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Fine di un ciclo?

Mar del Plata, 4-5 novembre 2005. In uno storico vertice i presidenti di cinque paesi (l'argentino Néstor Kirchner, il paraguayano Nicanor Duarte Frutos, l'uruguayano Tabaré Vázquez, il brasiliano Lula da Silva, il venezuelano Hugo Chávez) si ribellano alle pressioni statunitensi e dicono no alla formazione dell'Alca. Tramonta così il progetto di Washington di una grande area di libero commercio subordinata ai suoi interessi. A quel progetto viene contrapposta una politica di integrazione regionale che porta alla costituzione prima di Unasur, l'Unión de Naciones Sudamericanas, poi della Celac, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños comprendente tutti gli Stati indipendenti del continente con l'esclusione di Usa e Canada.

L'anno scorso è stato ricordato il decimo anniversario dell'incontro di Mar del Plata. Ma proprio il 2015 si è chiuso con pesanti arretramenti delle forze progressiste, che pure nel corso del decennio - con diversa intensità da paese a paese - avevano ottenuto significativi risultati nella lotta alla povertà e alle disuguaglianze, nella battaglia contro il debito estero, nel recupero del ruolo dello Stato nei confronti del mercato. In Argentina le elezioni presidenziali hanno portato al potere la destra di Mauricio Macri. In Venezuela la sconfitta bolivariana nelle legislative pone a rischio il governo di Nicolás Maduro. In Brasile la presidente Dilma Rousseff è sempre più stretta d'assedio da manovre golpiste, che approfittano del calo di consensi generato dalla recessione. In Ecuador e in Bolivia le scelte governative a favore dell'industria estrattiva e dell'agricoltura da esportazione, per finanziare i programmi sociali, sono accolte da contestazioni e proteste. E' la fine di un ciclo nel continente che in questi anni ha rappresentato la punta più avanzata della lotta al neoliberismo? Siamo a quello che è stato definito "l'esaurimento del modello"?

Certo, i contraccolpi della crisi globale si fanno sentire anche qui: il crollo dei prezzi delle materie prime condiziona fortemente il mantenimento delle politiche sociali (e ora anche l'economia della Cina, destinataria di tanta parte delle esportazioni latinoamericane, mostra le prime crepe). Senza dimenticare i problemi ereditati dalle gestioni precedenti e non sempre attaccati alle radici, dalla mancata diversificazione produttiva all'influenza dei media in mano a gruppi monopolistici. E la rinnovata presenza degli Stati Uniti che, dopo il conflitto iracheno, hanno recuperato l'iniziativa nel "cortile di casa" non solo attraverso l'Alianza del Pacífico, ma favorendo i colpi di Stato in Honduras (2009) e in Paraguay (2012).

E' vero: i governi progressisti di questi anni non hanno attuato una rottura con il sistema dominante, non hanno intaccato i rapporti di potere. Hanno però introdotto reali riforme a vantaggio delle classi più svantaggiate e cambiato il corso della politica estera. Non si giustifica dunque la scelta di alcuni partiti e movimenti di sinistra di schierarsi a fianco dell'opposizione. Nell'intervista rilasciata il 26 novembre al manifesto il sociologo statunitense James Petras, pur sottolineando i limiti del modello, ammoniva: "Non sono d'accordo con quelli che preferiscono marciare con l'oligarchia anziché contestarla. Non capiscono che le destre possono appropriarsi delle critiche per andare al potere e spingere ancora più a fondo l'offensiva conservatrice". (7/1/2016)

Qui sotto vi proponiamo una serie di interventi sul tema. Su Celac, Unasur, Alianza del Pacífico v. Organizzazioni Internazionali


Guerra Cabrera: Argentina, Venezuela y la lucha de clases

Quienes vaticinan el fin del llamado ciclo progresista en América Latina y el Caribe (ALC) pierden de vista que el caldo en que se cuece la política es, irremediablemente, la lucha de clases. Con sus flujos y reflujos, marchas y contramarchas. Mientras más se mundializa el capitalismo, mayor importancia adquiere la lucha de clases a escala internacional. Ello, debido a la irreversible crisis sistémica del capitalismo y a la creciente crisis de hegemonía de Estados Unidos. Una impulsa al capital a extraer crecientes tasas de ganancia sin importar los medios extremadamente crueles, inhumanos y ecocidas para lograrlo (el desbocado calentamiento global es un ecocidio). La otra, impulsa al imperialismo estadunidense a emplear a fondo sus inmensos recursos para liquidar todo ejemplo de rebeldía contra su odiosa tiranía mundial, sobre todo en ALC. segue

Codas: Problemas de la política económica progresista

La reciente derrota del kirchnerismo en la Argentina y las dificultades político-económicas por las que atraviesan otros países gobernados por fuerzas de izquierda (Venezuela, Brasil, Ecuador), han estimulado la tesis del fin del ciclo progresista iniciado en 2003 en América Latina. Eso fue saludado tanto por la derecha que cree que se abre un nuevo período de "tiempos conservadores" – para usar la denominación que el ecuatoriano Agustín Cueva dio al ascenso neoliberal en los '80 – pero también por diversos sectores de la izquierda críticos del progresismo por motivos diferentes tales como: (i) su falta de voluntad de hacer una transición al socialismo o (ii) el uso de recursos del extractivismo para financiar las políticas sociales o (iii) lo que consideran serían rasgos autoritarios frente a los sectores populares que le hacen oposición. Aquí vamos a trabajar una tesis diferente, que reconoce impasses en la estrategia progresista – en general, resultantes de sus éxitos sociales en un contexto adverso del capitalismo globalizado – a la vez que apunta a las potencialidades para seguir hacia adelante. segue

Svampa: Termina la era de las promesas andinas

América del Sur vive un momento político-social muy inquietante, de fuerte polarización en diferentes países y de crisis del pluralismo político. Aunque el espectro regional es amplio, quiero referirme aquí a aquellos dos países que más expectativas políticas transformadoras concitaron desde las llamadas izquierdas progresistas latinoamericanas en la última década: Bolivia y Ecuador. La razón de ello es que en el último mes asistimos a dos hechos elocuentes que ponen de relieve la amenaza y cercenamiento de libertades políticas en ambos países. Bolivia y Ecuador (y, en menor medida, por su carácter siempre controversial, Venezuela) lideraron el ranking de los gobiernos de izquierda en la región, cuyo correlato fue un proceso de innovación social e institucional, protagonizados por organizaciones indígenas y movimientos sociales. Así, a través de la Asamblea Constituyente el gobierno de Evo Morales estableció el reconocimiento de los derechos colectivos y la creación del Estado Plurinacional y las Autonomías indígenas. Por su parte, Ecuador constitucionalizó los Derechos de la Naturaleza y estableció un Plan del Buen Vivir que apuntaba a la salida del modelo primario-exportador, acompañando esto con la propuesta innovadora como la de dejar parte del petróleo bajo tierra (Iniciativa Yasuní). segue

Sousa Santos: La izquierda del futuro

Si algo se puede afirmar con alguna certeza acerca de las dificultades que están pasando las fuerzas progresistas en América Latina, es que esos problemas se asientan en el hecho de que sus gobiernos no enfrentaron ni la cuestión de la Constitución ni la de la hegemonía. En el caso de Brasil, este hecho es particularmente dramático. Y explica en parte que los enormes avances sociales de los gobiernos de la época de Lula sean ahora tan fácilmente reducidos a meros expedientes populistas y oportunistas, incluso por parte de sus beneficiarios. Explica también que los muchos errores cometidos (para comenzar, haber desistido de la reforma política y de la regulación de los medios de comunicación, algunos de los cuales dejan heridas abiertas en grupos sociales importantes, tan diversos como los campesinos sin tierra ni reforma agraria, los jóvenes negros víctimas de racismo, los pueblos indígenas ilegalmente expulsados de sus territorios ancestrales, pueblos indígenas y quilombolas con reservas homologadas pero engavetadas, militarización de las periferias de las grandes ciudades, poblaciones rurales envenenadas por agrotóxicos, etcétera) no sean considerados errores, sino que sean omitidos y hasta convertidos en virtudes políticas o, al menos, sean aceptados como consecuencias inevitables de un gobierno realista y desarrollista. segue

Sader: La izquierda del siglo XXI es antineoliberal

La izquierda realmente existente es una categoría histórica, que varía conforme las condiciones concretas de lucha. Ya fue una izquierda de clase contra clase, que incluía a corrientes anarquistas, socialistas y comunistas. Ya fue antifascista, conforme las corrientas de ultra derecha se fortalecían, especialmente en Europa. Ya fue democrática y popular, socialista, conforme las fuerzas propias que tenía y los enemigos a enfrentar. Conforme el capitalismo ha ingresado en su era neoliberal y ha asumido la centralidad de las tesis del libre comercio, de la mercantilización, se planteó a la izquierda el desafío de la ruptura con el modelo neoliberal y la construcción de alternativas superadoras de ese modelo, que se han denominado posneoliberales. segue

Latinoamerica-online.it anno XVI

a cura di Nicoletta Manuzzato

Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 259 del 13/4/04