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"No fuimos constructores de una modernidad propia" Facundo Gari En el siglo XVII, René Descartes inauguró en Francia la corriente filosófica del racionalismo, opuesta al empirismo que acentuaba a la experiencia como el único camino hacia el conocimiento. Pero el corazón tiene razones que la razón no entiende. El hombre hizo verbo de la doctrina: cazó a las brujas y despellejó a los delincuentes, secuestró, torturó y desapareció los cuerpos en el río, alienó obreros y abandonó niños. Aún conquista y avanza. "Hoy, cuando se habla de racionalidad, se habla de la del capital, de la productividad convertida en dinero. Entonces, racionalizar a la empresa siderúrgica Somisa significó echar a cuatro mil personas. Así, se puede demostrar a través de casos antropológicos cómo hasta matar al propio padre puede ser un acto racional", ironiza el antropólogo y escritor tucumano Adolfo Colombres, cuyo ensayo América como civilización emergente acaba de ser reeditado por Catálogos y que plantea la necesidad de tomar conciencia de un proyecto sudamericano propio, atento a la filosofía vernácula de los antepasados indígenas, que ponga de relieve el valor de la cultura como espacio de conciliación en un mundo cuyo paradigma continúa siendo el "sálvese quien pueda". Mientras habla, sentado en un sillón blanco como su cabello, de espaldas a unas diminutas figuras de santos paraguayos que trajo de sus viajes, la selva amazónica cruje, las ruinas de Machu Picchu se estremecen, el llano de Orinoco danza y la cordillera andina se eleva. "La idea de construir una propia modernidad está en el camino de la formulación de una identidad civilizatoria. Hablar de cultura americana no conduce a nada, porque en América hay alrededor de dos mil matrices culturales. El concepto de civilización sí permite agrupar todas las diferencias", asegura Colombres a Página/12. "De hecho, no hay un rechazo entre las culturas al contacto, sino que tienden a conciliar. Se debe producir un diálogo. Incluso, ya se está produciendo". -Si Sudamérica carece de un proyecto civilizatorio propio, y es un "furgón de cola" de Occidente, ¿cuán lejos está de alcanzarlo? -El ser ya está maduro, lo que no lo está es el lenguaje, el que lleva a uno a definirse como argentino, por ejemplo. Es un problema de voluntad política, por qué algunas etnias se definen como naciones, como los mapuches y los collas. Es, también, un problema de emergencia de la conciencia. Resulta curioso que desde occidente nos señalen como una de las civilizaciones que en el siglo XXI disputará el escenario del mundo. Muchos años atrás, Huntington, en su libro El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, hablaba de ocho civilizaciones y ahora habla de nueve, entre las que ubica a América Latina. -¿Y cuáles son las señales que dan nota de la emergencia? -En 2001, el Foro Social Mundial apuntó a una "nueva civilización humana". Pero ahí el concepto estuvo mal apuntado. Lo que se quiso decir es una "nueva humanidad", que resultaría del diálogo entre distintas civilizaciones. La pregunta que deberíamos hacer es cómo entramos en eso, si como una civilización o como un furgón de cola de Occidente. En este proceso, desde fines del siglo pasado comenzó a cobrar importancia el mundo indígena, que antes era concebido como el pasado, como la referencia inmóvil de una tradición que no se la veía cambiante sino congelada, frente a la que uno podía medir los avances de la modernidad de cuño Occidental. En gran medida fuimos más modernizados que constructores de nuestra modernidad, desde las propias bases. Poco después del levantamiento de Chiapas, vinieron todos los movimientos anticapitalistas en Seattle, Praga y Washington. Y esos foros se siguen dando, por ejemplo en Bolivia y Ecuador. Existe, entonces, lo que podríamos llamar una madurez de la especie humana. En este momento, América Latina es lo más avanzado del mundo y una muestra de ello es el nuevo documento que sacó Evo Morales, llamado Los diez mandamientos para salvar al planeta, la humanidad y la vida. En él no se habla ni de los indígenas ni de América Latina, sino del mundo entero. Es un documento que se basa en la filosofía india, por un lado, y en las estadísticas de las Naciones Unidas. No es un texto político porque su fin es apelar a la conciencia humana desde una base civilizatoria, que es americana, para que se dejen de joder con las guerras y pongan esos recursos para solucionar los problemas de hambre y salud. -Usted sostiene que el desarrollo de "nuestra América" no puede exigir en modo alguno la extirpación de las raíces indígenas, pero tampoco de las europeas y las africanas. ¿Por qué es importante esa vuelta? -Decir "volver a las raíces" suena a romántico. En un principio, la modernidad se basó filosóficamente en poner la razón al servicio de la libertad y la justicia, y eso significó puntos importantes para Europa, en la medida en que pudo acabar con varias monarquías, pero para la periferia generó una distancia. Incluso los Derechos del Hombre que se aprobaron en París (en 1793) no fueron exportados a Haití porque, llegaron a decir, no se habían hecho para los negros. El Iluminismo no creó la modernidad, la pretendida superación de lo filosófico y sagrado de lo que podríamos llamar superstición, sino que es una apropiación de civilizaciones anteriores, que ya implicaban una actitud técnica racional. Luego llegó la primera cruzada a Jerusalén y murieron en un día 60 mil personas. En una conferencia mundial en Cuba acusé al cristianismo de ser el enemigo número uno de la diversidad cultural del mundo. El cristianismo, una religión que supuestamente se inicia con el amor, termina definiendo un concepto de bárbaro que implica que el que no está cristianizado no es un ser humano. Ese concepto de salvaje, que se usó durante la llamada Conquista del Desierto en Argentina, fue creado por esta religión. -¿Y en la Argentina actual como obra esa modernidad occidental? -La modernidad se está hundiendo, ya no tiene absolutamente nada que ofrecer, ha perdido toda racionalidad. Con la actual crisis mundial, es curioso cómo reacciona el Gobierno nacional: más consumo en lugar de parar un poco la mano. Se quiere buscar a una crisis producida por el consumo una salida en más consumo. Cristina dice "el año que viene vamos a hacer 650 mil autos" y nadie se pregunta dónde mierda los vamos a meter, si ya no se puede andar. Esta es una rueda que va al abismo. Tampoco con el tema de la soja se utilizó la razón. Es un cultivo que produce daño en cinco niveles distintos: social, cultural, económico, político y alimenticio, pero nunca se lo tomó por ahí. En ese sentido, la idea no es volver a las raíces, volver a las fuentes, sino a la conciencia, al sentido común, a la comunidad como sentido del común. Lo que está ocurriendo con los indígenas es que están produciendo su propia modernidad. -Lo que usted plantea es oponer una identidad propia, que surja del cruce de semiosferas, a la ajena que se toma como original. -Lo que opongo es modernidad dominante y lo que antes llamábamos modernidad periférica, término que ya no me gusta usar porque creo que definirse así es autodegradarse. Nadie es periférico. Una cosa es estar en esa situación y, otra, la parte ontológica. Toda cultura tiene su centro del mundo y una sucesión de centros. Es un término que se arranca de lo económico y lo trajeron a lo cultural, y de lo cultural a lo ontológico. Si uno se reconoce como periférico, ya está desarmado, ya se reconoce como un nadie. Creo que en este momento los periféricos son los norteamericanos. De no ser por Estados Unidos, el mundo ya hubiera llegado a la madurez plena. Ahora, con el 60 por ciento del presupuesto bélico mundial se podría acabar con el hambre del planeta. La ferocidad de la sociedad de consumo... Cuando yo era joven nadie estaba pensando en el consumo y se era feliz. No estábamos pensando en "lo último", ni se ensuciaba tanto el ambiente. Entonces, la propuesta no es volver al remoto pasado sino a algunos conceptos vigentes incluso algunos años atrás. -¿Pensar en un nuevo proyecto de unión de naciones sudamericanas implica además un cambio en la forma de organización política? -Es evidente que la democracia está totalmente coja, que funciona a medias. Por ejemplo, cuando uno va a votar se habla del mandato de las urnas. El mandato es un contrato definido por el derecho romano. Ese mandato, en el terreno privado, está muy bien legislado. Si uno hace un contrato para alquilar una casa, no la puede vender. En cambio, en el mandato público, Menem hizo las diez bases de la denominada revolución productiva y yo me reía porque de esa decena, en nueve puntos hizo exactamente lo contrario. Sale un tipo, se hace afeitar y crea una imagen -como la que creó Macri con Gabriela Michetti llevándola en la silla de ruedas, una imagen muy evangélica- y la gente lo vota. Pero cuando toma el poder, no hay nada que le prohíba al flamante funcionario hacer lo que se le dé la gana. ¿Quién le va a reclamar no haber cumplido con la promesa electoral? Porque, en realidad, no es una promesa lo que se rompe, sino un pacto. Y como es un mandato, tendría que ser anulable si el mandatario no lo cumple. Pero eso no rige. Por lo general, las luchas políticas son entre dos grupos, que se presentan como diferentes pero en realidad quieren lo mismo y utilizan discursos que son atractivos. En cambio, la política indígena se basa en el consenso, no en la imposición de una mayoría o una minoría. -La libertad, la justicia y la igualdad, ¿siguen siendo utopías en América Latina? -Yo creo que América está emergiendo, lo que tiene que pasar ahora es tener conciencia de ello. Si uno se plantea como civilización nueva, con toda una serie de virtudes, condiciones y recursos, le da una dimensión que hasta el momento no tiene. Si le pregunto a un intelectual qué es América Latina, no sabe responder, porque son los más perdidos. Si le pregunto a un indio o a un negro, la tiene clara: sabe que no es Occidente y hasta se ríe si se lo menciona. En cambio, aquí el modelo de Borges, que era reconocido en Europa y en todo el mundo, nos enorgullece, nos halaga. Podemos pensar de dos formas: membretar la realidad a través de categorías prestadas o construir las propias categorías y darle al cajón el tamaño que se merece. Para lo que es la historia de Argentina, que es muy triste, el país ha dado algunos pasos muy importantes. La utopía se está dando, pero hay que ver cómo se inserta Argentina en ese proyecto. Todavía veo titubeos, sigue estando el terror a distanciarse de Estados Unidos, siempre se está mirando hacia allá. Creo que la esperanza está en la juventud, que si bien está alejada del cuadro político, da muestras de una bondad que es la que debe marcar el camino. Página/12 - Buenos Aires, 29/12/2008 |
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La muerte de doña Amalia Solórzano Rosa Elvira Vargas Testigo y protagonista de un siglo en la historia moderna de México, el 12 de diciembre falleció en su casa de la Ciudad de México doña Amalia Solórzano, viuda del general Lázaro Cárdenas del Río. Tenía 97 años de edad y gozó siempre de una salud y una lucidez envidiables. Su deceso ha enlutado no sólo a sectores de la izquierda mexicana, sino a prácticamente todo el espectro político nacional; también a grupos sociales, académicos e intelectuales que conocieron su trabajo y convicciones nacionalistas. Dueña de un perfil discreto que construyó desde su matrimonio, siendo muy joven ella, con quien está considerado uno de los mejores presidentes del país, doña Amalia Solórzano participó en momentos clave de la vida nacional durante la gestión de Lázaro Cárdenas y posteriormente, cuando se sumó, acompañándolo a él o ya viuda, a diversas acciones de solidaridad internacionalista, apoyó el movimiento estudiantil de 1968 y en 1994, con su respaldo al movimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Como esposa, madre y abuela, doña Amalia fue sin duda la personificación de la crónica nacional de buena parte de la política del siglo 20. En septiembre de 1941, a propósito del noveno aniversario de su matrimonio y apenas un año después de haber dejado la Presidencia de la República, el general Cárdenas consignó en sus Apuntes esta descripción de su esposa: "Estoy contento, en realidad he sido feliz con ella. Ha sabido usar del tacto necesario patra tratarme en medio de mis problemas morales, políticos y sociales en que he participado. Es cariñosa e inteligente y nunca ha manifestado la menor exigencia en cuanto a la forma en que hemos vivido". Y aquí mismo, en las páginas de La Jornada, doña Amalia dejó constancia del sentimiento y admiración que profesó siempre por "el general", como ella lo llamaba. El 18 de marzo de 1995, a propósito del primer centenario del natalicio de su marido, escribió: "Sólo quedan aquellos por los que un día dijiste: no más descalzos, desnudos, analfabetas. Ellos sí, aún están. Lo que tuvieron se los quitaron: sus tierras, aguas, sus animales, aquellas casas humildes que se llamaron escuelas, sus azadones, sus mulas para labrar la tierra, todo desapareció. Cuando vieron ya no les quedaba nada. (...) A tu partida quedaron estas obras en manos que no sabían más que recibir dádivas. Nunca defendieron esa nuestra herencia. También se hipotecó. ¡Cuánta falta de patriotismo hemos sufrido desde que no estás tú! (...) así ha quedado México con sus heridas y sin que las conciencias que lo asesinan den la cara y respondan con dignidad a tanta amargura. Esta fue nuestra desgracia". Historia romántica si las hay, el encuentro y posterior unión de doña Amalia y Lázaro Cárdenas merecería, por ese solo hecho, quedar consignado en los anales del género. Ella misma lo contó muchas veces y lo dejó registrado en su libro Era otra cosa la vida, publicado en 1994 bajo el sello editorial Nueva Imagen. Nació en Tacámbaro, Michoacán, en 1912 (1911, de acuerdo con otros registros). Fue hija de Cándido Solórzano Morales y de Albertina Bravo Sosa. Con siete hermanos y una familia de una posición económica buena, estudió sus primeros años en una escuela oficial y luego, ahí mismo en su pueblo natal, fue inscrita en un colegio de monjas guadalupanas. Alrededor de los 10 u 11 años, fue traída a la ciudad de México a un internado que esas mismas religiosas tenían aquí en el entonces pueblo de Tacuba. Una de sus visitas a la casa paterna en 1928 coincidió con la llegada a esa región, en su campaña para gobernador, del general Lázaro Cárdenas: "Desde que nos vimos, yo desde el balcón y él que saludó como cualquier persona que saluda desde abajo, desde la plaza, a una persona que está en un balcón, desde ese momento, fue mutua la simpatía", consigna doña Amalia en su autobiografía. Ella tenía entonces 15 años y él, 33. Al día siguiente coincidieron en una comida que las madres guadalupanas ofrecieron al candidato en una finca llamada Los Pinos y años más tarde, en claro homenaje de su marido, él dio a la residencia presidencial ese nombre que hasta la fecha conserva. La oposición de los padres de la joven, entre otras razones por la condición militar del pretendiente y su evidente desapego de la religión católica, los llevó a sortear diversas vicisitudes y finalmente se casaran hasta 1932, el 25 de septiembre, sólo por el civil. Iniciaron entonces su larga vida juntos y de la cual el 18 de julio de 1933 nacería de forma prematura, para vivir apenas unas horas, su hija Palmira, y en 1934, el 1º de mayo, Cuauhtémoc, quien también seguiría la carrera política, donde fue gobernador de Michoacán, tres veces candidato a la Presidencia de la República (1988, 1994 y 2000) y fundador del Partido de la Revolución Democrática. Y aunque como esposa del presidente de la República doña Amalia procuró mantenerse totalmente al margen, al grado que no asistió a la toma de posesión, ella participaría durante la gestión del general Cárdenas (1934-1940) en dos momentos fundamentales para definir el signo nacionalista que caracterizó la vida del michoacano. El primero fue su actuación pública y notoria a la llegada a México de un grupo de niños hijos o huérfanos de combatientes republicanos de la Guerra Civil española que desembarcaron en el puerto de Veracruz el 7 de junio de 1937. Fueron llevados a Michoacán, donde se les ubicó como internos en una escuela y donde tanto ella como el general Cárdenas los visitaban con periodicidad. A estos refugiados se les conoció como los niños de Morelia. Después vino la determinación del presidente Cárdenas de realizar, el 18 de marzo de 1938, la expropiación petrolera. Fue un momento de tal trascendencia en la vida del país, que en sus memorias doña Amalia lo relata así: "El general me dijo: Chula, creo se debe invitar a la mujer a una participación directa y motivarla en este momento en que es urgente la presencia de todos los mexicanos. Hay que hacer labor en las escuelas, en las familias, en fin, en un llamado nacional. Así fue como se convocó a una colecta para pagar la deuda de la expropiación. Era una ayuda más bien simbólica pero ¡cómo fue de hermosa la respuesta!" Cuando su marido deja Los Pinos, ella lo acompaña en las tareas que sus sucesores le encomiendan. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la pareja se dedica a la vida civil y lo mismo -reseña la historiadora Margarita Carbó en un largo ensayo dedicado a doña Amalia- se dedican a labores sociales que a atender las múltiples peticiones de sus amistades para "fungir como testigos de casamientos civiles, apadrinar generaciones de estudiantes a visitar pueblos, ejidos y escuelas y a múltiples eventos que, no obstante su carácter privado, eran expresión del afecto que ellos habían sabido despertar entre quienes los conocieron y los trataron..." En 1961, tras la invasión de Bahía de Cochinos, Cuba, y la prohibición del gobierno federal al general Cárdenas para acudir a la isla para expresar su respaldo, la pareja acudió a la manifestación de repudio que se convocó en el Zócalo capitalino. "Fue impresionante, muchos miles de estudiantes, maestros, escritores, gente del pueblo, fueron participantes y testigos de este acto de solidaridad el 18 de abril de 1961 por la noche. Para que el general pudiera ser visto y oído, tuvo que subirse al cofre de un automóvil. Entonces, todos nos sentamos en el piso para poder escuchar y ver, en medio de un silencio impresionante y un respeto absoluto. La gente estaba indignada por el monstruoso atraco contra Cuba", señala en Era otra cosa la vida. Años más tarde, en 1968, doña Amalia se presentó en algunas grandes marchas por el Paseo de la Reforma en la ciudad de México, durante el movimiento estudiantil que terminaría trágicamente la tarde del 2 de octubre, en Tlatelolco. Para no involucrar a su marido en esas acciones, ella le mentía diciéndole que iba a visitar a su hermana. "Salí, recogí a mis dos amigas y nos fuimos a la concentración en Antropología. Caminamos sobre Reforma. Vimos pasar la manifestación que era la que se llamó manifestación del silencio, pues desfilaban con la boca tapada". Y menciona que de regreso a su casa, "nada más se paró (el general), se me quedó mirando y lo primero que me dice es: ¿Y cómo estuvo la concentración, Chula? Y le contesto: pues muy buena, muy concurrida". Acompañó también a Lázaro Cárdenas en la formación del Movimiento de Liberación Nacional en 1961, y en 1970, cuando falleció él, doña Amalia se dedicó a trabajar intensamente con los indígenas, principalmente de las paupérrimas regiones de la Mixteca oaxaqueña. Allí se aplicó durante 18 años, donde tramitó caminos, escuelas y diversas obras sociales. Ella misma dijo en una entrevista que debió dejar esa actividad porque el entonces presidente Carlos Salinas "tomó ese trabajo como que yo andaba haciendo trabajo a favor de Cuauhtémoc (...) y fue tremendo porque nadie volvió a ocuparse de esa pobre gente". Luego, en 1994, a la irrupción del EZLN en la escena nacional, doña Amalia formó parte de la Comisión de Seguimiento y Verificación, entre muchos intelectuales y estudiosos. Y tuvo contacto y conversaciones que quedaron consignadas con el subcomandante Marcos. Su última aparición pública fue el 19 de octubre pasado, en la ceremonia por el aniversario luctuoso del general Cárdenas. En su ensayo titulado: Amalia Solórzano, una mujer de su tiempo, que fue incluido en el libro La mujer mexicana en el dominio público y en el privado, la historiadora Margarita Carbó describe así a doña Amalia Solórzano: "Es una mujer de fuerte personalidad, valor y entereza, a quien le tocó vivir cruciales acontecimientos de la historia del siglo XX. Sus orígenes pueblerinos y su pertenencia a una familia, a un medio social y a un país profundamente tradicionales, no fueron obstáculos para que, al calor de los acontecimientos, del contacto con las más altas instancias del poder y sobre todo, de la convivencia con la inmensa figura de Lázaro Cárdenas, ella fuera capaz de ir asumiendo como propias, las causas más entrañables de los mexicanos y de la humanidad entera (…)". La Jornada - México D.F., 13/12/2008 |
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Fidel Castro revela historia no contada Patricia Grogg El octogenario ex presidente cubano Fidel Castro revela en su libro La paz en Colombia retazos hasta ahora no escritos de su estrecha relación con ese país sudamericano y su viejo conflicto armado. La obra de 265 páginas, que ya se encuentra disponible sin costo en Internet, contiene también detalles del respaldo cubano al movimiento nicaragüense que combatió la dictadura de la familia Somoza, y referencias a la cooperación con Granada, al asesinato del líder de ese país caribeño Maurice Bishop, en 1983, y a la posterior invasión estadounidense a esa nación. Un juego de fotografías ilustra encuentros de Castro con varios presidentes colombianos, como César Gaviria (en 1993 y 1994), Ernesto Samper (junio de 1998), Andrés Pastrana (septiembre de 1998 y 1999) y con Carolina Barco, la canciller colombiana que visitó La Habana entre fines de marzo y principios de abril de 2006. En aquella ocasión, Barco anunció a periodistas que Castro y el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, habían intercambiado sendas invitaciones de visitas oficiales y era portadora de un mensaje del mandatario de su país para agradecer el apoyo cubano a las conversaciones con el insurgente Ejército de Liberación Nacional (ELN). Sin embargo, una lectura rápida de los diferentes capítulos no permite encontrar menciones de Castro a su relación con Uribe ni a las pláticas (inconclusas) que entre diciembre de 2005 y mediados de 2007 celebraron en La Habana delegaciones del gobierno de esa nación sudamericana y del izquierdista ELN. En el libro "no se emite ningún juicio sobre el actual gobierno de Colombia", sino sobre administraciones anteriores, con base "en hechos históricos", confirmó José Arbesú, jefe desde hace dos décadas de la Sección América del Comité Central del gobernante Partido Comunista de Cuba, tras presentar el libro en la noche del 12 de noviembre. Arbesú, protagonista de varios pasajes narrados por Castro, insistió en su presentación en que lo "más importante" es el abordaje "de algo que ha estado oculto", los esfuerzos de Cuba a favor de la paz y de una solución negociada al conflicto colombiano que estalló en 1964. Alejado de la vida pública desde julio de 2006 por su enfermedad, Castro dedica un capítulo a la negociación abierta en enero de 1999 entre el gobierno de Pastrana y las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo), principal guerrilla de ese país, y que se desarrolló sin éxito en San Vicente del Caguán, en el sureño departamento del Caquetá. Otro capítulo, Los dos encuentros con Marulanda, contiene un informe de Arbesú del 14 de diciembre de 1998, donde se detalla el pedido del líder máximo de las FARC Manuel Marulanda de evaluar la posibilidad de un viaje suyo a Cuba, "lo que puede ser de mucha trascendencia para el proceso de paz", dice el texto. En otro documento, fechado el 12 de enero de 1999, Arbesú informa de una reunión sostenida con Marulanda -muerto este año- en la cual se explican las razones por las que el líder guerrillero no asistió a la inauguración del diálogo con Pastrana. Su ausencia tuvo un "costo político", a juicio de Cuba. "El tema de la seguridad fue un factor que el Secretariado de las FARC tomó en cuenta para oponerse a su presencia en esa cita", dice Arbesú, quien como "emisario" estima que el proceso de diálogo sería "largo y muy complicado, pudiendo no rebasar más allá de este marco". "Si bien nosotros podemos contribuir y ayudar a ambas partes, sugerimos mantener una posición muy prudente y de un perfil discreto, pues mucha gente, incluyendo el propio gobierno colombiano y sus medios de comunicación, nos quieren comprometer en un papel de mediadores o facilitadores, sobredimensionando nuestra influencia sobre la guerrilla", indica. La conclusión de Castro, tras varios contactos de Arbesú con el jefe guerrillero, es que "Marulanda comprende las realidades del país y de la época en que le tocó nacer. Estaba lejos de ser el bandido y narcotraficante que se empeñaron siempre en presentar sus enemigos". "Cuba venía esforzándose por encontrar una solución para Colombia en vista de las circunstancias enteramente nuevas que allí se habían creado décadas después del triunfo de la Revolución Cubana. Habíamos ofrecido nuestro territorio como sede para cualquier conversación de paz", afirma. El "único requisito" de esa oferta fue que Cuba no participaría en las negociaciones "ya que el problema debía resolverse exclusivamente entre colombianos, sin ningún tipo de presión internacional", señala Castro. En el epílogo del libro, el ex gobernante cubano expresa que su discrepancia del jefe de las FARC tenía que ver con el ritmo que Marulanda asignaba al proceso revolucionario y a su idea de guerra excesivamente prolongada. "Su concepción de crear primero un ejército de más de 30.000 hombres, desde mi punto de vista, no era correcta ni financiable para el propósito de derrotar a las fuerzas adversarias de tierra en una guerra irregular", explica Castro, quien más adelante declara su admiración por "la firmeza revolucionaria que mostró Marulanda". El ex mandatario repite una idea ya expresada este año en una de sus columnas de opinión tituladas Reflexiones, y que dedicó al conflicto colombiano. "Es conocida mi oposición a cargar con los prisioneros de guerra, a aplicar políticas que los humillen o someterlos a las durísimas condiciones de la selva", afirma. Castro insiste en que tampoco "estaba de acuerdo con la captura y retención de civiles ajenos a la guerra". "Debo añadir que los prisioneros y rehenes les restan capacidad de maniobra a los combatientes", dice. Ips - 13/11/2008 |
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Historia y conciencia jurídica Horacio González Cuando Borges asistió al juicio a la Junta de Comandantes -en el año 1985- escribió un artículo condenatorio. Presentaba una apreciación de lo ocurrido sobre la que ahora vale la pena volver. Se aproximaba a la idea de dos culpabilidades gigantescas y entrelazadas, lo que de alguna manera era una cita de toda su literatura. Se trataba de visualizar al verdugo y a las víctimas encerradas en el mismo oficio secreto de intercambiarse continuamente entre ellas. ¿Dos demonios? No es así; Borges estaba decidido a condenar especialmente a aquellos comandantes. ¿Pero de qué forma? Luego de afirmar que no tienen sentido los premios ni los castigos -lo que representaba bien a su idea de que siempre coincidían determinismo y libre albedrío-, concluye que "sin embargo hay que condenar". Al haber eliminado toda determinación histórica, su literatura entera tuvo que inventar un mundo ético que no se justificaba en ningún credo social o político, sino en una voluntad última, individualista, de redención de lo humano. Así, Borges condenó a los victimarios, a los señores de la muerte y la vida en los campos de concentración, como los verdaderos culpables. Con estas conclusiones se sobreponía a su propia tesis sobre el "destino circular", que sin embargo era el basamento agnóstico de su artículo. Por esa misma época, Tulio Halperín Donghi dedicó importantes reflexiones al modo en que la idea del terror influía en un giro conceptual en la literatura, en el cine argentino y en la propia forma de escribir la historia. Se trataba de imaginar si los hechos del estado general de terror que habitaba en el interior mismo del Estado podían segmentar la historia argentina cercenando la continuidad de sus esferas valorativas. Creo que Halperín concluía su ensayo afirmando que la mutación trágica que se había alojado en la historia nacional, quebrando la proporción entre sus conflictos políticos e imágenes de reparación, introducía una novedad radical en el cuerpo nacional. A partir de entonces, no se podría considerar la historia del país como una totalidad maciza de memorias sino como un vacío primordial que reclamaba nuevos símbolos y representaciones. El alegato del fiscal Strassera en el Juicio a las Juntas es también una pieza magistral de lo que él mismo llamó "la conciencia jurídica argentina y universal". Haciendo la historia de esa conciencia, Strassera lee un escrito de envergadura, en el cual se argumenta que el sistema de investigación practicado en la clandestinidad por el gobierno de los tres comandantes implicaba considerar a todos los ciudadanos tácitamente culpables y sujetos a tortura. El razonamiento de la fiscalía proponía partir de los juicios de eticidad pública formulados a partir de los cimientos fundadores de la Nación. No rechazaba que el Estado tomase medidas defensivas contra una forma de violencia insurgente conocida en todo el mundo, pero condenaba que se hiciera a partir de un plan criminal sistemático del que además se negaba su existencia. Pone como contraejemplo el fusilamiento de Liniers, un héroe de la resistencia a una invasión extranjera. Pero luego ese fusilamiento era realizado bajo órdenes precisas, escritas y públicas y, como se sabe, causantes de una especial fisura en las líneas de mando de los jóvenes revolucionarios. En el alegato de Strassera, condenar a los miembros de aquella junta militar implicaba poner nuevamente sobre un carril pensable, admisible, verosímil, el conflicto fundador de la nación argentina. Las decisiones tomadas en la clandestinidad del Estado vulneraban esa forma originaria de la nación. Eran actos de "lesa humanidad" porque quebrantaban a las personas en un rango superior de su existencia, afectando su pertenencia misma a sentidos irremisibles de la colectividad nacional, faltando los cuales quedaba fatalmente expropiado el significado de la vida en común. A su vez, uno de los condenados, el ex almirante Massera, realizó su particular alegato de defensa sobre extrañas premisas. En ese mismo juicio, aludió a una reconciliación nacional donde "todos los muertos" serían "de todos", a la manera de una refundación nacional basada en el sacrificio catártico, necesariamente sangriento. No sería imposible ver las huellas de Joseph de Maistre en el marino que quiso "purificar por la sangre" a una suerte de democracia social imaginada entre sueños retorcidos y fabricada en las mazmorras. O la Argentina seguía el camino de las ensoñaciones de Massera, o el del texto cardinal de Strassera. Con las dificultades conocidas, esto último fue lo que pasó. La conciencia jurídica argentina necesitada de grandes textos, sean legislativos o ficcionales, emanados de la teoría del derecho o de las grandes piezas de reflexión cultural de época se iba cimentando en reflexiones dispares pero profundas para restituir aquel vivir en común que surgía del conflicto fundador. En su reciente discusión sobre la muerte en la historia, el filósofo Oscar del Barco, en una carta trascendental sobre la responsabilidad y sus alcances ontológicos, consideró que había un plano de igualación en el asesinato, cual sea su motivo, su raíz o justificación. Sin embargo, escribió que "había formas de maldad suprema e incomparable". El asesinato "es siempre lo mismo", pero hay hechos incomparables frente a los cuales no se puede decir que "es lo mismo". La discusión que desató esta carta dirigida como mera "carta de lector" a La intemperie, revista cultural cordobesa, y que aludía a un episodio marginal de las guerrillas prefiguradoras de lo que luego fueron los grandes nucleamientos posteriores, es también parte de los anales de la conciencia jurídica y humanística argentina. No de otra cosa. En su respuesta a esa carta, León Rozitchner afirmó que las violencias contrapuestas eran radicalmente heterogéneas y esa falta radical de simetría entre las violencias estaba fundada en última instancia en la idea de que no hay absolutos cerrados en términos de una salvación personal, sino que "el rostro del otro" ya está dentro mío y todo ello inserto en una realidad mundana, histórica. El juicio de subjetividad se hallaba en la historia y no en la metafísica. Sin embargo, más allá de esta disparidad filosófica, la polémica no llevaba ni a la fábula de los "arrepentidos", al gusto de los personeros de los estrategas de las autocracias ni a la reposición de los "dos demonios", pues en el fondo era una discusión sobre la responsabilidad política general o de la "conciencia jurídica universal" ante medio siglo de historia argentina. Todos estos escritos y muchos más que sería inagotable mencionar, componen el cuerpo de la conciencia crítica respecto del tema del pensar en la historia o del pensar en el tejido moral de un lenguaje pospolítico. Este decisivo debate saltó a los medios de comunicación y fue considerado en algunos círculos desaprensivos como el pasaje a una culpa autodeclarada, para que los cronistas agazapados de la "gran reprimenda" expusieran nuevamente el ritornello de los "dos demonios", concepto que nunca dejó de estar en la sordina del debate. ¿No se lo sugiere en el prólogo mismo del Nunca Más? Con él coquetea el mismo Strassera, sin aceptarlo necesariamente. Se comprende: era la forma de proteger lo hablado para decir lo otro en una sociedad difícil como la nuestra. Y lo otro significaba que hubo crímenes de Estado cuyo enjuiciamiento necesario imbricaba y solicitaba desde las artes jurídicas hasta la novela, desde la filosofía hasta el pensar de las religiones. Difícil imaginar ahora una sociedad contemporánea con tal nivel de controversia y meditación trascendente sobre un evento vital de su historia. Sin duda, el debate alemán, que pareció cerrarse en los años '80 con la "polémica de los historiadores", adquirió estatura semejante y en su último tramo versó sobre el mismo tema que ahora nosotros atravesamos. ¿Hay una sociedad alemana que pueda pensarse homogéneamente a lo largo de la historia? ¿O hay un corte histórico abrupto que introduce una novedad ética por la cual no sería posible que un capítulo posterior de la vida colectiva debiera considerarse heredero del momento crucial en que predominaban los agravios a la condición humana? Rechazar una herencia abominable permitía superar el "todos fuimos culpables" que en ciertos casos surgía de conciencias sinceras y, en otros, de intentos de reposicionar la memoria subterránea de los aparatos represivos. La idea que trasunta el estremecedor escrito de Del Barco sobre la culpa -declararse responsable aun sin tener que ver con la consumación de los hechos más que de una manera solo vinculada a las atmósferas discursivas de época- mostraba hasta qué punto la conciencia crítica argentina, basamento latente de una conciencia jurídica autónoma, buceaba en sus pliegues morales más profundos para perfeccionar el juicio sobre un desgarramiento social violento. Superando figuras conceptuales indebidas, como el arrepentimiento instigado o la forzada autocrítica del caído -meras contricciones políticas-, el razonamiento iba hacia el lado de fundar en la sociedad argentina una austera sabiduría sobre lo ocurrido sin tribunalizar lo que el juicio político emancipado ya sabe de por sí. Es que hay ciertos extravíos a los que develará la historia futura y otros que ya lo eran al momento de manifestarse. ¿No lo sabemos todos, sin el auspicio de los juzgados? Por tanto, tampoco la ley en su frialdad de necrópolis puede disecar el pasado sin embalsamarse a sí misma. Cuidado con eso. Con reconciliaciones que son simulacros de hegemonías al acecho, utilizaciones vicarias de géneros prestigiosos, como el periodismo de investigación, a fin de habilitar nuevas escenas jurídicas despojadas de historicidad específica y de universalidad altruista. Podrían estar relacionadas mucho menos con el humanismo jurídico fundante de sociabilidad autónoma que con una falsa simetría política, de cuño inmediatista, que le quita singularidad y justa locuacidad a los hechos. En esta misma situación estamos ahora, lo que puede implicar un retroceso respecto de la juridicidad de gran nivel histórico obtenida por el país, y sin la cual no hay, no habrá libertad reflexiva. En el pasado hay crímenes planificados a escala de la humanitas y absurdas demasías que sólo omitiendo las señales rigurosas de una época serían materia criminal. La historia argentina que vivimos puede ser revista por la ley, pero no por una ley que hable como un autómata político. Debe ser ley historiadora, heredera del debate que hace tiempo está desplegado, y no mero desmantelamiento moral, operación política. Ahí están los documentos de la civilización argentina refundada en múltiples dictámenes laboriosos, con textos salidos de la imaginación crítica de juristas, escritores, periodistas y filósofos. No hay que relativizarlos. Correríamos máximo peligro si lo grave que necesita ser pensado, se somete a reglas de oportunidad inmediata. No se trata de evitar responsabilidades ni de cerrar el debate histórico. Se trata de no abandonar la conciencia jurídica universal conquistada. Página/12 - Buenos Aires, 15/10/2008 |
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Perú, 1968: revolución en los Andes José Steinsleger Graduado en la Escuela Económica de Londres, doctor honoris causa de las universidades de Yale y Harvard, fundador del Partido Nacional Agrario (1930), Pedro Beltrán (1898-1980) ostentó el apellido materno con orgullo similar al de Francisco Pizarro, conquistador del Perú: Espantoso. Cuando celebraba el cumpleaños de los latifundistas amigos, Beltrán contaba que sus capataces envolvían campesinos en costales empapados de gasolina, y se los quemaba vivos. Pero dada su condición de "experto en economía" (ministro de Hacienda en dos ocasiones), la oligarquía lo recuerda como "el señor de los milagros"… de los "mil-agros". Los Beltrán Espantoso descendían de los virreyes e inquisidores españoles que oprimieron durante cuatro siglos y medio al Perú, y pertenecían al 0.4 por ciento de propietarios que detentaban 76 por ciento de las tierras cultivables del país andino, según el investigador Roger Rumrill. Fue por eso (y mucho más) que en el primer acto de reivindicación nacional de la "revolución peruana", el grupo de coroneles que el 3 de octubre de 1968 tomaron el poder descolgaron el óleo de Pizarro en el Palacio Presidencial, sustituyéndolo por el de Tupac Amaru (José Gabriel Condorcanqui, el líder mestizo rebelde que en 1781 fue descuartizado por los españoles en la Plaza de Armas de Cuzco. Sin tiempo para sacarse el pijama, el presidente Fernando Belaúnde Therry huyó del Palacio de Gobierno, pidiendo asilo en la embajada argentina. Belaúnde era el presidente "democrático" de un país de 14 millones de habitantes, en el que sólo 1.5 millones había concurrido a las urnas porque la mayoría no tenía derecho a voto por ser analfabeta. Liderados por Juan Velasco Alvarado, los coroneles Aníbal Meza Cuadra, Jorge Fernández Maldonado, Leónidas Rodríguez, Oscar Molina, Jorge Viale, José de Rivera Lucero y Jorge Dellepiane (marino) pusieron en marcha el llamado Plan Inca decididos a encarar "los problemas estructurales del Perú". La revolución peruana se asumió como "nacionalista, humanista, socialista, libertaria, independiente de ideologías, partidos políticos o grupos de poder… dentro de una comunidad solidaria". Su propósito apuntaba a "… transformar las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales, con el fin de lograr una nueva sociedad, en la que el hombre y la mujer peruanos vivan con libertad y justicia". El Plan Inca había arrancado en agosto, luego del contrato suscrito con la estadunidense International Petroleum Company (IPC), en perjuicio de la empresa petrolera fiscal, que los conjurados calificaron de "… ente sin significación económica, burocratizada e ineficiente, por falta de apoyo del Estado". El 24 de junio de 1969 el presidente Velasco Alvarado firmó la ley de Reforma Agraria "… sin privilegios ni excepciones". La primera organización popular fue la Confederación Nacional Agraria y sesionó con 505 delegados en el edificio del abolido parlamento peruano. Siete millones de hectáreas fueron entregadas a las comunidades campesinas, herederas del ayllu. Sendas reformas tuvieron lugar en el espacio empresarial, industrial, eléctrico, pesquero, turístico, de vivienda, salud y seguridad social. La creación de la Comunidad Laboral estimuló la participación del trabajador en la gestión, utilidad y propiedad de las empresas. En educación hubo una vuelta de campana, poniendo en cuestión "… un sistema de educación orientado intencionalmente a mantener en la ignorancia a las grandes mayorías con fines de explotación". El 27 de julio de 1974, por primera y última vez, los peruanos controlaron los medios de comunicación. El Comercio (vocero histórico de los Miró Quesada) fue entregado a las Comunidades Campesinas; La Prensa (propiedad de los Beltrán) pasó al control de las Comunidades Laborales. Expreso (de Manuel Ulloa, representante de la familia Rockefeller) fue a las organizaciones ligadas a la Educación. Ojo, a escritores, artistas e intelectuales. Correo, a los profesionales, médicos y abogados. Ultima hora (vespertino de La Prensa y el de más circulación) quedó en las cooperativas de servicios. A raíz de la expropiación de la IPC, los yanquis recurrieron al bloqueo crediticio (Enmienda Hickenlooper). Velasco respondió con la expulsión de las misiones militares estadunidenses. Naves pesqueras del imperio que pescaban dentro de las 200 millas de mar territorial, fueron obligadas a pagar una multa. El 29 de agosto de 1975, El Chino Velasco sufrió su primer derrame cerebral. El derechista general Francisco Morales Bermúdez lo sustituyó en el mando. Velasco murió el 24 de diciembre de 1977. Medio millón de personas, obreros, campesinos, pobladores de los barrios marginales, acompañaron los restos. El 27 de junio de 1976, "día del campesino", Morales Bermúdez anunció el fin de la reforma agraria. Y en 1979, los diarios de circulación nacional fueron devueltos a sus antiguos propietarios. Velasco Alvarado decía que al imperialismo había que ponerlo frente a "hechos consumados" y avanzar "como el loro": no soltar una pata sin tener bien afianzada la otra. La Jornada - México D.F., 1/10/2008 |
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Una condena oculta y mentiras piadosas Washington Uranga El 4 de agosto pasado el obispo de Santiago del Estero (Argentina), Francisco Polti, hombre del Opus Dei, le prohibió al teólogo y biblista Ariel Alvarez Valdés "hacer nuevas publicaciones o disponer la reedición de publicaciones anteriores". El cura tampoco podrá enseñar "disciplinas teológicas en cualquier nivel de docencia, incluyendo cursos cortos, conferencias y toda otra actividad análoga". Se le impide además "participar en la organización y uso de medios de comunicación social, incluyendo Internet, ya sea a través de escritos, grabaciones, filmaciones y cualquier otro tipo de soporte". Sin embargo, según Polti "el presbítero doctor Ariel Alvarez Valdés no ha sido afectado por condena alguna", sino que, dado que sus afirmaciones causan "perplejidad" y no son "compatibles con la enseñanza del magisterio auténtico de la Iglesia", se lo ha "exhortado" para que "revise su actitud en espíritu de humildad, obediencia y comunión, para el bien de toda la Iglesia, y de un mayor y fructuoso servicio ministerial". Al tomar tal determinación Polti cumplió con el encargo emanado de Roma, y en concreto del cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, que le mandó callar al cura. Con lógica de obediencia debida el obispo asumió la decisión "en ejercicio de la responsabilidad propia de su oficio", liberando al Vaticano y a Bertone de toda responsabilidad, tal como se lo ordenaron. En síntesis. Alvarez Valdés no puede publicar, ni enseñar, ni hablar por los medios de comunicación. Pero para Polti esta no es una "condena" sino una "exhortación". El obispo dice también que en esto nada tiene que ver el cardenal Bertone, como si desconociera una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio), fechada en el Vaticano el 12 de junio de 2002 (oficio 61/98-15187) y que lleva la firma del propio Bertone en la que se precisa que "esta Congregación ha juzgado insatisfactoria" la respuesta dada por Alvarez Valdés al pedido de retractación que se le solicitó. Ariel Alvarez Valdés es un sacerdote católico, teólogo y biblista reconocido internacionalmente. Nació en Santa Fe y vive en Santiago del Estero, donde hasta agosto pasado se desempeñaba como docente en la Universidad Católica y en el Seminario diocesano. Es licenciado en teología bíblica por la Facultad Bíblica Franciscana de Jerusalén, título que logró con la distinción Summa cum Laude. Es doctor en teología bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca (España) y como parte de sus estudios ha realizado viajes académicos por Egipto, Jordania, Turquía, Grecia y la península del Sinaí. Es miembro de la Asociación Bíblica Italiana, de la Asociación Bíblica Española y de la Sociedad Argentina de Teología. Su principal tarea ha sido la divulgación popular de la investigación científica de la Biblia, labor que realizó a través de gran cantidad de libros, revistas y artículos. Entre sus publicaciones más conocidas se cuentan ¿Qué sabemos de la Biblia? (cinco volúmenes) y Enigmas de la Biblia (ocho volúmenes) a las que se agregan otros títulos como Lo que la Biblia no cuenta y ¿La Biblia dice siempre la verdad? Los trabajos del biblista santiagueño fueron traducidos al italiano, inglés, francés, alemán, flamenco, ruso, ucraniano, rumano y portugués. ¿Qué le cuestiona el Vaticano? Que sus escritos contienen "afirmaciones erróneas o ambiguas" que no son compatibles con "la enseñanza del magisterio auténtico de la Iglesia". Pero quizá tanto o más que lo anterior, a Roma y a Bertone les molesta que Alvarez Valdés "traspasa indebidamente (su exégesis) del plano de la discusión científica al de la divulgación". Pareciera que por encima del supuesto error lo que les resulta más molesto es que esto se haga en lenguaje popular y accesible para un público amplio. En 1999 la Congregación para la Doctrina de la Fe había ordenado que todos los textos de Alvarez Valdés fueran analizados por un perito. La conclusión del experto fue, entre otras consideraciones, que los trabajos del biblista "prestan un gran servicio a los católicos poco formados" y que "la notable acogida que han tenido sus escritos en los agentes de pastoral indica un reconocimiento de su servicio a la Iglesia en esta tarea de amplia divulgación". A Bertone no le gustó el informe y lo tildó de "incongruente" por decir que en el trabajo de Alvarez Valdés hay "afirmaciones problemáticas", pero que "no son gravemente contrarias a la fe católica". Las observaciones y críticas del Vaticano hacia Alvarez Valdés se iniciaron en 1995 a partir de una denuncia realizada por el sacerdote jesuita uruguayo Horacio Bojorje a raíz de un artículo titulado ¿El diablo y el demonio son lo mismo? El biblista sostuvo en ese texto que los endemoniados del Evangelio eran, en muchos casos, enfermos con patologías desconocidas en aquella época. Desde entonces las autoridades eclesiásticas comenzaron a exigirle retractaciones públicas y a imponer censura previa a sus publicaciones. En 1999, Tarcisio Bertone, entonces secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe que presidía el cardenal José Ratzinger (hoy Benedicto XVI), demandó que se hicieran nuevas ediciones de los libros de Alvarez Valdés, incluyendo allí las correcciones por supuestos errores, pero además que el cura se retractara públicamente. El texto de la retractación debía ir antes al Vaticano para su aprobación. En diciembre del 2001 y ante la insistencia de Roma, el entonces obispo de Santiago del Estero, Juan Carlos Maccarone, decidió sacar a Alvarez Valdés del ojo de la tormenta y enviarlo a Salamanca a cursar su doctorado. No sirvió. En carta del 12 de junio del 2002 Bertone rechazó el borrador de retractación por considerarlo "insatisfactorio" y el 22 de octubre del año siguiente el cura recibió un nuevo documento en el que se le dice que debe afirmar según la ortodoxia doctrinal. Después de varias idas y vueltas, en el 2006 finalmente el Vaticano se dio por satisfecho con el borrador de las retractaciones, pero antes de que se publicara, en el 2007, el obispo Polti le hizo saber que se había incorporado un nuevo censor para los textos y les agregó dos nuevas retractaciones a las ocho ya conocidas. Sin embargo el 3 de abril del 2008 apareció una nueva sorpresa para Alvarez Valdés. En una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fechada ese día en el Vaticano, firmada por el arzobispo Angelo Amato y dirigida al obispo Polti, se adicionó un nuevo "texto para ser añadido al elenco de retractaciones" y se precisó que "el autor no debe hacer ninguna referencia a esta Congregación en la publicación de las retractaciones". Por entonces Alvarez Valdés había aceptado retractarse a condición de incluir una mención expresa de que actuaba de tal manera por pedido explícito de la autoridad eclesiástica. El 28 de abril del 2008 el obispo Polti le escribió a Alvarez Valdés para transmitirle todas y cada una de las instrucciones que recibió de Roma, incluyendo "la prohibición de ulteriores nuevas publicaciones de tus escritos, hasta que conste tu maduración teológica y que efectivamente seas alejado de la docencia". Si bien en esa carta Polti admite que se sujeta a lo que el Vaticano le indica, en su comunicación pública el obispo exculpa a Bertone y asume él mismo la responsabilidad de las sanciones, sosteniendo además que el cura "no ha sido afectado por condena alguna". Podía al menos esperar Alvarez Valdés que sus colegas de la Sociedad Argentina de Teología (SAT) salieran en su defensa, considerando también que una censura a cualquiera de sus miembros podría, en definitiva, terminar afectando la labor científica de los teólogos y los biblistas. Tampoco esto ocurrió. El 1º de setiembre pasado el presidente de la SAT, el sacerdote Víctor Manuel Fernández, recientemente designado decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA), dirigió una carta a los socios de la entidad en la que insiste, a pesar de las pruebas, en que en el caso de Alvarez Valdés "no hubo intervención de la Santa Sede que de algún modo nos afecte a todos en nuestra reflexión y libre investigación". Algo así como: "quédense tranquilos, muchachos... no hay nada de qué preocuparse". Porque, sigue diciendo, "hay sólo una sanción disciplinaria del obispo". Luego, en un texto de apenas cuarenta líneas, recuerda que la obra de Alvarez Valdés fue sometida a revisión y agrega, de manera inexacta, que "sólo se le pidió que se retractara acerca de un tema relativo a los exorcismos". Aunque no defendió a Alvarez Valdés, el presidente de la SAT tranquilizó a la tropa entendiendo que las consideraciones sobre el caso "nos ayudan, una vez más, a precisar bien el alcance de las sanciones, para no dar a entender que cualquier sanción afecta el libre desarrollo de nuestra investigación teológica o exegética en temas que continúan abiertos al debate". Todo bien. Nada por lo que alarmarse. Mientras tanto, Ariel Alvarez Valdés seguirá sancionado por causar "perplejidad", no podrá escribir o enseñar hasta tanto no acepte retractarse diciendo además que lo hace por propia voluntad y no a pedido del Vaticano. Lo que dice Alvarez Valdés 1-Los primeros capítulos del Génesis (Adán y Eva, Noé y el diluvio, etc.) no contienen historia en el moderno sentido de la palabra. 2-La virginidad de María "durante el parto" está basada en los Evangelios apócrifos. En realidad, su parto debió de haber sido normal, como el de cualquier muchacha. Eso no menoscaba a María. 3-El relato del ángel que habló con María en la anunciación es un género literario. En realidad, Dios habló con ella en su corazón, como lo hace con todos los hombres y mujeres. 4-La Virgen María no puede aparecerse "físicamente" a nadie, porque ya no tiene cuerpo material. Las denominadas "apariciones" son "visiones". Si fueran "apariciones" todos la verían. 5-Los estigmas no son signos de santidad ni provienen de Dios, porque Dios no puede mandar lastimaduras físicas a la gente. 6-La fe en la resurrección no implica necesariamente la separación del alma y el cuerpo. Esta es una explicación, pero no un dogma. 7-Dios no manda los males ni el sufrimiento a los hombres, porque lo que "redime" es el amor, no el dolor. 8-Los milagros sí existen, pero en ellos no se suspenden las leyes de la naturaleza, ya que éstas no se conocen totalmente. 9-El Libro de Job es un libro precristiano (fue escrito cuatrocientos años antes de Cristo), y el autor no conocía las novedosas enseñanzas de Jesús respecto del sufrimiento. La respuesta definitiva al tema del sufrimiento la trae Cristo. 10-Con las enseñanzas de Cristo, el valor de los diez mandamientos fue superado, porque éstos fueron enseñados por Moisés para el pueblo judío, mientras que Jesús, en el Sermón de la Montaña (Mateo, 5) dice que los cristianos no deben basarse en los diez mandamientos sino mostrar una conducta superior. Lo que el Vaticano quiere que diga 1-Estos capítulos sí contienen historia. 2-Aunque la virginidad de María "durante el parto" está basada en los Evangelios apócrifos, María se mantuvo virgen incluso "durante el parto" (es decir, que no hubo ruptura del himen). 3-El ángel de la anunciación es un detalle histórico y real del evangelista Lucas. 4-La virgen María se aparece "físicamente" a quienes la ven. 5-Los estigmas vienen de Dios y son señal de santidad de una persona. 6-Al morir una persona, se separa el alma del cuerpo y el alma va al encuentro de Dios, mientras el cuerpo espera la resurrección. 7-Dios sí manda los males y sufrimientos, porque el dolor es redentor. Adán y Eva ¿origen o parábola? Según la Biblia, Dios formó a Adán, el primer hombre, con barro del suelo. De una costilla suya hizo a Eva, su mujer. Y luego los colocó en medio de un paraíso fantástico. Ambos vivían desnudos sin avergonzarse, y Dios, por las tardes, solía bajar a visitarlos y a charlar con ellos (Génesis 2). Esta historia, que nos entusiasmaba cuando éramos niños, nos pone en serias dificultades ahora que somos grandes. La ciencia moderna ha demostrado que el hombre ha ido evolucionando a partir de seres inferiores, desde el Australopitecus, hace unos tres millones de años, pasando por el Homo erectus, el Homo habilis y el Homo sapiens, hasta llegar al hombre actual. Hoy sabemos, pues, que el hombre no fue formado ni de barro ni de una costilla, que al principio no hubo una sola pareja sino varias; y que los primeros hombres eran primitivos, no dotados de sabiduría ni perfección. ¿Por qué la Biblia relata de esta manera la creación del hombre y de la mujer? Sencillamente porque se trata de una parábola, de un relato imaginario que pretende dejar una enseñanza a la gente. La compuso un anónimo catequista hebreo, a quien los estudiosos llaman el "yahvista", alrededor del siglo X a.C. En aquel tiempo no se tenía ni idea de la Teoría de la Evolución. Pero como su propósito no era el de dar una explicación científica sobre el origen del hombre sino el de proveer un acercamiento religioso a él, eligió una narración en la cual cada uno de los detalles tiene un mensaje religioso, según la mentalidad de la época. Fragmento de un texto del mismo título, escrito por el sacerdote censurado Página/12 - Buenos Aires, 8/9/2008 |
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Rescatan al Schindler salvadoreño El coronel José Arturo Castellanos, quien estuvo destinado en el consulado de Ginebra, Suiza, entre 1942 y 1945, ayudó a judíos a escapar de los campos de exterminio dándoles certificados de nacionalidad salvadoreña. La obra del ex diplomático salvadoreño que durante la Segunda Guerra Mundial salvó la vida de miles de judíos en los campos de concentración nazis y murió hace treinta y un años en la pobreza y el olvido, es rescatada ahora por una comisión oficial. El redescubrimiento de la obra de Castellanos fue posible gracias a una serie de circunstancias, entre ellas el hallazgo realizado por un historiador y miembros del cuerpo diplomático. La Cancillería salvadoreña nombró una comisión especial para investigar el caso y solicitar el reconocimiento ante el tribunal israelí del Museo del Holocausto Yad Vashem, que tiene su sede en Jerusalén. Castellanos estudió en la Escuela de Guerra de Turín, Italia, en los años 30, y ocupó una de las jefaturas del Estado Mayor salvadoreño hasta que el gobierno de Maximiliano Hernández Martínez lo envió a Europa con la misión de comprar armas. No regresó a El Salvador porque Hernández Martínez veía en él a un rival político y prefirió nombrarlo cónsul general en Liverpool, Inglaterra. Luego, el militar fue designado diplomático en Hamburgo y posteriormente en Ginebra, donde entabló amistad con el empresario rumano Gyorgy Mandl. Mandl, que adoptó el nombre de George Mandel-Mantello, le pidió ayuda a Castellanos para salvar a su familia de la deportación a los campos de concentración nazis. De acuerdo con los archivos nacionales, Castellanos creó el cargo ficticio de primer secretario en el consulado de Ginebra para proteger a Mandel-Mantello, quien le propuso salvar la vida de otras familias judías en la Europa oriental. "Y así fue como Castellanos empezó a emitir certificados de nacionalidad salvadoreña para salvar a unos y luego a otros y otros", relató el diplomático Ernesto Arrieta Peralta, miembro de la comisión especial investigadora. Los que ahora se llaman "papeles de la libertad" fueron certificados de nacionalidad salvadoreña emitidos a favor de grupos familiares, pero nadie sabía de su existencia hasta que el historiador Carlos Cañas-Dinarte encontró copia de los documentos en los archivos nacionales en El Salvador. "En 1999 consulté un fondo que se llama Migración 1942 y, en medio de papeles de gente que iba a la región centroamericana, empezaron a aparecer estos expedientes de personas judías de origen polaco, búlgaro, rumano, que solicitaban ser reconocidos como salvadoreños", contó Cañas a la BBC. Acerca de la saga de Castellanos poco se sabe, salvo que en 1972 el escritor Leon Uris visitó El Salvador en busca del hombre que rescató judíos en la Segunda Guerra Mundial. Aquella visita conmocionó a la sociedad salvadoreña de la época. El coronel Castellanos ofreció una pequeña entrevista a Radio Nacional en 1976, un año antes de su muerte, donde reveló la operación que montó en Europa, pero el caso pronto volvió al olvido. Años más tarde, de forma aislada, aparecieron sobrevivientes del Holocausto en la embajada salvadoreña en Israel para agradecer por la emisión de los certificados de nacionalidad. El ex embajador en Israel, Ernesto Arrieta Peralta, recordó que así empezó a documentar el caso de Castellanos y después se enteró de la investigación de Cañas-Dinarte, con quien unió esfuerzos para reconstruir la vida de Castellanos. La gestión de Castellanos recordó las acciones heroicas de Oskar Schindler, el industrial alemán que también rescató de la muerte a miles de perseguidos y cuya obra fue recreada en la película La lista de Schindler, dirigida por Steven Spielberg. El presidente honorario de la comunidad judía en El Salvador, Claudio Kahn, es uno de los principales promotores para incorporar el nombre del salvadoreño en el Museo de Yad Vashem. Kahn está radicado en el país desde 1964 y ha financiado los viajes de investigadores a Europa y Estados Unidos, más la publicación de un libro que reseña la vida de este diplomático. Una de las hijas del diplomático, Frida García Castellanos, consideró que el origen de esta historia fue la relación entre dos amigos, uno en peligro y el otro ayudándolo. "Cuando supe de la historia después de la visita de Leon Uris, le dije Papá, ¿por qué nunca lo contaste? ¿Y sabe qué me dijo? Porque cualquiera en mi lugar habría hecho lo mismo. Para él no fue nada heroico ni espectacular". Página/12 - Buenos Aires, 21/6/2008 |
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El Che y la recreación del marxismo Atilio A. Boron Una de las mejores maneras de conmemorar el octogésimo aniversario del nacimiento del Che es recuperar una de sus facetas menos conocidas o, tal vez, la más olvidada: su papel como recreador del pensamiento marxista en clave latinoamericana. Desconocimiento u olvido explicable por la celebridad adquirida como "el guerrillero heroico", valiente como el que más y a la vez noble y generoso como pocos con sus vencidos. Un hombre cuya absoluta coherencia entre ideas, valores y conductas lo convierte en un paradigma insuperable, especialmente en épocas como éstas, en las que la traición a los viejos ideales -o la desconexión entre lo que se piensa o dice y lo que se hace- ha adquirido proporciones escandalosas. Como bien lo recordaba días pasados Miguel Barnet, este extraño guerrillero cargaba en su mochila la poesía de León Felipe y Pablo Neruda. En sus campamentos en la selva boliviana tenía más de un centenar de libros, muchos de los cuales eran verdaderas joyas del pensamiento social universal. No fue casual su capacidad para recibir críticamente algunas de las categorías del marxismo y para someter a implacable crítica la grotesca deformación que éste había sufrido a manos de la Academia de Ciencias de la URSS y sus insoportables manuales de "marxismo-leninismo". Hay un paralelo entre Gramsci y el Che: ambos repudiaron las codificaciones "escolásticas" del marxismo. El primero, burlándose en su breve escrito a propósito de la Revolución Rusa, La revolución contra El Capital, de la interpretación canónica de El Capital del principal teórico de la Segunda Internacional: Karl Kautsky. El Che, haciendo lo propio con los "ladrillos soviéticos" que también decretaban la imposibilidad de la revolución en los países atrasados. Tanto uno como el otro libraron una exitosa batalla contra el "economicismo" décadas antes de que algunos intelectuales, arrepentidos de sus pecados juveniles, renacieran como infecundos posmarxistas y "descubrieran" el determinismo economicista que, según ellos, condenaba irremisiblemente la teoría marxista al cementerio de las ideas. Carentes del talento y la audacia intelectual que les sobraban a Gramsci y el Che, se rindieron ante las caricaturas y en lugar de repensar creativamente al marxismo optaron por adherir a la ideología dominante de su tiempo. Heredero de una noble tradición, de la cual José Carlos Mariátegui fue el gran precursor, el Che concebía al marxismo en sintonía con la Tesis Oncena de Marx: en vez de interpretar el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo. Como Lenin, creía que "el marxismo no era un dogma sino una guía para la acción". Por eso, si la teoría se daba de bruces con la realidad aquélla debía ser meticulosamente revisada. Si el eurocentrismo del marxismo originario no le hacía lugar a la revolución socialista en la periferia había que depurarlo de esos condicionamientos y, sin tirar al niño junto con el agua sucia de la bañera, recrear la teoría para dar cuenta del inédito desafío. Y si los "manuales" postulaban una visión etapista y mecanicista según la cual no podía haber revolución socialista sin que antes hubiera una revolución democrático-burguesa liderada por la burguesía nacional, lo que había que hacer era arrojar esos textos por la borda y repensar todo de nuevo. En esta operación el Che demostró, al igual que los grandes clásicos del pensamiento marxista, que la teoría no es un edificio acabado sino un emprendimiento en permanente revisión y reconstrucción, y que el abandono de ciertas proposiciones (y sus correlatos político-prácticos) y su reemplazo por otras puede hacerse sin necesariamente menoscabar el argumento central del marxismo, que revela el carácter insanablemente injusto, explotador y predatorio del capitalismo. Demostró también que el proyecto socialista trasciende el marco económico o el productivismo: que de lo que se trata es de crear un hombre y una mujer nuevos, una nueva cultura, una democracia participativa integral, un internacionalismo concreto y eficaz, basado en la solidaridad y el altruismo. Todo esto requiere de un sustento material, pero si esa apoyatura no sirve de fundamento para lo otro el proyecto socialista estará desahuciado antes de nacer. El legado teórico del Che es inmenso y la tarea de recuperarlo recién ha empezado. Sus pesimistas apreciaciones sobre la escena internacional de su tiempo, dominada por la "coexistencia pacífica" proclamada por la URSS, fueron proféticas; su visión de que no se puede construir el socialismo "con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo" es irrebatible a la luz de la experiencia reciente; sus análisis sobre la naturaleza incorregible y brutal del imperialismo se corroboran día a día, desde los "bombardeos humanitarios" de Bill Clinton hasta las torturas a niños y niñas iraquíes de 10 a 12 años definidos por Bush y su pandilla como "amenazas imperativas", tal como lo expusiera Juan Gelman en este diario el pasado 12 de junio; igualmente preciso es su diagnóstico sobre la centralidad de la ideología cuando dice que "el capitalismo recurre a la fuerza pero además educa a la gente en el sistema" y lo viene haciendo desde hace quinientos años, con lo cual nos convoca a librar la "batalla de ideas" en todos los frentes. Y así podríamos seguir enumerando hitos de una reflexión teórica que no se detiene ante el saber establecido y prosigue incansable su marcha hacia horizontes de comprensión cada vez más profundos y abarcativos. Cuatro décadas después de su cobarde asesinato, el Che está más vivo que nunca. Página/12 - Buenos Aires, 14/6/2008 |
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Refuta historiador la veracidad de la crónica de Bernal Díaz Fabiola Palapa Quijas El escritor, historiador y diplomático Juan Miralles asegura que no existe un libro que cubra con amplitud la epopeya de la conquista de México, porque ningún relato trae toda la verdad. Cada cronista presenta su visión de los acontecimientos. A propósito de su más reciente obra, Y Bernal mintió: el lado oscuro de su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, el autor considera que "hay muchas cosas por estudiar acerca de la colonización del país". En el volumen, Miralles describe las contradicciones y erratas de Bernal Díaz del Castillo en su crónica de la conquista, escrita tres décadas después de lo ocurrido. Asimismo revela el resentimiento de Bernal hacia el cronista Francisco López de Gómara y su negativa a dar por válida la información vertida por otros cronistas anteriores. "Bernal empezó a escribir muy tardíamente y cuando lo hizo se encontró con el libro de Gómara. Confiesa en la página 20 de su libro que deja de escribir porque ya existe una historia bellamente escrita, así que no se siente capaz de superarlo, pero pasa el tiempo y retoma la escritura al descubrir grandes errores en Gómara. De 57 ocasiones que agrede al cronista, sólo en dos tiene razón". Miralles afirma que Bernal es el puntal más firme para conocer la conquista, pero no el único, y que el propósito del libro no es hacer de lado el trabajo del cronista, sino intenta ofrecer a los estudiantes "un eslabón más para conectar los hechos que relata Díaz del Castillo". Y Bernal mintió: el lado oscuro de su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España es parte de la trilogía conformada por Hernán Cortés, inventor de México, biografía con lo más relevante de la vida del conquistador en el país, y La Malinche, la raíz de México, que propone una visión femenina de la conquista. De acuerdo con Miralles, Bernal incurre en graves errores porque se deja influenciar por Gómara, aunque existían relatos de Pedro Mártir, Francisco Fernández de Oviedo, Cristóbal Tapia y Francisco de Aguilar, entre otros. "Hay un capítulo que Bernal relata con tintes dramáticos basándose en el libro de Gómara, cuando Moctezuma exigió a los españoles que se fueran del país y estaban construyendo barcos para irse y que el único niño se la pasaba llorando, pero existen versiones sobre un periodo de seis meses de convivencia pacífica y estaba la tierra en paz", explica el autor. Al referirse a la relación con Hernán Cortes, Miralles asegura que Bernal Díaz del Castillo no fue relevante en el ejército, porque Cortés no lo menciona nunca en sus cartas de relación. "Bernal todo lo vio a distancia porque no era del grupo cercano a Cortés; veía de lejos los hechos, pero no escuchaba; no sabía de lo que hablaban. Por eso comete errores, incluso no conocía la casa de Cortés en Cuernavaca ni sabía que trajo a su madre a México y que murió en Texcoco". Para Miralles, en México se presta escasa atención a la colonización de los territorios al norte del país y cómo se fundaron Querétaro, Zacatecas, San Luis Potosí con los españoles e indios hispanizados. "El virrey dio hidalguía a 400 indios que se fueron a establecer en el norte para fundar Saltillo y así poco a poco viene la colonización. El gran paso fueron las minas en Zacatecas, aunque primero fue la fundación de Querétaro por indios hispanizados con dirigentes españoles". En el volumen Miralles demuestra que la historia no es tan verdadera como Bernal pretende y simplemente corrige algunos elementos que demeritan la crónica de la conquista de México. La Jornada - México D.F., 27/5/2008 |
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Las memorias de una costurera Elena Poniatowska Evangelina Corona, costurera, nunca se imaginó que la mañana del 19 de septiembre de 1985 un terremoto transformaría no sólo la vida cotidiana de la ciudad de México, sino la suya propia. Después de dejar a su hija en la escuela, acudió al trabajo y vio que su edificio de 11 pisos en la calle de San Antonio Abad se había colapsado y reducido a cuatro pisos, en cuyos escombros quedaron los cuerpos de sus compañeras. El golpe fue definitivo. La vida de muchos mexicanos cambió para siempre. Solidaria, con su sabiduría bíblica de presbiteriana, gracias a la intensidad de sus palabras, a sus profundas convicciones y a consejos tan sencillos como "no hay que apachurrarse", Evangelina alentó y organizó a sus compañeras para que transformaran su dolor en acción y nunca se imaginó ser la secretaria general del Sindicato de Costureras 19 de Septiembre, nunca pensó ocupar un escaño en la Cámara de Diputados y llegar a ser legisladora, nunca previó que algún día hablaría a nombre de sus compañeras ante el ex presidente Miguel de la Madrid y le llevaría la contraria. "No, señor Presidente, así como usted las dice, así no fueron las cosas". Lejos de intimidarse con los poderosos, su autenticidad los deja con un palmo de narices. Su vehemencia la volvió líder. "Mis propias palabras me llevaban no sabía yo a dónde". De los escombros surgió una mujer que hablaba sin barreras, que la propia Evangelina desconocía. Evangelina publica sus memorias con la invaluable ayuda de Patricia Vega y las titula Contar las cosas como fueron, y resultan de una frescura, una franqueza conmovedoras, ya que Doña Eva (como la llaman sus compañeros) revela su intimidad sin esconder nada, al contrario, se nos da toda entera y podemos beberla como un vaso de agua pura. Ya de por sí la portada del libro de 212 páginas, publicado por Demac, es impactante. La foto de la portada es excelente: Evangelina está rota a la mitad y cosida con aguja e hilo rojo. Resulta que Demac publica sin proponérselo un libro de ética en el que Evangelina no escandaliza ni mortifica porque nada de lo que dice es artificial o falso. Nunca se asume como víctima o como mártir, cuenta sus vivencias y los cambios de su vida con naturalidad. Nadie podría relatar su vida amorosa con la inocencia con que ella lo hace y hablar de lo que más quiere: sus hijas. (Es más fácil hablar de política que hablar de uno mismo). Madre soltera, escoge libremente su destino: "No estaba tan tirada a la calle como para que nadie se fijara en mí. Pero yo no quería vivir esclavizada bajo el yugo de un hombre. Y ahí están las dos hijas, gracias a Dios". Nacida en un pueblo de Tlaxcala, en 1938, Evangelina fue una niña sin recursos. Sus ocho hermanos se dedicaron a sembrar y a recoger frijol, haba, maíz, trigo, cebada y, los domingos, piedras para ayudar a su papá a levantar su casa, a unos 100 metros de una barranca. Doña Eva sabe lo que es la pobreza y no tiene una pizca de resentimiento. Después fue sirvienta en una casa de Apizaco, de la que salió huyendo porque su patrón la perseguía y prefirió dejar todo antes que ser propiedad de ese señor. En el Distrito Federal también fue sirvienta hasta que por fin pudo volverse costurera y dominar a la perfección la overlock, "una máquina bonita que hace remates, cierra bien las costuras y las clausura". A lo largo de los años aprendió a manejar la dobladilladora, la ojaladora y la botonadora, pero sobre todo a tener una vida verdaderamente cristiana. El sismo de 1985 afectó no sólo a Evangelina, sino a todas las de su gremio. Mil 326 talleres o fábricas de la zona quedaron inactivos, 800 de ellos destruidos totalmente, muchos eran empresas "fantasma" y no se responsabilizaron de las costureras que se quedaron sin sueldo. Además de trabajar 10 horas diarias y no ganar ni el salario mínimo se llevaban trabajo a su casa a destajo para hacerse de un poco más de dinero. A pesar de la dureza de sus condiciones, ni Evangelina ni sus compañeras de trabajo sabían lo que era la explotación laboral. "La palabra explotación no existía en mi vocabulario, antes del terremoto del 19 de septiembre yo no tenía conciencia de explotación o no explotación. El 85 fue para mí un antes y un después en mi vida. Si no hubiera ocurrido el terremoto seguiría yo muy campante, conforme con que me dieran trabajo. Pero el salto que me hizo dar esa tragedia fue mayúsculo". Evangelina, quien abrazaba a su patrón apenas lo veía, descubrió lo que era reclamar y sin planearlo se convirtió casi de un día al otro en jefa de sindicato. Nunca se preguntó qué patrón la contrataría después si se convertía en dirigente sindical. Ella exigió una indemnización más justa para las costureras. Entre los escombros, quedó su ingenuidad y el abrazo al patrón. En 1985, la situación de las 700 mil costureras era crítica: 40 mil se quedaron sin empleo debido al sismo y en estado de indefensión, porque 50 por ciento de la producción se hacía en talleres clandestinos, 51 por ciento de las trabajadoras tenía sólo contratos semanales y apenas 18 por ciento era de planta, 73 por ciento no sabía lo que era y para qué sirve un sindicato y 89 por ciento estaban convencidas de que el líder sindical estaba coludido con el dueño de la empresa. Ante esta situación, Evangelina Corona, junto con otras compañeras, fundó el Sindicato de Costureras 19 de Septiembre. "Ahora tú eres nuestra dirigente" y su vida dio un giro de 180 grados. Evangelina es una mujer muy bella de cabello blanco y piel lisa como la de una manzana recién cortada. Verla como protagonista principal en la película de Maricarmen de Lara No le pedimos un viaje a la Luna es un gusto enorme. Tiene una gran presencia y un don natural: saber dirigirse a los demás con voz clara y conceptos precisos. Se comunica con eficacia no sólo porque tiene facilidad de palabra sino porque estructura su pensamiento en forma sólida y expone sus ideas con palabras sencillas y directas. Quizá porque es catequista protestante, Evangelina aprendió a guiar las mentes de niños y adultos por el camino del conocimiento. Además tiene su propio criterio. Alguna vez me contó de su paso por la Cámara de Diputados. Ella misma se preguntaba: "¿Cuándo una costurera que sólo cursó el tercero de primaria va a llegar a la Cámara? No cabe en la mente de nadie". A pesar de sus escasos conocimientos y preparación, como ella misma lo dice, su honradez y su sentido común la convirtieron en una diputada ejemplar por el sólo hecho de que partía de su realidad y nunca dejó de decir la verdad y recibir, atender y defender a los más pobres. Votó en contra de varias reformas constitucionales. Al ver que sus compañeros diputados no hacían lo mismo se preocupaba, los consideró farsantes y opinaba que "el trabajo en la Cámara de Diputados es una farsa, una completa pérdida de tiempo y se desperdicia dinero que le cuesta al pueblo. Los diputados son unos saqueadores económicos disfrazados porque, ¿cuánto se lleva un diputado?" Sus compañeros la decepcionaron. "Lo que más me dolió y me costó trabajo aceptar fue la reforma al artículo 27 de la Constitución. Fue un ataque al pueblo mexicano, especialmente al campesinado que antes podía ceder o dejar sus derechos a su esposa o a sus hijas o hijos mayores (…) Para mí eso fue muy grave pues volvimos a los terratenientes, porque el único que puede comprar es el que tiene dinero: el pobre no le va a comprar al pobre". Concluye Evangelina: "De la LV Legislatura me quedó un mal sabor de boca". Hoy, cuando tenemos los ojos fijos en la Cámara, es bueno recordar que Evangelina alguna vez escuchó a un diputado decir con todo cinismo: "Yo a lo que vengo es a levantar la mano y a cobrar". La salud de sus ideas la vuelven una defensora de las mujeres y la fundadora de una guardería para los hijos de las costureras. "En la Biblia se dice específicamente que el padre es el responsable de la educación de los hijos y el que debe vigilarlos, pues a mí que me demuestren qué papá está cerca de sus hijos para vigilar su educación, allí sí, para eso los hombres son menos, se lavan las manos y esa responsabilidad recae en las mujeres. Sin embargo para ellos hay cantinas, billares, cine, teatro, pero para la mujer no, porque ella tiene la obligación de quedarse en la casa a atender a los hijos. Para mí ésa es una manera de minimizar a la mujer". Evangelina Corona permanece en contacto con la pobreza y no le son ajenos los casos de niñas violadas por el padrastro que la madre solapa (con tal de conservar al hombre) ni los de niños que aguantan a maestros pedófilos, tema candente de nuestro tiempo. Hoy trabaja en la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal y habla con mucha sinceridad de sus limitaciones; el respeto con que trata a los quejosos hace que todos la busquen. De que Evangelina Corona tiene el corazón bien cosido no me queda la menor duda, bien cosido en la caja del pecho, bien cosido a los ojos, bien cosido a las manos porque nos lo ofrece ahora en uno de los relatos más auténticos, límpidos y lozanos que hemos podido apurar en los tiempos recientes. La Jornada - México D.F., 11/5/2008 |
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Chile, la revolución de la Escuadra de 1973 Jorge Escalante "Por la chucha, iñor’, si hubiese un oficial entre nosotros, ¿cree usted que íbamos a andar hueveando aquí en Santiago con ustedes?!" Esa fue la frase explosiva con que el Perro Roldán, cabo de uno de los barcos de la Escuadra, respondió al secretario general del Partido Socialista, Carlos Altamirano, la noche del viernes 3 de agosto de 1973 en una casa-quinta de Puente Alto. Altamirano quería saber si en el movimiento y los planes que esa noche un grupo de marinos de la Escuadra venían a contarle a él y al secretario general del MIR, Miguel Enríquez, para adelantarse al golpe de Estado que la Marina tenía listo para el 8 de agosto de ese año, había algún oficial de la Armada involucrado. El asunto para el comité marinero era claro: tenían información de primera fuente de que un puñado de almirantes y capitanes de navío, entre ellos Arturo Troncoso Daroch, Ismael Huerta, Patricio Carvajal y Hugo Castro (el mismo que pidió a Patria y Libertad volar puentes, oleoductos y torres de alta tensión para apurar el golpe, ofreciendo los explosivos necesarios) tenía el golpe listo para derrocar a Allende. La Marina actuaría sola, obligando al Ejército y al resto de las Fuerzas Armadas a plegarse sobre hechos consumados. Su comandante en jefe, el almirante Raúl Montero, leal a Allende, poco importaba. Ellos tenían a casi todo el cuerpo de almirantes y oficiales de menor graduación alineados con la asonada. Los más de cien marineros antigolpistas que también estaban coordinados y cuyo único suboficial era Juan Cárdenas Villablanca, presente esa noche en la reunión integrando el comité de siete miembros que los representaba, explicaron su plan. Para adelantarse al golpe se tomarían los barcos de la Escuadra, arrestarían a punta de pistola a los oficiales encerrándolos en los camarotes y prepararían las baterías para bombardear los cuarteles de Valparaíso y Talcahuano que se opusieran desde tierra a su acción. Sólo pedían que los partidos de la Unidad Popular y el MIR los apoyaran desde tierra con su fuerza militante y las armas con que contaran, para asegurar el éxito de sus operaciones. Se presentaron como "constitucionalistas leales al Gobierno de Allende legalmente constituido" y declarados antiderechistas, orientación que por esos meses imperaba entre la oficialidad de la Armada, que repartía odiosas proclamas anticomunistas en las reparticiones navales para promover el golpe en la institución. Días antes, el comité se reunió en Valparaíso con el secretario general del MAPU, Oscar Guillermo Garretón, para plantear lo mismo. Entre los coordinados de tierra dispuestos a parar el golpe estaba también un grupo de trabajadores de los astilleros de la Armada en Talcahuano, que mantenía estrecho contacto con "Rafael", el estudiante de economía y militante del MIR José Goñi, actual ministro de Defensa. Ni Altamirano ni Garretón creyeron en los planes expuestos por el comité de marinos. Sí lo hizo Miguel Enríquez. Los dos primeros no se comprometieron a nada, sólo a contarle a Allende. El MIR de Enríquez armó rápidamente estrechos lazos con el comité y prometió entregarle las armas cortas que esa noche, en la reunión, el grupo de siete marinos liderado por Cárdenas requirió para arrestar a los oficiales. El país estaba convulsionado y el golpe militar se palpitaba, pero los comunistas y Allende no apoyaron el plan. El PC y el Presidente formaban parte hacía ya tiempo de una de las dos almas de la UP: la de "no a la guerra civil", que buscaba ampliar la base social de apoyo dialogando con la DC, estaba dispuesta a modificar el programa de gobierno y a mantener el proceso revolucionario dentro de los marcos de la institucionalidad democrática para finalmente convocar a un plebiscito que probablemente se perdería por las mismas horas cercanas al 11 de septiembre de 1973. Al frente estaba la otra alma, la de "avanzar sin transar" y "crear poder popular". La integraban el Partido Socialista de Altamirano, el MAPU-Garretón (el MAPU ya se había dividido y la otra fracción la lideraba el actual senador PS Jaime Gazmuri, que junto al PC apoyaban las posturas de Allende) y la Izquierda Cristiana, además del MIR, que estaba fuera de la UP. El destino de Chile estaba echado y no había vuelta atrás. Los marinos constitucionalistas tenían la máquina aceitada, aunque con muchas falencias producto de las condiciones. Pero el Servicio de Inteligencia Naval (SIN) los había descubierto y seguía sus pasos desde hacía varias semanas, sin todavía intervenir. Estas son algunas de las apasionantes cuestiones contenidas en los dos tomos (más de 800 páginas) del libro del historiador ex mapucista y mirista Jorge Magasich Airola, Los que dijeron ''No''. Historia del movimiento de los marinos antigolpistas de 1973. Exiliado y todavía residente en Bélgica, Magasich trabajó ocho años investigando esta página dramática de la historia de Chile, que fue su tesis doctoral en la Universidad Libre de Bruselas. Contra todos los malos augurios que recibió Magasich por lo extenso de su publicación y lo complejo de la materia tratada, la editorial Lom decidió publicar la obra "sin cortar ni cambiar una sola línea", como agradeció el autor la noche del 1 de abril pasado en la presentación. Hurgó en documentos, archivos, prensa, entrevistó hasta al gato y leyó cuanto libro se le atravesó que le aportara información. Se paseó además por otros movimientos revolucionarios de la marinería, pasando por la llamada "Insurrección de la Escuadra" de 1931, cuando las tripulaciones se apoderaron de los barcos y los condujeron a la rada de Coquimbo. La obra rescató cada detalle de cómo se fue conformando la red de marinos que intentó actuar adelantándose al golpe que se gestaba, con pasos acelerados a partir del fallido alzamiento militar del 29 de junio de 1973, conocido como el Tancazo. El autor rearma de manera profunda y fina el clima político de los últimos meses de Allende y su bloque político, la UP, que al final estaba prácticamente quebrada. Hizo lo propio con el ámbito de la oposición. Se sumergió en el asesinato del edecán naval de Allende, capitán Arturo Araya Peters, el 26 de julio de 1973, complot gestado entre civiles de ultraderecha y oficiales activos y en retiro de la Armada, para apurar el golpe de Estado. El libro revela además el conflicto y las contradicciones al interior del Gobierno de Allende a partir del arresto de la red marinera que comenzó el domingo 5 de agosto de 1973, y cuando se empezaron a conocer las brutales torturas cometidas en contra de los que se disponían a frenar el golpe a manos de la Infantería de Marina, en Viña del Mar y Talcahuano. "No me convenció que pudieran asumir el control de los barcos y el armamento, y no me quedó claro lo que podían hacer al amenazar con bombardear ellos primero. Al querer adelantarse al golpe de los almirantes, serían ellos quienes iban a quedar en calidad de sediciosos, aunque se proclamasen leales al Gobierno y defensores de la Constitución y las leyes. Porque era obvio que esos cinco o seis almirantes y contraalmirantes que denunciaban como complotadores iban a decir que todo era falso y que esta sedición de la marinería debía ser aplastada". Fue la sentencia que Altamirano le dio al autor en la entrevista, coincidente con la que fue su posición en aquel tiempo, distinta a lo que se conoció públicamente. La investigación deja establecido de manera irrefutable que el movimiento de la marinería de 1973 fue autónomo de los partidos de la UP y el MIR aunque varios de sus integrantes sí simpatizaban con algunos de ellos , y desmiente con ello las acusaciones de la Armada de que fueron la izquierda y Allende quienes decidieron "infiltar" la institución con fines políticos. De paso, la obra de Magasich echa por tierra "las falsedades", como las califica el autor, de cómo tratan este y otros asuntos similares en sus "memorias" los almirantes José Toribio Merino, Ismael Huerta, Patricio Carvajal y Sergio Huidobro. La Nación - Santiago de Chile, 6/4/2008 |
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"Hay que rescatar el pensamiento liberal latinoamericano" Gerardo Arreola En América Latina no existe el neoliberalismo, porque nunca hubo liberalismo, sostiene Armando Hart Dávalos, uno de los líderes históricos de la Revolución Cubana, polemista y fundador de dos ministerios clave en la isla: Educación y Cultura. Con 77 años de edad, unido a Fidel Castro desde antes del asalto al Cuartel Moncada (1953), Hart explica cómo llegaron las ideas socialistas a la generación cubana que encabezó la revolución el siglo pasado, en una secuencia que va de Bolívar a Martí, la Revolución Mexicana y su Constitución de 1917, Zapata, la revolución bolchevique, Mella, Sandino y Cárdenas. "Todo eso influía mucho en nosotros", dice a La Jornada el veterano ensayista, quien vuelve a México, después de seis años de ausencia, para presentar un fondo editorial sobre historia y pensamiento de Cuba y América Latina. Hart dice que el liberalismo latinoamericano nació con la independencia de Haití, a finales del siglo XVIII, libertario y antiesclavista, pero Estados Unidos impidió su triunfo, mientras el liberalismo europeo surgió asociado a la propiedad privada, contra el orden feudal. "Hay que rescatar el pensamiento liberal latinoamericano en oposición al liberalismo europeo", señala Hart y cita a "tres figuras esenciales para la época en que estamos viviendo": el mexicano Benito Juárez, el ecuatoriano Eloy Alfaro y el colombiano Eliécer Gaitán (quien cumplirá 60 años de muerto este 9 de abril, el día de la insurrección popular de 1948 conocida como El Bogotazo). "Los tres eran figuras jurídicas", añade el ahora director de la Oficina del Programa Martiano. "Tenían un pensamiento radical y al mismo tiempo consecuente, dentro de la ley". Con la herencia intelectual que tiene y la emergencia de gobiernos progresistas, "no hay una zona del mundo con mayor posibilidad para hacer una síntesis universal del pensamiento que América Latina", considera Hart, protagonista en 1957 de una espectacular fuga de una prisión cubana. Entre el 6 y el 12 de abril, Hart presentará en Monterrey y en Zacatecas el Proyecto Crónicas, de la Sociedad Cultural José Martí, que incluye una revista y cuatro volúmenes coeditados con Plaza y Valdés. Líder operativo de la campaña de alfabetización de 1959, cuando era ministro de Educación, Hart dice que frente a la desviación estalinista que "deformó la expresión" marxismo-leninismo, se acoge a la vieja institución jurídica de aceptar la herencia "a beneficio de inventario" (es decir, sin asumir las deudas). "Y el inventario -agrega el escritor- siempre lo hace un especialista, que puede ser Mariátegui, Gramsci, Mella, Rosa Luxemburgo, Fidel (...) Hacemos el inventario y entonces así asumo la herencia de Lenin". En las conferencias, dice Hart, "procuro no decir marxismo-leninismo, sino pensamiento de Marx, de Engels, de Lenin y de todos los habidos y por haber. Para mí el socialismo es como una aspiración, es como el horizonte. A mí no me gusta decir: ha triunfado el socialismo. Ha triunfado la aspiración al socialismo. Porque el socialismo es mundial o no es socialismo. Hay que tenerlo como concepto, como aspiración. Y no hay nada más importante que una buena teoría". El nombramiento de Hart como ministro de Cultura en 1976 se considera aquí como el final simbólico del quinquenio gris, la primera mitad de los años 70, en la que rigió una política dogmática, homofóbica y represiva en el sector, aunque también es sabido que los efectos de esa línea se extendieron durante años. El cambio de política, dice ahora Hart, se produjo porque "Martí decía que la justicia primero y el arte después. Yo dije: ha triunfado la justicia, adelante el arte. Me di cuenta que Fidel me había situado ahí para resolver los problemas y no para complicarlos. La clave de esa diferencia de política era comprender que la justicia es la primera categoría de la cultura". La Jornada - México D.F., 4/4/2008 |
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Un nuevo modo de estudiar la historia Luis Hernández Navarro En su libro más reciente, Enrique Dussel ha emprendido la demolición de la visión eurocentrista y helenocentrista de la historia, la política y la filosofía. En su lugar, ha emprendido la elaboración de una posible historia de los pueblos a partir de "una reconstrucción epistemológica desde los vencidos, desde las víctimas de la modernidad". Política de la liberación, historia mundial y crítica es el primer tomo de una serie de tres volúmenes de un contrarrelato crítico que tiene en los "condenados de la Tierra" su punto de partida. El segundo fue ya entregado al editor y el tercero está en camino de ser terminado. A través de sus 587 páginas y sus 2 mil 422 notas a pie de página propone un nuevo modo de estudiar la historia. El libro, como parte de la política de la liberación, se inscribe en el mismo espíritu de época que animó pensamientos críticos como la teología de la liberación, la ética de la liberación, la filosofía de la liberación y la teoría de la dependencia, todas ellas corrientes en las que el profesor Dussel ha desempeñado un papel central. "La filosofía de la liberación -dice el pensador en entrevista con La Jornada- es filosofía, y no teología. Nació entre un grupo de profesores dentro de un mismo contexto, y dialogando sobre la metodología de esa teología, pero siendo filosofía. Su experiencia consiste en el descubrimiento del hecho masivo de la dominación". La filosofía de la liberación tiene como fundamento la pobreza creciente de la mayoría de la población latinoamericana y la existencia de tipos de opresión que exigen como praxis una liberación encaminada a la libertad. El pensamiento de la liberación, explica, "pone en cuestión revolucionariamente el presente; es un movimiento que tiene responsabilidad en la construcción de un nuevo orden". La obra, como se señala casi al final, utiliza el método crítico, tal como lo define Hermann Cohen. "Consiste en colocarse en el espacio político de los pobres, las víctimas, y desde allí llevar a cabo la crítica de las patologías del Estado". Dussel está en contra del colonialismo teórico de la filosofía política, como se practica en América Latina. Apuesta por tomar en serio "el giro descolonizador en el que está empeñada desde hace años la filosofía de la liberación". El texto, agrega, viene de atrás: "Nació en 1962, leyendo un libro de Leopoldo Zea que decía que América Latina está fuera de la historia. Y lo peor es que nosotros lo repetimos. Pero, ¿qué tal si esa visión de la historia es una pura invención de los románticos alemanes del siglo XVIII? ¿Que Hegel hizo filosofía?" Política de la liberación, historia mundial y crítica se propone superar una serie de límites teóricos: el helenocentrismo, el occidentalismo, el eurocentrismo, la periodización de la historia según los criterios europeos, el secularismo tradicional de las filosofías políticas y la exclusión de América Latina en los orígenes de la antigüedad. El doctor en filosofía, nacido en Argentina en 1934 pero exiliado en México desde 1975, explica: "En filosofía política, en teoría política somos completamente eurocéntricos (tendencia emocional que hace de la cultura europea el criterio exclusivo para interpretar los comportamientos de otros grupos, razas o sociedades). En filosofía partimos siempre de Atenas, todo pasa por Atenas. Hablamos de la democracia ateniense. Yo me pregunto: ¿cuál democracia ateniense? La palabra demos viene de Egipto. Significa aldea. La política no nació en Grecia. Prácticamente todas las instituciones políticas en Grecia son fenicias, caldeas o egipcias. La palabra dique, que es justicia, es caldea. En las facultades de filosofía todos son helenocéntricos. La figura que representa la Facultad de Filosofía de la UNAM es una mujer con casco griego. Eso es una corriente filosófica. Pero está la filosofía china, que es inmensa, que es mucho más actual que la griega, porque ha seguido viviendo. La gente en China lee a Confucio. Está la filosofía India. Está el mundo islámico". Para el hombre que nació en un pueblo argentino que, según él, podría ser parte de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, resulta lamentable que no se estudie Bizancio. "Europa nos ha vendido que fue el centro del mundo, pero eso es cierto tan sólo desde hace 200 años. El europeo estaba tan aislado en la Edad Media..." Bagdad, asegura, fue durante 500 años el centro de las principales conexiones políticas del mundo. "Había cientos de caravanas que salían de todo el mundo a Bagdad. Allí estaba el Instituto Tecnológico de Massachusetts del siglo IX. Estaban muchísimo más avanzados que los europeos". Tenemos, afirma, una visión distorsionada de historia. Y eso es grave, entre otras razones, porque la historia es el horizonte de las ciencias sociales. "Se habla del feudalismo cuando sólo existió en Europa. En el mundo árabe nunca hubo feudalismo". ¿Cómo procesó el doctor Dussel la elaboración de este libro de largo aliento? Es un trabajo, expresa, que escudriña los orígenes de la modernidad. Esta es la parte histórica. "Hace 50 años que estoy en el tema. Mi tesis doctoral en Madrid fue sobre problemas de filosofía política. En 1997 envié la Etica de la liberación al mismo editor. Un año después se publicó un libro grande, de 700 páginas, que daba los fundamentos de una ética. Desde ese momento comencé a hacer la política. Me puse a releer los clásicos, me puse a leer los filósofos más importantes actuales y el tema se fue agrandando". Enrique Dussel es un conocedor profundo de la filosofía clásica, del mundo hebreo y de la historia latinoamericana. Nacido de la convicción de que hacen falta categorías para explicar lo nuestro, Política de la liberación, historia mundial y crítica propone, desde América Latina, una visión diferente del problema filosófico, político, pero con la pretensión de ser mundial. El primer tomo es una historia mundial. "No tiene sentido -advierte- hablar de antigüedad, medieval y moderno". Asegura: "Ha sido un trabajo arduo de revisar la filosofía política contemporánea y desde allí pensar lo que está pasando en América Latina, y desde allí dar una filosofía política. Este primer tomo es el lugar desde donde hago la deconstrucción y la reconstrucción teórica. Primero hago una historia mundial, luego entro a América Latina, entro a los movimientos populares. Quiero hacer una filosofía política desde lo que Gramsci llama el bloque social de los oprimidos. No sólo de la clase obrera, del proletariado, del sujeto histórico tradicional, sino el pueblo". Con Política de la liberación, historia mundial y crítica Dussel afirma estar "rompiendo una cantidad de esquemas que permiten la posibilidad de nuevas visiones". Y pone de ejemplo el del actual presidente de Bolivia. "Evo Morales dice: de lo que se trata es de un poder obedencial. Esa visión es central en una nueva teoría política. Desde los centros se dice: los que mandan, mandan mandando. Aquí se dice: Los que mandan, mandan obedeciendo. Es otro concepto de poder. Eso sí que es crítica de la modernidad". El nuevo modo de estudiar la historia propuesto por Dussel es, también, un lente distinto para asomarse a lo que actualmente sucede en nuestro continente. La Jornada - México D.F., 24/3/2008 |
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Direttore Nicoletta Manuzzato Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 259 del 13/4/2004 |