volúmenes piratas-, dejó de existir, a los 61 años, el domingo 13 de enero en el Hospital Clínico de la Universidad Católica producto del cáncer a la vesícula que padecía hace más de un año. Verdugo, quien decía que los periodistas son siquiatras sociales -porque "ayudan a superar los traumas del pueblo"-, también sufrió la muerte de dos hijos (uno, por infección postoperatoria y otro por muerte súbita).

Estudió periodismo en la Universidad Católica y desde 1969 trabajó en diversos medios, como las revistas Ercilla, Hoy, Análisis y APSI, y colaboró en TVN y en el diario La Segunda. Tras el asesinato de su padre, la causa de los derechos humanos fue el gran tema que eligió para su labor periodística, trabajo que le significó recibir en 1993 el Premio María Moors Cabot, en Estados Unidos.

Los zarpazos del puma fue prohibido por la dictadura, pero circuló de forma tan masiva, que llegó a convertirse en un emblema de la lucha a favor de los derechos humanos. En él, relata la matanza de 72 personas por integrantes de la llamada Caravana de la Muerte, comitiva militar que recorrió el país asesinando presos políticos entre octubre y noviembre de 1973. Los datos expuestos en el libro fueron confirmados posteriormente durante la investigación judicial del caso, llevada a cabo por el juez Juan Guzmán, quien procesó a Augusto Pinochet por su responsabilidad en los crímenes denunciados. Además, Verdugo publicó en la década del '80, André de La Victoria, sobre el asesinato del cura francés André Jarland; Quemados vivos, basado en la tragedia sufrida por Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana; Operación Siglo XX, en colaboración con Carmen Hertz, y Conversaciones con Nemesio Antúnez, diálogos que se realizaron durante los últimos cuatro meses de vida del pintor.

La Nación - Santiago de Chile, 15/1/2008


Murió Lisandro Otero

Anubis Galardy

El escritor, periodista y ex diplomático cubano Lisandro Otero, Premio Nacional de Literatura 2002 y colaborador de Cubadebate, falleció en Ciudad de La Habana a los 75 años de edad. Otero fue fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, organización que expresó su "profundo dolor" por el deceso del autor cubano, al igual que el Ministerio de Cultura y la Academia Cubana de la Lengua, de la cual era presidente. El extinto escritor fue también Premio de Novela en el Concurso Casa de las Américas de 1963 con el libro La situación, obra que lo colocó en un lugar sobresaliente dentro del panorama cultural. Asimismo fue autor de Temporadas de Angeles (1983), premio de la crítica literaria, y Arbol de la vida (1992), además de una extensa labor periodística que le mereció el Premio Nacional de Periodismo Cultural. Otero colaboró en más de una decena de publicaciones incluidas las especializadas de cultura en Cuba, Francia y México. En este último país recibió el Premio Nacional de Periodismo, otorgado por el club de periodistas. Consejero cultural de Cuba en Chile y Gran Bretaña, Lisandro Otero participó en varios Congresos de escritores y visitó numerosas naciones de América Latina y Europa.

Cubadebate reproduce a continuación la entrevista que realizó Prensa Latina al escritor y periodista cubano Lisandro Otero.

Es uno de los narradores más importantes de la segunda mitad del siglo XX cubano, cuyas pulsaciones y virajes han quedado registrados, de mano maestra, en su literatura. Una literatura a la que el ejercicio paralelo del periodismo -al contrario de lo que opinan algunos escritores sobre ese oficio-, no ha hecho sino reportarle ganancias, en un juego de mutuas influencias, de savias nutricias, del que ambas vertientes han salido favorecidas. Testigo y actor de su tiempo, polémico, desenfadado, asequible, con una curiosidad en permanente acecho y una lozanía intelectual intacta a sus más de 70 años, Lisandro Otero ha consolidado una obra vasta, coral, significativa; una novelística espléndida, que sigue creciendo, en la cual explora a fondo en la historia -no sólo la de su país- y en llos entresijos más íntimos de la naturaleza humana, los azares del hombre frente a sí mismo y a su destino. Leerlo es una aventura enriquecedora, apasionante. Incitarlo al diálogo un placer y ese desafío que supone someter a un periodista avezado a ese metafórico ruedo, a ese duelo de preguntas y respuestas, del que él es un artífice consumado.

-A estas alturas de una vida intensamente vivida, como la suya, y una obra sólida, de alto vuelo, que lo respalda, se impone una especie de retrospectiva. ¿Ha dado ya esa mirada atrás, cuál es el saldo?

-Todavía no he realizado esa retrospectiva porque cuando tire la raya y sume quiere decir que no hay nada más que añadir. Pero hay en el haber algunas realizaciones, algunas frustraciones, pérdidas y ganancias, desaciertos y conquistas... como todo el mundo.

-El Premio Nacional de Literatura le llegó en un momento en que tiene acumulado un número considerable de honores y distinciones. ¿Cómo lo recibió?

-Con sorpresa, con asombro y desconcierto. No tenía la menor idea de que habría de recibirlo. Pensaba que jamás me sería otorgado. Recibí casi un centenar de mensajes de Internet y decenas de llamadas telefónicas de todo el mundo. He visto numerosos cables de agencias de prensa, los periódicos de América Latina difundiieron la noticia. Es un lauro prestigioso que ha convocado la atención de la esfera de la cultura. Después, la sorpresa dio paso al júbilo. Sobre todo cuando percibí que eran muchos -más de los que imaginaba-, quienes se regocijaban junto conmigo, que era un contento compartido y auténtico. Eso me otorga una sensación de confiada seguridad en el consenso alcanzado.

-¿Cuánto permanece en usted de aquel joven de veintitantos años que escribió una novela, hoy considerada un clásico de la literatura cubana, La situación?

-Creo que casi todo, sobre todo el impulso apasionado de confiar siempre en las utopías y su aureola futura. Fue con esa confianza que escribí La situación.

-En su novela Temporada de ángeles hay una dedicatoria que expresa, más o menos: a la presencia, cada vez más creciente, de Alejo Carpentier. ¿Cuáles son sus deudas con Carpentier, cuáles sus afinidades o cercanías?

-Siempre he profesado un deslumbramiento estremecido ante la presencia monumental de Alejo Carpentier, por su destreza como escritor, su vida ubérrima, su incesante curiosidad por las tecnologías y los movimientos de la creatividad y el pensamiento. Su oído perceptivo le permitió alcanzar unas sonoridades de la lengua que muy pocos escritores han logrado. La eufonía de su prosa y la visión del mundo que en ella refleja deberían ser aspiraciones de todo novelista que aspire a la eternidad. Afortunado podría considerarse todo aquél que se le acerque a un centímetro del tacón de su zapato.

-Usted se refiere a menudo, con satisfacción implícita, a muchos de sus libros, pero no recuerdo que mencione con frecuencia uno de ellos, Pasión de Urbino, incluso a menudo relegado por los críticos. ¿Se arrepiente de él o lo reivindica como hizo Cortázar con 62 Modelos para armar, al que llamaba "su hijito feo, pero secretamente preferido"?

-No tengo ningún reproche que hacerle a Pasión de Urbino. Es una novela sin muchas pretensiones, perfectamente lograda dentro de las dimensiones que intenté. Creo que debe reeditarse. Constantemente recibo referencias de jóvenes que la han leído en bibliotecas, porque está agotados sus tirajes, y la prefieren a mis otras novelas de corte histórico y realista. Parte de las nuevas promociones se inclina por este tipo de literatura de mayor vuelo imaginativo y endebles contactos con la materialidad objetiva.

-Usted, en un conversatorio en la Biblioteca Nacional de Cuba, afirmó: He vivido la vida y me he quemado bajo el sol. La frase casi equivale a un epitafio.

-No hubo ninguna intención mortuoria. Simplemente quise decir que al cabo de medio siglo de brega puedo mostrar las cicatrices de las batallas que he librado en el camino.

-Usted nació en cuna de oro, era hijo del presidente de la poderosa Asociación de Reporters, tenía casa en Varadero, Guanabo, y residencia en Miramar. Desde un inicio estuvo vinculado con la Revolución surgida su país. ¿Cómo se produjo en usted lo que pudiéramos llamar desclasamiento, cómo fue ese proceso de aprender a prescindir?

-Mi padre también fue Decano del Colegio Nacional de Periodistas y era una figura influyente en el panorama cubano, pese a ello no me absorbió el sistema. Creo que mi educación revolucionaria se la debo en gran medida a la Universidad de La Habana que era una gran academia de rebeldía. En la década del cincuenta comencé a leer marxismo y me vinculé al Comité 30 de Septiembre, al cual también pertenecía Fidel Castro, Lionel Soto, Bilito Castellanos y Alfredo Guevara, entre otros. Después estudié en Francia y aquel medio fue otra gran escuela de insurrección. Allí me vinculé a los movimientos estudiantiles de izquierda. Finalmente, a mi regreso a Cuba advertí con mayor nitidez las desigualdades, los atropellos y la irracional desorganización social. Me uní a las actividades del Movimiento 26 de Julio y los sacrificios de aquellos muchachos, los martirios a que fueron sometidos por la dictadura, la abnegación y desinterés que los impulsaba, terminaron de persuadirme de la razón de aquella causa. En 1959 no era un revolucionario maduro pero estaba listo para aprender a serlo.

-Usted ha sido considerado un hombre polémico y usted mismo se autodefine así. ¿Lo considera una virtud?. ¿Cuando se lo dicen lo toma como una crítica o como un elogio?

-Hasta cierto punto lo tomo como un cumplido porque quiere decir que no he sido un conformista sumiso, un resignado sin criterio. A veces se me ha clasificado como "conflictivo" y no creo que haya nada de perturbador en ello porque he mantenido ciertas pautas de pensamiento y de conducta divergentes, pero he sostenido mis discrepancias con cordura y sin ceder jamás en los principios. Mis disentimientos nunca fueron de fondo. Me considero revolucionario por ser intransigente.

-¿Cuanto hay, en sus libros, de trabajo duro, a mano limpia, con la palabra?

-Mucho. Pero debo decir que soy autor de una obra vasta y por tanto irregular. Aprendí trabajosamente el oficio y mi trajín incesante con las palabras es una adquisición de los últimos tiempos. En mis primeras obras no existe el mismo cuidado formal y en algunos casos las salva el ímpetu con que fueron escritas más que los primores de hechura.

-¿Qué le inquieta como persona y como escritor, qué lo preocupa al punto de no dejarlo, a veces, dormir?

-Haber realizado tanto esfuerzo en vano. Dejar de existir y convertirme en una partícula cósmica, olvidada y mínima. Que el tránsito humano no sea más que una ilusión de los sentidos. Formar parte de un magma difuso, impalpable, intrascendente.

-¿Qué autores son sus "compañeros de viaje" todavía?

-Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Joyce, Stendhal, Flaubert, Sartre, Malraux, Hemingway, Quevedo, Thomas Mann, Malcolm Lowry, Nabokov, Dos Passos, Pablo de la Torriente, Graham Greene.

-Para algunos críticos, Usted es un novelista fundamentalmente urbano o citadino. ¿Está de acuerdo con esa definición?

-No estoy de acuerdo. Mi experiencia vital ha sido citadina, no hay dudas; no soy un hombre de campo, pero mis novelas históricas se desarrollan en toda la vasta extensión de la isla cubana.

-Su vida como periodista o como diplomático lo situó en el centro mismo de una vorágine de acontecimientos, en medio de una historia cambiante y palpitante. Al margen de lo que convirtió en materia nutricia de su literatura, ¿qué le dejaron esas experiencias humanamente?

-He atestiguado, ciertamente, algunos de las conmociones mayores del siglo veinte. Estuve presente en la guerra en Vietnam, la revolución cultural china, la Unidad Popular de Salvador Allende, la erección del Muro de Berlín y también en su derribamiento, el inicio de la "perestroika" en Rusia, el despertar de Africa al iniciarse la descolonización y, desde luego, en la Revolución Cubana en la que he participado activamente. No habría sido quien soy de no haber vivido esas experiencias que formaron o modificaron mi visión del mundo. Creo que aprendí a entender la caducidad de las instituciones humanas, la volatilidad del orden construido, las posibilidades infinitas que encierra todo intento de cambiar la vida.

-Al cabo de más de 70 años, ¿cómo se ve a sí mismo, qué espera del Lisandro que es?

-Por el tiempo que me queda ya no puedo aguardar demasiadas novedades, ni albergar mayores expectativas, pero sí espero mucho de la nueva generación, de los jóvenes que se han formado mucho mejor que los de mi promoción, que tienen umbrales de tolerancia más significativos y niveles de educación mucho más vastos.

Cubadebate - 4/1/2008

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