![]() |
Latinoamerica-online.it |
|
Home Le notizie Scienza e cultura Le schede dei paesi Archivio |
|
La comunicación antes de Colón (10/6/2009) |
|
|
|
La comunicación antes de Colón Washington Uranga La comunicación antes de Colón es el título de un libro que acaba de editarse para cubrir un espacio no abordado hasta ahora por los estudios de la comunicación en América Latina: las formas de comunicación de los pueblos originarios que habitaron estas tierras antes del arribo de los españoles. El trabajo, una producción conjunta de los investigadores bolivianos Luis Ramiro Beltrán, Karina Herrera, Esperanza Pinto y Erick Torrico, es el resultado de una sólida investigación que rastrea en más de 1100 documentos e intenta reafirmar que "nuestras culturas nativas precolombinas no eran primitivas ni ágrafas", según lo sostiene el propio Beltrán. El texto, editado hace pocos días en La Paz, se dedica a través de sus 313 bien documentadas páginas a demostrar que "cuando menos un millar de años antes de la llegada de Colón las más avanzadas culturas nativas de lo que iría llamarse América ya tenían aptitud, recursos y hábito de comunicación escrita, y no eran, por tanto, ágrafas por primitividad". La idea del trabajo se apoya en el hecho incuestionable de que los estudios sobre esta parte del mundo sólo han contemplado hasta el momento -salvo pocas excepciones también consignadas en la investigación- la historia de la comunicación a partir de la introducción de la imprenta por los conquistadores en México. El grupo investigador se dio a la tarea de discutir el concepto de comunicación, para sacarlo de la reducida mirada que lo restringe a los medios y, en cambio, lo vincula de manera definitiva con la cultura. Desde esa perspectiva, la comunicación es entendida como "campo antropocéntrico de los procesos de interacción humana que producen, circulan y usan las representaciones simbólicas, los sentidos, social e históricamente determinados", entendiendo así que los pueblos originarios de esta tierra se expresaron a través de "variaciones simbólicas" que han sido "no sólo la expresión de su desarrollo cultural, sino el soporte mismo de su constitución sociocultural". Por la falta de recursos para avanzar por el momento en un horizonte más amplio el estudio hace un recorte a partir de la información recogida en la zona andina y mesoamericana de América Latina, pero deja sentada la base metodológica para otras investigaciones que puedan continuar en la misma línea. En el trabajo se señala que la comunicación de los pueblos originarios de estas tierras se dio a través de dos grandes modalidades: entre la persona y el grupo social y entre el individuo y su mundo naturalreligioso. Así planteada, la comunicación "tenía un carácter público, en la dimensión que fue visible para todos -gobernantes y gobernados- y se hallaba mediada por la concepción religiosomítica". Entre otros aspectos se relevaron tipos y formas de comunicación como poesías y relatos (comunicación oral); danzas, rituales y teatro (comunicación gesto espacial-sonoro); quipus, tejidos, quilcas y pallares (comunicación escrita); piedra, cerámica, orfebrería, platería, tokapus, tejidos y sellos (comunicación iconográfica) y lugares sagrados, monumentos, plazas, estelas, portadas, caminos y correos en la ciudad (comunicación espacio-monumental). A la hora de las conclusiones los autores reconocen el hecho de que la comunicación misma es un campo de conocimiento todavía en formación, que la preocupación histórica también debe incorporarse a los estudios en comunicación y que es necesario recuperar los recursos comunicacionales antecedentes a las llamadas tecnologías de la comunicación para ingresar realmente en la complejidad de la disciplina. Una obra audaz e innovadora. Un argumento científico más para reafirmar la densidad cultural de nuestros pueblos antes de ser "descubiertos". Página/12 - Buenos Aires, 10/6/2009 |
|
|
|
Paquimé: 50 años de excavaciones Ana Mónica Rodríguez Alrededor de 24 toneladas de material prehispánico, como piedra tallada, cerámica, restos óseos, turquesa, concha, cobre, textiles y madera, entre otros, han sido descubiertos y recuperados a lo largo de más de medio siglo de excavaciones en la zona arqueológica de Paquimé. El inusual sitio, ubicado en Chihuahua e inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 1998, ha sido investigado a lo largo de 50 años con dos líneas del conocimiento como base: las exploraciones arqueológicas sobre la cultura de Casas Grandes y la conservación de su legado arquitectónico. Paquimé posee características especiales que lo convierten en un sitio único en el norte de México, el cual mantiene todavía infinidad de aspectos y misterios por develar. El sitio prehispánico es exótico, y para los amantes de lo desconocido se vuelve punto de destino cultural. Eduardo Gamboa Carrera, director del Proyecto Arqueológico, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explica: "Paquimé y la cultura Casas Grandes se gestó con las migraciones de los hombres que huían de la sequía desde la gran cuenca en Norteamérica. El sur-oeste americano se encontraba ya habitado, y la región de Casas Grandes, la última pradera, fue el límite de estas migraciones. Las pobladores abarcaron hasta la parte meridional del estado de Chihuahua. No hay más evidencias de estas migraciones en Sonora, Sinaloa ni en Durango". Según el experto, Paquimé floreció debido a la herencia arquitectónica legada de los Mimbreños del Río Gila, en Nuevo México; mientras el éxito en la agricultura y en la organización social lo ubicaron en un sistema social excelentemente adaptado en la región del desierto chihuahuense. "La presencia de objetos sureños y la incorporación de nuevos elementos arquitectónicos a las Casas Grandes (Great Houses) hicieron de Paquimé un pueblo con estilo arquitectónico único y exquisito. Algo así como un pueblo típico o pintoresco". Además, este emblemático lugar poseía todas las comodidades para la vida confortable, porque "Paquimé fue una ciudad construida por los hombres para los hombres, a diferencia de las ciudades mesoamericanas, que fueron construidas para los dioses". Este asentamiento monumental, de los más impresionantes entre las culturas del desierto después de las Great Houses del Cañón de Chaco, comenzó a ser investigado arduamente por el arqueólogo Charles Di Peso, pionero en esta actividad en el norte del país. La evolución de Paquimé, según Di Peso, floreció durante el año 1200, y su colapso ocurrió hacia el año 1350 de nuestra era. Empero, "actualmente -prosigue Gamboa- sabemos con precisión, gracias a los avances tecnológicos y la tenacidad de los investigadores, que Paquimé floreció y sucumbió 100 años después. Con los avances del conocimiento, hoy día sabemos que Paquimé tuvo su auge un siglo después, y el contexto global en América, en esos momentos, era un escenario muy diferente. Los aztecas señoreaban en el Altiplano y los tarascos en el Occidente". Desde el punto de vista del patrimonio mundial, dijo el especialista del INAH, si evaluamos a Paquimé con los criterios del Comité del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas por la Educación, la Ciencia y la Cultura se podría afirmar que "el masivo arquitectónico de tierra en Casas Grandes, Chihuahua, tiene valor universal, porque su presencia es la huella de un momento de la historia de las relaciones entre los pueblos de las culturas del desierto en el norte de México y Mesoamérica". -¿Cómo eran los habitantes y las estructuras de esa antigua ciudad? -Los habitantes de Paquimé fueron similares a sus vecinos, descendientes de los pueblos del desierto, los tarahumaras, pimas, tepehuanos, opatas, todos ellos, hablantes yutoaztecas, son físicamente semejantes. Las representaciones de los hombres de Paquimé en las vasijas de cerámica nos muestran a hombres de corta estatura, pelo negro lacio, cara redonda, robustos; vestían mantas multicolores y con múltiples diseños, tal como se presentan en la cerámica Ramos y Casas Grandes; además, usaban unas gorras muy simpáticas y les gustaban los colguijes: collares, camafeos, aretes, brazaletes. Los hombres y las mujeres frecuentemente mostraban sus partes nobles. -¿También hubo sacrificios y se han hallado tumbas en los alrededores de la zona arqueológica? -Los hallazgos de tumbas en Paquimé se clasifican básicamente en dos grupos: los enterramientos in situ, es decir, aquellos que se encuentran depositados por única vez en una urna que se excavó debajo del primer piso de los masivos arquitectónicos; mientras otro grupo de individuos se encontró diseminado sin tumba ex profeso y sin asociación alguna, lo que hizo suponer al arqueólogo Di Peso que estos individuos murieron en un ataque que provocó el colapso de Paquimé. Actualmente, el proyecto arqueológico en Paquimé, explica Gamboa Carrera, "se concentra en lo que llamamos la aplicación de aplanados de sacrificio. Este método nos permite encapsular el material de los muros originales que fueron fabricados con tierra batida y modelada con cajones de madera; con este abrigo, la lluvia, la nieve y el viento no deterioran el aplanado de sacrificio y mantenemos el original intacto". A medio siglo de iniciados los trabajos arqueológicos -que se cumplieron el 30 de septiembre de 2008-, el investigador del INAH plantea que es prioritario evaluar la conservación del sitio, debido a que ha permanecido cinco décadas expuesto a la intemperie. La Jornada - México D.F., 24/5/2009 |
|
|
|
La tinta negra y roja Miguel León-Portilla Como en los códices o libros de los antiguos mexicanos, con sus pinturas y escritura jeroglífica, también en éste conviven poemas de aquellos antiguos dueños de la palabra, con las policromías de un moderno pintor, maestro de la tinta negra y roja. Los dueños de la palabra fueron hombres y mujeres de lengua náhuatl o mexicana. Entre ellos estuvieron hace muchos siglos quienes edificaron Teotihuacan, la Ciudad de los Dioses, y más tarde Tula, metrópoli de los toltecas. También la hablaron los aztecas o mexicas en la urbe de Tenochtitlan, señora de la región de los lagos en el gran Valle de México. Y la tuvieron asimismo como materna otros muchos en distintos lugares de lo que hoy se conoce como Mesoamérica. Abarca ella el centro y sur de México, así como Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y regiones cercanas de Costa Rica. El náhuatl no es una lengua muerta. Hoy se escucha en no pocos lugares en tierras mexicanas y aun fuera de ellas. Son cerca de dos millones de personas quienes la mantienen viva y, entre ellas algunas la cultivan para crear la que se conoce como Yancuic tlahtolli, la "Nueva palabra". Consta, además, gracias a la arqueología, los códices indígenas y otros manuscritos sobrevivientes, que en náhuatl se escribieron textos con una rica temática: composiciones poéticas con connotaciones religiosas, líricas, guerreras, y aun eróticas. Se conservan también relatos legendarios acerca de los orígenes divinos, cósmicos y humanos. Y los hay asimismo de contenido histórico o didáctico, no pocos de ellos portadores de lo que fue la arraigada sabiduría de los pueblos nahuas. Pero antes de esclarecer cómo dichas expresiones han llegado hasta nosotros, interesa comentar por qué buen número de esas composiciones en náhuatl con su traducción al castellano se presentan bajo el título de La tinta negra y roja. Son estas palabras traducción de tlilli, tlapalli, cuyo significado esclarece un antiguo texto. Es éste una exhortación a un joven estudiante (Códice florentino. VI, f. 180 r.-v.): Xicmocuitlahui in tlilli, in tlapalli, in amoxtli, in tlahcuilolli, intloc, innahuac ximocalaqui in yolizmatqui, in tlamatini.
Cuida de la tinta negra y roja, los libros, las pinturas, colócate junto y al lado, del que es prudente, del que es sabio. La tinta negra y roja es expresión del género de los difrasismos o vocablos pareados, muy abundantes en náhuatl, que metafóricamente connotan determinadas ideas y objetos. En este caso el señalamiento se dirige a los libros -los códice indígenas con pinturas y signos glíficos- y también a las pinturas mismas que cubrían muros en los templos, palacios y escuelas. La exhortación aclara en seguida que, para comprender lo que aporta la tinta negra y roja, es menester colocarse al lado de quien es prudente y sabio, para escuchar sus palabras. Estas, vinculadas o no al contenido de los manuscritos, eran los medios de transmisión. Los libros se hacían con papel de amate, un árbol del género de los ficus, y también en pieles de venado al modo de pergaminos. En ellos se consignaba lo que los tlahcuilos, a la vez pintores y escribanos, habían registrado. Estos comunicaban así lo declarado por los tlamatinime, "sabios", los teopixque, "sacerdotes" y los tlahtoque, "gobernantes". ¿Cómo lo trasmitido por la palabra y la tinta negra y roja ha llegado hasta nosotros, consumada la Conquista española? En los tiempos prehispánicos, tanto en el hogar como en los templos y las escuelas se comunicaba la antigua palabra portadora de sabiduría. El Códice florentino refiere cómo ocurría su transmisión. En el hogar eran los padres los que expresaban los consejos tocantes al transcurrir de la vida, cuando el niño o la niña llegaban a la edad de discreción e ingresaban a la escuela y, más tarde, cuando iban a contraer matrimonio, y al conocerse que ellos, a su vez, iban a tener un hijo. De forma institucionalizada también se comunicaba el antiguo legado en las telpochcalli, "casas de jóvenes", en las cuicacalli "casas de canto", y también en las llamadas calmécac, "hileras de casas", las de nivel más elevado, centros de enseñanza religiosa, jurídica, literaria, histórica y astrológica. Al referirse a los calmécac el Códice florentino (III, f. 39 v.) describe lo que allí se estudiaba: Huel nemachtiloya in cuicatl, in quilhuia teocuicatl, amoxohtoca ihuan huel machtiloya in tonalpohuilli, in temicamatl ihuan in xiuhamatl.
Bien se les enseñaban los cantos, los que se dicen cantos divinos, seguían así el camino del libro y también les enseñaban la cuenta de los días, el libro de los sueños y el libro de los años. Al ocurrir la Conquista española muchos sacerdotes y sabios nahuas perecieron y no pocos de los antiguos amoxtli, "códices" o "libros", fueron reducidos a cenizas. Se dijo que eran portadores de creencias idolátricas. La antigua cultura corrió entonces peligro de desaparecer. Tan sólo algunos frailes y cierto número de indígenas, con motivaciones a veces distintas, se ocuparon en salvar del olvido cuanto les pareció que importaba de conservar. Fragmento de la introducción del libro de Miguel León-Portilla La tinta negra y roja: antología de poesía náhuatl, que incluye ilustraciones del pintor y escultor Vicente Rojo. La Jornada - México D.F., 24/1/2009 |
|
Direttore Nicoletta Manuzzato Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 259 del 13/4/2004 |